Voltron: Lost Memories

Capítulo 11:

"Vida Juntos"

No… Noo…

No me dejes…

NOO…

—¡KEITH! —Desperté jadeando y cubierto de sudor. Yo sabía que estaba a salvo, que me encontraba en cama en mi habitación, pero yo seguía estando ahí. Todavía podía ver los escombros, el sol cubierto por el humo de la nave, y a Keith… a Keith en mis brazos, sangrando de su cabeza, su costado, su brazo, su pierna prácticamente destrozada… —¡Keith! —No… miré a mi izquierda, pero solo vi oscuridad —¡No! ¡No! —busqué bruscamente la lámpara de escritorio a mi lado, y cuando por fin logré encenderla me giré… ahí estaba él…

Dejé escapar el aire que estaba conteniendo y coloqué una mano en mi corazón que latía desbocado. Cerré los ojos e intenté controlar mi respiración y mi llanto, pero cada vez que los cerraba volvía a estar ahí, repetía ese día… tenía mucha sed, y seguía sumergido en sudor, así que me puse de pie. Iba a apagar la luz, pero… no. Avancé por la habitación, y por el pasillo rumbo a la cocina trastabillando, pues mi mente estaba alerta pero mi cuerpo apenas estaba reaccionando. Tomé un vaso de la alacena y bebí una, dos veces. Me sostuve de la barra de la cocina y respiré profundo. Mis manos aún temblaban, pero mis piernas ya no… caminé en dirección al baño casi sin darme cuenta. Al llegar encendí la luz y vi al espejo un largo rato… finalmente abrí la llave y me mojé el rostro una, dos, tres veces… lo repetí tantas veces hasta por fin sentirme fresco y relajado.

Cuando terminé, me sequé con una toalla y volví a la habitación. No vi a Cosmo por ningún lado, o bien se fue a su propia cama, la cual sólo utilizaba durante el día, o había salido al bosque como otras veces. Caminé desganado de vuelta a la cama y me recosté de lado, pero no apagué la luz, aún no quería volver a dormir, porque no quería volver a soñarlo… ya no me había sucedido. La primera vez que repetí ese evento en sueños fue recién despertando en el hospital días después de que sucedió, y no cesó. No al principio… una y otra vez despertaba gritando y asustado, porque sabía que Keith… porque sabía que fue mi culpa.

—…No. No fue tu culpa— es lo que Hunk siempre me ha dicho… lo que todos me dijeron…

Un ronquido, y un ligero movimiento a mis espaldas me hizo volver a la realidad. Me limpié las lágrimas que habían brotado otra vez y me froté los ojos. Ya les contaría que la pesadilla había vuelto… por ahora, sólo quería descansar. Me giré para recostarme sobre el otro lado, y ahí estaba él. Dormía pacíficamente, se había girado y ahora estábamos uno frente al otro. Su cabello le cubría gran parte del rostro, pero no lo suficiente. Sonreí ante la escena y acaricié su cabello, podría haber jurado que las últimas semanas no habían sido nada más que una terrible pesadilla... Retiré los mechones de su rostro, y dejé de sonreír cuando mi mano llegó a la cicatriz en su cabeza. Él no la había mencionado, tal vez no la había visto, o sí lo hizo, pero prefirió no preguntar nada al respecto. El cabello la cubría casi en su totalidad, pero yo sabía perfectamente que estaba ahí. Uno de los tantos recordatorios de aquel día. El día en que casi morimos: yo por ser un estorbo, y él por salvar mi vida.

