XIII – Objeto de Cristal

Cuando llegaron a su destino la luna estaba luminosa en lo alto; un cénit nocturno los recibió en la ciudad. Pero solo Neji prestaba atención a cosas como el clima, el cielo o detalles del entorno. Estuvo recorriendo los campos de arroz con su mirada mientras el carruaje subía la colina a la mansión. Evaluaba el terreno para no perder tiempo el día siguiente y acabar con aquello lo antes posible. Por su parte, Kiba no estaba interesado en nada que no fuese un plato de comida y una cama donde dormir. Pensaba roncar tan fuerte que sería escuchado al otro lado del país del fuego. La falsa Hinata llevaba más de medio día dormitando en el hombro de Neji y batallando para no quedarse dormida. El viaje había sido infinitamente aburrido para ella, hubiera preferido mil veces ir a pie, con Rock Lee gritando "¡ANIMO!" cada dos kilómetros y Guy-sensei haciéndolos repetir de memoria las consignas de un buen ninja.

—Ya llegamos —le susurró Neji al oído. Faltaban pocos minutos para que el carruaje se detuviera.

Hinata se incorporó y vio a los demás aún adormilada. Kurenai estaba sentada con la espalda recta, es probable que no parpadeara un solo momento del trayecto. Kiba comía unos dulces redondos y oscuros para mantenerse despierto, pero no lucía muy espabilado tampoco. Cuando vio que su amiga había abierto los ojos le tendió la bolsita de caramelos.

—¿Quieres? Pareces débil.

—Tú también —respondió ella negando con la cabeza—. Estaremos todos mejor mañana, no te preocupes por mí.

Al bajarse en la entrada principal un sirviente los esperaba para guiarlos a sus habitaciones. Se los esperaba a primera hora del día siguiente en el pabellón, debían dormir lo antes posible. La mansión era mediana pero lujosa: los colores marrón, azul y gris predominaban en las paredes y demás decoraciones de buen gusto. Era una estructura clásica, con pisos de madera, puertas corredizas estampadas y lámparas sencillas, redondas, colgando como globos de luz en pasillos, salones y dormitorios por igual.

Caminaron por corredores silenciosos hasta la parte trasera del tercer jardín interno y allí, delante de un pequeño estanque verde con flores de loto, estaban las cuatro habitaciones preparadas para hospedarlos. Kurenai dio las gracias al educado sirviente por mostrarles el camino y este mencionó que si querían algo de comer, pronto les traerían una buena cena. El amo de la casa se disculpaba por no estar presente, ni salir a darles la bienvenida, pero en aquel lugar se acostumbraba dormir temprano y hubiese sido desconsiderado de su parte cabecear ante tan ilustres invitados. Dejó instrucciones claras para que fuesen bien atendidos, pero no los vería hasta la mañana.

Los cuatro, maestra y discípulos presentaron una reverencia leve para despedirse del joven guía.

—Imagino que ustedes querrán atender su apetito antes de ir a la cama —dijo Kurenai con suavidad—. Recuerden ser prudentes y no hacer ruido. Yo no tengo hambre, solo estoy cansada, pasaré esta vez. ¿Bien? Creo que eso es todo, que tengan buenas noches.

Entró a la última habitación, al fondo, y cerró la puerta.

—Entre hambre y sueño tengo más hambre que sueño, pero creo que si me recuesto de algún lado, caeré muerto de todos modos —dijo Kiba estirándose con la satisfacción de saber que pronto estaría entre unas bonitas y limpias sábanas.

—Neji-niisan —pidió Hinata tirando de la camisa del chico castaño—. ¿Podemos ir a dormir? ¿Podemos? Yo tengo más sueño que hambre... ¡por favor!

—Ve a dormir entonces, ¿por qué le pides permiso? Ni que durmieras con los ojos de él.

Neji hizo oídos sordos al comentario de Kiba.

Se lo pensó antes de responderle a la princesa.

—¿Sin comer? No lo veo muy conveniente —dijo teniendo en consideración el enorme gasto de chakra que su amiga sufría. A los ojos de Kiba la escena se desarrollaba como una saludable relación entre un hermano mayor preocupado y una hermana menor vulnerable. Lo que le parecía en extremo cínico de parte del Hyūga—. Aguanta un poco más. Mañana estarás realmente débil si no cenas.

