Salimos del lugar y luego de unos minutos abrió la puerta de un auto y me empujó dentro, miré alrededor con confusión hasta que el pelirrojo lo encendió y partimos.

– ¿De quién es este auto?

No hubo respuesta. Fruncí los labios pensando en todo lo que había hecho esta noche. Oh, dios.

Odiaba este silencio.

–Lo siento —sentí ganas de llorar. Seguía sin dirigirme la palabra.

Abrí la ventana y apoye mis brazos intentando reconocer el camino pero todo se veía extrañamente borroso, tal vez por las lágrimas que amenazaban con salir.

Entramos a un estacionamiento y en cuánto se detuvo, bajé con prisa. Grave error.

El mundo volvió a dar vueltas y las náuseas volvieron mas fuertes que nunca, me apoyé en el auto y miré a Gaara, tenia una mueca de desprecio hacia mí.

–Lo siento —volví a decir.

Apenas podía subir las escaleras intentando seguirle el paso. No fue hasta que tropecé y me golpeé en los escalones que Gaara se detuvo, me tomó del antebrazo para levantarme, me ayudó a subir y me soltó como si tocarme fuera inapropiado.

–Mírate —dijo con desprecio— apenas te reconozco.

Reí con amargura. Tampoco me reconocía a mi misma.

–Lo siento.

– ¿Por que, exactamente? ¿Por cogerte a alguien, de nuevo? Eres una puta.

Esa palabra me golpeó como un puñal en mi pecho, haciendo salir un sentimiento familiar desde que estaba con Gaara; odio.

–Si yo soy una puta, ¿tu en que te conviertes? —lo empujé escupiendo cada palabra con rencor— nunca dejaste de estar con esa chica, ¿cierto? —volví a empujarlo, la rabia se apoderaba de mi.

–Ella no importa.

–A mi me importa. Te lo advertí, no esperes que no haga lo mismo.

– ¡Prometiste que serías mia! —gritó.

– ¡No quiero serlo! Ahora entiendo porqué tu familia no te quiere cerca, eres una mierda, Gaara. Arruinast–

Me abofeteó, grité sorprendida llevando una mano a la mejilla herida y sentí un sabor metálico en mi boca. Me había partido el labio.

–Eres un...

Me lancé a golpearlo y el se protegió con los brazos, empujandome cada vez que lograba asestarle. Intentó inmovilizar mis manos pero pude alejarlo enterrando mis uñas en su cuello, gritó por el dolor infringido y sentí satisfacción por eso. Levantó el puño dispuesto a volver a golpearme.

– ¡¿Que está pasando ahí?!

Bajó su mano con irritación y le gritó a la mujer que todo estaba bien, ella amenazó con llamar a la policia antes de que se escuchara la puerta cerrarse y el silencio volvió a reinar.

Nos miramos con la respiración entrecortada, ninguno sabía que hacer ahora.

–Me da asco mirarte —dijo.

– ¿Y por que me trajiste aquí? —bufé. Me acerqué para hurgar en los bolsillos de su pantalón hasta que encontré las llaves. Apoyé la mano con fuerza en la baranda y subí con pesadez.

–Si vomitas en el piso, te largas —dijo cuando logré abrir la puerta.

Me lancé de cara sobre el sofá y pude sentir como mi vestido se subió pobablemente dejando a la vista mi ropa interior. No me importó, estaba agotada.

Solo estuve unos segundos hasta que Gaara volvió a tomar mi brazo.

–Me lo vas a romper —refunfuñe como una niña.

Entramos al baño y me llevó hasta la ducha, intenté salir cuando supe lo que haría. Me sostuvo con ambos brazos y de alguna manera logró deshacerse de mi vestido.

–No —retrocedí cuando llevo sus manos a mi brasier.

–Te he visto desnuda cientos de veces. Necesitas limpiarte.

–Lo haré mañana, lo juro. Quiero dormir.

–No. Quiero que te limpies ahora —dijo demandante. Salió de la ducha y tomó el papelero— y quiero que tires tus bragas.

–Pero... son las mejores que tengo.

– ¿Usaste tus mejores bragas para coger a ese idiota? —su voz era severa y me miraba fijamente. Deseé que estuviera celoso.

