Después de un largo tiempo, al fin traigo capítulo nuevo.
Ojalá disfruten la lectura.
ÁNGEL INFERNAL
CAPÍTULO 13
Natsuki sentía que la cabeza iba a estallarle.
"El Infierno comenzó con un ángel."
Las palabras de Nagi, tal y como buscaban, habían conseguido impactarla con una fuerza abrumadora; quizá porque, pese a que desde su creación conocía la historia de Lucifer, no fue hasta ese preciso instante que, con gran desasosiego, sintió una chispa de empatía por él.
"El Infierno comenzó con un ángel."
Y sabía, maldición, sabía que se debía a que ella también había caído del Cielo.
"El Infierno comenzó con un ángel."
¿Cómo rayos iba a sacarse de la cabeza al primer ángel caído? ¿Cómo? Cuando ella era uno.
"El Infierno comenzó con un ángel."
Lucifer…
Todos sabían que él había caído, pero…
¿Sabían por qué?
¿Ella misma sabía la verdad tras la traición más grande de la historia?
¡Maldición!
¿Quién había traicionado a quién?
¿Lucifer a Dios o Dios a Lucifer?
¡No!
¡Mil veces no, maldición!
Eso del libre albedrío podía ser un verdadero dolor de cabeza.
Le habían enseñado a creer en su señor por sobre todas las cosas y…
Que más daba, si su creador, le gustara o no, estaba muerto.
No importaba quién le hubiera dado la espalda a quién; no cuando esa historia ya había culminado, condenando a todos de paso.
Iracunda, agitó la cabeza de lado a lado.
Detestaba, en verdad aborrecía que su mente albergara tal caos; en antaño jamás había dudado de nada, pero en antaño pertenecía al Cielo, y en ese momento estaba varada en la Tierra, un lugar igual o más caótico que su cabeza.
Desde lo más profundo de su ser, quería volar y despejar su mente de todo aquello que amenazaba con enloquecerla.
De nuevo, iba a tener que conformarse con correr.
En plena madrugada, salió del departamento con Dhuran pisándole los talones, no se molestó en ponerse una sudadera pese a que afuera la temperatura rondaba los 0 °C, en ese momento no tenía la más mínima intención ni interés por aparentar ser humana.
El gélido viento de la madrugada dio contra su cara; esa sensación la hizo añorar todavía más las ráfagas que rozaban sus alas al volar.
Agitó la cabeza.
Faltaba poco.
Shizuru estaba a nada de cumplir su promesa.
Dio un suspiro de frustración y echó a correr.
En los primeros segundos de carrera cogió un ritmo que los humanos solo podrían presenciar en las olimpiadas; Dhuran igualó su paso, manteniéndose a su costado izquierdo.
"El Infierno comenzó con un ángel."
La frase hacía eco en su cabeza.
"El Infierno comenzó con un ángel."
Impidiéndole pensar en todo lo demás.
Por lo que no se percató del portal demoniaco a medio kilómetro de ella, no hasta que lo tuvo frente a sí y…
Se manifestó quien lo había abierto.
Del suelo, surgieron dos figuras, la primera, un Lobo del Averno, un poco más pequeño que Dhuran, de pelaje blanco y ojos dorados; al verle aparecer, Natsuki quiso frenar, no obstante, con la velocidad a la que iba, pese a que sus pies desquebrajaron el concreto al intentar detenerse, no pudo evitar chocar con la segunda figura que apareció.
Impactó de lleno.
Fue como golpear acero contra acero; con tal golpe, un poderoso estruendo sacudió la madrugada.
Tras impactar, Natsuki se impulsó hacia atrás para tomar distancia, de inmediato, manifestó su espada.
Tenía toda la intención de cortar en dos al demonio, la ira enardecía su sed de sangre, pero aun influenciada por ese deseo, se percató de algo bastante extraño, la demonio a diferencia de ella parecía… aturdida, descolocada por la fuerza de su choque.
La demonio dio un paso y cayó al suelo, inconsciente, sin llegar a ver a Natsuki.
Natsuki, con su expresión de hielo, estaba consternada por dentro.
