15. Una búsqueda infructuosa
¡Oh divino desastre¡ El templo de Leo estaba patas arriba, el pequeño Eryx no era el problema, no, no, no, el problema era nada más que un par de hombres que lejos de llevarse bien, no hacían otra cosa que pelear.
La paciencia es una virtud y Aioria carecía de esta, por otro lado Seiya estaba molesto, con Aioria, por Marín, así que cada vez que tenía oportunidad le recordaba al león su jugarreta y sí, el quinto guardián estaba furioso, no podía tener peor compañía.
Leo aún no estaba seguro de haber engañado a Marín, pero tampoco tenía la certeza de que nada hubiera pasado, así que estaba entre la espada y la pared contando con esmero el paso de los días. Necesitaba respuestas, lo más pronto posible, pero también tenía miedo de ellas ¿Y si había dormido con esa chica? ¿Y sí el bebé era suyo? La bella Marín lo mataría, y lo borraría de su vida para siempre.
Esa misión, en la que supuestamente no pasó nada, empezó con una copa, una copa y Aioria había olvidado todo, una copa…debió haber sido solo una copa, pero no lo fue, a esa copa se le unieron otras, empezaron con un vino, continuaron con whisky y estaba seguro que lo último que estaban tomando era tequila, ‹‹el tequila es malo›› decía una de las chicas, ‹‹te borra la memoria››. Pero no fue solo el tequila, fue el whisky, el vino, las cervezas (ah sí, también hubieron cervezas) y un par de cigarrillos, todo eso le borro la memoria.
Y qué manera de perder la conciencia, despertar en una casa ajena, con una gran resaca y sin recordar con quien se había dormido. Salió de allí huyendo, como un cobarde, como si se tratara de un ladronzuelo, huyo, y falto poco para que llegara a su hotel y se escondiera bajo la cama. No lo hizo, falto poco, pero no lo hizo. A su encuentro llego un sonriente Milo, y pensó en matarlo, en asesinarlo y esconder su cuerpo. Milo no tenía la culpa de nada, pero lo maldijo, muchas veces.
‹‹Si pasó algo entre ustedes, ella no tiene por qué enterarse›› Maldito Milo ¡Ella no tiene por qué enterarse! Ella lo dedujo apenas lo vio, con su sonrojo en el rostro y sus ojos ausentes, Marín descubrió el engaño antes de que Aioria fuera consiente, una palabra, una mirada y ella se dio cuenta de todo. Él no negó ni afirmo nada, pero no era capaz de mirarla a la cara y sostenerle por más de un par de segundos la mirada.
Se distanció, se alejó de ella, se sentía miserable, un maldito un cobarde, pero poco a poco el sentimiento de saberse un desgraciado fue quedando a un lado, volvió a su bella Marín, volvió a ella, aun tímido, aun culpable, pero intento regresar a ella, hasta que…
Un llanto, una maldición, Eryx despertó, dos días habían pasado desde que Eryx había llegado al quinto templo y todo allí era un caos. Ropa, biberones, calcetines; Aioria era desordenado, pero desde que el bebé llego a su recinto, todo era aún más desarreglado, y Seiya, el maldito pony alado que no servía de nada, porque ni preparar un agua hervida podía hacer bien, solo era bueno recordándole día tras día su posible engaño.
Totalmente aturdido, aburrido, desilusionado, acepto salir con Seiya a dar un paseo por el pueblo, el pobre niño (No Eryx) no soportaba estar tanto tiempo encerrado, por eso en ese preciso momento caminaban, Aioria con el nene en su cangurera y Pegaso con las manos en los bolsillos. No hablaban, se comunicaban por medio de un lenguaje de gruñidos, que con los pasos se hacía más ruidoso.
Leo no estaba feliz con ese paseo, se sentía observado, juzgado, aturdido — ¿Estas contento Seiya? — el bronceado frunció el ceño sin entender las palabras de Aioria se quedó mirándolo confundido — Todo el mundo nos mira — Pegaso miro en su en rededor y siguió sin entender — ¡Piensan que somos una pareja gay!
— ¿Por qué pensarían eso? — el joven de verdad no entendía nada
— Dos hombres, un bebé — señalo, pero el japonés no daba — ¡Pedazo de gañan, vago, pusilánime, mediocre, tarado! ¡Creen que somos pareja y que Eryx es nuestro hijo!
— ¿Cómo dos hombres van a tener un bebé?
— No sé, se me ocurre ¡Adopción!
— ¡Ah! Es que a mí nunca me adoptaron
— No imagino porque ¿Ahora entiendes mi incomodidad? Creen que estoy contigo
— ¿Cuál es el problema? Sí soy un galán — Aioria rodo los ojos — Oye ¿Qué es pusilánime?
— Lindo, muy lindo — soltó restándole importancia
— ¿En serio? No suena que signifique eso, creí que era una ofensa o algo así ¿Y luego preguntas porque creen que somos gay?
— Eres, un, imbécil
Seiya cerró su boca, Aioria hizo lo mismo y ambos se encaminaron hacia la fuente para tomar un descanso, el dorado tomo al niño entre sus brazos, lo contemplo mientras dormía y se sonrió al verlo tan tranquilo. Pegaso se cruzó de brazos enfocando su mirada hacia otro lado.
