Pasé los días siguientes agonizando sobre mi decisión. Parte de mí estaba muy emocionada de haber sido invitada a una cita por Ichigo. Había sido manipulada para acceder, eso era cierto, pero no sería humana si no me sintiera halagada. Como me había dicho Lin Lin una vez, a cualquier mujer que tuviera pulso le gustaría ser invitada a salir por un Kurosaki. Aún así, no quería contárselo ni a mis mejores amigas, principalmente porque no me atrevía a pensar que fuera cierto. Tenía la loca idea de que si lo decía en voz alta pudiera desaparecer como el carruaje de cenicienta al dar la medianoche. También estaba preocupada de lo que Miyako diría. Algo del estilo de ¿acaso has perdido la cabeza?. Temía que si hablaba con ella, me persuadiría de que él me estaba manipulando, que me enamoraría y dejaría en el clásico patrón de chico malo. Quería creer en el nuevo Ichigo: que me había equivocado con él, que podía ser gentil, que teníamos cosas en común y podíamos hallar más si le daba tiempo. Pero había tanto para tener en cuenta – lo de los Savants (¿era eso verdad?), la cosa esa del Soulfinder con la que estaba obsesionado. Mi más profundo temor era que él simplemente estuviera fingiendo que le gusto porque me necesitara en alguna forma que todavía no podía descifrar.
Mamá notó mi distracción pero no acertó en la causa.
-Rukia, ¿me estás escuchando?
-Em…¿si?- aventuré.
-No lo estabas.
-Está bien, no estaba escuchando. ¿Qué dijiste?
-Dije que deberíamos comprar algo especial para la apertura- Retsu echó un vistazo al limitado contenido de mi guardarropa con su habitual buen gusto- ¿Te has estado preocupando por eso, cierto? es eso lo que te picó.
-Em…
-Estoy de acuerdo: no tienes nada aquí que vaya a servir. Tendremos que conseguirte un nuevo atuendo.
El Centro de Arte estaba anunciando su inauguración formal con una recepción de corbata negra. Se esperaba que todos en Wrickenridge aparecieran, después de todo, no había mucha competencia en entretenimientos hasta que llegara la temporada de esquí. Y si Retsu pensaba que no tenía un atuendo apropiado, estaba en problemas: Ichigo estaba obligado a estar allí.
-Eso me gustaría ¿pero a dónde podemos ir de compras? No podría soportar todo el camino a Denver.
-La srta. Shiba…
Gimoteé.
-Dijo que había una tienda muy bonita en Aspen, a sólo cuarenta y cinco minutos por la interestatal.
Al final, Joushiro también vino, diciendo que no pasábamos suficiente tiempo juntos como familia desde que llegamos. Nos invitó a almorzar en un restaurante italiano, luego se esfumó mientras Retsu y yo íbamos para la tienda.
-Puede que me consiga algo nuevo para mí también- dijo Retsu, revolviendo con anhelo por entre las filas de vestidos
-¡Oh, ahora el plan oculto se ha revelado!- bromeé, sacando uno largo y colorado- Esto no es acerca de mí, es todo sobre ti. Pruébate éste.
Luego de treinta minutos de indecisión, nos conformamos con dos vestidos con precios que Retsu trató de ignorar. Aspen atendía a los esquiadores de primera, los más famosos de Hollywood, así que tenía etiquetas de precios a juego.
-Son inversiones- dijo ella, sacando su tarjeta de crédito- El tuyo servirá para el baile de verano.
-El baile de graduación- la corregí- Y creo que se supone, los padres debieran de darte plata para un nuevo vestido para ese también. Es tradición.
-Entonces sólo tendré que vender un par más de pinturas- Cerró los ojos y firmó el recibo.
Estábamos riéndonos como locas confabuladoras mientras nos preparábamos esa noche.
-No le digas a Joushiro de los zapatos- Retsu me advirtió- No entiende la necesidad de combinar- Se mordió el labio- Eran espantosamente costosos, ¿no lo crees?
-¿Dónde están mis chicas?- gritó Joushiro desde abajo- ¡Llegaremos tarde!
