Capítulo 11:
Noviazgo
Para Levi, aún más difícil que haber aceptado a Erwin como novio, era el hecho de tener que aceptarlo frente a sus amigos. Primero, porque ya de por sí era un tema vergonzoso para un adolescente como él, pero también, porque tuvo que tragarse sus palabras, sobre todas las veces que aseguró que nadie jamás le querría, románticamente hablando.
El lunes, cuando regresaron a clases, Isabel y Farlan, quienes sabían de todo el plan de Levi para "desenmascarar" a Erwin, no perdieron tiempo en interrogarlo sobre el resultado. Pero Levi retrasó el momento lo más que pudo, utilizando como excusa que estaban en clases. Llegada la hora del almuerzo, ya no pudo retrasar más lo inevitable, Farlan se las arregló para no dejarlo comer en paz, hasta que les contara qué había pasado.
Así que, Levi, viendo que no iba a poder disfrutar su almuerzo, lo dejó de lado y después de largar un profundo suspiro de derrota, decidió hablar:
—Estamos saliendo juntos…
—¡¿Qué?! —Gritaron sus amigos al unísono.
—¡Espera, espera! ¿Qué hay de las supuestas verdaderas intenciones de Erwin?
—¿Para qué me preguntas lo evidente Isabel? Es claro que yo era el único idiota que pensaba eso.
—En eso tienes mucha razón Levi, y que bueno que te diste cuenta de que estabas equivocado. —Aceptó Farlan— Pero de eso, a que se hicieran pareja, así sin más. ¿Estás enamorado de Erwin?
—No lo sé. ¡Y no me preguntes más! Ya saben lo que querían, ahora déjenme comer en paz, que me estoy muriendo de hambre.
—¡Oh Levi! Me siento tan feliz de que finalmente, hayas encontrado a alguien que te ame. —Chilló Isabel, dramáticamente, mientras se abalanzaba sobre Levi para apretujarlo en un cariñoso abrazo. —Te lo dije, te dije que te iba a llegar la hora cuando menos lo esperaras.
—¿Quieren por favor no hacer esto más grande de lo que es? —Les reprendió Levi, mientras apartaba a su amiga para que dejara de abrazarlo— Yo no cantaría victoria de todas formas. Erwin tal vez esté confundido, pero cuando haya pasado algún tiempo conmigo, lo más seguro es que se arrepienta.
—¿Por qué tienes que ser tan pesimista? ¿Qué te hace pensar eso Levi? —Le interrogó su amigo, fastidiado con esa actitud.
—La realidad. ¿Cuántas veces tengo que decírselos? A nadie le gustan los gordos, y yo no pienso bajar ni un kilo para gustarle a la gente. Tarde o temprano, Erwin se sentirá asqueado de estar con alguien como yo, es lo que cualquier persona normal haría.
Isabel, harta de la negatividad de Levi, se acercó a él y le tomó por las mejillas, halándolas fuertemente.
— ¡Deja de decir esas estupideces! Tienes a un chico demasiado apuesto, que te dice que se muere por ti y te pidió que fuesen novios, ¿y aun así te atreves a decir esas cosas? ¡Eres increíble! — Le reprendió muy enojada.
—Isabel tiene razón Levi, no puedo creer que sigas pensando esas tonterías. Después de todo, Erwin ha hecho hasta lo imposible para acercarse a ti, y no creo que sea precisamente por tu hermosa personalidad. —Agregó Farlan, sarcásticamente.
Levi manoteó a Isabel para que le soltara, y acariciándose las mejillas, consideró las palabras de sus amigos. ¿Debería bajar la guardia con Erwin? ¿Debería creer que el rubio realmente se sentía atraído por su cuerpo?
— Tal vez, tengan razón… —Aceptó, sin encararlos directamente.
— ¡Vamos Levi! Dale una oportunidad, sin estar siempre a la defensiva o esperar lo peor. Si ocurre algo malo, ya te consolaremos después. —Finalizó su amigo, dando palmaditas en su espalda.
