Llegamos a otro día más de actualización =).
Quiero dar gracias a los que me están apoyando ahora que necesito tanto apoyo. Y también, recordaros que tengo abiertas las comisiones (l).
Amor vendido
¿Qué hacer?
Miro mi mano y no sé qué hacer.
Miro mi mano y sé qué te necesito.
.
La mañana llegó con el sonido estridente de una alarma por encima de su cabeza que taladraba sus oídos. Se detuvo un minuto después que fue suficiente para mantenerla despierta y no volver a dejar que el sueño la venciera. Miró al techo con los ojos entrecerrados y visualizó el altavoz. Sintió deseos de levantar el dedo corazón hacia él.
A regañadientes, se sentó y pasó una mano por su cabello en un vano intento de acomodarlo mejor. Se recordó a sí misma que nunca era buena idea irse a dormir con la cabeza mojada o lo suficientemente húmeda como para despertar con un terrible peinado tras una noche de vueltas y vueltas.
El reloj en su muñeca pitó. Una alarma de una corriendo hacia atrás que no terminaba de comprender. Bostezó. Necesitaba algo de café. Y por suerte, había entre las diferentes cosas que se encontraban en su nueva alacena. Preparó una cafetera y mientras, se dio una merecida ducha de despertar que no terminó de cuajar hasta que no tuvo algo de la preciada bebida dentro de ella.
El reloj volvió a pitar. Lo miró, enarcando una ceja.
—¿Qué diablos quiere?
Unos golpes en su puerta interrumpieron sus preguntas. Caminó, descalza, notando el calor emanar del suelo. La puerta se abrió cuando pasó el reloj por el cerrojo.
—¡Sasuke! —exclamó sorprendida.
El chico bostezaba y se rascaba la nuca. Iba en un pijama oscuro que le sentaba de maravilla. Sin apenas saludar, entró y caminó hasta la cafetera para servirse café también.
—¿Buenos días a ti también? —preguntó.
Él inclinó la cabeza y dio un sorbo al café, observándola. El reloj volvió a pitar. Frustrada, tiró de la manga de la camisa para cubrirlo, a ver si se callaba un rato.
—¿El tuyo también hace esto? —Le preguntó.
—No —negó—. No ha reaccionado. ¿Tienes algo que hacer, quizás?
Sakura lo sopesó.
—No sé ni por qué tengo que levantarme tan temprano —confesó suspirando. Se apartó de la puerta para llegar hasta su altura, observándole—. Tampoco pareces haber dormido bien. Mucho que meditar, aceptar y pensar. ¿Verdad?
De nuevo asintió con la cabeza. La estudió con la mirada y entrecerró los ojos. Ella sonrojó sin poder evitar que su cuerpo recordara lo que habían hecho. Carraspeó y retrocedió un poco.
—¿Has podido hablar más con tu madre y hermano? —Preguntó intentando borrar aquel recuerdo de su mente—. Tu madre vino después a hablar conmigo también. Me hizo algunas preguntas y no sé si terminé respondiendo bien o no, pero la verdad, no quiero cambiar de pensamiento a cuenta de ello.
Dio otro sorbo a la taza, sopesando si debía de contárselo o no. Sasuke continuaba en silencio, observando sus movimientos.
—Me preguntó si me sentiría ofendida de que tú tuvieras que mantenerme de quererme como tu mujer —explicó. Puso los ojos en blanco—. Le contesté que si queríamos igualdad y respeto, yo continuaría manteniéndome. Si encuentro algo que hacer en lo que vendrá, sea lo que sea… me servirá para poder vivir. No tengo por qué vivir de ti. Ni tampoco tienes porqué sentirte obligado a cuidar de mí. Eres libre, Sasuke.
Sabía que recalcárselo era algo que le molestaba. Chocaba contra todo lo que le habían educado. Agachar la cabeza frente a ellas y bajarse los pantalones.
—Sakura.
Ella hizo una inclinación con la cabeza y recordó que estaba despeinada y con el cabello mojado todavía.
—No necesitas decirme nada. Entiendo si quieres aprovechar esta oportunidad y hacer tu vida. Estás por completo en tu derecho. No dudes en hacerlo, por favor. No me debes nada.
Sasuke dejó la taza de café sobre la encimera muy lentamente. Sakura miró el gesto como si estuviera frente a una película. Sabía que estaba moviéndose pero no en su dirección. Hasta que la apretó de la cintura y la empujó contra sí. Su cabeza se echó hacia atrás para poder mirarle y, entonces, la besó. Profundo, marcado. Tan intenso que la cabeza y el cuerpo olvidaron que estaba viva.
Su propia taza cayó a sus pies y, aún así, él continuó devorando cada parte de su boca, sacando una respuesta torpe de ella y un suspiro que llevó a más. Cuando sus manos se enlazaron alrededor de su cuello y él bajó más sus manos hasta atrapar sus nalgas, supo que estaba perdida una vez más.
El reloj volvió a pitar en su muñeca, más fuerte, pero ambos lo ignoraron completamente. Sasuke la sentó sobre la encimera más cercana. Abandonó sus labios únicamente para bajar a su cuello y regresó una vez más para tomarle las manos y guiarla hasta su espalda por debajo de la camiseta del pijama. Sus ojos se encontraron y una súplica silenciosa, le indicó que le tocase.
Sus dedos acariciaron la suave piel de su espalda y bajó hasta su trasero. Dudó, pero él las bajó más hasta que aferró sus nalgas con las uñas, acariciándolas, empujándola más contra ella y marcando su masculinidad contra su entrepierna. Se percató de cuánto le deseaba. Ese simple gesto bastó para desear más.
Él atrapó sus cabellos por completo en un puño, besando su cuello, subiendo hasta su oído. Jamás pensó que sentir la lengua de alguien sería tan erótico o que podría tener un punto especial en ese lugar hasta que él lo hizo.
—Sé mía —susurró.
Ella emitió un gemido de satisfacción. Él se apartó para mirarla.
—No quiero a otra mujer, Sakura —recalcó.
Parpadeó, confusa.
