Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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-REVIEWS-

Ya los contesté por PM.


Alistair.

¿Necesitas algo? antes que digas nada, quisiera aclarar que lo que pasó…

Elsa levantó una mano, deteniéndolo.

Esa no es la razón por la que vine.

¿No?

No— le aseguró.

Entonces ¿a qué debo el honor de tu visita?

Estoy aquí para negociar.

Alistair frunció el ceño, ¿qué acababa de decir?

Cuando notó a la joven delante de él dentro de su oficina, la última razón─ que pudiera justificar su presencia ahí─ que se le cruzó por la mente fue que quisiera proponerle un negocio.

Esperó que quisiera hablar de aquel fragmento de conversación que no suponía más que un mal entendido y una mala jugada de parte de Runeard Solberg, pero tal parecía que Elsa─ haciendo gala de su madurez─ no estaba dispuesta a tocar el tema, dirigiéndose educadamente a él.

―No pretendo ofenderte― comenzó, indeciso―, pero no veo como podríamos negociar tu y yo.

"Ándate con cuidado" se ordenó, el brillo depredador en los ojos color zafiro de la muchacha le recordó al de los tiburones que vio en aquella visita exprés al acuario con…

"Concéntrate" ya lo había arruinado en casa de la chica, no lo haría de nuevo y mucho menos en su oficina.

―Resulta que estos días eh usado el limitado tiempo libre que tengo para investigar un poco…

—¿Investigar qué?

―Ya sé por qué no quieres hacer negocios en el área de la medicina con Runeard… otra vez.

—¿Acaso tu abuelo te dijo algo…?

―Ahora mismo es Runeard, no mi abuelo― lo interrumpió―, y no, ya te dije que investigué por mi cuenta― Alistair la invitó a continuar―. Hace unos años─ cinco para ser exactos─ compraste a Runeard media tonelada de polvo para pastillas de lexotiroxina sódica* que desarrolla la compañía medica de mi familia; desgraciadamente, el barco en el que viajaba desde El Caribe hasta acá se hundió en Dinamarca y la mercancía se perdió. Como el polvo era─ y sigue siendo─ agradable para el ambiente, Runeard solo pagó los daños, pero tu no viste ni un centavo.

―Si estás diciendo que él no me dio un reembolso, que no trató de reemplazar la mercancía y que por eso no eh hecho ningún trato con él respecto al área de la salud, estás en lo correcto.

―Lo sé― asintió la muchacha―, ahora escucha bien― Alistair se enderezó de forma inconsciente, atento―, si vine es porque quiero saber si estás interesado en comprarme una media tonelada a mí.

Sus cejas rubias se fruncieron un poco más al escuchar a la blonda.

—¿De verdad estás preguntándome si estoy dispuesto a volver a pagar todo ese dinero por otra media tonelada que posiblemente no llegue a ver el mercado nunca? ―negó con la cabeza, repentinamente divertido―. Mira, Elsie…

―Elsa— corrigió, secamente.

—… Elsa, de verdad me agradas, pero si tu abuelo te envió aquí, ya puedes decirle que creí dejarle claro que no seré tan imbécil para comprarle otra vez.

La albina dejó salir una carcajada fría que le heló la columna. Claramente Runeard no sabía que ella estaba ahí.

―No me gusta pagar dos veces por lo que es mío― declaró, entrando en su fase de empresario. La rubia paró de reír y le lanzó una mirada seria.

―No estarías pagando dos veces por lo tuyo, la mercancía que te vendió Runeard ya no existe y la que estoy ofreciéndote se encuentra en los laboratorios, aguardando.

―Lo siento, pero no veo donde gano yo― replicó―. A ver, a mí me enseñaron que los negocios son vida y la vida es cruel, y yo soy tan ruso.

Elsa se limitó a mirarlo con gélida mesura durante algunos minutos.

―Tienes razón― aceptó―, no estás viendo el panorama completo que especifica lo que ganarás. Déjame explicártelo.

―Adelante, convénceme de comprarte media tonelada de lexotiroxina sódica.

―No te voy a mentir― comenzó la blonda, poniéndose derecha―; yo realmente no sé cuánto dinero se llevan los intermediarios, pero hoy en día el kilo de ese polvo cuesta veinte mil dólares en Estados Unidos…

―Treinta mil para nosotros los rusos actualmente― corrigió suavemente.

―Siendo así, esa media tonelada cuesta aquí, y hoy― se lo pensó unos momentos, como si estuviera calculándolo―, unos quince millones y por lo que me enteré, sé que en su momento pagaste solo seis millones ¿cierto?

―Continua.

―Pues conmigo, esa media tonelada te va a costar solo seis millones más, como dirían por ahí, te lo estoy dejando al costo.

―Sigo sin entender― replicó―, quieres que vuelva a pagar.

―Sí― aceptó―, pero aun así tendrías una ganancia de tres millones sobre el precio actual― cuando estaba por objetar, la blonda volvió a tomar la palabra―. Además― añadió―, esos quinientos kilos una vez cortados y listos para ser distribuidos en las farmacias de este país― volvió a calcular―… valdrán mínimamente setenta y cinco millones.

Esperó a que dijera algo, pero continuó cuando no lo hizo.

―Eso quiere decir que tendrás una ganancia neta de cincuenta y tres millones… desde mi punto de vista es un negocio bastante bueno, sin contar que tendrás abastecido el mercado por una buena temporada y aprovechas para impulsar tus negocios farmacéuticos.

―Eres muy buena con los números― halagó.

Elsa se encogió de hombros.

―La gente suele sorprenderse cuando se dan cuenta que soy más que una cara bonita que da saltitos por ahí sobre zapatillas de seda.

El hombre se quedó callado durante un buen rato, pensando. Debía reconocer que, en efecto, Elsa era una caja de sorpresas.

―No voy a negar que, efectivamente, es un buen negocio― aceptó Alistair―, pero sigue siendo muy poco.