—¿Y de verdad te preocupas por ella? ¿O es solo teatro? —preguntó Inuzuka.

—Quién sabe —contestó Neji—. ¿Me preguntas a mi o al sello maldito que tengo grabado en la frente?

—¿Cómo confías en este sujeto? —increpó a Hinata.

—Quién sabe —respondió ella en tono adormilado, al tiempo que soltaba un bostezo—. No tengo fuerzas para discutir, ¿me creerías si te dijera que Neji-niisan me quiere y me cuida?

—No.

—Yo tampoco —estuvo de acuerdo la kunoichi—. Ahora shhhh.

Se sentaron en el piso de madera desplegado ante las cuatro puertas corredizas, para observar el estanque y las primorosas artesanías del jardín interno mientras aguardaban por la comida. Hacía frio, pero era agradable. Para ser otoño no era tan crudo por aquella región.

La cena llegó en cuatro copiosas bandejas doradas a manos de la servidumbre. Se quedaron con la de Kurenai; la idea de repartirla fue de Kiba, pero quien más comió fue Hinata. Neji se complació al ver el apetito acumulado con que probaba los platos, «y todavía pretendía irse a dormir así nada más» pensó.

Él esperaba, por el bien de su amiga, que fuese una noche tranquila.

(…)

La madrugada fue horrible.

En sueños la risa de Hinata atormentaba a Neji; su voz se fragmentaba en muchos susurros y numerosas declaraciones de rencor. Finalmente, cuando rompió el alba, el cúmulo de voces lo despertó. Volvía a tener fiebre aunque no se sentía débil como la vez pasada. La respiración escapaba a su control. Se le cerró la garganta al ver a Hinata arrodillada junto a él, acariciándole la cabeza y la frente cubierta de gruesas cintas. Sus etéreos dedos blancos se deslizaron desde el sello oculto, bordeandole el rostro hasta delinear su mandibular en un gesto dulce y desafiante.

—Me has hecho mucho daño —murmuró Hinata—. No, no apartes la mirada, no la bajes. Escúchame. Mucho más daño del que crees. Mi cuerpo, mi mente… mi alma. Destrozados. No mereces mi perdón. ¿Te remuerde? Bien, debería remorderte. No soy nadie para hablar de la venganza, en lo absoluto. Sin embargo, hasta donde sé, la justicia manchada de sangre no es justicia, es arrogancia. Herir a alguien inocente te convierte en un monstruo, lo sabes, ¿no?, por su puesto que lo sabes. Cargas con ello desde hace años. Amas meditar pero odias ver dentro de ti. ¿Acerca de qué reflexionas todas esas horas bajo los brezos del bosque, Neji-niisan? ¿Destino? ¿Decisiones? ¿Tu familia? Familia a la que odias de tanto amor que le tienes, eres patético.

Neji estuvo a punto de replicar, pero la mano pálida de Hinata se presionó contra sus labios para silenciarlo. Acercó su rostro al de él todavía más.

—Entonces he de suponer que eres un ser iluminado, ¿no? Completamente espiritual. Tanta meditación seguro te ha llevado a las orillas del entendimiento, pero sigues siendo ignorante respecto a ti mismo. Lamentable —La princesa se sonrió, él podía sentir su aliento tibio—. No es algo que se vea todos los días, un chico que pueda hablar del secreto de la vida, pero no sepa dar razones de amor o sentimientos puros. ¿En qué pierdes el tiempo? Bloque de hielo, luna imperturbable, crudo silencio ¿Te gusta ser así?, ¿de eso se trata?

«¿Tenten?» pensó él, embaucado por el perfume a anís estrellado que se se filtraba a sus pulmones. Era poco probable que aquella fuese su amiga, Tenten podría ser sincera a rajatabla, pero no lo dañaría así. Eso por un lado. Por el otro lado, no es que a la kunoichi le quedara mucho chakra para hacer incursiones con fines de recapacitación mental. Lo lógico sería que estuviese noqueada de cansancio.

La Hinata real estaba en la aldea de la hoja, a días de viaje de distancia; eso la descartaba. Pero la piel helada de esa chica que lo amordazaba, no podía ser un sueño. Ni sus ojos relampagueantes por el desdén una ilusión.

