Capítulo 12: El ángel plateado
—Te ves distraída—Le dijo Kaede a Rin.
La muchacha había llegado hacía un rato al hospital, agradeciéndole a Izayoi por las horas que se había quedado cuidando a su abuela, y la verdad que Kaede reconocía que el que Rin se hubiera dado tanta prisa en volver era un alivio, pues su cuñado y la madre de Kagome se acababan de ir justo en el momento en el que ella había llegado, y al parecer, con la chiquilla delante, Izayoi había cejado en su empeño de volver a la conversación que estaban teniendo antes de que sus familiares llegaran.
Conocía de sobra a Izayoi, era una mujer que aunque se viera frágil, era realmente fuerte e insistente, una mujer que se empeñaba en que el hijo mayor de su marido la aceptara y no se cansaba de recibir un desprecio tras otro, no cualquier mujer insistiría tanto, solo ella, porque estaba acostumbrada, al igual que su marido, a conseguir aquello en lo que se empeñaba y ahora, lo que se le había metido entre ceja y ceja, era convencerla de que le cediera la custodia de su nieta, pero si Izayoi era insistente, ella era la mujer más testaruda de Japón y no cedería bajo ningún concepto.
Lo que no se esperaba era que Rin se mostrara tan abstraída, desde que se había despedido de Izayoi no había abierto la boca, ella, que era como una metralleta imparable cuando se ponía a hablar. Era muy extraño, demasiado.
—Sí, lo siento abuelita, no me había dado cuenta, ¿Qué tal te encuentras?
—La técnica de cambiar de tema no es propia de ti, querida nieta, no eres Inuyasha.
Rin levantó la mirada, que hasta ese momento tenía puesta en la colcha de la cama, y miró a su abuela quien tenía una mirada menos severa de la que esperaba, pues desde que había llegado se mantenía a la espectativa, esperaba el golpe, el que sabía que tarde o temprano llegaría.
Su abuela seguramente habría hablado ya con la señora Taisho del tema de la adopción y estaba segura de que la acusaría de desagradecida por haber rechazado el amable ofrecimiento del señor Taisho de convertirse en una integrante legal de su familia, sobre todo por la manera tan torpe y mal educada con la que lo había hecho.
—Yo...—Comenzó Rin tras un suspiro—El señor Taisho me hizo una proposición esta mañana—Confesó.
—Supongo que la misma que me hizo a mí la señora Izayoi.
Lo sabía. Rin sabía que Izayoi había hablado con ella, lo había escuchado perfectamente en el plan que relataba el señor Taisho a su hijo Inuyasha. Por un momento tragó saliva y adquirió un tono blanquecino, no había abierto la boca porque le daba miedo conocer de la boca de la anciana justo eso y ahora, sus miedos, se hacían presentes de nuevo con esa conversación que esperaba pudieran tardar un poco en tener.
—Pero por lo visto las dos hemos respondido lo mismo ¿No es así? ¿Qué respondiste a la petición del señor Taisho, Rin?
Los ojos de la chica se ampliaron considerablemente mirando a su abuela, y se preguntó si en verdad había sido así, o si la anciana se había pensado por un momento que su respuesta había sido una afirmativa.
—Le dije... le dije que me sentía muy honrada porque hubieran pensado en adoptarme, pero que debía rechazar su propuesta.
La mujer asintió, con los ojos cerrados y las manos en su regazo. Miró a su nieta después de lo que a Rin le pareció un milenio, con una pequeña sonrisa en los labios, diciéndole que había hecho bien, pues debía ser agradecida, pero en efecto, lo mejor había sido negarse.
—Yo también le dije que no a la señora Izayoi—Confesó Kaede.
—¿Te negaste?—Preguntó Rin realmente sorprendida.
—Así es... yo...—Comenzó la anciana—Sé que posiblemente los padres que te tocaron en el sorteo de la vida no fueron los mejores. Mi hijo era un desastre, vivía siempre al día, tenía miles de deudas por su mala gestión, pero... no puedo ver a otra persona ejercer ese papel contigo, Rin.