¿Qué clase de ser infernal no soportaba el impacto de un cuerpo celestial?
Dio un paso adelante, y entonces, el lobo blanco saltó ante ella, colocándose cual barrera entre ambas, la vio a los ojos y gruñó a modo de advertencia.
Dhuran hizo lo mismo.
Ambas bestias se contemplaron.
Natsuki vio un símbolo demoniaco que se traducía como una "M", marcada en el cuello del animal; con eso, supuso que ellos estaban ligados, tal como ella y Dhuran.
De repente, ambos dejaron de gruñir. Natsuki no tenía ni idea de que rayos estaban transmitiéndose entre ellos, pero por las miradas que se echaban, definitivamente estabas diciéndose algo importante.
El lobo blanco se hizo a un lado.
Dhuran se colocó tras Natsuki y le dio un empujón con su cabeza.
-Dhuran…
Ella entendió por dónde iba la cosa.
A regañadientes, desapareció su espada, y sin bajar la guardia, ni quitarle el ojo de encima a esa bestia que no era suya, se acercó a la demonio.
Al verla en primera fila, vio que poseía una complexión pequeña, similar a la de un humano de 15 o 16 años; sus cuernos eran más pequeños de lo normal, y se doblaban hacia atrás, en medio de una mata de pelo corto y despeinado, tan negro como carbón; sus orejas eran puntiagudas; en ambos brazos, desde el codo hasta los dedos su piel era dorado oscuro, y sus dedos finalizaban en garras; un poco más abajo, lo que más resaltaba era que por piernas, tenía las patas traseras de un gato negro, con una cola del mismo color con similitud a un látigo.
Fuera de su apariencia, Natsuki detectó otra diferencia, su aroma, sí que tenía el olor dulzón de los demonios, pero… también tenía matices que, por lo regular, solo poseían los humanos.
-¿Por qué siempre me encuentro con lo más extraño?-. Bufó. -Siempre yo…
Deseó haber llevado consigo un cigarrillo.
-Lo que hago por ti-. Dhuran le echó una mirada de reproche. -No me mires así, tú me escogiste a mí-.
Sin ánimo, con una mano, levantó del piso a la demonio; ya le había llegado su aroma, y cuando se la echó al hombre, sintió que su hombro y playera iban manchándose de sangre.
-En verdad quiero un cigarro-.
Arrugó la nariz.
Pero, al menos, había logrado distraerse.
¿Era aquel un "milagro" infernal?
Shizuru aterrizó en la azotea de un edificio y sacudió sus alas, estas salpicaron sangre dorada; un demonio recién exiliado había considerado buena idea retarla.
-La Tierra es casi tan hostil como allá abajo, ¿no?-. Nagi estaba a sus espaldas, sentado sobre un generador eléctrico, con esa sonrisa suya que exponía todos sus colmillos.
Ella se dio la vuelta. -Ara-. Alzó la mirada e hicieron contacto visual. -Algunos se toman a la ligera la antigüedad-. Le parecía que sus ojos rosados, al igual que los suyos, estaban hechos de sangre.
-Por lo que veo, tú no estás entre ellos-. Notó que ella mantenía su atención sobre él, sin acercarse. -Pero insisto-. Ladeó la cabeza en un gesto de intriga. -La Tierra debe ser dura, como para haber forjado como guerrera-. Saltó del generador. -A una sanadora-.
Shizuru no se molestó en negar su naturaleza.
Si era cierto que Nagi ya había visto sus antiguos registros, intentar negarlo habría sido como intentar apagar las llamas del Infierno; sino mal recordaba, había por lo menos, un dibujo de ella, en caso de ser así, bastaba con quitarle los cuernos al dibujo para ser su viva imagen.
Eso era irritante, había creído que, tras exiliarla por ser insuficiente para el Infierno, habrían incinerado sus registros.
-500 años de exilio sin una mano amiga te cambian-. Dijo a secas, con una mueca de desprecio. -O matas o mueres-.
-Suena a un segundo Infierno-. Se encogió de hombros. -A que te sentiste en casa-. Sonrió con sorna.
