La historia que dejamos pasar
Capítulo 27
—¡Yuuko! ¿Qué haces fuera de la cama!
Naoki vio Sudou ponerse en pie, en tanto Kotoko hacía una mueca. Probablemente la acción del moreno contradecía la charla anterior entre ambos, de la que sentía curiosidad, solo por involucrarla, como todo el asunto de sus antiguos compañeros de club.
—Trato de garantizar que no arruines tu carrera. Yo no seré la única que pague el carruaje tirado por caballos —comentó Matsumoto sin mirar al otro a la cara. La entendía, era difícil hablar sobre tus sentimientos, pese a esforzarte de sobremanera.
No alcanzó a ver, pero Sudou debió coger las manos de Matsumoto, conmovido por esa ridiculez mencionada.
—¿Te casarás conmigo y recorreremos el camino en una carroza de caballos?
Naoki sonrió al notar que Kotoko se cubrió la boca con sus manos.
—No me casaré con un hombre que eche a perder las cosas fácilmente.
—Sí, un hombre como ese no es de confianza. Yo soy diferente. ¡Yo me convertiré en el mejor vendedor de coches y seré Gerente de Ventas! ¡Ya lo verás! —afirmó Sudou a gritos. —Ah, pero antes… —Él se inclinó y cogió en brazos a Matsumoto, que jadeó del movimiento abrupto. —Me aseguraré que estés descansando en tu cama de hospital.
A continuación, su antiguo entrenador comenzó a caminar hacia el edificio, cargando a la renuente, pero silenciosa, mujer en sus brazos.
—¡Aihara! ¡Irie! ¡Ustedes estarán al pendiente de mi futura esposa! —exclamó desde lejos el pelinegro, ganándose una palmada en la cabeza de Matsumoto.
—¡Sí! —gritó Kotoko a su espalda.
Regresó su mirada hacia ella.
—Él no es el único orgulloso de ti —declaró con seriedad, retomando las palabras de Sudou que alcanzó a oír.
Se giró para regresar al edificio.
—¿Eh?
Escuchó los pasos de Kotoko acercándose a él.
—Me hace feliz que consiguieras convertirte en el médico que deseabas —dijo amistosamente, caminando a la par que él.
La frase de ella lo inundó de calor y alegría, así que sonrió. De reojo, se percató de que Kotoko lo vio, pero no hizo comentario alguno y continuó a su lado sin adelantarse.
Fue suficiente para él.
Por ahora. Creía ir en la dirección correcta, mostrando más emoción al estar con ella, tratándose de acercarse para conseguir una oportunidad en el futuro.
Usaría lo que estuviera en sus posibilidades, y afortunadamente trabajar en el mismo sitio le ofrecía momentos que aprovechar —contrario a lo que parecía, no volvió a Cirugía siguiéndola, sino porque, al reflexionar, cayó en la cuenta de que estuvo huyendo y que se desvió de su objetivo original de la especialidad que tomaría.
Otra vez miró a Kotoko subrepticiamente, preguntándose si algún día caminarían del mismo modo, como pareja.
{…}
Por algún motivo u otro —en su mayoría cierta pelirroja y su trabajo—, Naoki no había tenido todos los acercamientos que quería con su hermano. No lo eludía adrede, solo se presentaron algunos obstáculos desde el día del accidente de Kotoko.
Sin embargo, esa noche de mayo se detuvo frente a la puerta de Yuuki y llamó con sus nudillos.
—¿Sí? Adelante —respondió su hermano en el interior, con ese tono amigable y desenfadado que fue adquiriendo con el paso de los años; una de las muchas cosas favorables que sucedieron por su estupidez. Yuuki había madurado de manera grandiosa, nada parecida a la copia de él que sería de pasar mucho tiempo juntos.
Resoplando por la nariz, abrió.
Yuuki espió sobre su hombro, apartando su atención del libro en su escritorio. —Oh, Naoki —dijo sin ninguna clase de emoción.
