[ XV ]
~ Doradas ~
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Dejamos a Vidia y Zarina a solas para que tuvieran un poco de intimidad. No podía estar más contenta de que todo hubiera se hubiera solucionado, y sobretodo de que mi Peri hubiera sido la clave para resolverlo.
Volvimos a casa las dos, comentando el tema de su boda en un ambiente de lo más incómoda. Sentía que no estábamos del todo bien últimamente, y me moría por casarme con ella pero el hecho de que estuviera fabricando el anillo a sus espaldas lo complicaba todo. Además, cada vez Peri pasaba más tiempo con Sil y empezaba a pensar que había perdido el interés en mí.
—¿Va todo bien Tink?— me preguntó, preocupada. —No sueles estar tan callada.
—Estoy cansada eso es todo— la besé, diciéndole lo contrario sin palabras.
—No me importa que te guardes cosas para ti ¿sabes? Pero si hay algo que te molesta o quieras hablar…— negué con la cabeza, dejándonos en un silencio poco habitual.
—Estoy orgullosa de ti.
Preparamos la cena, agotadas por la locura de día que habíamos tenido. Di vueltas al tema de pedirle matrimonio, lo tenía clarísimo por dentro pero cuando la miraba, sentía que tenía la cabeza en otra parte.
Empecé a pensar que no sería buena idea, ni siquiera sacamos el tema de la boda de Vidia durante la cena.
—Tink, ¿qué ocurre? Odio verte con esa cara.
—¿Qué cara?— rodó los ojos. —No estoy poniendo ninguna cara.
—Lo que tú digas…
Mi pecho empezó a doler. Desde que Peri cambió de talento, todo empezó a cambiar, y temía la forma en que iba a terminar.
Nos metimos en la cama, frías, directas al sueño con el agotamiento como excusa.
Adoraba despertar a su lado, pero ese día no estaba de humor. Peri se levantó temprano para ir con las hadas del agua, y yo me preparé para volver al taller. Eso me distraía, pero no iba a arreglar nada.
Al terminar las tareas, volví a mi rincón personal donde guardaba el anillo que tenía en progreso. Zafiro fundido, de una pieza resistente pero hueca por dentro, con agua viviendo en el interior creando un efecto acristalado a la luz que recordaba a sus ojos. Sólo me quedaba terminar el pequeño copo de nieve de acero que iría en la parte superior, tan detallado y complejo que me sacaba de quicio.
Un tallo en falso y tendría que empezar la pieza de nuevo, tenía que concentrarme.
Me entretuve un poco más de lo habitual, pero quería terminarlo de una vez por todas, meterlo en una bolsita azulada y esconderlo en casa para cuando tuviera el valor de proponerme.
Volví deprisa a casa pensando en que Peri ya habría llegado, pero mis alas no brillaron. Eché de menos la de veces que llegué a la frontera y me recibía con los brazos bien abiertos.
Ya casi al atardecer, Peri apareció con Sil, excusándose entre risas de haberse entretenido. No la regañé ni nada, me gustaba verla feliz, aunque no fuera conmigo.
Aprovechamos para ir al gran árbol de polvo de hada, donde la reina iba a dar una especie de charla sobre el caos que montamos en Pixie Hollow, lo último que me apetecía.
Llegamos, Vidia y Zarina estaban tan confusas como nosotras, pero al menos ellas iban cogidas de la mano, Peri en cambio jugueteaba con una gota de agua.
Los cuatro ministros aparecieron, haciendo callar a la multitud que se había reunido, y al momento, la reina Clarion hizo su gran aparición.
Nos hizo una introducción de lo ocurrido para los despistados, si es que había alguno que no se hubiera enterado ya de lo que pasó, y luego, hizo poner Vidia en frente.
Remarcó una y otra vez que la cooperación que hubo de todos fue un gran ejemplo de trabajo en equipo y solidaridad. Luego empezó a hablar sobre Vidia, sobre su gran talento no sólo como hada de vuelo veloz, sino por ayudar a los demás y resolver situaciones complejas.
Comentó por encima el desafortunado accidente de Honeydrop, también lo mucho que hizo por mí y el enorme sacrificio que hizo por Zarina. A ese punto mis ojos se me encharcaron, todos se pusieron a aplaudirle, reconociendo su valía.
