Capítulo X

—¿Seguro que estás bien? —preguntó Sirius preocupado ayudándolo a sentarse en su bodega privada de armas.

Esta era mucho más pequeña que la de uso común pero podía permitirle tener mejor ordenadas sus armaduras y espadas.

James gruñó cuando Sirius le ayudó a sacar la cota y solo entonces vio el punto de sangre que se había formado. Alzó la jaqueta y la camisa manchada le hizo saber que la herida era más profunda de lo que parecía.

—Necesitas un curandero —dijo a su amigo.

—No. Estoy bien —masculló James tratando que no se notara el dolor .

—Estás sangrando, Cornamenta.

—¡Estoy bien! —insistió. Sirius se quedó perplejo observándolo— Solo necesito una venda.

El caballero le entregó una y le ayudó a cubrir el costado lastimado alrededor de su torso para después regresar al campo. Sirius expresó su desacuerdo pero no podía hacer nada para eludir su voluntad.

James podía ser muy obstinado y las personas que lo conocían sabían de ese defecto, que las condiciones podrían ser inadecuadas pero él insistiría en ejercer su autoridad de todos modos. Como ese día, había cedido ante el reto de Lily a pesar de que se encontraba desvelado y con resaca. Los festejos de año nuevo se le habían salido de las manos, Rosmerta lo había acompañado hasta sus cámaras y pasaron toda la noche dándose placer.

No podía quejarse, tenía mucho tiempo sin sentirse completamente relajado, pero debía ser más consciente de sus responsabilidades la próxima vez; no quería dar una imagen de libertino ante los caballeros. La situación del reino estaba estable aunque no por eso debía descuidarse.

En la última batalla con Glador los hicieron retroceder varios kilómetros declarándose vencedores, pese a ello James tenía la sospecha que se preparaban para un ataque más letal. Como estratega sabía que solo era cuestión de tiempo hasta recibir otro ataque, lo que le permitiría concentrarse en los entrenamientos por una temporada mientras Lunático ejercía su posición en la corte.

La presencia de su amigo era el único motivo por el que el Rey no le exigía su estancia permanente en Nodria; mientras que el Marqués de Gilona y el Conde de Pinefort se encontraban en el frente, Remus, el Marqués de Casterrol, en la corte como parte del equipo de defensa. Eso le permitía a James continuar con su formación de caballeros, vital ahora que tenía una médium en sus filas.

Al informarle al Rey del reciente hallazgo, obtuvo una inmediata aprobación, ambos pensaban que la única forma de ganar la guerra era encontrando médiums que se prepararan como hechiceros. Por eso James no había cesado la búsqueda, cada semana mandaba comitivas de caballeros a las aldeas y pueblos cercanos en búsqueda de médiums. Desafortunadamente la travesía no había dado frutos, los caballeros llegaban con las manos vacías, ocho meses atrás habían encontrado a dos buenos médium que murieron a manos de hombres de Glador junto a tres nobles caballeros. La pérdida fue invaluable, no habían tenido éxito desde entonces.

Llegó a preguntarse cómo se habían escabullido sin ser notados, era la misma forma en la que la muerte había llegado a sus progenitores, por lo que se vio en la necesidad de hacer un ajuste en la estrategia para brindar mejor defensa en el frente. Las consecuencias fueron devastadoras, provocando casi la muerte del hijo del Marqués de Gilona durante la ejecución de su plan. Por fortuna pudieron movilizarse con rapidez coordinando un ataque que hizo retroceder a sus enemigos. Desde entonces todo parecía mejorar aunque James tenía serias dudas de la aparente tranquilidad.

El resto del entrenamiento casi lo había dejado sin aliento, estaba agotado, adolorido y sediento. Cuando ingresó a sus cámaras y se desvistió, notó como la venda que se había colocado más temprano estaba llena de sangre, naturalmente dolía pero no se imaginó que el aspecto pudiera empeorar tanto en tan solo unas horas.

Retiró la venda con lentitud solo para ver la carne morada. El corte era pequeño y profundo haciéndola una herida bastante desagradable. Trató de limpiar lo mejor que pudo para volver a vendar ejerciendo más presión esta vez. Volvió al resto de sus actividades diarias revisando la correspondencia enviada por Tormentas; unas pequeñas aves que los Ravenclaw habían logrado domesticar, las utilizaba la corte para enviar mensajes urgentes, así él podría responder de inmediato y la respuesta solo tardaría un día en llegar.

La situación lo estresaba pero trataba de mantener la calma lo más que podía, no solamente el frente era delicado sino que las Islas Colindantes estaban llenas de disturbios. Los mortífagos estaban causando estragos, poniendo a los habitantes en contra de la corona. Del equipo de defensa Remus, que era el más involucrada en la disputa contra Lord Voldemort, frecuentemente le enviaba información de la situación; la más reciente era que había aparecido un cuerpo en las playas de Nodria con un letrero clavado en las manos con la leyenda «Arturo VII abdica». Su amigo pensaba que se trataba de un mensaje de Voldemort, aunque no había pruebas.

—¿Te sientes bien? —preguntó Sirius inquieto en la cena unos días después.

El salón estaba repleto de caballeros y escuderos tomando alegremente sus alimentos.

—Sí —murmuró apenas.

La verdad era que no se sentía nada bien pero no tenía tiempo para enfermarse, así que se repetía cada hora que si lo ignoraba el malestar iba a desaparecer.

Sirius colocó una mano en su frente y lo miró acusatoriamente:

—¿Bien? —gruñó— Tienes fiebre.

—No tengo fiebre, estoy bien —dijo apartando la mano de su amigo.

—En definitiva necesitas un curandero, debe ser esa jodida herida que no te quisiste atender, ¿verdad?

—Es-toy bi-en —repitió con mala leche.

Pese a eso, Sirius lo ignoró y más tarde se encontraba en cama con el curandero del pueblo dejando unos recipientes en la mesita de noche.

—Está infectada, su gracia, deberá guardar reposo y mantener la herida limpia hasta que sane. Tomará infusión de raíz de jengibre para bajar la fiebre y artemisa para el dolor, aplicará esto en la herida —agregó tranquilamente dejando otro pequeño frasco— contiene aloe para cicatrizar y curar la infección.

—Muchas gracias por su tiempo —dijo Sirius.

—Ha sido un placer. Si necesita algo más puede llamarme.

—Con mucho gusto. Yo me encargaré de que siga sus instrucciones al pie de la letra —sonrió el caballero aunque se notaba el tono acusatorio en su voz.

