Derechos reservados a los personajes de Naruto, la obra del japonés Masashi Kishimoto.
Gracias evanessen2511 por comentar! *-*. Te volví a contestar por mensaje privado.
—¿Aló? —contestó una voz del otro lado.
—Necesito que vengas, Konan-san —dijo Hinata.
Konan, del otro lado de la línea, sonó ligeramente curiosa.
—Ya está bastante tarde. ¿Parece ser que los Akatsuki te dieron problemas?
—Un poco —admitió Hinata, y luego añadió con solemnidad—: Ya es hora de que empecemos el verdadero plan. ¿Terminaste tu parte?
—Sí, Hinata-san.
Konan y Hinata discutieron un poco más, y luego ella colgó.
Hinata miró su ropa llena de polvo, sudor y manchas de sangre, y arrugó levemente la nariz.
—Tengo que estar presentable para hablar con mi padre y Madara.
Pero antes de ejecutar cualquier otra acción, Hinata empezó a toser de manera incontrolable. Ella se tomó la garganta, sintiendo que se ahogaba. Entonces se percató que una brillante sangre escarlata había salido a borbotones de su boca.
«Estoy muriendo», pensó Hinata. Apretó los labios, sacó un pañuelo y rápidamente se limpió con él.
Hinata continuó sin más dilatación. Utilizó un henge para cambiar su aspecto al que tenía habitualmente e hizo unos sellos con las manos para abrir la entrada del recinto del Dios Árbol, que una vez empezó la pelea había sido sellada para que los Akatsuki no pudieran escapar. Caminó a través de ella, y luego se adentró en el largo y sombrío túnel consecuente.
En el momento en que no sintió más su firma de chakra, Itachi Uchiha salió de su escondite.
Desde antes de que el autor supiera qué hacer con él, Itachi había decidido que iba a hacer lo que se le daba la gana.
—Así que Konan está involucrada en esto —reflexionó Itachi—. Entonces que Kakuzu encontrara un bus tan barato no fue casualidad… Konan definitivamente tuvo algo que ver.
Tenía la corazonada de que Hinata volvería, así que Itachi prefirió quedarse y no arriesgarse a ser detectado por un Hyūga en el exterior.
Un pasado no olvidado
Itachi tuvo razón. Unos cuarenta minutos después de su partida, Hinata apareció nuevamente, pero esta vez acompañada de Hiashi Hyūga y Madara Uchiha.
Como el líder del Clan Hyūga no podía ver en la oscuridad, tanto él como Hinata, aunque ella ya no necesitara de la luz por la evolución de su Dōjutsu, cargaban lámparas portátiles modernas.
Itachi ocultó su chakra por completo. Ahora mismo, tanto Hinata como Hiashi eran los únicos capaces de detectar su presencia usando el Byakugan, pero no creía que ninguno lo activara. Ambos tenían la guardia baja.
—Los Akatsuki se encuentran aquí —dijo Hinata, mostrándole a su padre y a Madara las nuevas adquisiciones del Dios Árbol. Además de ser evidente que había ocurrido una feroz batalla, la sangre especial de los Akatsuki era inconfundible para narices sensibles, como las de los vampiros puros y los Hyūga, que tampoco eran totalmente humanos.
Hiashi pareció satisfecho al ver los nuevos capullos que colgaban de las ramas del Shinju. Era imposible saber si se trataba de ellos a simple vista, pero había un residuo de chakra flotante en cada de uno de estos, lo que reafirmaba su existencia.
—Sabía que estabas pensando en una forma de acabar con ellos, Hinata —comentó Hiashi en un tono que si se escuchaba con atención, sonaba orgulloso—. Me habían alarmado las palabras de tu asistente, pensando que habías perdido de vista tus obligaciones, pero veo que estaba equivocada. Me complace mucho que los atraparas. Los Akatsuki continuamente hacían lo que querían, sin tener ninguna consideración de las leyes entre humanos y vampiros, pero se habían librado tantas veces de juicio porque su poder era suficiente para representar una seria amenaza para todo el Clan Hyūga.