-Hogar dulce hogar-. Ella imitó el gesto.
Nagi fue acercándose.
-500 años sola-. Nagi amplió su sonrisa. -Hasta que ella cayó a la Tierra-. Quería ver cómo reaccionaría si la presionaba.
-En realidad-. Ella no se dejó intimidar, al averno que fuera Ira. -Cayó en mis brazos-. Dijo con tono arrogante.
Ante esas palabras, él soltó una carcajada.
-¿A qué estás jugando, pequeña demonio?-. Cuestionó con malicia. -¿Qué artimañas te traes con esa ángel?-.
-No estoy jugando-. Sus palabras se tornaron hostiles. -Natsuki no es ningún juego-.
-Ya veo, ya veo-. No pasó por alto que ella sin dudarlo, dijo el nombre de la ángel. -Entonces dime… -. Dejó de sonreír. -¿Qué se siente haberle puesto correa a uno de los ángeles más poderosos de la historia?-.
Shizuru no contestó.
La ira quemaba sus venas en ese momento.
Si jamás había pensado en jugar con Natsuki…
¿¡Cómo iba a atarla de un modo tan humillante!?
¡Era inaudito!
¡ABSURDO!
Natsuki se había quedado con ella por decisión propia.
Natsuki, sin pedírselo, había unido sus latidos para mantenerla con vida.
Natsuki la amaba más de lo que había amado a toda la humanidad.
-Oh Shizuru-. Su sonrisa regresó. -No vas a decirme que, siendo un demonio, no sientes placer tras haber sometido a un ángel, ¿o sí?-.
Bajo esa presión, Shizuru le dio a Nagi una enorme sonrisa que dejaba a la vista todos sus colmillos.
-¿Someterla, dices?-. Dio un paso enfrente. -Ohhh Nagi, Nagi, Nagi-. A él le sorprendió que dijeran su nombre con tanta ligereza. -¿No lo entiendes?-. Su voz adquirió esa dulzura que encantaba y daba escalofríos a la vez. -La exiliaron del Cielo, porque jamás se sometió ante nada ni nadie-.
-¿Y qué sucedió contigo?-. Alzó una ceja. -Te mira como si fueses lo único en el Infierno, Cielo y Tierra-.
Fue el turno de Shizuru de reír.
Y fue una carcajada cargada de júbilo.
-Porque para ella lo soy-. Su sonrisa, además de una marcada malicia, tenía matices de enamoramiento. -Y es algo mutuo-.
-Entonces están juntas por mero placer-. Concluyó sin dudarlo. -Los actos carnales, en efecto, pueden cerrar tratos muy bien-. Había visto como miraba Shizuru a Natsuki, y para él, era obvio que ya habían intimado.
-No negaré que hay placer en nuestra relación-. Encontrar el paraíso con su ángel era bastante satisfactorio. -Pero lo que nos une, es mucho más que eso-.
Las unía el ser almas gemelas.
Que la sangre de Shizuru corría en las venas de Natsuki.
Que los latidos de Natsuki fuesen también los de Shizuru.
El instinto posesivo de Shizuru.
La determinación y terquedad de Natsuki.
La lista podía ser muy larga pero…
Resultaba que estaban juntas porque se amaban.
Y pese a no decirlo explícitamente, Nagi pescó la idea.
-Tú…-. Él se paso una mano por su cabello. -Estás intentando convencerme a mí-. Se dio unas palmaditas en el pecho. -A mí, el pecado de la Ira-. Ladeó la cabeza. -De que un demonio puede amar-. Su consternación aumentó. -Y encima, amar a un ángel-.
A Shizuru le fue imposible no reírse de nuevo; su risa delató que en verdad gozaba la incredulidad de Nagi. -No estoy intentando convencerte-. Negó con la cabeza. -Tanto a mí como a ella, nos tiene sin cuidado que nos crean o no-.
-Soy un Pecado Capital-. Le recordó enseñando sus colmillos.
-Y yo la sanadora que añoras-. Devolvió el gesto. -La única razón por la que no me matas aquí y ahora, es porque mi valor supera mis riesgos-.