—¿A eso te refieres cuando dices que sea tuya? —Preguntó a media voz.
Él se mostró incómodo. Estaría preguntándose, seguramente, si era correcto afirmarlo.
Sakura le tomó las mejillas pegando su frente contra la de él.
—Sasuke, eso iría contra los principios que queremos impartir, suplicando de esa forma… Casi como si estuvieras excluyendo mi libertad…
—No es eso lo que…
—Lo sé —interrumpió a su vez. Sonrió, lamiéndose los labios después—. ¿Sabes qué ocurre? —preguntó mirando en sus ojos—. Que creo que soy tuya desde que te vi tras esos cristales.
Una mueca burlona se mostró en los labios masculinos. Antes de que se besaran, la puerta sonó en repetidos pitidos molestos. Ambos maldijeron. Él se hizo a un lado para dejarla bajar. Ella le miró las caderas y él comprendió, maldiciendo.
Miró a su alrededor hasta dar con el sofá. Mientras él iba al refugio del mueble, ella abrió.
Un joven pelirrojo la miraba de una forma poco amigable. Llevaba una placa con su nombre y una bata blanca.
—Soy Sasori —se presentó. Antes de que ella pudiera decir nada, continuó—. Llegas tarde. ¿No ha pitado tu reloj avisándote de tu tiempo para prepararte?
Se miró la muñeca con el reloj. La palabra "tarde" salía reflejado en la pantalla. Sasori bufó y la aferró de la muñeca con brusquedad, comenzando a trastear con su reloj.
—¡Oye, suelta! —protestó sorprendida.
Antes de que él dijera nada, Sasuke ya estaba a su lado, arrebatándole la muñeca y empujándolo hacia atrás, hasta que la pared detuvo su avance.
—¡Sasuke! —exclamó sorprendida.
Desde luego, ganaba al otro hombre en altura y musculatura. Más bien, el chico pelirrojo parecía lo suficientemente delgado y delicado como para dar la sensación de fragilidad de una muñeca.
—Un Uchiha —nombró al reconocerle—. ¿Cómo no? Siempre haciendo lo que os da la gana y como os da la gana.
—Ha dicho que la soltaras —recalcó Sasuke, ignorando sus palabras.
—Supongo que eras un clase S —continuó el otro ignorándolo también—. Debes de saber defensa. Artes marciales. Puede que incluso seas bueno con algún tipo de arma.
Sasuke parecía tan perplejo como ella.
—También fui como tú, solo que un rango normal —explicó empujando su mano para que le soltara—. Ahora soy encargado de medicina. Uno de los pocos que hay. Sakura está apuntada a ello y tiene un horario que cumplir. Como su tutor, me vi obligado a venir hasta aquí. Es una molestia.
—¿Eres mí…? —parpadeó—. Espera. No sabía nada de esto. Es decir, sé que iban a dejarme estudiar y tal, pero…
—Mikoto no te informó de ello —dedujo Sasori—. Ahora lo sabes. Prepárate. Nos vamos. En cuanto a ti, grandullón —dijo mirando a Sasuke—. No eres más un perro guardián.
Sakura tiró de Sasuke hacia atrás, metiéndolo dentro de la habitación.
—Saldré enseguida —anunció.
Ambos se miraron, confusos, una vez la puerta se cerró. Tomaron aire y miraron sus relojes, perdidos.
—Iré a cambiarme —anunció—. Ya que tu madre me ha apuntado al sistema, lo haré.
—Sakura —detuvo él sosteniéndola de la mano—. Hablo en serio. No estoy confuso ni es ya por lo que éramos.
Ella le sonrió agradecida. Le dio una palmada en el pecho.
—Espera que pase el tiempo, por favor. Igual algo te hace cambiar de idea. Tienes que ver el nuevo mundo que se abrirá frente a ti y entonces, toma una decisión.
—La he tomado ya.
—Crees haberla tomado porque soy la única mujer con la que has tratado —reflexionó—. Vive.
Se soltó para darle la espalda y abrió el armario. Volvió a encontrarse con una bata blanca y ropa cómoda que decidió escoger como atuendo. Cuando retrocedió para cerrar la puerta del armario se dio contra su pecho.
—¿Eso es lo que quieres? —preguntó él, que no había dado por zanjada la conversación.
—¿Qué? Quiero que seas libre —confirmó—. Que disfrutes y veas a otras personas.
—De otra mujer —interrumpió él alzando un poco la voz—. Quieres que sea de otra mujer.
Sakura abrió la boca para afirmarlo pero sus palabras no salieron. Parpadeó, sorprendida. Se miró las manos sosteniendo la ropa y después, a él de nuevo. ¿Por qué no podía gesticular una simple afirmación?
—¿Lo ves? —Indicó echándose hacia atrás—. No tienes una respuesta afirmativa.
Se alejó hasta la puerta. Se abrió y después, él desapareció. Cayó de rodillas, sorprendida. Sentía el rubor en sus mejillas y su corazón casi explotar.
Los golpes en la puerta le hicieron recordar que no era momento de ponerse a pensar en otras cosas. Dio un brinco y decidió vestirse antes de que a Sasori se le acabase la paciencia.
Cuando salió, al final, se encontraron con Itachi esperando a que Sasuke le abriera la puerta. Al verla, inclinó la cabeza como salutación.
—Sasori —nombró—. Trátala bien.
Sasori bufó.
—Los hermanos siempre están exigiendo cosas —protestó—. Y antes que haga la pregunta: no, no voy a unirme a Akatsuki de nuevo. Ayer fue mi último día.
Itachi chasqueó la lengua.
—No pensaba pedírtelo de nuevo —negó. Después miró en su dirección—. ¿Ha pasado algo con mi hermano?
Qué no ha pasado, pensó. Parpadeó para intentar controlar sus pensamientos.
—Me ha estampado contra la pared porque he parado el reloj de la mujer.
Itachi enarcó una ceja, intrigado.
—Me has cogido de imprevisto y sin mediar palabra. Me he asustado mucho —defendió.
—Sí, sí —aceptó Sasori con un gesto ausente de interés—. Ya sabemos que eres una Uchiha y no se te puede tocar.
