El viento ondea las bufandas en la tribunas del campo de quidditch, listos para el partido entre Gryffindor y Hufflepuff. Hermione me acompaña hasta los vestuarios para desearme suerte, va colgada de mi vrazo, dándome consejos y recitando pasajes de un libro que leyó hace poco sobre los mejores jugadores de quidditch.

—Eres el mejor jugador de la escuela, así que no sería raro que aparezcas en la próxima reedición del libro.

Asiento una vez, he estado de mal humor toda la mañana. Ahora que sé que no debo esperar nada de Draco, me limito a fingir y pasar el menor tiempo posible con él, sin embargo, a veces, me es difícil decirle que no cuando se acerca a mí, como hoy, cuando Malfoy me apresuraba para ir al Gran Comedor e intentó besarme sólo porque Astoria pasó a su lado, hablando a los gritos sobre la canasta de dulces muggle que su nuevo novio le había enviado.

—Yo te puedo conseguir dulces muggle, si eso quieres —dije al ver a Draco sonrojarse, seguramente por el disgusto. Entonces el muy imbécil, sujeto mi cintura y me jaló hasta acercarme a él para intentar besarme; fueron mis rapidos reflejos que, en el último momento giré mi cabeza y la boca de Draco terminó golpeando con mi sien.

En los vestidores de quidditch, intento dar palabras de aliento y motivación como capitán del equipo, sin embargo, veo en las caras de mis compañeros que no lo estoy haciendo luy bien. Finalmente, Ginny toma la palabra y convierte mis frases sin sentido en un verdadero discurso que termina en aplausos y gritos de lucha. Me doy cuenta que será una excelente capitana y seguro pronto llega alguien ba informarnos que será parte de un equipo oficial.

—... y claro, después del partido tendremos una fiesta, si ganamos mis hermanos prometieron dulces y bebidas especiales de la tienda.

El equipo sale y en el aire, mientras la señora Hooch da las indicaciones y advertencias de rutina, mi mirada se dirige a las gradas buscando una cabeza platinada. Es muy tonto de mi parte, pero me gustaría ver a Draco apoyándome. Lo distingo en las gradas de Slytherin, a lado de sus amigos, Goyle lleva una bufanda de Gryffindor, Zabini y Crabbe tienen una banderilla escarlata en las manos aunque lucen bastante aburridos; Draco habla y ríe con Parkinson... y con Astoria, no veo ninguna banderilla ni bufanda en él.

Alejo mi mirada de ellos, dispuesto a concentrarme en el partido. Rápidamente, empiezan las anotaciones, Ginny se desenvuelve muy bien en la escoba y algo se remueve en mi interior, me doy cuenta que estoy genuinamente orgulloso de Ginny, de la chica que es y de la adulta que será.

Los Hufflepuff ya se han recuperado de la pasada derrota y, por lo visto, han practicado mucho porque, a medida que avanza el partido, los puntos van favoreciendo a los tejones. El marcador marca 115 a 95 cuando veo la snitch, vuelo en picada en su búsqueda y me doy cuenta que el buscador de Hufflepuff me sigue, pero por sus movimientos, infiero que no ha visto la snitch. Juego un poco, doy unas cuantas volteretas para confundirlo, un vuelo en picada hacia el césped y en el último momento, me he levantado para ir directo a la snitch. Cedric se habría reído sin dudarlo, él sí que era un excelente buscador y, siempre dispuesto a seguirme a un juego con la escoba. Un par de piruetas más en el aire y la snitch aletea entre mis dedos.

Gryffindor ha ganado, mis compañeros bajan de la escoba para abrazarme. A lo lejos, veo a Hermione acompañada de Luna, ambas corren hacia mí, Hermione salta a abrazarme. Me sorprendo un poco por su efusividad, pero le devuelvo el abrazo, quizá es porque ahora no tengo que compartir las felicitaciones con Ron que me parece mucho más entusiasta.

Luna me da una palmada en el hombro y me ofrece una vara de regaliz que tomó con una sonrisa. Veo a Draco caminar con ese aire de autosuficiencia, algunos lo miran extrañados, pues la rivalidad entre Gryffindor y Slytherin en el quidditch es legendaria.

—Hola.

—Hola —respondo, pero Draco no dice nada más, se queda ahí parado mirándome fijamente—. Debo ir a cambiarme.

—¿Eso es todo? ¿Eso es todo lo que piensas decir?

—¿Qué quieres que diga?

Draco toma aire dispuesto a hablar, pero es interrumpido por Hermione que pasa justo en ese momento acompañada de Ginny y Luna. La pelirroja le susurra algo al oído y ella ríe y exclama:

—¡No tardes! La fiesta no empezará sin ti.