Al medio día, los tres amigos se dirigieron a su lugar de siempre, dispuestos a tomar su almuerzo, solo para encontrarse con que Hanji y Erwin, se encontraban allí.
— ¡Isabel! ¡Nos arruinaron los planes! —Fue lo primero que gritó Hanji, al ver a su amiga.
— Lo sé, pero, ¿qué se le va a hacer?
Erwin recibió a Levi muy contento, entregándole una bolsa de papel, que contenía un pastelillo para que comiera después del almuerzo. A lo que Levi, respondió sonriendo levemente y sentándose a su lado. Eso no pasó desapercibido para sus amigos, quienes comenzaron a molestarlos amistosamente. Finalmente, todos se sentaron sobre el césped, y sacaron sus almuerzos, dispuestos a comer y conversar animados. Por supuesto, el tema fue el noviazgo de la nueva pareja.
— Por favor, esto es muy reciente y no estamos acostumbrados. Sólo miren a Levi, ya no aguanta la pena. —Comentó Erwin, sonriendo, mientras todos volteaban a ver al regordete jovencito, que apretaba los puños fuertemente y les miraba con cara de querer asesinarlos.
— De acuerdo, de acuerdo. Mejor cómete tu postre Levi, prometemos que ya no les vamos a hacer preguntas. Con el tiempo nos enteraremos de los jugosos detalles. —Bromeó Isabel.
Antes de que Levi le contestara algo, Erwin se apresuró a tomarle de la mano, para entregarle una vez más la bolsa con su pastelillo, le sonrió angelicalmente e inmediatamente, todo el mal humor de Levi se esfumó. Sin decir nada, el muchacho tomó su postre y se apresuró a probarlo, para comprobar que, como todo lo que Erwin horneaba, estaba delicioso.
Esa primera experiencia, actuando como pareja ante sus amigos, había resultado mejor de lo que Levi pensaba. Sabía que las burlas y comentarios de sus amigos, no eran malintencionados; simplemente estaban curiosos sobre su nueva relación. Y, tenía que admitir, que al haber decidido darse a sí mismo esa oportunidad, también estaba ansioso por saber, qué cosas nuevas experimentaría de ese momento en adelante.
Resultó ser que, Erwin era el novio más cariñoso del planeta, o al menos eso era lo que Levi pensaba, tras haber pasado una semana desde que comenzaron su relación. El rubio le colmaba de palabras dulces, tanto en persona como por mensajes de texto. Siempre diciéndole lo mucho que le gustaba estar a su lado, cómo le extrañaba cuando no podía verle y también, lo supremamente atraído que se sentía a él. Además, Erwin le regalaba postres prácticamente todos los días, e incluso, cortaba flores en el parque de camino a la escuela, y se las entregaba a Levi antes de que cada quien entrara a sus lecciones.
Levi no volvió a tener pensamientos pesimistas con respecto a su relación, ya que cada día que pasaba, se convencía más y más, de haber tomado una buena decisión al aceptar a Erwin y también, le era más fácil aceptar, que en realidad sí se sentía enamorado de él. Los cosquilleos que sentía por todo su cuerpo cuando le veía, los suspiros que salían solos al pensaba en él cuando no estaban juntos, y las sonrisas que tenía que disimular; eran pruebas suficientes de que tenía sentimientos por él.
El fin de semana llegó, y Erwin tuvo que trabajar durante la mañana en la pastelería. Hacia medio día, Levi se presentó al lugar, en donde compró un par de postres, mientras esperaba que el turno de Erwin terminara. Cuando el rubio acabó, se cambió y salió con su novio, dispuestos a tener su primera cita, luego de haber formalizado su relación.
— ¿Qué te gustaría hacer hoy, Levi? —Interrogó Erwin, quien actuaba algo extraño ese día, de lo cual Levi se dio cuenta fácilmente.
— Estaba pensando, que podríamos ir al arcade. ¿Alguna vez fuiste a alguno? — Sugirió, ignorando el evidente nerviosismo de su novio.
— ¿El qué?
— Olvídalo… —Suspiró— Sólo confía en mí, sé que te gustará.