Retsu bajó las escaleras primero, posando para mayor efecto, en su vestido rojo.
Joushiro se quedó boquiabierto.
-¿Luzco bien?- preguntó, frunciendo un poquito el ceño.
-Cambié de opinión. Quedémonos en casa- Sonrió, pasando su mano por la espalda satinada del vestido- Espero que Rukia esté vistiendo algo menos revelador. Estaré espantando a los muchachos si luce como tú.
Me presenté para su inspección. Había elegido un vestido strapless azulado como la flor del no me olvides, que llegaba justo hasta por encima de mis rodillas. Dejé mi cabello suelto, cayendo en bucles por la espalda y sujeto al frente por dos peinetas de strass.
Joushiro sacudió su cabeza.
-No creo que pueda soportarlo. Chicas, regresen a sus habitaciones.
Nos reímos y lo tomamos por los brazos arrastrándolo hasta el coche.
-Pero mírate, ¡todo despampanante en tu traje a lo James Bond!- le dije, enderezando su moño. Hizo una cuestión de honor el usar uno verdadero, luego siempre nos tenía que dejar que se lo atáramos- Retsu y yo tendremos que estar ahuyentando a las chicas con canapés y palillos de cóctel.
-Esperaré a que ustedes dos me defiendan- dijo, guiñeandome el ojo por el espejo retrovisor.
El Centro de Arte Rodenheim tenía un techo que se asemejaba al de los picos montañosos que tenía detrás, partido en dos por una pirámide de cristal irregular, iluminada de un azul lavado. En una ventosa y fría noche como ésta, las formas hacían un contraste dramático con el cielo estrellado. Casi podría ser la proa de una nave espacial viajando a través del Cuadrante Alfa. A través del frente vidriado podía ver que la fiesta estaba en pleno apogeo. El sr. Chojiro estaba arreglado para la ocasión, proporcionando algo de música suave desde el piano en el vestíbulo. El personal de camareros se deslizaba entre la multitud con bandejas repletas de aperitivos, que iban desde un elaborado sushi a picantes salsas mexicanas para untar.
Miyako estaba a cargo de dar la bienvenida a los invitados. Ni siquiera se molestó con nuestros identificativos.
-Wow ¡simplemente wow!- exclamó, observando nuestro pequeño trío- Ustedes sí que se arreglan bien.
-La mayoría de la gente lo hace con sólo la correcta aplicación de la tarjeta de crédito- sonrió Retsu.
-¡Y sus zapatos!
-No menciones los zapatos- susurró Retsu.
-¿Qué fue eso?- dijo Joushiro.
-Nada, cariño.
-¿Necesitas alguna ayuda?- pregunté esperanzada, preguntándome si me ahorraría las dolorosas conversaciones ocasionales y me sentaría aquí con Miyako por el resto de la noche.
Me echó.
-¡No te atrevas, Rukia! De cualquier forma, mi turno casi termina. Iré a buscarte.
Joushiro ya había seguido avanzando, en busca de un mesero con alguna bandeja de tragos. Me pasó una de agua con gas y tomó dos copas de vino blanco para Retsu y él.
Perdí a mis padres dos segundos más tarde. Retsu quedó acorralada por reporteros de arte provenientes de Aspen y Joushiro olvidó su disconformidad con estos eventos en una detallada charla de Hockey con un entusiasta estudiante de Denver. Como un cabo suelto, me dejé llevar a la deriva, intercambiando unas pocas palabras con amigos pero sin ubicarme en ningún lado.
-¡Ahora hay un espectáculo digno de ver!- exclamó Lin Lin, lamiéndose la salsa
de sus dedos. Me hizo una seña hacia la puerta- Todo el clan Kurosaki se ha presentado, algo poco habitual.
Así que aquí estaban los legendarios chicos Kurosaki. Ahora, arreglados para la noche, ví por qué la gente pensaba que podían ser problemáticos: lucían como un equipo de superhéroes, aunque el jurado estaba aún deliberando si estaban del lado del bien o del mal. Mis ojos se centraron primero en Ichigo, quien se veía realmente genial en camisa negra y vaqueros a juego.
Pantalones.