—… Es por ello, y por mucho más, por lo que le hago entrega de las alas reales— todos se volvieron locos, ovacionándola, gritando su nombre. Yo no podía estar más confusa, no sabía qué clase de recompensa era esa, Peri tampoco parecía estar al corriente.
Iba a preguntarle a Zarina, pero estaba embobada mirándola con la boca tapada y los ojos empapados.
Entonces vi a la reina levantar un pequeño estuche, ofreciéndoselo. A Vidia le temblaban las manos, imaginé que ese premio tenía mucho valor, tenía curiosidad por saber de qué material estaría hecho.
Al abrirlo, pero, mis labios se separaron. Un vivo brillo dorado e intenso explotó, transformándose en grandes alas que aletearon ante ella, dejándome sin aliento. No pude ni parpadear cuando aquellas preciosas alas, parecidas pero para nada iguales a las de la reina, se juntaron a la espalda de Vidia.
No tardó en prender el vuelo, y tratando de contener su felicidad, abrazó a la reina como si fuera una más. No me lo podía creer. Fuimos volando hacia allí para alucinar con ella, nadie se esperaba algo así, se lo tenía más que merecido.
Nos contaron al rato, que aquellas no eran sólo unas alas preciosas, sino que además le daba el derecho de poder reinar Pixie Hollow si así lo deseara. Tuvieron que repetírmelo para creerlo, Vidia siendo la reina, ya no sabía ni dónde meterme.
La perdimos de vista en nada, salió volando con Zeta a toda velocidad, perdiéndose por Otoño dejando un rastro dorado que íbamos a ver a menudo.
Todo aquello nos llenó de luz, a todos, nos dio a pensar que éramos capaces de cualquier cosa si nos lo proponíamos, y volví a pensar en Peri.
Quería casarme con ella, era el hada, tan simple como eso. Tenía que hacerlo y no había razón para demorarlo más.
—Tink— Peri cortó mis pensamientos ya de camino a nuestro hogar. —Esto… mañana por la tarde… ¿podrías salir temprano del taller? Quiero… bueno, me gustaría pasar la tarde contigo— sonreí, me extrañó que me lo pidiera de esa forma, pero me alegré de que lo pidiera.
—Claro, de hecho quería pedirte una cosa— me mordí los labios, ya no había vuelta atrás.
—¿Qué cosa?
—E-en casa te lo cuento…— entrecerró los ojos, tratando de adivinar.
Volamos a casa, yo con unos nervios que no me cabían en el pecho, pensando en una excusa para no hacerlo por si acaso. Ni siquiera tenía claro lo que tenía que decirle, tenía algunas ideas pero temía quedarme en blanco.
—Estás súper nerviosa Tink, ¿qué te pasa?
—N-no estoy nerviosa… es otra cosa. Quédate aquí— la dejé en el comedor, yendo a por la bolsita azulada que guardé debajo del armario, detrás de la pata. Respiré aire hondo, tratando de calmarme.
—¿Qué tienes ahí?— apareció por detrás, sorprendiéndome.
—¿No te he dicho que esperaras ahí?— se rió.
—¿Y perderme la cara que llevas?— intuí que ese iba a ser el lugar.
—A ver ¿cómo te digo esto…?— frunció el ceño. —Te quiero, bueno ya sabes que te quiero mucho, más que a nadie, y bueno… me encanta estar contigo.
—¿Pero…?— ahora parecía asustada.
—¡No! No, no hay ningún pero, sólo estaba recordándotelo— sentía mis mejillas arder de vergüenza. Respiré hondo de nuevo.
—Vale…— agarré la bolsita con las dos manos, sintiéndome muy pequeña, me quedé totalmente en blanco.
Saqué el anillo con cuidado, tenía las piernas temblando, y se lo acerqué como si fuera a dárselo así sin más.
—¡Cásate conmigo!— cerré los ojos con fuerza al decirlo. Los abrí poco a poco al no escuchar respuesta. Estaba congelada, con la boca abierta y unos ojos enormes, con las manos en el aire como si sujetara dos bandejas.
—¿¡Qué!?— me miraba a mí y al anillo casi a la vez —¡TINK!
