PDV de Elsa
Suspiré con notorio cansancio al ver que mi llamada era nuevamente ignorada por treceava vez esta mañana.
Estás hablando con Jack Frost, en caso de que seas Hipo, Eugene o Kristoff... váyanse al demonio, déjenme dormir. En caso de que no seas alguno de esos idiotas, lamento no poder atender tu llamada, ya sabes que hacer...
-¿Sigue sin responder?- Me preguntó Astrid recargándose en mi casillero.
-No, estoy preocupada- mi voz era ronca –Ayer que estuvimos en su casa dijo que no habría nadie por unos días ya que su madre salió de viaje y el resto de su familia está en casa de su tía... cuando me fui se escuchaba mal-
-¿Crees que su resfriado pudo haber empeorado?- se comenzó a ver preocupada.
-Siento que hay algo mal, él siempre responde mis llamadas-
Ella frotó mi brazo tratando de tranquilizarme –Tan pronto termine el día iremos a buscarlo-
Le sonreí con tristeza asintiendo.
-¿Vamos a clases?- señaló el pasillo.
-Adelántate, debo ir al baño primero- respondí.
-Está bien- me sonrió con amabilidad.
Abrí mi casillero para dejar mi libro de la clase anterior y buscar el de mi siguiente clase. Mis ojos se posaron en el trozo de papel que guardaba como un tesoro personal, lo tomé entre mis manos para desdoblarlo y volver a leer las palabras plasmadas con la caligrafía de Jack.
Los lunes son un asco de todas formas, huye conmigo...
Si eres tan mala como dices ser de seguro aceptaras sin pensarlo mucho, estaré en la azotea.
Lo volví a doblar con sumo cuidado para guardarlo de nuevo. Cerré mi casillero y tomé mi bolso que se encontraba recargado en el suelo y me dirigí a la salida principal.
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-¿Jack?- volví a llamar por tercera vez a la puerta de la casa sin obtener respuesta alguna, en el exterior todo se veía tan acogedor como siempre, solo que todo estaba cubierto por la nieve que no había parado de caer desde ayer.
Sin más opción, me di la media vuelta para dirigirme a la puerta de madera que daba a un pasillo estrecho el cual conectaba con el jardín trasero de la casa.
-Perdón- me sentía culpable por allanar una propiedad privada, no importaba que fuera la casa de Jack y que ya hubiera estado una docena de veces aquí; no se sentía correcto, pero Jack podría estar necesitando mi ayuda.
Mis ojos se abrieron con pánico al ver la puerta del balcón de la habitación de Jack azotándose una y otra vez con el viento. Comencé a escalar el árbol y lancé mi bolso haciendo que este aterrizara a salvo en el balcón, de esta manera yo podría escalar con mayor facilidad.
Sentí alivio al sentir como mis pies tocaban la seguridad del piso del balcón, entré corriendo al interior de la habitación para encontrarme con lo que más temía. Ahí en el suelo, Jack yacía inmóvil en posición fetal temblando.
-Jack- cerré la puerta del balcón impidiendo que siguiera entrando el frio –Hey, Jack, despierta- me arrodillé a su lado comprobando su respiración y su temperatura corporal.
-Estas ardiendo- jadeé al sentir la elevada temperatura de su piel contra la mía que estaba fría por el clima de afuera.
-No mires, me veo terrible- murmuró con voz ronca antes de estirar su mano para alcanzar una almohada y cubrirse.
-Jack...- aparté la almohada de su rostro. Se veía mucho más pálido de lo normal, sus mechones de cabello se pegaban a su frente por el sudor y su nariz estaba muy roja.
-Estas enfermo, Jack- besé su mejilla –Tengo que bajar la fiebre, ¿tienes algún botiquín en la casa?-
Levemente asintió –Esta en el baño principal- respondió con su ronca voz.
-Vamos- pasé su brazo sobre mis hombros luchando por intentar cargar su peso.
-Solo déjame morir en el suelo- murmuró.
-Por favor, Jack, ayúdame un poco- le supliqué en voz baja.
Finalmente, ambos logramos ponernos de pie y pudimos llegar hacia su cama que solo estaba a unos cuantos pasos.
-No, no, no, Jack...- al intentar depositarlo con cuidado en su cama él terminó cayendo sobre mí, no sería algo tan malo si no fuera por el hecho de que su peso comenzaba a asfixiarme.
-Jack, no puedo...- mis pulmones suplicaban ante la falta de oxígeno.
