FIC
Regresa a Mi
Por Mayra Exitosa
Candy se despertaba, tomando la temperatura de Albert, había estado inquieto toda la noche, se notaba agitado y en su violencia, ella tuvo que saltar encima de él para detenerlo, por lo fuerte que este era para ella,
- ¿Te sientes mejor? - ¡Oh Candy! Qué pena que te hayas quedado cuidando de mi toda la noche. - No te preocupes Albert, cada día aprendo más de ti, ahora si anote las palabras que decías entre la noche, hablaste en francés y en un dialecto latín o gaélico algo similar, lo había escuchado antes con los maestros que les daban clases a mis primos en la mansión Andrew - Mira dijiste: "attenson du wagon" - será attention au wagon. - No lo sé Albert, solo traté de anotar lo que entendí, que por cierto no sé qué significa, - ¡Cuidado con el vagón! - Tuviste un accidente con un tren, explotó eso nos dijeron cuando llegaste, pensaban que tu ibas en él. - Si lo mencioné, no podía estar dentro, lo estaba viendo ¿No lo crees Candy? - ¡Lo estabas viendo! - Mencioné un vagón, tal vez yo estaba viéndolo, si fuera desde adentro diría… cuidado con la caída o con el golpe. - Tienes razón, eso significa que no ibas en el vagón, que el vagón te daño a ti. - Es probable. ¿Qué más dije, Candy? - Candiu echiu - Candy où es-tu, - Si, lo pronuncias igual que como lo escuché. ¿Qué significa? - Candy ¿Dónde estás? - ¡Oh Albert! Ya te dije que no me iré, no te dejaré nunca. - ¡Candy!
Ella lo abrazaba amorosa y lloraba por haberle preocupado, todo porque le había contado que en el invierno se iría a ver a sus primos y ahora lo comprendía, estaba sufriendo por su abandono. - Albert, no iré a ver a nadie, me quedaré contigo, no te preocupes, estaré a tu lado y no me importa lo que digan los demás, cuidaré de ti todo el tiempo que sea necesario, así sea por años, no te dejaré nunca. - Candy, eso es muy hermoso. Realmente no quiero comprometerte si hay alguien en tu corazón y… - No Albert, no hay nadie en mi corazón, mi cariño hacía mis primos es fraternal, y ya no me importa, ellos tienen que seguir con sus vidas y si tu no recuerdas, te podría llevar con William, tu amigo, mi tío adoptivo, él te reconocería y podría decir donde esta tu familia. Cuando estuvimos en el verano juntos, me dijiste que no estabas casado, que no tenías padres ni hermanos, pero que si había familia que te amaba. Y que tenías muchas responsabilidades, tal vez todo este tiempo te hayan estado buscando, podemos ir a las oficinas de los Andrew, aquí en Chicago, ahí debe estar mi Tío William, estoy segura de que te reconocerá en cuanto te vea.
- ¿Lo crees? - Por supuesto, sabes, eres su mejor amigo, te habló de su familia y te dejo quedarte en la casa del bosque, estuviste ahí por meses, y nos veíamos a solas, sin que nadie nos viera. - ¿Solos tu y yo? - Si, siempre has sido un caballero Albert, nunca he temido de ti, porque eres honorable y estoy feliz de ser tu amiga. - Cuéntame más, Candy - Mi madre adoptiva es Madame Elroy Andrew, tía de William y tía abuela de mis primos Anthony, Archivald y Alistar. Los tres estaban jugando a ser mis enamorados y madame Elroy estaba molesta, soy de origen no apto para ser una esposa o una mujer adecuada para uno de los descendientes de la familia, así que inventó que era familiar y que no podían casarse conmigo, luego me dijo que sería una buena ama de llaves y una guía para la futura esposa de mi tío William Andrew, para evitar que mis primos siguieran mencionándome como una posible candidata…
Candy se apenaba y no quería contar más, a lo que Albert curioso, insistía que le contará y ella lo hacía, - Les inventé que tenía un enamorado llamado Albert, tu acababas de llegar a la cabaña y… - ¿Te gusté, Candy? - ¡Albert! ¡No! Candy se ruborizaba y bajaba su rostro, luego aseguraba que solo había inventado a alguien con sus características, para que ellos desistieran.
Para Albert mencionarlo que ese nombre les había dado a sus primos para que supieran que estaba enamorada de alguien más le quedaba la sospecha de que tal vez algo de él le había gustado y por eso les había dicho su nombre. Podía haber inventado también el nombre, pero había dicho el nombre de él y eso le llenaba de regocijo su pecho y se sentía amado por ella, de una manera extraña, pero ahora lo entendía, ella lo estaba cuidando y hasta había aceptado pasar como esposa de él para que pudieran vivir juntos, y así es como vivían ahí, rentando ese lugar apartado de la ciudad, solos y sin importar lo que le dijera la sociedad.