―Sabía que dirías eso― una pequeña sonrisa adornó el rostro pálido de la blonda―, por eso es que también quiero ofrecerte algo de citalopram hidrobromuro*.

—¿Qué con el citalopram hidrobromuro?

―Que tus farmacias no lo tienen.

―Claro que sí― rebatió, en el interior se sentía interesado por saber que estaba por proponer la muchacha.

―No es verdad― repitió―, ya te dije que investigué y como la pequeña de papi y de hermanito que soy, no se me fue negada la información. Dependes de los marroquís y los españoles ¿no? ―Alistair no dijo nada, preguntándose internamente sí de verdad el padre de la muchacha le había facilitado esa información―. Quieres agrandar tu negocio de los fármacos, pero no sabes cómo. Yo sí.

Elsa se levantó de la silla lentamente.

―No tienes que responder ahora― dijo con calma―, si te lo piensas bien verás que no se te va a presentar otra oferta así.

Estaba alejándose cuando Alistair habló por fin.

―Tu abuelo… Runeard ¿está dentro de la negociación?

―No, estás haciendo tratos conmigo e indirectamente con Agnarr y Roland.

―Roland es tu hermano― declaró y Elsa asintió―, ¿dices que estoy tratando con los tres?

―Digo que estás tratando conmigo, entiéndelo. Mi padre y mi hermano son mis socios porque soy tan dueña de todas las compañías Solberg como ellos.

—¿Qué hay de Runeard?

―Acepto que compartimos la propiedad de varios negocios en Nueva Zelanda, Japón y África con él, pero mi padre levantó muchos otros por su cuenta— explicó—. La compañía farmacológica de Runeard es muy distinta de la de mi padre, la suya está en América y la nuestra en Europa.

―Y tu padre no tiene negocios en Rusia ¿cierto?

―Solo con Runeard, pero es como no tener nada.

Alistair asintió.

—¿De dónde enviarían la mercancía?

―De Copenhague― respondió―, enviaríamos todo en barcos y, aunque jamás ha sucedido, añadimos la aseguranza del producto en caso de cualquier emergencia.

Definitivamente Elsa había llegado para ganar, aquella oferta era sumamente tentadora, y con el listillo de Runeard fuera de la jugada, sus beneficios aumentaban.

―Entonces ¿tenemos un trato? ―preguntó la muchacha, extendiendo su delicada mano hacia él. Alistair la tomó y dio un ligero apretón que fue correspondido por parte de la rubia, quien lo soltó de inmediato.

Sería tonto de su parte no admitir que, en efecto, se sentía un poco decepcionado porque el contacto había durado tan poco.

—Debo reconocer que sabes cómo lograr vender lo que quieres— comentó el rubio, orgulloso—, tienes futuro en el mundo de los negocios.

—Lo sé, soy una Solberg.

Alistair sonrió, pero el gesto no fue devuelto y el silencio que se cernió sobre ambos fue incómodo.

―Eh de irme, fue un placer hacer negocios contigo― la blonda se dirigió a la salida y Alistair no tardó en seguirla.

―Ya es tarde ¿sabes?, si me das cinco minutos yo puedo terminar de firmar un par de papeles y te llevo a tu casa…

―No hace falta, me han traído― su propuesta fue rápida y educadamente rechazada.

Alistair parpadeó y la siguió fuera de su oficina.

—¿Sí? ¿el chofer está esperándote? ― no le permitió contestar―, bueno, pues deja que te acompañe a la salida…

―No te molestes, me han acompañado hasta aquí.

Alistair miró hacia todos lados, pero en el pasillo no había nadie además de ellos dos.

—¿Puedo preguntar quién? ―cuestionó, un poco confuso.

―Un amigo― respondió con una sonrisa traviesa que lo puso alerta―, un muy buen amigo.

Segundo después, la puerta de la oficina de Judy se abrió, revelando a un apuesto joven de cabello castaño y sumamente alto, y a su asistente.

―… de verdad agradezco tu tiempo― estaba diciendo el muchacho en dirección de la pelinegra.

―No hay problema, Ryder― contestó Judy.

¿Ryder?, lo observó con atención y, cuando los recién llegados notaron su presencia, finalmente lo reconoció.

―Señor Krei, buenas noches― saludó, extendiendo la mano para saludarlo.

―Ryder Nattur, el nieto de Yelena ¿cierto? ―cuestionó en tanto correspondía al saludo.

―Así es― respondió y después miró a la blonda―, ¿lista para irnos, Els?

"¿Els?" frunció el ceño, ¿acaso el nieto de Yelena y Elsa…?

"¡No!" se contuvo para mantener un gesto calmado en su rostro después de la fuerza con la que se negaba a creer aquella idea que se había sembrado en su cabeza.

―Sí, estoy muerta― contestó la rubia antes de volverse hacia él y Judy―. Fue un placer, nos vemos después.

Judy asintió y Alistair solo atinó a imitarla, los dos más jóvenes se alejaron en dirección del elevador intercambiando comentarios en noruego, el rubio estaba seguro que pagaría la cantidad que fuese necesaria para saber de qué hablaban. Las puertas del ascensor estaban cerrándose cuando pudo notar a Ryder Nattur tomar, atrevidamente, a la rubia de la mano para pegarle a él.

Por una razón que no terminaba de quedarle clara, aquello le molestó.

Y mucho.


Elsa.

El agua de la ducha ayudaba a aminorar los gritos de los muchachos cuando llegaron al clímax, Ryder─ entre jadeos─ salió del interior de la blonda para dejarla en el suelo, sujetándola hasta que estuvo seguro que no se caería.

El castaño salió de la ducha para botar el preservativo usado en el cesto de la basura y se detuvo frente al espejo, llevándose la mano al hombro para tocar el círculo rosado─ y que dentro de poco se volvería violáceo─ cuidadosamente.

