Este Fic es una adaptación del libro "Conspiración en la noche" de Jezz Burning la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Troll mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 28
La impertinente nariz de Ichigo se coló entre la cascada de pelo negro, haciéndole cosquillas en
la nuca y produciéndole el conocido hormigueo en la parte interna de los muslos. Su
respiración se hizo más profunda mientras los fuertes brazos masculinos rodeaban su cintura y
la atraía hasta el poderoso pecho.
—No puedes hacerme esto. —Pero mientras sus labios pronunciaban esas palabras, ya había
dejado caer la cabeza hacia atrás para ofrecerle al sueco un mejor acceso a su cuerpo.
—Claro que puedo —murmuró en su oído acariciándole los pechos por encima de la fina
camiseta que los cubría.
—No tienes dignidad y consigues que yo olvide la mía.
—Eso no es un problema ni una excusa con suficiente peso para que la tenga en cuenta. Prueba
con otra —ofreció mientras mordisqueaba la suave piel del cuello.
—Te odio.
—No es verdad, te excito, te cabreo, te enciendo. Me deseas pero no me odias.
—Eso es lo que quieres creer. Eres como un niño que no acepta la realidad. Insufrible e
inmaduro —recriminó entre suaves jadeos.
—Y, sin embargo, la verdad es que no quieres marcharte.
—Sí quiero.
—Olvidas que he estado dentro de tu cabeza. No puedes negarme lo que sientes aunque todavía
no quieras aceptarlo ni para ti misma.
Sus manos quemaban al contacto con la piel mientras se abrían paso bajo el sujetador.
—No sé qué esperas de mí.
—No espero nada. Me vale con lo que hay. Siempre he vivido planeando el futuro, ya es tiempo
de que empiece a disfrutar del presente.
—No eres justo —volvió a quejarse al notar los pulgares acariciar sus pezones en círculos.
—Jamás he dicho que lo fuera.
—No puedes chantajearme de esta forma. Estoy en considerable desventaja, yo no puedo entrar
en tu mente.
Ichigo la tomó por las caderas, la hizo girar entre sus brazos y la desnudó de cintura para arriba.
—No te hace falta, soy completamente sincero contigo —dijo antes de lamer uno de los senos.
—No sé qué puedo esperar de ti —logró decir a duras penas, aferrada fuertemente a los
hombros del macho—. No sé... qué sientes.
—Siento que estoy contigo como con mis zapatillas viejas, ¿te vale? —declaró tan cerca de sus
labios que podía casi paladear su sabor.
—Bésame. Y ya te diré después si con eso me basta.
Ichigo la besó, manteniendo por unos segundos aquella sonrisa malintencionada que lo hacía
irresistible. Acarició con la lengua cada uno de los recovecos de la boca de Rukia, saboreando
su dulzor y exigiendo la respuesta deseada. Los sentidos de la hembra se agudizaron
provocados por los roces de la lengua de Ichigo que la exploraban con seguridad implacable,
entregándose a él. Las manos recorrieron la espalda masculina, deleitándose ante su fortaleza y
envergadura. El sueco abandonó su boca para perderse en la suavidad del cuello y hundir el
rostro en la curva de los hombros, sin dejar de acariciarla con los labios, emprendiendo un
camino de sensaciones, con la punta de la lengua. Sin dejar de tocarla ni un solo instante, Ichigo
se apoderó de sus pechos nuevamente encerrándolos entre las manos con dureza, provocando
un exquisito dolor.
Rukia ya completamente abandonada al placer, lo agarró por el trasero, introduciendo sus
manos dentro del pantalón de éste y apretó los duros glúteos, acercándolo todavía más a ella,
notando en su vientre la protuberancia y dureza del miembro masculino, expresando así el
deseo que sentía. Antes de que pudiera darse cuenta el sueco ya empujaba sus pantalones
hacia abajo para tenerla completamente desnuda a su merced. Coló los dedos bajo la pequeña
ropa interior, perdiéndose en el sexo femenino e impregnándolos con su humedad. Rukia dejó
escapar un jadeo por la íntima caricia. Aquello lo volvió completamente loco y se apoderó de su
boca a la vez que la penetraba rudamente otra vez. La respuesta de ella estuvo exactamente al
mismo nivel, intentando hacerlo suyo, rodeándole el cuello con sus brazos, perdiéndose en la
pasión desenfrenada que se provocaban mutuamente, mordiéndole los labios en un acto de
completo arrebato. Ichigo la levantó por las caderas, alzándola hasta sentarla sobre la única
mesa que había en la sala.
