Líneas de tiempo

Capítulo XI: Oráculo


Apenas los oráculos de los shamanes reaccionaron, estos se reunieron inmediatamente en el templo de la familia Asakura. Ryu contempló pensativo a Yoh y a Miyu al llegar, mientras que Horohoro fastidió a Ren por aparecer con Hina vistiendo una yukata de baño. Ambos se sonrojaron por sus comentarios, mas no dijeron nada de lo sucedido y evitaron estar cerca el uno del otro.

Tamao esperaba al grupo para comenzar a preparar la cena, pero ninguno parecía ansioso de comer aún. Todos querían saber cuanto antes el anuncio del oráculo:

— "Los grandes espíritus han hablado" — comenzó leyendo Yoh tras presionar el botón que desplegaría el contenido en la pantalla. — "El gran torneo de shamanes inconcluso hace cuatro años volverá a realizarse. Solo podrán asistir los participantes que clasificaron en las eliminatorias antes de que estas fueran suspendidas, es decir, quienes hayan recibido este mensaje. En caso de presentarse un nuevo participante al torneo, este debe reemplazar a un miembro de un equipo finalista ya existente. Las batallas darán comienzo en un mes. Los esperamos en la aldea apache."

Una vez finalizado el mensaje se hizo un silencio sepulcral. Cada uno de los shamanes observaba sombrío su propio oráculo virtual, con excepción de las tres chicas que no poseían uno.

— No pensarán en ir, ¿o sí? — Hina fue la primera en hablar. — Obviamente es una trampa.

— Incluso si es así, Hao dejó muy claro que para encontrar a Manta debo enfrentarlo en el siguiente combate — respondió Yoh. — Es muy probable que se estuviera refiriendo al torneo entre shamanes.

— No lo entiendo, ¿por qué después de tanto tiempo? — se preguntó Ryu.

— Tal vez los grandes espíritus consideraron que esperar otros quinientos años para la realización del torneo era demasiado — supuso Horohoro.

— Es extraño que estén retomando el torneo en lugar de volverlo a hacer — dijo Ren. — Suena demasiado conveniente para nosotros.

— ¡Por eso es que les estoy diciendo que es una trampa! — intervino Hina con ahínco, para entonces volverse hacia Miyu: — Supongo que tú no irás, ¿verdad?

— Si Yoh va, yo iré con él y lo apoyaré — respondió ella sin dudar.

— Miyu… — murmuró Yoh suavemente mientras volteaba a verla. ¿Desde cuándo se había vuelto tan determinada?

— ¡¿Acaso eres idiota?! — saltó Hina, molesta. — ¡Sabes muy bien que eres el objetivo del señor Hao! ¡Si vas te capturará y harás que los esfuerzos de Tsubaki por protegerte sean en vano!

— Entonces, ¿qué quieres? — Miyu se mantuvo firme. — ¿Que viva huyendo de él? ¿Que me quede en Tokio sabiendo que mis amigos están arriesgando su vida en combate?

— ¡Cálmense las dos! — interrumpió Yoh, colocándose entre ambas muchachas.

— Yoh, no permitirás que esta niña vaya a Norteamérica, ¿verdad? — quiso saber Hina con ánimos de guerra.

El castaño no sabía qué hacer. Parecía que en cualquier momento la tarotista iba a arrancarle la cabeza.

— Lo siento, Hina — dijo al fin. — Miyu ha estado entrenando arduamente estos meses para ayudarme a encontrar a Manta. Ella merece ir.

Al escucharlo, Miyu dejó escapar un suspiro lleno de alivio. Por un momento temió que sucediera lo mismo que al partir a Izumo, pero no, Yoh ya la consideraba genuinamente una aliada. De alguna forma, eso la hacía sentir reconfortada y útil.

— ¡Argh, de acuerdo! — se resignó Hina. Sabía que nada podría hacer contra la decisión de Yoh. — ¡Si quieren que el señor Hao y esa condenada favorita vuelvan a tener contacto, está bien! ¡Luego no vengan a llorarme!

En ese mismo momento, Nene apareció por la puerta corrediza que conectaba la sala con el jardín. Al juzgar por lo acelerada que se veía, venía corriendo.