Finalmente, él se movió un poco lo cual me permitió respirar de nuevo -Muy suave...- murmuró abrazándome contra su cuerpo y enterrando su cabeza en mi cuello.
Su aliento ardiente golpeando contra mi cuello me producía cosquillas, no pude evitar reír ante la sensación –Jack...- intenté alejarme de él sin éxito, me tenía aprisionada, se aferraba a mi como si fuera una almohada.
-¿Por qué hace tanto frio?- preguntó inocentemente.
-Te lo dije, estas enfermo- estiré mi mano para alcanzar con la punta de mis dedos la cómoda frazada que se encontraba desordenada por la cama; la usé para cubrirlo.
-Jack, en serio necesito bajar la fiebre- acaricié su cabeza intentando hacer que él abriera los ojos –Por favor, suéltame-
Él finalmente asintió y liberó su agarre de mi cuerpo.
-Volveré en un segundo- besé su frente antes de dirigirme al baño principal, no sin antes preocuparme al escucharlo toser.
Caminé por el pasillo hasta llegar a las escaleras, en mi camino al baño principal mi teléfono comenzó a sonar, era Anna.
-Elsa, ¿Dónde rayos estas?-
Despegué un poco el oído de los parlantes al escuchar los gritos de mi hermana y amigos desde el otro lado de la línea.
-No se preocupen, estoy en casa de Jack- respondí tratando de tranquilizarlos.
-¿Ah si?, ya me oirá ese idiota cuando...-
-Jack está enfermo- me apresuré a explicarles.
-Iremos para allá- Hipo le había arrebatado el teléfono a Anna.
-No pueden saltarse todos las clases, por ahora puedo manejarlo, descuiden-
-¿Estas segura?, Jack suele ponerse bastante pesado cuando se enferma- reí un poco al escuchar el tono de preocupación de mi amigo de ojos verdes.
-Oh, vamos Hipo- escuché la voz de Eugene cerca –Ahora mismo Jack está siendo atendido por una enfermera sexy, ¿Quién no desearía eso?-
Arqué una ceja al escuchar esto.
-¿Acabas de llamar a mi prima sexy?- Esa era Rapunzel.
-¿Viene de familia?- Eugene trató de excusarse.
-¿Disculpa?- Anna seguramente le estaba dando una mirada de muerte.
-Silencio, estamos en medio de algo serio- Hipo los hizo callar a todos –De todas formas, iré después de clases, prepararé un poco de sopa de pollo, eso siempre le ayuda a sentirse mejor... te cuidado con los abrazos, suele ponerse muy cariñoso cuando está delirando. Su mamá guarda un botiquín de primeros auxilios...-
-En el baño principal- terminé la oración por él –Jack me lo dijo-
-Ahí guardan el ibuprofeno, también hay jarabe para la tos. Jack odia las medicinas así que tendrás que abrirle la boca y obligarlo a tragársela como lo hago con Chimuelo-
Volví a reír –Estaremos bien, Abadejo-
Hubo un breve silencio tras la línea –Desde que te juntas con Jack se te han estado pegando sus mañas, eso me preocupa- me dijo antes de colgar.
Rodé los ojos pensando en lo exagerado que a veces podía ser Hipo.
Tal como lo había dicho él, en el botiquín logré encontrar diversos medicamentos y utensilios para primeros auxilios.
Me apresuré a también buscar un poco de agua y unas compresas para bajar la fiebre.
-¿Jack?- abrí con cuidado la puerta, trataba de no hacer mucho ruido en caso de que él estuviera dormido, afortunadamente no lo estaba –Jack, tengo algo que te hará sentir mejor- me senté al borde de la cama extendiéndole el vaso de agua y una capsula.
-Odio las medicinas, saben amargas- se escondió tras la frazada.
Negué con la cabeza –A veces eres solo un niño pequeño, Jack- descubrí su rostro para que me pudiera ver –Anda, debes tomar esto- volví a extenderle los objetos.
-No quiero- insistió en medio de un ataque de tos.
-¿Lo ves?, necesitas atenderte, así que toma esto- Estaba comenzando a temer que la broma que había hecho Hipo respecto a Jack y las medicinas no fuera solo eso.
-No- hizo un puchero.
-Jackson Overland Frost- lo llamé por su nombre completo con tono autoritario.
-Bien- tomó la capsula y el vaso de agua y se la tragó de golpe.
-Ahora un poco de esto- vertí con sumo cuidado el líquido pegajoso en la cuchara metálica.
Me miró con ojos de cachorro.