–Las usé por ti —respondí dolida— se suponía que iríamos juntos.

Entreabrió los labios y parpadeó varias veces, estaba sorprendido.

–Te compraré unas nuevas.

Hice lo que me pidió a regañadientes. Sequé mi cabello frente al espejo lo mas que pude y fui de vuelta al sofa, solo llevaba una sudadera larga que había encontrado cerca y el vestido.

Me sentía mejor, mas lúcida. Más calmada, la ducha ayudó bastante.

Gaara también estaba en el sofá, con la televisión encendida en uno de esos programas sobre crímenes.

– ¿Yo hice eso? —pregunté apuntando al pequeño moretón hinchado en su pómulo.

–Si.

–Lo siento —dije avergonzada.

–No creas que me disculparé también. Te lo merecías por lo que hiciste.

–Lo siento.

– ¿Vuelves a disculparte por cogerte a ese idiota?

–No seas hipócrita —mi labio tembló mirándolo de reojo— me preocupé por ti. Y tu estabas aquí con esa chica, ¿lo hiciste con ella, cierto?

Su mandíbula se apretó, su rostro se veía mas afilado, mas intimidante.

–Al menos no es alguien que conozcas —sonrió llevando su brazo tras su cabeza— ¿como se sentirá Naruto cuando sepas que cogiste con uno de sus mejores amigos? De nuevo —rió cínicamente y con la mano libre acaricio mi mejilla— se le romperá el corazón.

–Cállate.

Tiró de mi cabello haciendo que gimiera de dolor y tomé su muñeca para intentar alejarlo.

– ¿Por qué dejaste que ese imbecil te tocara? —preguntó con los dientes apretados.

–Estaba ebria —respondí— Gaara, me duele.

–Esa no es una excusa.

–Si tu... si tu me dices la verdad sobre esa chica, te diré.

Frunció el ceño y se alejó negando con la cabeza.

–Por favor —supliqué débilmente— necesito saber...

Chasqueó la lengua y miró hacia el balcón apoyando su cabeza en el sofá. Me acerqué cautelosamente y me apoyé de lado, admirando el contorno de su cuello y las facciones de su rostro iluminadas por la luz de la televisión.

–No la había visto en mucho tiempo —comenzó a decir— estaba enojado. Cuando llegué ella estaba en la puerta y... solo lo hice por que estaba ahí, no lo pensé.

Acerqué las rodillas a mi pecho y las abracé, haciendo lo posible por no hacer obvio que estaba llorando, pero escuchó.

– ¡Todo esto pasó por tu culpa! —recriminó golpeando donde reposaba su brazo. Empuñó la mano y la llevó a su frente, parecía estar conteniendose. Me sentí culpable.

–Lo siento —murmuré.

–Dices eso una vez mas y...

Apreté mis labios, temblé un poco por los nervios, quería volver a decir que lo sentía.

–Cumple tu palabra —ordenó, pasando con fuerza la mano por su cabello.

Tomé aire y busqué las palabras correctas en mi mente. No habia manera correcta para empezar.

–No imaginé que pasaría eso, nunca. Hasta que pasó —miré a Gaara, tenía toda su atención y eso hizo que mis nervios aumentaran— y no quise que se detuviera, quise llevarlo hasta el final...

El pelirrojo se levantó de golpé y llevó las manos a su cabeza.

–Cállate.

–Me hizo sentir deseada —mi voz se quebró por el llanto— y no como algo que pudiera desechar. La forma en que me sostuvo... fue algo que nunca antes había sentido.

– ¡Cállate!

–Pero en lo único que pensaba en ese momento era que quería que fueras tu el que me tocara así, no Sasuke. Quería sentirme así contigo.

Dejó caer sus manos y mantuvo la mirada en mi con el ceño fruncido.

–Cometí un error —murmuré.

–Ambos cometimos un error —dijo con frialdad— no debí dejarte sola, fue una estupidez.

Limpié mis mejillas esperando que volviera a acercarse y todo volviera a ser como antes. Pero pasó frente a mi y se perdió por el pasillo hacia su habitación.

–¿Gaara? —lo llamé. Reapareció con una manta y una almohada bajo su brazo.

–Ve a dormir. Yo me quedaré aquí.