Necesitaba hundirse en ella con urgencia, notarla a su alrededor, sentir el miembro prisionero
de su sexo. Sin paciencia para quitarse la única prenda que lo cubría, la rasgó sin compasión y
antes de que Rukia pudiera darse cuenta se hundió en ella con un rugido de satisfacción,
notándola suave y caliente. Muy caliente y deliciosamente estrecha.
—«Kia...»
Rukia lo rodeó con las piernas y coló una mano entre sus cuerpos, sujetándolo por la verga,
acariciándolo mientras se perdía dentro de ella una y otra vez. Un gruñido de placer surgió de la
garganta del sueco que emprendió un nuevo ataque contra sus pechos, martirizando los
endurecidos pezones con los dientes. La lujuria se adueñó de sus cuerpos, haciéndolos
temblar, las convulsiones eran cada vez más fuertes y el ritmo más acelerado. Gemidos
incontrolados emergieron de entre sus labios, mientras se devoraban. Hambrientos.
Enloquecida de placer, Rukia abandonó las caricias en el sexo masculino para abrazarlo,
arañándolo en el proceso, mordiéndolo en el hombro izquierdo, mientras Ichigo seguía entrando
en ella con vigor hasta que el orgasmo estalló en sus cuerpos con espasmos de placer
incontenibles.
En toda su vida no recordaba haber dormido tanto ni despertado con aquella tranquilidad que la
invitaba a desperezar el cuerpo nada más abrir los ojos. Era algo a lo que una podía
acostumbrarse muy rápidamente.
Después de la maratón de sexo a la que Ichigo sometió a su cuerpo, iniciada en la sala del
ordenador y terminada un par de horas después en su dormitorio, se rindió al sueño saciada y
satisfecha. El sueco podía tener muchos defectos pero estaba más que claro que el sexo era
una de sus virtudes más sobresalientes.
Aunque era evidente que tenía otras muchas igual de valiosas. Sabía escuchar. A su manera,
había sido amable con ella, incluso en los momentos en que habían discutido y ella le había
escupido veneno.
Tenía una personalidad arrolladora. La había protegido, aun cuando ella no lo deseara o no
pensara que tal protección fuera necesaria. La hacía reír, hasta de sí misma cuando la situación
había sido tan seria que lo más lógico habría sido pensar que el humor estaba fuera de lugar.
Recordó, reprimiendo nuevas risas, el momento en que salieron de la sala a hurtadillas,
desnudos y a toda velocidad hacia la habitación. Como dos cómplices escapando de una buena
travesura. Ichigo andaba tras ella, propinándole pequeñas palmaditas en el trasero para que
fuera más rápida. En ese instante se terminó la idea original de hacerlo en silencio, pues
rompieron en escandalosas carcajadas. Supuso que Chad tuvo que oírlos, estaba segura.
Pero el indio era, ante todo, muy discreto y no apareció en ningún momento.
No tenía ni la más mínima idea de cuánto tiempo había dormido, así que optó por no demorarse
más y se levantó dispuesta a iniciar la jornada. La operación de aquella noche era la más crucial
de las realizadas y necesitaría de una buena planificación y sincronización para evitar errores
que podían costarles la vida.
Imaginó que el primer lugar donde encontraría a alguien sería en la cocina, allí solía refugiarse
Chad. Sin embargo, cuando llegó no había ni rastro del indio. Fue entonces hasta el taller
para comprobar el estado de Halibel y allí lo encontró, acompañado de Trece que le seguía los
pasos como si fuera su sombra. Chad, agachado junto a la licántropo que aún acusaba los
efectos de la droga, verificaba las constantes vitales de la hembra.
—No tardará en recuperarse —dijo y respiró hondo antes de continuar—. Ichigo se marchó hace
como una hora. Estuvo enviando un mensaje sobre el secuestro de Halibel y realizando algunas
llamadas, después se largó sin dar más explicaciones. ¿Has dormido bien? —preguntó sin
mirarla.
