Último año en Hogwarts.
Harry había reflexionado mucho antes de decidir cursar su último grado. Le habían ofrecido entrada directa a la academia de aurores, sin necesidad de ningún requisito más que presentarse el dos de septiembre en el Ministerio, pero había declinado.
Si bien ser auror era algo que había ansiado intensamente -y que aún hacía- no podía dejar Hogwarts así como así.
Los recuerdos de la guerra estaban todavía frescos, pero el castillo era para él mucho más que el lugar de una guerra desatada. Hogwarts era el sitio en el que por primera vez se sintió feliz y en casa, en dónde conoció a las personas que más amaba en el mundo y en el que aprendió todo lo que le serviría para desarrollarse profesionalmente en el mundo mágico.
No podía dejar pasar la oportunidad de tener al fin un año tranquilo en el castillo para despedirse como debía de su etapa escolar.
Y lo estaba logrando.
En un principio, era imposible ignorar lo mucho que había cambiado la infraestructura luego de las reconstrucciones, ni lo mucho que bajó el número de alumnos, pero poco a poco se fue acostumbrando.
Con el transcurso de los meses, y con la exigencia académica, todo comenzó a volver a la normalidad. Los partidos de quidditch, las mañanas alborotadas en el Gran Comedor, las juntas improvisadas en la sala común hasta la madrugada, las tareas realizadas cinco minutos antes de la clase y las salidas a Hogsmeade.
Lo único, más bien el único, que no volvía a la normalidad era Draco Malfoy.
El Slytherin, y no es que Harry estuviese mirándolo mucho, se veía tan distinto.
No solo había dejado de querer llamar la atención, sino que se limitaba a estar con Parkinson y Zabini, no participaba en las clases y cada cierto tiempo a Harry se le ocurría que podía estar enfermo.
Se veía más delgado que antes, parecía que no dormía bien debido a la mirada somnolienta que traía e incluso llegaba a pensar que a veces, por su postura, le dolía algo.
En serio, no es que el estuviese muy al pendiente de Malfoy, pero era extraño ¿no?
—Otra vez no bajó a cenar… -su comentario le hizo ganar una mirada exasperada de Hermione y un bufido de Ron.
—Por milésima vez este año, Harry, si te preocupa ¿Por qué no vas y le preguntas? -le sugiere Hermione, levantándole las cejas.
Harry niega con la cabeza.
—No me preocupa ¿si? Pero me parece raro. -aclara.
—También te parece raro cuando hace una mueca al caminar o está más pálido de lo normal -comenta Ron, cuando medio termina de masticar un trozo de pollo de la cena —¿Por qué no te vistes de enfermero y vas a evaluarlo mejor? -Harry frunce el ceño mientras Ron continúa —Si sus amigos no están interesados en todos esos cambios que notas ¿Por qué te importaría a ti?
—Además, Harry -dice Hermione —No es que falte siempre a cenar, han sido unas cuantas veces, pero como cualquiera ¿no? Puede que cene en su sala común.
—¿Solo? -cuestiona
—Hay personas a las que de vez en cuando nos gusta estar solas -opina.
—Mira, para mí que debe estar avergonzado. -sugiere el pelirrojo —Perdió la guerra por mucho que al final estuviera de "nuestra" parte. -Harry va hablar, pero Ron continúa antes de poder hacerlo —Vale, no tenía opción, pero eso no quita que estuvo a favor de el-que-no-debe-ser-nombrado y quien tenía ideales que hicieron que se perdieran muchas vidas.
—No es como que él tenga la culpa de lo que sucedió -dice Harry, alejando su plato de puré con carne para estirar una vez más el cuello hacia la mesa de las serpientes y asegurarse de que, efectivamente, Malfoy no estaba.
—Lo que creo que quiere decir Ron -Hermione se adelanta a la réplica del pelirrojo—es que debe estar afectado por lo que ocurrió. Para nosotros ha sido complicado, pero Malfoy vivió con Voldemort y todos sus secuaces. Quién sabe qué ocurrió en esa casa. -sus ojos café se fijan directo en él y le regala una mirada comprensiva pero que en cierto modo era severa. —Pero deberías olvidarte del asunto, Harry, somos todos distintos y todos tenemos distintos modos y tiempos para recuperarnos de las cosas. Si te das cuenta, sus amigos están siempre, bueno, la mayoría de las veces con él. No te estreses más de la cuenta.