Se movió y se quejó. Me detuve en seco, ni siquiera me di cuenta de que seguía acariciándolo. Reacomodó sus brazos y movió sus piernas, ambas. No lo vi hacer muecas de dolor, eso era buena señal, significa que su pierna…

—¡Ay, quiznack! —grité, y me cubrí la boca de inmediato ¡No le coloqué sus placas de vuelta luego de su baño! Me levanté de inmediato y llegué a su lado, las placas seguían en el mueble a su izquierda. Bien. Ahora tendría que colocarlas de vuelta con sumo cuidado de no despertar a Keith. Tomé la sábana y lentamente la retiré para dejar su pierna al descubierto. Él no se movió, perfecto. Con delicadeza sujeté su pie, y coloqué la primera pieza de vuelta. -Por mis estrellas- pensé… hacía mucho tiempo que mis dedos no acariciaban su piel así; era tan suave, a pesar de todo lo que había enfrentado y hecho. Deslicé mi mano desde su tobillo hacia la pantorrilla, para colocar la segunda pieza. Mientras mi mano se deslizaba hacia su muslo, y levantaba todavía más la pierna para colocar la tercera, acerqué mi rostro… quería olerlo, sentirlo, besarlo… pero no así. No sin su consentimiento, no sin que él lo entendiera… no para aliviar mi dolor. Ya llegaría el día… entonces levanté la vista y él estaba mirándome.

Me sobresalté y retrocedí abruptamente, casi me caigo, de no ser porque Cosmo apareció por detrás y me sostuvo. Volví a mirar a Keith, pero él mantenía los ojos cerrados. Parpadeé un par de veces, y me acerqué lentamente. Incluso agité mi mano frente a su rostro…

—Okay… necesito dormir —dije frotándome los ojos. Volví a cubrir a Keith y regresé a mi lugar. Apagué la luz y me recosté de lado hacia él. Su mano estaba cerca de mí. Dudé en hacerlo, pero finalmente mi mano buscó la suya y la sostuve. Esperé unos momentos para asegurarme de que estuviera dormido; no hubo reacción, sólo su respiración tranquila. Suspiré, entrelacé mis dedos con los suyos, y cerré los ojos. No sé cuánto tardé en dormir, pero en todo este tiempo, no lo solté… ni él a mí.

A pesar de que pude volver a dormir, apenas salía el Sol cuando abrió los ojos nuevamente. Aún estaba cansado, pero deduje que lo mejor sería mantenerme ocupado, así que me levanté y comencé mi rutina. Ya eran las 9:00 a.m., y ya me había dado una ducha, ya había metido a lavar ropa, había limpiado los muebles de la sala, había reacomodado platos y vasos de la cocina, y ya estaba preparando un estofado para la tarde. Cosmo se había quedado al principio junto a Keith en la cama, pero ahora estaba en el sillón de la sala atento a mí, como si estuviera preocupado… de acuerdo, sí lo estaba. Pero estaba preparado para lo que fuera. Lo estaba.

—Dime si está despierto —le dije a Cosmo señalando a la habitación. Él parpadeó perezosamente —¡Anda! Hazme el favor. —Lo vi suspirar, ¡Cosmo suspiró porque estaba harto de mí! En fin, se levantó y caminó por el pasillo —Sí sabes que puedes sólo aparecer ahí, ¿verdad?

No me hizo caso. Sólo lo vi meter la cabeza por la puerta y detenerse. Luego agitó ligeramente su cola. —Bien. Ya despertó —me dije a mí mismo.

Tomé la bandeja con un plato de fruta, wafles con miel, e incluso arroz de leche. –¿será demasiado?- Me pregunté -¡Para nada!-. Respiré profundo, me armé de valor y caminé hacia la habitación. Estoy preparado para lo que sea. Avancé lento, pero seguro hacia nuestra habitación, hacia Keith. Cosmo ya había entrado. Empujé la puerta con el pie. Estoy listo. Justo cuando entré, Keith me miró.

¡Oh Mi*rda, no estoy listo! Mis piernas flaquearon y me tambaleé… pero no se lo hice saber.

—Buenos días —le dije de la manera más formal, pero cálida posible.

—Buenos días —me dijo con una sonrisa.

Parpadeé confundido —¿Dormiste… bien?

Keith lucía… alegre. Ya se había sentado en la cama con sus piernas estiradas, Cosmo estaba a su lado y él le rascaba la cabeza… demasiado alegre, considerando lo de anoche. De acuerdo, le seguiría el juego. Reduje mi velocidad y deposité la bandeja en su mesita.