Estaba preparado para eso, se recordó alejando la añoranza de los tiempos en que sus orbes marrones se iluminaban al verlo.
—¿Tienes tiempo?
Su hermano se giró de forma leve. —¿De qué cantidad? Debo de terminar unas cosas para tener una videollamada con Konomi.
—Quisiera conversar contigo… seriamente.
—Ah, vaya. —Yuuki arrugó la boca, indeciso. —De acuerdo, dame unos minutos y acabo con esto, puedes sentarte y esperar, si quieres. —Apenas terminó, siguió leyendo.
Naoki presionó los labios para no suspirar e ingresó a la habitación, cerrando la puerta detrás de él. Sería tonto de su parte quejarse por un trato frío que era experto en dar; debía aprender a ponerse en los zapatos del otro, aunque no fuese precisamente de la manera en que se esperaba aplicar la idea.
—¿Puedo ayudarte? —Probó esa rara pregunta nunca hecha a Yuuki en lo académico.
¿O a nadie en particular?
Su hermano dio un respingo. Tal vez ni esperaba que siguiera ahí; con diversión rememoró la acusación de Kotoko sobre ser un fantasma.
—Estoy bien, de todas formas, no es tu área. No, ya, estudiaste varios años de la carrera, debes recordar.
—La tecnología cambia en muy poco tiempo.
—Sí, bueno, no las matemáticas.
¿Se equivocaría si afirmaba que Yuuki estaba disfrutando eso?
Hizo una mueca al reparar lo egocéntrico de preocuparse de tal cosa. Eran unos meros minutos de "tortura" que, unidos a los meses anteriores, no rivalizaban con seis años de "desapego".
Reprendiéndose por no llevar su teléfono o retirarse, Naoki se sentó al borde de la cama, orillado a aguardar sin una ocupación. Dada su memoria eidética, ni siquiera podía entretenerse "tratando de recordar algo"; solo en casos extremos se repetía cosas, para distraerse de un suceso en el que no quería pensar.
Decidió suponer alternativas de la respuesta de Yuuki, siguiendo su rudimentario conocimiento de la conducta humana en términos de sentimientos y emociones, y en lo poco que sabía de la personalidad de su hermano, básicamente guiado por lo opuesto a él.
Todos los escenarios finalizaban terriblemente si Naoki era cerrado, así que, de nuevo, se le hizo evidente que debía actuar sin mantener el férreo hermetismo que le caracterizaba, aunque fuera un suplicio el esfuerzo. Como con Kotoko, valdría la pena; había perdido cosas más importantes que su orgullo por su represión de emociones.
Para cuando Yuuki suspiró estirándose, el tiempo le había sabido a eternidad, y por el reloj junto a la cama no fueron más que treinta y dos minutos. Era la consecuencia de que su mente trabajara más rápido que el promedio.
Su hermano guardó sus pertenencias y movió la silla giratoria para poder mirarlo de frente. Sus ojos se enfocaron en él sin pesadez, pero sus brazos se entrecruzaron sobre su pecho.
A los pocos segundos, Yuuki suspiró y cambió su postura, apoyando los codos en los brazos de la silla, como si le molestara la otra posición.
Preparándose para ser el sucesor de su padre, su hermano hacía un buen trabajo cuidando su lenguaje corporal.
—Tienes mi atención.
Naoki asintió, solo que de pronto sus hombros le pesaban y su cabeza aumentaba su temperatura. Sin duda, al desdeñar el intento de Kotoko por pedirle disculpas fue un acto terrible, porque ella debió sentirse así, tras reunir coraje; asimismo, Yuuki tuvo que experimentar sensaciones similares al tratar de mantener su relación todos esos años.
—Me falta la confianza acostumbrada para hablar contigo —admitió azorado, sintiendo una ansiedad inexistente en su primera operación (o eso creía).
Yuuki expandió los ojos y parpadeó atónito unas cuantas veces.
