Mi cabeza iba a explotar. Sentía cada bache de la carretera a medida que la ambulancia seguía andando. Un médico me hablaba, pero era incapaz de entenderlo. Mi atención estaba en mis manos. Las tenía llenas de sangre y por más que intentaba limpiarlas en mi vestido, la sangre seguía ahí. Empecé a llorar mientras otro médico intentaba abrirse paso en el pequeño espacio del automóvil. Se preparaba para sacar el cuerpo inconsciente de Castiel. Su traje estaba desgarrado y manchado de sangre, como su abdomen. Las gotas de sudor que se formaban en su frente hacían que su pelo se pegara a su rostro.

"Está tan pálido..." Murmuré clavando mis ojos llenos de lágrimas en él.

"Ha perdido mucha sangre." Uno de los médicos me informó. La ambulancia se paró entonces y las puertas se abrieron de golpe. Castiel salió y desapareció de mi vista rápidamente. Fui a seguirlo corriendo cuando una mano me agarró del hombro. "Creo que será mejor que esperes fuera. ¿Porque no me cuentas qué pasó realmente? Tal vez así podamos ayudar a tu amigo." Tenía la mirada fija en la puerta del hospital, por donde había entrado Castiel. Un segundo después estaba sentada en una habitación a solas con el médico y un oficial de policía. Inspiré mientras intentaba recordar con todo detalle lo sucedido en el baile.


Faltaban tres días para el baile de graduación y aún no había podido ver mi vestido. Rosalya siempre me tapaba los ojos cuando me hacía las pruebas, y cuando conseguía liberarme de la venda ya se había llevado el vestido al taller de Leigh.

"No seas ansiosa. Ya llegará el momento de verlo." Rosa río con picardía.

"Al menos podré ver el tuyo, ¿no?" Pregunté mientras me vestía un poco avergonzada. No era la primera vez que me veía en ropa interior, pero no llegaba a acostumbrarme a ello.

"¡Por supuesto que puedes!" Exclamó mientras se metía en el taller y aparecía al cabo de unos segundos con una bolsa negra a sus espaldas. "Pero no te confundas. Mi vestido tiene un estilo único. No creas que por ver el mío te podrás hacer una idea del tuyo." Dijo mientras bajaba la cremallera y sacaba su vestido terminado. Era un vestido corto y negro con una tela que reflejaba destellos de luz. Mis ojos brillaban con admiración y, por qué no aceptarlo, envidia.

"Es precioso..."

"Gracias." Sonrió Rosalya con honestidad. "Es de mis primeros bocetos que hice cuando empecé con el diseño. Solo lo había conseguido hacer para una muñeca. Pero una ocasión especial como esta merecía el intento."

"Vas a atraer todas las miradas." Contesté acariciando suavemente la tela.

"Mientras una de esas sea de Leigh me doy por satisfecha." Esa contestación hizo que me desconcertara.

"¿Vas a ir con Leigh al baile?"

"Pues claro. ¿Con quién iba a ir si no fuera con él?" Rosalya se volvió hacia el taller para guardar su vestido. Empecé a notar como mis manos comenzaban a sudar. Pensaba que los clichés de llevar parejas a los bailes eran historias de películas. ¿Me vería sola yendo a un baile rodeado de parejas? "Irás con Castiel, ¿verdad?" Intenté disimular mi nerviosismo.

"¡Claro que sí!" Exclamé rápidamente. "Rosa, tengo cosas que hacer en casa. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo?" No le di tiempo a contestar y me fui corriendo hacia mi casa.

Aún era temprano para cenar, así que me fui a mi habitación a estudiar un poco, o al menos a intentarlo. No era uno de mis mejores días. Seguía sin saber quién estaba iniciando rumores sobre mí, pero corrían como la pólvora. El último de ellos hablaba de un supuesto embarazo mío donde no se sabía quién era el padre. Recordé como al principio no podía evitar sentirme afectada por ello. Lloraba de rabia y me quedaba sin comer por culpa de aquellas malditas voces... La vibración de mi móvil en mi escritorio me sacó de mis pensamientos. Era un mensaje de Castiel. Mi mano dudaba entre coger o no el móvil y ver el mensaje. Recordé que fue gracias a él que conseguí ignorar todos los rumores. Fue gracias a su apoyo que conseguí volver a reírme con mis amigas.

"Pero no me has invitado a ir al baile aún." Murmuré a la vez que cogía mi teléfono y abría el mensaje. Era una foto de Castiel abrazando su guitarra con el hocico de Demonio asomando por su mastil. La foto iba acompañada de un mensaje: Creo que tu quedarías mejor en su lugar.