Levi se apresuró a llamar un taxi, que los llevara a su lugar de video juegos favorito, en el centro de la ciudad. Tras haber abordado, el pequeño joven notó que Erwin continuaba actuando de manera extraña; ya que, lo volteaba a ver de reojo de vez en cuando, se rascaba la nuca con incomodidad y movía su pierna de arriba abajo. Pero fuese lo que fuese que le ocurría, decidió que lo ignoraría por el momento, para enfocarse en la diversión que les esperaba.
Apenas llegar, Levi sintió un deja vu, al observar cómo los ojos de Erwin, no podían abrirse los suficiente, para expresar la impresión que le daba el lugar, cosa que también ocurría con su boca, justo como le había ocurrido cuando fueron al acuario.
— Abrir la boca no te va a hacer ver más claramente, Erwin.
— ¡Ah! Disculpa, no me di cuenta. ¡Este lugar es impresionante!
— Sabía que te iba a gustar. —Alardeó, orgulloso de haber dado en el clavo
— ¿Qué deberíamos jugar? Nunca lo he intentado, así que no sé utilizar ninguna de estas máquinas, pero, quisiera probar alguna.
— Vamos a jugar en todas.
— ¿Qué? Pero eso, sería muy costoso y…
— ¿Vas a seguir preocupándote por eso? En serio Erwin, la próxima vez que te preocupes por el dinero, te patearé el trasero. Estoy harto de tener que decirte que eso no es un problema para mí. Tú solo relájate, ¿o quieres que tu novio se enoje contigo?
— ¡No, no! Por favor no te enfades Levi. Es solo que, estoy acostumbrado al ahorro. ¡Pero daré mi mejor esfuerzo para no volver a pensar en eso!
— Más te vale…
— Oye Levi… —Erwin se acercó para hablarle al oído— Me encantó eso que dijiste.
— ¿De qué hablas? — Levi se alejó de él, sumamente avergonzado por el repentino acercamiento.
— Eso de "tu novio". A veces no me creo que estemos saliendo juntos, pero, que lo digas tan directamente, hace que se sienta muy real.
— ¡Ya no digas tonterías! —Levi se alejó de él— En la sala del fondo, está la zona de comidas. Aún no hemos almorzado, así que comamos y luego jugaremos todo lo que quieras.
Alegremente, Erwin siguió a su adorable novio hasta la zona de comidas, en donde Levi compró unos hot dogs, papas fritas y refrescos para ambos. Comieron rápidamente, ya que ambos estaban ansiosos por utilizar los videojuegos del lugar; Erwin, porque era una experiencia nueva para él y Levi, porque anhelaba mostrar sus habilidades y así alardear frente al rubio.
Erwin no pudo haber pedido más para esa cita. Comenzaron con un video juego que trataba sobre dispararle a unos zombies. A pesar de que moría rápidamente, Levi fue lo suficientemente paciente, como para pagar varias partidas hasta que lograron ganar un juego. Luego utilizaron una máquina en la cual se tiraban pequeños balones de baloncesto; en esa obtuvieron muchos tiquetes, que Levi le explicó, luego podrían canjear por premios.
Jugaron en las máquinas que simulaban autos de carreras; un divertido juego para pegarle a unos topos de plástico, cada vez que asomaban su cabeza; los videojuegos de peleas, en los que Levi ganaba fácilmente; el "hockey aéreo", que resultó ser uno de los más divertidos, aunque también perdió irremediablemente. Incluso, probaron un juego de baile, en el cual Levi demostró tener habilidades impropias de una persona de su talla, aunque luego tuvo que sentarse por largo rato y beber mucha agua para reponerse.
Al final del día, entraron al simulador en tercera dimensión, el cual se suponía era una montaña rusa, con movimientos que se sentían bastante reales. Erwin jamás había ido a un parque de diversiones, y aunque ese juego era solo una ilusión, la sensación y la visualización, lograron que se mareara y esa vez, fue el turno del rubio para sentarse a tomar aire y reponerse. Mientras tanto, Levi aprovechó para ir a canjear los boletos que obtuvieron durante el día en los juegos.