—Que mala eres— le dijo cuando volvió junto a ella—, ya te dije que nunca me ha gustado que me muerdan.

Elsa arqueó una ceja en tanto ponía en su mano un poco del champú que había traído para ducharse y no usar el del castaño, y se lavó el pelo.

—Pues no te estabas quejando— replicó, enjuagándose la cabeza—. Además— añadió—, ese no es tu único problema.

Ni bien terminó de decir aquello cuando el muchacho silbó al sentir el agua caliente contra su espalda llena de rasguños.

"Hans jamás se quejó" pensó de forma inconsciente.

—Ya no me contaste nada de lo que pasó con Judy— comentó la albina, tratando de hacer conversación para alejar al bermejo de sus pensamientos.

—Creo que no te lo eh contado, pero mi hermana y yo estamos haciendo un trámite para quitarle a mi madre el dinero de la manutención que le da mi padre.

—Pensé que ese dinero se retiraba hasta que los hijos fueran mayores de edad.

—Pues el acuerdo dice que tendrá que darle toda esa cantidad hasta que Maren y yo estemos graduados y trabajando— explicó Ryder—, y dejaríamos que lo siguiera recibiendo si no se hubiera portado como una perra con nosotros. Ella no pudo amarnos, así que queremos nuestro dinero de regreso.

—¿Y se supone que eso va a herirla?

—Mi madre ama el dinero más de lo que podría amar a una persona nunca.

Elsa silbó.

—Volviendo a Judy…

—Ah sí, dijo que ahora mismo no está ejerciendo como abogada, pero me dio algunos consejos— Elsa sonrió ladinamente—; inventé que mi abogado estaba dándonos largas y le pedí que me diera su snap.

—¿Te lo dio?

—No.

—Vaya, lo siento mucho…

—Conseguí su número.

Elsa soltó una carcajada incrédula.

—¿De verdad?

—¡Sí! dijo que no usaba Snapchat con frecuencia y me dio su tarjeta.

—Cuando sea grande quiero ser como tú— bromeó la blonda.

—¿Qué hay de ti y Krei? —preguntó el castaño, frotándose el cuerpo con una esponja—, estuviste un poco… mucho tiempo con él en su oficina.

—Antes que comiences a decir vulgaridades, no pasó nada.

—¿Entonces?

—Le propuse un trato de negocios, eso es todo.

—¿Y…?

—Aceptó.

—Eso es todo, no cualquiera logra negociar con Krei. Yo soy el que quiere ser como tu cuando sea mayor.

—Eres mayor que yo por dos años.

—Pero soy joven de cuerpo y alma— cerró la llave de la regadera y tomó las batas de baño colgadas fuera de la ducha—. Oye— la llamó—, ¿no es raro que estemos hablando de las personas que nos gustan totalmente desnudos?

Se miraron a los ojos y respondieron al unísono.

—Neh.

Terminaron de vestirse entre risas poco después, Elsa se secó el cabello y lo recogió en su habitual trenza francesa.

—No sé tú, pero yo tengo hambre— declaró el castaño—. Vamos a ver que hay en la cocina.

—No hay nadie en la casa, Ry, y no creo que sepas preparar nada— la blonda rodó los ojos, divertida.

—Soy marino, por supuesto que sé cómo preparar un poco de comida— replicó, indignado.

—Ponerle agua a la comida del ejercito que viene en bolsas no es cocinar…

—Como te gusta cuestionar a la gente, solo vamos.

Elsa se encogió de hombros, tomó una de las sudaderas del muchacho para ponérsela y lo siguió escaleras abajo.

—¿Con que especialidad me vas a sorprender? —preguntó, divertida.

—Limítate a poner tu culo en el taburete y guarda silencio, deja que los expertos trabajemos.

Elsa volvió a encogerse de hombros y se sentó a ver como Ryder cocinaba, encendió la estufa y puso sobre esta una olla pequeña con agua, cuando el agua estuvo lo suficientemente caliente, se dirigió al refrigerador y sacó una bolsa de él.

—¿Qué es eso?

—Pelmeni— respondió—, mi abuela detesta que lo compremos hecho, pero aun así lo ordena solo para emergencias. Esta es una de ellas.

—Mi mejor amigo, Kristoff…

—Creí que yo era tu mejor amigo, pero adelante, sigue.

Elsa rodó los ojos

—Solo iba a decir que él sí que sabe cocinar.

—Le aplaudiría de no ser porque estoy ocupado revolviendo el pelmeni— replicó, irritado.

Cubrió a olla con una tapa y aguardaron unos minutos hasta que sacó un par de platos y los cubiertos.

—¿Podría su majestad escandinava sacar la crema entera del refrigerador y traer los vasos mientras yo, su humilde esclavo, sirvo la comida?

—Eres tan pesado como tu hermana cuando te lo propones— masculló la albina, pero obedeció.

—Claro que no— rebatió—, nadie es más molesto que Honeymaren.

Ryder le pasó un plato y, después de ponerle la crema, ambos comenzaron a comer.

—Debo admitir que está bueno, aunque sea de bolsa— dijo la blonda, después de llevarse el tenedor a la boca.

Estaban riendo de cosas tontas cuando unas voces que se acercaban comenzaron a escucharse.

—Dijiste que no iba a haber nadie aquí, hoy— masculló la blonda.

—Eso dije porque mi abuela está en San Petersburgo y no llegará hasta mañana por la tarde, y Honeymaren pasaría la tarde con Anya, Dimitri y Hans.

—Pues parece que no— ni bien terminó de decir aquello, los tres pelirrojos y la castaña entraron a la cocina, Honeymaren, quien reía junto a Anya, paró en seco al verla.

—Increíble— soltó—, ¿acaso no es suficiente verme en la universidad y en la academia que tienes que venir a mi casa?

La blonda abrió la boca para replicar, pero el castaño se adelantó.

