Capítulo 27:
Distracción
En los cuatro días posteriores a la carta del Ministerio, Draco decidió invadir el despacho de Harry porque era bastante más cómodo que el salón de su casa y estaba mucho más ordenado. Su novio solo había suspirado y cabeceado, burlándose de él porque resultaba ser peor que Hermione en su época escolar. Draco estaba tan ocupado que ni si quiera se esforzaba en ofenderse por eso.
No sabía cuánta cantidad de estrés iba a poder soportar su cuerpo, pero estaba seguro de estar al límite en ese momento. Tenía un dolor palpitante en las sienes y bajo sus párpados, llevaba tres días con un tirón particularmente incómodo en el cuello y ya no recordaba lo que era tener los hombros relajados o dormir toda la noche seguida. Comía porque Harry le había amenazado con esconder todos sus apuntes y Draco había sentido el principio de un ataque de pánico sólo de pensarlo.
Con todo eso, había renunciado definitivamente a descansar la noche antes del examen. Lo había intentado y no había obtenido ningún resultado. Estuvo rodando en la cama de Harry durante una hora, antes de decidir levantarse para evitar perturbar el sueño de su novio con su comportamiento errático y se había encerrado en el despacho, que parecía haberse convertido en su nuevo habitad natural.
—Draco —levantó la vista desde sus apuntes hasta la puerta. Harry estaba apoyado en el borde y llevaba solo sus pantalones de pijama, dejando su torso al descubierto. Parecía cansado, aunque había más preocupación en su rostro que otra cosa—. Es tarde. ¿No deberías dormir un poco?
Draco perdió el hilo de sus pensamientos mientras miraba la forma en la que los tatuajes de su brazo hondeaban en su piel bajo la luz tenue de la lámpara. Se removió en su asiento, intentando centrarse.
—Tempus.
Un reloj sobre su cabeza le indicó la hora. En cualquier otro momento, se habría sentido realmente orgulloso de sí mismo por haber logrado hacer el hechizo sin varitas, pero eran las tres de la mañana y estaba demasiado cansado y nervioso al mismo tiempo como para celebrar nada.
—¿Quieres que te haga una infusión? —ofreció Harry, acercándose hacia donde estaba sentado— Tengo poción calmante pero si te la tomas a esta hora, irás dormido al examen.
Draco suspiró, cerrando los ojos mientras apoyaba su mejilla sobre el abdomen de Harry y pasaba los brazos por su cintura. Todo su cuerpo se sentía agotado pero mente no para de ir de un pensamiento a otro.
—Quiero que mi cerebro deje de pensar.
—Eso es un poco complicado.
Podría darle la razón, levantarse y dejar que su novio le llevase a la cama. Pero sabía que no podría dormir, se pasaría las pocas horas que le quedaban dando vueltas, recordando cada lista de hechizos que había aprendido, cada ingrediente para diversas pociones y la infinidad de runas que existían. Y luego sonaría el despertador, Draco aún estaría en vela, somnoliento y con la mente a la deriva, se presentaría en el Ministerio y suspendería el examen porque tenía demasiado sueño.
No podía permitir que eso sucediese.
—Harry —tragó saliva, preguntándose si lo que le estaba a punto de pedir no sería demasiado para asimilar con lo tenso que estaba—. Haz que solo piense en ti.
Su novio se endureció bajo su tacto. Luego le escuchó respirar profundamente, llevando una mano hacia el cabello de Draco para acariciarlo.
—¿Cómo? —a pesar de su pregunta, había un conocimiento en la voz de Harry que reflejó que ya entendía a dónde quería llegar.
—Como quieras —contestó sin mucha preocupación. Sabía que Harry encontraría una manera.
—¿Estás seguro?
—Por favor —suplicó, apretando los brazos alrededor del moreno—. Lo necesito.
No iba a poder descansar de otra manera. Necesitaba que lo distrajera, que llevase su mente a algo en lo que pudiera centrarse que no le causase tanto estrés.
Su corazón se aceleró en su pecho cuando su novio se separó de él y se inclinó para besarle. Draco suspiró, entreabriendo los labios para recibir el beso de Harry con gusto.
—Despeja el escritorio.
Parpadeó con rapidez, observando cómo Harry se enderezaba y salía del despacho. Contempló el escritorio, que estaba cubierto con un par de libros y un montón de apuntes. Se levantó a toda prisa, cerrando los libros y apilando los pergaminos cuidadosamente, para luego dejarlos en la repisa de la chimenea.
Harry volvió a los pocos minutos con una fusta en su mano derecha. Tenía una mirada decidida en su ojos y los labios apretados en una línea seria, sus hombros se veían un poco más tensos de lo normal y toda su postura exudaba dominio mientras se paraba frente a él. Para ese momento, Draco ya estaba parado al lado del escritorio, ahora vacío, con la respiración un poco más acelerada y la sangre circulando veloz por sus venas.