—Pues —devolvió su atención a Cosmo —creo que sí. Tuve… muchos sueños.

—¿Qué? —¿cómo fue que no me di cuenta? —¿Y qué fue?

—Realmente no estoy seguro, eran… muchas imágenes y lugares… tal vez recuerdos… pero todos a la vez, sin orden… pero, no estoy cansado. Creo que me siento mejor —una vez más me dedicó una sonrisa, esa sonrisa tan dulce y bella.

Dios mío, este hombre me mata. Me aclaré la garganta —Bueno, me alegra que hayas descansado, ¿Quieres un poco de jugo?

—Por favor.

—Claro.

Salí tranquilamente en dirección a la cocina. Cuando llegué, dejé salir el aire que estaba conteniendo y me sostuve del lavabo —Dios mío… —dije tomando bocanadas de aire —De acuerdo… esto… esto es bueno… ¡Esto es bueno! —Por supuesto que lo era.

No sólo regresé con su vaso de jugo, sino también con una bandeja idéntica a la suya para mí, y un plato similar para Cosmo, a quien Keith seguía llamando Lobo. ¿Algún día lo llamaría por su nombre? Como sea, si él era feliz, estaba bien para mí. Encendimos la televisión y pusimos una película animada sobre un cazador de dragones. No podía creerlo, era una mañana casi perfecta. Él y yo riendo, desayunando en cama, viendo la televisión. Constantemente giré ligeramente la cabeza para verlo. Parecía tan tranquilo, tan alegre esta mañana… ¿acaso había olvidado…?

—¿Sucede algo?

Me sobresalté, porque él ni siquiera me volteó a ver.

—¿Q-quéee? ¡Claro que no!

—¿Seguro? —tomó un trozo de wafle —llevas rato mirándome —finalmente me miró —¿Quieres decirme qué sucede?

Me tomó un momento organizar mis ideas y poder expresarme —Keith… ¿cómo te sientes? Realmente.

—Bien, Lance, lo juro.

—¿De verdad? No estás… no lo sé, ¿molesto conmigo?

—¿Yo? —de verdad lucía confundido —¿Por qué lo estaría?

—Bueno —desvié la mirada —ya sabes… por lo de anoche.

Un momento en silencio —Oh… eso… No, Lance. No estoy molesto contigo —lo miré con cautela, y esperé a que continuara —Es decir… es cierto que no me lo esperaba, pero… bueno.

Cerró sus ojos y frunció el ceño. Yo me giré hacia él, y en serio habría deseado tomar su mano, abrazarlo, pero no podía hacerlo —Keith, yo-

—Sólo… dame algo de tiempo, ¿Sí? Necesito… entenderlo, y aceptarlo ¿Okay?

Miré su mano. Lentamente, estiré mi mano, y la posé en su hombro, y le sonreí —Okay —y él me devolvió la sonrisa.

—Gracias, Lance.

Cualquier miedo y preocupación que sentí antes de entrar a la habitación desapareció. Lo hizo porque ahora sabía que Keith, a pesar de todo, estaba dispuesto a entender, a recordar. No sería fácil, seguramente, pero no estaría solo.

—¿Quieres un pay? —dije de pronto.

Él incluso sacudió la cabeza en confusión —¿Qué dijiste?

—Un pay, ¿quieres uno? Puede ser de manzana, o arándanos, incluso de queso.

—¿Qué? —dijo riendo —Am… okay, quiero pay.

—¡Perfecto! Lo hornearé en seguida —me levanté.

—¿Qué? ¿No está hecho?

—Obvio no —le dije avanzando por la habitación —pero no te preocupes, no me tomará mucho tiempo… Bueno, quizás un poco, pero te aseguro que lo disfrutarás —estaba por pasar por la puerta cuando recordé —¡Ah, es verdad! Casi lo olvido. Chris viene a verte hoy. —Yo sabía lo que diría en cuanto me miró así.

—¿Quién?