—Lo sé.
—Y si, debo darte la razón, pero que esto no te obsesione -lo apunta con un dedo acusador —Si se ve un poquito ¿enfermo?
—Como todos de vez en cuando. Ya olvídalo, Harry. -agrega Ron.
Pero Harry no pudo olvidarlo, así como así.
O sea, no es que se quedase pensando en Malfoy desde la cena hasta que se hubo ido a la habitación porque no tenía ganas de jugar al snap explosivo con los chicos, sino que cuando estuvo en el dormitorio y no podía dormir, el recuerdo del Slytherin volvió a su mente.
¿En serio seguía tan afectado por la guerra? Y si era así ¿Estaría recibiendo ayuda? Hermione tenía razón, sus amigos parecían muy al pendiente de él. Sin embargo, si fuese su amigo le recomendaría poción para dormir sin sueños porque era muy notorio que pasaba malas noches. ¿Y por qué no dormiría? ¿Tendría pesadillas? ¿Sería sonámbulo? ¿Saldría a caminar por las noches?
Fue la curiosidad de esas preguntas lo que lo instó a sacar el mapa del merodeador y buscar entre las cientos de huellitas a Malfoy.
En parte no esperaba encontrar la etiqueta de Malfoy en los dormitorios, aunque de todas formas revisó un par de veces más. Esperaba verlo en la sala común o en los baños, quizás en la torre de astronomía -podía llegar a ser un buen lugar para pensar ahí arriba- o en la cocina, por eso su sorpresa fue grande cuando vio la etiqueta atravesar los jardines de Hogwarts.
El Slytherin no se detuvo en ningún momento, ni siquiera cuando se estaba acercando demasiado al sauce boxeador. Harry estuvo tentando a gritar que se detuviera si no quería recibir un golpe del árbol, pero era algo totalmente estúpido teniendo en cuenta que estaban a metros y metros de distancia.
La cabeza de Harry se estrujaba al máximo intentando adivinar qué podía estar haciendo Malfoy a esa hora ahí a fuera, y finalmente cedió por completo a la curiosidad cuando la etiqueta del rubio desapareció de un momento a otro.
La aparición era imposible en Hogwarts, pero Harry ya entendía más o menos que ocurría.
¿Qué podía estar haciendo Malfoy ahí?
No había otra etiqueta que lo siguiera, así que estaba solo…
Luego de pensarlo por unos minutos, se baja de la cama, busca sus zapatos y su capa y parte a los jardines del castillo.
Cuando está a los pies del Sauce Boxeador, espera un momento bajo la capa. ¿Y si alguien más venía a encontrarse con Malfoy?
Pero los minutos pasaron y nadie llegó.
Toca el nudo del árbol para que no lo mandara lejos cuando quisiese entrar, y camina por el oscuro túnel que llevaba a la Casa De Los Gritos.
Antes de llegar al final, el brillo de algo en el suelo llama su atención y cuando lo recoge se da cuenta de que era una insignia de prefecto de Slytherin.
Su corazón comienza a martillear como si esperase encontrar algo que no quería ver. La insignia era pesada y en el profundo silencio que había ahí era imposible no oírla si caía. Concluye que Malfoy debió haber estado muy concentrado en algo más si no se tomó la molestia de recogerla.
La puerta de la casa estaba entreabierta, y no muy lejos de ella estaban en el suelo un gorro y una bufanda de la casa de las serpientes.
Harry frunce el ceño. Estaba pensando que quizás Malfoy sí estaba con alguien quien posiblemente había llegado antes. La ropa en cualquier parte, la hora… Si. Era obvio.
Arruga la nariz y, procurando no hacer mucho ruido, se vuelve a echar la capa encima para salir del lugar. Haber caminado hasta allí había sido suficiente. Pillar a Malfoy follando con alguien era demasiado.
Se dirige hasta la puerta, pero justo antes de salir oye un grito desgarrador. Un grito de alguien a quién le están haciendo tanto daño que pudo sentir el dolor de la garganta siendo rasgada. Le sigue un gemido de poco aliento antes de un nuevo alarido.
—¡Malfoy! -grita Harry, tirando la capa hacia abajo y echando a correr hasta el piso de arriba de la casa, de donde se oía el bullicio.
