© Todos los derechos reservados por la autora.

© Los personajes de One Piece pertenecen a su respectivo autor, Eichiro Oda.

© La OC que utilizará la autora se llama Hirawashi Len.

Advertencia: este capítulo contiene contenido sexual. Si no te gusta este tipo de contenido, no sigas leyendo, aunque eso implique que perderás información de la historia que será importante de cara a próximos capítulos.


En aquella habitación se puede escuchar perfectamente los besos que se daban aquellos amantes. Los leves suspiros de Len mientras acaricia la nuca de aquel grandullón. Katakuri estaba desesperado queriendo poseerla en ese mismo instante. Ronronea unas cuantas veces por cada roce de ella. No sabéis cuánto ha deseado esto, más que su propia vida. Tenerla de nuevo en su cama y hacerla gemir como nunca.

Aquellas manos enormes recorren cada centímetro de aquel cuerpo bien trabajado de la joven. Ya no estaba débil. Está más fuerte que un roble. Una leve mordida en el hueco del cuello bastaba para recibir un pequeño por parte de Len. Oh, aquel sonido le volvía loco. Haría cualquier cosa solo por escucharlo. Las manos de Len se detienen en aquellos cabellos alborotados tirando con fuerza sintiendo que se iba a desvanecer en ese mismo instante. Ya las ropas habían volado. Estaban desnudos en cuerpo y alma y podían notar la necesidad del otro.

Katakuri podía aprovechar la ocasión de mimarla cuanto se le antojaba y Len no se quedaba atrás. Son dos personas que se querían y se compenetraban. ¿Quién diría que una pequeña hobbit estaría con un grandullón de cinco metros? Hasta se reían mentalmente de ese pensamiento. Gracioso, ¿verdad? La lengua de aquel hombre no paraba de recorrer aquel cuello tan pequeño que con una sola mordida le bastaba para marcarla de por vida. Aquella articulación juguetona desciende lentamente por la zona de la clavícula, pasando por el esternón donde se encontraba sus dos montes hasta llegar la zona de su vientre. Le encantaba dejar marcas en el cuerpo de la chica.

Len no paraba de temblar ante aquellas leves lamidas y mordidas que provocaba Katakuri en su cuerpo. Se estaba mojando, lo sabe perfectamente. Las manos del hombre se paran en sus muslos arañando un poco aquella zona. Sonríe levemente al escuchar un leve gemido por parte de Len. Y su boca ya estaba muy cerca de su sexo, queriendo saborear aquel manjar. Un poco más y su lengua tocaría el clítoris.

No obstante, nunca se esperó que Len utilizaba todas sus fuerzas para empujar al grandullón y acostarlo dejándolo boca arriba. Por alguna razón, le hizo gracia. La chica va rozando con sus dedos aquel cuerpo trabajado de Katakuri. Aquellos abdominales eran tentadores, era como una tableta de chocolate. Ya se le ha antojado comer ese dulce. Al ser tan pequeña le era difícil llegar a sitios con sus brazos, pero puede palpar perfectamente aquellas zonas. Acerca un poco su rostro y hace lo mismo que le estaba haciendo él. Lamer lentamente los pectorales y los abdominales.

Un suspiro lento sale en los labios de Katakuri apoyando la cabeza en las sábanas, cerrando los ojos dejándose llevar aquella sensación tan nueva para él. El cuerpo de Len asciende poco a poco hasta que su cabeza llega a la zona del gran cuello de Katakuri. Ancho y fuerte. Muerde la nuez de éste recibiendo un gruñido ronco por su parte. Aquel timbre ha resonado que Len no pudo evitar sonreír, divertida. Una de las manos de Katakuri se apoya en una de las nalgas de la chica palpándola y, de vez en cuando, apretándola. Él no se quedaría atrás.

—Como te gusta tocarme ahí.

—Como para no hacerlo. —Con atrevimiento da una fuerte palmada.— Y veo que te gusta que lo azote.