—Pues te diré algo —continuó Hinata quitándole la mano de la boca y acariciándole la mejilla—. Es un secreto que solo tú y yo sabemos. Lo llamaremos la ley del "no me importa", es una regla bastante simple que adoras usar calladamente para distinguir cuándo algo te importa y cuándo no. Por ejemplo, aquella vez que dijiste que no te importaba, ni te dolía dicho sea entre paréntesis, que el clan no te enseñara el Jukenho, Hakke Rokujuuyon Sho ¡Pero ahí vas y lo aprendes tú solo! ¡con sangre, sudor y lágrimas! Te enorgullece, ¿no es así? Te hincha el pecho de soberbia. O cuando dijiste que aceptabas tu destino, un destino que irónicamente fue inventado por ti, cual maravillosa excusa para ocultar que intentabas desesperadamente cambiarlo, ¿recuerdas? Te tuvieron que gritar dos veces a la cara para que en verdad aceptaras esa extravagante inconformidad tuya. No, no me interrumpas, el ejemplo que sigue es mi preferido. Dices odiarme, sentir indiferencia por mi, pero nada más mira… contemplarme a la distancia, morir por un beso, acostarte conmigo a la primera oportunidad. ¿Quieres que siga? Podría seguir. Has pasado gran parte de tu vida diciendo exactamente lo opuesto a lo que sientes, haciendo exactamente lo opuesto a lo que quieres y comportándote como si fueras de acero, ¿sabes por qué?

Neji no respondió, era como si lo estuviesen triturando por dentro. El pecho le volvía a punzar. Hinata apartó con suavidad un mechón de cabello castaño del rostro de su primo y se inclinó junto a su oído.

—Porque eres de cristal.

—No es cierto —dijo Neji.

—Mentiroso. Asesinarme en una especie de protesta para liberarte del odioso destino y estar en paz contigo mismo, acto egoísta, eventualmente hubiese acabado en un suicidio, ¿lo sabes, verdad? Claro que sí, eres un chico listo. No sé ni para qué pregunto. Deja entonces que te haga una pregunta más apropiada. ¿Sabías que cuando el odio, el rencor o el miedo te mancha y tú, en obvia muestra de ignorancia, cambias negativamente en función de ello, eres débil? Digo, ¿qué tan endeble hay que ser para dejarse contaminar sin ofrecer resistencia? No, Neji-niisan, que no te enerven mis palabras. ¿Por qué te pones rojo? Son verdades que se alojan dentro de ti pero te niegas a escuchar. Ahora las escucharás.

La voz de Hinata se descompuso en diversos ecos que resonaban alternativamente desde diferentes lugares del dormitorio, múltiples consciencias susurrando desde las sombras. Sus labios no se movían.

«Sabes que Hinata es más fuerte que tú porque ella no se ha dejado ensuciar por tu odio artificial».

«Te maldices a ti mismo con la fuerza suficiente para reducir a escombros una montaña».

«Todo te toca, todo te importa, todo te hiere».

«Te convenciste de que si fingías que no te importaba, dejaría de importarte, pero era mentira, una asquerosa mentira como todo lo demás. Tu comportamiento y tu forma de pensar no encajan. Nunca eres coherente».

«Celoso, controlador, egocéntrico, ¿cuanto más disimularás esas bellas cualidades?».

«Jamás creíste que te fueses a arrepentir de la mitad de tu vida, pese a que en el fondo sabías que no parabas de tomar malas decisiones; de esas que se enredan en tus pies y te arrastran a aguas profundas».

«Tienes en mente a Hinata todas las horas del día, incluso las horas menos virtuosas. ¿No te da asco? Por su puesto que sí. Enamorado de tu prima, una niña inocente que te ve como su hermano mayor. Estás enfermo».

«Tu cuerpo está pintado con miles de cicatrices infectadas que no sanan».

«Has odiado y te han odiado, parece ser la única dinámica que conoces. Reaccionas mal al cariño y luego te arrepientes de despreciar el calor que te ofrece otra persona».

«Complicado, caustico, falso, hipócrita».

«El cargo de conciencia que tienes pesa incontables toneladas».

«No mereces el afecto que siente el equipo nueve por tí, muchísimo menos la compasión y el cariño de Hinata. No mereces ni si quiera la luz del sol».

«Kiba tiene razón, estás podrido por dentro, tu silencio te descompone las entrañas».

«Tu amor será una eterna desgracia».

(...)