James en la cama bufó con molestia cuando el curandero por fin abandonó las cámaras.

—No necesito todo esto. Estoy demasiado ocupado para perder el tiempo en cama.

—Me importa una mierda —espetó Sirius con los brazos cruzados—. Guardarás reposo aunque me tenga que quedar a custodiar la puerta.

—Mañana estaré bien, ya lo verás.

Contrario a lo que pensaba durante la noche su salud decayó aún más. La fiebre aumentó y un dolor de cabeza insoportable no le permitía conciliar el sueño. Una sirvienta tuvo que ponerle paños húmedos en la frente hasta que por fin se quedó dormido.

A la mañana siguiente no tenía energía para abandonar la comodidad de su cama, así que sin más remedio tuvo que aceptar que por una vez Sirius tenía razón. Los días posteriores fueron aburridos y dolorosos, la infección no cedía, cada vez parecía empeorar el estado de la herida y con ella sus esperanzas de volver a la rutina diaria. La servidumbre solo entraba a su habitación a asear, llevarle comida o cuando la fiebre estaba por las nubes ponerle paños húmedos.

Después de una semana en cama comenzó a enojarse consigo mismo, tal vez si hubiera hecho caso a Sirius no hubiera llegado a esa situación, si hubiera curado la herida desde un principio no se habría infectado y hubiera vuelto al entrenamiento varios días atrás. Pero se confió, en su vida solo se había enfermado unas pocas veces, los descendientes merlinianos gozaban de buena salud, seguramente eso ocurrió debido a que la espada que lo alcanzó fue la de un médium.

James había sido herido en numerosas batallas, había estado en el frente más veces de las que le gustaría, además entrenaba diario, más de una vez había tenido una lesión pero ninguna se comparaba con esa. Conforme más lo meditaba se daba cuenta que la herida debió haber sido causada con el hema de Lily, si bien la espada era la que lo había golpeado, no se hubiera agravado tanto si fuera una herida común y corriente.

Lo único que logró distraerlo del enfado y agobio por estar confinado eran las lecturas que pudo concluir, Rupert, el bibliotecario, buscaba los libros que le encargaba y cada día llevaba uno nuevo para no morir del aburrimiento.

Después de una semana, harto caminaba a lo largo de la habitación cuando sintió bajo la planta de los pies una calidez inusual, de inmediato identificó el hema de Lily acercándose.

¿Qué hacía ella en esa parte del castillo? Se había asegurado en asignarle unas cámaras que estuvieran en el ala opuesta, así por lo menos podría dormir por las noches sin la constante distracción.

Regresó a la cama y tomó un libro fingiendo despreocupación justo antes de que la médium tocara la puerta.

—¿Puedo pasar, Lord James? —preguntó, el tratamiento le dio mala espina pero aun así con un movimiento leve de su hema abrió la puerta para ella.

—Pasa —le dijo dejando el libro a su lado— ¿en qué te puedo ayudar?

—Te traje algo —espetó escondiéndolo tras su espalda.

El gesto le desconcertó, conforme se iba acercando un aroma conocido alcanzó su nariz. La respuesta llegó cuando le mostró la hierba de osage con raíz, era curioso que había florecido, pequeños pétalos violeta adornaban la simplicidad de la planta.

—¿Cómo la encontraste? —exclamó maravillado.

Su desconcierto se debía a que el osage solo florece en primavera coincidiendo con la fecha de su cumpleaños. Era enero y el frío calaba hondo.

En respuesta Lily, sin entender lo que pasaba, se encogió de hombros con despreocupación.

—Simplemente apareció en mi cabalgata matutina, pensé que podía usarla como una ofrenda de paz ya que estás en cama por mi culpa.

Los ojos verdes reflejaban aquellas llamas doradas permanentes y lo miraban con seriedad, pese a que estaba tratando de tranquilizar las aguas no lo hacía especialmente bien. En un inicio a James le sorprendió su presencia, pero lo hacía más las últimas palabras declaradas.

—No es tu culpa que esté en cama —Se ofuscó James, sin entender a qué venía eso—. Fue una lucha, nada más, no eres responsable de lo que me pasó.

—Lo soy. Quería herirte.

La declaración no le sorprendió, era evidente que ella parecía molesta por algún motivo el día que lucharon aunque no entendía por qué.

—Olvídalo —Le quitó importancia con un gesto.

—¿Podrás perdonarme? —preguntó Lily a la defensiva pese a sus palabras y ofrecer la hierba frente a ella.

James bufó.

—¿Qué quieres que te perdone? Ya te dije que no es tu culpa —dijo comenzando a irritarse.

—Te estoy pidiendo disculpas por mi actitud de los últimos meses —confesó todavía con una actitud petulante sentándose en el borde de la cama, de inmediato la sensación de calor escaló por las sabanas hasta llegar a él—. Estaba furiosa cuando descubrí que estabas vivo después de que me abandonaste en Tilliam.

Los recuerdos de casi siete años atrás llegaron a su memoria, desde que una adolescente y arrogante pelirroja subió a su barco hasta la vista de la batalla de La marca tenebrosa contra los barcos atracados en el puerto de Tilliam.

—Escucha: —suspiró harto— sé que jamás lo entenderás pero hice lo que tenía que hacer. No podía arriesgarme a luchar contra La marca tenebrosa, éramos un barco sin artillería, teníamos una misión importante y no arriesgaría la vida de mis amigos junto a la tripulación. Apenas alcanzamos a salir librados, esperarte hubiera sido el fin de todos nosotros.

Le sorprendió notar como el colchón se meció ligeramente bajo su peso, clavó la mirada en Lily que de un momento a otro sus defensas bajaron, el hema estaba más estable que unos meses atrás, pero la conversación parecía hacerla perder la cordura.

—Lo sé. Ahora lo sé —admitió—. Tu situación era muy arriesgada, tu muerte hubiera significado el fin de la descendencia Pendragon. Sin embargo, debido a ello viví el peor infierno que puedes imaginar, yo no estaba acostumbrada a esa vida; fui una mujer que contraería matrimonio con un barón, imagínate mi posición. Sufrí tanto por la muerte de mis supuestos amigos para después descubrir que simplemente ellos se deshicieron de mí.

Escuchar los sentimientos de otra persona en consecuencia de una situación en la que él había estado involucrado, y que tenía un pensamiento muy diferente al respecto, fue desconcertante. Lily, pese a su dureza, estaba confesando cómo se sentía y él, por un breve momento, reconoció la culpabilidad casi olvidada.