— ¡Que hermoso! Tienen un niño adorable — les dijo una anciana, los dos hombres la miraron indignados, la mujer cerro su boca y se marchó tan rápido como pudo
— ¿Ves idiota? — Le dijo Aioria a Seiya
— La culpa es tuya por sentarte como una niña — Acto seguido, el león descruzo las piernas
— Que lindo nene ¿Es tuyo? — pregunto una bella joven de cabellos castaños sentándose al lado del león
— Es mi sobrino — contesto Aioria con cara de tonto
— ¿Entonces es tuyo? — Le sonrió la chica a Seiya, este negó con coquetería — Se parece a ti — le dijo al dorado
— ¿Te parece? — ella afirmo
— Es adorable y eso que solo es tu sobrino, un hijo tuyo sería muy bello
— Solo si tiene a una bella madre como tu
— Mucho gusto mi nombre es Seiya — saludo el bronceado, pasando por encima de Aioria — él tiene novia, yo en cambio estoy soltero
— Hola Seiya, yo soy Salome — le saludo con una amplia sonrisa
— Que bello nombre — interrumpió el león
— Hermoso — acoto Pegaso, la chica les miraba entretenida
— No soy de por acá llegue hace unos días, aún estoy conociendo el lugar y ustedes son muy agradables
— Si quieres te llevo a conocer los alrededores — sugirió Seiya
— Yo te llevo a la ciudad — ofreció Aioria
— ¡¿No te basto con engañar a Marín una vez?! ¿Quieres hacerlo dos veces?
— ¡No seas imbécil! ¡Solo estoy siendo amable con Salome!
— ¿Y qué piensas hacer? ¿Embarazarla y dejarla a su suerte, con un bebé que luego ella tendrá que abandonar en el Santuario?
— ¡No! ¡Yo jamás haría algo como eso!
— ¿Y qué hay de Eryx? ¿Fue concebido por la gracia del espíritu santo?
— ¡Nadie asegura que sea mío!
— ¡Y nadie asegura que no lo sea! — el bebé empezó a llorar
— ¿Ves lo que haces? ¡Asustaste al niño!
— Salome no le hagas caso a este tarado, él es… ¿Dónde está?
— ¿En qué momento crees que se fue? — quiso saber Aiora al verse solo con Seiya
— Yo creo que en el momento que hable de embarazos
— Sí, eso espanta a cualquiera
— Por tu culpa se fue
— No ibas a ligar con ella, no mientras yo esté aquí
— ¿Por qué eres mi ardiente pareja? — comento con sarcasmo
— No, porque es claro que soy más guapo que tú, ella coqueteaba conmigo
— Lo siento, pero todas quieren a Seiya
— Quieren verte muerto
— Pero me quieren
Templo Principal
Shion miraba en los largos pergaminos información de guerras pasadas, los documentos estaban desordenados y aún faltaba mucho por hacer, estaba desocupado por lo que decido tomar los viejos manuscritos y organizar la información, este trabajo había sido pospuesto años atrás, y para Shion fue una sorpresa encontrar que ni en la época de Arles, los pergaminos fueron ordenados.
Ahora se arrepentía de su tarea e ideaba alguna forma de meter en problemas algún santo, para que hiciera esa labor, pensó en Misty, Aioros ya le había contado lo sucedido con Harold, pero cuando vio al pobre francés más muerto que vivo, se echó para atrás, así que ahí estaba al borde de una fuerte alergia, organizando lo que por casi doscientos años no hizo.
Un golpe en la puerta llamo su atención y mentalmente pidió que ojala se tratara de alguna queja de alguien, porque tenía el castigo perfecto — Pase — pido con un amplia sonrisa, la cual se desvaneció al ver Aldebarán cruzar el umbral, el toro no llevaría ninguna mala noticia — ¿Qué sucede Alde?
— No imagine que le molestara tanto mi presencia señor
— No es eso Alde, necesito una víctima — señalo la cantidad de papeles — ¿Sabes de alguien?
— No señor, no vengo a acusar a nadie de nada
— ¿Seguro? Piénsalo bien
— Sé que está ocupado, pero vengo a decirle algo muy importante
— Te escucho hijito — soltó derrotado, tal vez podía engañar a Aldebarán para que hiciera su trabajo
— ¡Me voy a casar! — Shion se quedó pasmado
— ¿Con el bombo…con Linda? — se sonrojo, ni para el patriarca había pasado desapercibido la belleza de la muchacha. Aldebarán lo miro con desaprobación — ¡Te felicito hijo!
— Gracias Patriarca, estoy muy feliz — Por suerte para Shion el semblante del grandote cambio rápidamente — Aun no lo hacemos oficial, usted es el primero que lo sabe — El lemuriano sonrió enternecido — Yo quiero…queremos, que usted nos case
— ¿Yo?
— Sí Maestro. Usted puede casarnos ¿No?
— Sí, estoy autorizado para hacerlo, pero ¿Yo?