La anciana retiró una de sus manos de su regazo para acariciar el rostro de su nieta, que le mostraba una dulce sonrisa en él. Rin sabía que su padre había sido todas esas cosas, pero como bien decía Kaede, era su padre y siempre lo había amado, desde pequeña ella había entendido que no vivían en la abundancia, solo tenían lo justo para sobrevivir, pero recordaba a su padre como alguien juguetón y risueño, una persona amable y desprendida, justo como su madre, quien era una mujer enfermiza y hermosa de sonrisa radiante.
Ella los había amado en vida y seguía profesándoles ese amor aun después del accidente en el que habían muerto, tanto ella como su abuela iban a poner flores en el cementerio a menudo, y recordaban momentos bonitos que habían pasado juntos, tanto con sus padres como con su hermano mayor. Nunca nadie podría ocupar ese puesto, como bien había dicho Kaede, pero no pensaba que esa fuera la intención de los Taisho, ellos eran buenas personas que solo querían ayudarla, aunque la manera que habían encontrado para hacerlo disgustara a su abuelita y había sido rechazada por ella misma.
—Soy una mujer egoísta y definitivamente no le daré la custodia de mi pequeña niña a nadie, somos tú y yo contra el mundo, ahora y siempre, por algo soy inmortal.
La chica se rio ante las palabras de su abuelita, la verdad era que la primera vez que la veía enferma había sido esa, alguna vez se había resfriado, pero nunca había pisado un hospital a no ser que fuera para visitar a algún conocido, estaba empezando a pensar en la posibilidad de que, como bien decía Kaede en tono burlón, fuera realmente inmortal.
—Siempre juntas—Respondió Rin.
Hasta el final de la vida de esa anciana se mantendría a su lado, jamás la abandonaría, al igual que había hecho ella todos esos años en los que la había criado como lo habría hecho una madre.
—Quería hablarte de una decisión que tomé, disculpa que no te haya preguntado antes, pero era algo que tarde o temprano tenía que pasar.
—¿Algo que tenía que pasar?—Preguntó Rin muy atenta.
—Hoy vino a verme la familia de Kagome y le comenté a mi cuñado la posibilidad de por ahora mudarnos a su casa hasta que encontremos un sitio mejor.
Rin se paralizó por un segundo repasando las palabras de la anciana mentalmente, acababa de decir que le había pedido, con lo orgullosa que era, al abuelo de Kagome permiso para mudarse a su casa, sí que era cierto que hacía un tiempo Kagome le había comentado que habían hecho reformas en el templo y que habían incluido una habitación de invitados, pero si no habían podido acogerlas cuando se había quedado huérfana, se preguntó por qué en ese momento.
—¿Mu... mudarnos con Kagome?
—Sí, hasta que encontremos un lugar no muy lejos de tu instituto al que podamos mudarnos las dos.
—Pero pensaba que ellos no podían acogernos—Respondió rápidamente la chica.
—En el pasado ellos se ofrecieron a hacerlo, pero yo me negué—Aclaró Kaede—Estábamos en la ruina por culpa de las deudas de tu padre, no me parecía correcto abusar de la hospitalidad de mi cuñado y acepté trabajar para los Taisho, era lo que consideré más correcto. Ahora, con nuestros ahorros, puedo aportar a esa casa, solo hasta que encontremos un lugar mejor y digno para vivir.
—¿Y por qué no nos quedemos con los Taisho hasta que encontremos un sitio al que mudarnos?—Preguntó.
Aún tenía esperanza de convencerla de permanecer en la mansión hasta encontrar un lugar mejor, pero estaba segura de que sería como picar un diamante con un palillo, más sabiendo que ya había hecho su propuesta al abuelo Higurashi, y conociéndolo a él también, estaba segura de que el hombre había dicho que sí con su gran sonrisa en cuanto ella le había pedido el favor, solo habrían estado discutiendo porque él no querría aceptar el dinero de su abuela y ella era demasiado orgullosa para vivir en el templo sin aportar nada.
—Soy muy mayor ya para seguir trabajando como si fuera una jovencita, hace tiempo que estoy pensando en presentar mi renuncia a la señora Izayoi, creo que es tiempo de retirarme.