— Hi… Hina… — jadeó la colegiala mientras se apoyaba en sus rodillas para recuperar el aliento.

— ¿Nene? — dijo Hina, extrañada. — ¿Qué estás haciendo aquí?

— Vine lo más rápido que pude… Tu oráculo… — Al decir esto, Nene le mostró un oráculo virtual de color rojo como la sangre cuya pantalla brillaba de modo intermitente, de la misma forma que brillaban los otros antes de leer el anuncio.

— ¿Oráculo? — preguntaron al unísono los presentes, cuestionando a la tarotista con la mirada.

— ¡Espera un momento! — saltó Horohoro. — ¿Tú también participaste en el torneo de shamanes de hace cuatro años?

— Y si tu oráculo está sonando, significa que… — habló Yoh, siendo abruptamente interrumpido:

— ¡No se metan en lo que no les incumbe! — gritó Hina antes de arrebatarle de golpe el oráculo a su discípula y dirigirse hacia la salida. — Vámonos, Nene.

— Ah, ¡espera, Hina! — llamó la recién nombrada al ver que se le adelantaba.

Una vez ambas chicas se retiraron, Ryu comentó:

— Quién lo diría, la señorita Kazama también…

— Me pregunto cuál habrá sido su deseo — comentó Horohoro algo curioso.

— ¿Su deseo? — repitió Miyu sin comprender.

— El ganador del torneo entre shamanes puede fusionarse con los grandes espíritus y hacer realidad cualquier cosa que desee — le explicó Yoh. — Esa era la motivación de la mayoría de quienes participábamos.

— Cualquier cosa… — reflexionó la chica. — ¿Cuál fue tu deseo, Yoh?

— ¡Vivir relajadamente y sin preocupaciones! — respondió él, ampliando su sonrisa. Miyu le sonrió de regreso.

— Eso… suena genial. Muy propio de ti.

— ¿Verdad que sí?

— No le hagas caso a este holgazán — dijo Horohoro mientras pasaba un brazo sobre los hombros de Yoh. — Anna lo amenazó con convertirse en el rey shaman para darle todas las comodidades y lujos que requiera, ¿a que sí?

— Bu-bueno… — tartamudeó el aludido. — Esa parte también es cierta.

Miyu se rio de buena gana. Eso también sonaba muy propio de Anna.

— ¿Qué desearía usted, señorita Miyu? — le preguntó Ryu.

— ¿Yo? Pues… — Miyu cruzó los brazos y se quedó pensando un momento mientras los chicos esperaban su respuesta. — Me conformaría con saber quién soy. Quizá… me gustaría reconciliarme con esa parte mía que desconozco sin volver a cometer el error de enamorarme de Hao. Creo que nunca estaré del todo tranquila sin eso.

Los muchachos sonrieron ante sus palabras. Era motivo suficiente como para querer avanzar hacia la aventura que les esperaba.

— Está decidido entonces — anunció Yoh. — Iremos todos juntos a Norteamérica.

— ¡Ya rugiste! — respondió Horohoro con energía.

Esa noche comieron hasta reventar celebrando a Miyu, quien había superado todas las pruebas impuestas por sus amigos para convertirse en un miembro más del grupo. Además, esa sería su última cena en Izumo, pues apenas amaneciera empezarían los preparativos para el regreso a Tokio.


— ¿Estás preparada, Miyu Yumemiya? — le preguntó Hina con seriedad.

— E-espera un momento… — la detuvo la chica nerviosamente.

Los shamanes se encontraban observándolas en medio del dojo, cargando consigo su respectivo equipaje y vistiendo chaquetas para partir. Incluso Tamao y Nene estaban ahí. Miyu sabía que todos la estaban esperando y no quería retrasar el viaje, pero aun así necesitaba hacer eso bien.

Después de inhalar aire con fuerza, volteó hacia Ren y le dedicó una reverencia. La tensión entre ambos era evidente, al menos ella podía percibirla con asombrosa claridad.

— ¡Muchas gracias por todo! — le dijo Miyu, roja como un tomate. — Aun cuando estos sentimientos no son reales, he aprendido mucho gracias a ti. — Solo al incorporarse se dio cuenta de que tenía los ojos llorosos. Se los limpió rápidamente, sin querer hacer sentir incómodo a Ren. — Qué tonta… Llorar por algo así…

Él la miró un poco afectado, pero se mantuvo firme al decir:

— Guarda esas lágrimas. La próxima vez que te enamores será en serio.