—¿Q-qué? ¿Por qué te pones así?— me abrazó con demasiada fuerza, soltando la respiración entrecortada, entre riéndose y conteniendo sus llantos.
—Iba a pedírtelo yo mañana…— me soltó de golpe, saliendo de la habitación a toda prisa. No entendía nada. Apareció al momento, con un pequeño estuche de madera. Lo abrió ante mí con la mayor de sus sonrisas, y me lo ofreció, arrodillándose ante mí.
Era bonito, de punta esmeralda y cuerpo fino, con buenos acabados.
—Hala…— me lo puso en el dedo anular.
—Sí…— tenía las neuronas en otra parte, aún seguía con su anillo en mano.
—Oh, ah, el tuyo, sí— me arrodillé también, quedando casi pegadas. Se lo puse al tercer intento, no había manera de estarse quieta.
Alzó su mano, mirándolo por todas partes.
—Por todos los yetis… ¿lleva agua dentro?— no dejaba de apartarse las lágrimas para verlo mejor.
—¿Te gusta?— se echó a reír.
—Es una obra de arte Tink, ahora el tuyo parece una castaña.
—Qué va, está super bien, va de conjunto con mi ropa— se lanzó encima de mí, besándome una y otra y otra vez, revolcándonos en la alfombra de la habitación, queriéndonos con una llama que no iba a apagarse en mucho, mucho tiempo.
Me comentó, a altas horas de la madrugada, después de querernos de tantas formas distintas, que pasaba tanto tiempo con Sil para planearlo todo y que fuera perfecto, el anillo, el paseo al atardecer, una cena a la luz de las velas, y finalmente la gran pregunta después de un discurso que se había memorizado.
Todo aquello, para que se lo pidiera yo de esa forma tan cutre. Me sentí muy mal por ella, pero nada nos impidió hacer todo lo que tenía planeado.
Nos dimos cuenta días después, que según las normas de Pixie Hollow impuestas por Clarion, no podíamos casarnos, y yo con el diseño de los vestidos ya hechos. Nos quedamos con mal sabor de boca, pero podíamos celebrarlo por nuestra cuenta de todas formas así que no le dimos demasiada importancia.
La boda de Vidia y Zeta llegó, y fue maravillosa, la primera a la que asistía en el gran árbol de polvo de hada. Fue mil veces mejor de lo que podría haber imaginado, y mis ganas de subir al altar en el palacio de Invierno se dispararon.
Hablé con Vidia sobre lo de sus alas y el hecho de que podría llegar a ser la reina si quisiera. Era un poco egoísta pedirle algo así sólo para que cambiara las normas y nos dejara casarnos, pero por intentarlo no perdía nada.
Estaciones pasaron sin mucha novedad, Peri fue a traer Primavera como hada de agua oficial y todo era perfecto. La reina nos convocó a todos una vez más, no solía hacerlo a menudo y según mi opinión, debería estar más presente, y ser más accesible.
Nos quedamos a cuadros cuando anunció que Vidia iba a tomar el mando, pensé que sería una broma pero no, lo tenía bien escondido la maldita.
Todos se alegraron del cambio, y es que a decir verdad ese puesto le quedaba bien, todos acudíamos a ella en busca de consejo de vez en cuando. Cuando conseguimos hablar con ella, nos dijo que lo primero que haría sería disolver esa estúpida norma que nos impedía casarnos, y lo pusimos todo en marcha.
El palacio de Invierno, para que todo Pixie Hollow pudiera asistir, preparativos que duraron semanas, una fiesta en la que todos serían bienvenidos y nuestro amor flotando por los aires. Iba a ser una gran boda, quizás, y sin exagerar, la mejor que haya habido jamás. Peri no podía estar más ilusionada.
Fue una auténtica locura organizarlo todo, pero los días fueron pasando y la fecha aterrizó ante nuestras narices. Peri con su largo vestido azul metalizado y yo con mi atrevido traje verde, siendo el centro de atención de centenares de hadas y duendes, en ese precioso escenario.
Nos repetimos una vez más lo muchísimo que nos queríamos, y oficializamos un lazo irrompible que perduraría para toda la eternidad. Porque la había encontrado, había encontrado mi perfecta cosa perdida, y jamás me separaría de ella.
[FIN]