— Sí maestro y quiero que el matrimonio se oficie aquí en el Santuario ¿Cuento con su apoyo y su bendición?
— Desde luego que sí hijito — le dijo abrazando al muchacho — te felicito mucho, es una noticia fabulosa
— Señor Shion no puede decírselo a nadie aun
— Cuenta con mi silencio. Oye Alde ¿Linda vivirá acá? ¿O piensas retirarte?
— Nos quedaremos aquí hasta que sea necesario — Shion celebro
— ¿Ella seguirá trabajando en el pueblo? — El hombre asintió — ¿Crees que haya posibilidad de que ella quiera trabajar acá también? Enseñando a los niños, eh escuchado que es una excelente maestra y no es por nada Alde, pero algunos acá son un poco idiotas, no basta con solo aprender a matar, siento que algunos chicos se me están quedado un poco atrás. Con la señorita Athena estuvimos hablando para implementar una educación más completa dentro del Santuario.
— Eso sería genial, muchos esperamos hasta la adultez para culminar los estudios y empezar carreras profesionales; pero mi Linda, apenas es Maestra de prescolar
— Eso es suficiente para mí
— Estoy totalmente seguro que le encantara, claro sin desatender a los niños de Rodorio, es más señor, ella se quedó con los aprendices más pequeños leyéndoles un cuento
— Empezó antes de tiempo
— La verdad Misty se veía muy pálido, escuche algo de una travesura, me parece mucho que se está desquitando con los más grande, mi Linda rescato a los más chicos
— Tal vez debería castigar a Misty — soltó con malicia
— Con todo respeto señor, el hombre tiene suficiente con los niños, parece ser que no le están haciendo la vida fácil
— Solo son niños. Bueno hijo, te felicito y cuentas con todo mi apoyo y por supuesto con mi bendición
— Muchas gracias maestro
En el Coliseo
Linda estaba sentada en las gradas leyendo con voz dulce un cuento para los peques, los niños asombrados y entretenidos escuchaban el relato, Linda era una domadora de serpientes, su melodioso tono mantenía a los más jóvenes quietos y atentos en ese momento.
Pero los pequeños no eran los únicos embobados con los cuentos de Linda, unos pasos lejos de ella dos hombres, muy pendientes de Linda, observaban las risas, los gestos, los movientes, los senos y las piernas de la mujer, a diferencia de los niños, los pensamientos de los hombres no estaban en la imagen de ricitos de oro probando la avena de los osos.
— ¿Les traigo un babero? — Les pregunto June a los hombres, tan embelesados estaban que no notaron la presencia de camaleón
— ¡June! — Se sobresaltó Shura — Estamos escuchando el cuento, a la pobre niña se la van a comer los lobos
— Osos Shura, osos — Le sostuvo Camus, el cual desvió la mirada intentando fingir delante de June — es un cuento viejo, deberías conocer el final
— Eso dije, osos
— Es muy bonita ¿Cierto? — ambos hombres pasaron saliva
— Sí — contesto en suspiro el español
— Bastante atractiva para llamar mi atención — comento Camus — Pero, no la estaba mirando, bueno sí, pero no como tú piensas — June levanto las manos — Es la novia de un amigo, no vayas a pensar que tengo alguna mala intención con ella
— No estoy pensando nada de eso, es una mujer hermosa y a los hombres les gusta mirar, hemos sido admiradas con lujuria desde tiempos inmemorables
— No, no es eso — intento explicarse Shura
— Yo sé lo que es caballeros. Tienen dos opciones, un baño de agua fría o una muerte segura por parte del toro — señalo hacia Aldebarán que se acercaba a ellos con una sonrisa tan enorme como su persona
— Hora de irnos
— Así es
— ¿Muchachos adónde van? ¿No terminaran de escuchar la historia? — les pregunto Linda
— No, ya debemos irnos — se excusó Shura
— Bien hecho muchachos, ya es hora de superar que esa mujer no es para ustedes
— Gracias Camaleón — le sostuvo Camus y con Shura se marcharon del lugar, saludando a Aldebarán por el camino
— Ay hombres
— ¿Tu tampoco te quedas June?
— Lo siento Linda, tengo muchas cosas que hacer, para la próxima ¿Vendrás seguido?
— Eso espero mi niña
— Niños se portan bien — se despidió June
— ¡Sí señora! — contestaron en coro los pequeños
Alrededores del Santuario
— Esta bastante parejo — Comento Alejandra sosteniendo un pliego de papel — es increíble, hay mucho en juego
— Lo más triste es que aún no se sabe nada — Le dijo Harold ubicado al lado izquierdo de la morena
— Por eso no se preocupe doctora, usted simplemente elija al que mejor le parezca — Dio sonreía mirando el papel también — sé que es difícil saber, pero tal vez le atine al ganador y se puede ganar una buena lana
— Creo que yo paso — acoto la chica entregando el documento al mexicano
— ¿Y no va a apostar por nadie? Órale, yo pensé que sería más atrevida
— No me gustan las apuestas, error, no me gusta perder, y por lo general siempre pierdo en las apuestas
— Es un odio que viene del corazón — comento Harold — Parce, no se desanime que la doctora termina aflojando
— Claro que no, muchachos, cualquiera puede ser el padre del niño, tengo una sola oportunidad de ganar y once de perder, no es por nada, pero las cuentas no me cuadran
— La doctora va a la fija Dio
— Entonces como le hace en los partidos, porque sí ve partidos ¿cierto?