La corrección llegó a través de mi mente con la impresión de una sonrisa.
No quiero saber acerca de esos.
¿No quieres?
¿Cómo era que podía hacerme ruborizar desde el otro extremo del salón? De hecho, ¿cómo era que pudiera estar conversando conmigo?
Sal de mi cabeza.
No puedo cortarlo ahora que lo inicié. ¿Te ha dicho alguien que podrías detener el tránsito en ese vestido?
¿Es eso bueno o malo?
Estaba loca por responder a una voz incorpórea.
Es bueno. Muy, muy bueno.
Ajena a nuestra conversación, Lin Lin se rió.
-Oh cielos, ¡Ichigo te está mirando como si fuera a comerte! ¡Quédate quieto corazoncito!
Me giré un poco, tratando de recuperar alguna apariencia de calma.
-No lo hace.
-No es a mí a quien está mirando, lamentablemente. Pero una vez más, eso aún me deja a Ulquiorra, Uryu, Byakuya, Renji, Grimmjow, y a mi Toshiro para disfrute. Acaso no son ellos simplemente…- revoloteó sus manos, falta de palabras.
-¿Cuál es cual?
-Grimmjow es el más alto. Recién graduado. Muy serio con lo del esquí. Tiene una oportunidad en el equipo Olímpico de slalom, si sigue así. Ulquiorra es policía en Denver, creo. Él es el relajado, el que es capaz de lucir como si fuera a comerse hojillas de afeitar sin siquiera pestañar. Uryu está en la universidad, haciendo un posgrado en ciencia forense. Renji es el chico grandote, robusto, también está en la universidad, no estoy muy segura de qué cursos está haciendo. Es algo bromista y tiene más pilas que todo el resto. Hmm, ¿quién me queda?
-Byakuya.
Lin Lin se dio unas palmadas en el pecho.
-Oh, Byakuya. Verdaderamente misterioso. Hace poco dejó el pueblo pero nadie sabe en qué anda. Se rumorea que vive con Ulquiorra en la ciudad, pero no estoy segura. Creo que es espía o algo así.
-¿Cómo recuerdas quién es quién?
-Fácil: Ulquiorra, silencioso; Uriel, ultra-inteligente; Víctor…em..bastamente misterioso…
Rode los ojos.
Lin Lin sonrió.
-Renji, loco; Grimm, deportes X-tremos; Toshiro, delicioso, y te dejaré a ti para que descifres a Ichigo.
Me reí, mirando a otro lugar.
-Me pregunto ¿por qué estarán todos de regreso este fin de semana?
-¿Un cumpleaños familiar? El sr. Y la sra. Kurosaki son muy buenos, algo raros en ocasiones, pero siempre amables si pasas por su casa- Tomó un sorbo de su bebida.
-Conocí al sr. Kurosaki en el río.
-Genial, ¿no? lo único extraño es por qué alguien tan listo como el sr. Kurosaki querría pasar el resto de su vida dirigiendo una telesilla. Deberías ver sus estanterías, repletas del tipo de cosas que lee mi hermana en la universidad, filosofía y esas cosas.
-Tal vez son la clase de personas que disfruta de la vida al aire libre.
-Tal vez- Me dio un codazo- Pero hay alguien que no quiere estar al aire libre en este momento.
Ichigo había dejado a sus hermanos y estaba dirigiéndose directamente hacia nosotras.
-Hola Lin Lin; Rukia- Nos sonrió a ambas.
-Ichigo- Lin Lin saludó a Toshiro con la mano, que la estaba mirando al otro lado del salón- ¿Todos en casa?
-Tuvimos algunos asuntos familiares. Ambas lucen fantástico.
Lin Lin estaba leyendo el lenguaje corporal y, siendo la estrella que era, decidió dejar marca. Corrió su largo pelo sobre su hombro, con sus pulseras tintineando.
-Gracias Ichigo. Tú tampoco luces tan mal. Yo simplemente me iré y me pondré al corriente con Toshiro. Te veo luego.
Se escabulló dejándonos solos en nuestro rincón de la multitud. Ichigo se paró delante de mí, bloqueando mi visión del resto de la habitación por lo que se sintió como si sólo fuéramos él y yo.