— Gané esto para ti. —Pronunció bruscamente, sin dirigirle la mirada a Erwin, ofreciéndole un redondo oso de peluche, color negro, que tenía una expresión de pocos amigos y un pañuelo blanco enrollado alrededor de su cuello.
— ¿Para mí? —Repitió sorprendido.
— ¿Estás sordo? —Levi le volteó a ver, solo para encontrarse la más alegre e ilusionada expresión, que había visto en el rostro del rubio, hasta ese momento— Si no te gusta, lo cambiaré por otra cosa. —Agregó, desviando la mirada nuevamente, ya que no soportaba mirar por más tiempo el rostro angelical de su novio.
—¡Me encanta! —Se apresuró a exclamar el rubio, levantándose para tomar el muñeco para observarlo mejor. Finalmente, lo abrazó con fuerza— Se parece un poco a ti, ¿sabes?
—¡¿Qué?! ¿En qué me parezco yo a eso?
— Pues en todo: es negro como tu ropa y tu cabello, tiene esa expresión que siempre muestras; además es suave y redondo como tú. ¡Muchas gracias Levi! Cuando no esté contigo, lo abrazaré y pensaré que eres tú. —Erwin apretó el muñeco felizmente, mientras sonreía con dulzura. Para él era un obsequio demasiado tierno, y no podía evitar sentir que moriría de emoción y de amor.
Levi, por su parte, estaba anonadado con aquella cursi declaración. Ahora que lo veía, el oso realmente se parecía a él, aunque fuese un poco. Su intención no era nada de lo que Erwin dijo, pero, estaba igualmente halagado como avergonzado, de cómo habían salido las cosas. Él buscaba ser el novio genial, que ganaba obsequios para su pareja; no quería terminar siendo comparado con un oso de peluche obeso. Y menos, que Erwin le dijera todo ese tipo de cosas vergonzosas, que hacían que quisiera salir huyendo. Pero, no podía negar que estaba complacido, porque Erwin se veía muy feliz, y después de todo, lo que buscaba era precisamente eso.
— ¡Haz lo que quieras! —Espetó, tratando de disimular el remolino de sentimientos que estaba experimentando en ese momento— Ya es hora de irnos, ¿vamos a mi casa? Le diré a nuestro cocinero que haga la cena para ambos. Ah, y no tienes que preocuparte, mi tío se encuentra en un viaje de negocios y regresará hasta la próxima semana.
— ¿Estaremos solos?
— Sí. ¿Algún problema con eso?
— ¡Ninguno! —Exclamó, mostrándose nervioso nuevamente— ¡Vamos, Levi! Estoy realmente hambriento, después de todos estos juegos.
A Levi no le pareció extraño, el hecho de que se mostrara ansioso por ir a comer, ya que él mismo estaba muriendo de hambre, pero era muy fácil notar, que el rubio se comportaba de manera muy extraña una vez más. Igual que antes, decidió que no lo confrontaría en ese momento, ya que tendrían tiempo para conversar después de haber cenado, cuando estuviesen solos en la privacidad de su habitación.
La cena transcurrió tranquilamente, Levi y Erwin se dedicaron a platicar acerca de todo lo que jugaron ese día. El rubio halagando las habilidades de su novio con los videojuegos y Levi, orgulloso, diciéndole que podría llevarlo cuando él quisiera. Tras terminar, como aún era algo temprano, Levi le indicó que antes de irse, podrían hablar un poco más en su habitación. Fue entonces, cuando Erwin volvió a su estado de nerviosismo.
— ¿Me dirás qué diantres te pasa?
— ¿A qué te refieres? ¿Qué me pasa de qué?
— No me creas estúpido, todo el día has estado comportándote muy raro. No creo que, a estas alturas del partido, te sientas incómodo por estar conmigo, entonces…—Levi observó cómo toda la culpabilidad se reflejaba perfectamente en la cara de Erwin, al escuchar sus palabras— ¿Es en serio Erwin? ¿Te dan nervios?
