T.O.C.

DISCLAIMER:Los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko. Yo solo los tome prestado para realizar esta historia. También tomare prestados personajes de otros animes. Este es un "U.A."


Capítulo Doce: "Todo sea por amor"

Tres días después Ryoga Hibiki miraba con curiosidad a su amigo quien estaba concentrado en el monitor de su computadora. Ryoga podría tomar el comportamiento del pelinegro como algo habitual, pero su instinto le decía que algo había cambiado en el joven abogado y que este recelosamente no se dignaba a contárselo.

El teléfono fue atendido con rapidez al sonar la primera vez, sus sospechas empezaron a aumentar al ver como sus labios se curvaban en una sonrisa, pero esta era diferente, no eran sus acostumbradas muecas, esta era sincera.

—Excelente, puedes hacerlo pasar. Gracias Akane—habló antes de finalizar la llamada.

Suspicazmente miró a su amigo ante la manera tan informal de dirigirse a su secretaria. Cuando iba a preguntarle la puerta se abrió y lo primero que vio Ryoga fue un enorme ramo de Crisantemos de diferentes colores, siendo cargadas por un hombre mayor.

Después de pagar, Ranma sacó la tarjeta que estaba ubicada entre las flores, satisfecho con lo que decía agarró el arreglo y salió de la oficina, siendo seguido de Hibiki.

—¿Qué será lo que estas tramando Saotome? —murmuró al apurar el paso para no perderlo de vista.

—Este presente es en agradecimiento por el tiempo que trabajaste aquí.

Ryoga gruñó por lo bajo al ver como una desconcertada Shampoo recibía con tristeza el obsequio, la chica conocía lo que significaba ese tipo de flores. El mensaje era claro, con eso Ranma había marcado delicadamente los límites entre ellos.

—Cuanta maldad hay en tu corazón, de veras… —comentó cuando el pelinegro pasó a su lado.

Ranma se encogió de hombros ante la acusación del Psicólogo, le daba lo mismo lo que este pensara de él, estaba demasiado feliz, ese día Shampoo dejaría la clínica y gracias a eso no tendría que gastar dinero en Happosai, un arreglo de flores era insignificante a comparación de los miles de yenes que gastaba en lencería a cambio de los servicios que brindaba el viejo pervertido. Además, el detalle de las flores fue para evitar que un día Shampoo apareciera de improvisto en su oficina, no quería lidiar con celoso Mousse a causa de malos entendidos.

—Mueve tu trasero a presidencia, demuestra que tu sueldo no es dinero desperdiciado—soltó antes de meterse en su oficina y cerrarle la puerta en la cara al castaño.

—¡Con ese carácter jamás vas a conseguir novia! —gritó haciendo que una Akane brincara del susto en su puesto.

—Disculpa mi bella flor —habló con fuerza para que su amigo escuchara a la medida que se acercaba y sujetaba su mano—. Si no soportas a ese cavernícola con gusto podrías ser mi secretaria.

Akane parpadeaba confundida, ante el comportamiento del castaño. El ambiente empezó a ponerse pesado de repente y un leve temblor rodeaba su mano proveniente de Ryoga, iba a preguntarle a que se debía, pero cuando levantó el rostro notó la sonrisa nerviosa en sus labios y al mirar más atrás comprendió la razón. Era la primera vez en el tiempo que llevaba con Ranma como su novio que lo veía molesto, fue extraño, aunque más que molesto parecía estar furioso.

—H-i-b-i-k-i—Ranma deletreó el nombre con dureza—. Tu oficina está en último piso —gruñó al sujetarlo de la bata, caminó hasta el ascensor que estaba abierto y presionó el botón del último piso.

—Acabas de confirmar mis sospechas picaron —canturreó divertido acomodando su ropa antes de que las puertas se cerrarán.

Ranma se maldijo entre dientes por haber caído en la provocación ingenua e infantilmente. Todo por culpa de sus estúpidos celos, había delatado sus sentimientos por su secretaria y con lo metiche que era su amigo no demoraría en averiguar la relación que mantenían. No es que le avergonzara, pero no quería lidiar con todos los consejos que este empezaría darle por tener más experiencia que él.