— Sí, pero mientras tenga cerveza y comida no me importa quien gane realmente
— Bueno señorita Alejandra, yo le invito una chela cuando quiera, pero debería ingresar a la apuesta
— ¿Se dieron cuenta que si el padre del niño resulta ser Milo o Aioria se van a meter en un lio? hay muchos puntos para ellos dos
— Por eso necesitamos más personas que apuesten, que apuesten en contra de ellos — Le dijo Harold
— Sí apuesto, apuesto por uno de ellos dos — comento con malicia
— ¡Que chimba! — Harold se cruzó de brazos — Así no se vale, no aguanta, no aguanta, pensé que usted era buena y generosa, solo nos ilusiono, a los dos nos ilusiono
— Yo no…ustedes fueron los que llegaron a mí, yo no ilusione a nadie, vayan con los dorados, ellos deben saber mejor de quien es el bebé
— Ese el problema — resoplo Dio — muchos de los dorados ya apostaron y la mayoría lo hizo por Milo y otros por Aioria, por culpa de ellos, los demás votaron por esos dos también
— Mírenlo por el lado bueno, si no es Milo o Aioria el ganador tendrá buen dinero
— No tanto si el papá es Kanon o Aioros, esos son otros dos que están liderando y Mascara de la Muerte no está para nada atrás — Explico el santo — pero nadie ha votado por Afrodita, ni por Camus
— ¿Por qué nadie ha votado por Camus?
— Señorita es que ese hombre es muy frio — Expuso el mexicano — nadie se le acerca y él no se acerca a nadie
— Pero eso no quiere decir, que no sea el padre
— Entonces Alejita apueste por él — le sugirió Harold
— Apuesto por Afrodita — los dos hombres se quedaron sorprendidos — ¿Qué? Él puede ser el padre
— Pero él es gay — expreso Harold, acto seguido miro a Dio para que le diera la razón
— Yo no sé, ese no es mi rollo
— Afrodita no es gay, solo metrosexual — les sostuvo la mujer
— Sí, como la loca esa del Misty — expuso Harold — Va a decir que esa cosa no es gay — nuevamente miro a Dio
— Mira cuate yo no sé nada ¿Señorita le entra a la puesta?
— Voy a pensarlo
— De acuerdo, yo me tengo que ir a entrenar, antes de que el señor Aioros me llame la atención — señalo hacia el hombre que se acercaba a ellos — cualquier cosa me busca — Se fue tan rápido como pudo
— Alejandra, Harold ¿Cómo están?
— Bien señor Aioros — contesto el moreno
— ¿Seguro Harold? Porque desde que Misty te golpeo me parece que caminas torcido
— Ah no señor Aioros, yo ya estaba así, eso es de fábrica — Aioros sonrió — yo soporto muchas cosas, con lo único que no eh podido, es con este sol tan sofocante ¿Cómo le hacen ustedes?
— Lo que pasa Harold — le hablo el dorado muy serio — es que, en algún lugar de un gran país, olvidaron construir, un hogar donde no queme el sol
— Y al nacer no haya que morir — finalizo Alejandra
— ¡Alejita! — Soltó Aioros con los brazos abiertos — Te amo — le dijo abrazándola, la chica se soltó del agarre rápidamente
— Ámame menos Aioros
— Pero Alejita, tú me complementas — La miro a los ojos, Harold estaba divertido — Eres el Yin de mi Yang, la Thelma de mi Louise, el pan de mi salchi…café — los tres se echaron a reír
— Madura Aioros — comento la joven alejándose de ellos
— ¡Ya madure! — Le grito — ¡Aleja ya madure! ¡Ámame! Regresara a mí — le dijo a Harold, la chica estaba a una buena distancia — soy irresistible
Alejandra caminaba rápidamente, Aioros la hacía reír mucho y aunque ella disfruta de la algarabía de todos, era mejor no encariñarse, su futuro era incierto, Saori le había pedido que se quedara definitivamente en el Santuario, pero ella aun divagaba.
— ¿Huyes de alguien? — le pregunto Shaka, ella no lo había notado hasta que no lo tuvo cerca ¿Cómo le hacían para aparecer de la nada?
— No, solo tengo algo de afán — intento seguir su camino
— Tengo la sensación de que me estas evitando — la chica se detuvo y le miro a los ojos
— Lo lamento, es que no quiero que tengas más problemas con él, yo tampoco quiero tenerlos, es mejor así
— ¿De quién hablas?
— Alejandra ¿Al fin vas a ir al pueblo? Yo ya voy para allá — Shaina se acercó a la pareja, al ver los ojos de Shaka se dio cuenta de que había interrumpido algo — ¿Estas ocupada?