—¡No soy…! —cerró la boca al escuchar que la puerta se abría. Sasuke formó el mismo gesto de interés que su hermano. Sakura decidió que había sido lo suficientemente avergonzada—. ¡Adios!
Y echó a caminar pese a que no sabía qué camino tomar.
—Espera, mujer —llamó Sasori.
—Sakura —recalcó al detenerse—. Mi nombre es Sakura. No "mujer".
Él se encogió de hombros.
—Tengo mi total libertad de llamarte como guste. No estoy bajo ningún tipo de obligación que haga que…
—Educación —interrumpió firme—. La educación es lo que hace que me tengas el mismo respeto que yo te tengo a ti. En ningún momento me he dirigido a ti de esa forma impertinente o superior. Eso es respeto. Así que espero recibir lo que hago.
El muchacho la miró con la boca abierta. Un buen rato. Sakura empezó a sentirse incómoda de que no adelantase el paso en busca del camino correcto.
—¿Todavía estáis aquí?
Dieron un respingo al escuchar la voz. Itachi les miraba desde la salida. Justo a su lado, Sasuke le ganaba por una cabeza y les miraba también, pero con el ceño fruncido.
—Sí —respondió Sasori como si regresara al presente—. Simplemente, acabo de entender por qué es una buena mujer Uchiha.
Sakura enrojeció y desvió la mirada de Sasuke hacia él. Habría deseado tanto meterle una de esas piedras de la pared en la boca…
—Pues si lo sabes, no metas el dedo, Sasori —demandó Itachi dándole un capón al pelirrojo—. Ella no es como tu antigua ama.
Sasori rechinó los dientes y se alejó. Itachi levantó el índice hacia ella.
—Creo que deberías de seguirle.
—¡Ay, sí!
Echó a correr para seguirle y poco después, se percató de que ambos avanzaron por una bifurcación diferente, cuyo olor comenzó a serle familiar. Sasori se detuvo frente a una puerta y tiró del reloj que colgaba de su cinturón en vez de su muñeca. Cuando la manga se estiró, comprendió por qué lo llevaba allí.
La piel en esa zona estaba rugosa y enrojecida. Claramente, fue maniatado.
—Mi dueña por entonces prefería atarme como si fuera una marioneta. Me colgaba de las muñecas y los dedos del pie. No usaba cuerdas, sino hilo de pescar. Así que esto que ves no es nada comparado a lo que tengo en ciertas partes. En cuanto a por qué medicina, te diré lo mismo que le dije a Itachi: los pacientes en coma o los muertos no hablan.
Se mordió el labio inferior, culpable.
—Lo siento. Yo…
—No necesitas disculparte por algo que no hiciste. Ni necesito empatía. Simplemente, si quieres seguir estudiando y cobrando, trabajaremos juntos. Nada más. No necesitas inmiscuirte en mi vida ni yo, en la tuya.
Se quedó sin palabras.
Sólo pudo tomar aire y seguirle al interior de la sala. Eso le sacó una sonrisa. Al menos, por una vez desde que llegó, se sentía en un lugar al que estaba acostumbrada.
.
.
Naruto no despertó ni con el sonido de la alarma ni con el ruido de una ducha que claramente no habría querido perderse o los golpes en la puerta que anunciaban que la persona tras ella era impaciente.
Cuando despertó, fue cuando la luz lo cegó. Se cubrió con el dorso de la mano, intentando perfilar la forma de mujer que se acercaba a él. Hinata posó una mano sobre su estómago para zarandearlo. Su cabello estaba mojado y caían gotitas de sus puntas.
—Naruto —nombró repetidas veces—. Despierta, por favor… tu madre es quien está golpeando la puerta.
Se sentó de golpe en la cama y miró hacia el lugar, tragando. La miró a ella en busca de una solución, pero estaba tan perdida como él.
—¿Cómo sabe que estoy aquí? —preguntó perdido.
—Igual ha ido a tu piso y al no responder, decidió que estabas aquí —sopesó ella tirando las sábanas—. Vamos, vamos…
Le tiró la camiseta que se quitara en algún momento esa noche y corrió de puntillas hasta el baño, cerrando después.
Naruto no comprendió hasta que poco después, volvió a abrir la puerta para gesticular que abriera.
—¿Vas a esconderte? —preguntó perplejo. Ella enrojeció.
—Sí. No. ¡Ay, dios! —exclamó avergonzada—. ¿Qué hago?
Sintió deseos de echarse a reír.
—Yo no puedo abrir la puerta porque mi reloj no funcionará y dudo que te dé tiempo a correr al baño después de abrir.
Hinata balbuceó como un pez. Los golpes aumentaron.
—¿Sois conscientes de que os estoy escuchando? —gritó Kushina desde el otro lado.
—¿Ves?
Hinata hizo un mohín avergonzado y, después, pasó el reloj. La puerta cedió y su madre entró como un huracán pelirrojo.
—¡¿Tenéis idea de cuánto tiempo llevo llamando!? —aseveró—. ¡Más de quince minutos!
—Lo siento — se disculpó Hinata. Él bostezó hasta que recibió un codazo de reprimenda.
—Ah, sí, lo siento.
Kushina suspiró y se sentó en el sofá.
—¿Acaso no leísteis el libro de instrucciones del reloj que os dieron? —preguntó—. ¿No escuchasteis el pitido del reloj cuando se bajaron las luces?
Ambos se miraron, confusos.
—No, claro —se respondió a sí misma—. Seguramente, estábais más ocupados en otras cosas. ¿Verdad?
Hinata enseguida enrojeció como respuesta. Naruto frunció el ceño, confuso. ¿Hasta qué punto era adecuado que su madre tuviera conocimientos de esas cosas? Generalmente, los niños eran acallados cuando esas conversaciones sucedían entre mujeres y nunca se le ocurrió preguntar a otras mujeres por ello. Desde luego, tampoco conservaba el recuerdo maternal del todo y nunca tuvo una madre para comprender esos límites.