—Elsa es mi invitada ¿tienes algún problema con eso? —Ryder miró a su hermana.

—Un momento, ¿están acostándose?

Elsa desvió los ojos de la castaña unos momentos para toparse con los de Hans, que la miraban con atención, retándola en silencio a contestar.

—Porque si estás durmiendo con mi hermano, yo…

—¿Tu qué? —Elsa se levantó del taburete —, en caso que estuviéramos acostándonos ¿qué harías al respecto?

—Eres una cínica, quiero que te largues de mi casa.

—Elsa no va a ir a ningún lado— replicó Ryder, quien seguía comiendo, calmado—. Esta casa es tan mía como tuya y puedo traer a quien se me plazca.

—Hay que ver como defiendes a esta…

—Mucho cuidado con lo que vas a decir, Maren— Ryder dejó su plato vacío de lado y miró a su hermana—. Solo porque quiero que te calles te lo voy a dejar claro, Elsa y yo solo somos amigos.

—¿Y por eso el cubo de hielo lleva puesta tu sudadera? —se metió Hans, mirando al castaño fríamente, desvió su atención nuevamente a la rubia—. A ella le gusta coleccionar sudaderas de los tipos con los que duerme.

—¿Cómo estás tan seguro de eso? —preguntó Elsa, la advertencia estaba explicita en su tono. Honeymaren retó al bermejo con la mirada—, hasta donde sé no has dormido conmigo para ser poseedor de esa información.

—Sí, Hans— dijo Ryder, llamando la atención del cobrizo—, dinos a todos en qué te basas para decir algo como eso de Elsa. Por el bien de mi hermana y el tuyo espero que no sea la experiencia la que hable.

Hans tensó la mandíbula, enojado. Dimitri, haciendo gala de su desinterés en la pelea, se acercó al refrigerador para sacar la jarra de limonada y servirse un poco, Anastasia, por otro lado, paseó la mirada entre los otros cuatro.

—A ver, calmémonos todos— dijo la pelirroja, conciliadoramente—. Elsa y Ryder pueden ser amigos, comer juntos e incluso ella puede usar sus cosas y eso no significa que algo sexual esté pasando entre ellos. Vamos, que la amistad entre hombres y mujeres existe— se enfocó en Honeymaren—; tú estás siendo una perra, si yo fuera tu Babushka estaría muy avergonzada de ti porque estás echando a una invitada.

—¡Me da igual ahora mismo!, esta mosca muerta no tiene nada que hacer en casa.

Elsa posó sus ojos nuevamente en Hans, el muchacho le devolvía la mirada con rabia: aparentemente, su pequeña sonrisa maliciosa parecía ponerlo de mal humor.

—Ya basta, Honeymaren— Ryder miró a su hermana con severidad—. Estás comportándote como una mocosa de cinco años y no te lo voy permitir…

—No, está bien— Elsa lo interrumpió, acercándose a él para juguetear con su camiseta de tirantes y cubrir ligeramente ahí donde lo había mordido. Sus ojos jamás abandonaron los de Hans—; ella tiene razón, es su casa.

—También es mía…

—Ya la oíste, Ryder, así que sácala de aquí— ordenó Maren, con las mejillas sonrosadas de rabia.

—¿Quién te dijo que voy a marcharme? —replicó Elsa, fingiéndose confunda en tanto apartaba sus orbes color celeste del muchacho pelirrojo para posarlos un segundo en ella—. Entiendo que es tu casa y por eso me iré a otra parte de esta que no es tuya.

Honeymaren le sonrió con burla.

—Buena suerte con eso, ya me gustaría verlo.

La sonrisa de Elsa se ensanchó en tanto se volvía hacia Ryder.

—¿Qué me dices de volver a tu habitación?

Hans, que había desviado con anterioridad la mirada al suelo, levantó la cabeza de inmediato al escucharla. La sonrisa en la cara de Honeymaren se esfumó, Dimitri escupió la limonada y Anya soltó una carcajada.

—Claro— Ryder se levantó del taburete para acercarse a ella—, aún tenemos tiempo.

—Estoy muy cansada— bostezó.

—Entonces hay que dormir un poco, puedo prestarte algo para que te cambies.

—Genial, Kristoff─ mi mejor amigo de Noruega─ tenía ropa mía en su habitación para cuando me quedaba a dormir.

—Pues te estás tardando en traer tu ropa y en quedarte a dormir.

—Un día de estos.

Anya volvió a reírse y Dimitri se unió a ella. Elsa miró a Honeymaren.

—Nos vemos en la academia… o no.

Ni siquiera se molestó en voltearse hacia Hans, le quedaba claro que estaba mirándola.

—Qué bueno que lo hicimos antes de todo esto— dijo Ryder en un susurro y Elsa asintió, dejando salir el aire que estaba conteniendo.

Honeymaren la tenía harta.


Honeymaren.

Ese viernes se cumplían tres días desde que se enteró que no participaría en los shows de invierno, y si bien no era bastante tiempo, debía decírselo a su abuela antes que ella se enterara por otros medios y fuera expuesta a la vergüenza por esa noticia inesperada.

Pero no se sentía lista para afrontar la ira de esa mujer… y quizá jamás lo estaría.

Se dijo que tendría que asegurarse que su hermano estuviera en casa para que intercediera por ella; después de la pelea del día anterior, Ryder no le había dirigido la palabra ni cuando se marchó de regreso a la universidad por la noche.

Estaba un poco molesta consigo misma por no haber sido más fría cuando encontró a Elsa en su casa, pero esa supuesta amistad que tenía con su hermano no terminaba de gustarle y ahora Ryder estaba molesto con ella, así que lloraría lo que tuviera que llorar para ablandarlo y ponerlo de su parte.

"Para qué esperar cuando puedo convencerlo ahora mismo" pensó, el reloj en su teléfono le confirmó que aún faltaba el tiempo suficiente para que Ryder se marchara al TIMELESS a ponerse hasta los codos de alcohol como cada viernes, así que se levantó de la cama y salió de su habitación para dirigirse a la de su hermano, la puerta del castaño estaba frente a la suya.