Tomó la manga de la sudadera y me obligó a ponerme de pie.

– ¿No vamos a dormir juntos?

–Apenas puedo mirarte por lo que hiciste —dijo entre dientes. Negué con confusión.

–No lo entiendo, ¡dijiste que ambos cometimos un error! No debí estar con Sasuke y tu no debiste estar con esa chica —expliqué intentando acercarme, Gaara retrocedió de inmediato.

–Nunca dije eso —dictaminó con frialdad— dije que nunca debí dejarte sola. Hinata, obviamente no sabes controlarte, cualquier imbecil te da unos cumplidos y tu dejas que se meta entre tus piernas.

Mordí mi labio con vergüenza.

–No fue así.

–Ve a dormir, aún estás ebria.

–Yo no te importo —solté con tristeza— te dije todas esas cosas y no te importó.

Bufó y desvió la mirada.

– ¿Por que me haces esto? ¿No me he humillado lo suficiente ya?

–Estás siendo muy egoista —dijo, soltando bruscamente la manta al sofá — ¿es que no notas todo lo que he hecho por ti? ¿cómo ya no hago todas las cosas que te hacía antes? Solo porque sé que no te gustan. Permito que pases la noche aquí por qué quiero estar contigo, ¡dejé que conocieras a mis padres! Hice que todos lo supieran por que quiero que seas mía, que estés conmigo.

–Y–Yo no lo sab–

– ¿No lo sabías? Por supuesto que no. Solo piensas en ti misma.

Respiré con dificultad por la culpa quemando en mi pecho, me sentía conmovida y... había un gran número de emociones ahora mismo. El tenía razón, había sido egoísta.

Estiré la mano en busca de la suya.

–Por favor, vamos a la cama.

Su cuerpo estaba tenso, como un animal asustado ante lo desconocido. Al ver que no se movía le tome la mano con calma y estuve atenta a sus reacciones.

Cuando sus dedos apretaron suavemente mi mano, lo llevé hasta su habitación.

Puse mis manos en sus hombros y empujé para que se sentara cuando llegamos a los pies de la cama.

Me senté sobre sus piernas y sus manos fueron a mis muslos, parecía perdido, actuando solo por costumbre. Seguí bajando mis manos por su espalda acercándome para besarlo.

Toqué un relieve en su piel y lo rodee con curiosidad, ¿una cicatriz?

Los músculos bajo mi tacto vibraron, volvió a tensarse e intentó alejarme.

–Está bien, está bien... entendí —murmuré. Le abracé del cuello y esperé hasta que relajara sus manos en mis piernas.

– ¿Que intentas hacer?

–Quiero hacerlo contigo —aclaré antes de besarlo.

– ¿No tuviste suficiente? —preguntó cuando me alejé para tomar aire.

– ¿Tú si?

Lo pensó por un momento antes de rodear mi cintura para dejarme en la cama y volver a besarnos. Tomé entre mis dedos su camiseta y la subí con ayuda del pelirrojo hasta sacarla, repetimos el proceso con la sudadera y mi vestido.

– ¿Que es esto? —alzó un pequeño cuadrado plateado entre sus dedos.

–Oh —dije avergonzada— Ino me lo dió. Creyó que aún no lo habíamos hecho —reí con incomodidad. Gaara bufó divertido y lo dejó caer en la cama.

Se acercó para besarme y volví a abrazarle del cuello, queriendo pegar su pecho al mio. Se resistió y cuando subí mis piernas a su cadera, se alejó y me volteó como un saco de papa. Escuché como bajaba su pantalón.

–No —dije con una mano en su abdomen para detenerlo— vamos mas lento...

– ¿Por qué?

–Porque... a veces lo haces demasiado pronto y duele. No logro lubricarme lo suficiente —murmuré con timidez.

Asintió con extrañeza.

Terminó de quitar sus pantalones y me besó con ansias. Suspiré excitada cuando aceptó pegar su cuerpo al mío, eso pareció animarlo. Estaba tan cerca que podia sentir los huesos de su cadera chocando con los míos.

Volví a abrazarlo y se movió incómodo con una expresión de disgusto, inmediatamente subí las manos a sus hombros tras su espalda y lo mantuve cerca.

– ¿Está bien así? —pregunté besandole el cuello.