-Hola allí- dijo en voz baja.
-Pensé que ya habíamos dicho hola- Vaya, este chico sí que irradiaba calor.
-Dije hola a ambas antes. Ese fue sólo para ti.
-Oh- Me mordí el labio para evitar reír- Hola.
-No estaba bromeando cuando dije que lucías increíble- Se acercó y apartó un rizo suelto, nuevamente detrás de mi oreja- ¿De dónde salió todo esto?
-Lo mantengo atado en el colegio. Pueden llegar a ser enloquecedores.
-Me gusta así como está.
-Bueno, tú no eres el que tiene que desenredarlos cada noche.
-Estaría más que feliz de ofrecerme de voluntario.
-Oh.
-Sí, oh- Se rió y deslizó su brazo alrededor de mis hombros- ¿Vamos a socializar?
-¿Tenemos que hacerlo?
-Sip. Quiero que conozcas a mi mamá y a mi papá.
-¿Les contaste?- No creía en toda esta cosa del Soulfinder, pero si él lo hacía, me preguntaba que habría hecho al respecto.
-No, quiero que estés feliz con la idea cuando les hagamos saber. Estarán insoportables cuando les caigamos con la noticia.
¿Era esa la verdadera razón, o simplemente estaba jugando conmigo, dándome vueltas para engancharme? No sabía si podía confiar en mis instintos en lo que a él se refería.
-¿Y qué con tus hermanos? ¿Puedo conocerlos?
-Puedes conocer a Shiro puesto que a él ya lo conoces y el daño está hecho, pero quiero mantenerte bien lejos de los otros.
-¿Por qué? ¿No les caería bien?
-¿Cómo podrías no gustarle a alguien?- Me acarició el brazo, erizándome la piel- No es eso. Es sólo que te contarán las historias más embarazosas acerca de mí y nunca más hablarás conmigo otra vez.
-No creo que eso sea muy probable.
Me miró fijo, su sonrisa tierna.
-No, yo tampoco lo creo.
Nos detuvimos por el sr. Chojiro, uniéndonos en el aplauso mientras terminaba su set en el piano. El sr. Chojiro agradeció a su audiencia, luego frunció el ceño cuando vio que Ichigo era mi acompañante.
-Rukia, ¿te gustaría tocar?- preguntó, obviamente pensándolo como una buena forma de separarnos.
-No, gracias señor. No esta noche.
Ichigo incrementó su agarre sobre mi hombro.
-¿Le gustaría que le traiga alguna bebida, señor?
El sr. Chojiro dio un respingo.
-Eso sería muy amable de tu parte- Reevaluó nuestra pareja- Me alegra ver que ella sea una buena influencia sobre ti.
-Son los primeros tiempos aún- murmuré.
-Tomaré una soda, una Coca Cola.
-Enseguida regreso- Ichigo me soltó y se sumergió entre la multitud para conseguir un camarero. Era casi graciosa la manera en que trataba de dejarme la impronta de que podía ser amable cuando se lo proponía en mente.
El sr. Chojiro estaba evidentemente tratando de pensar en qué forma abordar un tema difícil. Cambió la música.
-¿Te estás adaptando bien, Rukia?
-Sí, gracias.
-¿Todos cuidan de ti?
-Sí señor.
-Si tienes cualquier...eh...problema con alguien, sabes que hay un consejero escolar, ¿cierto?- El maestro de música saltando en mi defensa, aunque no creo que estuviera del todo listo para enfrentarse directamente al Hombre-Lobo.
-Sí, el sr Hachi me lo contó. Pero estoy bien. En verdad.
Ichigo regresó.
-Una Coca, señor. ¿Lista para continuar, Rukia?
-Sí. Adiós, señor.
El sr. Chojiro me dio una sonrisa preocupada.
-Gracias por la bebida, Ichigo.
Se sentó y comenzó a tocar la marcha fúnebre de Mahler.
-¿Mensaje para mí?- susurró Ichigo.
-O para mí. La gente no puede descifrar por qué estamos juntos.