Neji estuvo ensimismado en la mañana. No habló durante el desayuno, la comida le sabía a poliestireno. Apenas respondió por cortesía en la presentación al señor de la mansión, cosas que podía decir maquinalmente, de memoria, sin error. Su mirada no conectaba con nadie; quizá veía a Kiba a los ojos pero no recibía su odio, quizá veía a Hinata a los ojos, pero no le llegaba su esplendor. Sabía que tenía que hacer un trabajo y, sin intercambiar palabras con el equipo empezó a buscar el tesoro. Se sentía vacío, hueco, ligero. Un alma a punto de disolverse en el aire. Nadie lo notó. De todas formas él era flemático, no lucía extraño.

Se volcaron primero a barrer todo el perímetro en que se hallaba la mansión, incluyéndola. Al no encontrar nada bajaron a los campos de arroz, revisando parcela por parcela, con gran cuidado para no pasar detalles por alto. Aunque Kiba no mencionó algo con respecto a una competencia, se comportó de este modo, tratando de abarcar las zonas más rápido que Neji, quien iba diligente pero despacio, penetrando con su mirada metros bajo la tierra. Hinata, en una interpretación de Óscar, seguía a su primo, fingiendo hacer algo, pero sintiéndose soberanamente inútil.

Los alcanzó el mediodía en su tarea, cuando Neji se detuvo a mitad del campo inundado y clavó una estaca en el suelo.

—Es allí —dijo—. Está enterrado a cincuenta metros, todavía el volumen del oro ocupa cinco metros más hacia abajo y el espacio del radio que abarca es considerable. Habrá que remover toda la tierra de esta zona, se dañarán los cultivos.

—Aquí es donde Akamaru y yo entramos en acción —proclamó Kiba exudando confianza, su perro ninja lo respaldó con tres potentes ladridos—. A un lado.

Neji le detuvo fríamente, interponiendo un brazo en su camino.

—No. Si yo fuera el dueño de una fortuna de ese tamaño, preferiría contratar a consciencia a alguien que supiera hacer el trabajo con el mínimo posible de destrozos, en el menor tiempo y discretamente —advirtió—. No a un mocoso con su mascota. Desenterrar el oro no nos compete. Sería una falta asombrosa de cortesía.

—Iremos a reportar que ya encontramos el lugar —intervino Hinata—. Si nos piden excavar, lo haremos, pero necesitamos permiso.

—Tus compañeros tienen razón, Kiba. —Kurenai le puso una mano en el hombro—. Será para la próxima vez.

Kiba emitió un sonido que bien podría haber sido el de un cachorrito lastimado. Akamaru se tumbó en el suelo a los pies de su dueño.

Cuando reportaron el hallazgo, en efecto, les dieron las gracias y les recordaron que se podían quedar hospedados el resto de la semana. El propietario, un hombre canoso de mediana edad, estuvo feliz por tan apropiada decisión de no tocar la tierra. Kurenai vio prudente marcharse en un par de días, para no incomodar, ni despreciar la hospitalidad del señor, pero luego de una conversación larga y tendida, él la convenció de que le encantaría seguridad extra en su complejo, mientras tuviera lugar la perforación tectónica. Esa noticia animó por momentos a Kiba. Haciendo gala de su buena energía, no tardó en acercarse a Hinata para invitarla a dar un paseo.

—Has estado muy callada —dijo Inuzuka cogiéndole las mejillas encendidas a su amiga—. Mira que linda te ves como un tomate, ¿te pasa algo?

Un Neji saludable hubiese disfrutado en silencioso cinismo de ver cómo un perfecto intruso (en términos de Tenten) osaba romper su espacio personal, para ponerle las manos encima, llamarla linda y todavía tener el descaro de decirle que parecía tomate.

Pero la verdad es que la escena se desarrollaba ajena a él. Por primera vez en años, no podía o no quería pensar. Le daba miedo. Al rebobinar involuntariamente las frases ásperas de Hinata, bajo el efecto de una voz dulce que lo laceraba con asombrosa parsimonia, le dolía de nuevo el pecho. Prefería mantenerse en blanco para conservarse dueño de sí mismo, aunque eso significara escuchar el viento crujir a través de ese cascarón vacío que era.

—Hinata estará conmigo esta noche —dijo Neji con voz queda, sin ocurrírsele lo horrible que sonaba eso y lo mal que le iba a sentar a Kiba.