— No exactamente… —Erwin desvió la mirada, y un ligero rubor coloreó su rostro. Se sentía tonto, porque era tan evidente su pensar, que Levi lo había podido notar con facilidad— Como ya somos novios, pensé que podríamos, ya sabes, tomarnos de las manos y besarnos. Pero realmente no encontré la oportunidad para hacerlo.
— Definitivamente eres idiota. Si quieres hacer algo así, ¡solo hazlo! No tienes que encontrar un momento. —Levi estaba tan, o más nervioso que Erwin, tras escuchar su confesión, pero quería hacer parecer que era el tipo relajado y valiente, que no se avergonzaba con ese tipo de cosas.
— En ese caso… ¿puedo hacerlo ahora?
— Ya te dije que no tenía que pedirme permiso…
Lentamente, Erwin se acercó y tomó las manos de Levi entre las suyas. Las acarició, mientras comparaba cómo las regordetas y pequeñas manos, contrastaban tan perfectamente con las suyas, que más bien eran huesudas y grandes. Haló a Levi hasta la cama, en donde tomaron asiento, mirándose el uno al otro en silencio, mientras las caricias en sus manos continuaban. Ninguno de los dos tenía experiencia alguna en esos asuntos, y ambos estaban tanto nerviosos, como ansiosos.
Erwin se acercó más, deslizando una de sus manos por toda la extensión del brazo de su pareja, hasta alcanzar su rostro.
— Te quiero, Levi. —Pronunció en un susurro, antes de acortar la distancia entre los dos, para finalmente unir sus labios.
Para ambos, aquel era su primer beso, y al ser totalmente ignorantes del tema, llevaron a cabo la acción muy torpemente. Con la boca cerrada, Erwin la presionó contra la de Levi, quien estiraba los labios en un ridículo intento por corresponder. Continuaron de esa manera por un rato, simplemente dándose besos superficiales el uno al otro, manteniendo los ojos apretados y si bien, esa no fue una sesión muy hábil que se dijera, para ambos fue una experiencia fuera de este mundo. Tanto Erwin como Levi, sentían escalofríos recorriendo sus cuerpos, al tiempo que un potente calor llenaba sus pechos.
Tras separarse, ambos se encontraban avergonzados y sonrojados, así como muy felices. Erwin no esperó mucho, para abrazar a Levi, apretando fuertemente su blando cuerpo contra el propio.
— Gracias por aceptar ser mi novio Levi, prometo hacer todo lo posible para que seas feliz todos los días.
Levi no contestó a eso, simplemente se aferró a él, pensando en lo afortunado que era, al haber encontrado a Erwin. Sentirse querido por alguien, era la sensación más hermosa que jamás había sentido, era para él imposible de describir; un sentimiento único e inigualable, que deseaba nunca fuese a agotarse. Sin embargo, la mágica atmósfera, se vio arruinada en el momento en que, Erwin intentó deslizar sus manos por debajo de la camisa de Levi, ya que deseaba acariciar su piel como la otra vez.
— ¿Qué haces?
— Solo quería acariciarte un poco más.
— Echaste a perder el momento, Erwin. —Levi se separó de él, halando las faldas de su camisa para cubrirse lo más posible.
— Pero ¿por qué? ¿Acaso no es normal querer tocarte?
— ¡No, no es normal! —Levi desvió la mirada y se alejó más de él.
— ¿Te avergüenzas de tu cuerpo? ¿Cuántas veces tengo que decirte que me gustas así?
— Lo sé… —Levi suspiró y se acercó nuevamente a él— pero esto es malditamente difícil, Erwin. Vas demasiado rápido, mi inútil cerebro todavía no logra asimilar lo nuestro. ¿Entiendes?
— ¡Discúlpame Levi! No tenía idea de que te sentías de ese modo. —Erwin tomó sus manos una vez más, y acercó su rostro para besarlas suavemente— Esperaré el tiempo que sea necesario, pero quiero que siempre tengas en mente que, me encanta cómo te ves y que quiero estar contigo, así con todos los kilos de sobra que tienes. ¡Más Levi para disfrutar!