Que Hinata se sonrojara no le daba una respuesta del todo, pues ella se sonrojaba hasta con Sakura, con la que tenía la suficiente confianza como para hablar de esos temas. Más bien, Hinata parecía ser de las que prefería que todo el tema sexual quedase de puertas para adentro, así que se aferró a eso.
—En realidad, no tenemos por qué explicar nada —respondió.
Hinata ahogó un gemido de sorpresa, agarrándolo del brazo.
—¡Naruto! —Nombró preocupada.
—No, tiene razón —defendió Kushina levantando una mano—. He ido demasiado lejos. Aunque reconozco que es gracioso ver a Hinata enrojecer de esa forma. Y es un castigo porque nos asustamos cuando tu pulsera nos advirtió de que estabas en otro lugar.
Naruto se miró la muñeca para observar el reloj.
—Si vais a vivir juntos, necesitáis otro tipo de reloj. Uno para parejas.
Enseguida buscó con la mirada la de Hinata. Ella se lamió los labios. Sus mejillas continuaban enrojecidas.
—¿Entiendes el concepto de esa palabra, Naruto?
Naruto enderezó la espalda.
—Pareja: Formada por un hombre y una mujer. En general, como amantes. También puede ser usada para hermanos, grupo de dos personas con algún significado entre ellos. En el caso del hombre y la mujer en antaño se le podía llegar a dar uso como, novios, matrimonio, idilios. En el caso del presente, el hombre ha dejado de formar parte de ese conjunto, así que no tiene derecho ni condición dentro de ese significado.
Miró a la mujer.
—Sí, tengo claro el concepto.
Kushina negó con la cabeza.
—Eso es lo que te inculcaron. No es correcto. El hombre no está excluido. Es más, siempre forma parte, excepto en los casos en que la pareja consta de dos mujeres. Ahora eres libre. Que no se te olvide.
Por un instante se sintió confuso, hasta que sintió que algo pellizcaba su ropa. Al volverse, Hinata le sonreía tímidamente.
—¿No decías anoche que lo habías rebasado? —susurró—. ¿Era mentira?
—¡No, no lo es! —Aseguró tomándola de las manos. Kushina carraspeó.
—¿Rebasar el qué? —se interesó.
Ninguno de los dos abrió la boca. Naruto por respeto, Hinata por vergüenza. Kushina se dio por vencida.
—¿Entonces? ¿Os he de dar esas pulseras?
—Sí —confirmó Naruto antes que ella. Hinata no lo regañó. Tomó su mano, animándolo—. Dormiré en este cuarto con ella. Ya lo dije cuando llegué. Soy suyo.
Su madre lo estudió con la mirada, cruzándose de brazos. Por un instante, un escalofrío de terror le recorrió la espalda. Muchos años de sumisión dejaban huella. Empezaba a agachar la cabeza cuando habló.
—Está bien. Os lo traía ya.
Mostró dos relojes oscuros que les entregó. Aceptó los otros dos de vuelta.
—Esta vez, leeros el apartado de parejas. ¿De acuerdo? —indicó—. Ahora, desayunad y después, mirar a ver qué queréis hacer. Hinata, seguramente te gustará continuar estudiando historia. ¿Verdad?
—En realidad… después de todo lo que sé, me da miedo continuar.
—Es comprensible —aceptó Kushina—. Pero no nos vendría mal en un futuro una directora de institución con conocimientos de historia que pueda educar a los niños y crear un mundo en sus cabezas mucho mejor. ¿No se te hace tentador?
Naruto pudo notar que sí. Hinata se lamió los labios de la misma forma que hizo antes de que la probara. Tentadora, emocionada y excitada.
Dios. Podía ponerse duro ahí mismo.
—Entonces, te apuntaré —sentenció su madre regresándolo al presente—. En cuanto a ti, Naruto. ¿Vas a pensar qué hacer?
—Sólo sé poner a una mujer a cien —soltó sin pensar. Su madre bufó y estaba seguro de que no haber una mesa entre medias le habría golpeado—. ¿Qué?
—Ni hablar. Si fuiste un S debieron de darte educación. Igual que a Sasuke —recalcó.
—¿Qué pasa con Sasuke? —Se interesó.
—Su hermano le ha ofrecido un puesto que hay vacío en los Akatsuki. El escuadrón de rescate que os trajo. Hoy saldrán a buscar los últimos señalados, entre los que están las personas que conocéis, tranquilos. En el futuro se propuso que Akatsuki se hiciera cargo del tema de seguridad, así que tendría un puesto fijo para siempre y con considerable ingreso.
Lejos de sentir celos, se alegró por él. ¿Por qué no tener una vida nueva y distinta a lo que eran? Por supuesto, no sería fácil olvidar lo que pasaron. Lo que fueron.
—¿Hay algo que te interese? —preguntó Hinata a su lado—. Ya sabemos que podemos descartar las manualidades.
Sonrió en disculpa al recordar cómo había desmontado la cama de Hinata el primer día.
—Sí, cierto. Pero no sé qué podría hacer…
Se miró la palma de la mano. Hinata pasó su mano por la de él.
—No pienses en eso —recomendó—. ¿Por qué no paseas y charlas con los demás? Quizás veas algo que puedes hacer.
Lo dudó pero el ofrecimiento era interesante.
—Yo te enseñaré los lugares que puedan interesarte —ofreció Kushina emocionada—. Y a ti te dejaré en el aula de enseñanza. Vestiros. Os espero fuera.
Naruto suspiró y la miró una vez a solas.
—¿Realmente crees que puedo hacer algo más que…?
—Por supuesto que sí —garantizó—. Todos tenemos que encontrar nuestro lugar en el mundo. En mi caso, por ejemplo, mi madre habría querido que estudiara otra cosa, pero la historia me llamaba. Y aunque ahora me da miedo, lo que ha dicho tu madre es cierto. Puedo mostrar a futuras mentes la verdad y cambiar su camino. Tú podrías encontrar algo que hacer que no tenga que ver con el sexo… o sí.
—¿Sí? —preguntó curioso por el repentino cambio—. ¿Qué es ese "o sí"?