—Yo simplemente seguí las instrucciones de Madara-san, padre —dijo Hinata con modestia.
Madara no comentó nada al respecto, pero las comisuras de sus labios se alzaron hacia arriba, indicando su aprobación.
Hiashi asintió con la cabeza.
—Me parecía extraño que Madara-san los hubiese dejado hacer cosas a su antojo por tanto tiempo. Con su poder, acabar con todos ellos no hubiese sido tan difícil.
—Había una razón especial por la que no me metía con Akatsuki —respondió Madara—. Tenía un espía entre ellos. En vez de desperdiciar su poder en alimentar al Shinju, prefería usarlos para mi propio beneficio.
«¿Espía?», pensó Itachi, desconcertado.
—¿Espía? —repitió Hiashi, curioso.
—¿No creerán que fue casualidad que Tobi nos informara que iban en camino a exterminar al Clan Hyūga, verdad? No se trataba de ninguna amenaza, Hiashi. Simplemente me estaba avisando de antemano sus movimientos.
Un destello de sorpresa brilló en los ojos oscuros de Itachi.
Tanto él como los demás Akatsuki jamás hubiesen sospechado de una confabulación entre Tobi y Madara Uchiha. Tobi había entrado como último miembro en la banda, era conocido por ser un bufón en el grupo y sin contar su habilidad especial con el Kamui, su poder en general era considerado inferior al de los otros.
Por la falta de reacción en Hinata, ella también parecía saberlo. Hiashi e Itachi eran los únicos sorprendidos, aunque en sus rostros impertérritos era difícil leer algún atisbo de sus verdaderas emociones.
—¿Ese hombre, Tobi, era un espía? —dijo Hiashi, interesado—. ¿Pero a qué se debe que ahora deseara matarlos, Madara-san?
—Tobi me traicionó —afirmó Madara con un tono oscuro.
La temperatura decreció varios centígrados después de sus palabras. Ni Hiashi ni Hinata siguieron con el tema.
—Hinata, ¿cómo has conseguido atrapar a los Akatsuki? —inquirió Hiashi—. Incluso si has mejorado mucho, tu poder actual no debería superar al de uno o máximo dos miembros. Mucho menos si están todos juntos.
Hinata sonrió.
—No te preocupes por eso, padre. Con el poder que tengo ahora pude acabar con ellos fácilmente.
A continuación, Hinata deshizo el henge, y se hizo visible el notorio cambio en su apariencia física.
—Hinata… Tú… —Por primera vez, el rostro de Hiashi reflejó una genuina emoción: rabia—. ¿Cómo te has atrevido a profanar el fruto del Shinju? ¡Eso es tabú!
—Un tabú infundado —opinó Madara—. Hinata hizo bien en desenterrar esas tradiciones arcaicas.
—¿Fuiste tú quien la incentivó para hacerlo, Madara-san? —Los ojos de Hiashi se entornaron con molestia—. Las tradiciones del Clan Hyūga deben ser respetadas.
—En realidad fue mi decisión, padre —intervino Hinata con tranquilidad—. Necesitaba ser más fuerte para proteger al Clan Hyūga.
—Conseguir poder a cualquier precio no es el estilo de los Hyūga, Hinata. —Hiashi miró a Madara de reojo, y por la connotación de su mirada, era claro lo que quería insinuar—. Ese es el estilo de otros Clanes, no del nuestro. Nosotros honramos el talento que se perfecciona con el trabajo duro; como tu primo, Neji.
Madara no lució ofendido; incluso esbozó una sonrisa ladina.
—Hiashi, ¿sabes por qué el Clan Uchiha fue mucho más poderoso que el Clan Hyūga en Naruto?
—¿Porque Kishimoto les tenía preferencia? —soltó Hiashi sin pensar.