La muchacha asintió sabía por la anciana que había ya algunas actividades en la casa que se le hacían pesadas, por ello muchas veces ella le ayudaba con sus tareas y sabiendo cómo era Kaede, bajo ningún concepto aceptaría seguir permaneciendo en la mansión Taisho sin una ocupación, además, el proceso de neumonía del que se estaba recuperando solo había sido la señal que había necesitado la anciana para pensar que era el momento perfecto para jubilarse.
—Además, poner un poco de distancia ahora con los Taisho es la mejor opción. Simplemente para que se les quite la idea de la cabeza.
—Pero yo rechacé directamente la proposición del señor Taisho. Él me preguntó.
—Ellos no son el tipo de gente que se contenta simplemente con una negativa, Rin. Intentarán convencernos de nuevo, sobre todo la señora Izayoi, se le ha metido la idea en la cabeza y es muy testaruda.
—Se... Sesshomaru le dijo al señor Taisho que tenían que respetar mi decisión, a él le harán caso.
—¿Sesshomaru se lo dijo?—Preguntó la anciana.
Rin le explicó a su abuela con lujo de detalles cómo se había enterado de las intenciones del matrimonio, le explicó toda la historia, hasta le confesó que se había escondido sin que ellos lo supieran a escuchar la conversación detrás de una de las columnas de la sala, lo que la hizo llevarse un regaño de parte de la anciana, pero Kaede escuchó atenta hasta el final todo el relato de la chica, lo que la hizo pararse a pensar seriamente en sus palabras.
—Ahora lo entiendo, convertirla en su hermana a él no le interesa lo más mínimo—Dijo Kaede en voz baja.
—¿Qué?—Preguntó Rin al no escuchar las palabras de la anciana.
—Nada—Respondió rápidamente—Aún si tienes el apoyo de parte de la familia en esto, sigo pensando que lo mejor es la decisión que he tomado y espero que la apoyes.
Asintió, dándose por vencida, se irían a vivir con Kagome y su familia y la decisión estaba tomada, discutir con su abuela solo le daría un disgusto a la anciana, y en la condición en la que se encontraba no podía hacerle eso. No querer marcharse de esa casa era egoísta por su parte y más sabiendo que desde el principio, cuando habían llegado allí, su estancia en esa casa era temporal, había durado más años allí de los que esperaba y debía estar agradecida por ello.
—¿Cuándo nos mudaremos con Kagome?
—En cuanto me recupere y volvamos a casa de los Taisho le presentaré la carta de renuncia a la señora Taisho, estoy segura que no les costará mucho encontrarme remplazo, Chiyo hace años que apunta maneras.
—Seguro que Chiyo puede hacerlo, eso es verdad...
Kaede observó la cara triste de Rin, había aceptado su decisión sin presentar mucha pelea, su nieta era la persona más dulce que había visto en su vida y era afortunada de tenerla a su lado, aunque estuviera, en parte, rompiendo el adolescente corazón de la pequeña debido a la inminente separación de su nieta y el mayor de los Taisho.
Porque sí, ella sabía perfectamente el motivo por el que Rin no quería abandonar la mansión de los Taisho bajo ninguna circunstancia, llevaba años haciéndose la loca fingiendo no saber que su nieta guardaba unos sentimientos muy fuertes hacia el hijo mayor del señor Taisho, y pensaba que su pequeña no era correspondida más que como una hermana o protegida por parte del chico, aunque los recientes acontecimientos que le había relatado su nieta, sugerían que ese parco en palabras muchacho sentía algo parecido a ella y si separándola de él se rendía tan fácilmente no se merecía ni una micra del amor que le profesaba su nieta.
—Es lo mejor, cariño...
—Lo sé—Respondió la chica mostrándole una sonrisa triste a su abuela.
Los días comenzaron a pasar y la recuperación de Kaede se hizo evidente gracias a los cuidados que le brindaban en el hospital, por lo que una semana después del incidente estaba de vuelta de nuevo en la mansión, más cascarrabias y mandona que de costumbre, lo que Inuyasha denominó como el regreso de la abuela demoniaca.