—Desde que Kotoko me… dejó, mi comportamiento hacia ti es reprochable. He sido un mal hermano. Permití que mi orgullo y mi… mi dolor… me cegaran. —Tomó aire. —Bajo la influencia de ambos me esforcé en encerrarme en mí mismo para afrontar lo que había pasado… y te alejé, porque temía que sacaras el tema de Kotoko, eres quien más me conocía y sabía cosas que otros no. Tú podías recordarme lo que inútilmente intentaba de ignorar con todas mis fuerzas.
Se pasó una mano por el rostro.
—Me convencí que aceptarías mi forma de ser y no me detuve a analizar lo que tú sentías, mi pésimo comportamiento o las consecuencias para ti. Mis deseos de borrar la existencia de Kotoko eran más grandes que todo lo demás. Me concentré en huir de ese… sufrimiento.
La sinceridad era asombrosa. Escocía y luego surtía un efecto calmante sin comparación, máxime si era con las personas que realmente eran importantes para ti.
—No pensé que tú la querías —susurró su hermano suavemente, aprovechando la pausa larga que permitió mientras pensaba lo anterior. —Lo lamento, hasta recientemente había creído que no estabas enamorado de ella y no consideré que sufrías. Asumí mal los hechos, sin considerar tu personalidad, y te juzgué duramente. Pude ayudarte.
Envidió la facilidad de Yuuki para pedir disculpas.
—Me lo merecía —repuso con sorna. —Kotoko tuvo razón al decirme que no la busqué, después de los años que ella demostró amarme. Y… te privé de tu hermano mayor. Me perdí años de tu vida. —Se humedeció los labios—. Estoy arrepentido… y te pido perdón, Yuuki —murmuró ronco.
Los ojos de Yuuki brillaron mientras tragaba saliva.
—Gracias. Yo… disculpa, pero necesitaba escucharte decir eso. He estado enojado contigo por años. Me he sentido herido. No te odio, Naoki, onii-chan, nunca lo he hecho… solo quería… esto. Una conversación. No quiero cambiarte, eres libre de comportarte como quieras, mientras no dañes a otros, claro; pero no dejes de ser mi hermano.
—Ya no lo haré —aseguró sintiendo que tenía un peso menos encima.
—Te perdono. Que estés aquí, hablando así, me demuestra que puedo dártelo.
Rió entre dientes, aunque estaba agradecido.
—Habría entendido y entiendo si no quieres hablar de Kotoko —añadió Yuuki. —De haberlo sabido no me hubiese burlado la otra noche.
—Tenía que escucharlo. —O seguiría sin saber de sus celos. —Tampoco es necesario que la omitas.
—Si tú lo dices. —Yuuki se encogió de hombros.
—Está bien, he sido bastante obtuso al respecto.
—No esperes que lo niegue, tienes una manera muy interesante de actuar cuando involucra a la mujer que te interesa. Diez años y contando en lo que a mí me tomó el tercio de uno —repuso Yuuki negando enfáticamente con la cabeza.
Naoki sintió sofoco porque su hermano menor se desenvolviera mejor y tuviese buen entendimiento de algo fuera del alcance del "genio".
—Sea cual sea tu próximo movimiento, no actúes cruel con Kotoko. Al menos, trata de no hacerlo voluntariamente.
Yuuki lo conocía bien.
—Si lo reflexiono un poco, creo que eres brusco porque te sientes incómodo expresando tus sentimientos, pero si es alguien a la que le importas no saldrá nada malo de que lo hagas. Y ya has vivido lo peor que puede pasar… que es perder a quien quieres.
Se quedó estupefacto al escuchar a su hermano, descubriendo la clase de persona en la que se había convertido todos esos años. Lo bien que había madurado y crecido mientras él se alejaba más y más, sin permitirse conocerlo.
—Gracias.
Viendo la hora, se puso en pie.
—Te dejaré para que puedas hablar con tu novia.
—Sí, gracias, aprovecharé para ducharme.