¿Ryder? —llamó, tocando la puerta—, ¿Ryder?

Nada.

Abrió la puerta lentamente para cerciorarse que su hermano estuviera ahí y se decidió a entrar después de llamarlo nuevamente y que no contestara. Al no encontrarlo en el espacioso closet, se dirigió al cuarto de baño y arqueó una ceja, Ryder tendría que seguir en la casa porque jamás se iba sin antes tomar una ducha y ahí no había indicios de uso.

Estaba por salir cuando algo llamó su atención, se acercó al estante de cristal donde su hermano tenía todos los productos que usaba para ducharse y sus manos volaron hasta una botella de champú que a simple vista se notaba que era de chica.

La esencia del coco en el champú inundó sus fosas nasales al levantar la tapa, cerró la botella y la dejó en su lugar para tomar el gel de baño rosado que estaba junto al azul de su hermano.

—… aún no me ducho, pero iré por ti a tiempo, lo prometo— Honeymaren se giró al escuchar la voz de Ryder, su hermano llevaba la bata de baño colgada de un hombro, con una de sus manos sostenía el teléfono pegado a su oído y con la otra cerraba la puerta—. Que quejosa eres cuando te lo propones, nos vemos en menos de una hora… bien, adiós.

Colgó y levantó la vista para toparse con ella, Ryder frunció el ceño.

¿Qué carajos…?

¿Con quién hablabas?

¿Disculpa?

Pregunté con quién hablabas.

Y yo te respondí, el ¿disculpa? quería decir que es algo que no te importa, por si no lo entendiste.

¿Sigues molesto conmigo?

¿Gano algo estándolo?, pues no— se encogió de hombros con indiferencia—. Ahora, si no te importa, salte porque me tengo que duchar.

Honeymaren lo ignoró y tomó la botella de champú y en gel de baño para mostrárselos.

¿De quién es esto?

Si están aquí es porque son míos ¿no te parece?

¿Desde cuándo usas jabón de mujer…?

Ya me cansé, salte de aquí de una buena vez— le quitó las dos botellas de las manos y después de ponerlas en su lugar, la empujó suavemente fuera del baño—; estás invadiendo mi privacidad…

Mientras era arrastrada fuera del baño, Honeymaren se giró para mirarlo.

Ya lo entiendo— musitó—, ¿eres gay? —Ryder la soltó al instante—; porque si es así, déjame decirte que te apoyo totalmente…

¡Claro que no!

No es nada de qué avergonzarse, soy tu hermana te entiendo…

¡Que no!

¿Entonces…? ¡ajá!, estás viéndote con una arrastrada ¿verdad? —increpó—, sí, eso debe ser… ¡y la estás trayendo aquí!

Por milésima vez, lo que yo haga con mi vida no es tu problema…

Es Elsa ¿cierto? ¡te estás acostando con esa mosca muerta!

¡Que no, carajo!

—Te lo advierto, Ryder, más te vale que sea cierto que entre tú y esa perra paliducha no hay nada más que una simple amistad porque si no…

¿Si no qué? —retó, enrojeciendo de colera—, mira Maren, eres mi hermana y te quiero mucho, pero no te voy a permitir que te metas en mis asuntos ¿me oyes? —volvió a asir su brazo y tiró de ella en dirección de la salida de la habitación—. En lugar estar de chismosa en las vidas ajenas, concéntrate en la tuya.

Mi vida está muy bien.

Si por bien te refieres a creer que el imbécil que dice ser tu novio te quiere, seguir sin superar lo de mamá y carecer de amor propio, entonces sí, que bien está tu vida— replicó el castaño, ejerciendo presión en el agarre.

Suéltame, estás lastimándome— musitó, retorciéndose.

No quiero que vuelvas a meterte en mi habitación cuando no estoy y mucho menos que trates a mis invitados como a basura— declaró Ryder, tensando la mandíbula—, puedo ser muy buena persona todo el tiempo que quieras, pero no quieres conocerme por las malas.

De verdad que no me creo que estés amenazándome a mí, tu hermana, solo porque no me pareció que esa amiguita tuya haya venido; si tan solo supieras lo que me ha hecho…

La única que ha hecho algo en contra de la otra, eres tú— la interrumpió—. Elsa jamás me ha dicho nada malo en contra de ti, bastó que me contara que no se llevaba bien contigo para que yo comenzara a preguntar por aquí y por allá ¿sabes por qué? —Honeymaren no le contestó—, porque quería estar al tanto de si te había tratado mal, no tienes idea de lo desagradable que fue para mi enterarme que mi hermanita habla tan mal de una familia que es tan respetada en el mundo de los negocios.

A ver, eso no es cierto... no del todo.

¿No?, a mí me parece que sí— replicó Ryder, soltándola por fin—, solo espero que Runeard Solberg no le diga nada a nuestra abuela.

—Ese viejo no tiene forma de enterarse.

¿Cómo estás tan segura? ¿quién te afirma que tus compañeras de la academia no van a ir a sus casas a preguntar si lo que les dijiste es cierto? —cuestionó el castaño—, piensa un poco en eso.

Debo reconocerle a Elsa que no es una llorona— aceptó Honeymaren, rodando los ojos—, al menos no ha ido corriendo a quejarse a su casa.

Pues reza que siga siendo así porque no creo que a Runeard le haga gracia enterarse que tiene esclavos negros en su casa de El Caribe, o que Agnarr usa su compañía farmacéutica para vender estupefacientes— su hermano comenzó a enumerar algunas de las mentiras que había regado—. Tampoco creo que les guste saber que estuviste diciendo por ahí que Iduna apoya a varios grupos de supremacistas blancos y mucho menos que Roland tuvo que casarse porque embarazó a su esposa y su iglesia no apoya los nacimientos fuera del matrimonio… por cierto, yo no lo conozco personalmente, pero si algo sé es que al hermano de Elsa no le gusta nada que se metan con su familia, mucho menos con sus hermanas.