—¡Guárdame cerveza de mantequilla!

—Eh... ¿No te parece un poco raro que mi supuesto novio vaya por todo el campo con aquella sabelotodo colgada de su brazo? ¡Y encima se te lanzó encima hace un momento!

Suelto un bufido por esta especie de escena de celos que quiere hacer. Es ridículo. Además si a esas vamos, bien podría yo mencionar lo feliz que se veía hablando con Pansy y Astoria y cómo no lo vi apoyándome ni una vez durante el partido.

—¡Hablo en serio! ¿Cómo crees que me hace quedar?

—Para empezar, Hermione no ha hecho más que acompañarme y después celebrar conmigo que habíamos ganado, algo que tú no hiciste. Como sea, ella es mi mejor amiga y es normal que quiera caminar conmigo, ¡a nadie le importa!

—A mí me ha importado.

—Pues lo siento. Siento que te esté dañando la reputación, pero no pienso hacer nada al respecto si a eso vienes.

Draco toca el puente de su nariz con el pulgar y el índice y da un suspiro, al levantar su rostro tiene una sonrisa encantadora. No quiere pelear y está usando su arma veela conmigo, porque a mí nadie me saca esa idea, ese hombre tiene sangre veela. Simplemente no es posible esa hermosura, sólo porque sí. Pasa los dedos por mi cabello, quitando un par de mechones de mi cara.

—Así que, ¿habrá una fiesta en Gryffindor?

Lo dice con una timidez que resulta adorable.

—¿Quieres venir?

Su sonrisa se ensancha, toma mi mano y me entrega un pedazo de pergamino y una rana de chocolate.

—Te espero en las gradas, buscame cuando termines de asearte.

En el pergamino, con perfecta y alargada caligrafía están escritas un par de líneas:

Escribo esto antes del partido porque sé que ganarás.

¡Eres el mejor buscador en cien años, Harry!

Aunque yo no te lo dejaré tan fácil con Slytherin.

D

La nota me arranca una sonrisa. Es la primera vez que me llama por mi nombre de pila, guardo la nota en mi bolsillo, intentando que no se arrugue. Cuando todo haya acabado, quiero guardarla, poder mirarla y recordar qué se sentía ser novio de Draco Malfoy. Aunque todo haya sido mentira.

Termino de vestirme y salgo al campo de quidditch, encuentro a Draco, tal como me dijo, en las gradas. Está acompañado de Blaise quien me sonríe y me felicita por el juego.

—Estoy amenazando a Draco con rapar su precioso cabello si se deja ganar la copa de quidditch por ti.

Me río imaginando a Draco con el cabello a rape.

—Será mejor que le consiga una poción para crecimiento de cabello, entonces.

—Estoy ansioso por ver ese partido. —Blaise se ríe y baja de las gradas dando una palmada en mi hombro—. Diviertanse en la celebración —agrega con picardía.

—Será una fiesta en la torre de Gryffindor, puedes venir, si quieres.

—Gracias, pero pasó, iré a consolar a la cazadora de Hufflepuff —dice entre risas.

—¿Nos vamos? —pregunta Draco ofreciendo su brazo, lo tomó y de inmediato siento la calidez del hechizo calentador que se ha puesto.

Es reconfortante caminar a su lado y, aunque a veces me exaspera, me doy cuenta que me gusta pasar tiempo con Draco Malfoy.

Llegamos a la sala de Gryffindor donde la fiesta ya está algo avanzada, algunos nos miran extrañados, pero en general, mis compañeros de casa están muy ocupados bailando y bebiendo.

—¡Harry! —me llama Dean—. Ven a bailar.

Hago un ademán con la mano para intentar hacerlo desistir, sin embargo, sólo logró que Seamus se una a sus gritos.

—Creí que no bailabas —murmura Draco.

—Sólo hacemos el tonto —explico—, pero no lo haré frente a ti, no te preocupes.

—¿Qué? Pero yo sí quiero verte bailar —replica con un puchero.

—Es inútil que trates de convencerme con eso. Soy un inmune, ¿recuerdas?

Me mira sin entender, señalo su cara.

—Eso. Soy inmune a tus encantos.

Draco arquea las cejas como si lo hubiera desafiado. Draco es competitivo y lo he retado.

—No bailarás frente a mí porque sabes que soy el mejor bailarín, tal como soy el mejor buscador de Hogwarts, ¿cierto? Te aplastaré, Potter.

Me mira fijamente con demasiada intensidad, y siento que mi sonrisa se desvanece mientras el calor va subiendo por mis mejillas. El grito de Ginny me devuelve a la realidad. Me había olvidado que seguíamos en un lugar lleno de gente.