Sin embargo, antes de que Kiba pudiera dar su punto de vista aderezado con una elegante grosería, la kunoichi habló.

—Me temo que no podré ir contigo a la biblioteca, Neji-niisan, lo siento.

—Eso es porque prefiere pasar el rato conmigo —dijo Kiba con la nariz por las nubes.

—Pero pensé… pensé que buscaríamos juntos en la biblioteca…

—"Buscaríamos" me suena a multitud —respondió Hinata sin poder evitar ese destello ácido en su voz —. Irás solo, lo lamento —agregó sinceramente—. Creo que no estoy de ánimos para desvelarme ni mucho menos.

—¿Entonces para dar una vuelta tampoco? —se lamentó Inuzuka.

Ella negó.

—No estoy mal —mintió—. Pero quiero recuperar sueño.

Ninguno de los dos se atrevió a insistirle.

Neji por complicaciones sentimentales y consideración.

Kiba por vergüenza a ser un fastidioso. Pensaba que Hinata buscaba una forma cortés de ser imparcial.

Los tres fueron arrastrados por Kurenai de vuelta a la mansión para hablar de los turnos que se iban a repartir con tal de vigilar la excavación. Aquel día ella y Kiba tendrían la guardia, luego serían relevados por Neji y Hinata al día siguiente. Así hasta que el ultimo doblón de oro hubiese sido extraído. Eso quedó claro fácil. Lo difícil fue evitar que Kiba se durmiera de aburrimiento entre las horas de una comida y otra. Preferiría estar persiguiendo a los gatos desaparecidos de las ancianas en la aldea de la hoja. Eso siquiera era emocionante.

Neji pronto se olvidó de sus compañeros. Pasó el resto del día sin existir. Gravitaba a mitad de la nada absoluta y todo el vacío, en un mar de pequeñas ideas dolorosas. No supo cuándo el sol bajó y arribó la noche, ni le quedó claro qué fue lo que hizo durante todo ese tiempo. Sentado frente al estanque verde, contemplando los nenúfares, ausente, escuchando a intervalos el fantasma de las crueles voces de Hinata diciendo eres de cristal.

Se trataba de una alucinación, podía estar seguro. Demasiado real para ser un sueño y demasiado hiriente para ser un truco. La voz de la razón se había materializado bajo la imagen de Hinata para hablarle de cosas que lo remordían desde su subconsciente. Nada de lo que le había dicho aquella ilusión con aroma a anís estrellado le era nuevo, pero no veía motivo para que justo ahora, que estaba perdidamente enamorado de Hinata y lo aceptaba, aflorara ese mar de culpas. Como si el precio que debía pagar por años de tiranía e indolencia, viniera con intereses. Habría preferido, hasta aceptado gustoso, cualquier clase de tortura física a soportar un segundo más de espinas psicológicas. Para alguien que disfruta meditar, su mente es como su casa, y si no podía estar en paz con su mente, significaba que el alma en cuestión no tenía dónde descansar. De allí la aplastante sensación de estar hueco. ¿Dónde se refugiaba de sí mismo?

Eres de cristal.

Le dolía porque era cierto y engañarse estúpido. ¿Quien lo iba a reprochar por levantar muros de hierro en torno a algo que, de haber seguido expuesto, acabaría por romperse? No, romperse no. Ya estaba roto, sino agrietado desde el momento en que decidió asumir que amaba a Hinata. Ese había sido el primer error.

Eres de cristal.

¿Y ahora qué? Dicen que tocar fondo es lo peor, luego solo queda subir. Pero, ¿qué pasaría si él tuviese los pies anclados a la oscuridad? ¿Qué pasaría si ese no es el verdadero fondo sino solo un piso falso que en el momento más inesperado se quebraría para hundirlo aún más?

Eres de cristal.

Si se agarraba a la lógica como a una soga para salir de ese pozo, lo que le esperaba afuera no le parecía mejor. Hinata jamás lo iba a amar, ¿por qué iba a amar a alguien frio e inaccesible que no le daba ni seguridad, ni comprensión, ni calidez? Con suerte, tarde o temprano aprendería a aceptar que nadie muere de amor, pero el rechazo sería una estalagmita de hielo en su corazón para siempre.

Eres de cristal.