Miré el reloj del comedor. Las 2:45 p.m., el pay quedaría listo dentro de tan solo cinco minutos, y Chris llegaría dentro de una hora, revisaría la pierna y el estado de salud de Keith y… ya veríamos luego. Keith no se veía muy emocionado cuando le conté, pero tampoco se mostró molesto, así que, yo diría que estuvo bien. Dormía desde entonces. Devolví mi atención a los papeles y a los archivos en mi tableta que estaban en la mesa. Aún me faltaba mucho por revisar, firmar, corregir y enviar de vuelta, pero no me podía concentrar, ya me había terminado mi café y el rugido de mi estómago cada veinte segundos no ayudaba en nada; cómo ansiaba ya comer el estofado… de pronto escuché quejidos y balbuceos…

—Pero qué… ¡Keith!

Dejé todo y fui a verlo. Al entrar lucía angustiado, gruñía y sollozaba en sueños —¡Ah!... No… No me dejes…

—¡Keith, Keith! —me acerqué y sujeté su mano mientras acariciaba su rostro.

—¡No! —gritó con desesperación —¡No! ¡Lance!

—¡Keith, despierta! —Pero no lo hacía, sólo seguía quejándose, y me asusté cuando se sujetó la cabeza —¡Keith! ¡Aquí estoy!

—¡Nooo!

—¡Amor, mírame! ¡Estoy aquí! —por fin abrió sus ojos —¡Sí, sí! Soy yo… Keith, soy yo. Aquí estoy.

—Lance… —y entonces me sujetó con fuerza y se soltó a llorar.

-Por Dios- Odiaba verlo así. Siempre me dijo que no se permitía que lo vieran llorar, porque estaba vulnerable. Me costó mucho trabajo hacer que él confiara en mí lo suficiente para saber que a mí no me molestaba, al contrario, que yo lo apoyaría siempre. Y él lo sabía… solía saberlo.

Guardé silencio y permití que se desahogara, pero lo abracé fuerte, para que tuviera la certeza de que no lo dejaría jamás. Poco a poco comenzó a controlarse, su respiración se calmó y su abrazo iba perdiendo fuerza. Con lentitud hice que volviera a recostarse.

—¿Te sientes mejor? —Unos ojos entristecidos, cansados y aún húmedos me miraron. Tragué saliva —¿Una pesadilla? —. Asintió —¿Qué sucedió? —cerró sus ojos y solo negó con la cabeza —Bueno, entonces, tengo que-

—¡No! —me sujetó con fuerza —Por favor… no me dejes.

Esas palabras resonaron en mí… fue como haber sido golpeado en todo el cuerpo, y me habría desplomado, de no ser porque él aún me sujetaba. Cerré mis ojos para controlarme y tomé aire.

—No lo haré —sin que me soltara, pasé sobre él y me recosté a su lado. Instintivamente, se giró para quedar frente a mí, entonces mi mano buscó la suya, y mis ojos buscaron los suyos. Él no titubeó, no se inquietó, no se alegró, sólo lo aceptó y es todo lo que yo podía pedir —Está bien, aquí estoy.

Pasaron los minutos y apenas nos movimos. Yo no dejé de mirarlo ni un momento, ni siquiera cuando él volvió a cerrar sus ojos, para descansar, o solo para no verme, no lo sé. Me pregunté qué sucedía realmente en su mente, qué pensaba de mí, qué le parecía esta vida: su cama, su ropa; qué opinaba de los otros: Shiro, Pidge, su madre, qué pensaba de Oliver… Cielos, Oliver, aún tenía que hablarle de él… Ya llegaría el momento. Un olor dulce llegó pronto a mi nariz, y el rostro de Cosmo apareció frente a mí —Sí, ¿qué pasa? —Cosmo me respiró en la nariz —¿El olor? ¡Ah! El pay está listo.

—¿Tiene que venir?

—¿Qué? ¿Quién?

Keith abrió sus ojos con lentitud —El doctor, ¿Tiene que venir?