— ¡Cállate! —Atinó a decir Levi, totalmente avergonzado, pero sintiéndose muy feliz con las palabras de Erwin.
Las semanas siguientes, fueron como un sueño para la nueva pareja: se juntaban al almuerzo, hora en la que compartían con el resto de sus amigos, soportando sus constantes bromas acerca de su relación; salían juntos cada vez que podían, aprovechando para que Erwin conociera otros lugares divertidos; Levi lo visitaba la pastelería y todo el tiempo, tomaban muchas fotografías juntos, para poder guardar todos aquellos hermosos acontecimientos, como recuerdos que pudiesen revisitar en el futuro.
Aunque probablemente, la parte que más esperaban los dos, aunque no se lo confesaran al otro, era cuando podían estar a solas, en la intimidad del cuarto de Levi. Cuando iban a citas, de vez en cuando tomaban el valor para besarse o tomarse de las manos en público; en algunas ocasiones caminaban hasta el parque tomados de las manos al salir de clases. Pero era cuando estaban a solas, que realmente podían dejar salir todas las ansias que tenían por contacto físico.
Poco a poco, iban mejorando sus sesiones de besos, y aunque, aún no eran muy habilidosos, siempre lo disfrutaban mucho. Además, Levi era cada vez menos reacio a dejarse ver y tocar por Erwin, y progresivamente se sentía menos acomplejado por su cuerpo. Incluso, se había convertido en una de sus actividades favoritas, recibir lentas caricias de Erwin, sobre su abultado estómago, cuando se sobrepasaba con las porciones de comida y terminaba tan lleno que su vientre le dolía. Era un momento muy íntimo y hermoso para ambos, simplemente tumbarse sobre la cama, mientras en silencio, Erwin apaciguaba el dolor causado por la llenura, con los lentos movimientos de sus cálidas palmas, acariciando toda la superficie de su barriga.
Erwin adoraba el físico de Levi, acariciar su blanca piel, apretar su suave cuerpo, moverlo y observar divertido cómo la grasa extra que lo recubría, temblaba graciosamente antes de volver a su lugar. Aunque, aún era muy pronto para ir más allá de esos juegos inocentes, las hormonas de los jóvenes tomaban posesión de ellos, y ambos deseaban hacer otro tipo de cosas, pero ninguno de los dos se animaba a dar ese paso.
"Aún no es tiempo" se decían.
"¿Qué porquerías estoy pensando en hacerle?" Se reprochaban internamente.
"Tendré que satisfacerme a mí mismo, hasta que sea el momento adecuado." Se prometían a sí mismos.
A pesar de que, ambos realmente ansiaban que su relación avanzara más allá, eran conscientes de que no debían precipitarse y que, llevaban muy poco tiempo saliendo, como para pensar en ese tipo de cosas. Así que, cada uno por su parte, reprimía lo mejor que podía esos deseos causados por la energía que la juventud les proporcionaba. Para Levi era mucho más fácil, ya que de solo imaginar que Erwin viese su obeso cuerpo desnudo, la pena le hacía dejar de sentir cualquier deseo de estar con él. Y para el rubio, era mucho más complicado resistirse, pero por suerte tenía el suficiente autocontrol para lograrlo.
Sin embargo, había otro problema del que aún ninguno de los dos se había comenzado a preocupar:
— Señorito Levi, va a llegar tarde a sus clases, ¿aún no está listo? —Le llamó la mucama, quien notó que ya era tarde y Levi aun no bajaba a tomar su desayuno.
— ¡Ya lo sé! En un momento salgo. —Gritó Levi, desde dentro de su habitación. El joven se encontraba en un aprieto grande, ya que, aunque había estado intentando ignorar lo mejor posible, que sus uniformes comenzaban a quedarle muy apretados, ese día definitivamente no logró que el botón de sus pantalones cerrara, por más esfuerzo que hizo.
Desde que había comenzado su noviazgo, Erwin le había estado llevando postres todos los días a la escuela. Eso, sumado a las veces que lo esperaba en la pastelería, atiborrándose de repostería mientras llegaba su hora de salida y todas las salidas a comer a diferentes lugares en sus citas; habían logrado que el peso de Levi se disparara.