— No, vamos ya — Le dijo la morena tomándola de la mano para desaparecer del lugar
— ¿De quién hablaba? — se preguntó el rubio viéndolas partir y por un momento le pareció una escena muy bonita la que veía de ellas dos, sacudió su cabeza para continuar con su camino
Campo de entrenamiento
— ¡Corran más rápido! — Misty gritaba como un general, en el campo varios jóvenes corrían sin parar
— ¿Cuántas vueltas han dado? — Una voz femenina lo hizo viral, sin darle importancia continuo mirando con brusquedad a los niños — ¿Misty?
— No necesito un supervisor ¿Por qué insisten en venir a verme todos los días?
— Te recuerdo que si algún niño deserta serás el culpable directo — Lagarto paso saliva
— ¡Muy bien zánganos! ¡Vayan a las duchas, mañana los quiero muy puntales! — Los niños se retiraron tan rápido como pudieron — ¿Feliz?
— Gracias ¿Dónde están los más pequeños?
— Con Linda, la mujer me dio lata hasta que se quedó con los que según ella eran los inocentes, pero yo sé que todos son unos demonios ¿Naomi no tienes nada mejor que hacer? — la miro sobre su hombro
— No — el hombre resoplo — ¿Qué te hicieron?
— Me embarraron goma de mascar en el cabello — señalo — tuve que cortarlo un poco ¿no te das cuenta? — ella negó — ¡Mujer! ¡Pero si casi tengo que raparme!
— Yo lo veo exactamente igual
— Linda pero tonta
— Feo y ahuevado
— Yo no soy feo
— ¿También vas a golpearme? ¿O solo golpeas civiles desarmados?
— No empieces
— En todo caso ¿Por qué estas peleando con Harold? Él no se mete con nadie, sí a veces dice muchas cosas raras, pero de ahí a golpearlo — Misty le dio la espalda para cruzarse de brazos — ¿Qué pasa?
— No es de tu incumbencia — Naomi decidida emprendió el camino — estoy enamorado — ella detuvo el paso — no me corresponde, jamás lo haría y acepto que no estará conmigo nunca, pero simplemente no puedo verlo con alguien más — la pelirroja se plantó delante de él — antes todo estaba bien, él era inalcanzable, intocable, hasta que aparecieron ellas
— ¿Ellas?
— Sí, dos, ambas le gustan y lo conozco tan bien, para asegurar que él aun no es consciente de eso, no sé si está enamorado de alguna, si pretenda algo con alguna de ellas, pero ellas atrajeron su atención, lo sacaron del pedestal donde yo lo tenia
— Pero sí él no te corresponde ¿Por qué insistir? Sí lo amas ¿Por qué no lo dejas ser feliz? Como dijo Enrique Bunbury: Por tu felicidad a costa de la mía
— Eso intento, pero no puedo, entiende, él era inalcanzable, no le importaba nada ni nadie, él no se molestaba por mirar o por querer un amor o una relación; puede que no fuera mío, pero para mí era perfecto que no fuera de nadie tampoco
— Mira puedes decir todo lo que quieras e intentar justificarte con lo que se te ocurra, pero lo que haces y lo que piensas no es amor, no lo es, el amor no atrapa ni aferra a las personas, el amor es libre, no buscas a alguien que te ate o te asfixie, buscas a alguien para ser feliz y caminar a su lado, como iguales. Él y tú no son iguales, déjalo estar con quien sí es feliz y no te busques más problemas, levanta la cabeza y continua con tu vida
— Es increíble que tú me des consejos de amor
— Sé que no soy la más sensata en ese asunto, pero hago lo posible para ayudar a los demás con sus problemas amorosos, no te imaginas cuantas personas llegan a mí con su corazón roto
— ¿Y qué haces? ¿Te los llevas a la cama?
— En algunos casos sí, pero no te preocupes a ti te toco un consejo
— Gracias a la diosa, porque no eres mi tipo
— Ni tú el mío
Italia — La Toscana
La bella Italia brillaba, Narella estaba muy feliz de poder regresar a su tierra de nuevo, no la conocía realmente o más bien no la recordaba, hacía años que había dejado su país atrás, se marchó de ahí cuando era muy pequeña, demasiado joven para reconocer su tierra natal, por lo que se sintió ajena, distante.
El viaje había sido maravilloso, aunque estaba un tanto preocupada, no dejo que eso la desanimara de poder estar en Italia, sabía que la razón de Ángelo de llevarla a ese lugar, más que como compañía moral, era que ella pudiera apreciar su lugar de origen, y se sintió feliz de poder aprovechar ese momento.
Pero ya llevaba media hora parada frente a un hotel y su mudo compañero de viaje estaba congelado como si se tratara de una estatua, la chica estaba empezando a impacientarse y sintió unas ganas infinitas de golpear a Ángelo. El hombre estaba muy distinto, desde que habían subido al avión no hacia otra cosa que suspirar y para sorpresa de Narella, Ángelo había enmudecido.
En todo el viaje se la paso hablando ella, ella que de por si no era muy conversadora, pero por alguna extraña razón sintió que debía hablar, todo el tiempo, pues si desistía de hacerlo de seguro Ángelo dejaría de respirar. Y ahí estaban a las afuera de un lujoso hotel, ella desesperada, él ausente.