"¿Te refieres a que mi hocico quedaría mejor que el de tu perro?" Respondí con una pequeña sonrisa. Su respuesta tardó segundos en llegar.

"Estoy seguro que tu aliento huele mejor." En otras circunstancias, su comentario habría hecho que soltara una carcajada, sin embargo esa vez era diferente. Estaba demasiado triste. No sabía qué contestar a su mensaje. Mi móvil volvió a vibrar. "Llevo toda la tarde encerrado con mi guitarra. ¿Te apetece venir a ver una película? Podemos pedir algo de comer." Tenía que responderle rápido si no quería preocuparlo por tonterías mías.

"Estoy estudiando..."

"Estudiando... Sabes que vamos a las mismas clases, ¿verdad?" Castiel tenía razón. Sentía que, después de todo, estaba volviendo a arruinar todo con Castiel. Pero esta vez necesitaba actuar rápido y bien. "No te preocupes si no quieres venir, pero no me mientas." No iba a consentir perderlo después de todo.


Llegué corriendo a su casa. Estaba helada de frío, pero había conseguido llegar en una hora. Por el camino me paré a encargar unas pizzas. La llevarían a las nueve a su casa y podríamos cenar juntos. Vi su moto aparcada en frente de la puerta y la luz de su habitación encendida. Miré hacia ella y vi la silueta de Castiel moviéndose de un lado a otro. Llamé al timbre y me alejé unos pasos de la puerta. Estaba deseando ver su cara al verme allí.

"¿Didi?" Oí como su voz me llamaba. Volví sobre mis pasos y lo vi asomado por el balcón de su habitación. Llevaba una camisa blanca abierta a modo de chaqueta. "¿Qué estás haciendo aquí?" Preguntó sorprendido.

"Había terminado de estudiar." Reí. Castiel se tensó y miró hacia su habitación.

"¿Estás tú sola?" Preguntó nervioso.

"¡Pues claro que sí!" Tenía una actitud extraña. Normalmente Castiel no actuaba así. "¿Vas a dejarme entrar?" Como si la realidad hubiera chocado de golpe con él, Castiel reaccionó y desapareció hacia el interior de su habitación. Me acerqué a la puerta y oí pasos acercándose junto al murmullo de voces. No sabía que tenía compañía. La puerta se abrió y apareció Castiel, con una camiseta negra en lugar de la camisa blanca, y junto a... "¿Bedi?" Me sorprendió verla allí.

"Hola, Didi." Sonrió Bedi un poco nerviosa también. "He venido a traerle unas cosas a Castiel para la clase del lunes." Se excusó rápidamente. Castiel la miró antes de volver a mirarme. Estaba esperando ver cómo seguían las explicaciones.

"Sí. Son unos libros de química que necesito y le presté hace tiempo." Bedi asintió repetidas veces y se fue, golpeándome ligeramente con su macuto. Castiel y yo la seguimos con la mirada hasta que desapareció tras los arbustos del jardín. Me giré lentamente hacia Castiel. "¿Qué haces aquí?" Me volvió a preguntar mientras me rodeaba y acercaba hacia él.

"Pensé que querías compañía." Contesté seria dejándome llevar hacia él. "Pero veo que te basta cualquiera."

"Ya te he dicho que venía a devolverme unos libros." Río Castiel mientras me llevaba hacia dentro de su casa y cerraba la puerta tras nosotros.

"Es curioso, ¿sabes?" Solté mis cosas en el salón mientras saludaba a Demonio. "Tu y yo estamos en la misma clase de Química..." Oí como algo se caía de las manos de Castiel y golpeaba la mesa y la silla. "Y puedo asegurar una cosa..." Continué diciendo mientras Demonio se sentaba sobre mí. "Bedi no está en nuestra clase." Castiel llegó al salón en aquel momento. Clavé mis ojos en los suyos y esperé una respuesta.

"Está en una clase de un nivel inferior, por eso me ha pedido mis libros. Necesitaba profundizar ciertos temas." Se sentó junto a mí, pasando su brazo por el respaldo del sofá.

"Ya. Profundizar."

"Didi. Te estoy diciendo la verdad." Sentía que Castiel se estaba enfadando. "No volvamos a meter nuestros celos." Farfulló tirando de un hilo de su pantalón. Justo en ese momento sonó el timbre de su casa. Por la hora que era solo podía ser nuestra cena. Me levanté rápidamente. "¡Didi, no. Espera!" Gritó Castiel corriendo detrás de mí, pero llegó en el momento en que yo ya cerraba la puerta. "¿Qué traes ahí?" Su tono era más relajado.

