En circunstancias normales, Ginny habría vivido los días siguientes en una nube de felicidad, pensando únicamente en esto: "Harry me ha besado, Harry me ha besado, Harry me ha besado". Pero la segunda prueba del Torneo de los Tres magos apartaba eso de su mente. Más que nada porque ni Harry, ni Ron, ni Hermione ni ella tenían mucha idea de cómo superarla. Ron propuso Convocar mágicamente un equipo de buceo (Ginny sabía lo que era eso gracias a sus clases de Estudios Muggles) pero Hermione se opuso: aquello podía ser una violación del Estatuto del Secreto. Hablaron de usar Transfiguración (por ejemplo, que Harry se Transfigurara en una criatura subacuática, como propuso Ginny), pero eso exigía un nivel demasiado avanzado de magia, más allá del TIMO. Ginny sugirió un encantamiento del que le había hablado Charlie, el Encantamiento Casco Burbuja, pero aunque era accesible para el nivel de magia de Harry, no había tiempo suficiente para que lo dominara antes del día de la segunda prueba. De modo que la cosa pintaba mal. Harry, Ron y Hermione se pusieron a investigar en la Biblioteca a ver si encontraban algún hechizo que les sirviera, en tanto que Ginny decidió tantear un poco a Alastor Moody, a ver si le daba alguna pista. Obviamente, no podía preguntárselo directamente, pero quizá lograría alguna indicación indirecta. Decidió usar como pretexto el preguntar por Ludovic Bagman.
—Ya sabemos por qué está tan interesado en que Potter gane el Torneo de los Tres Magos—le explicó Moody una tarde. —Tal como vosotros cuatro sospechabais, está endeudado hasta las orejas, concretamente a causa del dinero que ha perdido apostando, y los goblins de Gringotts no paran de acosarle para que les devuelva todo el oro que les ha prestado, que al parecer es muchísimo. De modo que ha hecho una apuesta con ellos: ha apostado mucho dinero a que Potter ganará el Torneo.
—¿Qué?¡No!
—Al parecer, Bagman tiene un serio problema de ludopatía, como lo llaman los muggles. Lleva mucho tiempo perdiendo dinero a causa del juego, y a menudo ha tratado de pagar sus deudas con más apuestas. Cosa que, claro está, no siempre le sale bien. Por ejemplo, en la final de la Copa del Mundo de quidditch apostó con tus hermanos, y perdió, y les pagó con oro leprechaun.
—¿Oro leprechaun?—preguntó Ginny.
—Sí, oro que conjuran mágicamente los leprechauns, que tiene un serio inconveniente: que se desvanece a las pocas horas. Por eso tus hermanos estaban tan interesados en hablar con él, para que les devuelva su dinero. Hay muchos otros casos parecidos, por lo visto, y eso hace que Bagman esté desesperado por conseguir dinero.
Ginny, entonces, se acordó de que en la Copa del Mundo los leprechauns mascotas del equipo de quidditch de Irlanda habían dejado caer grandes cantidades de oro sobre el público y que Ron había cogido gran cantidad. Sin duda, Bagman habría hecho lo mismo. Pero quedaba un punto por aclarar.
—¿Y no es posible que él pusiera el nombre de Harry en el Cáliz de Fuego para que participara en el torneo y así poder apostar su favor?
—Bagman lo ha negado, y yo me siento inclinado a creerle, no es precisamente alguien que sepa mentir muy bien. Pero en el Ministerio no le creen. Fudge ha decidido hacerle confesar que fue él quien lo hizo, y mientras tanto, le ha suspendido de empleo y sueldo y le ha apartado como juez del torneo.
—Ya—asintió Ginny, desanimada.
Esa era la clase de cosa que haría el idiota de Fudge, buscar chivos expiatorios. Ya lo hizo con Hagrid en su primer año, y no había querido escuchar la verdad sobre Sirius Black, porque eso le supondría reconocer que se había cometido un grave error judicial. Pero entonces, recordó por qué estaba ahí.
—De todas formas, habría perdido su apuesta, porque Harry no va a pasar la segunda prueba.
—¿No?—preguntó Moody. —Hace unos días, cuando me encontré con él en el pasillo, me dijo que ya había averiguado el contenido del Huevo Dorado.
—Y lo ha hecho, pero lo que no sabe es cómo conseguir respirar bajo el agua. La Transfiguración es demasiado compleja, en Pociones Harry no es muy bueno, y no conseguimos encontrar un Encantamiento que sirva y que esté a su nivel.