- Sabes Candy, me gustaría sentir que en tu corazón hay un pedacito para mi disponible, porque en el mío estas completamente, hasta en mis sueños te mencionó, me lo has dicho ahora, ¿podría guardar esa esperanza? - ¡Albert! En mi vida nunca he conocido a alguien, que me ayudara a salir en búsqueda de mi destino, para encontrar otro rumbo diferente, tú lo hiciste, me dijiste que nadie podía vivir por mí, que al final, si me convertía en lo que otros querían…
Albert abría los ojos, recordaba esa charla y se veía a si mismo hablando con ella, vestida elegante y diferente a como estaba ahora, la observaba, pero su mente se iba al bosque, donde la veía saltar de rama en rama, él estaba en un río y la miraba levantar sus faldas y quitarse un listón de su cabellera para luego subir a los árboles saltando de uno a otro lugar a través de los árboles,
- ¿Estás bien, Albert? - Si, es solo que… ¿Candy has subido alguna vez a un árbol? - Si, muchas veces, saltaba de una rama a otra, si me hubieran visto mi madre adoptiva, me manda a México, como quería la señora Legan. Al decir la señora Legan, observaba a Sara Legan y se daba cuenta que, si conocía a esa mujer, y cerraba los ojos, viendo a sus sobrinos, Alistar, Archivald y Anthony, el hijo de su hermana, sin mucho decir, ahora podía ver a su tía Elroy y estaba recordando a las personas. Abría sus ojos y Candy estaba mirándolo cariñosa, le daba un beso en su frente y agregaba,
- Te recuperaras muy pronto y sabes, ya no me importa si hablas bien con el tío William de mí. Al decir eso, se vio a sí mismo, él era William, le había mentido a ella. - Es más ya no voy a volver, les diré que me repudien y que se olviden de mí, que no me importa el apellido, seré Candy White toda mi vida y trabajaré como enfermera, si no te recuperas, Albert, cuidaré de ti todo el tiempo que lo desees, estaremos juntos por siempre. Albert la detuvo, tomándole su mano y ella se volvió a sentar en la orilla de la cama, tomando su temperatura, aunque no traía camisa se recargaba en su pecho y comentaba - No quiero que vuelvas a sentir que te abandonaré, jamás lo haré, te doy mi palabra de que jamás me iré de tu lado, mucho menos dejándote así, sin recordar a nadie. -¡Candy! - Si, Albert, en mi corazón si estás y siempre lo estarás. Candy lo abrazaba fuerte y el temblaba al sentirla que suspiraba. Ella llevaba meses viviendo con él, ella estaba fingiendo vivir como su esposa para cuidar de él. Su reputación y su nombre manchado, por él. - ¡Candy!
- Ya es hora de levantarse, sé que no dormimos bien, y es fin de semana, no tenemos que trabajar, pero no podemos quedarnos aquí en la cama todo el día, así que arriba Albert, date un baño, prepararé tu ropa para cuando salgas y te hare un delicioso té y un poco de pan. Candy le daba un beso en la mejilla y sonriendo, se ponía de pie, en pijama, saliendo de su habitación, donde él estaba durmiendo y ella lo había cuidado, que comprometida estaba Candy con él.
Había tenido un accidente y ahora estaba ahí, junto a ella, ¿desde cuándo? Viviendo juntos y hasta durmiendo en la misma habitación, en pijamas, ella... estaba cuidándolo, no recordaba por el golpe del vagón de tren, ya estaba en casa, en Chicago y… llevaban meses juntos y solos. Candy estaba cuidando de él, su familia debía estarlo buscando, ella era enfermera, no ama de llaves y había estado en américa todo el tiempo, nunca se fue a Francia, ¡Ella lo encontró y cuido! desde que lo dejaron en el hospital ahí, pago para que pudiera ser dado de alta, ella había estado pasando sola todos los gastos y cada vez la había comprometido más, hasta el extremo de vivir como esposos solos en un hogar, donde ella pagaba la renta y el daba un poco para los gastos. Se daba un baño y veía su ropa, Candy le había comprado pantalones y camisas, todo era de ella, lo había estado cuidando sin saber su verdadero nombre. ¡Oh Candy! ¡Me salvaste pequeña! Yo…
Candy lavaba la ropa, y colgaba mientras el observaba todo por la ventana, sin quitar la vista de encima, estaba agotada y continuaba trabajando, ella estaba dando más de sí misma por él. ¡lo amaba! ¿Oh no? Acababa de decirle que no volvería y que se quedaría con él hasta que recordara y si… ella supiera cual era la verdad de su nombre y su posición, pero si ella no hubiera aparecido, esa habitación donde lo habían alejado separado y escondido, luego ella, como un rayo de luz aparecía diciendo que era americano y era su familia y amigo. ¡Candy! ¡Qué hice pequeña!
- Candy deja eso, saldré un rato, volveré más tarde. - Ten cuidado Albert, no quiero que te pase nada malo, hare la cena. - No, traeré la cena, no hagas nada.
Albert salía y llegaba a su casa en Chicago, presentándose ahí, al ingresar se encontraba con Archie y Anthony. Johnson lo miraba con expresión de sorpresa y este se acercaba hasta él. Archie lo saludaba,
- ¡Tío William! Que gusto, esa ropa no va contigo. - Tienes razón Archie. Estaba en un lugar lejos, por eso voy llegando. Giraba a buscar el rostro de Johnson quien solo asentía con su leve movimiento afirmativo de su rostro serio, -Por favor, acompáñame George. - Si, señor. Luego miraba a su sobrino Anthony quien lo miraba con un brillo en los ojos, emocionado y eso lo comprendía, también lo sentía igual, - ¡Anthony! Qué bueno verte. - ¡Tío! ¡Te eche de menos! Ya no será necesario la investigación que te pedí, Johnson me ha ayudado mucho. - ¿Ah sí? - Señor, lo pondré al día, pasemos al estudio, por favor. - Los veo más tarde.
Continuará...
Esperando continúen leyendo esta historia, gracias por comentar,
Seguiremos completando fics en el grupo de Historias de Albert y Candy
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