-¿Estás aceptando que eres la sanadora de los antiguos registros?-.
-No lo sé Nagi… ¿Lo soy?-.
De mala gana, él asintió con la cabeza; aun sin esa confirmación, Shizuru sabía que al menos de momento, no estaba en peligro mortal, de haberlo estado, la marca de Natsuki ya la habría llevado allá.
-Esa Kuga y tú, son un caso por demás extraño-. Puso una leve sonrisa. -Allá bajo-. Miró al piso. -He visto cosas muy… particulares, y aun así, ustedes llevan la delantera-.
-Si tan extrañas somos-. Ella alzó la cabeza y mostró sus colmillos. -¿Para qué nos buscas?-.
-Porque también son extraordinarias-. Sus ojos rosados resplandecieron con codicia. -Y esta guerra no va a parar con medidas convencionales-.
Shizuru entrecerró los ojos.
-¿No crees que pones demasiadas expectativas sobre nosotras?-.
Después de todo, la Guerra había durado milenios.
Y ellas solo eran dos seres marcados por dicho conflicto.
Nagi apuntó hacia arriba. -Cuando ella estaba por allá, la Guerra mantuvo un curso constante-. Su dedo fue bajando. -Cuando la hicieron caer, el rumbo de la Guerra cambió drásticamente-. Negó con la cabeza. -No es tan loco pensar que una vez más, su presencia pueda cambiarlo todo-. Una sonrisa maliciosa. -Además-. Que fue creciendo. -Tan solo imagina lo que haría por mantenerte a su lado-.
-No soy un medio para llegar a ella-. Dijo molesta.
-En absoluto-. Constató él. -Tú, por tu propia cuenta, eres un recurso demasiado valioso, la otra cara de la moneda; ella puede ser la clave de la ofensiva, tú la de la defensa-. Estaba siendo sincero. -El que vengan juntas, solo mejora las cosas-.
-¿Estás asumiendo que aceptaremos?-.
-Estoy asumiendo que ni tú ni ella quieren involucrarse con los lugares que las exiliaron-. Tuvo la decencia de dejar de sonreír cuando dijo eso. -Pero también asumo que sabes que el Cielo la querrá de regreso, ya que conociéndolos, creerán firmemente que sino es suya no será de nadie-. Volvió a sonreír. -Y creo que tú no permitirás que eso pase- Le guiñó.
-Eres un malnacido Nagi-. Mantuvo la compostura pese a que por dentro ardía en cólera.
-Me lo dicen seguido-. Y él sonrió encantado.
Con su trabajo hecho, Nagi expuso sus alas y se fue.
Poco después, el celular de Shizuru sonó, cambió sus garras por su mano humana para poder contestar la llamada.
-Shizuru-.
-Ara-. Su humor mejoró de golpe. -Me alegra que mi Natsuki sí usé el celular que le compré-.
-Admito que su tecnología puede ser útil-. Contestó a secas. -Pero al punto, necesito que vengas-.
-Dame un momento-. Colgó la llamada.
Abandonó la azotea y voló hacia donde sentía la presencia de su ángel.
Descendió hasta el piso, una vez ahí, cambió a su apariencia humana.
-Interesante lugar para encontrarnos-. Dijo en tono bromista.
Natsuki estaba recargada en una de las puertas traseras de la iglesia, con las manos en los bolsillos de su pantalón y un cigarro en la boca; Shizuru se percató enseguida de que ese no era de los cigarrillos que ella solía fumar.
-Más interesante es lo que hay dentro-. Dio una calda. -Y no estoy segura de que sea sensato hacer al respecto-. Observó las salpicaduras doradas en la ropa de Shizuru. -Pero quizá tú sí sepas que es más conveniente-.
Esas últimas palabras extrañaron a Shizuru, por lo regular, su novia era completamente capaz de tomar decisiones sola.
-Ara… -. Alzó una ceja. -¿Por qué siento que esto no va a gustarme?-.
-Pues… -. Le dio una calada a su cigarro. -Creo que no va a gustarte-. Negó con la cabeza. -A mí no me gusta-.