— ¿Vamos a entrar? — Pregunto por tercera vez, el guarda de seguridad del hotel los estaba mirando desde hacía tiempo — ¿Ángelo? — Su tono fue molesto, el hombre no despabilaba — no me mal entiendas, pero en este momento te estoy odiando — Cáncer la miro
— Tengo miedo — Susurro
— ¿De qué?
— De que me diga que me odia, y que la razón por la que abandono a Piero fue porque no soportaba ver mí reflejo en él
— No digas eso, además ¿Por qué ella te odiaría?
— Por no buscarla
— Sí que te sientes culpable por ese hecho
— Sé que debí buscarla, pero no lo hice ¿para qué? ¿Qué podría ofrecerle yo a ella?
— Tal vez estas sobre analizando las cosas, entremos y averiguamos que paso
— ¿Y qué le voy a decir?: Hola Antonella ¿De casualidad dejaste a nuestro hijo abandonado? porque lo encontré, si quieres verlo, solo dime
— Porque no entramos y miramos que pasa — lo halo del brazo — vamos, no tenemos mucho tiempo y quiero darme un paseo por acá — él asintió y se encaminaron a la recepción
— Bienvenidos ¿en qué les puedo colaborar? — saludo una mujer bien peinada al otro lado del mostrador
— Estamos buscando a una persona — respondió Narella con mucha naturalidad — es una mucama del hotel
— Con mucho gusto, me indican por favor su nombre completo y me informan quien la busca — Giro su vista hacia la computadora esperando una respuesta, Narella miro a Ángelo invitándolo a hablar, después de un empujón el hombre volvió en si
— Antonella, su nombre es Antonella
— ¿Su apellido? — quiso saber la empleada, Narella miro fijamente a Ángelo, él no respondió
— Solo sé que es Antonella — La peli rosada tomo aire y la mujer al otro lado del mostrador los miro confundida
— Disculpe señor, señorita, pero no estoy autorizada para darles información de los empleados del hotel, si ustedes no tiene más datos de ella, me temo que no puedo colaborarles
— Pero es una empleada del hotel, su nombre es Antonella — soltó el hombre
— ¿Tuvo algún problema con ella? Si tiene alguna queja puede remitirla por nuestra página web, o dejarla en el buzón de sugerencias — señalo hacia una urna de metal sobre la mesa
— No, solo necesito hablar con ella, es un tema personal — comento intentado no gritar
— Lo siento señor, pero no puedo ayudarlo, si gusta puede esperarla, aunque no le aseguro que este en este turno o en el siguiente
— Muchas gracias señorita — soltó Narella antes de que Ángelo perdiera los estribos — Vamos — le dijo al hombre alejándolo del mostrador
— Narella, si quieres vete a dar un paseo, yo me quedo aquí esperando por si la veo
— ¿Y sí nos hospedamos? Podemos encontrarla más rápido si estamos adentro
— Linda este lugar es un poco costoso, no puedo darme ese lujo otra vez
— Yo no traje mucho dinero, pero tal vez — Ángelo la tomo de la mano para que dejara de buscar en su bolso
— No tendríamos como regresar si pagamos para estar acá
— ¿Por qué te quedaste en un hotel así de costoso?
— Porque es el mejor hotel de Italia, valió cada Euro — Narella suspiro
— Tenemos que buscar otra forma de entrar — miro hacia los ascensores, un hombre salía de este — ¡Ahora! — Jalo a Ángelo y se metió con él en el elevador antes de que se cerraran las puertas — ¿A qué piso vamos? — Pregunto mirando los números — Dime alguno antes de que las puertas se vuelvan abrir
— No sé, presiona cualquiera — ella marco el dos
— ¿El segundo piso? ¿Por qué?
— Porque no sabemos dónde buscarla, empecemos por ahí ¿Dónde crees que estén los del servicio?
— ¿En el sótano?
— Podría ser — las puertas se abrieron y ambos salieron a los pasillos para encontrarse con una larga hileras de puertas
— Dime linda ¿Ahora que vamos hacer?
— No sé
— Pero esta fue tu idea
— Podemos ir al sótano, contando que ellos estén ahí
— También pueden estar en el primer piso — Narella suspiro
— ¡Oiga! — le grito a una persona detrás de Ángelo, cuando el hombre se percató de lo que hacía Narella ella ya estaba hablando con una mucama — Hola, disculpe — la mujer llevaba unas sábanas y se detuvo para mirar a la joven — estoy buscando a una mucama, es importante
— Sí señorita — La mujer lucía un traje negro con un delantal blanco, su cabello dorado estaba bien recogido — Dígame el nombre de mi compañera y el número de su cuarto y yo le pido que vaya a verla
— Pero es que nosotros ya nos vamos — Miro a Ángelo que se mantenía alejado — Vamos ya de salida, ella arreglo nuestra habitación ayer y se le quedo un objeto, no lo vimos hasta esta mañana, debemos entregárselo personalmente
— Con mucho gusto yo se entregó — se ofreció la mujer
— Discúlpeme, pero me temo que es un elemento muy valioso y prefiero entregárselo a ella directamente — Cáncer se quedó asombrado ante la astucia de su compañera
— Entiendo — Se rindió la mucama — Pueden esperar afuera y le pediré que vaya a verlos
— Es que ya nos vamos, tenemos mucho afán, sé que usted también está ocupada, solo dígame donde puedo encontrarla, iremos a buscarla y nos vamos, créame no es para nada malo
La rubia no pudo dudar ante el semblante amable de Narella, el hombre era el que le daba desconfianza, era un caballero muy apuesto, pero tenía cara de pocos amigos, la mucama tomo aire.