¿Podrías dejar de besarles los pies a los Solberg por un par de minutos?, gracias— ironizó, aunque una sensación de vértigo la inundó, de repente asustada de que sus calumnias pudieras llegar a los oídos de los demás Solberg y a los de su abuela.

Si ese Roland se llegaba a enterar y le decía algo, estaba segura que Hans no movería ni un musculo para defenderla.

Tú no eras así, Maren— dijo Ryder con tristeza, ya más calmado—; y todo porque Elsa tiene más existo que tú.

Honeymaren se envaró.

¿Cómo dices?

¿Qué? ¿acaso pensaste que no me iba a enterar? —Ryder negó con la cabeza, una sonrisa amargamente divertida nació en su boca—, solo te recomiendo que le digas a nuestra abuela que no vas a bailar en ningún show de esta temporada, digo, antes que se entere por otros medios.

¿A qué se refiere tu hermano, Honeymaren?

Ambos castaños se pusieron rígidos al escuchar la voz de su abuela, desde las sombras del corredor, Yelena hizo acto de presencia y por la expresión fría en su rostro, estaban seguros que un problema se avecinaba.

¿Cuánto tiempo llevas ahí, abuela? —preguntó Honeymaren, pálida.

El suficiente para enterarme que mi única nieta es más chismosa que una vulgar pescadera de mercado y que no bailará esta temporada— declaró secamente.

A ver, yo te puedo explicar todo…— comenzó a decir la castaña, pero fue rápidamente interrumpida por la mujer mayor.

Primero que nada— se miró a Ryder—, que sea la primera y la última vez que jaloneas a tu hermana de esa manera.

Seguro— el castaño asintió.

Segundo, los dos tienen estrictamente prohibido entrar a la habitación del otro para invadir su privacidad— los dos castaños mascullaron una respuesta afirmativa—, y tercero— enfocó sus ojos marrones en Honeymaren—; Ryder, ve a alistarte para que te largues a ese bar y déjame a solas con tu hermana, necesito hablar con ella.

El castaño volvió a asentir, le dedicó una última mirada y finalmente volvió a su habitación. Honeymaren quería pedirle que se quedara, pero estaba segura que a esas alturas, su apoyo no le serviría de nada.

Ahora sí, Honeymaren, tú y yo tenemos mucho de qué hablar.


Hans.

¿Dónde está la insufrible de Maren? ¿no va a venir? —preguntó Dimitri, destapando la botella de ron y sirviendo tres tragos. Hans se encogió de hombros.

La muy miedosa está tratando de decirle a su abuela que no bailará esta temporada en el teatro, puede que venga y puede que no.

Y vas a aprovechar que no está aquí para reírte de estupideces con busconas ¿o me equivoco? —Anya rodó los ojos, dándole un sorbo a su vaso.

Yo no soy ningún infiel.

Anastasia se atragantó con el alcohol cuando soltó una carcajada, Dimitri se apresuró a darle palmadas suaves en la espalda.

No me da gracia, Nikoláyevna.

Ni a mí, Alexandrovich.

Hans le mostró el dedo medio y Anastasia lo atrapó, retorciéndolo y arrancando maldiciones del bermejo mayor.

Muy bien, Nikoláyevna y Alexandrovich, paren antes que terminen diciéndose de todo— Dimitri se apresuró a intervenir.

¡Cierra la boca, Vladimirovich*! —objetaron los aludidos al instante.

Pasado un rato y solo para llevarle la contraria a Anastasia, Hans apenas y ke dirigió un par de palabras a todas las chicas que se acercaron a ellos.

No sé ustedes— dijo Dimitri, rodeando a su novio con un brazo—, pero esta noche el TIMELESS parece vacío.

Hans miró alrededor y comprobó que había menos gente que de costumbre en un viernes.

Faltan los de tu universidad ¿no? —preguntó Anya, también mirando por todo el lugar.

Ya llegarán— dijo Hans, indiferente.

Anastasia se puso derecha donde estaba sentada y se dirigió a él, pero su vista parecía centrada en otra cosa.

Honeymaren hizo gala de su falta de educación ayer por la tarde— comentó. Dimitri le dio la razón.

Cierto, mira que correr a Elsa solo por ser amiga de su hermana.

No está molesta con ella por eso— dijo Anya, desviando la mirada hasta Hans y después volviéndola nuevamente—, ¿verdad, Hans?

Yo qué sé— resopló Hans.

¿Me estoy perdiendo de algo? —Dimitri osciló la mirada entre ambos.

Ya te contaré después, amor— respondió Anastasia—. ¿Sabes, Vanya? Honeymaren sí que no va a venir esta noche, pero el resto de tus compañeros y sus perras sí.

¿Por qué lo dices? —siguió la mirada de su mejor amiga y su pregunta fue rápidamente respondida.

Reconoció a casi todos sus colegas en el grupo que entraba por la puerta─ la cabellera pelirroja de Lars fue inconfundible─, pero su mandíbula se tensó inconscientemente al ver a Elsa entre ellos colgada del brazo de Ryder, enfundada en un corto vestido dorado con largas botas a juego y un abrigo de piel sobre sus hombros.

Ese ambiente se ve prometedor— expuso Anya—, vamos con ellos.

Se levantó de la mesa rápidamente cogiendo a Dimitri de la mano─ quien a su vez tomó la botella casi vacía de ron─, y tiró de él en dirección de la mesa de los recién llegados. Hans resopló con fastidio y se obligó a seguirlos.

¡La duquesa! —anunció Vladimir*, ¿Qué necesita su majestad esta noche?