Ya desde hacía varios días, los botones de sus camisas estaban tan tensos, que entre uno y otro se abrían espacios dejando ver la piel de su barriga; había solucionado eso colocándose un abrigo para que nadie lo notara e ignorando la incomodidad de la tela que amenazaba con romperse en cualquier momento. Pero lo de sus pantalones, era algo que no podía ignorar. Le había venido costando mucho incluso ponérselos, ya que le quedaban demasiado apretados, pero esa mañana no logró cerrarlos y no sabía qué podía hacer.
Avergonzado, hizo una rápida búsqueda en internet, sobre "trucos de vestir, para gente robusta". Para su fortuna, logró encontrar rápidamente un video, en el que se le instruía a tomar una liga elástica, para unir el botón de su pantalón con el ojal. Triunfante, Levi abandonó su hogar, no sin antes llamar al sastre, para que se presentara en su casa esa tarde, después de clases.
Todo el día, Levi fue capaz de ignorar la incomodidad de su ropa apretada, y disfrutó como de costumbre, los mimos y postres que Erwin le proporcionaba. Ya cuando regresó a su casa, después de que el sastre le tomara sus nuevas medidas, le encargó sus uniformes y unos cuantos nuevos atuendos casuales, de manera que no tuviese que volver a preocuparse por la molestia de la ropa apretada.
Para sus uniformes, tuvo que esperar unos cuantos días, así que se resignó a seguir usando el truco de la liga, y evitar que Erwin intentara acercarse físicamente a él. Sobre todo, evitó que levantara su abrigo y descubriera el lamentable estado de su ropa. Para su fortuna, nadie se enteró de ello y cuando le entregaron los nuevos uniformes sintiéndolos cómodos y holgados, además de no tener que seguir usando el abrigo, Levi pudo volver a vivir su romance despreocupadamente.
Cada vez que se encontraban a solas, las caricias se volvían más fogosas, los besos más apasionados y las ansias de tener contacto físico, se hacían casi incontrolables. Ya Levi, a pesar de que era consciente de que había subido de peso, no le tomaba importancia, puesto que Erwin le había venido demostrando, que realmente se sentía atraído por él, por loco que pareciera. Así que, el rechoncho jovencito, se dejaba desnudar el torso, al tiempo que Erwin también lo hacía y se abrazaban de esa manera, disfrutando el delicioso contraste, del fornido cuerpo de Erwin contra el blando de Levi.
Nada podía salir mal, ambos se encontraban viviendo en una burbuja de felicidad, sintiéndose cada día más enamorados el uno del otro. Tanto, que Levi ni siquiera era consciente, de que ya ni se esforzaba por disimular el amor que había comenzado a sentir por Erwin.
Una noche, se presentó una de esas raras ocasiones, en las que su tío Kenny estaba a tiempo en su casa para cenar junto a él. Así que, se encontraban sentados a la mesa, donde Kenny le hacía las mismas aburridas preguntas de rutina, acerca de sus notas, su vida escolar y esas cosas que a ninguno de los dos le interesaba realmente, pero tenían que traer a colación, aunque fuese por protocolo.
— ¿Es esa ropa nueva? —Interrogó el mayor, sorpresivamente para Levi.
— ¿Te diste cuenta? Pensé que eras el tipo de persona, de la cual podría desaparecerme por unos días y ni siquiera te enterarías.
— ¿Por quién me tomas, enano? Ya sé que no paso tanto tiempo contigo como debería, pero, si no trabajara tanto ¿cómo crees que compraría todas las cosas bonitas que tienes, o la comida para llenar tu barrigota? —Le reclamó Kenny, tratando de ocultar la culpa que sentía, al no ser capaz de sacar el tiempo que debía, para estar con su sobrino— ¡Pero eso no significa que te ignore!