Hinata enrojeció, pero carraspeó.
—Pensaba en que podrías dar clases de sexualidad. Seguramente en el futuro sea algo complicado hablar de ello y tener esa clase de educación no debería de ir mal. Sinceramente, yo habría preferido tener más conocimientos antes de saber que el sexo era todo lo que hicimos ayer…
Sus mejillas se cubrieron de rubor. Naruto las tomó de las manos.
—No, Hinata —negó—. Lo de ayer no fue todo. Hay mucho más. No teníamos condones e imagino que no querrás tener un hijo mío, así que…
—Más adelante —murmuró ella bajando la mirada—. Yo quiero ser madre, pero… no en este caos.
Naruto sonrió, estrechándola entre sus brazos.
—Si yo soy el hombre que eliges para eso, te juro que pondré todas mis ganas en que lo disfrutes.
Hinata escondió el rostro en su cuello, sonrojada.
—No digas esas cosas… —masculló azorada—. Pero… gracias…
Naruto sonrió, prometiéndose a sí mismo encontrar una dichosa caja de condones en ese condenado lugar.
—Será mejor que salgamos antes de que tu madre desespere —propuso.
Hinata retrocedió para ir a vestirse. Él la retuvo besándola. Saboreando sus labios hasta que sintió que suspiró.
—Realmente, no me importaría hacerla esperar —murmuró.
—A mí sí. Por favor… a este paso nunca voy a poder mirarla a la cara.
Naruto la soltó.
—¿Tan importante es para ti poder hacerlo?
—Claro —confirmó ella abriendo la puerta del armario—. Porque es tu madre. Eso la hace importante para mí.
Él se acercó con curiosidad.
—¿Eres consciente de que para mí no tiene ninguna importancia? —inquirió—. Quiero decir, ella es… desconocida para mí. Puede que me afectase ayer su presencia pero… me siento asfixiado, sinceramente.
—Bueno, las mamás a veces dan esa sensación —sopesó ella—. Pero luego las echamos mucho de menos. Kushina se ve una madre muy amorosa.
—Es incómodo —recalcó apoyándose contra la otra puerta del armario—. Es raro… porque… nos educaron hasta para tener sexo con familiares de sangre de ser necesario. Mujeres, claro.
—Eso se hace para prolongar la estirpe, sí —recordó ella con cierta amargura. Puso los ojos en blanco y luego le miró—. ¿Ves? Esa es la parte de la historia que odio. Aprendí esas cosas como algo natural y ahora… me repugnan. Pensar que madres e hijos…
Se cubrió la boca, pálida.
—En mi caso no pasó, pero afecta a lo que me educaron a base de fuerza. De sudor, de lágrimas y… sangre.
Hinata extendió la mano hasta su rostro, acariciando su mejilla. Naruto cerró los ojos y se permitió sentirse cálido y reconfortado.
—Creo que serías alguien bueno enseñando a los demás las cosas que no son justas. Lo que erradicó la bomba de este año, lo que significa…
—Te duele —le dijo besando su mano—. La bomba.
—Muchísimo —confirmó ella—. Naruto, piensa en la cantidad de vidas que va a quitar… muchas inocentes porque no se pueden salvar todas. Y aunque realmente sean crueles, muchas han sido criadas de ese modo. Forzadas a aprender y entender esa clase de vida como la correcta. Fomentan el odio desde el fondo, como la esclavitud o la colonización durante años. Herederos que han aprendido de sus padres, abuelos y profesores ese odio, sin detenerse a pensar que las personas que sufren por sus palabras no tienen realmente la culpa. Es una rueda que nunca termina. Y creo que la bomba solo solucionará estos problemas pero habrá que afrontar muchos otros después.
—No comprendo del todo ese sistema, pero si te aterra… ¿Qué podría esperar de hacer yo? —preguntó levantando la cabeza—. Sasuke podría entrar en Akatsuki y encontrar así un camino. ¿Realmente crees que podría ser indicado para explicar cosas de sexualidad o contar lo que hicieron con nosotros?
Hinata se mordió los labios. Lejos de un gesto sensual.
—Eso sería para ti —reconoció—. Descartemos esa idea entonces —propuso—. Encontraremos algo que puedas hacer.
Se rascó la mandíbula, pensativo.
—No tendría problemas en dar clases de sexualidad. Eso no supondría en sí un problema. Pero si se sigue fomentado una sociedad en la que el sexo se ve como algo horrible como pasaba cuando no eras mujer, no haremos nada.
—Entiendo los problemas a los que te refieres. No conoces del todo la historia, pero en antaño el sexo realmente era un problema. Para ponértelo fácil, la mitad del mundo estaba a favor de clases de sexualidad bien fomentadas y explicativas para intentar evitar los riesgos de salud sexual, de embarazos no deseados por desinformación y muchos otros temas que podría enumerar. Sin embargo, la otra mitad continuaba creyendo que era algo tabú que debía de permanecer tras las puertas de una casa.
Naruto no pudo evitar sonreír, orgulloso.
—Y dudas de que no seas capaz de ser profesora.
Ella enrojeció.
—Dudo de seguir amando lo que estudio, que es diferente —corrigió—. La historia me da terror. Estar viviendo un cambio tan grande que en el futuro será estudiado, me hace plantearme muchas preguntas de cómo llegará todo al futuro.
—¿A qué te refieres?
—¿Conoces la llamada bifurcación del chisme? —preguntó. Naruto negó—. Es una forma de llamar al modo en que un rumor, chisme, información puede terminar cambiando de diferentes formas. De tal modo, que en un momento es imposible saber dónde está el origen, la verdad o la mentira. Por ejemplo, supongo que Sasuke te cuenta un secreto. No sé… Que se le ha caído el jabón en la ducha.
Se lo imaginó.
—Entonces, él te lo cuenta de esa forma. Pero tú me lo cuentas a mí como que no se le cayó, lo tiró. Al contárselo a Sakura le digo que no fue un jabón, sino un cepillo de dientes. Al final el rumor terminaría siendo que Sasuke usa el cepillo de dientes en la ducha.