—Estás tocando terreno peligroso, Katakuri.

—Me gusta el peligro.

La joven no puede evitar sonrojarse ante tal comentario. Quería vengarse y sabe cómo. Desciende su cuerpo ante la atenta mirada de Katakuri con una ceja alzada, intentando averiguar qué es lo que tramaba. Su cuerpo se tensa completamente al sentir aquella mano pequeña recorrer por su gran falo. Se muerde el labio inferior y se incorpora queriendo ver más. Un escalofrío pasa por su columna vertebral. ¿Sabes por qué? Porque Len comienza a dar pequeñas lamidas en el glande de aquel miembro.

La cabeza era enorme y era casi imposible que esa cosa puede caberle en la boca, pero eso no le dificultaría en hacerle disfrutar. Mientras hace su gran esfuerzo, observaba el rostro de Katakuri que estaba embobado. Nunca imaginó que Len se atreviese a hacer tal cosa. Sujeta sus cabellos para que no fueran una molestia en la labor de la chica. Esa lengua era exquisita. Qué hiciera un camino de saliva de arriba a abajo y que apoya los labios en la punta para succionarlo un poco, lo estaba volviendo loco.

Deseaba tocar a la chica y estimularla igual. Meter sus dedos en aquella entrada tan estrecha que llega en un punto que se vuelve flexible. Una idea se le ocurre. Como su cuerpo está hecho de mochi le es fácil hacer aparecer algún miembro suyo gracias a su habilidad. Intenta todo lo posible para hacer aparecer como una especie de brazo hecho de mochi en su pierna y va incitando aquel sexo ya lo suficiente mojado para él.

Len gime con sorpresa que gira su cabeza encontrándose con una grata sorpresa. No podía creer que Katakuri hiciera eso. Empieza a tiritar de excitación que exhala aire sobre la punta del miembro del comandante y éste se tensa completamente. «Me está volviendo loco, en serio», ronronea con ese pensamiento en la cabeza. Qué, por cierto, os estaréis preguntando qué pasó con la bandeja llena de comida. Tranquilos, está en el suelo.

Al meter un dedo, Len mete la cabeza en su boca para chuparlo a modo de venganza. Katakuri sonríe sabiendo las intenciones de Len y él sabe que ganaría. Lo va moviendo con algo de rapidez ante el vaivén de la chica y con la ayuda de sus manos va masturbando aquel falo. Esto era una batalla. ¿Quién de los dos iba a correrse primero? Las acciones que realizaba el comandante iban en aumento hasta metió un segundo invasor en ella. Las paredes vaginales de Len lo aprisionaron con fuerza notando la grandeza de aquellos dedos.

Si seguía así, muy pronto iba a acabar antes que él. Y, de un momento a otro, arquea la espalda y grita al sentir una sensación extraña ahí abajo. Unas cuantas lágrimas van resbalando por sus mejillas, pero era de pura excitación. Abre más las piernas queriendo recibir aquel roce. Katakuri traga saliva al ver aquella expresión viciosa y hace ese mismo movimiento.

—¡Ahí! —grita de placer Len llevándose el dedo a su boca.— ¡Otra vez, por favor! —suplicaba con las piernas temblando.

Una sonrisa pervertida se dibuja en el rostro de Katakuri que acata la orden de Len moviendo con fuerza los dedos tocando aquel punto. ¿Será el punto G? Es posible porque la chica no paraba de gemir con fuerza y alto, en donde su espalda va curvando poco a poco sintiendo un pequeño hormigueo en su vientre. Y en unos segundos, un gran orgasmo llega liberándolo completamente. Un gruñido de satisfacción sale de la garganta de Katakuri retirándolos lentamente.

—Muy receptiva. —Se incorpora sentándose, aprovechando de abrazar a la chica con un brazo solo.

