Hola a todos! Gracias por sus comentarios a los lectores que siempre siguen la historia, a quienes son nuevos y a aquellos que ya no quieren leer después del capitulo pasado jaja solo puedo decir que la historia aun no acaba. Gracias Clau Calcetin, AreOvilla, Kimagure Bijin, Guest, Maria Tsubasa.

Este es un capitulo que me pone nerviosa. Sé que algunos lectores, así como ciertos personajes, se van a sorprender(y de hecho esa era la idea...)


Los labios de Arnold se sentían cálidos y suaves. La sensación la arropó unos instantes.

Se separaron.

-¡¿Qué rayos estás pensando, cabeza de balón?!-le dijo volviendo a su hostil actitud.

El chico la miró como si él mismo no comprendiera lo que acababa de pasar. Sus mejillas completamente rojas.

-Perdona, n-no lo sé…lo hice sin pensar- dijo dando unos pasos hacia atrás, volviendo a la lluvia.

Helga no sabía cómo reaccionar. Quería respuestas, pero al mismo tiempo le asustaba lo que Arnold pudiera decir.

Un relámpago a lo lejos iluminó la escena. Se miraron, pero ninguno dijo nada. Todo parecía irreal. Helga aguardó unos instantes, pero parecía que Arnold no diría nada más.

-¿Y bien? ¿Piensas quedarte en mi calle toda la noche?

-No entiendo… ¿Por qué no me has golpeado? O peor, matado…

-¿Eh?

-Helga, acabamos de besarnos-el chico volvió a sonrojarse- y tu reacción no tiene sentido comparado con el odio que sientes por mí.

-No es la primera vez que sucede, Arnoldo- dijo intentando restarle importancia.- Quizás solo nos dejamos llevar, de nuevo.

-No creo que haya sido así esta vez.

-¿Ah no?-preguntó con temor.

-No… no sé por qué lo hice-dijo apenado- pero… pero se ha sentido bien…

¿Qué acababa de escuchar?

-Creo que es mejor que me vaya-dijo el chico aun aturdido.

-Creo que sí, Arnoldo.

El chico le dedicó una tímida sonrisa antes de dar media vuelta.

Helga se quedó ahí un instante intentando comprender lo que acababa de ocurrir. Suspiró. Sabía que lo único claro era que Arnold pescaría un fuerte resfriado.


Se dio uno de los baños más largos de su vida. Al salir consideró llamar a Phoebe pero prefirió no hacerlo.

Ni siquiera ella terminaba de entender la situación.

Arnold la había besado. Sonrió. Pero la sonrisa se le borró rápidamente, probablemente al siguiente día Arnold despertaría e iría a casa de Helga a pedirle disculpas, a decirle que no entendía qué había pasado pero que aquel beso había sido un error porque él jamás sentiría algo por ella. De cualquier manera, ya no importaba, todo quedaría como un recuerdo.


Pero Arnold no apareció por su casa el domingo. El lunes, en clases su asiento permaneció vacío. No podía evitar sentirse intrigada.

-¿Estás bien Helga?- le preguntó Phoebe antes de empezar el examen de matemáticas.

-Estoy bien, Phoebe.

Pero su amiga la miró con extrañeza.

Como había previsto, los exámenes no le presentaron mayor dificultad. Aunque en ocasiones se distraía llevando sus pensamientos al sábado bajo la tormenta.

Durante el almuerzo pensó maneras de preguntarle a Gerald por Arnold, pero no encontraba excusas que no sonaran ridículas.

-¿Por qué no vino, Arnold?-preguntó Phoebe de repente.

Helga no se sorprendió, estaba acostumbrada a que su amiga le leyera el pensamiento.

-Está enfermo.

-¿Está bien?-se le escapó a Helga.

Gerald la miró curioso.

-Sí… se enfermó el sábado. ¿Tú estás bien, Pataki?

-¡Claro que estoy bien! Me da pena el infortunado cabeza de balón.

-Ajá-dijo el moreno sin sonar convencido.-Bueno, iré a su casa hoy por la tarde, por si quieres venir.

Helga fingió una risa.

-Tengo que ver pintura secar.

Gerald volteó los ojos y continuó con su almuerzo.


El siguiente día fue bastante similar, hasta que Gerald le habló durante el almuerzo.

-¿Hoy no tienes que ver pintura secar, Pataki?

-¿Eh?

-¿Qué harás hoy?