— Cálmate anciano, que no te vaya a dar un paro al corazón. Simplemente bromeaba. Sí, es ropa nueva. Hace unos días decidí que quería cambiar un poco y mandé a hacer algunas camisas y pantalones, también uniformes nuevos. El sastre debió de haberte enviado la cuenta.
—Ya veo. —Kenny continuó comiendo su cena en silencio, ya que no se le ocurría qué más hablar con él.
A pesar de que intentaba ser responsable, la paternidad jamás había sido su fuerte y no podía forzarse tanto a sí mismo. Quería a Levi como un hijo, pero le era muy difícil entablar una conversación con él. Sin embargo, Kenny había venido notando desde hacía unos días atrás, que Levi utilizaba su teléfono celular más a menudo, incluso cuando se encontraban a la mesa, y volvió a notarlo esa misma noche, ya que Levi lo sacó para contestar un mensaje. El hombre además, se percató de que Levi sonreía al ver la pantalla de su teléfono y no solo eso, podía jurar que sus ojos se iluminaron al leer lo que fuese que le hubiesen enviado.
— Oye Levi. Antes eras un ermitaño gruñón, así que me sorprendí cuando me dijiste que tenías amigos, pero, dudo mucho que estés hablando con alguno de ellos. Dime, ¿estás saliendo con alguien?
— ¡¿Qué?! —Esa pregunta sí que le sorprendió a Levi, quien incluso dejó caer el bocado que estaba a punto de llevarse a la boca.
— Ahora usas tu teléfono. También noté que la cuenta subió mucho, y en general tus gastos, han aumentado. Además, has comenzado a salir todos los fines de semana.
— De verdad que sí me pones atención. Increíble. —Levi no le había dicho jamás, que siempre pensó que Kenny se hacía cargo de él solo porque tenía qué, pero que en realidad no le tenía tanta estima. Creía que por eso nunca le decía nada por el hecho de estar tan gordo, ya que no se preocupaba por él. Pero resultaba que, en realidad, sí estaba muy pendiente y eso le hizo sentir muy bien.
— ¡Deja de decir eso mocoso insolente! ¿Crees que estarías tan bien alimentado, si no me preocupara por ti? Ya deja de evadir la pregunta, ¿estás saliendo con alguien o no?
— Sí, lo estoy, desde hace unas semanas. —Admitió Levi, sin mostrar una sola emoción en su rostro, ya que, realmente no le importaba que su tío se diera cuenta.
— ¡Ya lo sabía! No puedes engañar a un viejo como yo. —Exclamó alegremente, mientras se levantaba para dirigirse hacia Levi y poder darle bruscas palmadas en la espalda, en señal de felicitación. —¿Y quién es la afortunada? ¿No me digas que esa chica, Isabel? Siempre pensé que estaba enamorada del otro tonto.
— Esta es la "afortunada". —Respondió Levi, mientras le mostraba a su tío en su celular, una foto de Erwin, a la vez que intentaba no explotar de risa, por lo engañado que estaba Kenny, al pensar que estaba saliendo con una chica.
— ¡Espera, espera! Levi, me estás mostrando la foto de un rubio cejón.
— Se llama Erwin.
— ¿Erwin? El que viene a la casa… todo el tiempo… Oh… —Kenny nunca había conocido a Erwin, pero Levi en alguna ocasión le comentó sobre él, y los sirvientes le habían informado sobre sus constantes visitas. Pero dado a que, en el último año, Levi había comenzado a hacer amigos, no le había parecido nada raro.
— El mismo.
— Ya veo… Levi, apresúrate a comer tu cena y ni se te ocurra repetir. Esta noche, tenemos que hablar seriamente.
Continuará…
Ah ya sé que la última vez prometí actualizar rápido, pero pues ya no me crean nada. Me costó volverle a agarrar el ritmo a escribir, aparte de sacar tiempo. Entonces no voy a volver a prometer actualizaciones, nomás gócenlas cuando salgan… ok no, jajaja. Me disculpo por la falta de actualización. Igual espero que lo hayan disfrutado y que no se hayan tenido que leer todo el fic de nuevo, para recordar de qué iba (como yo :'v)
¡Ojalá les haya gustado!