«Estoy jodido»pensó al imaginarse toda esa palabrería estúpida ya que la vida amorosa de Ryoga Hibiki era un total desastre.

—Licenciado Saotome.

La voz de Akane lo sacó de sus pensamientos, además desde que estaban juntos las formalidades ya no existían cuando estaban solos, se giró dispuesto a reclamarle, pero se detuvo al ver la seriedad en su rostro y como le extendía el teléfono hacia él. Iba a preguntar quién era hasta que la vio mover sus labios formando un "Ukyo Kounji"

—Páseme la llamada a mi oficina —pidió de pasada.

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La jornada laboral había regresado a la monotonía después de la escena realizada por el pelinegro y su amigo. Gracias a eso Akane logró ponerse al tanto de la calificación obtenida en el trabajo presentado, una sonrisa emocionada curvó en sus labios al ver el aprobado y se prometió darle algo a su novio ya que sin su ayuda no lo habría logrado. Estaba pensando en cocinarle algo cuando la puerta de la oficina se abrió dejando ver al pelinegro con su portafolio en manos. Tan sumida en pensar que platillos poder realizar que no percibió que la hora de salida ya había llegado.

—Almorzamos juntos —aunque no fuera una pregunta, sino más que un aviso. Akane solo asintió empezando a guardar sus cosas, desde que comenzaron a salir fue fácil adaptarse a compartir esa clase de cosas como lo hacía cualquier pareja común.

Minutos después al ver que el camino no era el que los llevaría a su departamento, un cosquilleo recorrió su estómago y este solo incremento al ver que ingresaban en la zona de restaurantes ¿acaso podrían compartir comer en público como la pareja que eran?

Disimuladamente detalló su vestimenta, rogando que su sencillo traje de secretaria fuera el adecuado para no sentirse incomoda ante la vista de los demás comensales que la fueran a ver, pero toda emoción se esfumó al ver como el automóvil seguía su curso para dar paso a la incredulidad al ver el edificio que estaba al frente al lugar donde se estacionaban.

—Akane —la voz del pelinegro apenas logró escucharse ante el sonido del motor del automóvil que seguía encendido—. Prometo compensarte esto, pero eres la única que me puede ayudar ahora.

La confusión en el rostro de su novia, no resultaba alentador para el nerviosismo de Ranma y al verla asentir después de que exhalará un profundo suspiro fue como un remanso para su alma, sabía que Akane no lo dejaría solo cuando necesitaba su apoyo.

El estómago de Akane se retorcía a medida que avanzaba con pasos firmes siguiendo a su novio, tratando de aparentar una confianza y determinación que estaba lejos de sentir, estuvo a punto de ceder al ver por las ventanas como varias personas disfrutaban de esa comida. Habían transcurrido muchos años desde que se prometió no volver a pisar un lugar como ese, pero estaba dispuesta a apoyar Ranma, ya que seguramente sería más difícil para él que para ella.

Al abrirse las puertas electrónicas el aroma a comida junto al bullicio de los niños jugando en el área de diversión le dio de lleno, haciendo que un molesto recuerdo aflorara de golpe, uno que tardó años en lograr enterrar en lo más profundo de su memoria.

—¡Que empiece la función! —exclamó Ranma con un murmullo sarcástico al divisar a la persona con la que se tenía que encontrar. Akane siguió la dirección que tomaba su novio, sorprendiéndose de ver a Ukyo sentada en una de las mesas.

—¿Cuál es el motivo para que me citaras aquí? —soltó al detenerse frente a la castaña.

El estómago de Akane se retorció al ver la comida que Ukyo tenía frente a ella, con disimulo dio un paso al costado ubicándose atrás de la espalda de Ranma, prefería usarlo como escudo para evitar que este notara la palidez que seguramente sufría su rostro en esos momentos.

—Un saludo no vendría mal, es extraño que alguien de tu nivel no tenga educación— musitó ofendida—, pero debo admitir que creí que debido a tu condición es un milagro que hayas venido a reunirte conmigo.