-No es de tu incumbencia

-Iremos a cenar a la pizzeria- intervino Phoebe cansada de ambos.-¿Por qué?

-He ido con Arnold anoche… y tuvimos una conversación interesante.-La rubia se quedó sin habla.-¿Algo que confesar?

-No sé qué te haya dicho ese tonto cabeza de balón, pero miente.

-No dijo mucho, pero cuando lo cuestioné se sonrojó… igual que tú.- Gerald rio- Me pidió que te dijera que fueras a verlo hoy.

-¿Para qué?

-Esperaba que tú me lo contaras, Helga. No me lo dijo.

-Mala suerte, tengo planes con Phoebe.-dijo señalando a su amiga.

-Oh por mí no hay problema-dijo la chica-Podemos salir otro día.

-Perfecto. Le diré a Arnold que pasarás por su casa a las 6.- el chico se levantó, dejándolas solas.

-Gracias, Phoebs.

-Oh, vamos Helga. ¿No te da curiosidad saber qué querrá Arnold?

-No. Además, teníamos planes hoy.

-Podremos vernos después.

-No.- Helga suspiró- Tengo cosas que contarte.

Salieron de la cafetería y Helga le contó rápidamente lo sucedido el sábado aprovechando los 10 minutos que quedaban del descanso.

-¡Oh, Helga! ¿Por qué no me lo habías dicho? Es grandioso.

-¡¿Qué?!

-Podremos salir los 4 juntos…

-No, Phoebe. No podremos.

-¿Qué ocurre?

-En primer lugar, yo creo que Arnold se dejó llevar por el momento.

-Lo dudo-dijo su amiga con seguridad- quizás finalmente ha comprendido que sus enojos eran solo celos.

-¿Entonces tú realmente crees que el cabeza de balón podría sentir algo por mí?

-¡Claro! Pero ¿Por qué no te alegras?

-No lo sé…

-¿Ya no sientes nada por Arnold?-preguntó creyendo aquello imposible.

-No es eso, es solo que… Arnold ha estado diferente ¿no crees? esos enojos que tú dices que son celos, su pelea con Jason y que no le guste que esté con Tom, aunque solo es un amigo. Es como si hubiera dejado de ser ese chico amable en mi vida…

-¿Y Tom?-preguntó Phoebe con suspicacia- él es amable, y es un chico en tu vida

-Tom nunca ha dejado de ser Tom desde que lo conocí.-respondió alzando los hombros.

-¿Y estás segura de que no sientes nada por él?

-Rayos, Phoebs… creí que ya habíamos olvidado el tema.

-Bien, volviendo a Arnold, ¿Y si solo le das tiempo? Quizás no supo cómo lidiar con sus sentimientos, enamorarse de la persona que lo odia…

-Ese es el otro problema, que ya no hay tiempo Phoebe…

La campana sonó anunciando el final del receso.

-Genial-dijo molesta- Te dije que teníamos mucho de qué hablar.

-Podemos caminar juntas a casa, aunque tengo que llegar temprano porque mi abuela llega a pasar las fiestas…

-No, necesitamos más tiempo.-dijo con tono triste.

-Entonces ¿Por qué no hacemos mañana lo que teníamos planeado para esta tarde?

Helga cedió, tenía mucho que platicar con su amiga.


A las seis ya había salido de su casa, quedaba muy poco sol, se quedó parada en su pórtico acomodándose la bufanda.

Quizás era mejor no ir. ¿Para qué? Pero entonces pensó en Tom, que le había dicho lo necesario que era aclarar lo que sea que tuviera con el cabeza de balón, antes de pensar en cambios. Y Helga haría cambios.

Caminó sintiendo apenas el frío en sus mejillas.

Entonces, ese sería el día que le confesaría a Arnold todo. Era buen momento, él le diría que el sábado había sido un error, después de eso no importaría lo que Helga dijera, el rechazo estaría implícito. Entonces Helga avanzaría. Conocía de memoria el camino de su casa a la de Arnold. Ni siquiera tenía que fijarse en qué momento dar vuelta a la izquierda o derecha.

Tocó a la puerta sin ánimo.

Su abuelo fue quien abrió.

-¿Helga, cierto?-ella asintió-Pasa, pasa.

Helga entró. Para su suerte, algunos de los inquilinos estaban bajando, probablemente a cenar.

-Una chica-dijo uno de ellos-debes ser la nueva novia de Arnold.