Se inclinó para alcanzar la mano que no provocó quemaduras en esta ocasión y dio un leve apretón.

—Mi decisión no fue egoísta —inquirió—, quiero que eso lo entiendas. Hice lo mejor que pude pese a las circunstancias y me arrepentí mucho por haberte abandonado.

Ante sus últimas palabras Lily elevó la mirada y el ángulo casi pudo dejarlo sin respiración. El corazón palpitó con prisa pero se esforzó por ignorar el golpeteo en su pecho.

—¿Lo hiciste? —preguntó incrédula.

—Por supuesto. Me comprometí a darte un lugar en la nave, además fuiste la primera médium que encontré en la travesía —respondió fingiendo simpleza.

Por un momento la expresión de Lily cambió a una decepcionada para luego volver a la frialdad inicial. El gesto lo hizo retroceder en sus movimientos previos, soltando su mano y dándose cuenta que necesitaría algo más que palabras para demostrarle su arrepentimiento.

—Tengo algo que te pertenece —dijo recordando la pequeña bolsa dentro de su baúl.

—¿A mí?

—Sí. ¿Puedes buscarlo en el baúl? —pidió—. Estoy agotado. Es una pequeña bolsa de tela escarlata.

Lily dudosa se dirigió al otro extremo del recinto, removió el contenido hasta que se encontró con su objetivo. Lo alzó mostrándolo y James asintió con la cabeza. Regresó al lado de la cama para entregárselo.

James tomó los lazos, tiró de ellos y vació el contenido sobre las sábanas. El hema de Lily casi salió disparado, alcanzando a mantenerlo en su lugar en el último momento. El broche dorado estaba en perfecto estado, todavía con la perla incrustada.

—¿Lo guardaste todo este tiempo? —preguntó ella feliz, sus ojos se mostraron cristalinos mientras contemplaba el objeto.

—Te dije que lo había lamentado —concilió James en voz baja, contemplandola—. No sé por qué lo conservé pero me alegra haberlo hecho, así puedes recuperarlo.

La pelirroja lo tomó en sus manos soltando la primera sonrisa dirigida a él.

—Gracias. Era de mi madre.

La observó colocarse el broche en el cabello, no lucía en ella debido a su color, pero la expresión de su rostro la hizo infinitamente bonita.

—No hay por qué —respondió con un hilo de voz, sorprendido por el descubrimiento de la fácil condescendencia de Lily.

—¿Lo aceptarás entonces? —preguntó ella extendiendo la hierba de osage— No es un ramo de olivo, pero dado que somos hechiceros creo que podría funcionar igual.

Sin más remedio tomó la planta que le ofrecía, sus dedos se rozaron y la sensación le provocó una cosquilla cálida y placentera. Lily también pareció percibirlo, en sus ojos se formaron unas llamas más amplias. Quiso controlarlo pero cada vez le costaba más trabajo, sintió su cabello balancearse y la hierba levitar entre sus dedos.

—Todavía sigue siendo mi culpa que estés herido, así que creo que debo darte algo a cambio.

La expresión en el rostro de la médium le pareció perversa y lo confirmó cuando se acercó deliberadamente apartando las sábanas. James que solo utilizaba una camisa hasta las caderas le sorprendió el atrevido movimiento.

—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó abochornado sosteniendo la prenda de la parte delantera. Sintió las mejillas calientes y estaba seguro que no era debido al hema de Lily.

—Déjame ver la herida —exigió sin un atisbo de duda.

—Esto es muy inapropiado —La reprimió con la ceja alzada— si en este momento alguien entra, tú perderás…

—¿El honor? —Se burló Lily con una sonrisa—. ¡Por favor! Soy una corsaria, no hay honor que mantener.

Aunque sus palabras eran ciertas no se sentía especialmente cómodo con la situación.

—Está bien, tú muéstrame —dijo ella todavía con la diversión reflejada en su expresión.

No entendía por qué quería ver la herida, pero acababa de hacer las paces con ella, estaba relajada por primera vez en su presencia y no se permitiría retroceder los pasos que habían avanzado. Sin otra opción, se cubrió la parte delantera con las sábanas y subió la camisa hasta mostrar el costado lastimado.

—Uy, se ve doloroso.

—Lo es —admitió.

James se esforzó en mirar la herida que ardía encontrándose con el rostro pecoso muy cerca de su torso. Un gorgoteo en el estomago le provocó los ojos que brillaban intensamente observándolo con atención, se desviaron por su piel desnuda mientras Lily tragando saliva en el proceso. El ambiente de repente se volvió muy denso, el calor aumentó y el hema de Lily lo rodeó por completo haciéndolo sentir y reconocer la misma sensación que el día que le enseñó el proceso de meditación.

Las emociones de Lily se disparaban por completo, era impulsiva y casi no podía controlar lo que sentía, mientras que James había aprendido a dominarlo con el tiempo, el sosiego e indiferencia eran su mejor arma, aunque sabía identificar aquellas emociones que eran más intensas que otras. En ese momento experimentaba una de ellas que era difícil pasar desapercibida, sobre todo cuando la evidencia era tangible debajo de la sábana que cubría su hombría.

Trató de pensar en otra cosa, distraerse en los banderines que se balanceaban ligeramente en la pared, o en el sonido de los caballos relinchando en el campo bajo su ventana.

Las manos calientes se apoyaron en su torso intensificando la sensación y estaba por girarse para cometer una estupidez, cuando se detuvo al sentir cómo el calor había traspasado su piel brindándole una sensación de bienestar. Confundido por lo que acababa de ocurrir regresó su atención al lugar donde Lily, tranquila, apreciaba la herida que ya no existía.

—¿Q-qué hiciste? —preguntó sin dar crédito a su vista.

—Te sané.

Estaba seguro que boqueó varias veces. Paseó los dedos por la superficie de su piel todavía incrédulo, no había rastro de la herida que tenía hace un momento, ni siquiera una cicatriz y el dolor se había ido por completo.

—¿Cómo lo hiciste?

Lily se encogió de hombros bastante menos preocupada de lo que debería.

—Espera un momento, nunca dijiste que podías hacer esto —La reprendió.

—No lo había hecho en años, simplemente lo olvidé —respondió con simpleza.

—Este es el tipo de cosas que necesitaba saber el día que pregunté por tus manifestaciones del hema en el pasado —exclamó enojado de repente.