–Si —respondió en un suspiro, dejándose caer junto a mí— me siento extraño.

Si no estaba acostumbrado al contacto físico, mucho menos a la intimidad en el sexo. Rara vez había estimulación previa. Con el siempre era breve, en cuánto se corría volvíamos a hacerlo un par de veces y se terminaba.

Y eso tenía que cambiar. No quiero seguir siendo un juguete.

Bajé mis manos a su entrepierna y lo acaricié disfrutando como su cuerpo temblaba y su respiración se hacia mas irregular. El hizo lo mismo. Seguimos besándonos mientras nos tocabamos el uno al otro.

La palma de mi mano rozó su glande y el cuerpo de Gaara volvió a vibrar, de sus labios salió un suave gemido que hizo que una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo.

–Haz eso de nuevo —supliqué, volviendo a tocar el punto sensible recién descubierto.

Negó con la cabeza apretando los labios. Seguí masajeando ese punto mientras le besaba el cuello hasta que lentamente comenzó a perder el pudor. No me había dado cuenta que siempre lo reprimía hasta que deseé que gimiera por mi.

–Estoy por...—gimió apretando su mano libre en mi cadera para que me acercara.

–Yo también.

Saboreé sus labios casi tan dulce como el orgasmo que acabábamos de tener, enredé mis dedos en su cabello y el rodeó mi cintura en un abrazo. Se sentía bien, podría estar aquí toda mi vida si pudiera.

– ¿Ya estás...—pregunté sintiendo su miembro tocando mi estomago, listo para más.

– ¿No era lo que buscabas? —respondió con voz grave.

Se posicionó sobre mi, tan cerca que podía escuchar los latidos de su corazón golpeando en su pecho y las caderas encontrándose una y otra vez.

Curvé mi espalda completamente adicta a estas nuevas sensaciones, el sudor mezclado y los gemidos al unísono, las uñas marcando mi piel, los besos lentos.

Seguía hundiéndose en mi con rudeza, no podía evitarlo, así era el. Enredé mis piernas en su cintura y fue alternando sus movimientos. Brusco y profundo cuando gemía en su oído. Lento y dulce cuando me besaba.

Lo hicimos hasta el cansancio.

Se había dormido boca abajo, con las manos bajo la almohada.

Fuera, el cielo se aclaraba. Cubrí mi cuerpo, el frío de la mañana también se hacía presente. Estaba por subir la manta sobre la espalda desnuda de Gaara cuando noté esa cicatriz que había descubierto mientras lo acariciaba, acerqué mi mano con cautela y toqué con la punta de los dedos, un poco mas a la izquierda encontré otra, casi idénticas. Me pregunto como se la había hecho.

–Creí dejar claro que no la tocaras —dijo. Retiré mi mano de un salto.

–Lo siento, creí que estabas dormido...

–Intentaba —corrigió.

Giró su cuerpo y se apoyo en sus antebrazos, su cabello estaba desordenado y habían pequeñas manchas violeta por todo su cuello y hombro.

–No te detendrás hasta que lo sepas, ¿cierto?

Me sonrojé hasta que mis orejas ardieron y asentí. Miró sus manos pensativo.

–Digamos que... mi padre es un fiel partidario de usar la mano dura para disciplinar, y ese día se le pasó la mano.

Fruncí el ceño alarmada, no me sorprendía, pero... era horrible que le hiciera eso a su hijo.

–Fue el día que peleé con Sasuke —dijo.

Yo no lo llamaría una 'pelea'.

– ¿Tu madre?...

Su mirada se endureció.

–No hizo nada, nunca hacia una mierda... Temari lo detuvo.

–Lo siento.

Su mirada estaba vacía cuando conectó con la mía.

–No pienso en eso —dijo, acercándose — fue hace mucho tiempo.

Asentí con tristeza.

Con una mano en mi hombro me volteóy se apegó a mi espalda, aprisionando mi mano entre la suya a la altura de mi estómago.

Volvió a quedarse en silencio. No pude evitar sonreír.

Había sido la mejor noche que había tenido con el. Cuando quería, podía ser realmente encantador y amable.

Tal vez las cosas mejoren desde ahora.

Me acurruqué acercando la mano entrelazada a mi pecho y me dormí.