—Creo que... has tocado... el punto G... —La respiración de Len se vuelve agitada, intentando recuperar el aliento.

—¿Y crees que mi polla rozará ese punto sensible? —Aquella idea le gustaba tanto. Ver gritar a Len por unos segundos le puso cachondo.

—Tu polla... es enorme...

—No hace falta que lo digas.

Sujeta las caderas de la chica para elevarlas un poco y va bajándola, sintiendo una gran presión en la punta de su falo y la entrada de ella. Ambos se miran con la boca abierta sintiendo como uno va entrando en las entrañas de ella y la otra como estaba llegando aquel hueco vacío. En esa posición, era Len quien controlaba la simulación; sin embargo, era algo complicado ya que estamos hablando de Charlotte Katakuri, un hombre de cinco metros.

Apoya las manos en los hombros de éste y alza las caderas para luego bajarlas con la ayuda de Katakuri. Notar el cérvix de Len chocar con la punta del glande era fascinante y provocativo hasta excitante. Y los movimientos que realizaba la chica le estaba matando, pero tenía que controlarse para que se acostumbrara de nuevo a su tamaño o si no le haría daño por dentro. Y no desea que su vagina sea desgarrada por su culpa.

Los ojos de ambos amantes se clavan uno al otro, la única conexión que tienen como mostrando lo que realmente sentían. Era un toque de lujuria y se notaba en aquel brillo que desprendían. Len va notando como su vientre se hincha provocado por el gran falo de Katakuri. ¿De verdad una persona normal y corriente podría aguantar aquello? Y de alguna manera, le excitaba que hasta sus paredes se contraen recibiendo un gruñido ronco de él.

Ya no conteniendo más, acuesta a la chica y la gira bruscamente dejándola en una posición un tanto animal para ambos. A cuatro patas. Cuando se trata de sexo, era Katakuri quien tiene más fuerza ya que las de Len flaqueaban por el placer que estaba sintiendo. Tenía unas buenas vistas de su trasero que la apresó con sus manos, apretándolos con fuerza. Len se muerde el labio con fuerza sonrojándose demasiado.

Y de golpe, siente aquel falo entrar con fuerza en ella y empieza a moverse sin esperar a que ella estuviese preparada. Esa posición era exquisita para Katakuri. Parecen dos animales en época de celo, sobre todo el grandullón que no paraba con el vaivén. Los gemidos de Len eran un tanto desgarrador y, no es que le gustaba, le estaba encantando. Aprieta con fuerza las sábanas sintiendo que está a punto de explotar. Este hombre la estaba volviendo loca y notaba la quemazón dentro de su vagina.

—¡Katakuri voy a...!

—¡Ni se te ocurra correrte sin mi permiso! —pega su pecho a la espalda de la chica para profundizar más.

—¿Ahora... tengo que... pedirte...? ¡Ah! —Un leve pellizco en su clítoris fue suficiente como para derrumbarla, apoyando casi todo su cuerpo en las sábanas.

—Ábrete para mí, joder —suplica Katakuri muy cerca de su oído.

Los dos saben perfectamente que ya están a punto de llegar a la cúspide del orgasmo. Los cuerpos se tensan completamente para liberar aquello que los atormentaba. Un leve mordisco recibe de Katakuri en su cuello y, esta vez, era más fuerte que la anterior. La hizo hasta sangrar. Como se nota que esos dientes son muy poderosos, ¿verdad? El comandante lame aquella herida a modo de disculpa recibiendo un pequeño quejido.

—La próxima vez... no dudaré en golpear tu cara —confiesa la chica relajando completamente.

—No me pude contener. —Por su tono de voz se notaba que se sentía mal.

—Al menos tengo una marca más profundizada.

—Eres mía —ronronea acostándose en la cama atrayendo el cuerpo de la chica.

—Soy tuya. —Ya estaba rendida por lo que cierra los ojos lentamente para que Morfeo la lleve al mundo de los sueños.