—¡Cálmate! No es para tanto.

—¿No lo es? Acabas de sanar por completo una herida infectada, la desapareciste, ¿cómo es eso posible? —preguntó lo último para sí mismo.

Hizo un recorrido mental por los libros que había leído en el pasado. Nada. Nunca se había encontrado con algo que hiciera mención ni al quinto elemento, ni a la habilidad de sanar. No sabía cómo lidiar con eso, él había sido entrenado como un hechicero común y corriente, como los cinco que estaban en el frente. Ni siquiera estaba seguro de poder ayudarla a completar su entrenamiento, estaba fuera de sus manos.

Ahora entendía mucho mejor los motivos por lo que el señor Dumbledore la había dejado bajo su cuidado. Si él sentía que lo sobrepasaba, el viejo debió estar impotente por los descubrimientos. Debió mencionarlo, en definitiva, el señor Dumbledore había dicho que Lily era muy poderosa, y lo era, pero no estaba seguro de que él o ella supieran cuánto.

Tomó uno de los libros que estaban junto a la mesita de noche y se lo entregó, todavía demasiado contrariado en sus pensamientos.

—Ten. Debes leer esto.

Las cinco reglas para el control de las emociones —Lily leyó el título todavía con tintes de molestia.

—Enfócate en la cuarta regla, tienes un gran problema con ella aunque las demás no te harían ningún daño —musitó distraído.

Quería vestirse y largarse a la biblioteca, leer el resto de la noche hasta encontrar algo que fuera de utilidad, pero no podía mientras la pelirroja se quedaba en su lugar expandiendo olas de calor por toda la habitación.

Por fortuna, pese al mal humor, Lily asintió con la cabeza y se dirigió a la salida del recinto.

De un salto se puso de pie por fin revelando su molestia con las reacciones involuntarias de su cuerpo. Era evidente que se hacía ideas en la cabeza, Lily no parecía tan terriblemente afectada como él. Era duro fingir que nada pasaba. El calor que desprendía el hema de Lily estaba por volverlo loco, debía acalorarse solamente, sudar un poco, incluso quemar su piel al contacto, pero el hema lo excitaba con una intensidad que le costaba admitir. Tendría que hacerse cargo del asunto si quería mantenerse cuerdo.

—Ve a la ciudadela, busca a Madam Rosmerta —indicó a uno de los sirvientes— y entregale esta nota.

Entregó al muchacho el pergamino doblado donde le suplicaba a Rosmerta que se apareciera esa noche por el castillo. No tenía que dar demasiadas explicaciones, ella tampoco las necesitaba, montar al futuro Rey de Uthor parecía ser suficiente satisfacción para ella mientras que para James solo significaba satisfacer sus necesidades fisiológicas.

Seguro de que podría resolver su problema más tarde, cambió sus planes dirigiéndose a la biblioteca de Godric. Todavía estaba un poco cansado para entrenar, el día siguiente podría retomar su rutina por ahora tenía otras cosas en la cabeza.

La biblioteca era uno de sus lugares favoritos, de pequeño no había sido ávido de la lectura pero cuando comenzó a educarse en las artes hemásticas descubrió que eran muy útiles. Su padre, Fleamont Potter había sido su educador todos esos años, era un hombre tan ocupado que gran parte de los conocimientos se los instruyó por medio de lecturas. James se quejaba, por supuesto, siempre había sido un niño inquieto y con ansias de probar cosas nuevas, leer era una actividad sosa y aburrida para él hasta que descubrió la gran fuente de información.

Desde entonces era uno de sus lugares favoritos en donde pasaba el tiempo de ocio. La mayoría de los libros hemásticos se encontraban en esos pasillos ya que eran necesarios para la formación de hechiceros, sin embargo, en sus lecturas previas James no podía recordar haber leído algo acerca de quemaduras o poder de sanación al contacto.

Atrajo algunos libros a su alcance con un mínimo esfuerzo y se dignó a hojear en búsqueda de lo que necesitaba. Lamentablemente el ámbito del estudio científico no era algo bien visto en tiempo de guerra, por lo que había más militares que eruditos, nadie se había dedicado a la investigación del hema después del mayor sumo sacerdote y desde su desaparición, James no había encontrado libros nuevos. Aunque en la biblioteca de Godric seguía habiendo muchos por leer ni siquiera Rupert podía encontrar algo de utilidad.

—Iniciaremos con un nuevo tipo de entrenamiento —le informó a Lily unos días después—. He estado buscando algo que nos indique cómo mejorar tus habilidades con el fuego y con la sanación, desafortunadamente nada ha sido útil así que tendremos que hacerlo a prueba y error.

Lily que estaba tranquilamente apoyada contra la pared acariciando detrás de las orejas del cachorro, asintió.

—Me parece bien, ¿por cuánto tiempo será?

Negó con la cabeza confundido.

—No tengo idea, podría llevar días o meses. En unos días viajaré a Nodria por varias semanas, tengo asunto que atender con el Rey y tú seguirás practicando durante mi ausencia. Goliat te acompañará —indicó lo último con seriedad.

El perro al escuchar su nombre corrió a su amo subiéndose sobre sus patas traseras para ser acariciado en la cabeza.

Gracias al cachorro, James se había evitado mucho tiempo en esa habitación en la compañía asfixiante de Lily, ella necesitaba el hema de los demás para practicar, pero utilizar el suyo solo había tenido sensaciones desagradables en él. Debido a eso la compañía de Goliat, el cachorro que le obsequió el Marqués de Gilona, había sido de gran ayuda.

A los minutos un par de sirvientes entraron cargando grandes cajas que dejaron en el suelo. James que poseía habilidad para la levitación, con un mínimo esfuerzo sacó cada una de las velas hasta colocarlas ordenadamente en el suelo de piedra. La pelirroja observó todo en silencio maravillada por la aparente simplicidad de sus acciones.

—Siéntate en el suelo y relájate. Si necesitas meditar, hazlo —indicó tranquilamente—. Goliat, sentado.

Lily cerró los ojos comenzando a repetir la mantra.

Tratando de hacer una prueba deslizó cinco velas alrededor de la médium que inmediatamente se encendieron. Seguía impresionado por el poder involuntario de su hema, sin embargo, al momento de querer hacerlo a consciencia surgían problemas para controlarlo. Podía admitir que Lily era pura pasión, fuego, le costaba controlar sus emociones provocando desastres ocasionalmente.