-Silencio, Oscar-dijo el abuelo- Pasa, es subiendo las escaleras al fondo.- le indicó a Helga quien en realidad no necesitaba que la guiaran.

Avanzó en silencio por el pasillo.

Subió las escaleras que llevaban al dormitorio, tocó la puerta y sin esperar respuesta entró. Arnold se encontraba leyendo en su cama, al verla entrar bajó el libro. Era tan raro entrar con permiso del chico, algo que solo en sus sueños más locos había imaginado.

-Helga…

-Hola, Arnoldo.-la chica se acercó y se sentó junto a él.-Vaya, no creí que estuvieras tan enfermo como para no pararte de la cama.

-No lo estoy. Es precaución. Apenas anoche se me ha quitado la fiebre.

-Fuiste un tonto al salir en plena tormenta sin paraguas.

-Ni siquiera lo pensé.

-Fue una noche muy loca-dijo sonrojándose.

-Lo fue-dijo el chico con nerviosismo.

-Eh… Geraldo no me dijo para qué querías verme.

-Es porque no se lo dije.

Claro, Arnold prefería que nadie se enterara de aquella noche.

-¿Y bien?-preguntó intentando sonar tranquila- ¿Cuál es el misterio, cabeza de balón? Soy toda oídos.

El chico suspiró, y después sonrió como si no pudiera creer lo que diría.

-Em… Yo quería saber si te gustaría ir conmigo a la fiesta de navidad…

-Oh…-dijo ella para disimular su boca abierta.

-Entiendo que soy la última persona con quien quisieras ir, pero…

-No es eso, Arnold.

El plan había cambiado ¿Era ese el momento? ¿Rechazar su invitación y además confesarle sentimientos de muchos años de antigüedad? No tenía sentido. Quería ahorcarlo y besarlo a la vez.

-Oh ¿Entonces?-dijo sin poder disimilar desilusión- Quizás sonará absurdo, pero no he dejado de pensar en la noche del sábado.

-Obviamente, genio, gracias a eso llevas días enfermo…

-No me refiero a eso.-se apresuró a decir.

Helga suspiró con frustración.

-No podemos ir a la fiesta juntos.

-¿Irás con alguien más?-preguntó con recelo.

-No, Arnold-dijo con voz firme- Yo no voy a ir.

-Sé que no te emociona la idea de ir juntos, pero…

Helga estaba comenzando a enojarse.

-No es eso…

El chico le tomó la mano.

-Pero yo estaré ahí, y espero que aceptes bailar una canción conmigo.-le sonrió.

¿Estaba rechazando su invitación? Helga odiaba a las chicas que habían rechazado a Arnold, no podía creer que ahora ella estuviera en esa lista. Prefirió no decirle nada, no era momento para explicaciones. Solo podía pensar que no era justo. Después de tantos años y Arnold había elegido justo aquel día.

-¿Hay algo más que querías decirme?-preguntó.

-No. Creo que no- dijo Arnold sorprendido-Realmente me odias ¿no?

-No…-aunque quizás un poco en aquel momento- Es hora de irme.

Se puso de pie y caminó hacía la puerta.

-Helga, ¿estás bien?

-Muy bien.-dijo formando una sonrisa- Mejórate pronto.

Bajó las escaleras sin ser vista y salió de la casa sin mirar atrás. ¿Qué demonios acababa de pasar?


Al día siguiente por la tarde, Helga y Phoebe entraron a su pizzería favorita.

-Bien, Phoebs…-dijo al terminar de ordenar- ¿Qué quieres saber?

-Qué te dijo Arnold ayer, hoy que volvió a clases apenas y lo miraste.

Helga soltó un suspiro y le contó la conversación que había tenido con el chico el día anterior.

-Pero ni siquiera iré a la estúpida fiesta.

-Claro que irás-dijo su amiga sonriendo con emoción- Ya sé que al día siguiente viajarás con tu familia, pero no tienes de que preocuparte, yo me encargo de que estés a tiempo en casa.

-No.-dijo negando con la cabeza- No iré.

-Vamos, Helga. No exageres…

-No iré.

-No puedo creer lo que me estás diciendo-dijo Phoebe confundida- Finalmente sucede y tú no quieres ir porque al día siguiente vas a visitar a Olga.

-¡No es una visita! Voy a mudarme a New Jersey.

La pizza llegó a su mesa. Pero el hambre de ambas había desaparecido.