Se dio la vuelta y abrió la puerta de la iglesia, la demonio ni siquiera lo pensó antes de seguirla.
La primera idea que le vino a la mente a Shizuru, fue que Natsuki había encontrado a un exorcista y que ella estaba ahí para hacer una limpieza.
En el trayecto, se cruzaron con Dhuran, este acudió a Shizuru, ella le acarició la cabeza.
-Natsuki, ¿qué hacía él acá, sin ti?-. Después de ser acariciado, él las siguió en su ruta.
-Él-. Miró de reojo a su compañero, como reprochándole. -Es la razón de mi incertidumbre-.
En silencio, los tres caminaron hasta la puerta de un pequeño cuarto en el segundo piso; desde ahí, Shizuru olió un aroma dulzón, no dijo nada, supuso que era mejor esperar a ver para juzgar; Natsuki le dio un ligero golpe a la puerta.
-Soy yo-. Dijo a secas.
La persona dentro inmediatamente reconoció su voz.
-Pasen-.
A Shizuru no se le pasó por alto ese plural.
En el momento que Natsuki abrió la puerta, aquel aroma dulzón se intensificó, le fue obvio que pertenecía a un ser infernal, pero así mismo, tuvo claro que ese olor tenía un algo diferente, algo que no encajaba del todo.
Sin oportunidad de decir algo, fue recibida con un gruñido; sus ojos carmín se enfocaron en un Lobo del Averno blanco, este era un poco más pequeño que Dhuran, pero poseía la misma esencia agresiva, la misma ferocidad.
Dhuran intervino cual rayo, atravesándose entre el otro lobo y Shizuru; el pelaje de su lomo se erizó cual púas metálicas y gruñó a modo de advertencia; el lobo blanco cambió de postura cuando entendió que la demonio recién llegada estaba con ellos.
-Buenas noches-. Desde una silla, el Padre le dio una sonrisa a Shizuru, una sonrisa gentil y genuina. -Supuse que Natsuki te traería a ti-. Vio de reojo a la aludida.
-Buenas noches-. Shizuru devolvió el gesto, miró a su ángel y luego al Padre. -Supongo que ya lo sabes-. Un resplandor travieso destelló en sus ojos carmín.
-¿Qué eres un demonio?-. Dijo con total naturalidad.
-Oh que interesante-. Shizuru sonrió, permitiéndose mostrar sus colmillos. -No sé si eres muy valiente, o por el contrario, muy estúpido, humano-.
-Bueno-. Él sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo puso en sus labios. -Veo lo que veo-. Le ofreció otro a Natsuki. -Y no le temo-.
Natsuki lo acepto; la reducida habitación apestaba a Infierno y el tabaco le ayudaba a sobrellevarlo.
-¿Ves la verdad?-. Cuestionó Shizuru. -¿La ves por tu cuenta?-. Ladeó la cabeza.
-Veo que eres un demonio, con un aura tan roja como tus ojos. Veo que ella es un ángel, cuya luz parpadea constantemente. Y veo que estas dos criaturas tan magnificas, están lejos de ser perros de este mundo-.
-Y aun así interactúas con nosotras… -. Jugó con las palabras. -¿Qué hizo que un Padre nos buscara?-.
-En realidad-. Expulsó el humo. -Fue Natsuki quién vino a buscarme-.
Completamente extrañada, Shizuru giró hacia Natsuki, con una expresión que exigía una explicación.
-Cuando lo veas lo entenderás-. Echó la cabeza atrás, con cierto fastidio. -El lobo y el Padre no son la razón por la que te llamé-.
Bajo la mirada expectante de Shizuru caminó hacia el fondo de la habitación, hasta toparse con una cortina de esas que había en las enfermerías, con una mano la recorrió, al hacerlo se descubrió una pequeña cama, en la cual reposaba el cuerpo aun inconsciente de aquella demonio gato.
-Ara-. Al verle, supo que era esa chica y no el lobo quién desprendía aquel aroma que rozaba en lo extraño. -¿Qué tenemos aquí?-. Se acercó a la cama.