— ¡Sí! — asintió Miyu.

En ese momento Hina sacó su baraja y tomó una carta que brillaba intensamente. Tal y como Tsubaki describió, en su ilustración había una pareja y se leía la palabra en francés "L'Amoureux". La tarotista se la entregó a Miyu y, colocando ambas manos al frente, recitó con solemnidad:

— Que el poder de "Los amantes" desaloje a esta persona… ¡Desactivar Arcano!

Apenas esas palabras fueron pronunciadas, el resplandor abandonó la carta y una fuerza espiritual rodeó a Miyu. Al cabo de unos segundos, ella sintió una extraña pesadez en todo el cuerpo.

— ¡Miyu! — reaccionó Yoh al notar que se desvanecía, logrando atajarla a tiempo. — ¿Estás bien?

Ella aun se encontraba en pie gracias al apoyo de Yoh, pero lucía débil y desorientada.

— Yo… — masculló Miyu con los ojos cerrados. Lo primero que hizo fue buscar a Ren. — Ren… Tao — balbuceó al encontrar miradas con él.

El implicado dio un respingo.

— ¿Qué pasa? — preguntó sin saber qué esperar.

— Eres… — comenzó diciendo Miyu con una expresión de verdadera sorpresa — …una persona normal.

Hubo un silencio en el dojo.

— ¡¿A qué viene eso?! — protestó Ren.

En ese instante, Horohoro y Ryu explotaron en carcajadas.

— Es que… antes eras como… como… ¡un príncipe! — intentó explicarse Miyu, empeorando la reacción de sus amigos.

— Bueno, técnicamente el señorito sí que es un… — intervino Bason, pero fue interrumpido por un colérico Ren:

— ¡Cállate, Bason! — De inmediato, se dirigió a los muchachos: — ¡¿Y ustedes de qué se ríen?!

— ¡Jajaja, Miyu acaba de chocar con la realidad! — rio Horohoro divertido.

— ¡¿Qué has dicho?!

Mientras la discusión continuaba, Hina ocultaba su baraja de cartas con recelo. Temía que los shamanes identificaran el brillo de una carta en particular…

— Con que "Los amantes"… — le comentó Yoh a sus espaldas. — ¡Sí que tienes una gran variedad de técnicas, Hina!

La tarotista lo miró de reojo. La expresión llena de relajo de Yoh Asakura escondía una gran capacidad perceptiva. No podía bajar la guardia frente a él.

— Ni te imaginas~ — le respondió ella con aire de misterio mientras hundía la baraja en el bolsillo de su chaqueta roja.

Yoh parecía querer decirle algo, pero fue llamado por su abuelo, quien apareció junto a Kino en la entrada del dojo.

— ¿Estás seguro de tu decisión? — Yohmei preguntó esto a su nieto con expresión severa. Todos los shamanes guardaron silencio al oírlo.

El heredero de los Asakura no dudó al contestar:

— Sí. Soy consciente del riesgo que representa ir, pero no puedo abandonar a Manta. Él me necesita.

Yohmei asintió solemne. Tanto él como su esposa despidieron a los muchachos con la misma actitud.

El numeroso grupo abandonó el templo Asakura con la disposición de volver a Tokio en el próximo tren. Cuando se subieron en él, Miyu permaneció pensativa mirando el hermoso paisaje que pasaba a través de la ventana. Tamao se encontraba sentada a su lado, pero ya no sentía la ansiedad de saberla dueña del corazón de Ren. Todos esos sentimientos se habían esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Y era tan extraño que lo sucedido con Tala en la montaña volvió a su mente.

Si Hao pudo gustarle aún sin conocerlo demasiado y teniendo un hechizo de amor encima, significaba que su atracción por él era mucho más real de lo que podía comprender. Si tal era el caso, Hina tenía razón. Tal vez ir a Norteamérica era más peligroso de lo que dimensionaba, pero, si quería ayudar a encontrar a Manta, ¿qué otra cosa podía hacer?

"El torneo es la trampa perfecta. Pero no puedo huir."


