Capítulo 11: Sumisión (parte IV).

Los mareos eran intensos. No comprendía si eran mis nervios traicionándome o era esa medicina extraña la que estaba haciéndome efecto, mas de lo que sí estaba segura, era de lo que había escuchado: El rey había muerto. La hora de la toma de ese idiota de Rod Fritz había llegado, y eso no era nada bueno para el reino y mucho menos para mí.

-Oye -, intervenía ese hombre tras chasquear los dedos frente a mi rostro -, no tengo tiempo para que sueñes. Hay personas que sí desean matarte, y para hacerlo, serían capaces de matarnos. Así que deja de soñar de una buena vez y actúa cómo se debe.

- ¿Matarme? -, preguntaba en voz baja para no llamar la atención - ¿Por qué…?

-No preguntes -, interrumpía al tapar mi boca -. A partir de ahora, harás lo que te pida y sin dudarlo, ¿entendido? -, preguntaba al acercar ese rostro juvenil -. Si mueres, yo pierdo. Y créeme, nadie saldría ganando si eso pasa.

Asintiendo si saber si era correcto, simplemente quise confiar en Erwin y en esa extraña confianza que tenía para con ese sujeto.

-Sí… -, decía en voz baja al quitar esa mano con dedos largos y delgados sobre mi boca -. Por el momento, confiaré en ti. Pero cuando me lleves junto a Erwin, le pediré que te mate.

-Haz lo que creas correcto, mocosa -, respondía relajado al revisar las municiones de su arma, manteniendo ese temple frío como si nada de lo que saliera de mi boca lo ofendiera.

Poniéndose en pie para revisar las afueras de mi cuarto, Levi caminaba muy despacio para revisar las escaleras. Regresando casi inmediatamente, volvía a acercarse de tal manera que ese aliento fresco, con olor a té salía de sus labios al hablar:

-Iré primero en caso de que alguien vaya a atacarnos, y cuando te diga te tirarás dentro del carruaje. Sin importar si yo estoy dentro, ¿entendiste?

-Espera, me tiro y tu entras, ¿verdad? -, preguntaba para confirmar la estrategia.

-Puedo cuidarme solo, mocosa -, decía al girar su rostro en dirección a la puerta -. Marcel y Porko arrancarán y se irán en caso de un ataque una vez estés dentro. Así que deja de pensar en mi bienestar y sólo cuídate. Si mueres, las cosas se complicarían mucho y no deseo eso.

-No te confundas, perro de la monarquía -, gruñía -, no lo digo porque esté preocupada por tu bienestar. Lo pregunto, porque un error me puede costar mi valiosa vida.

-Sí, claro… La vida de una chica que no debí conocer… -, decía a manera de susurros al acercase nuevamente hacia la puerta -. Fui un idiota ese día… -, continuaba diciendo para sí, al sujetar con fuerza esa arma -. Oye, a la cuenta de tres.

-Sí… -, respondía al acercarme hacia donde él estaba.

Sintiendo su mano rodear mi muñeca con fuerza, Levi iniciaba su conteo.

-Uno, dos y… ¡tres! -, gritaba al mismo tiempo que iniciaba la bajada por medio de esos escalones con una rapidez impresionante, haciendo que me soltase con facilidad, dejándome detrás como si yo fuese una niña tratando de seguirle el ritmo a un adulto - ¡Corre detrás de mí! -, gritaba al tomar con su mano derecha el arma y sujetando con la izquierda mi muñeca nuevamente - ¡Corre y no te detengas! -, insistía entre gritos al jalarme con fuerza mientras corríamos en dirección hacia la salida. Llegando hacia la puerta, una patada impresionante rompía en varias partes ese pedazo de madera, gritando nuevamente al salir de casa - ¡Marcel! -, gritaba a todo pulmón al mismo tiempo que mi cuerpo se elevaba al ser jalada con fuerza por ese hombre de baja estatura entre el límite de mi puerta y ese carruaje.