Él, por otro lado, durante su juventud practicó sin cansancio hasta aprender que la frialdad y el sosiego le brindaban estabilidad a su hema. Podía recordar cuando sus emociones salían disparadas, su hema fluctuaba fuera de su cuerpo destruyendo lo que estaba a su paso o incluso derribando personas sin tener el propósito de hacerlo. Ahora de vez en cuando le costaba controlarse, pero las meteduras de pata ya no eran tan frecuentes como antes.

Recordó que siete años atrás tenía muchos problemas con la ira, la travesía en La flecha plateada había estado llena de inconvenientes por causa suya, sobre todo después de conocer a Lily, su hema se volvió todavía más inestable. Ella también tenía emociones fuertes, estar en la misma habitación era abrumador; su reacción fue evitarla lo más posible, aunque indudablemente su hema era muy atractivo para él, el calor era placentero y recurrió a aliviarse en la soledad de su camarote cuando Lily dormía en la cabina de al lado.

—¿Qué más, mi señor? —lo apartó la pelirroja de sus pensamientos, con un ojo abierto observándolo.

Sintió las mejillas enrojecer pero actuó como si nada pasara.

—Lanza pequeñas partículas de hema alrededor de la mecha, piensa en el calor.

Lily movió sus manos señalando las velas más cercanas, nada ocurrió. Intuyó que eso pasaría así que los siguientes minutos estuvieron tratando de lograrlo, Lily se veía claramente frustrada.

—Usa el hema de Goliat —indicó.

La pelirroja negó con la cabeza decepcionada.

—No funciona. Permíteme usar el tuyo.

Carraspeó incómodo, después de la primera meditación le dio indicaciones claras de no usar su hema para las artes hemásticas. Ella lo había cumplido aunque le costaba no rodearlo si estaban suficientemente cerca.

—No es necesario. Puedes lograrlo sin mi ayuda —balbuceó y señaló hacia arriba.

Lily maravillada observó las cinco velas encendidas que levitaban un par de metros sobre su cabeza.

—Lo lograste mientras meditabas. Intenta combinarlo —dijo animandola.

El resto de la tarde pasaron practicando y logrando grandes avances. Lily fue capaz de encender la vela, aunque debía hacerlo una a una representando el mismo esfuerzo cada vez. James la instó a que practicara durante su ausencia para hacerlo con todas de un movimiento ganándose una sonrisa al final de la práctica, así como el primer agradecimiento sincero. Respondió dudoso, sin poder creer todavía que realmente hubieran limado asperezas.

A los pocos días emprendió su camino a Nodria en compañía de una comitiva de caballeros, todos ellos haciéndole compañía y siendo de apoyo en caso de un ataque. El viaje por tierra a caballo era de una semana, marcharon cerca de la costa alojandose en posadas en los pueblos pesqueros donde solían ser bien atendidos, los lugareños gustaban de recibir a la nobleza en sus aposentos como si fuera un gran honor.

Casi podían saborear el sabor del delicioso estofado en El martillo del relámpago, la posada que visitarían en Asmus, cuando se encontraron el pueblo atacado. Las casas de la costa estaban destruidas y gran parte de la población se había adentrado en el bosque por seguridad.

Furioso por lo que sus ojos habían visto, tomó la decisión de acampar entre los árboles a pesar de las quejas de los caballeros. La cabeza le daba vueltas sin descanso y tuvo que separarse varios metros de los demás para protegerlos; su hema estaba fuera de control elevando y dejando caer cada cosa que estuviera a su alcance. Apenas durmió, no podía dejar de repasar en su mente la imagen del pueblo destruido, los rostros tristes y agotados de los supervivientes. Gruñó y gritó su frustración colapsando algunos árboles a su alrededor.

A su llegada a Nodria solicitó una audiencia inmediata con el Rey, quien lo esperó en la sala de trono incluso antes de que James pudiera quitarse la armadura. Habían viajado sin descanso desde Asmus, estaba agotado pero la furia lo hacía mantener de pie.

—Su majestad —dijo apoyando la rodilla en el suelo tratando de controlar su mal temperamento.

El Rey, un hombre maduro de cabello castaño que siempre portaba la Corona Legendaria, se puso de pie para recibirlo. El abrazo por parte de su tío siempre lo hacía sentir incómodo, pero el Rey era tan afable que olvidaba las etiquetas con miembros de su familia.

Regresó el gesto con sequedad para seguidamente informarle el estado del pueblo de Asmus, para su sorpresa ya estaba enterado de lo ocurrido.

—No había guardias ni caballeros en el pueblo —dijo tozudo.

—No lo creí necesario. Ya había sido atacado cuando llegó la noticia, los mortífagos huyeron y consideré más importante proteger Nodria.

James sintió una cosquilla recorriendo su cuerpo, el cabello de la nuca se tensó notando cómo sus emociones estaban por colapsar fuera de su cuerpo. Respiró repetidas veces, no quería causar daño, él había sido entrenado para ello, debía controlarse..

—Entiendo, su majestad, sin embargo eso no nos exime de un posible segundo ataque.

—No veo por qué Lord Voldemort podría tener interés en atacar pueblos pesqueros, sabemos que su objetivo es la capital y debo mantener la seguridad permanente —bramó el Rey con calma.

—Tío, Asmus está solo a tres días de Godric, eso podría indicar que Voldemort atacará primero el norte.

—Lo veo infundado, James, su primer ataque fue en Griok. Este hombre solo busca ser una piedra en mi calzado —se quejó—. Sus movimientos son aislados, pasaron meses desde su primer ataque en Tierra Firme, podrían pasar meses o años para que se atreva a enfrentarme. Tal vez lo que busca es movilizar el ejército a otros puntos del reino para descuidar Nodria, y créeme, por Uthor, que eso no va a ocurrir.

Asintió con la cabeza sin otra opción, entendía el punto sin embargo por primera vez no coincidía con el Rey. James podía estar de acuerdo que Lord Voldemort solo estaba jugando, pero jamás arriesgaría la integridad de su pueblo por una suposición vaga. Nadie sabía cuál sería el próximo movimiento de Voldemort, era muy riesgoso suponer que sus ataques eran aislados.

Su padre pensó que Voldemort era una amenaza y por eso convenció al Rey de contratar corsarios para luchar contra él; James hubiera querido hacer lo mismo pero no poseía la elocuencia del fallecido Conde. El mal humor era evidente en su semblante, así que no tuvo más remedio que aceptar lo que le indicaban y fingió sosiego un rato más mientras le informaba a su tío acerca de su traslado.