«Matare a ese cerdo bocón» pensó a Ranma con molestia, era más que claro que su amigo había sido lo suficiente estúpido como para contarle a su amante temas que no debía. Cuando él prácticamente había evitado a toda costa que ese par se reuniera, tuvo que hacer uso de su jerarquía en la institución para que se le prohibiera el ingreso a la clínica, hasta las llamadas con Hibiki.

—No creo que estés en condiciones de hablar de educación —soltó con burla—, menos si es para alguien que usa las instalaciones para cumplir fantasías sexuales.

—No sabias que le tenías envidia a Ryoga —mencionó rozando su labio inferior con su lengua. La mueca de asco del rostro Ranma la sorprendió, ya que esta le demostraba que ese comentario estaba fuera de lugar—. Solo quiero que me depositen el sueldo que me corresponde por mis servicios.

—Ukyo no vas a ver un solo centavo de ese dinero —la mirada de Ranma se afiló al saber que estaba a un solo paso de deshacerse de esa mujer a la que consideraba un estorbo en la vida de su amigo—. No te conviene hacer una demanda, porque con el expediente que llevas en la clínica, llevas todas las de perder.

—No sé de qué hablas —negó con un temblor en la voz.

—Horas incumplidas, aumentos que no merecías a cambios de otros servicios, que no eran los solicitados, faltas injustificadas —enumeró con dureza— ¿Quieres que siga? Eres una chica lo suficientemente lista para saber que, si vas por el ámbito judicial, te terminaré hundiendo y créeme que no tendré piedad de ti.

El silencio por parte de Ukyo al no tener como refutarle sus argumentos, fue lo suficiente para decirle a Ranma que la victoria era suya.

A pesar de que Akane permanecía en silencio, como una simple espectadora, le costaba procesar la conversación de ese par. Presenciar nuevamente como Ranma se mantenía firme desarrollando el papel de Abogado era admirable, su entereza, en el fondo deseaba poder hacer lo mismo a futuro. Intuyendo que la atípica reunión estaba por finalizar se ubicó al lado del pelinegro

—Dale mis saludos a Tsubasa —dijo a modo de despedida, a la vez que se giraba para marcharse, siendo seguida de cerca por Akane.

—Wow, eso fue impresionante —mencionó cuando ambos estaban en la acera—. Dudo que ella después de esto se atreva a hacer algo.

Ranma exhaló un profundo suspiró tratando así de quitar la tensión que tenía en el cuerpo, se giró para brindarle una enorme sonrisa por el halago recibido.

—Son gajos del oficio —le restó importancia—. Bien, ahora vamos a almorzar —invitó al encaminarse a su automóvil, pero al ver que su novia no lo seguía se preocupó—¿Pasa algo?

—Te molesta si lo dejamos para mañana —solicitó con nerviosismo al llevarse su mano al estómago, el cual estaba demasiado resentido por lo que tuvo que presenciar que dudaba que este logrará retener algo.

Ranma solo asintió con culpa, indirectamente la reunión con Ukyo había arruinado su salida con Akane. Por un lado, agradecía que su novia parecía odiar la comida rápida, eso era algo favorable ya que evitaría en un futuro ser arrastrado a uno de esos lugares con tal de no hacerla sentir mal, pero se sentía en deuda porque Akane era incondicional con él, tenía que devolverle de alguna forma todo lo que hacía.

—¿Quieres que esta noche cenemos en mi departamento? —preguntó al encender el auto. Al ver que Akane no respondía se giró con nerviosismo ante la idea que tuvo y más al ver que esta lo miraba con sorpresa. Tal vez había sido impulsivo— Perdóname, no quería incomodarte.

—Me encantaría.

La interrupción de Akane lo alivió, a pesar de que la invitación no tenía segundas intenciones, cuando las pronunció daban a entender lo contrario, sus mejillas se colorearon involuntariamente. Ella iba a ser la primera persona que él se atrevía a dejar entrar a su santuario. Ryoga lo conocía, pero no contaba ya que ese solo caía sin aviso.