No pude evitar notar que este grupo de finísimas personas grita diversión, así que quisimos unirnos— respondió Anya, haciéndoles un lugar a ella y a Dimitri junto a Vladimir—, no te molesta ¿verdad, Vlad?

En lo absoluto— el aludido sonrió y miró a Hans—, ¿y tú novia?

Pregúntaselo a su hermano— Hans se dejó caer pesadamente al lado de Lars.

Qué bueno que llegaste— le dijo su hermano—, estaba diciéndoles a los chicos que iremos a Noruega en diciembre.

¿Enserio? —Hans frunció el ceño.

Claro, no me digas que la abuela no te lo había dicho.

Es evidente que no.

Carajo— soltó Lars—, tu finge que estás sorprendido cuando te lo diga.

Pues no tengo de otra.

¿Oí mal o ustedes dos irán a noruega el mes que viene? —preguntó Ryder—, porque sería una casualidad ya que Honeymaren y yo también iremos.

Hans maldijo en alemán, por un segundo se había sentido libre al enterarse de su viaje a Noruega, pero de repente salía Ryder con la estupenda noticia que él y su hermana estarían ahí en las mismas fechas.

—¿A qué se suponen que van? —cuestionó Hans—, porque esta vez no hay ninguna boda a la que colarse.

Todos en la mesa comenzaron a reírse.

—No necesito tener un evento al que asistir para viajar— replicó Ryder—, si quiero ir a Noruega, voy y ya está.

Elsa le dirigió una mirada fastidiada y se bebió su trago, Anastasia envió a uno de los chicos para sobornar al dj y cuando la buena música comenzó a sonar, su mejor amiga no dudó en levantarse para bailar, llevándose con ella a algunos de los que estaban sentados ahí, Elsa y Ryder entre ellos.

Conforme pasaban las horas y Hans veía a la blonda beberse los cocteles como si de agua se tratara, decidió que no seguiría su ejemplo. La ultima vez que vio a Elsa beber de esa manera, los dos terminaron enrollándose en el Sleep Well*, un motel a las afueras de Oslo, iniciando aquella torrencial aventura entre ellos que parecía haber terminado.

"O no, todavía no".

El alcohol hacía que Elsa bailaba sin parar, moviéndose al compás de la música, a pesar de ser electrónica, y haciendo gala de la elegancia de sus pasos que solo la experiencia como bailarina de ballet le había otorgado.

Anastasia y Dimitri regresaron a la mesa.

Necesito unos minutos— jadeó, cansada—. Los dos los necesitamos.

Te estás haciendo vieja— se burló Vladimir.

El único viejo aquí eres tú, Vlad— replicó Anya—, no te has movido de esta mesa en toda la noche.

Es que desde aquí la vista es bastante buena— respondió, enfocándose en algún punto de la pista, Hans siguió la dirección de su mirada y tensó la mandíbula al toparse con Elsa—. Mi abuela siempre me dijo que tengo que casarme con una chica turca, pero esta noche me eh dado cuenta que las noruegas, y sobre todo blancas, son mi verdadero tipo.

No seas asqueroso— Anya le dio un manotazo—, es mucho menor que tú.

Cuatro años no son nada— dijo, soltando una carcajada borracha en tanto se enderezaba en su asiento y fruncía el ceño, como si tratara de mirar mejor a la blonda—, jamás eh visto unos pechos tan redondos, porque son reales ¿no? digo, ¿son reales o solo es el sostén…?

Son reales y son así de redondos— aclaró Hans, fastidiado y un poco ebrio. Como Vladimir siguiera de boca floja, ya se encargaría él personalmente de cerrársela.

¿Cómo lo sabes, Vanya? —cuestionó, interesado—… no, no me lo digas. Ya iré yo a comprobarlo.

Se puso de pie, tambaleándose un poco y riéndose como tonto, no alcanzó a rodear la mesa cuando Hans ya lo había alcanzado.

¿Dónde crees que vas?

Vamos, viejo, hazte a un lado.

Pregunté a donde crees que vas.

Solo quiero hablar con ella— respondió Vladimir, todavía riendo.

Eso no es lo único que quieres y lo sabes, Vlad— recriminó Anya, rodando los ojos.

Bien, me atraparon— aceptó—, pero si ella dice que no, la dejaré en paz. No soy un violador o algo por el estilo, solo se lo voy a preguntar…

—Tu no le vas a preguntar nada a nadie, ni te le vas a acercar ¿me oyes? —Hans se cernió sobre el ruso mayor, amenazante.

Diablos, Vanya ¿qué te pasa?

Me pasa que no te quiero cerca de ella, así que regresa tu culo turco a donde estaba sentado y aparta tus malditos ojos de Elsa.

Por unos momentos, nadie de los cuatro que había en la mesa dijeron nada.

Ya entendí, tú la viste primero— Vladimir le palmeó la espalda amistosamente, pero un tono serio adornaba sus palabras arrastradas—, pero tienes novia y ella tiene un hermano que puede partirte la cara; así que sienta tu culo blanco y déjame en paz. Si ella cede o se niega a venir conmigo, no es asunto tuyo; vamos a ver qué dice Nattur sobre esto…

Elsa también tiene un hermano que puede partirte la cara a ti, Vlad— intervino Anya, acercándose a ellos para ponerse en medio. Hasta ese momento le quedó claro al bermejo cuan cerca estaba del turco—; se llama Roland y es el mejor amigo de Hans. Por eso… Dimitri, ayúdame… por eso quiere que te alejes de ella

Vladimir se mostró inflexible.

Es cierto— Dimitri se apresuró a socorrer a Anya, tomando a Vladimir por el hombro suavemente—, él vendrá a Moscú en estos días y tal vez se harán amigos— sin darse cuenta, el mayor de los cuatro de dejó guiar por Dimitri hasta la barra. Dejaría el recuerdo de esa pelea dentro de otro par de cocteles.

¿Estás loco o qué pasa? ¡no puedes pelearte aquí! —gruñó Anya.