-¿No pueden entender por qué tengo a la chica más bonita del salón conmigo? Entonces no tienen imaginación- Se rió cuando notó que me había sonrojado otra vez. Pasó su pulgar sobre mi mejilla- Eres la definición de dulzura, ¿lo sabes?
-Espero que ese sea un halago.
-Tiene la intención de serlo. Lo supe incluso cuando te di esa advertencia, ya sabes, acerca de salir después de que oscurezca. Me hiciste caso, ¿verdad?
Asentí, no muy segura de qué otra cosa hacer. Él parecía tan serio al respecto.
Sonrió y me hizo cosquillas en el cuello con un mechón de mi cabello.
-Estaba lleno de resentimiento de que tuviera que hacerlo a causa de mi sueño, aún estoy preocupado por eso, pero aún entonces, sí se filtraba que eras algo linda.
-Nunca lo demostraste.
Sus labios se curvaron con una pícara sonrisa.
-Sabes, tengo una imagen que mantener. Creo que puede que me haya enamorado de ti el día en el estacionamiento. Nada es más sexy que una mujer enojada.
Quería tanto que estuviera diciendo la verdad, pero tenía mis dudas.
-¿Linda y sexy? No soy así.
-Claro que lo eres. Si yo fuera un diapasón, tú eres la indicada, haciéndome zumbar.
Me estaba poniendo nerviosa.
¡Ichigo, calla!
-¿Qué, no te gustan los halagos?
-Claro que me gustan, sólo que no sé que hacer con ellos.
-Simplemente dice, 'Oh, gracias Ichigo, eso es lo más lindo que alguien alguna vez me haya dicho'.
-Podrías dejar de poner ese falso acento inglés ¡no está funcionando!
Tiró su cabeza para atrás y se echó a reír, atrayendo varias miradas hacia nosotros. Se precipitó hacia mi mano y me besó la palma.
-Eres simplemente sensacional. Sabes, no puedo entender por qué fui tan lerdo en darme cuenta de lo que sucedía contigo.
No estaba lista para hablar de sentimientos aún, tenía que mantener esto como algo más práctico.
-Estos sueños tuyos ¿siempre se hacen realidad?
Frunció el ceño.
-De una u otra forma. No te preocupes, no dejaré que nada te suceda. Voy a cuidarte muy bien, Rukia.
No sabía que más podía decir acerca de tan vaga amenaza, pero él me había asustado. Cambié de tema.
-Sabes, Miyako no cree que seas mi tipo.
Hice señas hacia el otro lado del salón donde Miyako se encontraba hablando con Retsu. Lucía despampanante en su largo vestido verde; Kaien rondaba cerca, no había quedado desapercibido de que ella estaba recibiendo numerosas miradas de admiración esta noche.
-Ah, ¿sí?- Ichigo parecía entretenido- ¿Y cuál sería tu tipo?
-¿Según Miyako o yo?
-Tú.
Sonreí a mis nuevos zapatos antes de arriesgarme a echar un vistazo a su expresión. Estaba completamente nerviosa, pero de todas formas lo dije.
-En este momento mi tipo parece ser alto, arrogante, enojado y secretamente verdaderamente amable.
-Nop, nadie que conozca- Sus ojos resplandecieron.
-¿Rukia, no es así? ¿Cómo has estado?- El sr. Kurosaki nos interrumpió, tomando mi mano en su gigantesca mano y sosteniéndola por un momento. Su agarre era cálido y diestro, áspero por el trabajo. Si él estaba sorprendido de verme con su hijo luego de nuestra última conversación en su presencia, no se notó. Pero otra vez, tenía la ligera impresión de que su rostro rara vez delatara sus pensamientos. Por el contrario, su señora era un manojo de energía, con grandes ojos oscuros, con su cara definitivamente irradiando sus emociones, su cuerpo en pose como una bailarina de Odori. Era ella quien había dotado a sus hijos de la apariencia asiática en su mayoria. Por la forma en que el brazo del sr. Kurosaki descansaba sobre sus hombros, podías darte cuenta de que tenían una energía especial juntos, una calma efervescencia de placer en el otro.
