Fic

Historias de Albert y Candy

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Necesito Dinero

Por Mayra Exitosa

Capítulo XI

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Había pasado la lluvia y ahora buscaba un lugar donde estacionar el camper, debía haberse quedado un poco más en la cabaña, pero ¿y si se lo habían llevado? ¿Y si esas personas malas lo habían secuestrado? ¿El debía haber dejado una nota? Pero no lo hizo y fueron horas y no había comida en el camper, tampoco en la cabaña, ahora estaba perdida y lo extrañaba, temía por su seguridad, si algo le pasaba no sería igual, eran novios, debía haberla despertado, avisarle que saldría, ¿y si el rio se lo había llevado? ¿Y si ya no volvía a verlo?

La noche fue fría, el camper tenía donde dormir, pero ni una caja de galletas, buscaba y notaba que ya no había gasolina, estaba en un terreno que no sabía si era de alguien más, al buscar, encontraba una caja y veía algunos dólares, con eso podía comer y, tal vez ponerle gasolina al camper. Por lo pronto, tendría que dormir, tenía frío y Albert no estaba para abrazarla, así que lo mejor era descansar y no pensar mal de todo lo que estaba sucediendo, mañana sería otro día y con el sol podría ver mejor las cosas.

Para Albert no encontrarla era una agonía, ella no había visto la nota, pudo haberse asustado, dejo una nota que iría a buscarlo, pero ella no conocía el lugar, los hombres no la conocían y solo tendría que buscar el camper, que no la abordaran, que en cuando localizaran la unidad, lo llamaran para ir junto a ella, pero la angustia no se le iba y no lo dejaba dormir, estaba húmedo y frío y ella que era tan friolenta.

La mente divagaba por no encontrarla, autos se movilizaban y todos sus guardias, no podía quedarse quieto, así tomaba un auto y se iba con uno de los guardias a buscar en los alrededores.

En la mansión las copas se pasaban con Niel y Archie, para Anthony y Eliza era otra cosa muy distinta, encontrarse a solas, los hacía tener un breve reencuentro y ponerse al día, para finalizar en besos y caricias que ambos se prodigaban, Stear se había regresado a la ciudad junto a su novia y ambos estaban lejos de Niel y Archie, quienes no se daban cuenta del encuentro furtivo de la pareja, que ya siendo adultos no tenían nada que perder por dejarse llevar ante la relación que tuvieron cuando ambos eran jóvenes, ahora las cosas se mostraban más sencillas y ambos no deseaban detenerse.

- ¡Anthony!

- ¡Elizabeth!

En el estudio, George llegaba molesto, con la salida de la novia de William todo era complicado y ver tomando a Niel y Archie, pasados de copas, no era más que un problema extra, ordenaba a los hombres, llevarlos a sus habitaciones, para esperar a William quien también se había salido. Al agonizar por la salida de su mujer y que este no le había dado datos suyos, por lo que aun no lo identificaba plenamente como el hombre de negocios que era y lo consideraba un vagabundo pobre que solo tenía una cabaña y un camper.

- Dorothy, váyanse a descansar, esperare a William.

- Señor Johnson, vaya a descansar también, mañana lo necesitaran todos para irse a la junta de socios.

- Se ha pospuesto, sin William no pudo realizar la junta de socios, y el no se irá si no encuentra a su mujer.

- Bien señor, son las tres de la mañana, descanse un poco, desde su habitación estoy segura de que escuchara si llegan los autos.

- Tienes razón Dorothy, mañana será otro día.

Después de ver por donde se habían ido todos los autos, Albert se fue por el lado contrario y preguntado uno de los policías de caminos por fin aseguraba haber visto un camper pasar rumbo al pueblo siguiente, estaba lloviendo y manejaba muy lento, la lluvia no lo dejaba ver bien.

- Gracias oficial.

La esperanza había vuelto y el chofer agotado, retomaba energías tomando un café en la gasolinera, a lo que Albert meditaba que el camper ya no traía suficiente gasolina, debía estar cerca, a menos que fuera a usar la gasolinera y la única disponible en ese pueblo era esa toma. Por lo que tomaba café y notaba que ya estaba por amanecer.

Candy lloraba, nerviosa, con ¿hambre y ahora no sabía si debía o no mover el camper, pero de no hacerlo como le pondría gasolina, así que investigaba donde estaba la toma de gas y era al finalizar el pueblo, por lo que movía en línea recta el camper, el cual dudaba tener tanto dinero para llenar el tanque, así que solo le pondría una parte.

La lluvia había cedido, pero las llantas estaban lodosas y manejaba despacio, al temer resbalarse, al llegar a la gasolinera, pagaba y se iba al café. Un par de ojos azules la miraban, ella al verlo sin poder decir media palabra, se quedaba detenida con los ojos acumulando lágrimas, al verlo de nuevo,

- ¡Candy!

- ¿Albert?

- ¡Mi amor! Porque te fuiste, no debiste salir

- Lo siento, estaba muy preocupada, tenía tanto miedo que te hubieran llevado.

El al abrazaba y besaba su cabeza, sentía su cuerpo frío y tría pocos dólares en la mano, como que iba a comprar algo en ese lugar, pero él no deseaba soltarla

El chofer reportaba por un radio, que todo estaba bien, ya había encontrado su jefe a su mujer.

Candy desayunaba y varios hombres llegaban al lugar, Albert le daba las llaves del camper a uno de ellos, dando la orden que lo llevara a servicio. En un auto lujo, en la parte trasera, ella dormía en sus brazos y el también lo hacía, regresaban a casa, a una que ella desconocía, lo único que le importaba era que ya de él no se separaría.