La rutina se retomó de un modo increíblemente rápido, como si nunca hubiesen estado lejos en primer lugar. Pero algo había cambiado: la certeza de que solo les quedaba un mes para mantenerla.

Miyu aún recordaba la expresión de sorpresa de Anna al verlos llegar a la pensión con Tamao, Hina y Nene, y cómo incluso este asunto pasó a segundo plano cuando escuchó sobre el torneo de shamanes. La sacerdotisa realmente parecía interesada en ser la esposa del próximo rey shaman, pues estuvo hablando con Yoh del tema durante largo rato.

Mientras los observaba a una distancia prudente, la castaña se preguntaba si Yoh le contaría a su prometida absolutamente todo lo sucedido en Izumo. De ser el caso, esperaba que no pensara mal de ella. Si la corría de la casa por ser aliada de Hao no tendría dónde ir.

Por otra parte, los demás muchachos también lucían muy entusiasmados con el torneo. Era la nueva oportunidad que se les presentaba para realizar sus sueños sin importar lo locos e imposibles que estos fueran. Pirika había adquirido una actitud similar a la de Anna, insistiéndole a Horohoro que aumentara la exigencia de sus entrenamientos. Mei también se puso manos a la obra y preparó una numerosa cantidad de uniformes de batalla para Ren. La única que no estaba para nada a gusto con el asunto era Hina.

De cualquier modo, ese mismo lunes Miyu fue a trabajar a la librería con un pensamiento invadiendo su mente: "En solo un mes nos iremos a Norteamérica. Supongo que tendré que renunciar." Esa conclusión le sabía bastante mal por Mikage, quien había sido muy comprensivo con ella al permitirle viajar e incluso escuchó sus problemas. Pero no tenía otra opción: no sabía cuánto tardaría en volver y "Lost Paradise" necesitaba una empleada a tiempo completo.

En lo que ordenaba los libros de cocina en su respectiva estantería, tomó una decisión: "No sería justo irme sin avisar con anticipación, así podrá encontrarme un reemplazo pronto."

— Este… ¿Mikage? — llamó a su jefe aferrada a un pesado libro.

Él se encontraba revisando cuentas en el mostrador.

— ¿Qué quieres? — le preguntó sin levantar la mirada. — No me digas que quieres pedirme otro permiso. Acabas de llegar.

— N-no… es que… — Miyu se acercó indecisa. Ni siquiera sabía qué palabras ocupar para una renuncia, ¿o quizá sería mejor presentar una carta y ya?

El pelirrojo dejó de lado sus papeles, volteando hacia ella con una seria expresión. Como Miyu no parecía salir de sus cuestionamientos internos, él abandonó el asiento y caminó hasta quedar frente a ella con ambas manos en la cintura.

— Pasó algo entre el chico que te gusta y tú, ¿no es así? — preguntó de manera directa.

— ¡¿Eh?! — se sobresaltó Miyu.

"No era lo que quería decir, pero ¡¿cómo lo sabe?!"

— Antes de viajar a Izumo andabas por las nubes con una cara de embobada que no podías esconder — le explicó Kou como si hubiera leído su mente. — Anda, escupe el chisme.

— ¿Chis-chisme? — repitió Miyu. ¿Así era como la veía su jefe? ¿Como una fuente de chismes? "¡Qué superficial! Y yo que me estaba preocupando por él", pensó más relajada y haciendo un mohín con la boca. — Pues… no hay mucho que decir. Descubrí que él está enamorado de otra, pero no fue para tanto, porque también me enteré que mis sentimientos por él eran producto de un hechizo. Muy loco, ¿no?

Sin embargo, Kou reaccionó más alarmado de lo normal:

— ¡¿Acaso Hina te…?! — Al percatarse de su error, calló de golpe.

Miyu parpadeó confundida. Ambos se observaron atónitos.

— ¿Hi… Hina? — repitió ella para cerciorarse de haber escuchado bien. — Mikage… ¿conoces a Hina Kazama?

Se hizo un silencio que evidenció lo inusualmente vacío que estaba el local a esas horas de la tarde. El pelirrojo cerró los ojos antes de tomar un poco de aire y sujetar a Miyu de los hombros.

— Por favor, dime qué pasó con ella — le pidió sin responder a la pregunta.