Desde que Kaede había vuelto a la casa Sesshomaru veía que su madrastra estaba más apagada que de costumbre, seguramente debido a la negativa de Rin y de su abuela a que se convirtiera en su hija, pues días después de la discusión que había tenido con su padre por el tema, se había enterado de que la anciana también se había negado al cambio de custodia, duro revés según él para Izayoi, que parecía desde el primer momento empeñada en conseguir llevar a cabo su idea.
Sesshomaru bajó a cenar mirando la larga mesa del comedor de nuevo Rin faltaba esa noche a comer con ellos. Hacía días que no la veía en ninguna de las comidas en las que, desde que había llegado a la mansión, era natural verla, al principio pensó que era por él, pero cuando la había acompañado al hospital el día del desmayo de su abuela había permanecido todo el tiempo a su lado y no había sentido rechazo por su parte, más bien sentía que ella agradecía su callada presencia como símbolo de apoyo. Ahí había algo más que ella no le había comentado.
—¿Vuelve a faltar Rin hoy en la cena?
El muchacho levantó la mirada, no era quién había hablado, esta vez había sido Inuyasha quien había preguntado por la chica mientras se sentaba a la mesa, al parecer no era el único que veía que ahí había algo raro, era un asunto bastante llamativo si incluso su medio hermano se había dado cuenta.
—Así es, y vamos a tener que acostumbrarnos—Respondió su padre bebiendo de su vaso.
—No entiendo, ¿Acostumbrarnos? ¿Por qué?—Volvió a cuestionar Inuyasha.
Sesshomaru no había hablado, pero por una vez estaba tan perdido en esa conversación como Inuyasha, no entendía dónde querían llegar con eso, acostumbrarse a no tener a Rin compartiendo mesa con ellos seguramente era alguna de las tonterías de su abuela.
—Kaede hace unos días presentó su carta de renuncia, al parecer el incidente que tuvo la hizo replantearse la posibilidad de jubilarse y decidió con Rin que era el momento óptimo.
—Bueno, es normal ¿Qué edad tiene esa señora? ¿Cien años?—Respondió Inuyasha—Lo que no entiendo es qué tiene que ver con que Rin no venga a cenar.
—Cariño... un poco de respeto por tus mayores—Señaló Izayoi tras un largo suspiro—Kaede está por ahora enseñando a Chiyo sus funciones como nueva ama de llaves de la casa, para ocasionarnos el menor perjuicio por su decisión y lo que tiene que ver con Rin es...
La mujer se paró de repente, mirando su plato de comida con tristeza lo que sorprendió a Inuyasha e hizo que Toga siguiera la conversación, ya que entendía que a su esposa le costara contarlo, se había encariñado mucho con Rin todos esos años y la posibilidad de la adopción la había llevado a tener de nuevo la esperanza de tener una hija, sueño que al final se había frustrado.
—Que Kaede y Rin se irán de la mansión en cuanto Chiyo pueda encargarse sola de sus nuevas funciones.
—¿Se irán? ¿Pero por qué? ¿No le ofreciste a las dos quedarse aquí? Da igual que Kaede no sea el ama de llaves, hay bastante espacio, podrían quedarse.
—Ya se lo ofrecí, Inuyasha... pero Kaede se negó, ya sabes cómo es—Volvió a responder Toga.
Sesshomaru desde ahí perdió el hilo de la conversación, ni siquiera escuchaba lo que decía su padre a su medio hermano. Tenía los ojos abiertos en señal de sorpresa, mirando su plato de comida sin siquiera tocarlo. Rin se iría de la mansión y eso, eso nunca lo había pensado como una posibilidad, su mente no lo asimilaba porque desde el día en el que había llegado a esa casa la veía como la única persona necesaria allí para él, pero lo peor, lo que más le dolía en todo ese asunto era que si de verdad iba a marcharse ella no se lo había comentado.