Y no sabía ser de otro modo. Porque estar hecho de cristal es la innegable verdad de aquellos que son fatalistas. No verán nunca la luz a menos que esta los deje ciegos, es paradójico, también cierto. El miedo es condenadamente grande para enfrentarlo de otro modo y, entonces, si se rinden a él, están mucho más protegidos. Ya que a la larga, ilusionarse a lo imbécil es construir una escalera kilométrica desde la que luego caerán.

Eres de cristal.

«Sí, ¿y qué?» pensó desahuciado «de algo me tengo que morir, algo me tiene que romper».

En ese momento Tenten, luciendo como su prima, había salido del dormitorio para ir al baño, cuando divisó a Neji a orillas del jardín interno. Él seguía observando la superficie acuática como si la vida entera se le fuese en ello, sin pizca de lucidez en la mirada. Bien podría haber estado muerto.

Tenten se acercó en tres firmes pasos a él, para soltarle una espectacular bofetada que le regresó el alma al cuerpo.

—¿A qué vino eso? —preguntó desconcertado, casi molesto, la palma de ella le había quedado grabada en el rostro y la mejilla le ardía una barbaridad. El hecho de que no se enfureciera directamente fue algo que Tenten tuvo que notar.

—¿Te traje aquí para que averiguaras por qué hueles a rosas o para que fueras la rosa más bella de este jardín? —dijo colérica. ¿Acaso gastaba su chakra para nada?

Él tardó varios minutos en responder.

—Me… distraje.

Su amiga quedó fría.

¿Cómo es que la personificación de la diligencia se iba a distraer? Neji era el opuesto directo del déficit de atención.

—Oh bueno, esperaba que me mandaras al diablo, no que te justificaras, tenía ganas de pelear —admitió Tenten sentándose a su lado y siguiendo en tono más comprensivo—. ¿Qué pasó? ¿dormiste mal?

—Tuve pesadillas.

—¿Con Hinata?

—¿Es demasiado obvio? —quiso saber él.

—Es lo obvio —respondió ella.

—No quiero hablar de eso.

—Entonces no me cuentes. Pero pasado mañana irás a la biblioteca, no podemos perder el viaje, te acompañaré si tengo fuerzas. No imagino lo espantosas que deben haber sido esas pesadillas para dispersarte tanto —dijo conciliadora—. Lamento la cachetada, de veras, estar aquí me tiene los nervios destrozados y me asusté al verte con esa mirada de sonámbulo.

—No importa, creo que me hacía falta —dijo carente de emoción—. Me siento extraño.

—Se llama amor. Sentirás que tu alma ha caído en un vórtice irreversible de sufrimiento y miseria o sentirás que el mundo resplandece con colores más intensos, más brillantes —se rió—. El punto medio entre esas dos percepciones no existe, y si existe será tormentoso. Querrás morir, es cierto, pero sobrevivirás.

—En efecto, deseo morir —concedió Neji.

—A pesar de todo, tu analfabetismo emocional no va tan mal como yo esperaba. Digo, al menos ahora parece que ya no comprimes tus sentimientos en una pequeña caja de plomo. El simple hecho de que una pesadilla te genere malestar, lo veo como un asombroso avance.

—¿Aunque por ello me quiera clavar una katana en el abdomen?

—Son síntomas de mejoría.

—No me gusta estar…

—¿Enamorado? A nadie le gusta ¿O crees que Sakura e Ino disfrutan un montón con su romance unilateral? No es fácil, lo admito. Sin embargo, siempre estás así —dijo Tenten poniendo una convincente cara de amargada—. Pero cuando Hinata te sonríe y te dice Neji-niisan, te pones así —dijo colocando ahora cara de pocker.

Neji sonrió, estuvo a punto de reír.

—¿Y se supone que es una gran diferencia?

—Para alguien que come picante crudo sin mover un solo musculo del rostro, pimienta sin estornudar y no llora ni aunque le corten el brazo sin anestesia… Pues sí, lo es. Esa cara tuya parece de cemento.

Charlar con Tenten lo alivió por instantes. Como si se hubiese puesto una bolsa de hielo en la cabeza, después de ganar un cardenal en combate. Pero al poco ella hizo ademán de querer de marcharse. Tenía ganas de dormir y no lograba luchar bien contra el sueño.

Él la retuvo un minuto más.