— ¡No te preocupes! Todo fue una especie de malentendido… Es… difícil de explicar… — respondió Miyu con nerviosismo. ¿Por qué sonaba como si lo estuviera intentando tranquilizar? No es como si fuera necesario, ¿o sí? — ¡Lo importante es que ya todo está aclarado!

Pero Kou no dejaba de mirarla con intensidad.

— ¿Acaso ella te hizo algo? — quiso saber él, acorralándola contra la estantería. Cuando la espalda de Miyu chocó contra la misma algunos libros cayeron desde arriba, junto a sus pies. — Tú… aún no me recuerdas, ¿verdad?

— ¿Eh? — La chica levantó la mirada aún aferrada al libro que presionaba contra su pecho. La expresión de su jefe lucía cada vez más torcida y afligida a la vez.

— Responde, Miyu.

— No me digas que… ¿me conoces?

La expresión de Kou se suavizó al oírla. Envolvió cuidadosamente a Miyu entre sus brazos mientras ella no hacía más que contener la respiración.

— Qué alivio — susurró él. — Aunque resulta doloroso, también.

— Mikage… qué… — Miyu no entendía nada. Los abruptos cambios de actitud de su jefe, sus comentarios… Todo la tenía sumamente desconcertada.

A sabiendas de esto, Kou se alejó un poco de ella.

— En el pasado… tú y yo solíamos ser novios, pero Hao te arrebató de mis brazos — declaró mirándola directo a los ojos, viendo cómo su impresión no hacía más que crecer. — Lamento haberte mentido. No tenía otra opción.

El pelirrojo volvió a abrazarla y el libro se resbaló de las manos de Miyu. Este rebotó en su pie y cayó pesadamente al suelo, pero ella no sintió el golpe. Tenía los sentidos adormilados.

— Aléjate de Miyu, Kou Mikage — habló un tercero.

El aludido soltó a la chica para voltear hacia el origen de esa voz desconocida. Para su sorpresa, no estaban solos. Nunca lo estuvieron realmente.

— ¿Quién eres tú? — preguntó al espíritu que acababa de hacer aparición.

— ¿Puedes ver a Tsubaki? — preguntó Miyu a su vez, comprendiendo que su jefe podía no ser un humano común y corriente.

— ¿Tsubaki?

La bella fantasma lo observaba con una fiera expresión.

— Yo soy el espíritu acompañante y fiel guardiana de Miyu — respondió con recelo.

— Ya veo. Entonces tenemos algo en común — comentó Kou. Tsubaki hizo una mueca de desagrado.

— Tsubaki, ¿qué está pasando? — quiso saber Miyu.

— Kou Mikage también solía ser aliado de Hao — le explicó su espíritu acompañante.

— ¡¿Qué?! ¡Eso quiere decir que…!

— Así es, al igual como sucede con Hao y Hina, tú y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo — intervino Kou.

Miyu no podía procesar esa información, no cuando los recuerdos compartiendo con su jefe eran tan cotidianos y normales. Ni siquiera cuando decidió revelarle de su vida como shaman notó alguna señal que le indicara que estaba hablando con uno.

"Un momento... Ahora que lo pienso, el tema nunca le extrañó demasiado... y me dijo que su abuela también era shaman...", recordó Miyu.

— ¿Fue por eso que me aceptaste como tu empleada? — preguntó entonces. En lugar de responder, Kou llevó una mano hasta su rostro y le acarició suavemente la mejilla. — ¿Qué es lo que quieres de mí?

Nada de lo sucedido había sido previsto por Kou Mikage, por lo que esbozó una media sonrisa y contestó con honestidad:

— Muy simple. Solo quiero recuperar lo que Hao me quitó. — Miyu comprendió el peligro que envenenaba esas palabras, pero sus músculos no respondieron al momento de querer actuar en su defensa. — Lo entiendes, ¿verdad?

Después de oírlo susurrar así, solo vio oscuridad.


— Miyu ya se tardó — comentaba Yoh de manera distraída. Tenía la espalda apoyada en uno de los pilares de la pensión mientras observaba el jardín y los colores del cielo al anochecer.

Desde esa distancia podía oír la discusión que sostenían Horohoro y Hina en el interior.