Rin tachó de nuevo el dibujo que estaba haciendo, ya ni siquiera lo borraba, directamente había decidido tacharlo, no podía concentrarse desde que ella y su abuela habían vuelto del hospital, solo podía pensar en que pronto se marcharía de allí y que no había vuelta atrás.
Reposó la cabeza en el tronco del árbol en el que apoyaba la espalda y miró a su alrededor, dejando a un lado su cuaderno de dibujo. Podía recordar exactamente cada momento que había pasado con Sesshomaru en ese rincón secreto desde que había llegado a la mansión. Desde que lo había visto por primera vez pensando que era un ángel hasta la última vez que lo había acompañado en su silencio mientras él leía y ella dibujada, los dos disfrutando simplemente de su compañía sin decir nada, porque no hacían falta palabras cuando estaba con él, solo el estar a su lado era suficiente.
La chica sonrió de medio lado y cerró los ojos, recordando el primer encuentro que había tenido con él, estaba tan asustada de Yako, el perro de Inuyasha, que simplemente se había ido corriendo del lado de su abuela y se había perdido por el enorme jardin de los Taisho. En su huida le había parecido ver algo entre los arbustos y se metió en ellos de cabeza para huir del perro, en ese momento era cuando lo había visto, ese ser hermoso de brillante y plateada cabellera, esa persona cuya belleza le había parecido tan de otro mundo que en su infantil mente lo había convertido en un ángel plateado que había aparecido para ayudarla. Él la había visto, pero obviamente la estaba ignorando a propósito, aunque al final había sido tan insistente que no había podido simplemente ignorarla, punto para ella.
Toda su relación se centraba en que ella había sido tan cabezota que él simplemente le había permitido estar a su lado, suponía por cansinamiento, si Kaede decía que la señora Izayoi era insistente y testaruda era porque no había presenciado su empecinamiento en acercarse a Sesshomaru, eso sí que había sido un auténtico logro y como decía Inuyasha, un milagro.
Era cierto que ella casi lo había obligado a permanecer a su lado, pero desde el principio ella pudo ver su soledad detrás del tono dorado de sus hermosos ojos, ella podía ver el odio que tenía por todo y todos, y eso lo había llevado a alejarse de su familia, a pensar que en verdad nadie ahí lo conocía realmente y tenía razón, se había empeñado en alejar a todo el mundo de su lado haciendo que tanto su padre como Inuyasha pensaran lo peor de él, pero la realidad era que era una persona buena, que protegía a las personas que le importaban con uñas y dientes, aunque ni él mismo se hubiera dado cuenta de ello.
—Rin.
La chica frunció el ceño y abrió los ojos, una semana intentando alejarse de ese chico y ya hasta escuchaba su voz en sus pensamientos, aunque un ruido la hizo girarse y observar con sorpresa que efectivamente Sesshomaru estaba de pie en los arbustos por los que ella había aparecido el primer día que había llegado a la mansión, parecía que las tornas habían cambiado en esa ocasión.
Observó en silencio cómo él se acercaba a ella y se sentaba a su lado sin mediar palabra, parecía, al igual que ella, absorto en sus pensamientos, preocupado por algo, pues su entrecejo estaba ligeramente contraido en señal de preocupación.
—He escuchado que pronto os marchareis de la mansión—Dijo de repente.
—Esto... sí...—Respondió en voz baja—Mi abuelita se jubila ¿Puedes creerlo? La señora hiperactiva que no para quieta y se enfada cuando alguien le dice que es una anciana—Continuó.
Le mostró una sonrisa lo más radiante que pudo, mientras seguía hablando sin parar de su abuela. Sesshomaru giró su rostro para mirarla, tenía esos arrebatos de verborrea imparable cuando se daban una serie de supuestos: Cuando estaba escitada por algo que la hacía feliz; cuando estaba nerviosa; o el que pensaba que le pasaba en ese momento, que intentaba esconder de él su tristeza enmascarandola con ese ininterrumpido parloteo.
—No me lo habías dicho—La cortó.
—¿Eh? ¿El qué? ¿Lo de la crema antiarrugas que casi me tira a la cabeza?
—No me contaste que te ibas, no lo hiciste.