Otro grito y ya tiene en la lengua un conjuro para lanzarle a quien estuviese hiriendo a su antiguo rival.
Los escalones se le hacen eternos y cuando por fin toma el pomo, un gruñido le congela la piel.
No era quién estaba con Malfoy sino qué.
Su mano se queda inmóvil en la fría y vieja manija. Otro gruñido, más fuerte y tan ronco que puede sentir la ira de la bestia que estuviese ahí.
Es un golpe sordo contra la pared lo que lo hace volver a la realidad.
Poco a poco abre la puerta. Si tenía suerte, podía asegurarse de que Malfoy seguía con vida ahí dentro e intentar sacarlo.
Lo primero que ve a través del poco espacio que se hizo, es la débil luz que se colaba de una grieta en las ventanas cubiertas por madera. Abre otro par de centímetros y el gruñido de nuevo, otro golpe, como si algo arremetiera contra una de las paredes, seguida de rasguños. Más centímetros y alcanza a ver una sombra tan tenue que le era imposible hacerse una idea de qué había ahí, solo que era gigante.
Finalmente abre más la puerta. Si no se apresuraba no encontraría a Malfoy vivo.
Dentro de la habitación no había rastros del rubio más que los restos de su ropa en el suelo. En medio, un enorme lobo albino le dirigía una mirada furiosa.
Ambos se miran por lo que a Harry le parece una eternidad.
Su cuerpo estaba congelado y el del lobo en posición de ataque. Los grises ojos de la bestia no transmitían nada más que ira. Era el intenso color plateado que le recordaban que pertenecían a Malfoy.
Es el gruñido que revela unos exorbitantes colmillos lo que hacen actuar a Harry. De un salto se impulsa hacia atrás lo suficiente para cerrar rápidamente la puerta. Ni siquiera cree que la hubo cerrado con las manos. Si no estuviese tan asustado y sorprendido podría haber notado que fue magia accidental.
Antes de darse cuenta, está agitando su varita para realizar un conjuro que mantuviese la puerta bien cerrada.
Pese a los golpes y arañazos de lobo contra la puerta, se deja caer aliviado contra la pared hasta que está sentado en el suelo.
Siente los latidos de su corazón en los oídos y no sabía que su respiración estaba tan agitada hasta que se obliga a aspirar grande y profundo para recomponerse.
No podía creerlo. Malfoy un hombre lobo.
¿Lo habría sido siempre? No. Imposible.
Esto era nuevo.
De pronto, la apariencia cansada y enferma que había tenido Malfoy este último tiempo tiene sentido.
Quizás si la situación hubiese ocurrido un par de años atrás, se hubiese echado la capa encima y hubiese corrido de vuelta a la habitación de los chicos. Habría despertado a Ron y habría llamado a Hermione desesperado por contarles lo ocurrido.
Pero en lugar de ello se queda ahí.
Transforma lo mejor que puede un trozo de madera en una manta. Se envuelve en ella y se acomoda a esperar que las horas pasen.
Cuando la luz grisácea que se colaba por entre las rendijas de las tablas que cubrían las ventanas comenzó a desaparecer para transformarse en una luz cálida, y cuando los aullidos, los gruñidos, los golpes y los gemidos hubieron cesado, Harry se incorpora. Duda un instante cuando su mano está en el pomo de la puerta e intenta agudizar el oído para verificar que todo estaba en calma.
En tercero habían estudiado a los hombres lobo. Cuando se transformaban, cuando estaban bajo los efectos de la luna llena, la parte humana que vivía en ellos era sometida por el lobo. Lo había comprobado cuando Remus se había transformado frente a ellos. Por eso sabía que, si Malfoy seguía transformado ahí dentro, no dudaría en atacar.
Sin embargo, cuando abre todo está tranquilo, en un silencio sepulcral, como si ese lugar no hubiese presenciado la licantropía misma.
En medio, en el suelo irregular de madera estaba Draco Malfoy.
Harry se acerca lentamente. Con su varita alcanza sus ropas y mientras llegan hasta él, las transforma en una bata que utiliza para cubrir al rubio.
Malfoy le mira. Esos mismos ojos grises que horas atrás se habían posado furiosos sobre él, ahora apenas le alcanzan a dedicar una mirada sorprendida.
Harry no sabe si moverlo enseguida. Parecía tan débil y vulnerable como nunca imaginó ver a Malfoy.