Sin embargo, Katakuri se mantiene despierto por un momento acariciando la cabeza de ella. Es posible que con esa mano que tiene es capaz de arrancar su cabeza. Y no, la utiliza para dar mimo. Debe prepararlo todo para pedirle el matrimonio, pero ¿cuándo? ¿Y cómo? Eso ya lo pensará bien, ahora debe aprovechar para descansar. Mañana será otro día.

Y fue otro día en donde los pájaros cantan al igual que los hommies. Vamos como todos los días, que no hay ninguna novedad. Lo único nuevo es que la pareja se encontraba abrazados en una posición cuchara. El primero en despertarse, como de costumbre, es Katakuri quien ve la belleza natural de Len. Le daba la espalda si, pero le bastaba con solo ver su espalda fina y aquella espalda no tan ancha.

¿Y sabes cuál es el problema? Qué ha despertado con una gran emergencia entre las piernas. La verdad es que ha tenido un sueño bastante húmedo con ella y ver que estaba a su lado le ponía más. Se acerca un poco más a ella ronroneando muy cerca de su oído recibiendo una pequeña risa por su parte. Parece que ya ha despertado. Len gira un poco su cuerpo encontrándose con el rostro de Katakuri.

—Buenos días —saluda.

—Buenos días.

—Debo acostumbrarme a esos ruidos que haces —confiesa la chica acariciando el rostro de Katakuri.— Pareces un gatito.

—¿Gatito? —alza la ceja sorprendido.

—Sí, ese ronroneo es de un gato. Y te pega mucho con esos colmillos.

El hombre de cinco metros esconde el rostro con algo de vergüenza en el hueco del cuello de Len, a lo que ríe ella, divertida ante la situación. Es como un niño pequeño. Sus dedos no paraban de rozar aquella cicatriz que decoraban a cada lado de sus mejillas hasta llegar a la zona de sus colmillos. Tan afilados y listos para perforar cualquier cosa, incluso la carne humana. Como pasó ayer, aún le duele.

Y gime con sorpresa al sentir los dedos de Katakuri pasar por su sexo casi estimulando. ¿A las tantas de la mañana y ya tiene ganas de jugar? Se revuelve un poco, pero es apresada por un brazo de él y escucha una pequeña risa de él muy cerca de su oído. ¿Esto era una forma de venganza? Aún estaba dolorida por lo ocurrido de ayer. Sabe que tomó descanso, pero esto es demasiado para Len. Aprieta un poco las sábanas notando como un dedo resbala en su interior.

—Kata... —gimotea bajito.

—Este gatito tiene una pequeña urgencia. —Se acerca un poco más logrando que su falo chocara con el muslo de ella.

—Joder, ¿no puedes pedirle que tomara algún descanso?

—No tengo culpa que haya soñado contigo y me hayas dejado así. Y solo hay una forma de resolver esto.

—Espera... estoy... —iba a decir algo, pero era demasiado tarde.

Katakuri aprovechó el momento para meter su miembro dentro de ella, sintiendo un gran calor emanar en su interior.— Tan mojada y caliente para mí. Me estás volviendo loco —dice con un tono ronco y varonil moviéndose lentamente.

—Katakuri estoy... incómoda...

—Ignora eso ahora, joder.

El deseo carnal que hay en Katakuri es demasiado alto que no dudaría en tener sexo con ella todo el día y todos los días. ¿Len podrá aguantarlo? Hasta diría que por culpa de este hombre habría toda posibilidad de quedarse embarazada no una sino dos veces o más. El de cabellos granates besa con pasión a la chica explorando su boca con la lengua, aprovechando que la tenía abierta por los gemidos que daba Len.

Cada vez los movimientos se vuelven más erráticos y apasionados en una posición que ya para Len no le importaba. Piernas juntas como una forma de apretar más aquel miembro grande y gordo y cada vez que las paredes se oprimen, un gruñido gutural sale en la garganta de Katakuri. Esto les estaba gustando ambos que Len apoya una de sus manos al cabello de éste, apretándolos con fuerza.