—Por lo que me dices, no habéis probado con Herbología.
—¿Herbología?¿Me está sugiriendo que pruebe alguna hierba mágica que le permita respirar bajo el agua?—exclamó Ginny, esperanzada.
—Yo no he hecho tal cosa, has sido tú la que ha tenido la idea.
—¿Es que me he equivocado?¿Es que no hay ninguna hierba que sirva?—Ginny sintió que el ánimo se le hundía un poco.
—Tampoco he dicho que no la haya—respondió Moody, con lo que en una cara normal habría sido una sonrisa. —Eso sí, te aconsejo que no le preguntes a la profesora Sprout, ella se dará cuenta enseguida de lo que pretendes y se cerrará en banda. Pero…a lo mejor algún alumno del mismo año que Harry podría estar dispuesto a echarle un cable. Alguien en quien uno no pensaría normalmente si necesitara ayuda en algo que requiriera conocimientos especiales de magia.
Ginny repasó mentalmente los compañeros de curso de Harry que conocía, y entonces se dio cuenta de una cosa: había un alumno que respondía perfectamente a esta descripción, Neville. Neville era muy bueno en Herbología y uno no pensaría en él como en alguien con conocimientos especiales de magia. Y desde luego, estaría dispuesto a ayudar a Harry.
—Creo que sé a quién se refiere, señor.
—No sé de qué me hablas, y esta conversación no ha tenido lugar—replicó Moody. —Ya no puedo ayudarte más, sólo te digo que no olvides lo que te dije hace varias semanas sobre los elfos domésticos.
Ginny lo recordaba muy bien. Moody le había dicho que los elfos domésticos eran muy buenos como espías y como ladro…¡Claro, eso era! ¡Moody le estaba diciendo indirectamente que averiguara por Neville qué hierba mágica podría servirle a Harry para respirar bajo el agua, y luego que usara a Dobby para robarla, quizá de los almacenes de Snape!
—Gracias, señor. Buenas tardes.
—No tienes por qué dármelas. Y no te olvides de mantenerme al tanto de lo que pasa.
—¿Branquialgas?—preguntó Harry.
Neville asintió.
—Masticas un buen puñado y hacen que te aparezcan branquias por detrás de las orejas —señaló ese punto en sus propias orejas— que te permitirán respirar bajo el agua durante una hora.
—Vale, Neville, pero ¿dónde las consigo?—preguntó Harry.
—Quiza Snape las tenga entre los ingredientes para pociones que guarda en sus almacenes—sugirió Hermione.
—Por favor, no me pidáis que se las coja—suplicó Neville, angustiado.
—Tranquilo, Neville—dijo Ginny en tono maternal, pues sabía bien cuánto temía Neville a Snape. —Ya se nos ocurrirá algo, tú ya has hecho suficiente. Muchísimas gracias.
—De nada, Ginny—replicó Neville, sonriente. —Buena suerte, Harry. Si consigues branquialgas y necesitas instrucciones sobre cómo utilizarlas, búscame, que te explicaré todo lo que necesites saber.
—Seguro que sí—asintió Harry.
Esta conversación tenía lugar junto a uno de los invernaderos, adonde Ginny, Harry, Ron y Hermione habían citado a Neville. Éste, tras despedirse de nuestros héroes, se alejó rumbo al castillo. Cuando Neville se hubo alejado, Ginny se volvió hacia Harry, Ron y Hermione.
—Si Snape tiene branquialgas en sus almacenes, sé cómo roba…cómo tomar prestada una pequeña cantidad.
—¿Cómo?—preguntó Ron. —Seguro que Snape tiene un montón de hechizos de protección en su despacho, y más después de lo que ocurrió el día que Harry descifró el huevo.
—Podemos…—Ginny bajó la voz y se acercó a su hermano, Harry y Hermione—…podemos pedirle a Dobby que nos ayude.
—¡Claro! ¡Qué buena idea!—exclamó Ron, radiante. —¡Los elfos domésticos pueden burlar casi todos los hechizos de protección conocidos, eso es lo que nos contaba papá!
Hermione iba a decir algo, quizá protestar porque se pretendiera pedirle a un elfo doméstico que fuera un ladrón, pero Ron la contuvo con un gesto.
—Si vas a decir algo sobre lo de SPEW, ahórratelo. Harry necesita desesperadamente un modo de pasar la segunda prueba, y esta puede ser una buena solución.
Hermione lanzó un suspiro y puso los ojos en blanco.