El rubio hace ademán de alejarlo. Le dedica una mirada de desprecio, pero no tiene fuerzas para nada más. Sus ojos se cierran agotados, y aunque intenta levantarse no lo logra.
Harry pasa un brazo por su espalda y lo ayuda a incorporarse para salir de ahí.
Casi a mitad del túnel, se encuentra de frente con Madame Pomfrey.
—¿Potter? -el tono de sorpresa de su voz daba a entender que no esperaba verlo ahí —¿Qué-qué haces aquí? -agrega, ahora molesta.
—Ha sido sin querer. -se excusa, pero la enfermera sólo chasquea la lengua y lo ayuda a sostener a Malfoy para salir de ahí.
Harry no entiende por qué aun no dejaba la enfermería si Malfoy ya estaba en una camilla bajo los cuidados de Madame Pomfrey, pero no podía irse sin saber si iba a estar bien, sin saber qué pasaría a continuación.
La enfermera parece pensar lo mismo porque le dedica una extraña mirada mientras limpiaba el rostro pálido de su compañero con un paño y agua.
—Tus manos, Potter -le dice. Harry, confundido, se las muestra y la enfermera agita su varita. —Ya están desinfectadas. Toma esa crema y aplícala sobre la herida de su rostro.
Harry no espera otra orden. Toma una pomada de la mesita y unta uno de sus dedos. Cuando busca la herida que le indicaba se sorprende de no haberla visto antes.
Un delgado pero profundo corte cruzaba desde su ojo izquierdo hasta perderse tras su oreja. Estaba aún caliente y teme hacerle daño si presiona muy fuerte.
Cuando termina, la enfermera Pomfrey descubre el torso del chico. Cuidadosamente lo voltea y Harry reprime un grito de horror cuando ve su espalda al rojo vivo. Tenía heridas tan profundas y grandes que no entiende como Malfoy no se quejó durante el camino. Había sangre por toda la piel que ya comenzaba a secarse en las partes menos graves.
—La transformación es muy dolorosa -explica la señora Pomfrey, abandonando el tono de reproche con el que le había hablado desde que lo vio —Sobre todo las primeras transformaciones. Cuando está ocurriendo es normal que rasguñen su espalda.
Harry asiente. Observa mientras la enfermera agita su varita para aplicar un manto sobre la espalda del rubio que lentamente es absorbido por su piel.
Instantáneamente, las llagas comienzan a cerrarse, pero no del todo y Harry piensa que puede que nunca desaparezcan.
Luego de limpiar la sangre, la mujer vuelve a voltearlo.
—Ayúdame a darle estas píldoras.
—¿Para qué son? -pregunta, curioso.
—Para calmar el dolor cuando despierte. -responde y luego vuelve a mirarlo como si estuviese pensando si castigarlo o no —Después te vas a tu habitación, Potter, no deberías estar aquí.
—¿Malfoy estará bien?
—Se pondrá bien, como todos los meses. -suspira —Ahora tiene que descansar.
Harry asiente, sin querer insistir demasiado.
—No puedes hablar de esto con nadie, Potter. -le dice, antes de que se marchara. Harry asiente.
Y no habla con nadie del asunto.
Cuando vuelve a la habitación, los chicos aun dormían. Pero cuando se sienta en su cama para desatarse los zapatos, Ron se despierta y le dedica una mirada somnolienta antes de volver a apoyar la cabeza en la almohada.
A la hora del desayuno, por más que su amigo le insiste en que le cuente con quién pasó la noche, Harry se niega. Se limita a contestar que se enrolló con alguien pero que prefiere no dar nombres, y Hermione ayudó mucho cuando regañó a Ron para que dejase de insistir, argumentando que la "chica" con la que él había dormido merecía respeto, por tanto estaba bien que Harry no revelase su identidad.
Tampoco le dirigió ni una palabra a Malfoy. Ni ese día ni los que le siguieron porque cada vez que se encontraba con los ojos grises del Slytherin, éstos lo miraban igual de furiosos que la noche que estaba transformado en lobo.
No es que Harry estuviese al pendiente de las fases de la luna, pero no fue hasta que quedaban un par de noches para el plenilunio cuando Malfoy lo acorrala en un pasillo vacío.
—Potter
Harry se gira ante el llamado y se encuentra al rubio, que lo miraba de brazos cruzados y una ceja en alto.
