Capítulo 29
Quedaban tres días para finalizar el año cuando Sakura llegó a Edimburgo. El subidón de adrenalina que sintió al aterrizar estuvo a punto de hacerla gritar. Temari, Ko y Karin sabían que regresaba, pero nadie más. Sakura quería que Sasuke sintiera en sus propias carnes lo que era ser engañado y, tirando de su artillería pesada, volvió con energías renovadas.
—¡Oh, Dios! —exclamó Deidara—. Pero qué frío hace aquí.
—No seas nenaza —le soltó Sakura—. Si esto te parece frío, ¿qué va a ser de ti cuando vayamos a las Highlands?
—¡Dios mío! —susurró él—. Lo que tiene que hacer uno para encontrar novio.
—Saku —dijo entonces Tsunade—, estoy preocupada por Óscar.
—Tranquila, cariño —le calmó Dan—. Estoy seguro de que no tardarán en traerlo.
—Con lo bien que se porta... —se quejó Tsunade—. No entiendo por qué no ha podido viajar con nosotros en la cabina. Pobrecico mío. ¿Cómo estará?
—Mamá, no te preocupes, verás cómo lo sacan enseguida.
—¡Ay, Dios mío, como nos hayan perdido a Óscar, tu hermana nos mata! —murmuró preocupada Tsuna—. Y te juro que yo los asesino.
Sakura y Dan cruzaron entonces una mirada cómplice. Su madre y él encantados el uno con el otro, y cuando Sakura les pidió que la acompañaran a Edimburgo, él no lo pensó dos veces.
—Ahí lo traen —anunció Deidara al ver a Óscar junto a una de las azafatas—. Míralo, qué mono, pero si hasta se lo ve guapo...
—¡Cosita preciosa! —gritó Tsuna corriendo hacia el animal, que al verla comenzó a saltar de alegría.
—Sakura —llamó Dan—, muchas gracias por hacerme sentir uno más de la familia al invitarme a acompañaros en este viaje.
—Para mí siempre has sido de mi familia, y quiero que sepas que, si vosotros sois felices, yo estoy ¡superfeliz! Además, quiero que Sasuke se dé cuenta de que yo también tengo una familia que me respalda y que es capaz de mentir tan maravillosamente bien como la suya.
—¡Mirad quién está aquí! —anunció Tsuna acercándose con el perro.
—Hola, mastodonte —dijo Dan acariciando al animal.
Óscar, encantado, los lamió a todos. Él también se alegraba de verlos.
—Hola, guapetón —lo saludó Sakura con cariño.
—Bueno, pues ya estamos todos, ¿no? —comentó Tsuna feliz.
—¡Casi todos! —indicó Sakura agarrándola del brazo—. Venga, mamá, vámonos al hotel.
Cuando llegaron al Glasshouse, la chica de recepción miró a Sakura. ¿De qué la conocía? Pero cuando vio aparecer a su hermana, la identificó de inmediato. ¡La española!
—¡Óscar! —gritó Temari corriendo hacia ellos.
—¡Qué mona! —señaló Deidara—. A los demás que nos den morcilla.
—No seas pelusón —regañó Sakura.
Con la felicidad dibujada en la cara, Sakura observó cómo su hermana abrazaba a su madre, a Dan y a Deidara, mientras Óscar saltaba a su lado y le daba lametones donde podía. Recibir a Dan en la familia supuso una gran tranquilidad para Temari. Ahora que ella no estaba tan cerca de su madre, el hecho de saber que lo tenía a su lado le dio tranquilidad.
Una vez finalizados los abrazos y besos, la chica de la recepción les entregó las llaves de sus respectivas habitaciones. Tras dejar a Dan y a Tsunade a solas en la suya, Temari acompañó a Deidara y a Sakura a la que ellos compartirían.
—¡Por la Virgen del Tupperware! —exclamó Deidara—. Qué habitación más alucinante.
—Temari —susurró su hermana—, ¿estás bien?
—Oh, sí. Ahora que estáis aquí, sí —asintió ella sin mirarla mientras jugaba con Óscar.
Pero cuando Sakura observó que la mochila de su hermana estaba junto a su equipaje, supo que mentía. Había ocurrido algo y no quería contarlo.