El silencio los inundó el resto del camino, un silencio cómodo para ambos en el cual no se atrevían a hacer algún comentario al respecto de lo que rondaban por sus pensamientos.

—Pasaré por ti a la noche —avisó al estacionar frente al edifico donde vivía Akane— ¿Te parece? —preguntó al ver que su novia no decía nada, se giró para verla, pero al hacerlo los labios de Akane rozaron los suyos en una sutil caricia.

Su mano derecha subió con rapidez hasta el cuello de Akane al sentir que se iba alejar y la acercó profundizando el beso, a pesar de que este era un poco torpe por parte ambos debido a la falta de experiencia, no le quitaba la emoción que agitaba sus corazones.

—Te estaré esperando —susurró Akane al separase, sus mejillas parecían dos rosetones, embargada de los sentimientos que Ranma despertaba en ella.

Ranma solo asintió y con una sonrisa la vio salir con rapidez, y empezar a correr hasta que se perdió de su vista al ingresar por la entrada de la edificación.

«Así que esto es estar enamorado»pensó con una brillante sonrisa, al empezar el trayecto hacia su departamento.

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Parada en frente de su armario Akane miraba apesumbrada como este se encontraba vacío y todas las prendas estaban desparramadas sobre su cama y seguía indecisa sobre lo que podría usar esa noche. Tenía en claro que a Ranma no iba a importarle ese detalle, ya que cada vez que venía a su departamento lo hacía con ropa casual, verlo de esa manera tan libre a su lado le alegraba. El huraño, hasta cruel abogado que era su jefe se desvanecía cuando estaban solos. Presenciar los berrinches y la ternura que existía en él era halagador.

—Bien, será esto —murmuró emocionada al dar con unos jeans negros y una remera blanca de cuello de tortuga y para completar el atuendo sacó el par de botas negras que Kasumi le regaló para su cumpleaños.

El timbre de la entrada sonó justo cuando terminaba de guardar todo el caos que tenía en su habitación, miró con curiosidad el reloj de la mesa de luz maldiciendo entre dientes al ver la hora que marcaba, había demorado más de la cuenta y posiblemente era Ranma quien acababa de llegar por ella.

—¡Hola! ¿Kasumi? —cuestionó sorprendida al abrir la puerta apresurada por la insistencia del timbre y toda excusa que tenía fueron dejadas de lado al ver a su hermana con su sobrino en brazos.

—Necesito tu ayuda. Hoy Ono tiene una cena de negocios y no podemos llevarlo con nosotros —habló ingresando sin ser invitada—. ¿Akane puedes cuidarlo esta noche?

Akane iba a negarse, pero al ver como el pequeño Hiroshi estiraba sus brazos para que lo cargara, le causó tanta ternura que terminó cediendo.

—Está bien —susurró al recibir a su sobrino.

—No te preocupes, apenas termine la reunión vendremos por él —avisó Kasumi antes de darle un beso a su hijo y salir.

—Tu mami acaba de arruinar mis planes —comentó abatida caminando con Hiroshi en brazos hasta su habitación, tendría que llamar a su novio para cancelar la cita.

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La suerte no estaba de su lado, eso era algo que Ranma podría asegurar en esos momentos mientras apagaba el horno de su cocina.

La llamada de su novia había destruido todos los planes que cuidadosamente estableció. Horas completas dedicadas en preparar su platillo preferido para compartirlo con Akane, fueron desperdiciadas, cruelmente tiradas a la basura.

—Surgió algo importante, no podré ir lo siento —repitió en voz baja la simple disculpa que recibió para cancelar la cena que compartirían, pero que le cortara de golpe sin dejarlo hablar era lo que más le desconcertaba—. No me voy a quedar con la duda— invadido por la determinación empezó a sacar recipientes para guardar la comida. Le caería de sorpresa a la peli azul, para así poder quitarse de encima esa molesta sensación que lo recorría.

«Que solo sean ideas mías»pensó e imploró a la vez que salía cargando un par de bolsas de su departamento.