— ¿Qué estás haciendo aquí? — le preguntaba él sentado en torno a la mesa de centro y con ambas manos apoyadas en su superficie. — ¿No se supone que no querías participar en el torneo?

— Si ustedes van a llevar a Miyu Yumemiya a la boca del lobo, no tengo otra opción más que ir también y alejarla de él — le discutía la tarotista. Estaba ubicada en el lado opuesto de la mesa y bebía una taza de té que acababa de servirle Mei.

— ¡Ya no te soporto! ¡Lo único que haces es entrometerte en nuestro camino por un problema amoroso que no le importa a nadie excepto a ti!

— ¡¿De qué hablas?! ¡También estoy intentando salvarlos a ustedes de la devastación que podría traer esa niña!

Yoh intentaba mantenerse al margen cuando se ponían así, pero al cabo de unos largos minutos de discusión se puso de pie:

— ¡Ya dejen de pelear! — exclamó desde el umbral de la entrada que conectaba con el jardín, cerrando la puerta corrediza a sus espaldas. — Horohoro, Hina nos acompañará. Es la única que puede orientarnos con todo lo que está pasando.

Tras esta intervención, Hina le sacó la lengua al shaman de hielo, quien tuvo que tragarse sus palabras.

— A decir verdad, yo tampoco estoy de acuerdo en que una seguidora de Hao esté entre nosotros — opinó Ren cruzado de piernas en su lugar. — ¿Qué sucederá si su famoso presagio de caos y destrucción no es más que una farsa para respaldar sus acciones y traicionarnos?

— ¿De verdad crees que llevaría más de un año urdiendo un plan solo para eso? — saltó Hina. — ¡No me hagas reír!

— Entonces, dime: ¿de verdad estarías dispuesta a traicionar a Hao y venir con nosotros? — Ren la miró fijamente, escudriñando en su rostro alguna mentira.

— ¡Yo ya traicioné al señor Hao, idiota! — bramó la tarotista, dejando la taza de golpe sobre la mesa. — ¡Yo…!

Pero su frase quedó sin concluir. Una cadena atravesó la puerta shōji de manera repentina y rodeó el cuerpo de Hina, quien se vio atrapada y llevada a la fuerza hacia el jardín.

— Qué… — alcanzó a decir Yoh en el momento que Hina fue impulsada y tumbó la puerta.

— ¡¿Qué pasa?! — saltó Horohoro mientras los shamanes se incorporaban de golpe ante el ataque sorpresa.

Ryu, Anna y las chicas llegaron corriendo a la sala de estar al escuchar el fuerte estruendo, tan confundidos como los demás.

— ¡Hina! — Nene llamó el nombre de su superior.

Las miradas de los presentes se detuvieron en la delgada figura ubicada en medio del jardín de la pensión. Su mirada dorada permanecía oculta bajo el flequillo rojo.

— No creí que llegarías tan lejos… — masculló el recién llegado con el otro extremo de la cadena, la cual tenía una bola metálica que hacía girar dibujando un gran círculo vertical.

Hina se encontraba en el suelo aún encadenada.

— Kou Mikage — reconoció Yoh, sorprendido de verlo.

— ¡Señor Mikage! — exclamó Ryu.

— ¿Lo conocen? — preguntó Anna.

— Sí, es empleado jefe en "Lost Paradise".

— Es el jefe de Miyu, pero… — Yoh se quedó sin palabras al recordar que Miyu debía encontrarse en la librería antes de volver a casa, ¿por qué no estaba en ninguna parte? ¿Acaso su jefe tendría algo que ver con eso?

Por otro lado, el atacante no prestaba mayor atención a los shamanes. Su foco era la mujer del kimono rosa que se encontraba tendida e inmovilizada a pocos metros de él.

— Veo que no puedes levantarte — comentó sin dejar de girar su arma de forma intimidatoria. — Es todo un privilegio tener a la heredera del clan Kazama postrada ante mis pies, ¿no crees?

— Kou… — susurró Hina mientras levantaba débilmente la mirada hacia su supuesto aliado.