Ella llegaba dormida al no haber pasado bien la noche, el la subía en sus brazos, a su habitación, donde apenas tocaba su cama y caía rendido por un largo descanso. La tarde los despertaba, o el apetito de ambos, pero el lugar era desconocido para ella, la sencillez de su ropa, en un lugar tan elegante, donde él tenía trajes y ella no tenía nada con que cambiarse, todo se había ido en el camper y en la cabaña tenía algo más.

Albert al ver el dilema, solicitaba traer algo para su mujer, a lo que Dorothy miraba sus tallas y buscaba como ordenar ropas para comprar, Candy por su parte comía en la habitación, donde Albert le comentaba su nombre completo, su identidad real, y que lo que más anhelaba era casarse con ella, a lo que ella aceptaba, lo que mas le sorprendía era el hotel tan lujoso donde se habían quedado, y Albert reía por no saber como decirle que ese no era un hotel, era su hogar.

Una se acostumbra a la pobreza, al trabajo y a sobrevivir los días, pero con el tiempo, Candy iba conociendo cada cosa, cada lugar y cada detalle del cual Albert le aseguraba que el era dueño y todo lo que ahí había era de su propiedad. Ella ahora ya no trabajaría, no lo necesitaba, lo que más deseaba era estar con él y eso Albert le rogaba, que jamás se volviera a alejar de su lado.

Cinco años después…

Anthony y Elizabeth se habían casado, sus sobrinos habían sentado cabeza, bueno solo Anthony Stear, Archie y Niel aun seguían dando lata a todos los que se dejaran, eran los tíos más presumidos, uno presumía a su sobrina la hija de Anthony y Elizabet, ese era Niel y el otro fanfarroneaba a su sobrino el hijo de Paty y Stear.

- Es una princesa preciosa, es mi sobrina

- Mi sobrino es muy listo y además nació primero, es el mayor.

- Eso no es verdad, el mayor es el hijo de mi Tío William.

- El no es sobrino, es primo nuestro, Niel.

El doctor Martin tenía una clínica mas equipada, con tres enfermeras y un colega medico que jugaba ajedrez todas las tardes después del trabajo. Ambos no tomaban licor, llevaban contando sus días sin beber y ellos se había vuelto ahora socios en la clínica. Albert lo había apoyado y tener un colega fue por el crecimiento del buen lugar. Cada día tenían pacientes atendidos eficientemente, ahí se había recuperado de Amnesia el gran empresario William Andrew, bajo el tratamiento del médico prestigioso.

En las oficinas, como en otras veces, llegaba metiendo de nuevo solicitud, la ex asistenta de oficinas Marlene, continuaba solicitando el puesto que estaba ocupado, como asistente del señor Johnson, pero esta vez al negarle el puesto se daba cuenta que ahora estaba casado, en el escritorio se veía una foto de él, su esposa y su hijo. Ella salía llorando, pues otra se lo había ganado.

El hogar de Ponny recibía a la señora Andrew, quien formaba parte del patronato de las adopciones, ya no se quedaban niños sin adopción, había muchas personas que ella conocía y tenía un plan educativo para todos los niños que aun adoptados contaban con becas de estudios y todos sus pagos. Candy caminaba con dos pequeños tomados de sus manos, William y Rosemary, sus hijos de cuatro y dos años, quienes la acompañaban a todos lados, saludaban a las mujeres que los deseaban conocer y ella feliz ahora era una mujer muy afortunada, muy rica y con un gran auto con niñera y chofer, aquellas que fueron sus amigas, recordaban como ella podía ayudarlas, a conseguir trabajo aun quedándose ella sin empleo, y mira la suerte y las vueltas de la vida gracias a eso ella conocía a su marido y ahora era la mujer más rica de todo Chicago.

Salía de ahí, después de dejar algunos regalos, para volver a su hogar, antes que llegara su marido y la echara de menos, los pequeños corrían para ingresar a casa, ahí el personal se desvivía por atenderla, y en un auto tras ella, llegaba su esposo, quien la miraba con media sonrisa, queriéndose quejar porque la veía que apenas llegaba,

- ¿De donde viene mi bella esposa?

- Fui a dejar algunas cosas al hogar de Pony.

- No le he dicho a usted que no salga cuando no me encuentre a su lado.

- Iban conmigo nuestros hijos, no puedes quejarte, mi cielo.

- Me prometió no volver a salir sin mí, ¿quiere que me ponga celoso de Willy y Rosy?

- No deberías. Ellos no me soltaron de la mano ni un instante, saben que tenían que esperarte, pero se me hizo un poco tarde pero aun así llegamos antes.

- ¡Te perdono eso! Con tal de que estés en casa para verte, ya no saldré esta semana, tomaremos vacaciones.

- Les alegrará a nuestros hijos saberlo.

- ¿Y a ti no?

- Ya estoy muy feliz de tener la primicia.

La pareja se besaba ansiosamente, tal como lo hacían siempre, ellos parecían novios todo el tiempo, aun con los años, ellos se procuraban y cuidaban con mucho cariño y respeto, Para Candy la vida le había dado sorpresas muy hermosas, una familia enorme y un esposo grandioso, aun con e tiempo siempre la sorprendía y esa noche ella tenía otra de esas sorpresas que deseaba darle. Pero sería hasta el siguiente día, para que no se detuviera esa noche de amarle.

FIN


Muchas gracias por sus comentarios, una Historia de Albert y Candy, esperando les haya gustado. recordemos que la vida da muchas vueltas, no despreciemos a quien nos da la mano, en ocasiones suele ser el destino el que lo traiga a ti, puede ser un amigo, puede ser una amiga, que más da, lo importante es cuidar a quien nos encontramos, que ahora es el y mañana Dios dirá

Un abrazo a al distancia

Mayra Exitosa