—Sí —reconoció Madara con cierta molestia—, pero también se debía a que nosotros los Uchiha somos más flexibles en nuestras formas de conseguir poder. Ya sea implantarnos las milagrosas células de Hashirama, hacer pactos con serpientes pedófilas o suicidarte para darle más poder a tu mejor amigo, todo ese tipo de cosas están presentes en el Clan Uchiha. El Clan Hyūga, por otro lado, nunca se atreve a arriesgar nada para ganar más poder, por eso nunca consiguen más poder.
—Madara-san tiene razón, padre. Es hora de que el Clan Hyūga se fortalezca —lo secundó Hinata.
—Hinata… —Hiashi se la quedó mirando. Seguía sin estar muy convencido, pero podía ver que su hija, como futura líder, solo estaba pensando en lo mejor para el Clan. Sin embargo, pronto su rostro adoptó una expresión amarga, y añadió—: Aun así, ¡lo que hiciste fue demasiado arriesgado! Comer el fruto del Shinju es tabú precisamente porque quien lo come tendrá un poder abundante, pero morirá al poco tiempo de consumirlo. Nuestro cuerpo no está diseñado para soportar tal poder.
—Naturalmente, ya pensé en una forma de refrenar sus efectos negativos —repuso Madara con sagacidad—. La sangre del rey de los vampiros es la única que puede convertir humanos, o cualquier otro ser, en vampiros impuros. Aunque los miembros del Clan Hyūga no son humanos, su esperanza de vida es tan corta como la de ellos. Hinata va a ser mi esposa. Si comía del fruto del Shinju y la convertía, sería posible alargar su vida y al mismo tiempo darle mucho más poder.
—Lo que quieres decir es que… ¿planeas convertir a Hinata en vampiro? Nunca se había escuchado algo como eso antes; que un Hyūga, un cazavampiros por naturaleza, se convirtiera en un ser de la noche… —Hiashi frunció el ceño, y señaló malhumorado—: Pero eso no deja de ser contradictorio con los principios del Clan Hyūga.
—Madara-san… va a ser mi esposo, padre —replicó Hinata. Hiashi podía percibir la determinación en sus palabras; cuando su hija actuaba de esa manera, no había poder humano que la hiciera cambiar de opinión. En ese sentido era parecida a él—. Convertirme en vampiro ayudaría a fortalecer la alianza.
—Ya comió del fruto, Hiashi —dijo Madara, divertido—. Incluso aunque estés en desacuerdo, si no la convierto pronto Hinata morirá.
Hiashi no lucía totalmente convencido, pero después de escuchar la gravedad de las palabras de Madara, solo pudo sostenerse la frente arrugada con los dedos y suspirar con resignación.
—Veo que han pensado muy bien todo esto. Está bien. Entonces solo puedo desear una cosa para ambos. —Hiashi añadió con una voz solemne—: Quiero tener nietos pronto.
—¡Padre! —El rubor explotó en las mejillas de Hinata. Itachi fue capaz de ver cómo su fachada de calma se desquebrajaba con ese comentario.
—A mí no me molestaría. —La mirada de Madara se encontró con la de Hinata, y lentamente, sus labios se curvearon en una sonrisa seductora. Ella, quien no se esperaba el gesto, se ruborizó aún más.
—¿Quieres tener hijos con Hinata? ¡Ja! Sobre mi cadáver. —Una voz resentida murmuró en un tono bajo al lado de Itachi y él volteó a ver la fuente de sonido. Cuán grande fue su sorpresa cuando vio que se trataba de Tobi.
—… —Itachi cayó en cuenta de que a pesar que ahora tenía a otro Akatsuki de su lado, justamente resultó ser un antiguo traidor.
Tobi sintió que lo estaban observando, así que giró la cabeza hacia Itachi y se llevó la mano en la cabeza, como en un saludo militar. Su gesto parecía decir: «¿Qué onda?».
Sin pensar mucho en cómo Tobi había logrado escapar de las garras del Shinju, Itachi solo pudo negar con la cabeza en silencio con un gesto resignado.
—¿Cuándo piensas convertirla, Madara-san? —preguntó Hiashi, viendo preocupado la palidez enfermiza en el rostro de Hinata.