—Malfoy
—Quiero hablar contigo.
—Dime
—Aquí no. -suelta de mala gana, caminando hasta él. —El salón de ahí está vacío.
Harry no replica. Chasquea la lengua y lo sigue hasta el salón al que su compañero se dirigía.
Apenas cierra la puerta tras él, Malfoy agita su varita para realizar un fermaportus y un hechizo similar al muffliato.
—Ahora dime la verdad, Potter. -suelta nada más termina con los conjuros. —Estuviste ahí esa noche. -agrega. Era una afirmación, pero sonaba a pregunta. Su voz aparentaba sonar tranquila, pero Harry se da cuenta de que Malfoy tenía las manos en puños y su mirada delataba lo molesto que estaba.
—No era mi intención descubrir… -Draco lo interrumpe chasqueando la lengua cruzándose nuevamente de brazos antes de hablar.
—No sé por qué hice lo imposible para que Pansy y Blaise no se enteraran de esto cuando realmente tenía que preocuparme por ti.-suelta, y luego sus cejas se alzan y el dedo índice lo apunta —¿Qué pretendes, eh? ¿Qué hacías ahí? ¿Me seguiste?
—Había notado que estabas extraño, eso es todo, y me pareció raro que fueras a la casa de los gritos. -le explica. Malfoy se va poniendo de todos los colores conforme va hablando —Pero no le diré a nadie. No le he dicho a nadie.
—¿Debería agradecerte, entonces?
—No, pero…
—¿Por qué te metes en donde no te llaman, Potter? -escupe molesto, desviando la mirada, y es en ese movimiento en que Harry ve el fantasma de una cicatriz cerca de su ojo, de ese corte que el mismo había curado. Algo que no determina muy bien se remueve en su interior.
Frunce el ceño para defenderse ante la pregunta mordaz, pero se detiene. En parte Malfoy tenía razón. Él solito se había buscado descubrir el detalle licantrópico del rubio.
—¿Hace cuánto que eres…? -no termina la frase, porque Malfoy le dedica una mirada de pocos amigos que se pronuncia más cuando deja inconclusa la pregunta.
—Dilo.
—Hombre lobo -dice exasperado. —¿Hace cuánto eres un hombre lobo? ¿Cómo… pasó?
—Voldemort estuvo en mi casa. Eso pasó. -le dice —Y le gustaba demasiado la compañía de Greyback.
—Malfoy… yo, esto, lo siento muchís… -El Slytherin lo vuelve a interrumpir y Harry evitar rodar los ojos ante ello.
—No lo sientas. No necesito que me tengan lástima. Menos tú, Potter.
—No lo hago. Pero siento que te ocurriera -Malfoy levanta una ceja.
—Claro. Seguro piensas que es lo que me merezco ¿no?
Harry abre mucho los ojos, sorprendido.
—¡No! ¿Cómo puedes pensar eso…?
—No me sorprendería que lo hicieras. -escupe. Harry quiere contradecirlo, pero piensa que sería inútil.
—Piensa lo que quieras. -dice, suspirando. Malfoy rueda los ojos y se dedican una mirada que pudo durar horas. Siente el impulso de preguntar cómo está. pero lo evita. Por el contrario, imagina que ya no tenían nada más de que hablar—Mantengo mi palabra. No le diré a nadie. Ahora, si no tienes más que decir, me iré.
—Me llevaste a enfermería ¿no es así?
—Sí. Me viste. Estabas despierto aún.
—No recuerdo todo cuando la transformación ocurre, Potter.
Cierto titubeo en sus palabras hace pensar a Harry que, por más tranquilo que parecía Malfoy hablando del tema, había un poco miedo escondido. Decide que al menos merece saber cómo lo encontró.
—Cuando llegué a la casa de los gritos, pensé que te estaban atacando ¿sí? Cuando entré vi tu ropa en el suelo, pensé que ya estabas muerto… pero en cuanto vi al lobo supe que eras tú. -hace una pausa. Malfoy no dice nada —Estuviste a punto de atacarme.
Malfoy resopla y deja salir una risa sin gracia.
—Te lo mereces.
—Seguramente…
Malfoy rueda los ojos con desdén antes de levantar una ceja.
—Bien. Vete.
Harry hace ademán de hacerlo, pero antes de salir, una pregunta cruza su mente.