— Vi su cuerpo, Hina. Podría reconocer el filo de tus cuchillas donde sea — explicó el implicado con el semblante ensombrecido. — Heriste a Miyu, y no fue un ataque ordinario. Intentaste acabar con su vida. — La tarotista no respondió. Esta fue confirmación suficiente para el pelirrojo, quien esbozó una sonrisa desequilibrada: — Debí haberlo imaginado, pero soy tan idiota que confié en ti hasta el último momento. ¿Cuántas mentiras me has dicho desde que volviste de Izumo? O incluso antes…

— Solo esa — confesó Hina. — Guardé el secreto porque ya no tengo intenciones de lastimarla.

— Ah, ¿no tienes la intención? Pues debiste pensar eso antes de intentar ensartarle el corazón, mi querida Hina.

Con un simple movimiento, las cadenas que rodeaban a la chica presionaron su cuerpo de tal forma que dejó escapar un fuerte grito de dolor.

— ¡Ya déjala! — intentó detenerlo Yoh mientras se precipitaba hacia ellos junto con Nene.

— No se metan en esto. ¡Fang Yao! — Escuchar este nombre paralizó a Mei, quien permanecía como testigo lejano de la situación. El llamado de Kou provocó que el espíritu de un guerrero de atuendos chinos se apareciera, poseyendo en el acto la pesada bola de metal que seguía girando y brillando a la luz de la luna. — ¡Muéstrales el poder de tu martillo meteoro!

El shaman dirigió su ataque directamente a Hina, a quien golpeó duramente con la bola de metal. El ataque le dio de lleno en el estómago, haciéndola vomitar sangre por el impacto. Pero el desquite no quedó ahí. El pelirrojo volvió a girar su arma por sobre su cabeza, para luego volver a dejar caer la pesada bola metálica sobre la espalda de Hina. Y así sucesivamente, hasta que algunos huesos se quebraron y un charco de sangre empezó a rodear el cuerpo de la tarotista.

La tortura sucedía tan rápido que los shamanes no sabían qué hacer. Tamao se cubrió los ojos, horrorizada, y Nene apretaba su mandíbula con furia contenida.

— ¡Basta, la vas a matar! — gritó la aprendiz a tarotista, maldiciendo en su fuero interno el no tener alguna forma de detener a Kou.

Y mientras todo eso sucedía, en el rellano de madera del templo Mei se desplomaba sobre sus rodillas.

— Ese es… — murmuraba en su idioma natal con los ojos contraídos y llenos de lágrimas.

Ren volteó hacia ella, notando que algo no andaba bien con su sirvienta.

— ¡Señorita Mei! — la llamó Ryu, quien se encontraba a su lado. — ¿Qué le sucede?

— Él ser… descendiente de Seina Li — murmuró Mei en japonés, pero ninguno de los presentes entendió a quién se refería.

Excepto uno.

— Ah, veo que conoces a mi abuela — comentó Kou, dejando de atacar a Hina para dirigirse a Mei en un perfecto chino. — Seina Mikage, antes Seina Li, era una experta en el uso de esta arma letal. Asesinó a cientos de guerreros con ella y manipuló sus espíritus para incrementar su poder.

— "Si te acabo con mi Liu xing chui, jamás escaparás de él. Tu alma me pertenecerá." — Mei continuó hablando en su idioma. — Recuerdo muy bien la noche en la que escuché esas palabras. Mi familia fue asesinada por esa desquiciada mujer… Y tú… — A medida que los traumáticos recuerdos teñidos con sangre regresaban, el llanto la inundaba. La sonrisa de Kou Mikage, sus movimientos y estilo de pelea eran idénticos a los de Seina Li, pero eso no era lo único que la hacía estremecer. Conocía al espíritu que controlaba en ese mismo momento. Fang Yao. — Padre… — musitó con un hilo de voz.

Ren, al ser el único además de Kou que podía entenderla, se sobresaltó.

— Ah, con que Fang Yao era tu padre — comprendió Kou sin dejar de sonreír. — Debo reconocer que fue una excelente adquisición de mi abuela. El mejor de los guerreros de una larga tradición al servicio de la dinastía Tao.

En ese momento, Mei se incorporó de golpe. Su falta de expresividad habitual había sido reemplazada por un semblante mortífero que se robó la atención de todos. Empuñaba sus manos con tal fuerza que de estas empezó a salir un poco de sangre. Estaba temblando de rabia.

