Había un campo de batalla allí cerca, teñido completamente de rojo, pilas de cadáveres dificultaban siquiera la caminata como una especie de pantano infernal. El sol se ocultaba detrás de aquellos caballeros y guerreros despidiéndose, dándoles oscuridad para que puedan dormir finalmente, sus brillantes armaduras se encuentran demasiado embarradas y sucias para brillar bajo la luna y las puntas de sus lanzas están quebradas, enterradas en algún lado sin poder mostrar con orgullo su ornamentado filo.

Más allá del campo de batalla había un bosque, no era verde, tenía un aspecto más triste que eso, probablemente porque al momento de esa feroz batalla el otoño se acercaba destiñendo a su paso todos los árboles que pueda encontrar, tal vez la inaudita cantidad de muerte tan solo unos metros de ese bosque había comenzado a matar la vida en su interior. Todo se ve tan grande y distinto, lleno de color y vida, el cielo brilla de azul mientras las nubes aportan sus pequeñas pinceladas para completar un cuadro muy bello al igual que salvaje, sin la muerte cercana parece que la misma isla volvía a renacer.

Fue en otra época, fue en otro lugar.

Fue un rey distinto y su guardia personal cruzando a caballo hasta terminar allí, bajo ese enorme roble sobre el que apoyó su herida espalda.

Hasta entonces había tenido una vida tan difícil que a veces olvida el hecho que no solía sonreír ni una vez, olvida que jamás rio a carcajadas en su propio salón ni se tragó un barril entero de cerveza como solían hacerlo otros señores en las grandes y sucias fiestas de nobles. El rey parecía no existir, su presencia era tan grande que escaba a la comprensión de aquellos que intentaban verle y, eventualmente, eso llevó al miedo.

Allí fue que habló con una voz mucho más cálida que de costumbre, tanto que todavía puede ver al caballero suspirar, sus cabellos plateados enmarcando su cara de sorpresa.

"¿Es posible volver a ver el mismo sueño una vez has despertado? ¿Volveré a verlo si cierro mis ojos?"

Preguntó, como una pequeña niña a su padre, completamente incapaz de darse cuenta o tener vergüenza por sugerir semejante cosa, el caballero se sentía tan cercano como un familiar y ella se sintió a gusto diciéndole que nunca había soñado, que no tenía experiencia en ello. No recuerda sus exactas palabras, probablemente mintió para que ella se quede tranquila, en ese momento su cuerpo no funcionaba de la mejor manera y distinguir las palabras era aún más difícil que las figuras en ese borroso bosque color amarillo pálido.

Le dijo que si, que si volvía a cerrar los ojos seguramente vería ese sueño nuevamente.

"Es muy sabio, Sir Bedivere"

¿Cuánto tiempo pasó desde esa mentira? Le ordenó llevar su espada, se imagina la carga que debió ser para ese pobre caballero, atravesar ese campo de batalla dos veces, tal vez más, lleno de remordimiento, dejando a su rey atrás habiéndole mentido como a un pequeño cachorro.

El rey cumplió su deber, al mismo tiempo que el valeroso caballero cumplió el suyo.

- ¿Mi Rey? –

Y ahora se para junto a ella como hermano en armas una vez más, con su brazo brillante que se confunde con la armadura y que él esconde hábilmente con una larga capa blanca. Se acerca a ella paso a paso, el bosque de hojas caídas cruje bajo sus pesados pies hasta que termina junto a ella, la diferencia de altura notable casi desaparece, se paran allí hombro a hombro, soldados juntos marchando hacia una batalla como siempre hubiesen querido.

Lo encuentra una vez más en un bosque casi en otoño, la isla británica es el suelo que pisan.

- Deberíamos continuar, Sir Bediviere – Menciona el rey con autoridad – O nos dejarán atrás –

Le escucha sonreír incluso cuando le da la espalda, el caballero mantiene su vista puesta en la distancia, en el campo de batalla sangriento que ya no está allí o, más bien, que no estará allí durante muchos años. Su voz es serena, una canción agradable para los oídos del rey, nunca lo había escuchado así de contento hacia ella… nunca nadie le hablaba así excepto él en esos últimos minutos.

- ¿Tuvo un buen sueño Majestad? ¿Pudo ver el final? –

Ella voltea, siente algo extraño en su garganta, una presión que le impide tragar y no había sentido jamás en su vida.

Nunca olvidaría ese sueño.

Un sueño de dulces almuerzos y desayunos, un sueño de dolores y metidas de pata que al final solo le provocan una risa dolorosa nostálgica, un sueño de enojos y comentarios inapropiados, de miradas que nunca terminaban, inspeccionando el cuerpo del otro hasta el más mínimo detalle. Incluso después de tanto tiempo algunas cosas olvida, esa es la naturaleza humana, no esperaba recordarlo todo y, eventualmente, él lo habría olvidado también. ¿Cuántos años habían pasado desde entonces para ese muchacho tan distante? ¿Qué había hecho? ¿Había olvidado de ella desde el momento en que desapareció? ¿Había pensado en ella en sus últimos momentos?

Una vez tuvo un sueño, lejos y cerca de ese campo de batalla.

Una vez despertó bajo ese árbol, el rey moribundo hablando antes de dormir nuevamente.

Sonríe.

El rey nunca había sonreído.

La muchacha lo hace, sin embargo.

- Si, fue un buen sueño –

Y fue uno muy distante, uno que ya no recuerda si siguió o no una vez el mundo se tornó oscuro.


Los días continúan...

Y todavía seguimos esa misma estrella que una vez vimos.