"Señor." Dije inclinandome. Las cajas se deslizaron y casi cayeron al suelo. Nuestras caras se petrificaron pero, por suerte para los dos, Castiel tuvo unos grandes reflejos y las sujetó. "Le traigo su cena." Reí mientras lo acompañaba a la mesa para cenar.


Pasaron los días y la fecha del baile se acercaba cada vez más. Espera que en cualquier momento Castiel me invitara a ir al baile con él, pero nunca llegaba la pregunta ansiada. Había pensado en hacerlo yo, pero la única vez que lo intenté la cosa no salió muy bien.

"Es una completa tontería." Dijo sin mucho interés mientras cogía la pelota de Demonio y la lanzaba. "Todo el mundo finge llevarse bien solo por una noche donde todo se frivoliza. Sinceramente, es una completa tontería." Me quedé helada con su respuesta.

Llegó el día y, a pesar de mi negativa, Rosa me hizo llevarme mi vestido terminado. Seguía sin poder verlo aunque a esas alturas ya no me interesaba. Lo colgué de la puerta de mi habitación y me dejé caer sobre la cama. Rosa no dejaba de insistir en que nos veríamos allí y yo no era capaz de corregirla. Castiel me había estado llamando pero no tenía ganas de oírle en ese momento. A última hora le mandé un mensaje diciéndole que estaba con Rosa en la tienda de Leigh, y que cenaría con ella.

"No entiendo por qué pasáis allí tanto tiempo. Supongo que te veré mañana." Fue su respuesta.

Dejé el móvil en mi escritorio y me tomé una ducha con la esperanza de que el agua arrastrara mi tristeza. Dejé que me mojara el pelo y que me concentraba en el ruido del agua cayendo rítmicamente. De repente, alguien golpeó la puerta del baño con fuerza.

"Un momento." Grité sobresaltada mientras me cubría con la toalla. Aunque viviera con mi tía, no estaba acostumbrada a que no respetara mi intimidad. "¡Adelante!" Rosa y Bedi entraron en mi baño. "¿Pero qué? ¿¡Qué demonios haceis aquí!?"

"¿No crees que ya te has duchado suficiente?" Preguntó Rosa mientras tiraba de mí y me sacaba de mi ducha.

"¿Cómo habéis entrado?" Estaba asustada y preocupada. ¿Desde cuándo tenía unas psicópatas como amigas?

"Te dejaste las llaves en el taller de Leigh." Río Rosa mientras me metía en mi habitación y me sentaba en una silla. "Creo que primero debemos encargarnos del pelo, ¿no?" Bedi se unió a nosotras con un secador y varios peines.

"Yo me encargo." Bedi lanzó una sonrisa de complicidad a Rosa y comenzó a trabajar mi pelo.


Tras una hora estaba peinada y maquillada. Solo me faltaba vestirme y estaría lista para el baile. Llevaba una ondas preciosas y naturales en el pelo, con una cinta de pedrería que también me había hecho Rosa. El maquillaje era en tonos rojos y negros. Algo demasiado llamativo para mí, pero no podía quejarme o mataría a las chicas del disgusto.

"No me encuentro muy bien, chicas. Lo siento." Rosa estaba maquillándose y Bedi estaba terminando de arreglarse el pelo. "Creo que me quedaré en casa."

"Tonterías. Son los nervios. Ponte ya tu vestido." Rosa cogió la funda y la abrió, dejando ver el vestido más bonito que había visto en mi vida. Era un vestido rojo con tul negro en la zona de la cintura. Estaba sujeto por una cinta negra que se cruzaba por mi costado. Me lo puse con cuidado y fue cuando pude apreciar la falda. Era un diseño asimétrico donde el lado izquierdo quedaba a la altura de medio muslo y la parte derecha llega a casi el suelo. "Debo de reconocer que tiene buen gusto." Comentó Rosa mientras me anudaba las cintas y me daba un par de guantes negros.

"Nunca lo hubiera imaginado." Bedi se acercó y me dio una caja de zapatos. Dentro había unos zapatos de salón de charol con un tacón bastante alto. Miré a Bedi con sorpresa y me sorprendió aún más verla totalmente vestida. Llevaba un mono largo de flores grises y negro. Su pelo estaba alisado con el flequillo cayéndole en forma de onda. Bedi se percató de mi mirada. "¿Te gusta?" Sonrió con timidez.

"¿También te lo ha hecho Rosalya?"