Yuuki se paró a buscar sus cosas y Naoki fue hacia la puerta. Cuando salió, se detuvo al toparse con su madre, apoyada en la pared con una mano cubriendo su boca.
—Aguardaba este… entre los dos. Estoy tan feliz.
Llorando, ella lo abrazó. Él suspiró y permitió que se desahogara en esa posición, sin hacer amago de regresar su gesto; era suficiente para su madre.
—Sí, te toca —le dijo Yuuki a su espalda y al poco de eso escuchó una puerta lejana cerrándose.
Su madre sollozó trémula sobre su pecho. No supo qué más hacer, de modo que permaneció quieto dejándola desahogarse.
Ella siguió llorando hasta que se apartó y mostró una sonrisa larga.
—Ahora te queda Kotoko. Si quieres mi consejo, no olvido que su cita ideal es en un bonito restaurante, donde reciba unas flores y pueda conversar por horas. Eso tienes que hacer. Es increíble que no la invitaras antes y sí a esa Sahoko.
Él puso los ojos en blanco que no disminuyó el ramalazo de culpa.
—Más te vale hacerme caso; de hecho, hay un hotel con un restaurante muy…
—Mamá —interrumpió tratando de no ser rudo.
—Es cierto, yo no te voy a hacer el trabajo.
Ella alzó la barbilla y se alejó dignamente.
{…}
Después de su plática con Yuuki, los días de Naoki se sintieron más agradables que en mucho tiempo, no solo por empezar a arreglar su relación con su hermano, sino porque también estaba en mejores términos con Kotoko, casi como antes de la crisis de Pandai y su "compromiso" con Sahoko.
A principios de año, seis meses atrás, nunca hubiese pasado por su cabeza algo así. De hecho, lo único que preveía era la aprobación de su tesis.
Sin darse cuenta, los músculos de su cara le hicieron elevar la comisura de su boca, y, cuando reconoció este hecho para borrarlo, ya había sido objeto de una mirada impresionada de una colega.
No llegó la irritación de otrora, porque ya estaba despreocupado de la opinión que se hicieran de él en el hospital, como hacía tiempo. Reconocía y sabía de cosas más importantes para su mente que preocuparse porque le miraran distinto; al final la visión de él no influía en su desempeño, lo que bastaba.
Aunque debía admitir ahora sí tenían mucho arsenal. Desde que sacó a Kotoko de la cafetería, hasta la disminución de su frialdad de los últimos tiempos.
Y el tema más popular giraba en torno a si él era pareja de la misma mujer que alcanzó a ver al pasar por la sala de descanso de las enfermeras, concentrada en un cuaderno; o si ella lo era de su asesor.
…quien en verdad la acosaba, como le pareció al notar que se dirigía a su ubicación.
Aprovechando que una enfermera interrumpió a dicho médico, Naoki decidió que podía ayudar a Kotoko a quitárselo de encima, así que dio media vuelta y fue a donde se encontraba ella.
No perdió el tiempo y se sentó junto a ella en el mueble, sorprendiéndola.
—Nishigaki ya viene —le informó en voz baja. —Confía en mí.
—¿Eh? ¿Qué?
Las demás palabras de Kotoko fueron tragadas por sus labios y la vio abrir los ojos con pasmo.
Sin embargo, el estremecimiento que los recorrió por igual la animó a bajar los párpados, como él, y entregarse al siguiente beso que le dio.
Así fue que olvidó sus intenciones de ayudarla y solo pudo concentrarse en la sensación de compartir otro beso con ella. Era una vorágine de sentimientos que lo catapultaron a un sitio de dicha donde su amor lo cegó del mundo a su alrededor.
Finalmente podía disfrutar de su boca, su sabor, su calor, su energía. De esa fuente de agua después de un interminable desierto.
Le rodeó la cintura y se aferró a todo lo que le daba, regresando a la casa que había extrañado, de la que nunca debió irse y donde únicamente se sentía en su hogar.
Pero este le dejó solo.
Abrió los ojos y parpadeó, sintiendo una punzada por el rechazo. La atracción por él estaba ahí, mas no sus sentimientos.