—Vamos a ver —dijo agarrando a Óscar por el collar—. ¡Tiempo muerto! —Y, volviéndose hacia Temari, le preguntó—: ¿Me vas a contar lo que pasa o voy a tener que usar la fuerza bruta para sacártelo?
—¡Cuidado con Tyson! —le advirtió Deidara.
—¡Joder, Saku! —protestó ella—. Óbito y yo hemos discutido.
—Por mi culpa, ¿verdad?
—Oh, Dios mío... —Suspiró Deidara—. Ya puede mascarse la tragedia...
—Saku —dijo Temari—, cuando Ko comentó en la cocina que hoy llegabas de España y que te casabas con Nagato, el muy gilipollas me dio a elegir entre tú o él.
—¡Qué osado, el Highlander! —exclamó Deidara.
—Y, por supuesto, te elegí a ti —gimoteó Temari—. Esta mañana me ha despertado. Tenía preparada mi mochila y, sin dejar que me despidiera siquiera de Lexie, me ha hecho montar en su coche, me ha traído hasta aquí y ha vuelto a marcharse sin decir nada. ¡Me ha echado de su casa, el muy animal! —gritó Temari—. Eso no se lo voy a perdonar jamás.
—Así me gusta —señaló Deidara—, ¡dignidad ante todo!
Sakura no quería sonreír, pero anteriormente ya había vivido eso mismo con su hermana.
—Vamos a ver —susurró acercándose a ella—, ¿por qué no le dijiste la verdad? No quiero que vosotros tengáis problemas por mi culpa.
—¿Sabes? —murmuró Temari limpiándose las lágrimas—. Óbito no tiene derecho a darme a elegir entre mi familia y él. Yo nunca le he dado a elegir entre Sasuke y yo, porque entiendo que Sasuke es su familia y a mí me encontró en la calle.
—Y nunca mejor dicho —apostilló Deidara.
—¡¿Por qué no cierras el pico?! —gritó Temari.
—Imposible. Ante semejantes comentarios no puedo —respondió él.
—Chicos, paz —pidió Sakura.
—Anda, Barbiloca —dijo Deidara—, dame un abrazo, que yo te quiero mucho.
—Y yo a ti también, tontuso —confesó Temari abrazándolo—. Por cierto, Saku, Ko y Karin te mandan millones de besos.
—Estoy deseando verlas —comentó su hermana—. Y Sasuke ... ¿Cómo está él?
—¡Madre mía, Saku! —exclamó Temari soltando a Deidara—. Cuando oyó que Ko decía que hoy regresabas a Escocia porque al final utilizarías las instalaciones del castillo para casarte, ¡Dios!, deberías haber visto su cara: era el demonio en persona. Dio un puñetazo sobre la mesa y se largó de la casa. Luego fue cuando el estúpido de su primo discutió conmigo. ¡Es un cabezota! —se lamentó Temari.
—... le dijo la sartén al cazo —susurró Deidara, haciéndolas sonreír.
—No te preocupes, conocemos a Óbito —señaló Sakura—. Seguro que antes de un par de horas ya está buscándote o llamándote por teléfono.
En ese momento llamaron a la puerta. Eran su madre y Dan.
—Chicos, ¿qué os parece si nos vamos a cenar? —dijo Tsunade.
—Excelente idea —observó Deidara—. Tanto estrés me provoca un hambre atroz.
Diez minutos después, tras dejar a Óscar tranquilo en la habitación, los cinco salieron del hotel sin ser conscientes de que un ceñudo Sasuke los observaba a través de los cristales oscuros de su despacho. Volver a ver a Sakura había hecho que su corazón comenzara a latir con fuerza, y había tenido que usar todo su aplomo para no salir corriendo tras ella.
Llevaba varias semanas sin verla, aunque él lo había sentido como si hubiera sido una eternidad. En más de una ocasión había estado tentado de ir a buscarla a España, pero no quería presionarla; quería que ella lo perdonara por sí misma. Y ése había sido el motivo por el cual le había hecho llegar el contrato firmado de Eilean Donan. Si había algo en aquellos momentos que a Sasuke le importaba, era ella, única y exclusivamente ella.