Debido a su ansiedad, el recorrido hasta donde vivía Akane se le hizo más corto que de costumbre y sin darse cuenta ya estaba parado frente a la puerta, se quedó quieto tratando de escuchar algún sonido proveniente de adentro. La risa de Akane fue clara y alegre. Molesto empezó a tocar el timbre, sus puños se apretaron al escucharla decirle a alguien que la esperara que iba a ver quién llamaba.

—Ranma —la sorpresa se reflejaba en el rostro de la peli azul— ¿Qué haces aquí? —cuestionó al girar su cabeza con nerviosismo hacía la sala.

—Quería verte —mencionó encogiéndose de hombros— ¿No me vas a dejar entrar? — preguntó al intentar ingresar.

En ese momento un sonido fuerte los alertó a ambos. El llanto de una criatura retumbó en todo el departamento. Akane dejó la puerta abierta y se apresuró para intentarlo calmar. Ranma aliviado al entender lo que sucedía ingresó y mientras cerraba la puerta veía con una sonrisa como su novia mecía a su sobrino entre brazos.

—¿Por qué llora? —indagó al dejar las bolsas sobre la mesa de la cocina y acercarse a su novia.

—No lo sé, está limpio, no tiene hambre — Akane comentó al recordar todas las veces que lo revisó cuando Hiroshi lloraba de repente y sin razón alguna.

—No soy un experto en niños —Ranma miraba de cerca el niño—, pero ¿es normal que babeen tanto?

Akane miró con detenimiento a su sobrino y notó que, a pesar del llanto, la mano estaba más mojada de lo normal. Las mejillas se sonrojaron al comprender que las encías de Hiroshi le estaban molestando por la próxima salida de sus dientes.

—¿Puedes buscar en ese bolso si hay un mordedor? —le pidió a Ranma. Sin darle tiempo a que repitiera lo solicitado el pelinegro empezó a esculcar dentro del bolso.

—No hay ninguno —avisó al terminar de revisar.

Akane lo miró con nerviosismo y antes de que Ranma lo procesara Hiroshi reposaba en sus brazos, mientras que Akane agarraba su cartera y abandonaba el departamento.

—¿Qué fue lo que paso? —cuestionó confundido, cuando de repente el llanto de Hiroshi aumentó y un aroma fuerte llegó a su nariz— Lo que faltaba.

En esos momentos Ranma en medio de una arcada maldecía a sus antepasados, porque la mala suerte que se cargaba era debido a las malas acciones que estos hicieron recaían en sus hombros. Hiroshi acostado sobre una manta en la cama de Akane lo miraba a la vez que movía sus piernas.

—Soy inexperto amigo, asi que debes tener paciencia —mencionó al ingresar a la habitación con las cosas necesarias entre manos, aunque por dentro rogaba a Kami que su novia se apareciera y lo salvara.

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Minutos más tarde Akane abría la puerta de su departamento, en su mano llevaba el mordedor que había comprado en la farmacia que estaba en la esquina. Un llanto proveniente de su habitación la asustó, presurosa abrió la puerta y parpadeo confundida ante la escena que presenciaba. Ver a Hiroshi sobre su cama tranquilo, mientras que en una esquina su novio estaba sentado abrazándose así mismo, solo por esa razón evito reírse por lo que portaba. Akane detalló el improvisado equipamiento compuesto de un pañuelo que utilizaba de tapabocas, los guantes de goma y el delantal de cocina al que tuvo que recurrir solo por ayudarla.

—Ranma —lo llamó al arrodillarse frente a Él. Ranma salió de su trance y la abrazo con fuerza exhalando un suspiro aliviado—Ve a cambiarte, yo me haré cargo— le solicitó al ayudarlo a levantar para acompañarlo hasta la sala.

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El sonido del timbre retumbó en el departamento, haciendo que Ranma se cayera del sofá donde descansaba, confundido por el ruido y adormilado comprobó que seguía en el departamento de Akane, fueron tantas las emociones que después de la crisis emocional al pensar que podría hacerle daño si tocaba a una criatura tan frágil. Demasiado estrés hizo mella en su cuerpo, haciendo que sueño lo venciera y seguramente su novia no habría querido despertarlo para no incomodarlo. El timbre nuevamente sonó y con paso pesados se acercó a la puerta.