—Ahora mismo —afirmó Madara con convicción—. Hinata, es hora de que cumplas con lo pactado. El poder del Shinju será mío.
El semblante apergaminado de Hiashi se endureció de inmediato.
—¿Hinata? ¿A qué se refiere Madara-san con eso? ¿Qué le prometiste? —inquirió Hiashi girando la cabeza a su hija. Hinata no lo miró de vuelta—. Hinata, mírame cuando te hablo.
Lentamente, los ojos celestes de Hinata se encontraron con los de su padre, pero a la vez, no parecían realmente mirarlo. Esos ojos reflejaban una frialdad similar a la manera en cómo Hiashi veía a Hinata cuando era una niña.
—Padre, has sido por mucho tiempo el líder del Clan Hyūga —sentenció Hinata—. Como no me querías ceder el puesto, he hecho un trato con Madara.
Una expresión indescifrable se plasmó en el rostro de Hiashi.
—Hinata, ¿qué significa esto? —En el fondo, Hiashi realmente estaba confundido. Bajo sus enseñanzas, Hinata se había convertido en la persona que él siempre había deseado que fuera. ¿Por qué ahora lo despreciaba, como si fuese su enemigo?
—Significa, Hiashi, que Hinata es oficialmente la nueva líder del Clan Hyūga. Tú, en cambio… —La media sonrisa de Madara se acentuó—, debes morir.
Antes de que Hiashi pudiera procesar sus palabras, Madara desenvainó su katana y de una estocada atravesó su pulmón izquierdo y corazón. Al poco tiempo, el cuerpo de Hiashi cayó como un muñeco sin hilos.
Inmóvil, con la mirada fija en el cuerpo inerte de su padre, los ojos de Hinata expresaron una profunda melancolía.
«Tobi tenía razón…», pensó Hinata. «Este mundo es realmente horrible».
—¿Hinata? —la llamó Madara. Hinata salió de su estupor—. Estás llorando.
Fue en ese momento que Hinata sintió las gotas húmedas bajar todo el camino hasta su barbilla. Efectivamente, había empezado a llorar.
Cuando quiso secárselas con las manos, Madara se acercó a ella y posó sus dedos callosos en sus mejillas.
—Desde siempre has sido muy emocional, Hinata —murmuró Madara con un tono severo—. Pensé que eso había cambiado, pero veo que sigues siendo igual de indulgente.
Hinata bajó la barbilla, evitando verlo a los ojos. Esas palabras las había escuchado antes. Aquellas palabras la torturaban por las noches desde que era niña. ¿Por qué? ¿Por qué era una persona tan frágil?
—Aun así… no me molesta. —Madara puso el dedo índice debajo de su barbilla y la forzó a mirarlo. Hinata se percató entonces de que los ojos con los que Madara le miraba eran, extrañamente, gentiles—. A pesar de todo, creo que he aprendido a apreciar ese lado humano en ti.
Madara cortó su muñeca con un kunai y cuando la sangre comenzó a brotar, le ordenó:
—Abre la boca.
Ella obedeció sin protestas. Abrió la boca dispuesta a inclinarse a beber de su sangre, pero él negó con la cabeza. Madara lamió el reguero de sangre que se deslizaba por su brazo y, de manera inesperada, tomó su barbilla y deslizó esa misma lengua en el interior de su boca. Hinata abrió los ojos hasta los límites cuando sus lenguas se acariciaron. Madara la estrechó contra sí mientras la besaba.
—¡Ahora sí lo mato! —Pero Tobi no pudo hacer nada porque Itachi lo sostuvo del cuello de la capa, evitando que hiciera alguna tontería.
Madara percibió entre sus brazos cómo Hinata se había quedado de piedra. Lo único que parecía sugerir que seguía consciente eran sus manos. Los sostenían de la ropa con un agarre que era difícil de decir si quería apartarlo o quería que siguiera besándola.
Finalmente, él se separó de su rostro. Cuando vio el furioso sonrojo que cubría las mejillas de Hinata, en sintonía con su expresión pasmada, la boca de Madara se desdibujó en una sonrisa.