—Por cierto Tenten, tal vez no es el mejor momento, pero quería hacerte una pregunta con respecto al beso…

—¿Cual beso?

—El que te dí. —Se lo pensó mejor—. No, corrijo, el que tú me diste. Yo…

—Neji, basta de drogas, tú no me gustas.

—Tú a mi tampoco.

—¿Y a quién diablos le importa? Nadie te preguntó —se burló ella, con una sonrisa indolente a punto de escapar de sus labios—. Yo no te besé, nunca te he besado, que asco.

—Pero cuando estábamos bajo el árbol e interrumpiste mi meditación, lo hiciste, ¿no recuerdas? Dijiste que te importaba una mierda.

—Si con "beso" te refieres a que te mordí la nariz para que me soltarás y funcionó, pues… ¡hala! Creo que he dado muchos besos en mi vida.

Como si Neji no tuviera ya demasiadas cosas en las que pensar, ahora ocurría esto «Si ella dice la verdad tengo que empezar a cuestionarme de nuevo acerca de lo que es real y lo que no. La autentica Hinata pudo haberse acostado conmigo y no conservar recuerdos de ello. Ya que por lo visto, Tenten sí recuerda que estuvimos juntos bajo el árbol, interrumpió mi meditación y la amenacé, pero específicamente se le borró el beso. ¿O qué le impediría a Tenten ser la Hinata que se coló en mi dormitorio y luego haberlo olvidado? Igual ayer lo volvió a hacer, pero tampoco recuerda». Necesitaba una respuesta, una solución lógica «No, Tenten no fue, porque la Hinata de ayer conocía sentimientos de diferente índole que moraban en lo más oscuro de mi memoria y la Hinata de la Luna de Equinoccio conocía mis sueños más bajos». La sensatez decía que siguiera esperando. La deducción pasada de que había alucinado en ambas ocasiones seguía pareciendo la más acertada.

Miró largamente a su amiga.

—¿Entonces no recuerdas?

—Insultas mi inteligencia —repuso poniéndose en jarras—. No es que no lo recuerde. Es que eso no pasó.

—Sí pasó.

—Ya no insistas. Si yo no lo recuerdo, entonces-no-pasó.

—Conveniente forma de juzgar las cosas.

—A lo mejor tus besos no son memorables —declaró abiertamente fastidiada—. ¡Y no quiero averiguar si tengo razón o no! Es más, déjame tranquila, cuando le veas la cara a Hinata podrás ir y preguntarle directamente si tus besos son la octava maravilla o necesitas práctica, ¡yo qué sé!

—¿Estás celosa?

—Celosa tu culo —contestó con pereza andando hacia la puerta de su recamara—. Cuando hayas recuperado el sentido común, me avisas, maldito traumado.

Ella ya estaba eligiendo el vestido para ser la jodida dama honor en la boda de esos dos, ¿cómo se atrevía Neji a decir semejante ridiculez?

Llevándose consigo el ruido, las palabras tanto amables como ácidas y el calor de su compañía, la puerta se cerró tras la camisa rosa de la kunoichi.

Una vez más él quedó solo con sus pensamientos.

Aurora

Les tengo malas noticias, se me ocurrió una idea, creo que linda, para un AU con Neji x Hinata cuando acabe este fic. Al fin al cabo, es mi OTP, pero también se me ocurrió por fin una trama ItaHina que me trae nerviosa xD escribiré ambos cuando pueda. Gracias por todo su apoyo.

Para el próximo cap regresa Hinatita y volvemos a nuestro curso normal de la historia centrada en la pareja. Estoy emocionada, porque luego del capitulo 15 subimos las edades de los personajes y subimos de tono el fic. Que seguro lo están esperando tanto como yo. Dudo mucho que este fic tenga más de 30 capítulos y de allí que me esmere tanto (últimamente) en hacer los capítulos un poco más largos. Todo lo que ha ocurrido hasta ahora, es un preámbulo, un enlace, y una justificación para lo que va a pasar luego del capítulo 15.

Si de pronto tardo más al subir capítulos es porque:

a) estamos en diciembre y me la vivo ocupada.

b) Diosito me pide que actualice mis otros fics.

c) tengo una crisis de escritora que no juega carro, pero estoy dispuesta a superar:c mejoraré, lo prometo.

Las quiero mucho, mucho, mucho, cuídense :')