Rin había parado de hablar de repente y se centró solo en mirarlo en silencio, él parecía molesto, molesto porque ella no le había dicho que le quedaban días contados en ese que había sido su hogar esos últimos años, y efectivamente no lo había hecho, no lo había hecho porque sabía que se derrumbaría, así que no dijo nada, solo se centro en mirar de frente esos absorventes ojos dorados que se centraban completamente en ella en ese instante.
—¿De verdad quieres marcharte, Rin?—Volvió a insistir.
—No—Respondió automaticamente—Pero no puedo quedarme sin motivo, mi abuela ya no trabajará en la casa, no tengo escusa para quedarme.
—Convence a tu abuela de que acepte el cambio de la custodia entonces. Siendo una hija en esta casa podrás quedarte. Tendrás un motivo.
Sesshomaru observó como las manos de Rin que permanecían sobre sus propias piernas estiradas se aferraban de golpe a la tela del pantalón. Había apretado los puños con todas sus fuerzas y estaba empezando a fruncir el ceño, estaba empezando a enfadar a la chica, lo notaba.
—¡No!—Gritó sorprendiendo al muchacho frente a ella—¡Ya le di mi negativa al señor Taisho! ¡Pensaba que tú me apoyarías en mi decisión!
—Y lo hago, pero querías quedarte en esta casa, solo te di la opción más rápida.
—¡Quiero quedarme aquí! ¡Pero no así! ¡No siendo tu...!—Rin se cortó de repente.
Por primera vez Rin se dio cuenta de la poca distancia que había entre ellos. Sus hombros se estaban rozando y casi podía decir que notaba el aliento de Sesshomaru en su rostro debido a la corta distancia que los separaba. Él se mantenía con una de sus piernas estiradas y la otra doblada, y había colocado su brazo derecho en la pierna doblada en una pose bastante relajada, lo que contrastaba con ella, quien en ese momento se sentía más que incomoda y nerviosa.
—¿No siendo mi "qué"?—Preguntó insitiendo él.
Él se había movido cuanto apenas para poder mirarla directamente al rostro y parecía, si eso aún era posible, que se había acercado más a ella. La chica tragó saliva, no podía concentrarse con su rostro tan cerca del suyo, su corazón latía a velocidad vertiginosa, estaba segura que él podría escucharlo perfectamente solo si ponía atención, pero no se apartó, no se movió, estaba totalmente abducida por el bello rostro de su ángel plateado.
—¿No quieres ser el qué?—Volvió a repetir.
—No quiero ser tu hermana—Confesó totalmente absorta en sus ojos dorados.
—¿Entonces qué es lo que quieres, Rin?
Sesshomaru retiró el brazo que reposaba sobre su pierna para centrar su mano en uno de los rebeldes mechones negros de la chica, el que colocó cuidasosamente detrás de su oreja. Su cabello negro azabache siempre había sido rebelde, suave, pero rebelde, recordaba como se despertaba por las mañanas con él revuelto y hecho una maraña y cómo le miraba a él que se levantaba con el cabello igual que como se acostaba, esos momentos cuando se fuera se acabarían, y definitivamente echaría de menos despertar rodeado de ese olor a flores que desprendía Rin.
—Yo...—Comenzó Rin casi atragantandose con su propia saliva—Yo te quiero a ti, pero no de la manera que tú piensas.
—Pues entonces ya somos dos.
A Rin no le dio tiempo a preguntar de qué hablaba pues sus labios fueron sin esperarselo aprisionados por los de él en un beso cálido que al principio fue tierno y lento, pero que cuando Sesshomaru observó que ella aceptaba, convirtió en algo mucho más profundo, lo que hizo a Rin soltar un pequeño gruñido que ni siquiera se percató que había soltado. La muchacha notó como un escalofrio subía por su espalda cuando sintió la lengua de él explorar su boca y enredarse con la suya, húmeda, lenta, tomándose todo el tiempo del mundo.
Hasta que igual que él la había besado decidió separarse de ella provocando una sensación de frío en la chica. Él por su parte, observó el rostro de la muchacha, mientras lo acariciaba lentamente con una de sus manos, ella no había dicho nada, se mantenía callada, con las mejillas encendidas en puro fuego, obviamente avergonzada por lo que acababa de pasar.