No obstante, para él supuso un duro golpe enterarse de que regresaba a Escocia para casarse y, encima, de que iba a hacerlo en su propio castillo. ¿Cómo podía casarse con otro cuando sus ojos le habían gritado que lo amaba a él?
El día que Sakura se había marchado, Sasuke no había visto con claridad la cara de Nagato, pero sí la de ella. Y la felicidad que vio en su mirada lo destrozó. Sólo la había visto tan radiante en una ocasión, y había sido la noche que habían compartido juntos en el castillo. Verla agarrada de aquel tipo, y tan feliz, lo hizo replantearse su situación. Quizá Sakura sería más feliz con el estirado de Nagato. Reconocer aquello le dolía, pero amaba a aquella mujer y, por encima de todo, quería que fuera feliz. Y si en esa felicidad no entraba él, sólo podía retirarse y dejar libre el camino a quien verdaderamente pudiera ofrecérsela.
Esa noche, consumido por los recuerdos, Sasuke escuchaba las noticias sentado en el sillón de su despacho cuando la puerta se abrió y volvió a cerrarse rápidamente de golpe.
—¡Joder! —gritó Óbito sentándose frente a él—. Maldito el día en que esa cabezota española se cruzó en mi camino. Ojalá pudiera retroceder en el tiempo para volver al momento justo en que la miré.
—Si pudieras hacerlo, ¿qué harías? —preguntó su primo apagando el televisor.
—Lo tengo muy claro: volvería a mirarla —respondió Óbito desesperado.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
—Creo que esta vez la he fastidiado, y la he fastidiado a fondo.
—¿Qué ha pasado?
—Ayer, cuando te marchaste malhumorado al conocer la noticia del regreso de Sakura —comenzó a explicar—, Temari me dijo que quería venir a Edimburgo para ver a su familia. Cuando regresamos a casa tuvimos una tremenda discusión y, en un momento de rabia, le di a elegir entre su familia o yo.
—¿Cómo?
—Sí, tío, soy un imbécil —admitió Óbito dándose un cabezazo contra la mesa—. Anoche no podía conciliar el sueño, furioso porque ella había dicho que su familia estaba por delante de todo, me levanté, metí sus cosas en su mochila, la desperté y, sin dejar que se despidiera de Lexie, la traje a Edimburgo y me fui, dejándola sola.
—¡Maldita sea, Óbito! —exclamó incrédulo Sasuke—. ¿Cómo se te ocurrió hacer algo así?
—No lo sé, tío, me sentí tan mal cuando vi que tú...
—Eres un completo idiota —lo sermoneó su primo al tiempo que se ponía en pie—. A pesar de lo que ocurrió en su momento, Temari te perdonó y nunca te dio a elegir entre ella y yo.
—Lo sé, lo sé... —murmuró Óbito apoyando la cabeza entre las manos.
Sasuke abrió su minibar para sacar dos cervezas y, tras sendos golpes certeros, le pasó una a su primo.
—¿Qué puedo hacer? Necesito hacer algo para recuperarla.
—Lo tienes fácil: habla con ella.
—Deberías haber visto su mirada cuando la dejé: daba miedo.
—Y ¿qué esperabas? ¿Que aplaudiera? Maldita sea, Óbito, ¡que la echaste de tu casa! ¿La has llamado al móvil?
—Lo tiene apagado.
Tras un incómodo silencio, Sasuke añadió:
—Esta noche he visto a Temari y a su familia cuando salían a cenar.
—¿Los has visto a todos? ¿A todos?...
—Sí, a todos —asintió mirándolo a los ojos—. Mi princesa estaba preciosa.
—¿Y?
—Acabo de hablar con Steven. Mañana me marcho a México. Salgo a las cuatro de la tarde desde Aberdeen. No quiero estar aquí cuando ella se case con otro. No podría soportarlo.
—Primo, tú nunca te rindes. ¿Por qué lo haces esta vez?
Sasuke dio un trago a su cerveza y, tras mirar a Óbito con una triste sonrisa, respondió:
—Porque al menos uno de los dos merece ser feliz.
🍀Solo nos quedan dos capítulos y el epílogo para finalizar esta historia.