—Sería muy diferente de cómo comenzó el rumor.
—Exacto. Y eso sucede también con la historia. Hay países que no les interesaba que se supiera que realmente eran los malvados o que otros creyeran que un contrario eran los buenos. Me da miedo que en el futuro lo que ocurra hoy o mañana se tergiversado. Las censuras que hicieron para que las mujeres crecieran creyendo que eran superiores… Da miedo.
Hinata apretó la ropa que tomó del armario contra sí.
—No quiero ser una mentirosa que fomente eso.
—No lo serás —aseguró—. Tienes el poder de las palabras sin que te des cuenta. Si un duro de mollera como yo consigue entender lo que dices y explicas, dudo que unos niños no puedan. Y si alguien te quiere imponer mentiras, no les dejes.
Dio con el libro sobre la mesita de noche.
—Tu antepasado escribió ese libro. ¿Por qué no lo haces tú también?
Hinata siguió la mirada.
—¿Escribir?
—Sí. Sobre todo esto. Si está escrito nadie podría negarlo. ¿No?
Ella negó.
—Te equivocas. Un libro no da la veracidad de todo. Además, así como hubo la llamada caza de brujas, existió una caza de libros durante años atrás. Muchos libros que contaban historias verídicas fueron quemados y vetados. Cuando fue imposible, lo marcaron como una novela fantástica.
—Pero ese libre sobrevivió —recalcó—. Y llegó a tus manos. Y ahora es importante. Igual que el diario de mi antepasada.
—Lo sé, pero esas casualidad han sido… especiales y con una suerte increíble. Te lo garantizo. Sin embargo, igual no lo descarto. Me gusta escribir así que…
Naruto le dio una palmada suave en la cabeza, besándole la coronilla.
—Esta vez seguro que mi madre nos mata.
—¡Ay, Dios! ¡Enseguida me visto!
Él sonrió y abrió el armario en busca de ropa para él. Cogió algo suelto y se lo colocó. Cuando salieron, su madre estaba cruzada de brazos y si no fuera porque era imposible, casi juraría que su cabello se levantaba.
.
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Sasuke observó las instalaciones con ojo crítico mientras no podía sacarse de la cabeza a Sakura y el dichoso hombre con el que se había ido. No debía de ser natural tener esa clase de pensamientos, pero fue educado para eso y que sus sentimientos alteraran su estado no ayudaban.
Enamorarse de ella implicaba muchos sentimientos para los que había recibido mucho castigo para evitarlos.
No tenían derechos.
Celos, posesión, amor, pasión, era todo vetado.
Y ahora, podía sentir una de esa cosas, que aumentaba a otra… amor, pasión y… celos. ¿Realmente era correcto?
—¿Estás prestando atención a lo que te estoy explicando o sigues pensando en cómo le quedaba la bata a Sakura?
—La bata era larga —respondió.
Itachi enarcó una ceja. Luego la otra.
—Claro. Larga. Olvídalo —zanjó—. ¿Tienes alguna pregunta mejor?
Sasuke lo rumió.
—El hombre de antes. ¿Formaba parte de esto?
—Sí —confirmó Itachi cruzándose de brazos—. Ayer fue su último trabajo. Le interesa más la medicina. La ciencia forense más que otra. Debido a lo que sufrió no quiere contacto con otras personas. Así que no necesitas preocuparte por él y puedes centrarte en tu futuro. No vas a estar siempre enganchado a Sakura.
Sasuke chasqueó la lengua y desvió la mirada. Itachi le puso una mano en el hombro y levantó su mano para señalar a una muchacha. Una chica joven, delgada pese a que su vientre parecía estar hinchándose. Su educación le hizo retroceder al percatarse de que estaba embarazada. Itachi lo retuvo del hombro.
—Es Izumi, mi mujer —indicó—. No estamos casados ni nada de eso. Pero el hijo que hay en su vientre es mío. Ella no llegó a comprar ningún hombre pero sí plantó cara a una mujer para defender uno. Fue golpeada y expulsada. Enviada al matadero. Pese a ser una Uchiha, vivió oculta bajo el apellido de otra familia. Una espía para nosotros.
—La chica de gafas lo dejó caer.
—Sí, porque no estamos oficialmente juntos para los demás. Nadie sabe de lo nuestro exactamente y ella tampoco quiere afirmarlo.
—¿Por qué? —se interesó.
—Teme que muera de servicio. Nos la jugamos cada vez que salimos. Las mujeres que nos esperan aquí lo pasan mal. Así que si vas a optar por este trabajo, seguramente Sakura tendrá que curarte heridas peligrosas.
Sasuke miró las instalaciones. Máquinas de ejercicio, pantallas que monitorean la ciudad. Los furgones aparcados que modificaban para que se asemejaran a los encargados de recoger los machos para el matadero.
—Con la bomba se esperan muchas muertes y no sólo de las mujeres y hombres que hay en la ciudad. Hay un grupo que se ha ofrecido a inmolarse para esto.
Sasuke clavó la mirada en él.
—No. En realidad iba a hacerlo —reconoció.
—¿Nuestra madre?
—Ella —indicó con la cabeza a Izumi—. La dejé embarazada en ese momento. Si muero. ¿Qué pasaría? Tendría que criar sola al bebé en un mundo que odiaría. Porque para llegar a él tuvo que perderme a mí. Si vamos a crear algo nuevo hay que ir con pies de plomo y pensar todo. Todo. Si vas a meterte en este mundo, en el futuro, has de pensar a dónde estás arrastrando a Sakura. Ya no es tu ama.
Pensó en Sakura esperándole. Mordiéndose los labios de impaciencia, temiendo que muera. No podía pensar en otra mujer.
Si miraba alrededor muchas de ellas pululaban por el lugar. Cargando cosas en sus brazos, hablando con otros hombres de tú a tú, sin mostrarse superior uno u otro. Aceptando la igualdad que deseaban fomentar.
—¿Hay mujeres en Akatsuki?
—Sí. Hay diferentes grupos y en todos hay mujeres. Ellas deciden si unirse o no. Pero son pocas. Por eso, están repartidas en grupos. En el nuestro hay una y es la mujer de uno de nuestros compañeros.