Una hora después recorrió el castillo en búsqueda de su fiel amigo Lord Remus Lupin, encontrándolo en la usual sala de defensa revisando mapas sobre la gran mesa de madera con una vela encendida al lado.

—Lunático —saludó con frialdad.

Pese a ello, Remus lo recibió con los brazos abiertos.

—Llegó antes, mi señor, te esperábamos hasta mañana al mediodía —dijo ignorando su semblante molesto.

James respondió el gesto con desgano para inmediatamente después entrar en materia:

—Tuvimos que adelantar camino. Asmus fue atacado, ¿lo sabías?

La expresión del hombre decayó un poco y suspiró:

—Me enteré. Te iba a enviar una Tormenta pero creí que podía decírtelo personalmente.

Ante esto James bajó la voz inclinándose hacia su amigo, los ojos brillando en amplias llamas:

—El Rey no quiere enviar protección a los pueblos pequeños...

—Lo sé… —interrumpió Remus preocupado echando un vistazo a la puerta— no podemos hablar de esto aquí, es muy riesgoso.

James malhumorado aceptó lo que Remus decía, podían ser acusados de traición por cuestionar las decisiones de la corona; él incluso lo había utilizado para mandar a más de una persona al calabozo, pero en esta ocasión se encontraba tan angustiado por el destino de Godric que no le importó.

—Mis conjeturas dicen que iniciará por el norte —sugirió señalando la península entre el Mar de Tilliam y la Bahía Negra del mapa que levitaba ligeramente. Godric se encontraba en el punto central.

—¿Cómo llegaste a esa conclusión? —preguntó Remus incrédulo.

—Lord Voldemort pertenece a Avator, inició la conquista en las Islas Colindantes en el norte, posteriormente siguió al sur hasta Mudtown —Siguió la ruta por el mapa—. Ahora ataca Asmus que está en el norte de Tierra Firme y huye, a su regreso seguirá por la costa con posibilidades de huidas rápidas. El Oceáno Trelis no es buena opción, es difícil navegar por esas aguas, así que el ataque en Griok indica que era una forma de llamar la atención del Rey. Ha sido lo más cerca a Nodria que ha estado, es evidente que solo fue el primer aviso. No tiene ningún sentido hacer un segundo, por lo que debo suponer que no lo es sino un ataque directo.

Remus, pensativo, con la mano en la barbilla evaluó el mapa que James había señalado todo el rato, no parecía en completo desacuerdo y eso era mucho decir ya que el Marqués de Casterrol poseía una inteligencia estratégica difícil de comparar.

—Me gustaría un tiempo para pensarlo, Cornamenta, aunque debo decir que no encuentro algo que debatirte. ¿Qué harás al respecto? —agregó después de unos minutos de silencio.

La postura de su amigo era difícil de descifrar para el ojo común, pero James lo conocía bien y sabía que se encontraba tan desconcertado como él. La diferencia era que antes de tomar partido de un lado, prefería indagar por las posibles opciones, analizarla y después llegar a una certera conclusión, una cualidad que James admiraba.

—Debo regresar a Godric —dijo con desgano, con la molestia inicial alejándose poco a poco ahora que alguien tomaba en serio sus preocupaciones—, enviar una Tormenta a Sirius para que duplique la vigilancia hasta mi regreso.

—Su majestad no lo permitirá, vas llegando. Quiere saber de primera mano qué pasó con el hijo del Marqués de Gilona y el estatus de los hechiceros.

James se llevó las manos a la cabeza tirando de su cabello como tenía la costumbre de hacer cuando estaba frustrado. Su amigo tenía razón, a pesar de todo, él había asistido por el llamado del Rey, no se podía deshacer tan fácilmente de sus obligaciones con Uthor.

Sin perder tiempo, esa misma noche envió una Tormenta con el mensaje muy claro a Sirius: proteger Godric a toda costa.


—¿Has pensado en mi petición de matrimonio, James? —preguntó el Rey unas noches después durante la cena.

El Duque que había estado absorto en sus pensamientos lo tomó por sorpresa.

—No realmente, su majestad. He estado muy ocupado en los entrenamientos y la guerra con Glador me consume por completo, no he tenido tiempo de asistir a eventos sociales —eludió con educación.

La Reina que estaba sentada a la derecha de su marido, rió graciosamente.

—Querido, eres un hombre con poder, no necesitas asistir a eventos para elegir una esposa. Si es de tu interés, yo puedo encontrar a la mujer adecuada.

James había escuchado lo mismo en numerosas ocasiones, así que declinó cortésmente la oferta.

—Muchas gracias, su majestad, pero me gustaría asegurarme que la mujer en cuestión cumpla con mis propios estándares.

—Estás por cumplir veintiséis años —señaló el Rey receloso— me sentiría más tranquilo al saber que el legado de los Pendragon no morirá contigo, sobrino.

—Hay muchas mujeres honorables y hermosas en la corte —agregó la Reina olvidándose por completo de la comida—, ¿qué piensas de Lady Muriel Smith, querido?

El Rey frunció el ceño con disgusto.

—Es un poco mayor, me gustaría asegurarme de que habrá un heredero al poco tiempo. Además, creo que una descendiente de la Orden de Merlín será más adecuada.

—Eso es improbable, querido, los descendientes de la Orden solo engendran varones.

James carraspeó incómodo tratando de desviar la conversación, estaba seguro que había otros asuntos más importantes que algo tan banal.

—Escuché que el frente estaba teniendo problemas con el suministro de carne debido a que los animales habían huido…

—Tienes razón, querida, no sé cómo pude olvidarlo —interrumpió su tío—. Pero no sé por qué estamos debatiendo cuando la respuesta es clara. ¿Qué hay de la médium que estás entrenando, James?

El aludido casi escupió el vino que se había llevado a la boca.

—¿Cómo? —preguntó con los ojos acuosos.

—La médium. Dijiste que era muy poderosa —dijo emocionado.

—¿Es bonita? —preguntó la Reina con mirada soñadora.

Todavía sorprendido por el rumbo de la conversación dijo:

—No sé cómo responder esa pregunta, su majestad.

—¿Cómo no vas a saber, querido? Tienes un par de ojos útiles, úsalos.

Lanzó una mirada a la pareja que parecían demasiado interesados en la conversación cuando para él se tornaba incómoda.

—Bueno… ella es… pelirroja.