-Rukia- Masaki interrumpió mis pensamientos; estaba sonriendo mientras me acariciaba mi muñeca.
-Encantada de conocerla, sra. Kurosaki.
-¿Nuestro hijo ya se disculpó contigo por como te habló en el río?
Lo miré.
-Está en eso.
-Veo que lo entiendes. Estoy tan complacida. Es difícil para él- La sra. Kurosaki tocó mi mejilla ligeramente, antes de que sus ojos perdieran foco y se convirtiera en algo borroso- Pero tú… tú has visto estas cosas también, las has vivido, lo cual es mucho peor. Lo siento tanto.
Mi corazón dio un vuelco.
-Ma- le advirtió Ichigo- Detente.
Se giró hacia él.
-No puedo evitar ver.
-Sí, si puedes- soltó.
-Tanta tristeza tan joven.
-Masaki, Rukia está aquí para divertirse- El sr. Kurosaki condujo a su mujer lejos de mí- Ven a visitarnos cuando quieras, Rukia. Serás siempre bienvenida.
Quería huir. Estas personas me estaban haciendo ver cosas otra vez. No podía. Apretujé esos sentimientos, los colores, y los encerré y metí bien lejos profundamente dentro mío en una caja. ¿Qué estaba haciendo aquí y con Ichigo Kurosaki de entre toda la gente? ¿A quién estaba engañando? No podía afrontar las relaciones, no debería siquiera haberlo intentado.
-Perdona por eso- Ichigo se acomodó el cuello algo incómodo- ¿Vamos a tomar un poco de aire?
-Ella es como tú- Podía sentir los temblores comenzando- Me estaba leyendo, recibiendo demasiado como tú haces.
-Shh, ahora calla- Se acercó para escudarme del resto de los invitados- No pienses en ello.
-¿Qué soy? ¿Un libro abierto o algo así?
-No es eso. No es sólo contigo.
-Creo que me gustaría ir a casa ahora.
-Te llevaré de regreso.
-No, está bien. Conseguiré a Miyako para que me lleve- En este momento no quería estar cerca de ninguno de los Kurosaki.
-No, no está bien. Si quieres irte, yo seré quien te lleve. Ahora eres mi responsabilidad. Tengo que mantenerte a salvo.
A salvo era lo opuesto a lo que él me hacía sentir. Retrocedí.
-Sólo déjame sola. Por favor.
Miyako debe de haber estado echándome un ojo toda la noche porque estuvo a mi lado al instante.
-¿Qué sucede Rukia?
-Yo…no me siento bien.
Ichigo se interpuso entre nosotras.
-Estaba a punto de llevarla a su casa.
-Yo puedo llevarla- dijo rápidamente Miyako.
-No hay necesidad. Ella está conmigo. Yo la cuidaré- Estaba enojado de que quisiera huir de él, se notaba.
-¿Rukia?- preguntó Miyako.
Me abracé con mis brazos alrededor de la cintura era más sencillo no discutir. Sólo quería llegar a casa tan pronto como sea posible, incluso si eso significaba unos minutos en el auto con Ichigo.
-Ichigo me llevará. Iré a decirle a mis padres.
Me estaba sintiendo verdaderamente convulsionada y algún signo de ello debe de haber convencido a mis padres de que estaría mejor en casa. Joushiro evaluó fríamente a Ichigo antes de acceder.
-Tú papá es bueno haciendo eso- dijo Ichigo, encendiendo el jeep de su familia.
-¿Qué cosa?- repentinamente me sentí cansada, agotada. Dejé que mi cabeza se recostara contra el vidrio de la ventanilla.
-En hacer esa cosa de 'te romperé los huevos'. Me estaba haciendo saber que si ponía un solo dedo sobre su pequeñita, ya estoy muerto.
Solté una pequeña risa.
-Seeh, se pone algo sobreprotector- Bastante como Ichigo.
Dejamos eso pendiente mientras Ichigo conducía colina arriba. Un colgante de cristal se balanceaba en el espejo, capturando la luz mientras se desplazaba hipnóticamente de un lado a otro.