—¿Cómo sabes que estoy aquí?
—Mis oídos se han acostumbrado a distinguir los sonidos del bosque y registran con rapidez
cualquier cambio que se produzca en mi entorno —explicó mientras caminaba hacia ella,
seguido del chihuahua, volviendo al interior.
—Debe de ser maravilloso vivir en un lugar así —comentó mientras se agachó para acariciar la
cabeza de Trece que la miraba con la cola en movimiento.
—Lo prefiero al bullicio de la ciudad. Y Galilahi también.
—¿Siempre habéis vivido en esas cuevas que mencionaste?
—No. Antes de acomodarnos allí, pasamos un tiempo cerca del mar. Pero sólo fue de paso. Para
que ella y Malcom pudieran verlo —explicó y sus ojos se iluminaron al hablar de su esposa.
—Debes quererlos mucho.
—Los amo. Daría mi vida por ellos sin dudar un sólo instante. —Chad comprobó que sus
palabras habían afectado a la Pura de un modo extraño.
Generalmente las hembras solían mostrar algún gesto de ternura cuando un macho exponía así
sus sentimientos, sin embargo, por un fugaz segundo, el semblante de Rukia reflejó
incredulidad y algo que el indio sólo pudo interpretar como tristeza.
—¿Ocurre algo? —quiso saber.
Rukia supo que componer la imagen de control con el que disfrazó su rostro no consiguió
engañar al indio, así que decidió sincerarse.
—Únicamente me ha sorprendido que se pueda llegar a amar de esa forma. Es hermoso y a la
vez... —buscó la palabra más cercana a lo que sentía— trágico.
—Es una manera de verlo, desde luego —concedió.
—¿No estás de acuerdo?
—Si supieras por todo lo que he pasado a lo largo de mi vida y las razones, quizá pudieras
entender mejor mis palabras.
—Es posible. —Sin embargo a su rostro volvió aquel delgado velo de desazón.
Chad la miró por espacio de varios segundos antes de girar sobre sus talones y entrar en la
cocina.
—Rukia, ¿has estado enamorada alguna vez? ¿Enamorada de verdad? —preguntó el indio aún
dándole la espalda.
Rukia agradeció el gesto que le otorgaba cierta intimidad para responder, como los cristianos
cuando se refugiaban tras un entramado de madera en el confesionario, lejos del rostro de su
confesor.
—He sentido atracción, si es a lo que te refieres.
—La atracción está bien. Es lo que suele aparecer en primer lugar. Pero más tarde se convierte
en algo más profundo y afloran los sentimientos y las emociones —explicó Chad intuyendo
lo que le ocurría a la Pura—. Sientes algo por Ichigo, ¿verdad? —Rukia evitó contestar a la
pregunta y sólo entonces Chad la miró brevemente—. El sueco puede ser un verdadero hijo
de perra cuando se lo propone, pero no tiene mal fondo. Es implacable pero no es cruel. No
debes tener miedo a lo que sientes.
—No es miedo —se atrevió a decir.
—¿No?
—No. Pero Ichigo es..., más que un Dominante y yo una Pura.
—¿Es lo natural no? Quiero decir; que te sientas atraída por un macho superior.
—Nunca he consentido que un macho me imponga su voluntad —resumió.
—Entiendo.
—No sería una relación equitativa.
—Con Ichigo jamás podría serlo —aseguró el indio pensando en la naturaleza maquinadora del
sueco—. Sin embargo, jamás he visto que imponga su voluntad, tal como tú lo has descrito. Te
sugestiona lo suficiente para que pienses que ha sido decisión tuya. Con lo cual, si no lo cazas
en un renuncio...
—Es un inmaduro incapaz de reconocer nada —sentenció cruzando los brazos sobre el pecho.
Chad recordó la discusión que presenció en la que Rukia trató de sonsacar al sueco el
verdadero motivo de sus acciones.
—¿Has pensado que quizá esté igual de confundido que tú?
Chad esperó la respuesta aunque ésta no llegó. Cuando ya estaba por formular la cuestión de
otro modo, ofreciendo alguna explicación, Yumichika apareció tambaleándose, boqueando y con
heridas sangrantes.