—Pues… sí, Keith. Necesita conocer tu avance, saber si todo marcha en orden —soltó mi mano y se acurrucó —¿Qué sucede?

—Nada. Sólo…

—Keith…

—…Tengo frío.

Okay, yo sabía que había algo que no estaba seguro de si decirme o no, pero, en fin, le seguí el juego y le sonreí —¿Quieres un suéter? Y quizá, ¿unos pantalones más cálidos?

Asintió. Muy bien, ya que él insistía, fui directo al clóset por un suéter en particular que me encantaba: uno rosa pálido holgado, con un hipopótamo violeta en la zona del ombligo. Se lo mostré a Keith —¿Qué te parece este?

Mi corazón se llenó de gozo cuando volteó la cabeza y miró la prenda, fue tal su asombro que hasta se levantó —¿Qué es eso? —preguntó asombrado.

—¿Pues qué parece?

—Lance —lo tomó en sus manos —¡Es hermoso! —dijo con una sonrisa.

—Lo sé —le sonreí también —Bien, espérame aquí, tengo que ir a la cocina y salvar el pay antes de que se queme.

Tomé mi teléfono e hice la llamada. Hasta me estaba mordiendo las uñas ¿Por qué me mordía las-?

Se aclaró la garganta —…¿Hola?

—¡Hola, Chris!

¡Lance! ¿Cómo estás?

—Todo en orden. De hecho, acabo de evitar que un pay se hiciera al carbón, ja ja.

Vaya, vaya, ja ja ja. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?

—Sí, bueno… em, ¿recuerdas que hoy vienes a revisar a Keith?

Así es.

—Bueno… ¿podríamos posponerlo?

—… ¿Qué sucede?

—No, nada, es… es Keith.

¿Hay algo malo con él?

—No, es… no estoy seguro. Es que él no quiere ver… a nadie.

Am… Lance, es que…

—Por favor, Chris. Sólo, sólo esta vez. Lo prometo.

—…Mmm, está bien, Lance. Sólo por tratarse de ustedes.

—¿De verdad? ¡Cielos, gracias Chris!

¡Eh, eh! No tan rápido. Si no voy a ir a verlo, necesito que respondas algunas preguntas.

—Oh, am… de acuerdo.

Okay… en general, ¿cómo se ha sentido?

—Él, em… más o menos. Se la pasa en cama casi todo el día, duerme, despierta, vuelve a dormir. Cada vez permanece más tiempo despierto, charla más… cuando no está de mal humor.

—¿Alguna dolencia?

—Sí. Aún sufre dolores de cabeza y no soporta caminar.

¿Qué sucede cuando le duele la cabeza?

—Es… si se enoja, o se trata de algo que no recuerda.

Te advertí que sucedería, ¿Aún está débil?

—Cada vez es más fuerte.

¿Su pierna? ¿Le estás aplicando sus ejercicios?

—Mañana y noche. Cada vez siente menos dolor.

Esa es una muy buena señal, ¿Algún problema en la digestión? ¿Fiebre? ¿Sudor frío?

—Ninguno.

De acuerdo… ¿Ha intentado sostenerse?

—No desde el hospital.

Bien, aunque aún no sugiero que intente caminar —Se detuvo unos segundos —Está bien Lance, iré a verlos la próxima semana. Puedes realizar los ejercicios una vez al día pero que no camine. La clave es estar tranquilo, es lo que necesita… y tú, ¿te has sentido bien?

En ese momento recordé mi pesadilla, ¿era este el momento para decirle? —¿Yo? Estoy… bien. Un poco agotado, pero… bien.

Okay… está bien. Te veré en una semana.

—¡Chris! Una última petición…

¿Otra?

—Te prometo que te va a gustar…

—¡KEITH! —la puerta golpeó tan fuerte que Keith, incluso Cosmo, saltaron y me miraron asustados —Uy, lo siento ¡Espero que estés listo! Porque el día de mañana iremos de paseo.

—Que, ¿qué? ¿A dónde?

Mi sonrisa sólo se hizo más amplia —Al lago.