—Esta es una fusta rígida —explicó. Su voz era baja de una manera vibrante que hacía a Draco temblar y retorcerse a la vez. La fusta era corta y de color rojo oscuro—. Dolerá —advirtió.
Asintió con cuidado, dejándole ver a Harry que estaba prestando atención.
—Vale.
—Tu mano.
Se relamió los labios, ofreciendo su mano con lentitud. Vio a Harry levanta la fusta para luego dejarla caer de un golpe seco contra su mano extendida. Exhaló bruscamente, cerrando los dedos y llevando la mano hacia su pecho cuando el dolor se filtró como una corriente eléctrica rápida y punzante. La piel se calentó allí donde le había golpeado y pudo sentir cómo su pulso palpitaba bajo sus dedos. Su corazón se aceleró y su cabeza se tornó mucho más despejada de repente.
—Duele —comentó Draco, absurdamente.
—¿Color? —preguntó Harry con serenidad.
Había dolido más que cualquier otra cosa que hubiera probado nunca, pero también había provocado que una emoción excitante se agolpase en la parte baja de su abdomen.
—Verde.
Harry le ofreció una sonrisa lenta y prometedora.
—Quítate la ropa y túmbate sobre el escritorio.
Sus manos temblaron levemente al agarrar el borde de la parte superior de su pijama. A esas alturas, no le intimidaba quedarse desnudo frente a Harry. Era la mirada calurosa que le daba, como si estuviera disfrutando de su propio espectáculo único y singular, lo que había que Draco se removiese ansioso sobre sus pies.
La madera fría contrastó contra la calidez de la piel de su espalda. Su vello se erizó y su cuerpo se estremeció ante la diferencia de temperatura. Miró atentamente hacia Harry, quien se acercó a él para tirar de su cuerpo hasta que su trasero estuvo en el borde del escritorio. Se veía bastante imponente de pie delante de él.
—Dobla las piernas hacia tu pecho —Draco encogió sus rodillas, apoyando las manos en sus muslos para estabilizarlas. Escuchó a Harry murmurando algo y supuso que debía ser un hechizo amortiguador al notar que el escritorio debajo de él se volvía más blando—. Voy a darte ocho azotes, ¿está bien?
Se relamió los labios. Su polla, atrapada entre su abdomen y sus músculos, se llenó sólo ante el pensamiento.
—Sí.
Harry apoyó una mano en su pierna y recorrió con dedos suaves su extremidad hasta llegar a su tobillo derecho para trazar círculos pausados.
—Me gustaría que los contases en voz alta —murmuró, contemplándolo de arriba a abajo intensamente—. ¿Podrías hacer eso por mi?
—Sí —repitió, esta vez un poco más ahogado.
—¿Tu palabra segura?
—Rojo.
—Respira hondo.
Inhaló profundamente y retuvo el aire mientras esperaba el primer golpe.
El dolor en su mano quedó como una nimiedad cuando sintió que la fusta impactaba contra su piel. Fue lacerante, rápido y se sintió como si le hubieran desgarrado la piel. Su cuerpo se arqueó, los dedos de sus pies y de sus manos se cerraron y no pudo evitar soltar un quejido ante el dolor. Entendió porqué Harry le había dicho que respirase hondo, ya que en ese momento le costaba retener el aire en sus pulmones.
—Uno —susurró.
—¿Cómo se siente?
Tragó saliva, parpadeando hacia el techo, intentando buscar una palabra adecuada.
—Contundente.
—Contundente —repitió Harry, sonando complacido.
El segundo golpe fue igual de doloroso, pero Draco ya lo esperaba. Apretó sus rodillas juntas y llevó sus manos hasta el borde del escritorio para tener algo en lo que aferrarse.
—Dos —pronunció sin aliento y seguidamente otro azote le hizo saltar y gimotear—. Tres.
—Lo estás haciendo tan bien —alabó Harry, apretando su tobillo—. Aceptando todo lo que te doy.
Cerró los ojos, perdido ante los halagos. Sintió cómo la punta de la fusta acariciaba la piel de sus muslos hasta sus glúteos. Exhaló con fuerza, aguardando expectante. Su corazón retumbaba en sus oídos y sus músculos se tensaron cuando dejó de notar el tacto de la fusta. Un segundo después, hubo un golpe cerca de su entrada que fue directamente hasta su pene y que le hizo gemir en voz alta.
—Cuatro —contó.
—¿Color?
—Verde —respondió de inmediato.