Alarmados, Rukia y Chad corrieron en su ayuda y entre ambos lo llevaron hasta un
dormitorio.
—Han asaltado el Latin Kiss —explicó.
Ichigo observó la central cerca de Upsala, desde el mismo lugar donde se había ocultado la vez
anterior. La actividad era escasa. Evidentemente Aizen ya había movido ficha tal como
esperaba, agotando sus recursos.
Caminó, siempre oculto, alrededor de la edificación calculando con cuánto transporte rodado se
encontrarían, aunque le era imposible saber a qué puntos habían sido destinados. Quizá si
hubiera pedido a Rukia que lo acompañara ella podría conjeturar en base a ese dato, pues
estaba seguro de que sabría el número inicial con que contaba cada instalación.
Pensar en la hembra lo hizo sentirse extraño. Jamás antes había notado tal afinidad con otra
licántropo. Había pasado con ella momentos de risas y de discusiones y, ¡por todos los
demonios que le gustaba cuando la veía furiosa! Sus relaciones anteriores se habían basado
únicamente en el sexo.
Nunca se había tomado la molestia de conocer, ni brevemente, a ninguna de sus compañeras
de cama. Y realmente tampoco es que hubiera encontrado nada especial en ellas como para
sentir esa necesidad. Pero Rukia era diferente en muchos aspectos: no se rebajaba, luchaba
hasta el final, defendía sus opiniones a capa y espada, tenía un sentido de la justicia y del deber
equiparable al suyo. Y entre sábanas... ¡Demonios, era perfecta! Todo en ella lo hacía sentirse
cómodo, sin embargo, esa misma sensación era la que conseguía ponerlo nervioso cuando
pensaba en ello.
Recordó el día en que la conoció. Lo miró directamente a los ojos, aguantándole la mirada
incluso al ser informada de quién era él y quién era ella en realidad. Cuando Einar quedó en
silencio después de su presentación, Rukia se cruzó de brazos, dejando el peso de su cuerpo
descansar sobre una pierna, gesto que remarcó el atractivo de sus caderas. Sonrió
rememorando cómo se tensó su entrepierna sólo con aquel inocente movimiento de la hembra.
Después su recuerdo viajó al momento en que volvió a verla en Kulturhuset. Ella se había
acercado a él, hablándole directamente aunque no lo reconoció, como era de esperar. Una vez
pudo sobreponerse a la sorpresa inicial, de nuevo la excitación más agresiva se apoderó de su
cuerpo. ¡Y por el infierno que hasta sentía ganas de volver sólo para aspirar su aroma de nuevo!
Ya había decidido desandar el camino hasta casa cuando advirtió una sombra sobre el suelo en
la parte trasera del edificio. Provocó una semi transformación para beneficiarse de un mejor
sentido de la vista y el olfato y le sorprendió descubrir al lobo que lo había ayudado en su
anterior visita.
El pobre animal, antes libre, ahora estaba atado con una soga, sin tan siquiera un poco de agua
y mostraba señales de haber sido golpeado violentamente. Ichigo, maldiciendo, trató de
comunicarse con él y reaccionó buscándolo con los ojos, cabizbajo y dolorido, sin fuerza para
moverse. Apretó los labios, reprimiendo el deseo de estrangular al verdugo y comenzó a idear
una forma de sacarlo de allí.
«Tranquilo, hermano. No me iré sin ti.»
Acomodaron a Yumichika en la primera habitación y Chad se apresuró hasta la cocina para
preparar un emplasto que aplicar a las heridas. Rukia observó los rasguños en la cara y las
manos, aunque su ropa sólo mostraba alguna rotura en las rodillas, las cuales aparecían
destrozadas.
—¿Qué ha pasado?
—La verdad es que no sabría decirte. Acababa de llegar a casa para recoger algunas cosas que
podríamos necesitar esta noche, cuando oí ruido en el local. Vivo en el piso de arriba, ¿sabes?
—Continúa —lo animó Rukia para que no se anduviese por las ramas.
—Pensando que las chicas habían llegado, bajé para recibirlas y comentarles cuatro cosas que
debían tener presentes durante mi ausencia; como no entrar en mi despacho, por ejemplo. No
me gusta que nadie remueva mis cosas.