—¡Oh, maravilloso! El cabello rojo es muy llamativo y elegante.

El Rey asintió.

—Deberías proponerte, definitivamente una médium sería una pareja adecuada para ti.

—Lo pensaré —afirmó.

Sin embargo, no lo hizo, pasó el resto de su estancia en Nodria tratando de trazar estrategias para mantener la defensa en el frente sin mandar más hombres. Las muertes habían sido pocas comparadas con años pasados, y así debía permanecer, James tenía la firme convicción de que debían prepararse para el resto de los ataques de Lord Voldemort.

Al regresar a Godric la alegría del pueblo le transmitió un gran alivio, temía volver y encontrarlo en las mismas condiciones que Asmus.

—Bienvenido, su gracia —dijo Sirius en cuanto se bajó del caballo.

Palmeó su espalda con alegría y detrás de los sirvientes del castillo que lo recibían distinguió la cabellera pelirroja conocida. Incómodo desvió la mirada, recordando la conversación con los Reyes dispuesto a no pensar en aquello más de lo que debería, pero no lo pudo evitar cuando la sensación cálida se coló por debajo de su ropa.

—¿Cómo estuvo todo? —pregunto entregando las riendas a Phil.

—Tuvimos grandes avances en los entrenamientos —informó su mejor amigo con seriedad mientras entraban al castillo—, tu médium derrotó a la mitad de los caballeros.

El mensaje lo paralizó.

—¿Escuché correctamente?

Sirius soltó una carcajada.

—Yo tampoco lo podía creer. En solo cuatro semanas tuvo avances espectaculares, ¿qué tareas le dejaste?

Confundido negó con la cabeza.

Al día siguiente de regreso en los entrenamientos pudo constatar que lo que había dicho Sirius era cierto, Lily había tenido un gran progreso en muy poco tiempo. La observó luchar con caballeros mucho más experimentados quedando de rodillas después de un certero golpe que los dejaba sin aliento. Sus movimientos eran gráciles, exactos, su hema confabulaba para que sus pies permanecieran estables en la tierra y la espada ya no se escapaba de sus manos. Ni siquiera era que usara su hema con demasiada frecuencia para golpearlos, pero la ayudó a mejorar su defensa.

—Lucharás conmigo —le dijo curioso por descubrir qué era lo que podría hacer.

Ella confundida asintió con la cabeza recuperando la espada clavada en el suelo. Utilizaba la armadura superior confeccionada para su talla, mientras que él con ayuda de Phil se puso la suya.

—Cinco minutos —indicó al caballero que sostenía el reloj de arena.

Lily se adelantó al centro del campo, por su expresión podía notarla más insegura que en sus anteriores batallas, aunque su espada estaba firmemente sujeta mientras tomaba un poco del hema de los espectadores. Eso a James lo desconcertó, si bien era la forma teórica de hacerlo, no había visto a nadie lograrlo en tan poco tiempo. ¿Qué había pasado en esas semanas de ausencia?

—Comiencen —gritó el caballero dando vuelta al reloj.

Ambos hechiceros se pusieron en guardia caminando en círculos, esta vez el primero en atacar fue James moviendo la espada con maestría, Lily evitó el golpe con un certero movimiento de su propia arma. Lo que pasó a continuación fue una limpia lucha de espadas, si bien James tenía más fuerza, Lily lo compensaba con una defensa sublime.

—Has mejorado —espetó entrecortadamente por la intensidad de su respiración.

Lily se regocijó con aquellos ojos verdes brillantes.

—Tú también.

Supo que no era cierto, pero no dejaría que utilizara ese sucio truco para distraerlo. Otra secuencia de ataques y defensa dieron lugar uniformemente, no se podía decir quién era mejor, los pies estaban firmes en el suelo, sin retroceder un solo centímetro.

—Joder, ¿qué hiciste en estas semanas? —preguntó empujando el escudo contra ella sin trastabillar, demasiado sorprendido para recordar la educación que le habían inculcado.

Lily dudó por un instante, pero después demostró la seguridad que la caracterizaba:

—¿Mi tarea? Encender y apagar velas ¿recuerdas?

James asintió esquivando una embestida.

—Me ayudó a canalizar mejor el hema. La mantra mientras lucho también me ha hecho mejorar.

—¿Ahora la estás diciendo?

—Pensando.

Harto de lo parejo de la batalla tomó del hema de los caballeros provocando que su cabello se balanceara de un lado a otro bajo el yelmo, expulsó una ráfaga que le ayudó a lanzar a Lily por los aires cayendo un par de metros más allá. El jadeo de los espectadores le dijo que tal vez se había pasado, cosa que fue descartada cuando ella se puso rápidamente de pie para arremeter contra él, ambos pendiendo los yelmos.

James soltó la espada por la sorpresa, el escudo firme en su brazo le ayudó a mantener una distancia entre las manos calientes de Lily y su rostro. Lamentablemente ella sobre su regazo le estaba trayendo sensaciones difíciles de controlar, el calor se colaba de los muslos femeninos hasta sus caderas haciéndole perder la cabeza. No lo quemaba pero la sensación que ya se estaba volviendo conocida era difícil de ignorar.

El escudo se puso tan caliente que le fue difícil mantenerlo por más tiempo, lo lanzó lejos y alzó las manos sosteniendo a Lily de los brazos para evitar que lo atacara con sus manos abrasadoras. Estaba realmente sorprendido, ella había duplicado sus habilidades.

—Tiempo —dijo el caballero.

Ellos no lo escucharon, estaban concentrados en sus luchas individuales que no se percataron cuando el otro había dejado de forcejear. Se quedaron quietos, serenos, compartiendo esos destellos de calor donde sus cuerpos hacían contacto.

—¿Están bien, chicos? —preguntó Sirius con risita acercándose.

El contacto visual fue roto y las llamas doradas abandonaron sus ojos.

Lily, sonrojada hasta las orejas, se puso de pie de un salto.

—Sí, muy bien. Voy a… ahora vengo —exclamó apartándose del campo.

Sirius lo miró desde su altura con una sonrisa burlona mientras James permanecía acostado sobre el pasto, impasible, todavía con los restos de su hema alterado por la cercanía. La desestabilización por excitación pocas veces le había ocurrido, era increíble que sucediera en un momento tan inapropiado.

—¿Qué acaba de ocurrir?

Los murmullos a su alrededor le decían que probablemente los demás también habían captado la energía que los rodeaba.