—Está bien. Pero que conste que acepto sólo porque no tenemos otra alternativa. No me gusta eso de pedirle a un elfo que se meta en el despacho de Snape para robar algo que ni siquiera sabemos si estará allí.
No es necesario que diga que el elfo Dobby aceptó entusiasmado cuando Harry se lo pidió. Se decidió que Dobby exploraría los almacenes de Snape para ver si había branquialgas, y si no era así, se le preguntaría a Neville para ver si conocía un sitio donde se pudiera conseguirlas. Si había branquialgas, Dobby "tomaría prestado" un puñadito pocos días antes de la prueba, como mucho dos o tres días antes porque, en opinión de Hermione, si las robaban con mucha antelación, corrían riesgo de que Snape lo viera. Harry, por su parte, le pidió a Ginny que se mantuviera al margen para que, si les descubrían, pudiera negar tener algo que ver, y Ginny aceptó. Era verdad que ella hubiera preferido participar activamente, pero por otra parte, el ver que Harry era tan atento con ella la llenaba de amor y eso hacía que estuviera dispuesta a hacer cualquier cosa que él le pidiese.
Así pues, Ginny prosiguió con su vida normal en Hogwarts, entre estudios, visitas a Hagrid, cartas a su familia, informes a Moody acerca de la actitud de Karkaroff y Krum (poco que contar a ese respecto, salvo que Karkaroff parecía muy nervioso y a menudo se miraba el antebrazo con cara de mucha preocupación), y por supuesto, ratos con Harry. No muchos, por desgracia para ella, pues Harry estaba muy cargado de deberes y además Hogwarts no era precisamente un sitio en el que fuera fácil encontrar sitios para estar a solas con su novio (pues ahora lo consideraba como tal), pero algunos hubo. No hubo más besos, para disgusto de Ginny, pero sí muchos otros gestos de cariño, miradas, golpecitos afectuosos, sonrisas y cosas así. Y sobre todo, atenciones. Si algo notó Ginny durante esos días era que Harry era un novio extraordinariamente atento con ella. Pero no tan atento como para que ella se sintiera abrumada o incluso acosada, lo justito para que ella se diera cuenta de lo mucho que le importaba a Harry. Por otra parte, les llegó una breve nota de Sirius preguntando cuál sería la fecha de la siguiente visita a Hogsmeade, y Harry la contestó.
La noche antes de la segunda prueba, ambos subían las escaleras juntos, con la profesora McGonagall un poco por detrás de ellos, y Harry le dijo:
—Siento haberte mantenido un poco al margen de todo esto de la segunda prueba, pero quiero que sepas que todo ha ido bien. Dobby consiguió las branquialgas, y Neville me ha explicado detalladamente cómo hay que usarlas.
—No pasa nada, Harry, me alegra que pensaras en mi bienestar—dijo Ginny, apretándole suavemente el brazo.
—Creo que estos últimos días no he pensado en otra cosa—sonrió Harry. —En realidad, es por eso que te he mantenido un poco al margen. Yo sólo quiero hacerte la chica más feliz del mundo, no quiero cargarte con preocupaciones extra, y menos teniendo a Ron y Hermione para ayudarme con el torneo de los Tres Magos.
Ginny sintió una oleada de felicidad que la llenaba. Aunque no le habría importado lo más mínimo ayudar a Harry con el torneo de los Tres Magos, el oírle decir así de modo tan explícito cuánto la amaba (bueno, no lo había dicho con esas palabras, pero lo que había dicho Harry significaba exactamente eso) era mucho más de lo que podía esperar y desear.
—Oh…Harry…—Ginny bajó la mirada, ligeramente ruborizada.
—Disculpen—dijo la voz severa de la profesora McGonagall detrás de ellos.
Harry y Ginny se giraron.
—Lamento interrumpir tan romántico momento, pero necesito hablar con la señorita Weasley. Y también con la señorita Granger—miró a Ron y Hermione.
—¿He hecho algo malo?—preguntó Ginny.
—Oh, no, no. Vengan conmigo al despacho de Dumbledore.
—¡Nos vemos luego, Harry!—le dijo Ginny, que sin cortarse un pelo, le dio un besito rápido a Harry en la mejilla.
Poco después, Ginny y Hermione estaban en el despacho de Dumbledore. Allí estaban también la gigantesca Madame Maxime, sentada junto a una niñita rubia que se parecía mucho a la "zorrita gabacha", como ella la llamaba, y el profesor Flitwick, que estaba con la "zorrita china" (así la había llamado Ginny cuando había mirado demasiado cariñosamente a Harry el año anterior). Karkaroff también estaba allí. Parecía bastante malhumorado. Dumbledore les invitó a sentarse.