Viendo cómo la puerta se abría con un joven de cabellera castaña dentro, quién iba a recibirme con sus brazos abierto, pude escuchar cómo el otro chico tiraba de las cuerdas con todas sus fuerzas justamente cuando había sido tirada dentro de ese transporte. Escuchándose casi inmediatamente disparos provenientes de distintos lugares al iniciar el recorrido.

- ¡Apresúrense! -, gritaba Levi a lo lejos, quedándose atrás para dispararle a un par de objetivos.

Sintiendo el tirón de ser jalada por un par de caballos a toda velocidad, Marcel sujetaba mi cabeza con una de sus manos, tratando de protegerme de las balas escuchadas por ese camino al que íbamos a toda velocidad.

-Ese hombre… -, susurraba al pensar en el idiota de Levi y en lo que había hecho para salvar mi vida segundos tras.

- ¡Señorita, baje la cabeza! -, decía entre gritos al sacar una de las armas ubicadas debajo del sillón del frente ese joven de cabellera castaña - ¡No podemos darnos el lujo de perderla! -, insistía al sacar también lo que parecía ser un casco - ¡Apresúrate Porko!

Sintiendo cómo ese carruaje incrementaba su velocidad, me preguntaba cómo era posible que ese joven que manejaba este carruaje no estuviese muerto, si todos parecían protegerse a toda costa excepto él, quién no vestía nada al momento de salir de mi habitación.

- ¡Apresúrate! -, gritaba nuevamente Marcel mientras sujetaba con fuerza mi cabeza contra la zona en la que las personas ponían sus zapatos al momento de sentarse dentro de ese carruaje.

Sintiendo miedo al no saber a ciencia cierta lo qué estaba sucediendo, gritaba como una loca mientras sujetaba con mis manos el tobillo de ese joven al no saber de dónde sujetarme ante tanto meneo dentro de ese carruaje. Escuchando el pasar de lo que creía eran balas, las partes cubiertas por cuero comenzaban a rasgarse ante tanto ataque enemigo.

- ¡Suélteme señorita! -, pedía el joven a gritos - ¡Debo disparar y para ello necesito que me libere!

- ¡Si lo hago podrías morir! -, respondía también a manera de gritos para ser escuchada por esa persona quién estaba protegiendo mi vida por razones desconocidas. Temerosa por ser responsable de la muerte de otro sujeto, al no dar como sobreviviente al asqueroso ese de Levi, quién a mi juicio, ya estaba con alguna deidad en el más allá; quise ayudar en algo - ¡Marcel, ese es tu nombre, ¿verdad?! -, pregunté a todo pulmón de manera desesperada, tratando de moverme un poco - ¡Déjame ayudar!

Sintiendo el frenado brusco de ese carruaje, mi cuerpo rebotaba hacia el asiento más cercano, golpeándome con todas las fuerzas, haciendo que la gravedad empujase a ese muchacho contra el asiento, mi cuerpo y lo que tenía él al frente.

-Eso… -, expresaba al no saber qué decir ante tal contacto contra ese asiente de madera - ¿Por qué nos detuvimos de esa manera? -, preguntaba al sentir el peso de las piernas de ese joven y un inmenso dolor de cabeza ante el golpe -. Marcel, ¿por qué nos detuvimos? -, insistía - ¿Marcel?

Sintiendo un par de gotas de sangre sobre mis manos y mis piernas, pensé en lo peor.

-Baja -, dijo una voz tras abrirse la puerta de ese carruaje -. Anda, no tenemos mucho tiempo.

-Por…ko, ¿verdad? -, preguntaba adolorida al no sentirme muy bien por el viaje y los efectos de la pastilla.

Sacando el cuerpo del joven para dejarlo tirado sobre el monte, Porko trataba de sacarme lo más rápido posible de ese carruaje.

-Vamos -, decía en un tono seco tras acercar su rostro ensangrentado contra el mío -. Tranquila, reaccionará dentro de unos segundos.

- ¿Acaso son inmortales? -, preguntaba al verle agujereado la vestimenta negra que llevaba -. Llevabas un casco y…

- Explicaciones luego, necesitamos correr ahora. Los caballos fueron gravemente heridos y sin ellos no podremos desplazarlos. Además, los demás deben de estarse encargado en este instante -, explicaba en un tono preocupado al revisar mi cuerpo -. Al parecer, no está herida, señorita. Si le duele algo, dígalo.