Nada nuevo para él, razonó rápidamente.
Kotoko se deslizó hacia atrás y llevó una mano a sus labios enrojecidos.
—¿Tú? No —balbució ella con expresión confundida. —¿Qué?
—¿Interrumpo? —preguntó una seria voz masculina.
Giró la cabeza hacia Nishigaki, parado en la puerta, y enarcó una ceja.
—Bueno, yo venía a hablar del tratamiento de un paciente con Kotoko-san. —Él alzó la tabla en su mano.
Naoki apretó los labios, sabiendo lo primordial.
—No obstante, creo que es mejor que hablen antes, hay un poco de tensión aquí. Estaré esperando afuera.
Nishigaki salió y cerró tras de él, brindándoles una privacidad que no le creía. Aunque, pensándolo mejor, su actitud le dio un mal presentimiento.
—¿Por qué me…? —Kotoko se puso una mano en la cabeza. —Antes de besarme mencionaste que Nishigaki-sensei venía y que confiara en ti. No te entiendo.
Comenzó a inquietarse, dejando volar su imaginación.
Suspiró. —Creí que vernos le daría otra razón para entender tu rechazo.
—¿Entender mi…? ¿Cuándo he rechazado a Nishigaki-sensei? ¿Por qué lo haría? ¿Para qué necesitaría otra razón?
Su pecho se tensó con dolor. ¿Le interesaba su asesor?
—Pensé ayudarte porque te estaba inquietando su insistencia antes de que se volviera muy grave —explicó de todas maneras.
—No te estoy entendiendo, no me hables con acertijos que solo tú puedes comprender. ¿A qué te refieres? Sé claro. —Kotoko comenzó a sonar enfadada.
Y él empezó a cuestionarse por qué escuchó a su madre, hallando el origen del problema.
Pretendió defenderse, aun si no tenía caso. —Supe que Nishigaki no paraba de insistir para que salieras con él, a pesar de que ya lo habías rechazado. Y hace unas semanas te comenté que confiaras en mí si te inquietaba y tú dijiste que estabas bien mientras no fuese muy grave. —Ahora sospechó hablaba de Matsumoto. —Sé que es probable que no te escuchen ni hagan nada si te quejas, y una forma de detener a hombre que te acosa es mostrar que hay otro contigo.
Kotoko lo miró boquiabierta.
—Creí la información de que te perseguía porque siempre estaba a tu lado.
Ella salió de su estupefacción y se puso en pie con las manos empuñadas.
—Agradezco tu preocupación y que quisieras ayudarme —siseó Kotoko, con rostro evidentemente molesto—…aunque no te he pedido nada. Para que te quede claro en el futuro, Nishigaki-sensei no está detrás de mí, yo solo le aconsejo en su conquista a alguien más y somos amigos. ¡Amigos! ¿Sabes qué es eso? —Ella rechinó sus dientes. —¡Y no tenías que besarme! ¡Un beso es especial!
Kotoko cogió sus pertenencias, gruñó amenazante y caminó hacia la puerta. Él se puso en pie para detenerla, pero ella lo oyó y esquivó su mano extendida.
—No, déjame sola.
—Espera…
—¡Eres tan malvado como en la noche de graduación! ¡Ya deja de ser un insensible! —farfulló con los ojos echando chispas.
Esa vez no impidió que se alejara y escuchó la fastidiosa voz de Nishigaki afuera, preguntando si todo estaba bien.
Ella no contestó.
Naoki se frotó la cara con ambas manos y maldijo para sí mismo.
Acababa de cometer un error gigantesco.
NA: ¿Sorpresa?
Ya me sentía como creadora de shojo o dorama coreano, aplazando el beso hasta después de mil capítulos Obviamente, no esperaban que fuese así ja,ja,ja. Se quiso pasar de machito y le corté las alas. Un paso adelante con Yuuki y dos atrás con Kotoko ;).
Besos, Karo.