—A nadie le gusta.
—Me encontraba a medio camino, en la escalera que desciende directamente de mi
apartamento, cuando supe que no podían ser ellas. El local estaba a oscuras; si hubieran sido
las chicas lo primero que hubieran hecho es encender la luz, ¿verdad?
—Verdad —convino.
—Continué bajando despacio, intentando no delatarme. Oí cómo varios machos hablaban entre
ellos pero no pude entender qué decían, aunque para mí estuvo claro que trataban de
organizarse. Justo cuando llegaba a los últimos escalones para echar un vistazo, uno de ellos
apareció en el hueco de la escalera. ¡Casi se me para el corazón! Era enorme y feroz. Muy
atractivo también —añadió en otro tono—, todo hay que decirlo, pero terriblemente feroz —
repitió volviendo a dejar que el miedo se apoderara de su voz—. Di media vuelta y comencé a
subir de nuevo para escapar.
—¿Te vio? ¿El macho te vio?
—No lo sé —sollozó.
—Entonces, ¿cómo te has hecho eso? —Señaló las heridas— ¿No te atacaron?
—No —dijo con espanto en la mirada—. Estas heridas me las hice tratando de salir por una de
las ventanas de mi apartamento. La bolsa con el material que quería traer se enganchó en algún
sitio cuando ya me encontraba fuera con quince metros de caída libre debajo de mí. Intenté que
se soltara pero se rompió el asa y caí de bruces contra el asfalto.
Rukia cerró los ojos, concentrando todas sus fuerzas y su autocontrol en no soltar la
carcajada que pugnaba por liberarse.
—¡Oh, querida! No te aflijas. Me repondré —aseguró, tomándole las manos y dando ligeros
toquecitos sobre ellas con las suyas.
Rukia tensó los labios para mordérselos, mientras bajaba la cabeza hasta tocarse el cuello con
el mentón, para evitar que Yumichika pudiera notar el esfuerzo que estaba realizando. Gracias a los
dioses, Chad apareció en la estancia y aprovechó para salir a toda velocidad.
—Pobrecita, está realmente afectada —oyó que le decía al indio.
Con esto último, la Pura corrió hasta encerrarse en la sala del televisor y dio rienda suelta a su
hilaridad. Cuando logró serenarse volvió a abrir, sintiéndose algo culpable por la situación. En
realidad lo ocurrido era muy serio, pero la imagen del gran licántropo eslavo colgando del
edificio, únicamente agarrado a las asas de una bolsa de equipaje, pudo con ella.
Ichigo hizo su entrada cuando la hembra comenzaba a preguntarse si el plan de aquella noche
se había pospuesto.
—¿Dónde está Chad?
—Atendiendo a Yumichika. Han atacado el Latin Kiss.
—¿Quiénes? —Mientras Rukia le relataba lo ocurrido, el indio volvió con un cuenco vacío
entre las manos—. ¿Yumichika está bien?
—Se ha partido las rótulas pero se repondrá. Aunque dudo que pueda acompañarnos esta
noche. Necesitará varias horas para que el hueso se suelde.
—Tendré que variar un poco los planes, pero tiene que ser esta noche. Aizen ya ha movido
ficha para protegerse, si dispone de más tiempo es posible que consiga desaparecer.
—Nos las arreglaremos —aseguró Rukia—. Yo puedo encargarme de la zorra de ahí afuera. Tú
debes llevarte a Chad para ayudar a tu padre.
—Sólo si estás completamente recuperada —puso como condición.
—¿Te pareció que no lo estaba hace un par de horas? —preguntó la Pura con una negra ceja
arqueada.
Ichigo sonrió de medio lado antes de volver su atención a Chad.
—Vuelve a llenar eso que llevas de tu pasta mágica, hermano. Tenemos otro paciente. Y tú —
dijo a Rukia—, prepárate. Saldremos todos en media hora.
—Una vez la entrega de Halibel esté terminada yo podría... —Rukia no quería perderse el asalto
a Skokloster.
—No. —Fue la contestación que recibió del sueco quien ya caminaba hacia el exterior seguido
de Chad.