Harry continuó, a veces esperando unos segundos entre azote y azote. Otras veces le daba más de uno seguido. No acariciaba la piel magullada, ni intentaba mitigar el dolor. Dejaba que Draco lo asimilase, que se calmase y lo aceptase todo. Como el buen chico que era, le decía.
Para el momento en el que contó siete azotes, Draco estaba casi sin respiración. Su pecho estaba rojo y su piel se encontraba perlada por el sudor. Su polla estaba erguida y húmeda, apretándose contra su estómago.
El último azote impacto cerca de sus testículos, haciendo que Draco se arquease con el corazón latiendo a una velocidad alarmante. Tenía unas inmensas ganas de rascar su piel y hundirse en agua fría, pero lo único que hizo fue relamer sus labios secos y decir:
—Ocho.
—Estoy tan orgulloso de ti, cariño —Vio que Harry dejaba la fusta sobre el escritorio a su lado. Luego separó sus piernas para inclinarse sobre él y dejar besos lentos sobre su pecho y su estómago—. Tienes una piel preciosa.
Sus labios se separaron y su aliento se quedó suspendido en su garganta cuando su novio pasó la lengua por toda su longitud endurecida. Su gemido sonó ruidosos en sus propios oídos y tuvo que cerrar los ojos con fuerza cuando Harry se tragó toda su polla. Casi se había olvidado de todo el dolor que sentía mientras Harry le chupaba con fuerza a un ritmo rápido que le dirigió directamente hacia el borde.
—No puedo... —jadeó, apretando cada músculo de su cuerpo—. No voy a poder aguantar más.
Se quejó miserablemente cuando Harry soltó su polla. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no correrse, aunque ya no sentía ningún toque en él. Dio unas bocanadas de aires, intentando calmar su excitación.
—Arrodíllate.
Draco obedeció inmediatamente, con las extremidades temblorosas. Se había dado cuenta de que Harry rara vez le ordenaba algo de forma directa a menos que fuese para desnudarse. Aunque estuviese implícito que quería ser obedecido, normalmente preguntaba. "¿Crees que podrías montarme?" "¿Serías capaz de tragarme entero? ¿Querrías inclinarte para mi?". Siempre le daba la última decisión a Draco, dejándole la disponibilidad de negarse si quería. Supuso, con el tiempo, que quizás Harry obtenía más placer al ver que Draco le obedecía voluntariamente, aún teniendo la opción de negarse, que simplemente haciendo todo lo que él le decía.
Parpadeó al notar la mano de Harry sobre su mejilla, acariciándole cariñosamente. No le hacía falta verse en un espejo para saber que había devoción en sus ojos mientras miraba a su novio.
—Apóyate sobre tus talones.
Dudó un poco. Se había mantenido cuidadosamente erguido para evitar que su piel sensible rozase con algo. Harry se había dado cuenta de eso, y ahora le contemplaba con severidad. Al final, dejó caer su cuerpo, apoyando su trasero sobre sus talones como le había dicho. Su piel escoció inmediatamente. Había una quemazón que se extendía por toda su dermis, desde fuera hasta dentro, como si estuviese intentado traspasar sus músculos para llegar a sus huesos. Cerró los párpados con fuerza y apretó las manos en puños sobre sus muslos. Respiró hondo, en un intento de calmarse. Poco a poco, el dolor se fue disolviendo. Todavía podía sentirlo y, si se movía, el escozor se volvía a propagar, pero podía tolerarlo si se mantenía quieto.
—¿Bien?
Abrió de nuevo los ojos. Harry le miraba pacientemente, aún acariciando su mejilla. Draco se inclinó ante el tacto, suspirando.
—Sí.
—A veces me pregunto cómo he podido tener tanta suerte contigo. Estoy seguro de que cualquiera se sentiría agradecido con tan solo poder admirarte —arqueó la espalda, echando la cabeza hacia atrás para perseguir el toque de Harry, que se había trasladado hasta su nuca y rastreaba los dedos por su cuero cabelludo—. Eres magnífico.
Se sonrojó ante los halagos, haciendo que Harry sonriese consciente. Aún llevaba puesto los pantalones del pijama, pero Draco podía percibir bajo la tela su pene endurecido. Se removió inconscientemente, arrepintiéndose cuando el escozor en su piel le atravesó de nuevo.
—¿En qué estás pensando?
Draco ni si quiera tuvo que reflexionarlo demasiado para contestar.
—Quiero chuparte.
Lo había querido desde que le había visto bajo el marco de la puerta.
Harry emitió un ruido complacido, llevando sus manos hacia la barbilla de Draco para acariciar su labio inferior.
—¿Quieres correrte mientras me follo tu boca?
Su cuerpo se estremeció, gimiendo calladamente.
—Sí, por favor.