Claro que puedo, de no ser porque tú y Dimitri se metieron ya estaría poniendo a ese imbécil en su lugar.

Entiendo que estés celoso, pero sabes que en el TIMELESS no se toleran las peleas; llamarían a la policía y te arrestarían.

—Por lo menos así ese idiota estaría muy lejos de Elsa, me da igual que me arresten— replicó.

Bueno, es un avance que no niegues que estás celoso— Hans quiso decirle que eso no era cierto—. No te preocupes, conmigo no tienes que fingir nada; además— añadió—, no eres el único que se mosquea con la visión de Elsa bailando con otros hombres.

¿A qué te refieres? —cuestionó.

Mira al palco principal— Hans obedeció a su mejor amiga y se topó con Krei mirando a Elsa vaciarle una botella de champagne a Lars directo en la boca.

La mandíbula tensada y la expresión de frialdad en el rostro del hombre rubio le dejó claro que aquella situación no le hacía ni una sola pizca de gracia. Y a él mucho menos.

Llévatela de aquí— Anya arqueó una ceja al escucharlo—, por favor.

¿Ves? no es tan difícil ser amable— farfulló y se alejó en dirección de Elsa.

Levantó su propio vaso de ron y se lo terminó de un trago, casi se atragantó al no ver a ni a Anya ni a Elsa en la pista. ¿Dónde se habrían metido?

"Piensa, Hans" se ordenó y segundos después se encontró a sí mismo dirigiéndose al baño de chicas. Tocó la puerta con fuerza y un par de jóvenes lo miraron con asco y desdén al salir. Anastasia salió un par de minutos después.

¿Está…?

Sí, dijo que quería orinar y la acompañé; no quise dejarla sola porque te pondrías como un loco— la pelirroja rodó los ojos—. Carajo, está muy borracha; no me creo que aún no haya vomitado.

Copito tiene cara de estúpida, pero su aguante para la bebida es bueno— frunció el ceño—. Voy a entrar.

No sé— Anya dudó, tomándolo del brazo—, ¿y si alguien te ve?

No es la primera vez que entro al baño de mujeres, además, tú vas quedarte aquí y no dejarás pasar a nadie.

Pues ya qué— cedió la pelirroja—, solo no profanen ese baño, soy muy perezosa y no quiero tener que subir al segundo piso para orinar.

Hans la ignoró y entró al baño; lo primero que vio fue a Elsa parada frente a espejo, mirando fijamente su reflejo.

—¿Copito? —la llamó, quería acercarse a ella, pero no estaba segura de cómo reaccionaría. Le quedaba claro que no toleraba tenerlo cerca.

Elsa dejó de mirarse en el espejo para enfocarse en él, una sonrisa nació en su boca rosada.

—Es el baño de chicas, Hans— dijo, arrastrando las palabras—. No deberías estar aquí.

—Solo quería estar seguro que…

—Ya sé de qué— lo interrumpió, acercándose a él.

—¿Els…?

—Estoy borracha, pero no soy tonta— la blonda lo tomó de las presillas del pantalón y se pegó a él. Hans tragó seco.

—Pensé que no me querías cerca.

—Y así es, aunque ahora mismo es todo lo contrario— Elsa se colgó de su cuello, acercándose a su oído para chuparlo suavemente.

—Copito…

La rubia quiso alejarse de él, pero Hans encerró su cintura posesivamente para mantenerla en su lugar. Elsa sonrió ladinamente.

—Eh sido un idiota.

—Así es.

—Ahora mismo estaría llevándote lejos para…

—Ya sé para qué— Elsa se tocó el labio inferior con la lengua—, pero eso ya no se puede.

Hans enfocó sus orbes esmeraldas en la boca de la blonda.

—Ha pasado mucho tiempo y no me pienso seguir quedando con las ganas— Elsa no se resistió cuando Hans pegó su boca con la suya, las manos de la muchacha volaron hasta su cabello de fuego mientras una de las suyas apretaba un glúteo y otra la sostenía cerca de él.

Elsa gimió contra su boca, devolviéndole el beso con pasión. El aire comenzó a ausentarse y Hans se obligó a separarse de ella para que pudieran recuperar el aliento.

—Extraño estar contigo— confesó, atrapando el labio inferior de la muchacha con los dientes.

—¿De verdad?

—En este momento estás ebria y probablemente mañana no te vas a acordar de nada, así que no tengo razones para mentirte.

Elsa se carcajeó y volvió a besarlo, restregándose contra él y gimiendo al sentirlo crecer.

—No juegues conmigo, por favor— pidió el bermejo entre besos.

—Como gustes— musitó Elsa y se alejó de golpe, se habría caído de no ser porque Hans la tomó del brazo y no la soltó hasta que estuvo seguro que estaba estable.

Elsa soltó una risa borracha y salió del baño, para cuando él salió también, no había rastro de ella, de Anya y tampoco de Dimitri. Su teléfono vibró en su bolsillo.

"[Anya]: Elsa va a quedarse en mi casa".

Le agradeció por eso y suspiró.

Por lo menos había comprobado que la blonda seguía reaccionando a sus caricias.


ACLARACIONES:

Lexotiroxina sódica: reemplaza la tiroxina.

Citalopram hidrobromuro: es un antidepresivo.

Vladimirovich: Patronímico de Dimitri, en la historia su padre es Vladimir, el de la película.

Vladimir: ¿Lo recuerdan? Apareció por primera vez en el capítulo 7.

Sleep Well: nombre del motel que aparece en Toy Story of Terror.

Lamento haber tardado tanto, pero aquí está. Espero que lo disfruten, comenten y den Fav & Follow. Los quiero.

PS: Del tal Marcos no volvimos a saber ¿verdad?, así me gusta.

Cualquier error lo corrijo después, las conversaciones en Italic ya saben para qué son.

Nos vemos en Viento Invernal y Lluvia de Montaña.


Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.