—Aunque te vayas de esta casa, aunque estemos separados...—Comenzó a decir él de improviso—Si estás triste o en problemas, llámame, iré al lugar en el que estés inmediatamente, no te dejaré sola.
—Se... Sesshomaru...—Susurró ella poniendose aun más roja, si eso era posible.
—La distancia nunca ha sido un problema, si las cosas deben ser así... si solo tienes que marcharte, no debes tener miedo, porque mis sentimientos no van a cambiar, ni ahora, ni nunca.
El corazón de Rin latía a velocidad del rayo y no pudo evitar sonreir ampliamente ante las palabras de la persona que tenía delante, él había cerrado los ojos y había pegado su frente a la suya mientras seguía acariciando su rostro. Al principio Rin pensaba que se había quedado dormida, que eso no podía ser otra cosa que no fuera un sueño, pero podía sentir su aroma, su calor y jamás habría podido imaginar que eso que estaba pasando pudiera pasar en la realidad.
—Nuestros corazones están conectados, lo estuvieron desde el día que llegaste a mí hace ocho años, y ese lazo no puede romperse, da igual la distancia que nos separe ¿Lo entiendes, Rin?
La chica no pudo evitarlo, sus ojos se llenaron de lágimas y Sesshomaru limpió de su rostro una lágrima escurridiza con su dedo pulgar. El chico no se esperaba para nada ser derribado por ella en ese momento, pero Rin, en medio de su lloro incesante se había incorporado y lo había agarrado por el cuello, de golpe, lanzándose hacia él y haciendo que el chico tuviera que hacer fuerza para no caer para atrás y ser derribado por ella.
Cuando ella se calmó un poco Sesshomaru la abrazó hacia sí y acarició su cabello con los dedos, deshaciendo algunos de los enredos que ya se formaban en su cabello rebelde.
—Siempre has sido tú, Rin...—Dijo casi en un susurro.
—Te amo, Sesshomaru. Te amo tanto...
Ella había levantado la cabeza cuanto apenas de su posición sobre su pecho, tenía los ojos rojos, llenos de lágrimas, pero en sus labios se podía vislumbrar una hermosa sonrisa, esa sonrisa que definitivamente quería que siempre tuviera en los labios, en ese momento y siempre, así que no se pudo resistir y volvió a besarla, despacio, sin prisas, con toda la ternura que no había notado antes que tuviera dentro, sabiendo que ella había entendido a la perfección su mensaje y que definitivamente su corazón le pertenecía, solo a él.
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¡Capítulo 12 arriba!
Bueno gente, creo que os habeis dado cuenta ya de que me han dado unos cuantos días de descanso en el trabajo, cosa que yo tampoco me creo aun, aunque ya se me acaba la cosa y vuelvo a la guerra, así que volvemos al no tener fecha de publicación clara y al no saber cuándo voy a actualizar, aunque como veis estos días me he dado prisa para que no se me eche tanto de menos cuando vuelva al ruedo.
Alguna igual se ha dado cuenta que he usado alguna frase (sazonada a mi gusto) de la confesión de Sesshomaru a Rin del CD "Inuyasha Asatte" adoro ese CD, para los seguidores de esta pareja que hemos pasado años de sufrimiento, aquí fue donde por primera vez se insinúa que esta pareja es una de las canon del manga con la confesión del amo bonito a la que ahora sabemos es su esposa ¡siiiiii! ¡lo podemos decir! ¡lo podemos gritar! y aun se nos seguirá escuchando, ¡somos canon!
¡Muchísimas gracias por el apoyo! ¡De verdad! Me alegra saber que os gusta mi historia y que esperais mis acualizaciones con tantas ganas y mención especial a Kala, motivaion y los demás anónimos sin nombre a los que no puedo contestar y agradecer personalmente por sus bonitas palabras.
¡Nos leemos en el siguiente capítulo! ¡Espero leer vuestras reacciones!
Helen Martinelli ;)