—Bien, chicos y chicas. Como quizá algunos ya sepáis, la segunda prueba transcurre bajo el agua. Bajo las aguas del Lago. Los cuatro campeones tendrán que rescatar algo que estará allí, algo especialmente importante para ellos. O más bien… alguien.
—Un momento, un momento—exclamó Cho Chang, visiblemente tensa. —¿Significa eso que nos van a colocar a nosotros cuatro en el fondo del lago y que los cuatro campeones tendrán que sacarnos de allí?
—Correcto—asintió Dumbledore. —Tendrán que hacer frente a las criaturas que viven bajo las aguas del lago, sirenas, tritones, grindylows, que tratarán de impedir que se acerquen, y tienen una hora para sacaros de allí.
—¡Pero eso es una locura!¡Nos moriremos ahogados!
Ginny estaba inclinada a pensar lo mismo. Pero por otra parte, no quería que se la notara nerviosa. Seguro que había alguna explicación, y que Dumbledore se la daría.
—Ya hemos pensado en eso. Si dais vuestro consentimiento, yo lanzaré ahora mismo un hechizo que os dejará en un estado de semihibernación, y luego, junto con la profesora McGonagall, el profesor Flitwick y los directores Karkaroff y Maxime os llevaré a orillas del lago. Allí, los tritones y sirenas os llevarán hasta la plaza de la ciudad subacuática donde viven, que es adonde tienen que llegar los cuatro campeones.
—¿El hechizo nos permitirá respirar bajo el agua?—preguntó Ginny, procurando mostrarse tranquila.
—El hechizo hará que no necesitéis respirar porque las funciones vitales de vuestro cuerpo se reducirán al mínimo. Tranquilos, será como un profundo sueño. Ni notaréis que transcurre el tiempo.
—¿Y qué pasa si los cuatro campeones no llegan a tiempo?—preguntó Cho Chang.
—En tal caso no puntuarán para el torneo. Obtendrán cero puntos.
—¡Quiero decir que qué nos pasará a nosotros!
—¡Nada, querida! El rey de los tritones me avisará si eso ocurre, y los directores Karkaroff, Maxime y yo sacaremos de debajo del agua a la persona a la que tenían que rescatar. También me avisarán si alguno de los campeones se queda atrapado bajo el agua. Tranquilos, que está todo previsto.
—Disculpe, señor, ¿por qué nosotros?—preguntó Hermione, que había permanecido en silencio hasta ese momento.
—Cada uno de vosotros es la persona presente en Hogwarts a la que más echaría de menos cada campeón. La señorita Gabrielle Delacour —miró a la niñita rubia— es a quien más echaría de menos su hermana Fleur. La señorita Cho Chang es a quien más echaría de menos Cedric Diggory —Cho se ruborizó un poco. —Y tú eres a quien más echaría de menos Viktor Krum…
Hermione se puso tan colorada que habría podido mimetizarse con el tapiz rojo que cubría el suelo del despacho de Dumbledore. Ginny la miró, atónita. ¿Significaba eso que Krum estaba colado por ella? Eso parecía. ¿Cómo no se había dado cuenta?
—…y la señorita Weasley, desde luego, es a quien más echaría de menos Harry Potter.
Ginny sintió que la invadía una gran alegría al oír eso. Pero por otra parte, no quería que Harry corriera peligro por ella. Una vez ya había sido suficiente. Levantó la mano.
—¿Sí, señorita Weasley?
—¿Usted cree que yo soy a quien más echaría de menos Harry?
—He estado dudando entre tu hermano Ron y tú, pero la profesora McGonagall y Hagrid me han convencido de que a ti te echaría más de menos. Pero no tienes por qué hacer esto si no quieres.
Ginny se dio cuenta de que si decía que no, quedaría como una cobarde delante de Hermione, y no quería eso.
—No, no, señor, era sólo por dejar las cosas claras.
—¿Estás dispuesta?
—Lo estoy.
Hermione, Cho Chang y Gabrielle Delacour asintieron igualmente. Dumbledore, entonces, agitó la varita sobre ellos y murmuró "Somnis Maximus". Ginny, entonces, sintió que una pesadísima somnolencia la invadía, y entonces todo se apagó.
¡Hola! Espero que os haya gustado. ¡Un saludo, pottéricos!