–Te prometo que no sabe amarga- le sonreí y él aceptó con renuencia el jarabe.
-Bien hecho, Jack- lo empujé con suavidad para que se volviera a recostar -¿Estas cómodo?- le pregunté.
Él murmuró algo incomprensible y asintió.
-¿Qué dijiste?- acerqué mi oído intentando escuchar mejor.
-Gracias- volvió a decir en voz baja.
-De nada- acomodé su almohada y lo arropé –Ahora intentaré bajar la fiebre. Mientras tanto cierra los ojos e intenta descansar, ¿sí?-
Él volvió a asentir cerrando sus ojos.
Los siguientes 40 minutos me dispuse a colocarle compresas de agua y reemplazarlas constantemente para bajarle la fiebre, después de ver que su cuerpo ya no temblaba y que había caído en un profundo sueño volví a revisar su temperatura... estaba normal.
-Volveré en un segundo- le susurré antes de bajar a abrir la puerta, Hipo me acababa de enviar un mensaje diciendo que se encontraba abajo.
Corrí escaleras abajo y abrí la puerta encontrándome con Abadejo envuelto en un abrigo voluminoso, fue entonces que me di cuenta que la tormenta había empeorado.
-Hey, Els- se limpió la nieve de las botas antes de entrar al recibidor -¿Cómo está?- preguntó preocupado.
-Ven a verlo por ti mismo...- lo tomé por la muñeca arrastrándolo con gentileza escaleras arriba hasta la recamara de Jack.
-Vaya, de verdad lograste manejarlo- se veía sorprendido.
-Tenías razón, no es sencillo lidiar con un Jack enfermo- ambos hablábamos en voz baja.
-Dímelo a mí- se levantó la manga de su abrigo revelando una pequeña cicatriz –Esto me lo hizo cuando le dio varicela... con una cuchara-
-Jack- rodé los ojos.
-Sé que a veces puedo parecer muy sobreprotector con él, Elsa, pero es mi mejor amigo y ha pasado por muchas cosas...-
Me mordí los labios al escuchar esto -¿Tu estuviste ahí cuando su padre murió?- pregunté con miedo.
Él asintió –Prácticamente nos criamos juntos, como hermanos- suspiró –Aunque a veces es difícil llegar a él, se necesita de mucha paciencia para comprenderlo-
Cerré mis ojos dejando que los pensamientos inundaran mi mente.
-Por eso me alegra que te haya encontrado, Arendelle- Estas palabras me trajeron de regreso.
-¿Perdón?- pregunté confundida.
-Eres como él en muchos sentidos y algo me dice que eres la única que puede entender por lo que él ha pasado-
Ambos nos miramos a los ojos –Hipo...- intenté averiguar más al respecto, pero él me interrumpió.
-Tienes que calentarla por 3 minutos en el microondas– Me entregó el recipiente de plástico apto para el microondas –Suele usar un cuenco azul con patrón de copos de nieves, es su favorito, se lo regalé en navidad hace algunos años- se dirigió al pasillo.
-¿N-no te quedaras?- le pregunté.
-¿Y arriesgarme a otra cicatriz?, ni loco- se rio –Además, creo que está en excelentes manos-
-Tengo que ayudar a mi padre en el taller- Se preparó antes de abrir la puerta principal –De todas formas, llámame si surge cualquier cosa, le diré a Kristoff que también mantenga su celular encendido en la noche.
-Espera, ¿eso significa que nos quedaremos solos?, ¿toda la noche?-
Se encogió de hombros –Creí que te gustaría la idea, pero si tienes problema con ello...-
-No, no es eso, es solo que... ¿no le molestara a su familia?-
-Jack mencionó que no regresarían hasta mañana por la tarde- finalmente abrió la puerta, estaba listo para irse –De todas formas, si comienzas a sentir dudas sobre quedarte, llámame y vendré a relevarte con gusto-
-Está bien, gracias, Hipo- levanté mi mano despidiéndome.
-¿Gracias?, pero si eres tú la que está haciendo todo el trabajo- se rio mientras se despedía.
La siguientes horas transcurrieron en paz con Jack durmiendo plácidamente, verlo tan tranquilo era algo inusual y todo un espectáculo. La tormenta había parado por lo que los rayos de sol de la tarde atravesaban la puerta del balcón haciendo que el paisaje afuera se viera como sacado de un cuento de hadas; aunque la vista del chico de cabellos plateados siendo iluminado por los últimos rayos de luz opacaba el exterior.