-Ella es M-. Dijo Natsuki, recargándose en la pared.
-¿M?-.
-Es la inicial en la marca de su lobo-. Aclaró.
Lo primero de lo que se percató Shizuru, fue que la sangre que manchaba su ropa, era roja, y provenía de heridas en su cuerpo; algunas de esas heridas habían sido vendadas sobre la ropa, eran malos vendajes, pero era lo mejor que el Padre había podido hacer en esas circunstancias.
Shizuru entrecerró los ojos con intriga.
Esa chica lucía como un demonio, no había modo de negarlo, ese era un cuerpo proveniente del Infierno, pero… sangraba como una humana.
-¿Por qué?-. Cuestionó viendo de reojo a Natsuki.
-Iba a asesinarla-. Admitió fríamente. -Pero su lobo se atravesó, y a su vez, Dhuran entró por mí-. Dio una calada. -No sé que se habrán dicho estos dos-. Miró fijamente a su lobo. -Pero Dhuran me pidió que no los matara-.
Shizuru asintió. -Está muy herida-. Podía percibir le débil energía que desprendía M, y encima, a simple vista, resaltaba su estado moribundo.
-Lo sé-. Natsuki también podía sentirlo, esa chica quizá tenía un pie en el otro mundo. -Y aquí es donde dudo de que es lo sensato-. Mantuvo su expresión gélida. -Tiene una parte humana, pude sentirla cuando la traje acá-.
-Pero también tiene una parte demoniaca-. Sentenció Shizuru.
-No estoy segura de quien debe intentar sanarla, para no matarla en el proceso-. Dijo Natsuki sin ganas de nada.
Ambas se quedaron en silencio.
Podían sanarse entre ellas por ser almas gemelas, sin embargo, originalmente, Shizuru solo podía sanar demonios, y Natsuki, solo ángeles o humanos.
Si lo intentaba Shizuru, corrían el riesgo de que M muriera por su parte humana.
En cambio, si lo intentaba Natsuki, podría sentenciarla su parte demoniaca.
-Ara, que dilema-. A sus ojos, no era tan extraño un híbrido de esa clase; el problema era que jamás se había molestado en sanar uno. -Podríamos dejarle morir naturalmente, en lugar de matarla de un modo grotesco, y por error, para terminar de empeorarlo-.
A las dos les constaba que la sanación, mal empleada, podía ser mortífera; eso de meterse con el cuerpo de otros era un arma de doble filo.
-¿Desde cuando te interesa matar a alguien por error?-. Natsuki demostró un atisbo de sorpresa en su voz, aunque su rostro siguió sin expresión.
-No me importaría matarla-. Le restó relevancia con un gesto de su mano. -De no ser porque pareces interesada en mantenerla con vida-.
-¿Velas por mis intereses, Shizuru?-.
-Ara, claro, después de todo… -. Sonrió traviesa. -Soy tu demonio de la guardia-.
Shizuru cambió a su apariencia demoniaca.
Estaba más que dispuesta a intentar sanar a esa mocosa si eso le convenía a Natsuki.
-Te recomiendo retirarte ahora-. Natsuki se dirigió al Padre. -Quizá no tienes miedo-. Podía sentir la tranquilidad del hombre. -Pero el ambiente está por ponerse pesado-.
La sanación demoniaca podía tornar viciado el aire para los humanos, y ejercía una presión que los empujaba hacia abajo, casi como si se les ordenara que se arrodillaran.
-Sí, claro-. El hombre se puso de pie. Del bolsillo de su pantalón, sacó su cajetilla de cigarros, se acercó a Natsuki para dársela. -Algo me dice que los necesitas más que yo-. Le sonrió.
-Gracias-. Respondió con voz inexpresiva.
La presencia infernal de Shizuru parecía no afectarle ni un poco, y cuando giró hacia ella, fue capaz de mirarla a los ojos. -No estoy pensando en exorcistas-. Mantuvo su sonrisa.
-No deberías confiar en demonios-. Shizuru usó su tono dulce con matices de amenaza.