-¿Por qué los llamaste por sus nombres de pila?- me preguntó, tratando de mantenernos fuera de terrenos pantanosos como el que hacía poco habíamos cubierto.
-Sólo he estado con ellos desde que tenía diez años. Todos acordamos que estaríamos más cómodos con nombres de pila. Ellos sintieron que eran demasiado viejos para empezar como mamá y papá.
-¿Tú estuviste de acuerdo o ellos lo sugirieron?- Estaba en lo cierto. Había querido llamarlos mamá y papá, desesperada por ser como los otros chicos, pero no era su estilo.
-Me pareció bien.
Lo dejó pasar.
-Mi mamá, ella hace eso con la gente. ¿Qué mas puedo decir? ¿Lo siento?
-No es tu culpa.
-Te llevé hacia ellos. Debería haberla sacado. No dejes que lo que ella te dijo te preocupe.
-Es sólo que...no es lindo saber que alguien pueda presentir esas cosas acerca de uno.
-No tienes que decírmelo, vivo en la misma casa que ella.
-¿Puede ver cosas acerca de ti también?- Eso me hizo sentir mucho mejor.
-Oh sí. Ser un Kurosaki no es ningún lecho de rosas.
Nos detuvimos frente a la casa. Solamente la lámpara del porche estaba encendida. No estaba muy ansiosa por entrar sola pero tampoco quería que Ichigo pensara que le estaba haciendo otra clase de invitación.
-Entonces lo dejaremos en el auto. Sólo un pequeño paso a la vez- dijo suavemente, luego se inclinó y posó sus labios sobre los míos por un beso. Fue increíblemente suave. Me sentí como si nos estuviésemos fusionando, las barreras hundiéndose bajo su gentil persuasión. Demasiado rápido, con algo de reticencia, se apartó- ¿Dónde está tu papá? ¿Ya estoy muerto?
-Eso no fue un dedo. Tú dijiste que me papá sólo pensó en un dedo- Mi voz me sonaba lejana.
El pánico se desvaneció y comencé a disfrutar del simplemente estar aquí en el presente, con Ichigo. Como él dijo, mi cuerpo zumbaba su melodía perfecta.
-Es cierto- Apoyó sus manos sobre mis hombros y las paseó sobre mi piel- Lo siento, tuve que hacerlo. Ese vestido debería ser ilegal.
-Mmm- Ichigo Kurosaki me estaba besando ¿cómo era posible que esto fuera real?
-Seeh, en verdad, de verdad me gustas, Rukia. Pero si no me detengo ahora, tu papá va a matarme y ese será el fin de una bella amistad- Tomó un último beso y se apartó, dando toda la vuelta hacia mi lado del auto para ayudarme a salir- Sólo iré, encenderé algunas luces y luego me dirigiré nuevamente a la fiesta.
-Gracias. No me gusta entrar a una casa vacía.
-Lo sé- Ichigo me sacó las llaves y abrió la puerta. Esperé en el recibidor mientras él hacía una rápida recorrida por las habitaciones.
Dio vueltas por el porche, haciendo sonar sus llaves.
-No me gusta dejarte sola. ¿Me prometes que no saldrás?
-Lo prometo.
-¿Estás segura de que estarás bien?
-Sí, estaré bien.
-Y otra vez, perdona lo de mamá. Si te sirve de consuelo, su hermana, la tía Cho, es peor todavía.
-¿En serio?
-Seeh. Difícil de imaginar, ¿no? Mantente lejos de nuestra casa para el Día de Acción de Gracias, son una combinación imparable- Me atrajo hacia él y besó la punta de mi nariz- Buenas noches, Rukia.
-Buenas noches.
Con su mano aún sobre mi mejilla, dio un paso atrás.
-Asegúrate de trabar la puerta cuando me vaya.
Hice como él dijo y me fui arriba a cambiarme. Mirando por la ventana, ví que aún no se había ido. Se sentó allí en el jeep. En guardia hasta que mis padres regresaran a casa. Se estaba tomando la amenaza demasiado en serio, lo cual era tanto alarmante como extrañamente reconfortante. Al menos por esta noche, no tenía por qué estar asustada.