-¿Elsa?- sacudí mi cabeza al notar que él estaba despierto, me había atrapado mirándolo fijamente, que horror.
-Jack, estas despierto- me levanté del puf para acercarme a su lado y tocar su frente –Tu temperatura sigue estable, ¿Cómo te sientes?-
-No fue un sueño...- murmuró confundido –¿Qué hora es?- se sentó de golpe en la cama.
-Tranquilo, ahora te sientes mejor por el efecto de la medicina, pero necesitas seguir descansando- intenté hacer que se volviera a recostar, pero fue en vano.
-¿Son las 5 de la tarde?- jadeó sorprendido.
-Jack...- tomé sus manos –Tranquilo- le sonreí.
-Pero...- intentó protestar, pero lo silencié besando su mejilla –Hipo trajo sopa de pollo, esta deliciosa, iré a calentarte un poco- volví a ponerme de pie –Aquí hay ropa limpia en caso de que quieras cambiarte, y también un poco de agua, por si tienes sed. Volveré en seguida- le señalé los objetos colocados sobre la mesita de noche antes de salir cerrando la puerta tras de mí.
Mi corazón latía inexplicablemente, es decir, siempre sentía mariposas en el estómago estando cerca de Jack, pero el día de hoy un extraño sentimiento había surgido en mí. El haber cuidado a Jack estando enfermo me hizo recordar a cuando mi madre hacia lo mismo con mi padre.
¿Es así como se sentía ser parte de la vida de alguien?
Tardan siglos. A este paso terminaré la universidad antes de que ustedes sean novios
Estas palabras que había dicho Merida hace algunos días resonaban ahora mismo en mi cabeza.
¿Qué estoy haciendo?, la universidad está a la vuelta de la esquina. Definitivamente quiero avanzar en mi relación con él antes de que el tiempo se acabe, entonces, ¿Por qué no lo hago?... o si, cierto, mis traumas e inseguridades.
Sé que a veces puedo parecer muy sobreprotector con él, Elsa, pero es mi mejor amigo y ha pasado por muchas cosas...
Aunque, a juzgar por lo que había escuchado hoy por parte de Hipo, tal vez no era la única con problemas.
¿De verdad es prudente continuar sabiendo esto?
No, ese no es el problema. El problema es continuar sabiendo todo esto y no hacer nada al respecto.
-Elsa- Jack sacudió una mano frente a mis ojos tratando de hacerme reaccionar.
-¿Eh?- lo miré confundida, ¿Cómo es que se había cambiado tan rápido?.
-Creo que la sopa ya está lista- abrió la puerta del microondas sacando el recipiente y vertiéndolo en el cuenco, que, de forma inconsciente, había preparado.
-Lo siento- me apresuré a arrebatarle el plato de comida caliente y colocarlo en la mesa del comedor –Estaba en las nubes, siéntate-
Él aceptó la oferta y comenzó a tomar la sopa. Al menos tenia apetito, eso me tranquilizaba.
-¿Dónde está Hipo?- preguntó.
Me encogí de hombros –Dijo que parecíamos estar bien y que tenía que ayudar a su padre-
-¿Te dejó con todo el trabajo de cuidarme?, que idiota- se rio.
-No es nada- le sonreí.
-Sabes... no tienes que quedarte, me siento mucho mejor y no quisiera incomodarte- se veía apenado.
-No me siento incomoda- respondí con calma –Y todavía necesitas que alguien te monitoreé; cuando llegué la nieve estaba entrando por tu balcón-
-Lo último que recuerdo bien es que comencé a sentir mucho calor así que abrí la puerta- respondió –Lamento haberte preocupado y que te hayas tomado tantas molestias- se frotó la frente.
-Jack- tomé su mano –No fue nada, en serio. Me hizo muy feliz poder ayudarte después de todo lo que has hecho por mí, déjame seguir cuidándote, por favor-
Él por primera vez en todo el día me sonrió genuinamente –Bueno, en ese caso... ¿Por qué no tomas algo de mi ropa y te pones cómoda?- señaló mi abrigo, jeans y botines de tacón.
A decir verdad, mi ropa se seguía sintiendo húmeda por la nieve que la empapó ligeramente después de la caminata desde la parada del bus hasta la casa de Jack.
Asentí aceptando con gusto la idea de quitarme estos zapatos.
-Adelante, subiré en unos minutos-
-Okey- le di un ligero apretón a su mano antes de soltarlo y subir a buscar algo de ropa.
