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Disclaimer:
Los personajes de SAINT SEIYA no me pertenecen.
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¿Y DÓNDE ESTÁ EL POLLO?
v 3.0
- No está en el baño. – Hyoga les informa a Shiryu y a Seiya después de asegurarse que Shun no está en el baño.
- Tampoco debajo de la cama. – informa Seiya tras asegurarse que Shun tampoco está debajo de la cama.
- No puedo creer que Shun se haya ido sin avisarnos. – dice Shiryu, incrédulo.
Los chicos se miran los unos a los otros, preocupados.
Los tres ya habían decidido salir de la mansión llevándose a Shun con ellos, aunque él no lo aprobara, pero antes tenían que hacer creer a Tatsumi que permanecerían en sus respectivas habitaciones, así que Hyoga y Shiryu volvieron a las suyas, y fue en el preciso momento en el que ellos abrían las puertas para entrar, cuando oyeron a un refunfuñón Tatsumi que iba doblando por el pasillo.
- Escuchamos que venías. – dijo Shiryu al ser sorprendidos en la puerta como si estuvieran a punto de ir a alguna parte.
Tatsumi no se veía nada contento.
- La señorita Saori me ha… pedido que les permita ir a donde les plazca, ¡pero confía en que no se harán más daño, porque no les dará una segunda oportunidad! –
Seiya repentinamente se asomó de su propia habitación.
- Que dijo, ¿qué? –
- No voy a repetirlo. – fue todo lo que dijo Tatsumi antes de volver a la cocina a asegurarse cuán grave fue el daño sufrido al sistema eléctrico.
Sin preocuparse mucho porque Tatsumi haya transmitido las palabras exactas de Saori, en un parpadeo, los tres ya estaban dentro de la habitación de Shun, y se llevaron otra sorpresa. Shun no está.
- ¿A dónde pudo haber ido? – pregunta Seiya esperando que sus amigos tengan la respuesta.
- En estos días – Shiryu reflexiona – ha estado interesado en la preparación de alimentos. -
- Tal vez… no queriendo meter en problemas a Miku, - dice Hyoga – decidió buscar a otro maestro. –
- Debe ser importante para él, – dice Shiryu – si fue capaz de salir de la mansión, como un fugitivo. -
- Pero no conocemos a muchas personas. – dice Seiya - ¿Dónde o con quién pudo haber ido? -
- Creo saber a dónde. – dice Hyoga.
Los tres pronto salen a buscar a su amigo. Saben perfecto que Shun puede cuidarse a sí mismo, pero no pueden evitar estar preocupados.
Toman el autobús que los lleva a los suburbios de Tokio. Al descender del vehículo, se encuentran en una pequeña pero concurrida zona comercial. Sin detenerse siquiera a buscar en otras partes, van directo a un pequeño negocio de comida de los tantos que hay en la estrecha calle.
- Rokai. – Hyoga lee el nombre del pequeño restaurante.
- Saori nos invitó a comer aquí una vez. – dice Seiya.
- Sí. – dice Shiryu.
Miran por un momento el nombre del restaurante. Ninguno de los tres quiere pensar que en esa ocasión, Saori los invitó a comer, y que fue después de alguna batalla (y por supuesto, después de que pudieron ponerse en pie). Fue como si Saori quisiera compensar, de alguna manera, los sacrificios que hacen en nombre de la Diosa que convive con ella y que los ha arrastrado a vivencias traumatizantes.
Es un lugar poco concurrido (quizás se deba a que está prácticamente hasta el fondo de la calle, lejos de la concurrencia principal), pero eso fue lo que les gustó a ellos, además del buen sazón. Esta sería la segunda ocasión a la que van al pequeño restaurante, pero no para saciar sus estómagos precisamente.
Entran, pero no van a sentarse a una de las muchas mesas que están desocupadas, sino que se dirigen directo a la cocina. Y ahí está Shun, apurado preparando algo con sus agiles manos.
Los chicos entran pidiendo disculpas y abriéndose paso entre dos cocineros, muy decididos a reprender a un evasivo Shun, pero se detienen a escaso metro del fugitivo.
Shun tiene un semblante de una inmensa felicidad, tanta, que él no se ha percatado de las miradas que le observan sin parpadear.
- Yo voy a querer teriyaki. – de repente Shun escucha una voz familiar; es Seiya.
Voltea, y su felicidad se transforma en sorpresa.
- Chicos… -
- Yo prefiero ramen. – pide Shiryu,
- Sé que es demasiado pedir, - dice Hyoga – pero si fuese posible un okroshka (sopa fría rusa)... -
- Lo lamento. – Shun se disculpa – Yo estoy encargado de preparar dango. Puedo servirles después de que prueben algo más. -
- Sólo que, - ahora es Shiryu el que se disculpa – lo decíamos por decir. Traemos dinero sólo para el transporte. –
- Sí. – confiesa Seiya – No creímos que después de realizar tan exhaustiva búsqueda, nos diera hambre. -
- Sí, - ironiza Hyoga – una muy exhaustiva búsqueda. –
De repente, se acerca una persona que podría ser el dueño del local.
- El negocio no ha ido muy bien, y me hace falta un lavatrastes. Pueden pagar su consumo lavando trastes. –
Los tres chicos miran hacia el lavabo. La pila de trastes es pequeña. Aceptan el trato.
Después de la comida, el postre y una plática amena (a la que Shun no quiso unirse porque debe trabajar), Hyoga, Seiya y Shiryu están muy entusiasmados por lavar los trastes.
Una de los comensales, una alegre jovencita, acompañada por su novio (algo molesto por haber ido a ese lugar sin nada especial que ofrecer), escucha, sin querer queriendo, la conversación de los tres chicos. Se entera que esos tres guapos chicos van a estar ayudando en el negocio. Rápidamente ella les toma fotos a los chicos, y comienza a mandar las imágenes y mensajes a sus amigas.
Estas amigas se emocionan mucho porque al fin hay un restaurante donde trabajan chicos guapos, así que, a su vez, envían las fotos a más amigas…
Cuando Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun creen que pueden regresar a la mansión, repentinamente llega una oleada de clientela, sobre todo chicas.
En pocos minutos, jovencitas (y los amigos y los novios llevados a rastras por ellas), invaden el lugar.
Los chicos deciden quedarse para ayudar. El dueño le saca provecho a la situación poniendo a los cuatro como meseros. Ya que la demanda es bastante alta, se quedan hasta altas horas de la noche.
En la mañana del siguiente día, todos ellos tienen fiebre.
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