Malik miró a Altaïr mientras recogía las notas sobre los actos de los Templarios en Chipre. Se iría al siguiente hacia Acre para comprobar en persona los rumores.

El segundo al mando de toda la Hermandad decidió hacer algo para despedirse de él. En las pocas semanas que llevaban dirigiendo a los Hashashins, se habían acercado más que nunca. Compartían besos en la intimidad de sus habitaciones privadas, o más bien las del Mentor. Y Malik quería dar un paso más, aunque no sabía cómo. Por eso iba a hablar con la única persona que sabía algo del tema.

Llamó a la puerta del laboratorio de Tazim.

-¿Podemos hablar un momento, padre?

Tazim levantó la mirada del mapa de Jerusalén que Malik había hecho mientras estaba en la ciudad como rafiq.

-Por supuesto. ¿Té?

-Por favor.

Se sentaron en silencio mientras esperaban que se calentara el té.

-¿Qué quieres saber?

Malik decidió ir directamente al punto, evitaría algo de vergüenza.

-Sé que el sexo puede ser entre hombres por las antiguas historias griegas. ¿Cómo es posible?

Tazim sonrió y se acercó a una estantería para coger una pequeña botellita llena de aceite.

-Para empezar esto os será útil.

-¿Cómo?

Conforme avanzaba la explicación, Malik iba sonrojándose cada vez más. Tazim no parecía tener esa vergüenza y estaba cada vez más divertido.

-¿Lo has entendido? La preparación es muy importante, no quisiera tener que curaros en esa parte a cualquiera de los dos.

-Gracias por los ánimos-Malik se frotó los ojos y miró la botella de aceite. La cogió y se la guardó en el cinturón rojo que rodeaba la cintura, teniendo cuidado de que no se viera-. Nos vemos mañana.

-Os llevaré la cena y la dejaré en el pasillo.

Malik no necesitó volver a agradecérselo. El despacho estaba vacío, así que subió directamente a la habitación más alta de la fortaleza. Altaïr estaba sentado en la ventana, afilando su espada con cuidado y atención.

-Saldré al amanecer.

-Lo supuse.

-¿Podrás mantener la Hermandad solo?

-Prácticamente lo he hecho desde que me hiciste tu segundo.

Altaïr sonrió y se levantó para besarle. Malik no se quejó. El fuego entre ambos se intensificó. La ropa empezó a caer, empezando por el cinturón rojo que guardaba el aceite. Altaïr solo la lanzó hacia los cojines, sin preguntar para qué usarla. Había hablado con Tazim temprano esa mañana y tenía uno igual escondido en la habitación.

Sin palabras, se tumbaron en los cojines. Malik se dejó adorar por los labios de Altaïr. El Mentor besó cada centímetro de la larga herida en el brazo izquierdo de su Dai. La herida que les llevó donde estaban en ese momento.

Se miraron a los ojos en el momento en el que se convirtieron en uno. Malik nunca había visto tan cercanos los ojos dorados de su águila y Altaïr se perdió en la oscuridad de los ojos de su rey.

La luna y una vela solitaria en una palmatoria en la pared fueron los únicos testigos del amor entre el Mentor y el Dai de la Hermandad de Hashashins.

Tazim lo fue de una forma extraña. Iba subiendo las escaleras y sintió el ambiente tras las puertas cerradas. No escuchó ni un solo sonido, pero sonrió. Dejó la bandeja junto a la puerta y regresó abajo. Les dejaría esa noche para ellos.