—Pronto seremos marido y mujer —dijo él con un tono divertido—. ¿Por qué estás tan avergonzada, Hinata?
Hinata desvió la mirada y no comentó nada. Sin embargo, aquel intenso sonrojo no desapareció de su rostro.
En ese instante, una figura esbelta apareció en la entrada del santuario. Era una mujer vestida con una capa de nubes rojas, un piercing en su labio inferior y una flor de papel en la cabeza. Sus grandes ojos ámbar, enmarcados por tupidas pestañas, miraban todo de manera distante; al mismo tiempo, su simple presencia evocaba un enorme respeto. Era Konan.
—¿Interrumpo algo? —Konan miró la manera en que Madara la sostenía en brazos con una ceja alzada.
Hinata quiso decir que todo era un gran malentendido, pero luego recordó que, en el exterior, ella y Konan eran enemigas.
—Veo que te faltó un Akatsuki, Hinata —comentó Madara casualmente, y soltó la cintura de Hinata y volteó a ver a la invasora.
—Ella no estaba con los otros cuando los llevé aquí —dijo Hinata con semblante severo.
—Madara Uchiha. —Konan entornó la mirada—. No voy a dejar que utilices las vidas de los Akatsuki para tus planes.
—¿Acaso debo recordarte de tu historial con Uchihas? —se burló él—. No me hagas perder el tiempo.
Konan no pareció afectada por la provocación. En cambio, sonrió sin mostrar los dientes.
—¿De qué te ríes? —inquirió Madara frunciendo el ceño. Todos sus compañeros habían sido derrotados. Contra él y Hinata no tenía ni la más mínima posibilidad de ganar.
—Itachi Uchiha. Ya puedes salir —dijo Konan.
Itachi enarcó las cejas. Miró a Tobi de reojo, pero él solo le mostró el pulgar apuntando hacia arriba, alentándolo. Con un tic de irritación en su ceja izquierda, Itachi ni se molestó en despedirse de él.
Un centenar de cuervos hicieron reaparecer el cuerpo de Itachi Uchiha en el lugar donde Konan se encontraba. Itachi se manifestó como un ser imperturbable que había planeado hacer su aparición desde el inicio.
—¿Cómo sabías que me había librado, Konan? —murmuró Itachi para que solo ella pudiera oírlo.
—Lo supuse —dijo Konan con sinceridad.
—Te faltaron dos Akatsuki, Hinata —comentó Madara con la misma calma—. ¿Qué? ¿Creían que me iba a asustar porque me estoy enfrentando a Itachi Uchiha? No me hagan reír. Hinata, mátal-…
En ese momento un hilo de sangre bajó por la barbilla de Madara. Frunciendo el ceño con dolor, miró por el rabillo del ojo a Hinata, quien con ojos vacíos había atravesado con el brazo infundido en chakra la parte izquierda superior de su cuerpo.
Al igual que Hiashi, Madara tampoco previó su muerte. Hinata nunca había sido el tipo de persona que guardara rencor por nadie, por lo que no era dada a traicionar ni siquiera a sus propios enemigos. Esa era una de las razones por las que Madara había sido lo suficientemente descuidado para bajar la guardia en su presencia.
—¿Por qué? —exigió Madara una explicación. Detrás de sus palabras llenas de rabia, en el fondo se sentía algo dolido por su inesperada traición.
—Hace mucho tiempo, Obito Uchiha partió de la casa Hyūga a salvar a Rin Nohara, y jamás regresó —empezó Hinata a relatar el pasado—. Muchos años después investigué esa noche. No solo Obito no pudo salvarla, sino que fue torturado a muerte por los otros miembros del Clan Uchiha. —Los ojos de Hinata irradiaban un profundo resentimiento, que parecía asomarse a la luz después de años de mantenerlo oculto en algún lugar roto de su alma—. Y tú… fuiste quien les avisaste que Obito iría a salvarla, lo que ocasionó su muerte.
Hubo un silencio.
Madara se echó a reír de forma amarga. «Así que era por eso…».