Con un movimiento de varita hago funcionar el gramófono, tomo la cerveza de mantequilla que Luna me ofrece y la bebo de un trago. Al terminar, tomó la mano de Luna y comenzamos a bailar con esos extraños movimientos que sólo practicamos solos en la sala de los menesteres. Escucho las risas de mis compañeros de casas y veo como se nos unen, primero Dean y Seamus y luego Ginny con una chica de grandes rulos. Lo divertido de las fiestas en Gryffindor es que bailamos para divertirnos y, desde que Luna las frecuenta, la batalla de baile, la ganan los pasos más extraños y elaborados.

Tomo de la mano a Luna y paso mi mano alrededor de su cabeza, luego ella da un giro, su vestido suelta pequeñas mariposas, entre risas ella hace espirales con las manos creando pequeñas luces que parecen llamas, las lanza hacia mí y hago movimientos para esquivarlos. Hermione que sólo se balancea, se acerca para el toque final del baile, el fuego se ha unido a las mariposas, comienza a girar sobre nosotros, envolviendonos con una bruma que sale de su varita, el fuego parece consumir a las mariposas y el rugido de un león se escucha en toda la sala común. La música se detiene y escucho los aplausos de mis amigos.

Soy un pésimo bailarín y todos saben eso, pero Luna siempre sabe cómo llevarme a hacer estas cosas tan arriesgadas... y ridículas, para ser sinceros.

Miro a Draco que se está partiendo de risa mientras aplaude con energía. Consigo recuperar el aliento para gritar:

—Es hora de que Malfoy defienda su casa y nos muestre de qué están hechos los Slytherin.

—Es imposible que pueda ponerme a la altura de una actuación como esa.

—Claro, porque a los Malfoy sólo les enseñan vals y nada divertido —dice Ginny molestando—. Vamos Luna, baila conmigo.

—Draco, baila para nosotros, por favor. —Es Neville quien lo pide y es quien parece convencer a Draco.

—Sólo si me enseñas algunos movimientos.

Los observo mientras bailan, pronto se les unen Luna y Ginny, todos ríen mucho, es claro que la están pasando bien y siento una calidez desconocida cuando los miro.

—Sobre lo que te dije el otro día —dice una voz a mi espalda. Me doy la vuelta para mirar a Dean, que me ofrece una cerveza—. No sólo él te hace bien, tú le haces bien a él. Nunca imagine ver a Draco Malfoy bailando con un grupo de gryffindor alrededor.

Entonces me viene a la mente un pensamiento preocupante: no puedo permitir que mis amigos y familia se encariñen con Draco. Esto es una mentira, un arreglo temporal. Neville le mira con mucho cariño, casi como miraba a Hermione cuando iba a casa y le leía cuentos y sé bien que le afectó la ruptura entre ella y Ron. No quiero que mi hermanito y mis amigos se encariñen para que luego Draco se vaya sin más.

Más tarde, cuando acompañó a Draco a su sala común, le digo:

—Creo que no deberíamos pasar tanto tiempo con los amigos del otro. No quiero que Neville se confunda.

—¿Por qué se confundiría?

—Porque... porque cuando todo esto acabe, te echará de menos.

—Vamos en la misma escuela Potter, lo seguiré viendo. Además Neville es divertido, hasta me agrada más que tú —dice pinchándome el estómago.

Pienso en lo amable y paciente que ha sido con él, dándole consejos para sus pociones y el cuidado de sus plantas. Incluso Neville me ha dicho que, a regañadientes, Snape le ha otorgado cinco puntos por su mejoría en la clase.

En un impulso, me acerco a él, pongo mis manos en sus hombros y me alzó un poco para darle un beso en la mejilla. Draco se hecha para atrás, sorprendido, no alcanza a sonrojarse, pero si hay un leve tono rosado en sus mejillas.

—¡Vaya! ¿A qué ha venido eso?

Siento que mis mejillas arden, revuelvo mi cabello con nerviosismo.

—Has sido muy bueno con Neville y lo fuiste hoy con mis amigos, en general... Nones nada, en realidad.

Él me sonríe y pasa sus dedos por mi cabello, me devuelve el beso en la mejilla que dura exactamente tres segundos, cuando se separa, se despide de mí con la mano y entra a su sala común. Salgo corriendo hacia la torre de Gryffindor aún con las mejillas sonrojadas.


Ya sé que es un capítulo cortito, pero realmente me gustó mucho. Y es que me gusta Draco cuando pelea con Harry pero me gusta más cuando baja la guardia y es tan amable sin siquiera proponérselo.En fin, espero les guste y si quieren comentar, comenten y si no, pues igual me alegra que lean esto.