—¿No me amenazarás con alguna maldición en caso de contar esto por ahí?
Malfoy resopla.
—No lo harás. -le dice con tanta seguridad que hace que Harry frunza el ceño, confundido.
—¿Cómo estás tan seguro?
—En primer lugar, ya no lo hiciste. -le dice —Y en segundo, eres demasiado Gryffindor para eso.
—Cierto, olvidaba que es característica principal de los Gryffindor no ser chismosos.
—No seas sarcástico, Potter, que a ti no te sale. -se cruza de brazos —No lo has dicho porque sabes lo fácil que se extendería el rumor, y sabes que muchos no estarían de acuerdo con que un licántropo estudiase con ellos. La junta de padres podría prohibirme estar aquí, y tu no crees que sea razón suficiente para expulsarme. ¿Me equivoco?
—Muchos harían lo mismo, Malfoy, y creo que es algo que va más allá de la casa a la que pertenezcan.
—Sí, sí, como sea -le dice, agitando la mano despreocupadamente —¿Te irás o no?
—Que sí, ya me voy. -le dedica una última mirada antes de girarse —Adiós.
Pero cuando está llegando a la puerta, la voz del rubio lo detiene.
—Potter
—¿Qué? -pregunta, volteándose.
Pero Malfoy no responde.
Se limita a caminar hasta él y cuando Harry piensa que se va a detener, no lo hace, sino que enreda sus brazos a su alrededor y lo besa.
Harry se congela. No entiende lo que ocurre. Bien podría estar soñando y aun así sería un sueño muy irreal. Corresponde el beso automáticamente y cuando comprende que efectivamente estaba besando a Malfoy, apoya las manos en sus hombros y lo aleja.
—¿Qu-qué estás haciendo? -pregunta, todavía perplejo. Sin embargo, en cuanto sus labios sienten la ausencia de los otros, los quiere de vuelta.
—No hay nada peor que la licantropía. -le explica —Viéndolo así, besarte no debe ser tan malo. -agrega, como si fuera lo más obvio del mundo. Harry se pregunta si debe sentirse ofendido por lo último.
—¿Debería tomar esto como un cumplido? -pregunta, cometiendo el error de mirar los labios rosados de Draco.
El rubio chasquea la lengua.
—¿Quieres continuar o no?
Harry no responde, ni lo piensa demasiado.
Era todo tan repentino e inesperado, que resultaba extrañamente emocionante. Lleva una mano a la nuca del Slytherin y lo acerca lo suficiente hasta él para besarlo, inmediatamente con la lengua.
Siente como los labios del rubio se estiran en una sonrisa en medio del beso, satisfecho ante su decisión. Se aproxima más contra su cuerpo y una de sus manos se enredan en su cabello mientras que la otra lo toma por las caderas.
Harry, por su parte, le levanta la camisa para sentir su piel. No es algo que habría hecho a la primera, pero al diablo. Para empezar, besar a Malfoy tampoco era algo que hubiese imaginado.
El rubio deja de besarlo sin apartarse demasiado, y le dedica una sonrisa ladina que causa que Harry quiera volver a saborear sus labios de inmediato, pero Malfoy, por el contrario, se acerca hasta su oído.
—Voltéate. -le susurra. —Que solo sea un polvo, Potter. -agrega y Harry siente como su entrepiernas responde primero que él.
De no haber estado tan excitado, podría haber replicado, lo habría pensado al menos. Pero lo único que logra hacer es obedecer.
Se voltea y Malfoy no pierde tiempo. Sin rodeos, lleva sus manos al pantalón para desabotonarlo. Sus manos buscan su erección, primero sobre su ropa interior, pero cuando la siente, rápidamente se meten dentro, como si tampoco quisiese esperar otro segundo y sus dedos se cierran sobre él con seguridad.
Los movimientos de Malfoy eran precisos. No llevaba la mano hasta la base, sino que se centraba en la punta y cuando notaba que eso definitivamente estaba funcionando, entonces se detenía, bajaba y todo volvía a comenzar.
De pronto, y sin previo aviso, lo suelta. Harry deja escapar un involuntario ruidito de protesta y se voltea para ver qué ocurre. Se encuentra a Malfoy buscando su varita en los bolsillos de su túnica
Ante la escena, siente que sus piernas flaquean. El rubio con las mejillas rojas, los labios ligeramente hinchados por el beso que se habían dado antes, los pantalones hasta las rodillas y una palpitante erección, le hacen relamerse los labios.