-¿Y si el demonio está con un ángel?-.
-Pues tampoco confíes en el ángel-. Sonrió maliciosa.
-¿No creer en ninguna, o creer en las dos?-. Él se encogió de hombros. -Quién sabe, quizá me gusta más la segunda opción-.
Tras eso, el Padre salió de la habitación.
Ambas volcaron toda su atención en el cuerpo inconsciente.
-Bueno, sino lo logramos, igual se muere-. Shizuru se inclinó sobre la cama. -Así que no hay nada que perder-. Observó a M con ojo crítico.
-Cuando la cargué, no sentí restos de energía divina-.
-Fue un demonio, entonces-. Paso una garra por el cuerno derecho de M. -Es apenas un bebé-. Confirmó con una mueca. -Estos cuernos delatan que no pasa de los… -. Mostró consternación. -16 años-.
-¿Qué diantres hacía acá arriba si solo tiene 16?-. Natsuki no la acusó de mentirosa, solo por ser Shizuru.
Por sus cuernos intactos, era obvio que no era una exiliada; y a los demonios no los mandaban a la Tierra hasta que tenían, cuando menos, 50 años.
Shizuru puso una mano en su mentón, en pose pensativa. -Quizá aquí ha estado siempre-. Sintió el peso de la mirada de Natsuki. -Con eso de que es parte humana, probablemente, jamás haya pisado el Infierno-. Hizo un encogimiento de hombros. -Esa es mi teoría-.
-Tiene sentido-. Admitió. -Que descuido de los demonios-. Tenía bien presente que allá en el Cielo, los ángeles no tendían a mezclarse con los mortales, a duras penas intimaban entre ellos de vez en cuando.
Shizuru rio. -Natsuki, Natsuki, que allá arriba se negaran al placer, no quiere decir que allá abajo también-. Dijo en tono juguetón.
-Shizuru…-.
-Entonces, ¿M apareció ante ti?-. Pasó del tema anterior.
-Literalmente choqué con ella-. Se acercó un poco más a la cama y se inclinó sobre M. -El golpe la aturdió más de la cuenta-.
-Si un solo golpe divino la aturdió, su parte humana es más grande de lo que parece-.
Con sus garras, desgarró los vendajes y playera manchados de sangre, al descubrir la piel de su pecho y abdomen, se encontraron con cicatrices que a primera vista, supieron no eran de la Guerra.
-Quizá es más humana de lo que ella misma quisiera-. Dijo Shizuru.
M tenía cicatrices de lo que claramente eran golpes con un cinturón, además de hematomas que por su color, delataban ser de días atrás.
-Me preocupa más ese corte-. Natsuki no podía quitarle los ojos de encima a un desgarre que iba desde debajo de su clavícula izquierda, pasando por entre sus senos, y llegando hasta la mitad de su abdomen. -¿Cómo sigue viva?-.
Con una herida así, tendría que haberse desangrado mucho antes, pero la sangre salía lentamente, como si fuese un mero corte superficial, cosa de nada, en lugar de un corte que le empujaba a la muerte.
Shizuru pasó sus manos por encima de la herida, manchando de sangre sus garras y palmas. -Energía demoniaca-. Negó con la cabeza. -No es suya, esta sí es pura-.
-¿Crees poder sanarla?-. Natsuki puso su mano derecha en una pierna de M, sintió el fluir de su energía, en buena parte humana. -Rayos…
Cual relámpago, la respuesta iluminó a Shizuru.
-Lo tengo-. Sonrió encantada. -¿Recuerdas cuando me echaste una mano con Chie?-.
-Shizuru, solo retiré la energía divina-.
-Pero lo hiciste con tu sanación, sin matarla, ni siquiera un mínimo daño-.
Natsuki abrió más los ojos, la idea de Shizuru pese a ser una locura, tenía lógica.
-Quieres usar ambas sanaciones al mismo tiempo-.
-Ara-. Puso la sonrisa favorita de Natsuki. -Eras la mejor sanadora del Cielo, ¿confiaras en la del Infierno?-.
-¿Cómo no confiar en mi demonio guardián?-.