—¿Quién eres? —cuestionaron a coro las dos personas que estaban en la entrada. Ranma se paralizó sin saber que decir.

—Kasumi, Tofu—habló Akane de repente saliendo de su habitación. Pero la mirada de la castaña estaba fija en el pelinegro—. Les presentó a Ranma… mi novio.

La incomodidad era palpable para todos los presentes, y como nadie decía nada Tofu se acercó hasta Ranma y estiró su mano.

—Ono Tofu —se presentó—. Ella es Kasumi, mi esposa y la hermana de Akane. Bien, vamos a buscar a nuestro hijo y nos iremos —comentó con una sonrisa llevándose con él a una confundida Kasumi.

Akane negaba con la cabeza ante las ideas que debían rondar por la cabeza de su hermana en esos momentos. Seguramente no sería nada bueno.

—Creo que acabo de ganarme un enemigo —musitó Ranma al sentarse en el sofá, de tantas posibilidades que barajaba a la hora de conocer la familia de Akane, esta no era la más acertada.

Akane iba a rebatirle, pero un carraspeó femenino atrajo su atención. Kasumi con Hiroshi en brazos le dedicaba una mirada reprobatoria.

—Gracias por cuidarlo —habló Ono a su lado tratando de quitar la tensión que nuevamente había surgido—. Es tarde, mañana hablamos, cuñada— se despidió con una sonrisa llevándose consigo a su molesta esposa, que no podía aceptar que su hermana menor ya no era una niña y que era normal que esta tuviera novio. Sin contar que fue fácil deducir que el pobre muchacho la respetaba al grado de que estaba durmiendo en el sofá.

—Creo que lo mejor será que me vaya —Ranma habló cuando quedaron solos—. No quiero ocasionarte más problemas —se acercó a darle un beso de despedida y se marchó.

Akane iba a rebatirle, pero estaba segura que si lo hacía y terminaba convenciéndolo para que se quedara, tenía el presentimiento que la mañana siguiente su departamento se convertiría en un campo de batalla. Kasumi no demoraría mucho en ir a contarle a sus padres la noticia de que ella tenía novio.

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Akane bebía una taza de café cuando su presentimiento se hizo realidad, su timbre sonaba sin parar, a la vez que los golpes en la puerta sonaban en coro con los gritos de su padre.

—Hora del show —musitó al levantarse a abrir la puerta, no tuvo tiempo de reaccionar pues su padre había ingresado con rapidez observando con ojo crítico todo a su alrededor—. Respeta mi privacidad —exigió al ver como entraba a su habitación.

—¿Dónde está? —gruñó molesto encarando a su hija.

—En su casa —se encogió de hombros para girarse dispuesta a seguir con su desayuno, prometiéndose más tarde hacerle una visita a Kasumi por hablar de algo que no le correspondía.

—¿Por qué eres así con tu padre? —el enojo se había cesado y el llanto hacia acto de presencia—Eres muy pequeña para hacer esas cosas, eres mi bebé.

Akane bufó por lo bajo, odiaba que la consideraran una cría que necesitaba protección. Que se metieran en su vida no era agradable, menos cuando ella en su tiempo no lo hizo.

—Papá soy mayor de edad, deja que haga mi vida tranquila —soltó con molestia, Soun iba a rebatir—. Si no lo haces, no me volverás a ver y sabes perfectamente que soy capaz de hacerlo —advirtió con determinación, no quería llegar a esos extremos, pero su paciencia estaba llegando al límite.

—Está bien —aceptó Soun limpiándose las lágrimas que seguían cayendo—, pero tengo una condición. Quiero conocerlo.

Akane parpadeó confundida, sin saber que decir ¿Ranma aceptaría? Y lo principal ¿quién le aseguraba que su padre no lo terminaba ahuyentando con sus amenazas?

—Deja que lo piense y te llamaré —no estaba en condiciones de afirmar ni negar nada, en nombre de otra persona. Esa decisión solo le correspondía a Ranma.

Continuara…