—Necesito… Necesito a Rosmerta —musitó sin poder detener su lengua. Al instante en que lo dijo se arrepintió, pero no tenía caso negarlo frente a su mejor amigo.

Sirius estalló en carcajadas mientras lo ayudaba a incorporarse.

—Ya me lo imaginaba. ¿Ella te sintió?

Hizo una mueca repentinamente avergonzado.

—Probablemente. Estaba justo encima de mí…

—Ya sé. Estaba colorada como su cabello.

—¿Tendré que pedir disculpas? —sugirió dudoso.

—¿Por algo que no puedes evitar? ¡Ni hablar! Déjalo así. Mejor cuéntame cómo te fue en la capital. Chicos, sigan entrenando —les indicó a los escuderos que habían estado pendientes de las batallas entre caballeros.

Agradeció el cambio de conversación, así podría dejar la vergüenza atrás y concentrarse en asuntos realmente importantes.

Ambos hombres se alejaron del campo rodeando el castillo hasta llegar a la plaza.

—Quise hablar con el Rey del ataque en Asmus repetidas veces —contó reviviendo la molestia en cada poro de su piel—, pero él se mostró apático y falto de interés. Cree que solo es un ataque aislado pese a que es el segundo que ocurre en Tierra Firme, las señales indican que mi padre tenía razón. Maldita sea, siempre la tuvo.

—¿A qué te refieres? —cuestionó el caballero temeroso.

—Lord Voldemort —zanjó—. Es el peligro inminente, los ataques no cesarán sino que aumentarán hasta que haya conquistado gran parte del reino.

—Pero… ¿qué es exactamente lo que ese imbécil quiere? —Demostró Sirius su molestia— ¿Por qué tanta insistencia en hacerse con Uthor?

—Nadie sabe a ciencia cierta, son solo rumores… —dudó— Lunático dice que los seguidores de Voldemort tienen poderes hemásticos; por supuesto no han podido confirmar que esto sea cierto, pero si lo es, lo más claro sería que de alguna forma Los dragones legendarios nos están haciendo entrar en otra guerra.

—¿Por qué lo hace? ¿Venganza? ¿Poder?

James se alzó de hombros.

—Ni siquiera sabemos quién ese tal Voldemort, no sabemos si es un ciudadano de Uthor o si llegó de otro reino. Solo sabemos que vivía en Avator hasta el momento en que se convirtió en un pirata y comenzó a conquistar las Islas Colindantes. Ni siquiera es un Lord —gruñó—, lo busqué en el Libro de Descendientes y no encontré Voldemort como nombre ni como apellido, por lo que debo suponer que es un alias.

Recordar las horas que había invertido en Nodria buscando al susodicho lo ponían de mal humor. Hasta ahora su frustración se debía a la incertidumbre y temor por recibir un ataque sorpresa. No era honorable atacar sin un aviso previo pero Voldemort no lo había hecho, así que era seguro pensar que tampoco lo haría en el futuro.

—Alguien debe saber más sobre él —aseguró Sirius—, parece imposible que de repente aparece y nadie sabe nada. Tal vez los corsarios que han luchado contra él… tal vez Lily.

—¿Lily? —preguntó incrédulo—. Ella no. Una persona más comprometida con la causa, quizá el señor Dumbledore —dijo lo último con renovadas esperanzas.

Sirius se mostró dudoso.

—¿Es el hombre que dejó a Lily bajo tu cuidado?

—Así es. Tal vez podría enviar una Tormenta a buscarlo.

—¿Crees que lo encuentre?

James soltó una risita, su amigo todavía era escéptico a las artes hemásticas, por supuesto que los Ravenclaw se habían encargado de entrenar a solo un puñado de aves pero estaban debidamente amaestradas.

—Lo hará —aseguró—. No importa la distancia o el tiempo que le lleve.

—Su gracia, señor, debería ver esto —le llamó unos de los guardias que estaba subido en la barbacana del fuerte.

Los hombres intercambiaron miradas confundidas y ambos se dieron a la tarea de llegar hasta donde el guardia les indicaba. Lo que los ojos de James vieron casi lo dejaron sin respiración: un gran grupo de agotados y heridos aldeanos caminaban hacia la entrada de Godric.


¡Hola, bonitas!

¿cómo están? yo súper contenta de traerles este capítulo. Espero lo hayan disfrutado mucho, es el primer pov de James después de varios capítulos y siento que ahora es mucho más claro el por qué de actitud con Lily. Cerramos en un cliffhanger, el último del año. No creo que haya una actualización antes de enero, por eso quiero aprovechar el espacio para desearles una feliz y bella navidad. Disfruten, coman mucho, canten, bailen pero manténganse a salvo. Seguimos en pandemia y pese a las festividades no hay que bajar la guardia.

Quiero aprovechar el espacio también para hacer un agradecimiento especial a Fer que ha comentado cada uno de los caps cosas súper interesantes que me muero por responder, but como aparece como invitado no puedo :c Fer si lees esto y tienes cuenta, por favor deja tus reviews por ahí para poder responder todas la cositas que mencionas y hacerte saber lo agradecida que estoy.

Y del resto de ustedes, muchas gracias por todo el apoyo y los comentarios maravillosos que me dejan. Soy tan feliz de que estén disfrutando la historia, le estoy poniendo mucho empeño, espero no defraudarlas. Me encanta leerlas por favor no dejen de escribir.

Como siempre, les dejo los puntos más relevantes del cap si quieren tomarlo en cuenta para comentar en los reviews c:

1. ¿Cómo les quedó el ojito con la nueva habilidad revelada de Lily en la sanación?

2. ¿Y James? A ver, ¿ya se entiende mejor por qué se puso tan enojado durante la meditación? ¿Qué piensas el respecto?

3. Ahora que han limado asperezas, ¿qué piensas que se viene a continuación? ¿crees que la relación de James y Lily se desarrolle de alguna forma?

4. En temas más importantes. ¿Qué te pareció el Rey? ¿Su reacción ante los ataques? ¿Y la nueva postura de James contra Voldemort?

5. ¡Remusito regresó! ¿Te gustó su breve participación en el cap?

6. ¿Cuáles son tus teorías sobre Voldemort? ¿Crees que Dumbledore les pueda ayudar?

Creo que no me dejo nada por fuera, pero como siempre, si quieres comentar más ¡yo encantada! Mi perfecto regalo de navidad son sus reviews, ¡por favor no se olviden de mí!

Les mando un beso enorme,

S.