— No… te perdonaré… — declaró con voz suave, para luego exclamar: — ¡No te lo perdonaré!

Sin embargo, cuando se disponía a atacarlo, Ren se atravesó en su camino. Sus penetrantes ojos dorados la paralizaron.

— ¡Señorito! — exclamó ella, frenando en seco.

Al verlo de frente, notó que su seriedad era muy diferente de la usual.

— No te he ordenado atacar, Mei — sentenció él, manteniendo la conversación en su idioma natal.

— ¡Pero…!

— Quédate en tu lugar. Yo acabaré con él.

— Señorito… — A Mei se le quebró la voz, sumamente contrariada por esa orden.

Conocía lo suficiente a su amado señorito como para saber que estaba haciendo eso por ella. No podía desobedecerlo, sin embargo, tampoco sentía correcto que se encargara del descendiente de la asesina de su familia. Era un asunto que solo le incumbía a ella, la huérfana de la familia Fang adoptada y entrenada desde muy temprana edad para seguir el mismo camino de su padre y convertirse en una de las mejores guerreras al servicio de la dinastía Tao.

Se lo debía todo a Ren y a su familia, ¿y tenía que seguir causándole tales molestias? Mei bajó la mirada con impotencia. "De todos modos, ¿qué puedo hacer contra el nieto de Seina Li? Ni siquiera soy una shaman…"

— ¿Pelearé contra el mismísimo Ren Tao? ¡Qué oportunidad! — exclamó Kou, observando la escena divertido mientras maniobraba su arma con maestría. — Escucha, entiendo que quieras honrar a tu bella concubina, pero el asesinato de la familia Fang no tiene nada que ver conmigo. Si quieres venganza tendrás que ir a presentar tus respetos a la tumba de mi difunta abuela. — Ren volteó hacia él con lanza en mano, mas no dijo nada. Kou enarcó una ceja ante su actitud. — Este no es tu problema. Además, solo vine por Hina. Necesito saldar algunas cuentas con ella, así que… ¡¿Eh?! — Una vez Kou volvió la mirada hacia donde se suponía debía estar la tarotista, confirmó que solo se hallaban sus cadenas sobre el césped cubierto de sangre. — ¡¿Dónde está?! — preguntó, ahora en japonés.

Los shamanes confirmaron con desconcierto que Hina Kazama había desaparecido, y eso no era todo:

— ¿Eh? Yoh tampoco está — comentó Horohoro viendo a su alrededor.

— ¡Mierda! — exclamó Kou, maldiciendo en su fuero interno el haber sido tan despistado como para perderlos de vista durante la intervención de Fang Mei.

Como sus ojos estaban centrados en la pensión, resultaba imposible que Yoh o Hina hubiesen entrado, por lo que la única opción que les quedaba era escabullirse hacia el bosque aledaño a Funbari. Kou replegó su cadena, dio un brinco veloz y desapareció en esa dirección, empeñado en cumplir su objetivo.

— ¡Miserable! — gruñó Ren al verlo huir y siguiéndolo en el acto.

— ¡Oye, espera! — lo llamó Horohoro mientras Mei y Nene los perseguían también, cada una por diferentes motivos. — ¡Argh! ¡¿Qué está pasando?! ¡No entiendo nada!

— ¡Andando, Horohoro! — exclamó Ryu, decidido a involucrarse en el combate aún sin haber entendido ni una sola palabra de la conversación sostenida momentos atrás.


Mientras la persecución iniciaba en Funbari, los ojos castaños de una joven desorientada se abrían en medio de una oscura habitación. Un sitio desconocido. Sentía mucha incomodidad, como si algo la estuviera reteniendo a la cama donde estaba recostada, pero al mismo tiempo sentía el cuerpo ligero… como si…

"¿Dónde estoy? ¿Y dónde está mi ropa?"


NOTAS DE LA AUTORA:

¡Se viene nuevo anime de Shaman King! Tengo muchas ganas de ver qué tal será, ¿y ustedes?

Aprovecho de mencionar que, si bien esta historia está basada en el primer anime, SI tiene un vínculo muy importante con el manga.

Tal vez en el próximo capítulo puedan intuir algo de ello.

Sea como sea, esta nueva saga del fanfic promete más combates y líos sentimentales. ¡Espero la disfruten!