-Me siento mareada -, respondía sin dudar, confiando un poco en ese joven -. Es el efecto de la pastilla esa, ¿verdad? A parte, me duele la cabeza por el golpe del frenado y…

-Sí… -, intervenía la voz de Marcel al tratar de levantarse -. Porko, hemos salido con facilidad de Sina y estamos estancados en este bosque. No me gusta nada de esto... Deberíamos de estar en las afueras de María…

Colocándome el casco que había dejado en el suelo, ese joven pelirrojo suspiraba con fuerza al ver despierto a su hermano.

-Debes de ser más cuidadoso, no contamos con mucho tiempo. Los efectos acabarán dentro de un par de horas -, indicaba a su hermano al mismo tiempo que sujetaba mi muñeca -. Debemos irnos, y dirigirnos hacia el castillo antiguo. Ahí pensaré en qué hacer. Lastimosamente, nos hemos desviado de nuestra ruta…

-Espera… -, dije confundida.

-No puedo explicarlo, señorita. Sólo sígame -, insistía al jalarme -. El capitán debe de estar luchando para…

- ¿Por qué alguien me salvaría? -, preguntaba al tratar de impedir ser llevada por la fuerza, fallando al ser arrastrada por ese joven en medio de ese bosque -. Si no me explicas al menos mientras caminamos, gritaré para que nos localicen.

-Hágalo, no me importa -, dijo entre risas -, de todas maneras, a la que desean matar es a usted, no a nosotros. Sólo desean matarnos porque la protegemos.

-No digas esas cosas de esa manera, hermano. Ella puede desconfiar más si dices eso -, intervenía Marcel mientras miraba a todos lados sosteniendo esa arma -. Ella quizá debería saber lo básico, ¿no lo crees?

-No nos han autorizado para ello -, decía en un tono serio al detenerse detrás de un árbol grueso -. Bajemos la voz y dejémonos de idioteces -, sugería.

Mirando para todos lados en busca de enemigos, ambos me protegían. Uno detrás y el otro por delante, manteniéndome en el medio para que nadie ni nada me matase, haciéndome la pregunta más grande de todas: "¿por qué?".

- ¿Por qué me protegen? -, expresé en un tono tembloroso, demostrando mi miedo y mi confusión ante le deseo por conocer esa verdad de la que hablaban.

-Calla, dije que… -, expresaba molesto Porko al soltar mi mano para sujetar de mejor manera su arma.

-Porque si usted muere, la vida de nuestro reino cambiaría y los enemigos surgirían, señorita -, respondía en voz baja Marcel -. Verá, el señor Levi hizo algo sin querer hace años, dándole una gran habilidad a su persona y por ello es que la buscan. Esas habilidades pueden crear…

-Shh, calla Marcel -, intervenía el hermano al tomar nuevamente mi muñeca -. Caminemos rápidamente y si le digo que se agache lo debe hacer de inmediato. Eso te incluye, Marcel.

"¿Habilidades?", pensaba al tratar de digerir las palabras de ese muchacho al mismo tiempo que era llevaba en contra de mi voluntad.

-Espera, ¿dijiste Levi? -, preguntaba entre susurros al llegar al tronco de otro árbol al que usábamos como escudo para protegernos del enemigo quién supuestamente nos estaba buscando.

- ¡Shh! -, exclamaba el pelirrojo al tapar mi boca -. Calla, mierda.

Sintiéndome mucho más mareada y con náuseas de las deseadas, mis piernas comenzaron a temblar.

-Oye, Porko… -, decía tras tragar un poco de saliva en un tono apagado al no sentirme nada bien.

-Señorita, comienzo a…

-Me siento mal… -, intervenía al no aguantar esa combinación entre mareos y ganas de devolver mi desayuno -. Creo que me voy a… -, trataba de explicar, cayendo como un saco de papas sobre los brazos del hermano mayor de los Galliard en ese bosque entre los límites de la muralla de Sina y el muro Rose.


Continuará…