Disclaimer: Quien no sepa que las sagas de Percy Jackson le pertenecen a Rick Riordan y Harry Potter a JK Rowling, es que vive bajo una piedra.

Entonces, puesto que no soy ninguno de ellos, nada de esto es mío. Solo la historia y los OCs.

Tampoco obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir esto.


Nota: Lo sé, tardé mucho. Pero es que no sabía dónde estaría James. Tenía una idea, pero luego no me gustaba y la descartaba. Otra me venía, pero no me agradaba. Hoy he encontrado algo que me gustó y salió esto.


Capítulo 10.


Nico estaba nervioso. Iba a ir al colegio de su primo como un mago y no sabía qué haría.

¿Y si no hacía amigos? ¿Y si olvidaba a su hermana Bianca? Él no quería hacer eso pero ya parecía que no la iba a ver jamás y eso le hizo sentir mal del estómago.

Revolvió sus cartas de mitomagia y se imaginó que su hermana estaba allí con él.

Tal vez era un comportamiento infantil, pero Sirius decía que no había nada malo en ser un niño.

Acarició a su gato y miró por la ventana hasta que Remus le dijo que era hora de irse.

El menor le sonrió un poco aunque por dentro sentía su estómago revuelto y su corazón acelerado.


A Harry le apenó tener que volver a la escuela. Nunca pensó que le pasaría algo así, pero se alegraba.

Lo que no le hacía tan feliz era que no hubieran encontrado a su padre todavía. ¿Cómo estaría? ¿Pensaría en él? ¿Estaría asustado?

No quiso marcharse hasta que su padrino le prometió que si encontraban algo le avisarían lo más pronto posible.

El niño había pasado dos días haciéndose preguntas para las que no tenía respuesta.

A veces no sabía cómo sentirse porque si bien estaba emocionado de saber que sus dos padres vivían, una vocecita amarga en su cabeza se preguntaba por qué no lo podían haber encontrado antes.

Harry no era egoísta, así que cuando esa voz maliciosa aparecía, la apagaba rápidamente porque se sentía mal por pensar de ese modo.


-Venga, Harry. Vamos a llegar tarde. -Nico se quejó.

-¿En serio? Eres tú quien no ha terminado de prepararse hasta ahora. -Refunfuñó el de ojos verdes.

-Detalles. -Se encogió de hombros.

-Me apareceré con Nico. Tú, Sirius, ve con Harry. El gato te odia a ti más que a mí.

-Noctis es cariñoso. -El menor lo defendió.

Black no estuvo de acuerdo. La bestia podía ser viciosa si quería. Sus brazos eran testigos de eso. Si no conociera hechizos curativos ahora tendría un montón de arañazos.


En King's Cross se apresuraron hacia la pared que dividía los andenes nueve y diez.

-¿Seguro que no voy a chocar? -Di Angelo preguntó por tercera vez.

-Seguro. -Remus le sonrió. -Ve detrás de Harry. -Sugirió.

El menor estuvo de acuerdo. Si alguien iba a chocar no sería él.

Observó a Harry correr hacia la pared y le costó mucho no cerrar los ojos. Quería hacerlo, pero también quería ver.

No pudo entender lo que ocurrió a continuación. Harry estaba allí y luego... ¿La pared se lo había tragado? El hijo de Hades no sabía si quería que una pared lo tragara.

-Tu turno, cachorro. -Remus animó.

El chico respiró hondo y se encaminó tras su primo. Si le ocurría algo por obedecer a Remus iba a cabrearse mucho.

No se dio cuenta de que había cerrado los ojos hasta que los abrió y vio delante una locomotora de vapor color escarlata.

La magia no dejaba de sorprenderlo e iba a ir a un castillo lleno de ella.

Alguien los observaba entre las sombras. Estaba decepcionado porque Harry Potter iría a Hogwarts a pesar de sus advertencias. Tendría que hacer algo para que lo enviaran a casa.


Sirius y Remus miraron las vías del tren mucho tiempo después de que el expreso hubiera partido. ¿Qué harían hasta navidad? Durante el verano habían tenido que cuidar de dos niños pero ahora que se habían marchado para comenzar el curso escolar...