"Para nada. Bedi ha decidido usar uno propio." Contestó Rosa en su lugar. También se había cambiado a su vestido. Su pelo liso caía por su espalda como un río de plata. "Termina de ponerte los zapatos. Nos están esperando desde hace ya un par de horas."

"Chicas, de verdad que no-." No pude terminar la frase. Rosa y Bedi me cogieron cada una de una mano y tiraron de mí hacia el salón de mi casa.

Me quedé helada al ver a Lysandro y Leigh en mi salón, pero más aún me sorprendió ver a...

"¿Castiel?" Mis pies se morían por correr hacia él, pero mi mente había bloqueado todo mi cuerpo. Y no esperaba otra cosa después de verlo con su esmoquin negro y su corbata del mismo color que mi vestido. Cansado de esperarme, Castiel caminó hacia mí con una sonrisa en sus labios.

"¿De verdad ibas a dejar de ir al baile solo por que yo diga que no?" Preguntó mientras me cogía entre sus brazos y me abrazaba. "Estás preciosa." Susurró a mi oído. Me sonrojé por completo y sentí como la sangre se subía a mi cabeza demasiado rápido.


Un rato después, todos estábamos en el baile. Todo estaba precioso. Las encargadas de la decoración se habían basado en una historia de cuento y el gimnasio estaba totalmente irreconocible. Todo estaba lleno de hojas y ramas de algodón. Las sillas estaban decoradas con tela que imitaba la hierba crecida y las mesas parecían rocas gigantes. Habían puesto una tela negra con agujeros que dejaban entrar ligeramente la luz de las bombillas imitando el efecto de un cielo estrellado.

"Esto está increíble." Dije con la boca abierta.

"Tampoco es para tanto." Añadió Castiel. Podía notar el esfuerzo que estaba haciendo al ir al baile conmigo. No paraba de tirar de su corbata hacia un lado.

"¿Podrías parar?" Exclamó Rosalya mientras le volvía a colocar la corbata en su sitio. "Dada tus habilidades de diseño, creo que habrían hecho bien en pedirte consejo." Castiel le lanzó una mirada asesina. "No me mires así, mira lo que has hecho con el vestido de Didi."

"¿Tu has diseñado mi vestido?" No podía creerlo.

"¿Por qué te crees que sabía que estabas siempre en el taller de Leigh? Casi me da un infarto cuando llegaste el otro día a casa. No sé ni cómo no te cruzaste con Rosa." Mientras me contaba todo, había tomado mi mano y me había llevado a la pista de baile.

"¿Por eso estaba Bedi allí?"

"Es prácticamente igual que tu. Rosa había terminado el vestido y queríamos verlo." Castiel me hacía girar atrayendome hacia él y abrazándome antes de volver a lanzarme de nuevo.

"También queríamos hacer pruebas de peinado y maquillaje." Añadió Rosa, que se había unido al baile junto a Leigh. Bedi y Lysandro estaban en una esquina cerca del escenario hablando tranquilamente.

La música paró justo en el momento en que Castiel me volvía a tener en sus brazos. Nos miramos intensamente.

"Gracias." Murmuré. No podía creerme que de verdad hubiera hecho todas esas cosas por mí. Rodeé su cuello con mis brazos y me alcé para besarle. "Pero, ¿qué?" Exclamé al ver cómo se separaba rápidamente de mí y miraba hacia mi espalda.

"Lo siento novata, tengo otras cosas que hacer." Castiel salió corriendo antes de que pudiera decir nada más, dejándome sola en mitad de la pista de baile, con varias miradas puestas en mí. Mi inseguridad afloró en mi intensamente. Comencé a tirar de la falda de mi vestido mientras me volvía sobre mí misma para buscar un punto de la sala donde pudiera estar a salvo. Había una esquina al lado de las gradas donde pensé que podría resguardarme de todo. Mientras pasaba por mis compañeros, oia murmurllos criticando mi vestido y el que estuviera completamente sola. Las lágrimas se me saltaban y parecían que cada vez eran más las voces.

Llegué justo cuando la música volvía a empezar. El sonido de una batería y unas cuerdas de guitarra resonaron por los altavoces. Unas voces empezaron a tararear una melodía. Vi a Lysandro con un micrófono en sus manos. No sabía que iba a cantar para nosotros. Estaba centrado en la canción cuando una voz carraspeó, captándo la atención y parando la música. Castiel estaba junto a su amigo, con su guitarra colgada y sujetando el micrófono con sus manos mientras miraba de un lado a otro.