El Slytherin estaba a punto de realizar un conjuro para lubricar, pero Harry lo interrumpe.
Sin decir ni una palabra, se arrodilla ante él, con una sola cosa en mente.
—Potter, levántate -le ordena, aunque había cierta súplica en esa petición.
—Cierra la boca, Malfoy.
Y no lo deja replicar, porque sus labios se cierran alrededor de él y bajan por todo el largo del rubio para volver a subir.
Su piel suave y caliente se vuelve todavía más deliciosa cuando de los labios del rubio se escapa un "Potter" que le eriza los vellos de los brazos y le hacen chupar más, solo para escuchar nuevamente su nombre en un gemido implorante.
Y casi lo logra, porque Malfoy enreda los dedos en su cabello y presiona su cabeza contra él a la vez que empuja un poco las caderas.
—Potter, ya levántate.
Suplica y Harry podría correrse en ese mismo instante.
Obedece.
Se incorpora y se voltea, afirmando los brazos en una mesa y dejándose a disposición de Malfoy para que hiciera lo que se le antojara, pero que lo hiciera ya.
Por suerte, el rubio no espera más. Con voz ronca conjura un hechizo de lubricación para prepararlo con dos dedos. Entran y salen un par de veces antes de que sean tres y Harry aprieta los dientes para evitar gritarle que empiece de una vez porque está lo suficientemente preparado. Un instante después, siente el glande del otro en su entrada.
Embiste lento primero. Harry llega a pensar que lo hace para no dañarlo. La tercera embestida es más fuerte, más profunda. Y poco a poco va empujando con más determinación. Su mano ya no lo masturba porque en algún momento la quitó para sujetarlo por las caderas.
A Harry están a punto de temblarle las piernas. Uno que otro gruñido se escapa de sus labios. Sus dedos se aferran a la mesa y con una mano, entregándose por completo a la sensación en la parte baja de su vientre, comienza a masturbarse.
Las estocadas pronto se vuelven más rápidas y con cada una de ellas siente que en cualquier minuto se correrá.
Pero es Malfoy el que lo hace primero. Empuja una ultima vez y él no tarda en manchar su mano y su estómago de semen a los pocos segundos.
Se quedan así un instante. Ambos respirando pesado. El rubio todavía dentro y él afirmando ambas manos en el pupitre. Sin embargo, no tarda en sentir como el rubio sale de él y cómo un tibio líquido comienza a chorrear por su pierna, pero que desaparece antes de llegar mucho más abajo gracias al movimiento de varita del rubio.
Se voltea. No se molesta en buscar su varita sino que le quita de las manos la suya al Slytherin y conjura un fregotego para limpiarse. Luego se sube los pantalones y se acomoda la camisa.
—Eso ha estado… -comienza a decir.
—Sí -interrumpe Malfoy, alisándose la túnica y quedando tan presentable que no parece que acaba de follárselo. El único indicio eran las mejillas que seguían demasiado encendidas…
—¿Debería preguntar por qué ha ocur…?
Malfoy chasquea la lengua interrumpiéndolo otra vez, rueda los ojos y deja escapar una pequeña risita que a Harry le hace cosquillas en el estómago.
—No. Es solo un polvo. -responde, guardándose la varita en el bolsillo de la túnica.
—Lo sé, lo sé.
Cuando los dos están con todo su uniforme como corresponde, se dedican una mirada, y es Malfoy el que habla.
—Deberíamos irnos, Potter.
Harry asiente, pero no hace ademán de caminar.
—No es que esté proponiendo nada, pero si quisiéramos repetir esto…
—No estaría mal.
—¿Eso es un sí? -pregunta, pero Malfoy ya se estaba volteando hacia la puerta.
—Adiós, Potter. -le dice. Y sale del lugar sin dedicarle ni siquiera una última mirada.
Harry suspira.
Vale. Las cosas en Hogwarts nunca volverían a ser las mismas.
¡Hola!
Primero que todo, quería pedir disculpas por lo abrupto que ocurrió todo entre Harry y Draco, pero ya estaba muy largo el O no quería quitarle ninguna escena, así que apuré las cosas.
¡Muchas gracias por leer!
Espero que estén muy bien n.n
¡Éxito en todo!
Nos leemos!
=Elie
