Capítulo 11: Los días previos a la navidad

Ese día Hanabi se había dirigido al mercado. Faltaba poco para navidad y sabía que debía comprar los regalos. Si bien era cierto que en el clan Hyuuga no solía celebrarse la navidad por ser considerado algo infantil y carente de utilidad, también lo era que Hanabi adoraba esa época. Hinata y ella solían esconderse para intercambiar regalos y con el paso del tiempo fueron incorporando a más personas. Neji fue el primero.

Pensar en Neji y en Hinata la hizo sentirse nostálgica. Pronto sería navidad y, una vez más, no tendría a sus mejores amigos para celebrar. "¿Qué misión puede necesitar de tanto tiempo?", pensó Hanabi con amargura. Su hermana le había escrito, aunque no con la frecuencia que le hubiera gustado y sus cartas no tenían siquiera un indicio de lo que podría estar haciendo.

Una parte de ella le decía que no debería preparar nada para Hinata, pero otra parte, la que tenía más fuerza, le decía que debía creer en su hermana, que ella era una kunoichi y le debía total obediencia a Konoha y al clan Hyuuga por.

Tan distraída estaba en sus pensamientos que no notó a un ninja que corría sin dirección hasta que fue demasiado tarde. Ambos terminaron en el suelo, cubiertos de nieve y con las compras de Hanabi esparcidas alrededor.

Hanabi se demoró pocos segundos en reconocer a Naruto y estaba por regañarlo cuando notó que su amigo estaba llorando. Su enojo fue sustituido por la preocupación. Era la primera vez que lo veía en ese estado y dudaba que fuera por algo sin importancia.

—¿Pasa algo? —le preguntó —. No tienes que decirme si no quieres...

—Santa Claus no existe (*) —respondió Naruto entre lágrimas.

Hanabi estaba segura de que había escuchado mal. Le parecía absurdo que alguien creyera en la existencia de ese personaje, aún más a la edad de Naruto. En el clan Hyuuga consideraban que creer en Santa Claus era algo infantil y por lo tanto una debilidad que debía ser erradicada. Sin embargo no dijo nada de ello, Naruto se veía tan dolido.

—Te invitó a comer ramen en Ichiraku —comentó Hanabi mientras recogía sus compras —, pero deberas ayudarme a terminar la lista.

Aquellas palabras bastaron para hacer que Naruto limpiara sus lágrimas. El joven Uzumaki se mostró sonriente ante la mención de su comida favorita y el lugar que más se acercaba a un hogar.

Hinata no dejaba de reprocharse mentalmente por su error. Había sido especialmente cuidadosa desde el principio, asegurándose en todo momento de estar sola y no deshaciendo más de lo que pudiera parecer sospechoso. Sin embargo Toneri la había descubierto con las manos sobre el tejido y nada de lo que dijera serviría para negar lo que era evidente.

—Lo siento —Hinata se mostró apenada, su rostro mostraba la tristeza que le provocaba fallar en su misión —, quería que tu regalo fuera perfecto y...

Toneri le creyó. La sospecha desapareció de su rostro y dio paso a la culpa.

—Es un regalo tuyo, eso es suficiente para mí.

—Pero quiero que sea especial —insistió Hinata.

También necesitaba tiempo, pero era algo que no podía decir, incluso si Toneri se mostraba menos molesto cuando mencionaba la Tierra y la voluntad de Hamura.

—Podemos ir a Sunagakure por más lana —sugirió Toneri, era la primera vez que le hacía ese tipo de propuesta.

Hinata quería creer que el príncipe de la luna estaba cambiando y que el tiempo a su lado lo había hecho apreciar la Tierra, pero tampoco quería hacerse ilusiones y, peor aún, cometer una imprudencia que pusiera en peligro su misión.

—¿Te pasa algo? —le preguntó Toneri preocupado.

—Es solo sueño.

Hinata regresó a su dormitorio, pero no a dormir. Kakashi le había enviado un dispositivo para que se comunicará con él y creía que era el momento de usarlo. Sospechaba que tenía información que podría interesarle a la Alianza Shinobi.

Notas autora:

(*) Referencia al one shot navideño de Naruto.

Gracias por leer.