"Hey baby won't you look my way, I can be your new addiction." Nunca lo había oído cantar. Ni si quiera tararear. Me quedé impresionada. Su voz era grave, aunque dulce y melodiosa a la vez. Lysandro sonrió mientras le dejaba el escenario por completo a su amigo. "It started with a whisper, and that was when I kissed her, and then she made my lips hurt." Comencé a sonrojarme. ¿Estaría cantandome a mí? Nuestras miradas su enlazaron y recibí un guiño por su parte. Solo necesitaba eso para confirmarlo. Rosa nos miraba con ternura mientras saltaba bailando de un lado a otro. Cogió mi mano y tiró de mí hacia ella, haciendo que me uniera.

"Disfruta cariño, es la primera vez que hace algo parecido por alguien." Rió y yo reí con ella. Quería acercarme lo máximo posible a Castiel, pero mis compañeros se arremolinaban delante nuestra. Castiel estaba disfrutando. Podía verlo en su mirada. Cogí mi teléfono para inmortalizar el momento. Necesitaba alejarme un poco para poder capturar bien la imagen y poder hacer que Castiel me mirara. Alcé mi mano y lo conseguí, tomándole varias fotografías. Las empecé a revisar y me sorprendió ver como el rostro de Castiel se ensombrecía a medida que las pasaba.

"¡Didi!" Lo oí gritar. Alcé mi mirada y había bajado de un salto del escenario. Estaba corriendo hacia mí. Fui a dar unos pasos hacia él cuando un brazo me rodeó el cuello. "¡Suéltala!"

"¡No!" Nathaniel gritó a mi oído. Desprendía alcohol por cada poro de su cuerpo y podía olerlo. "¡Debería estar bailando conmigo! ¡Debería estar conmigo!" Sentí algo punzante en mi costado. Miré a Castiel aterrorizada. Se había detenido a un metro de nosotros con sus manos en alto, mientras le pedía que me soltase. "¡He dicho que no! Didi es mía. No puede estar con nadie más. Y mucho menos con un miserable como tu."

"Nathaniel, por favor. Suéltala." Era la primera vez que veía a Castiel controlar sus nervios tanto. "Deja que se vaya."

"No. Correrá contigo. Es una puta. Todo el mundo lo sabe ahora." La expresión de Castiel se petrificó. Nathaniel era el que había empezado todos los rumores. Miré con cuidado a mi lado. Rosalya y Bedi estaban abrazadas a los chicos con los ojos cerrados. Iris, Violeta y Kim no podían reaccionar a lo que estaba sucediendo en ese momento.

"Nathaniel, para." Era la voz de Melody. "Pensé que era cosa del pasado. Pensé que lo habías superado." Tenía el maquillaje estropeado por las lágrimas. Mi mente empezó a hilarlo todo. Melody había sido la que había echo correr los rumores. Nathaniel solo tenía que elegir las palabras exactas para que ella hiciera el resto.

"Nath." Mi voz sonaba extraña. "Escúchame. No quiero esto. No quiero estar contigo. Eres un buen chico y sé que lo entenderás. No podemos forzar algo que sabemos que nunca funcionará." No sabía de donde estaba sacando el valor de ser clara con él. "Pero que no funcionase lo nuestro, no quiere decir que no podamos ser amigos." Intenté girarme para quedarme frente a él. Conseguí hacerlo. Había aflojado su brazo sobre mí. "Nathaniel, siempre seré tu amiga." Noté el nudo en mi garganta al ver su mirada fría y vacía. "Déjame irme."

"No." Nathaniel volvió a su realidad y me sujetó por las muñecas. "Si no eres mía, no serás de nadie."

Todo ocurrió a cámara lenta. Castiel gritó a mi espalda. Sus manos agarraron con fuerza mis hombros y me giró, cubriéndome justo cuando Nathaniel hacía un movimiento brusco. El tiempo se detuvo. Castiel me miraba horrorizado aguantando su respiración. Se separó lentamente mirando a sus costillas. Tenía la hoja de una navaja hundida en ellas. Grité con pánico mientras le ayudaba a mantenerse en pie. La mano de Castiel temblaba mientras intentaba coger el mango para sacarla. Auyó de dolor y se dejó caer sobre mí.

"¡Castiel, por favor. Quédate conmigo." Le ayudé a tumbarse y lo abracé, intentando cortar la hemorragia. "No te vayas." Castiel estaba casa vez más pálido. "Yo me quedo contigo. Por favor." Su mano buscó mi cara y la acarició. Quise besarlo, pero los médicos aparecieron de la nada apartándome de él. No iba a abandonarlo, así que salí detrás suya hacia la ambulancia.