Sasuke guardó silencio, asintiendo.
—¿Piensas en que Sakura se una para tenerla cerca?
—No —negó—. Si le impusiera a Sakura algo así, no tendría derecho.
—No, no lo tendrías —confirmó Itachi. Sus ojos se desviaron en dirección a Izumi, que se había detenido para beber algo de agua y les sonrió después—. Ningún tipo de derecho. Desgraciadamente, los Uchiha pecamos de sufrir de celos algunas veces y recelosos de sus mujeres. Eso causó un gran declive en el clan y causas bastante graves durante el cambio.
Se miró las manos, preocupado.
—¿Qué harás entonces, Sasuke?
—Me apunto.
Itachi asintió.
—Entonces, ven. Te daré tu traje. Esta noche saldremos.
.
.
—¿Sasuke se ha apuntado entonces a Akatsuki?
Sakura asintió mientras rompía en trocitos su trozo de tortilla. Hinata la observó mientras lo hacía. Se había separado de Naruto antes de la comida cuando Kushina le suplicó que comiera con ella. Hinata no se había negado, demasiado enfrascada en las aulas, en los libros y en emprender su nueva profesión.
Naruto continuaba dando pasos dudosos en busca de qué debía de hacer o no con su futuro. Ella no podía sacarse de la cabeza lo que hicieron esa noche, lo que habría más y también, partirse por la mitad cuando Kushina le recordó que esa noche traerían a sus conocidos.
Se encontró con Sakura al salir del aula e ir a la cafetería. La muchacha parecía perdida y alcanzó a ver a Sasuke alejarse con su hermano. Cuando le preguntó, Sakura le explicó en lo que habían hablado.
—¿Tan malo es que se una a ellos?
—No, no —negó Sakura pensativa—. Es que… no sé, todo se acumula. Me siento inutil y a la vez…
—Perdida —terminó por ella. Le sonrió cuando la miró—. Sí, me siento igual. Este nuevo cambio implica que veamos las cosas de otro modo. Las posibilidades de fomentar un futuro para bien o mal y, encima… estamos enlazadas a dos hombres que aunque queramos, nos hacen sentir culpables por lo que hicimos.
Sakura frunció el ceño.
—¿Tú también? —preguntó en tono agotado—. Pensé que era solo yo. Realmente quizás tiene que ver porque sólo me he centrado en él, pero… Creo que sí que me he enamorado de Sasuke. La idea de que sufra, que nos separaran y todo eso… me duele. Y como bien dices, pensar que compramos amor de esa forma… que eso les haga querernos por error… me aterra.
—Eso pensaba, pero creo que Naruto lo tiene todo claro —puntualizó ruborizada—. Anoche, dormimos juntos y… hoy nos han dado relojes de pareja.
Sakura abrió la boca tanto que podría haberle metido la tortilla entera en ella.
—¿Qué? Espera, has… —Se ruborizó también—. Es decir… no sé qué decir.
Hinata jugó con su propia comida, ruborizada. De solo recordar lo que pasó le subía la temperatura. Ver a Naruto de rodillas entre sus piernas. Lo que hizo su boca en ella y después, sentirle detrás de ella hasta que…
Dios. Deseaba más.
—¿Vais a vivir juntos entonces?
—Sí —respondió regresando al presente—. Aunque me preocupa Naruto de cierta forma. Él se considera incapaz de hacer otra cosa que… bueno, eso para lo que los educaron.
Sakura afirmó con la cabeza.
—No es como Sasuke, que ha encontrado un lugar adecuado para sí. También creo que gracias a su hermano —sopesó Haruno inclinando la cabeza—. Aunque hace que me sienta intranquila que haya tomado ese lugar. Verá muchas cosas que serán dolorosas y me preocupa. También que le hieran o algo.
—El mundo va a cambiar —reconoció, asintiendo—. Naruto es que… no encuentra el lugar. Pensé que podría dar clases de sexualidad, pero es cierto que eso sería complicado a la larga y que no sabemos cómo terminarían reaccionando las futuras madres o padres…
—Eso sería increíble y beneficioso —reconoció Sakura—. Teniendo en cuenta que muchos vienen de un mundo donde para la mujer pese a todo la sexualidad estaba vetada solo al morbo o la reproducción. Pero… ¿Naruto? —sopesó—. Me lo veo siendo demasiado gráfico para niños.
—Sí… Pero se me ocurrió otra idea de otra misma que sacó él —indicó—. Me dijo que sería bueno que escribiera la historia hasta ahora y es algo que pensé que sería bueno, aunque ya sabes lo que ocurre con las cosas que no quieren que sean "reales". Sin embargo, Naruto podía escribir libros de sexualidad y ser lo implícito que desee o documentales.
—¿Realmente te lo imaginas detrás de un escritorio durante horas? —Inquirió Sakura pensativa.
—Podría —asiente—, si le gusta. Ese es el punto. Que no sabe qué le gusta. O más bien, está confuso en qué sentirse útil.
—Igualmente, después se necesitarán muchas manos y… Espera. ¿Ese no es él?
Hinata se volvió para ver lo que había dejado a Sakura atónita. Se puso en pie, levantando las manos para intentar detener su carrera hacia ella. Naruto estaba sonrojado, con el cabello húmedo y respiraba casi con dificultad.
—¿Qué ha ocurrido?
—Esta mujer quiere tocarme sin tu permiso —respondió.
Una muchacha joven corría tras él, con una caja entre sus manos, y respiraba con la misma dificultad.
—Llevo persiguiéndole todo el rato e intentando explicarle que no necesita tu permiso para ser tocado —explicó—. Simplemente, quiero que trabaje para mí.
Hinata miró a uno y otro, preocupado.
—¿Puede explicarme qué sucede? —demandó amablemente.
La muchacha asintió.
—Estoy especializada en programas de publicidad y quería a este chico como modelo.
Naruto bufó.
—Yo solo quería condones.
Hinata ahogó un gritito de sorpresa entre las manos.
—¡Naruto!