-Vamos, Lunático. Busquemos algo que hacer.


-¿Me dirás qué es? ¿Qué pasará? ¿Cómo van a seleccionarnos? ¿Por qué me ignoras, Harry?

-Ya te enterarás, Nico. -Dijo crípticamente.

-¡Pero eso no es justo!

-Tal vez no lo es, pero me divierte molestarte.

La puerta del compartimento se abrió y el chico rubio de la tienda de mascotas entró seguido por dos enormes niños.

-Nadie te ha invitado, Malfoy. Así que largo. -Ron espetó.

-Lo educado es saludar, Comadreja. ¿No te han enseñado ni siquiera los modales básicos? De todos modos no he venido a verte a ti. -Observó a Nico como el que inspecciona un animal extraño e interesante.

-Buenos días. Mi nombre es Draco. Draco Malfoy. -Extendió su mano.

Harry quería advertirle que no tomara esa mano, que seguro era venenosa, pero Nico tenía que ser libre de tomar sus propias decisiones y ya le había hablado hasta el cansancio sobre ese maldito rubio engreído.

-Nico di Angelo. -Estrecharon sus manos y el pelirrojo que estaba allí también hizo un sonido como el de un ratón al ser aplastado.

-Nos veremos en Hogwarts. Y deberías tener cuidado de con quién te juntas. Lo digo por tu bien.

Malfoy parecía muy orgulloso de sí mismo.

-¿Te refieres a ti? Todos sabemos que eres una serpiente. -Harry le gruñó.

-Ah, Potter. Veo que aún no estás listo para comprender lo que quise decirte el año pasado. Al menos tu primo parece ser más inteligente que tú. No es de extrañar, por supuesto.

Ron se levantó dispuesto a golpearlo pero Crabbe y Goyle avanzaron un paso mirándolo amenazantes.


James estaba recostado en la cama. Era un colchón lleno de bultos y muelles pero ya se había acostumbrado.

Hacía once años se había despertado en ese lugar y no había logrado salir.

En ocasiones perdía la esperanza pero luego veía a los gemelos y a los trillizos y volvía a centrarse.

Solo tenía que seguir esperando por muy difícil que fuera. Solo un poco más.

Se preguntó cómo estaría su niño mayor. ¿Sería verdad lo que Greyback afirmaba? ¿Su pequeño Harry estaba muerto? ¿Pero no lo sabría él? ¿No sentiría si su primogénito moría?

La puerta de su celda se abrió y uno de los gemelos entró.

No podía odiarlos a pesar de la forma en la que habían sido engendrados. No le importaba porque eran suyos y nadie le quitaría eso jamás.

-¿Cuándo? -El menor preguntó.

-Estamos esperando, cielo. Solo esperando.

Ya iban a ver. -pensó James.- No sabían con quién se habían metido. Cuando lograra salir, todos sabrían...


El gran comedor estaba iluminado por velas y un montón de adolescentes los miraban.

Nico se sentía como un animal del zoológico. Era incómodo.

Al menos solo tenían que ponerse un sombrero. Había temido que lo hicieran pelear contra algo, convocar algo...

-¡Di Angelo, Nico! -La profesora McGonagall llamó.

El hijo de Hades se acercó despacio al taburete sintiendo que podría vomitar.

Cuando se sentó, le colocaron el sombrero sobre la cabeza y se sobresaltó cuando una voz anciana le habló al oído.

-Un pequeño de otro tiempo. Un bendecido por lady Hécate. Puedes lograr grandes cosas... Sí... Ya sé dónde te pondré.

El joven movía las piernas de un lado al otro. Se sentía como una goma elástica estirada hasta el límite.

-¡Slytherin! -El sombrero declamó.

Aturdido, Nico se acercó a la mesa verde y plateada.

Temía lo que dirían sus tíos y primo. ¿Les importaría? ¿Pensarían que se volvería un mago oscuro?

Miró a la mesa de Gryffindor y vio a Harry que le sonreía.

Parecía en shock, pero no lo miraba con rechazo.

Eso le aliviaba porque no quería que él lo odiara.