Su novio dio un paso hacia atrás, agarrando el borde de su pantalón para quitárselo y quedar desnudo. Draco tragó gruesamente con la mirada fija en la polla erguida de Harry.
—Abre la boca.
Sus labios se separaron de inmediato y Draco enderezó la espalda, encontrándose ansioso mientras Harry dirigía su erección hacia su boca. Gimió lánguidamente, pasando su lengua por el pene endurecido de su novio. Respiró por la nariz, cerrando los ojos cuando Harry agarró su cabello para sostenerlo y empujó hasta su garganta. Aceptó cada embestida, apretando los labios, utilizando su lengua para darle más placer y saboreando el gusto de Harry en su paladar como si no hubiera nada más delicioso en el mundo.
Levantó la mirada. El rostro de Harry estaba contraído por el placer. Le observaba con ojos brillantes y la boca boca entreabierta, exhalando sonoramente. Emitía sonidos ahogados cuando Draco pasaba la lengua por su polla o cuando estaba tan profundamente enterrado en él que apenas podía respirar. Le sintió endurecer todavía más mientras chupaba con entusiasmo y, cuando el primer goteo de semen cayó en su lengua, Draco lloriqueó, se retorció y finalmente se corrió.
Harry siguió empujando, cada vez más pausado mientras su polla se iba ablandando. Se aseguró de tragarlo todo, gimiendo complacido.
Se sintió como si su cuerpo se desplomase del cansancio, aunque era consciente de que seguía arrodillado. Su cabeza daba vueltas y apenas era capaz de formar un solo pensamiento. Notó unos brazos envolviéndole, y un segundo después estaba siendo levantado en volandas del suelo. Draco dejó caer la cabeza sobre el hombro de Harry, sin tener la fuerza suficiente para envolver los brazos alrededor del cuello de su novio.
—Gracias —susurró.
Se quedó dormido incluso antes de llegar a la cama.
—0—
A pesar de su noche ajetreada, Draco se levantó descansado y lleno de una energía nerviosa que hizo a Harry carcajearse más de una vez. Descartó el desayuno, porque su estómago estaba cerrado en un nudo y llegó a la Oficina de Recursos Humanos del Ministerio con veinte minutos de antelación. Ya había gente en la sala de espera. Más de una docena de personas estaban allí sentadas sobre las sillas, de píe apoyados en la pared o dando vueltas. La mayoría tenía apuntes y libros con ellos, leyendo y murmurando por la bajo con ansiedad.
Sabía que las plazas para Inefable eran contadas, que las personas que habían en esa sala de espera sólo eran una pequeña parte de todas las que se habían presentado a los exámenes. Había leído en algún sitio que solo cinco personas de cada cuatrocientas pasaba el examen y que, de esas cinco, solo una iba a ser aceptaba en el cuerpo.
Aún así, Draco se sentía extrañamente sereno y seguro de sí mismo.
Una mujer llamó su nombre cuando dieron las ocho en punto. Varias cabezas se levantaron al escuchar su apellido, pero Draco los ignoró. Se sometió con tranquilidad a los hechizos que comprobaban que no llevaba ningún glamour encima, aunque era visible que no era el caso, y tomó la poción que la mujer le dio para asegurarse de que no había ingerido ninguna poción que pudiese suplantar su identidad.
Entró en una sala después de eso. Estaba llena de escritorios y había gente sentada que ya había empezado su examen. Cuando Draco se sentó, un hechizo le envolvió de inmediato, cubriéndole con una mampara borrosa que le impedía ojear hacia los lados para evitar que pudiese copiar y ser copiado por los de su alrededor. Había un pergamino con varias hojas en la mesa que llevaba un número aleatorio impreso para que fuese anónimo y una pluma con un tintero proporcionado por el Ministerio. Con el corazón latiendo a ritmo fuerte y constante, cogió la pluma y leyó la primera cuestión.
Le fue imposible no carcajearse.
Sonrió, pensando que al menos se iría de allí con la seguridad de que había respondido bien una pregunta.
"¿En qué año nació Harry James Potter?"
¡Hooooooola holita!
¿Por qué las semanas pasan tan rápido? Es horrible y a la vez no, porque ya estoy aquí un viernes más.
Esta fue una de las escenas que he mantenido desde el principio, aunque he cambiado la situación en la que ocurría. La tenía pensada desde el primer momento en el que escribir el desarrollo de la historia y, de hecho, este iba a ser originalmente el capítulo 15 y al final ha acabo siendo el 27. Siento haber tardado tanto en entrar en materia. Pero bueno, se puede decir que ya estamos aquí jajaja.
¡Muchas gracias por el apoyo y espero que os esté gustando!
¡Hasta el viernes que viene!