—¿Qué? —preguntó cruzándose de brazos infantilmente—. No pedía el fin del mundo. Pero esta mujer empezó a desnudarse de la nada y a querer bajarme los pantalones.
La mujer asintió.
—¡Claro! Necesito tomar medidas. Además, estoy preparando un documental sobre preservativos y eres el tipo perfecto para eso. Entraste pidiendo condones sin más, así que supe que no tenías ningún tipo de problema con el trato con ellos como muchos otros hombres. No censuras tu sexualidad. Por eso, creo que tienes el poder adecuado para esta clase de documental y anuncio.
Hinata buscó con la mirada a Sakura, quien sonrió significativamente.
—Pero eso no te da derecho a manosearme. Eso es algo que solo Hinata puede hacer. Y estoy perfectamente cualificado para calcular mi talla de condón.
—Hablas de ella como si fuera tu ama —regañó la mujer—. Y ya no lo es. No es tu dueña. Tu cuerpo es tuyo y puedes dejar que te toque quien quieras. O hacer trabajos de este tipo. No necesitas correr hasta ella.
Naruto hizo un puchero. Como un niño pequeño. Hinata sintió deseos de abrazarlo.
—Ella tiene razón —le dijo—. Si quieres trabajar con tu cuerpo, puedes hacerlo. No tienes que pedirme permiso ni nada. Y, por supuesto, tampoco tienes que dejarte tocar donde no quieras.
La mujer enrojeció culpablemente.
—En realidad, eso fue sin querer —confesó—. Como se movía tanto, pues… rocé sin querer su ingle y bueno… ¡Guau! —halagó.
—¿Seguro que fue sin querer? —bromeó Sakura ante el azoro de la mujer.
—¡Lo juro! —aseguró esta.
Hinata no pudo evitar reír.
—Está bien —zanjó antes de que Naruto se confundiera más—. Le explicaré cómo funciona y que él decida si quiere participar o no —propuso.
—Muchas gracias —agradeció la muchacha antes de acercarse de nuevo a Naruto. Le tomó la mano y colocó una caja en la mano—. Ahí tienes. Una muestra gratuita. Úsalos con quien quieras.
Hinata bajó la mirada hasta la caja y enrojeció al instante.
—Ay, guarda eso —suplicó avergonzada.
—Hinata —nombró Sakura—. Si quieres que el resto de la nueva humanidad acepte estas cosas, quizás un poco de ejemplo ayudaría. Si censuras una caja de condones, no quiero ni pensar qué harás con los libros que piensas que escriba Naruto.
Se dio cuenta de que tenía razón. Ella era una de las chicas que prefería la puerta cerrada. Incluso se preguntó si se sentiría cómoda con que, de tener una, su hija tomara clases de sexualidad de un hombre como fue Naruto. ¿No confundiría eso más a los niños? ¿No les crearía más consciencia del sexo y querrían antes probar esas cosas?
Se cubrió el rostro, pálida.
—Ay, madre… soy demasiado moralista —dijo.
Sakura le rodeó los hombros.
—No —negó—. Eres una mujer que ha sido criada en un tipo de sociedad y seguiste sobre ella durante muchos años. Cambiarla para bien es importante. Pero hemos de aprender. Así como Naruto tiene que aprender que nadie es dueño de su cuerpo, nosotras hemos de aprender a aceptar los cambios que se pronostican y ayudar a una buena información y correcto uso de ella.
Lo entendía. El problema era…
Se puso de puntillas para llegar a su oído.
—Lo que me avergüenza —susurró—. Es lo que quiere hacer Naruto con ellos y… conmigo.
Sakura abrió la boca en forma de o, comprendiendo.
—La educación me parece correcta. Creo.
—¿Dudas?
—Un poco —concedió—. Pero creo que será bueno. Beneficioso.
Naruto se acercó a ellas, guiñando los ojos.
—¿De qué cuchichean tanto? —Se interesó.
—Bueno —balbuceó—. ¿Has pensado en lo que hablamos? —preguntó—. He estado dando vueltas a ese asunto y lo que ha ocurrido con esa chica. Creo que serías idóneo para esta clase de cosas. Eres bueno con la palabra y tienes muchos conocimientos. Escribir, participar en documentales o anuncios, creo que sería lo tuyo. Siempre te miras la mano y piensas que sólo sirves para el sexo. Entonces, haz uso de ello.
—¿Te parece? —preguntó él pensativo.
—Podrías ser representante de esa parte de la sociedad —sopesó Sakura—. Sería pedir permisos, ofrecer tus conocimientos. Creo que la sociedad médica seguramente apoyará esa opción.
—Y seguramente, si se lo pide a su madre, conseguirá el reconocimiento adecuado —propuso—. Aunque no sé cuán de descarada piensen que sea la opción.
Sakura abrió la boca para hablar pero una sirena acalló sus palabras. Los tres se miraron y luego alrededor. Muchos ignoraron la sirena y otros, se levantaron de golpe y echaron a correr en diferentes direcciones.
—¿Qué ocurre? —preguntó Sakura—. ¿Un ataque o algo?
Un hombre que se sentaba en una mesa cercana se negó.
—Los Akatsuki parten. Traerán a las últimas personas a salvar… el día final está llegando.
Hinata sintió que en la garganta se le formaba un nudo. Naruto le dio un apretón de manos y Sakura se adelantó. La siguieron, preocupados.
Los tres se detuvieron en la entrada. Con impaciencia y preocupación, observaron a Sasuke preparado para subirse en uno de los camiones. Se detuvo para mirarles. Se puso el casco y subió.
Tomó la mano de Sakura.
—Todo irá bien.
Ella suspiró.
—Ojalá… Que dios te escuche, Hinata.
Continuará…
El pobre Naruto no sabe dónde poner el huevo. Aquí no puede ser Hokage y tampoco sé qué otro empleo darle de lo que puede hacer ahora mismo. Y me parece buena idea que se centre en algo sexual y no se hagan tabúes.
Aunque sentí que Hinata, Sakura y Kushina estaban sugestionando en vez de él decidir.
Y Sasuke se nos va…