— ¿Saben su nombre? — Pregunto, no muchos clientes recordaban los nombres de los empleados
— Sí, Antonella — Contesto la chica, la mucama no dejaba de ver Ángelo
— La encuentran en la parte baja del edificio, en la zona de servicio, pueden bajar por el ascensor
— Muchas gracias — Celebro la amazona acto seguido tomo al santo para desaparecer por elevador
— Me quito el sombrero ante ti — soltó Cáncer — eres una excelente mentirosa
— Es parte de nuestro entrenamiento
— ¿Las enseñan a mentir?
— Igual nos sale natural
Salieron a la planta más baja, aquel pasillo no gozaba de las hermosas luces que caracterizaban todo el hotel, las paredes eran de un color gris y a diferencia de los otros pisos no había tantas puertas, Narella vio en la señalización una flecha que marcaba hacia el área de servicio.
— Es allí — dijo y emprendió el camino seguida del santo
En el lugar habían muchas personas, todas vestidas iguales y todas se movían con mucho afán, un hombre gritaba, dirigiendo a los empleados para que ninguna habitación se quedara desentendida.
— Buenos días — Saludo Narella al supervisor, el hombre no se molestó en mirarla y siguió con su labor — ¿Señor?
— ¡Oiga pedazo de idiota preste atención! — Expuso Cáncer muy molesto, el supervisor los miro y al ver que se trataba de posibles clientes cambio su semblante rápidamente
— Disculpe señor, este lugar no es para los clientes, Azucena por favor acompañe a los señores a su habitación
— No señor no necesitamos eso, estamos buscando a una mucama — Explico Narella
— ¿Acaso tienen alguna queja? ¿Paso algo malo? Les ruego nos disculpen, pero tomaremos las medidas necesarias
— Estamos buscando a Antonella — Comento Ángelo con tono retador — la necesitamos para algo personal
El supervisor temió por su vida, así que con gesto cordial señalo hacia una mujer que hablaba por teléfono — Allá esta — el dorado miro hacia donde le indicaban, la mucama aparentaba unos 40 años, tenía el cabello azabache y era bastante alta
— ¡Ella no es! — Expreso el guardián de la cuarta casa — Yo busco a una mujer joven — el hombre delante de él lo miro sin entender — Su nombre es Antonella, y es rubia de ojos claros
— Lo siento señor, tal vez es de otro turno — Interrumpió la amazona
— Caballero, señorita, tengo a dos Antonella bajo mi tutela y ninguna concuerda con su descripción
— ¡Pero estuve aquí hace 10 meses! ¡Ella me atendió durante mi estadía!
— ¡Oh! — Expreso el supervisor — Antonella Ricci, ella se fue de aquí hace siete meses
— ¡¿Qué?! No puede estar pasando ¿Sabe usted donde la puedo encontrar?
— Lo siento señor, esa información es confidencial
— Pero es muy importante que la encontremos — Pidió Narella
— Lo siento señores, pero no puedo colaborarles, está fuera de mi alcance, Azucena por favor acompaña a la señorita y al caballero a su habitación
— No es necesario — Comento la amazona — conocemos el camino, gracias — nuevamente jalo a Ángelo quien se quedó muy quieto
— ¿Y Ahora qué hacemos?
— Debe haber una oficina, con los documentos de los empleados en alguna parte, tal vez encontremos algo de ella, una dirección o un teléfono — Miro en su en rededor — Vamos — sugirió corriendo por los pasillos
— ¿Qué haces?
— Buscando una oficina — intento abrir una puerta — Tal vez sea esta
— O tal vez es un simple armario
— La tirare
— Oye, me encanta tu ímpetu, la Narella atrevida me agrada mucho, pero no quiero que te metas en problemas
— Solo vamos a entrar a la oficina y buscar los papeles de Antonella, será un vistazo nada más — Ángelo lo pensó y camino unos pasos adelante para cerciorarse que no hubiera nadie cerca
— ¡Espera! — Le alcanzo a advertir a su compañera quien ya estaba a punto de patear la puerta — Creo que encontré la oficina — delante del dorado una puerta abierta daba paso al escrutinio
— Miremos en los archivadores
— Creo que encontré algo — Miro en una gaveta de empleados retirados
— Búscala por el apellido, debe estar en ese orden — él acato, acto seguido saco una carpeta con el nombre de Ricci, Antonella — esa es — Ángelo la abrió para dejar ver su contenido — ¿Sí es ella? — quiso saber al ver una fotografía de una mujer con los documentos
— Sí, es ella, anotemos su dirección — Narella tomo papel y lápiz para tomar apuntes de la información
— ¡Oigan ustedes que hace acá! — Un hombre de uniforme los sorprendió
— Lo siento señor — Musito Ángelo acercándose al hombre — lo que pasa es que — en un rápido movimiento le propino un fuerte golpe en la nuca dejándolo inconsciente
— ¡Ángelo!