—Estás confundida acerca de algo, Hinata… Obito Uchiha está vivo, y es un maldito bastardo.
Los ojos de Hinata perdieron parte de la dureza que habían tenido hasta el momento, volviéndose repentinamente interesados, pero no pudo indagar más al respecto porque Madara por sí mismo avanzó unos pasos hacia adelante. Acto seguido cayó de rodillas y luego se precipitó contra el suelo, pereciendo.
—¿Obito… está vivo? —murmuró Hinata para sí.
—Hinata-san. —La voz de Konan la sacó de su estupor. Ella le ofreció una pequeña sonrisa—. Madara Uchiha está muerto. Ahora los vampiros no sufrirán más injusticias.
Hinata entreabrió la boca para contestar, pero al final no musitó ninguna palabra. Las palabras de Madara seguían repitiéndose en su cabeza una y otra vez.
Obito no podía estar con vida… ¿O sí?
—¿Quién era Obito Uchiha para usted, Hinata-san? —preguntó Itachi al verla tan ensimismada—. Creo haber escuchado ese nombre antes en mi Clan, pero recuerdo que él fue condenado a muerte por el Clan Hyūga.
Hinata asintió con la cabeza a sus palabras.
—Es cierto, Itachi-san. Obito fue acusado de diversos cargos que en realidad no había cometido. Él era simplemente uno de los muchos vampiros que el Clan Hyūga sacrificaba sin razón para alimentar al Shinju. El líder del Clan Uchiha aceptó mandarlo porque nunca había sido un vampiro talentoso y creían que avergonzaba al Clan —explicó Hinata—. Cuando era pequeña sentí compasión por él porque nuestras situaciones eran parecidas; yo también era menospreciada por mi Clan. Así que lo salvé del calabozo a escondidas de mi padre. Como no tenía adónde ir, ya que era huérfano, Obito se ocultó en el Clan Hyūga por un largo período de tiempo, haciéndose pasar por un sirviente. Para el momento de su muerte, yo… —Los ojos de Hinata se llenaron de tristeza— estaba enamorada de él.
A Hinata le pareció escuchar un jadeo de sorpresa que provenía de alguna parte del santuario, así que escudriñó los alrededores con ojos confundidos. Sin embargo, al no encontrar a nadie, Hinata creyó que lo había imaginado, así que continuó:
—Obito era una luz especial en mi vida. Soñaba en que pudiera mantenerlo a mi lado para siempre. Incluso me dije a mí misma que cuando creciera quizá él me miraría con ojos distintos. —Hinata se rio, pero luego añadió con una sonrisa triste—: Pero llegó el día en que se enteró que la mujer que amaba, una chica humana llamada Rin, había sido capturada por el Clan Uchiha. Rin, a pesar de ser humana, tenía ancestros de distintas razas. Esto hacía que su sangre fuera particularmente nutritiva para un vampiro. El Clan Uchiha se enteró de esto y la secuestró. Cuando Obito lo supo no pude convencerlo de quedarse. El resto de la historia… Bueno, ustedes ya la conocen. Obito murió en manos del Clan Uchiha. O al menos… —Hinata viró su mirada hacia al cuerpo de Madara— eso era lo que había pensado hasta ahora.
—En ese caso, podríamos buscar su paradero —sugirió Itachi después de escuchar toda la historia.
Hinata, de manera sorpresiva, negó con la cabeza.
—Obito… Me prometió que volvería por mí —murmuró Hinata—. Si él estuviese vivo, él ya hubiese vuelto por mí, ¿v-verdad?
Ella ya no se sentía tan segura.
«Quizá… Yo no era tan importante para Obito como pensaba».
Konan puso su mano en el hombro de Hinata al verla tan decaída. Ante el gesto, ella sonrió débilmente.
—Gracias, Konan-san —dijo Hinata—. Y-yo… Estoy bien. Es hora de seguir con el plan.
Konan reaccionó a sus palabras con un rostro solemne. Itachi sólo pudo contemplarlas a ambas con una confusión apenas perceptible en sus ojos.