Aquel deseo estaba aumentando y no saben por cuánto tiempo estuvieron en esa posición. La lengua de aquel hombre pasa por todo el cuello de Len queriendo estimular aquellas zonas erógenas desconocidas de cualquiera. Solo él las conoce. Sabe sus debilidades y no desaprovecharía en ningún momento en gozar a la chica. La cara de Len mostraba que le estaba gustando, aquella quemazón lo vuelve a notar en la zona baja.

—Tendría sexo contigo todos los días y no me cansaría.

—A mí me dejarás seca.

—Eso es lo que quiero —saca su miembro recibiendo un pequeño quejido por su parte.— Quiero hacerte gozar y que grites mi nombre.

—¡Métela, joder! —suplica Len.

—¿No decías que era demasiado grande para ti? —dice en broma viendo a Len con cara de querer más.

—¡Pero es que me gusta! ¡Me llena!

Era suficiente como para acostar boca arriba a Len mientras él se posiciona entre sus piernas. Sin embargo, una nueva postura se le cruza por la cabeza. Toma una de sus piernas y la coloca entre las suyas, y la faltante la pone en su cadera. "El maquinista" se hace llamar esta posición y era una mejor postura donde ambos tienen contacto visual. Mete de nuevo su miembro en ella y, esta vez, va más lento que antes. Quiere sentir aquellas entrañas aprisionar su falo y escuchar los leves suspiros de la joven.

Inclina un poco su cuerpo para estar más cerca del rostro de Len. Ella posa las manos en sus mejillas rozando sus dedos en ellas. Aquel contacto visual no se rompía en ningún momento hasta que se besaron. Y no era un beso cualquiera, éste estaba lleno de amor y compasión en ambos. Se miraban, se cuidaban, estaban haciendo el amor como si fueran una pareja de verdad. Lento y lleno de amor. Es lo que anhelaba Katakuri y lo ha encontrado en ella.

Una mujer que le quería demasiado y que lo aceptaba tal y como es sin importar su aspecto. Y tienen razón sus hermanos, debe pedirle matrimonio a esta chica jovial porque le hacía sentirse más joven. Y que no dudaría en protegerla de cualquiera. Será frío con sus enemigos; no obstante, con ella se comportará diferente.

Y con ese mismo pensamiento en la cabeza, ambos llegan al bendito orgasmo que esta vez no fue intenso como las anteriores veces. Fue suave y con mimo. Katakuri va retirándose lentamente, pero sin separarse de ella ya que quería seguir mimándola a su manera. Len solo puede sonreír y acariciar los cabellos de éste, y esas caricias descienden, de vez en cuando, hacia la nuca. Le estaba gustando la forma en que la consentía.

—Gatito —susurra bajito que fue escuchado por Katakuri. Lo ha llamado así de forma cariñosa.

—¿Tu gatito? —Le suena cursi decirlo, pero ya le importaba.

—Mi gatito.

Granates y avellanas vuelven a conectarse. Era momento de decir aquella palabra que a Katakuri le resultaba difícil decirlo, pero si no lo hacía, es posible que pueda perderla. De perder la gran oportunidad de estar con ella. Pedir el matrimonio no es suficiente. Se mentalizaba una y otra vez en sí es buena idea decirlo. Hasta que finalmente las escupe:

—Te quiero.

Len se sorprende ante tal confesión de Katakuri que siente como sus mejillas se tornan aquel color rosa muy característico de ella. Y forma una sonrisa tierna acercando su rostro, apoyando la frente en la de él.

—Yo también te quiero.

Ya ambos pueden respirar tranquilamente. Han dado un paso más en aquella relación.


Reseñas:

Torao405: Me alegra mucho que te esté gustando mucho. 3