— Vámonos — le dijo tomándola de la mano para sacarla del lugar
La carrera fue intensa, corretearon por los largos pasillos hasta encontrarse con el ascensor, por fortuna las puertas se estaban cerrando dándoles el tiempo suficiente de ingresar, cuando llegaron al primer piso, nuevamente emprendieron la fuga; Ángelo sostenía con fuerza a Narella para que no se quedara atrás, el vigilante de la entrada los miro entretenido, pero no supo si cortarles el paso, y así se encaminaron por las grandes calles italianas entre risas, olvidándose que venían escapando de algo, cuando sintieron que estaban lo suficientemente alejados se detuvieron, solo para mirarse y reír a carcajadas.
— No puedo creer que hayas hecho eso — Dijo la chica
— Así hago yo las cosas, tu método es efectivo pero el mío es eficaz — soltó con una ligera sonrisa
— ¿Entonces ibas a golpear a todos hasta llegar a Antonella?
— De ser posible ¿Lograste tomar los datos?
— Sí — le entrego el papel con la información
— No estamos lejos — advirtió mirando la nomenclatura
Aún era temprano tenían mucho tiempo por delante, tomaron un taxi y se dirigieron hacia la dirección que Narella logro tomar, iban distraídos hablando de varias cosas y comentando la mejor forma de presentarse ante Antonella. Por fin una casa de cuatro plantas se presentó ante ellos, descendiendo del vehículo se aventuraron hasta la puerta del lugar, esperando poder encontrar respuestas.
Narella alentó a Ángelo a tocar el timbre, decidido presiono sobre el botón y se quedó inmóvil aguantando la respiración; una regordeta mujer de cabellos rizados se asomó por el umbral.
— Buenas tardes — saludo cáncer en griego, la mujer delante de él lo miro sin entender y le dijo que se largara — ¡Espere! — Pidió evitando que la puerta se cerrara — Estoy buscando a una persona — esta vez si hablo en italiano, por un momento se le había olvidado donde estaba
— ¿A quién necesita?
— Antonella, estoy buscando a Antonella Ricci
— Ella ya no vive aquí, se fue hace siete meses
— ¿Sabe dónde la puedo encontrar? — la mujer lo miro de arriba abajo
— No — finalizo cerrando la puerta de un golpe
— Que grosera — comento Narella — Crees que haya dicho la verdad
— Sí — Se dejó caer sobre la acera — No tengo donde buscarla
— Tenemos su número, llamemos
— Buena idea, busquemos donde
Después un pequeño recorrido encontraron unas cabinas telefónicas, acto seguido marcaron los números, Ángelo sostenía la bocina, mientras Narella esperaba paciente a que atendieran la llamada, pero el semblante del hombre empezó a cambiar y después de unos segundos colgó el auricular molesto.
— ¿Qué paso? — quiso saber ella
— El numero esta fuera de servicio ¡Maldición!
Hasta ahí había llegado su investigación, sin más pista de Antonella no había forma de encontrarla.
— ¡Ya sé! — Bramo la joven — busquémosla por internet
— ¿De qué hablas?
— Internet, en Google
— ¿Se puede hacer eso?
— Sí, busquemos una computadora
Encontrar un computador fue mucho más sencillo, en un centro comercial Narella se ubicó frente a una laptop y digito con lentitud el nombre de la mucama, la búsqueda no fue exitosa, no había nada, aparecieron varias cosas, perfiles, pero ninguno de ellos era la Antonella de Ángelo. Derrotados salieron del lugar, ambos callados, ya ni Narella tenía ganas de hablar.
— No importa — dijo finalmente el italiano — Nos iremos mañana muy temprano y tú no conoces el lugar, disfrutemos del tiempo que nos queda — Ella acepto con una sonrisa
Continuara
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Hola, hola gracias por leerme, no sé si alcance a publicar el siguiente capítulo antes del 24, lo más probable es que no, así que les deseo una feliz navidad.
Como ya les había comentando Narella es un personaje del fanfic 'Saint Seiya – Saga: Cataclismo 2012' de mi buen amigo Ikazeshini, al que nuevamente le agradezco por prestarme a la niña bonita.
Gracias todos mis lectores; Nyan-mx, ShainaCobra, Melka1, Natalita, beauty-amazon, melodysaint999, Jademia, les agradezco mucho sus comentarios
Monse: Gracias por tus comentarios, Aioros solo es distraído, y sí, Seiya esta para ser el saco de Boxeo de todo el mundo, en el anime lo fue de la gran mayoría jajajaja…lo que insinúas de Saga es bastante interesante jijiji buena idea
Nos estamos leyendo