No fue muy complicado escoger entre la ropa de Jack, después de todo compartíamos el mismo gusto por la ropa azul en todas las diversas variantes. Así que seleccione un jogger gris y una sudadera sin capucha azul marino. Abrí la puerta del balcón y salí a tomar un poco de aire, me encontraba debatiéndome a mí misma si era momento para contarle toda la verdad a Jack, pero si decidía hacer aquello debía estar consciente de que no habría vuelta atrás y seguramente se definiría el futuro de nuestra relación... y eso me asustaba.
Me sorprendí al sentir un par de brazos abrazando mi cintura –Hey- Jack me saludó hundiendo su cabeza en mi cuello acercándome más a él -¡Jack!, ¿Qué estás haciendo?, no puedes estar afuera- lo regañé dándome media vuelta.
Sonreí al encontrarme con que él se había envuelto a si mismo de la cabeza hacia los pies con la frazada.
-Descuida, solo será un momento, necesitaba algo de aire fresco- se recargó contra el barandal de madera –Además, ¿Qué hay de ti?, ¿no se te congelan los pies?- señaló mis pies desprotegidos.
-Entraré en seguida- respondí murmurando –También necesitaba algo de aire-
-Eres todo un misterio, Arendelle- se giró para ver la luna –Mira, hay luna llena- lo observé sonreír emocionado.
-Sí, brilla mucho esta noche- lo imité.
-Casi puedes escucharla hablar- Definitivamente sus actitudes eran como las de un niño, y no me refiero a que sea una persona infantil, sino que es tan ingenuo y puro como un pequeño.
-¿A si?, yo no escucho nada- le dije con lastima -¿Qué dice?-
-Está feliz...- respondió con seriedad.
-¿Por qué?- le pregunté con curiosidad.
-Porque hay al menos dos personas tratando de escucharla- Su rostro se tornó preocupado.
-Jack...- tomé su mano, era momento de sincerarme con él -¿Qué harás cuando terminé la escuela?-
Su rostro se giró para encontrarse con el mío, mi pregunta había despertado curiosidad en él –Uh, en realidad... vaya, creo que nunca habíamos hablado de esto, ¿verdad?-
Negué con la cabeza –No-
-Oh... espera un segundo- se dio media vuelta para entrar a su habitación.
Lo observé como comenzaba a rebuscar algo entre los estantes donde había algunos libros. Una vez que logró encontrar lo que buscaba regresó con paso apresurado –Nunca le había mostrado esto a alguien- me hizo una seña para que me sentara a su lado en el sillón que era lo suficientemente grande para que los dos cupiéramos en este.
-Jack...- pasé mi mano por la cubierta del encuadernado –Esto es tan adorable- moría de ternura al leer el titulo elaborado con letras recortadas "Las 1000 cosas por hacer en la vida de Jack Frost".
-Lo comencé cuando cumplí 10 años- se rio de sí mismo –Desafortunadamente solo se me ocurrieron como 100 cosas-
-Eres increíble, Jack- una gran sonrisa se marcaba en mi rostro conformé leía las páginas y veía los recortes –Ser la mejor estrella de rock, ir a la luna, salvar a alguien de un incendio cuando sea bombero, estudiar medicina...- lo miré genuinamente maravillada con todo esto –Para tener 10 años tenías muchas aspiraciones-
Se encogió de hombros –No, la verdad es que desde los 10 años sabía que no tenía ni idea de lo que quería hacer con mi vida- respondió afligido.
-¿A qué te refieres?- Levanté la vista de los recortes para mirarlo a los ojos, aquella revelación era preocupante.
-¿Nunca has sentido como si no supieras quién eres?- preguntó sin dudar.
Todo el tiempo, Jack. Pensé esa respuesta en mi cabeza, solo que no tenía las agallas de admitirlo en voz alta.
Al ver que no iba a responder él solo decidió continuar.
-Yo si- se escuchaba muy abatido al decir esto –Tengo 18 años y no tengo ni idea de por qué estoy aquí, ¿Cuál es mi propósito en la vida?- miró a la luna.
-¿Qué tal si nunca logro averiguarlo?- dijo con voz quebradiza.
Coloqué mi mano en su hombro intentando consolarlo –Eres Jack Frost, sin importar lo que decidas hacer...- suspiré –Seguramente lo harás increíble-
Su mirada volvió a cruzarse con la mía y sus labios dibujaron una débil sonrisa.
-...Así que respondiendo a tu pregunta...- avanzó varias páginas hasta llegar a una en específico.
-¿Ese eres tu e Hipo?- volví a sonreír al ver la fotografía de ambos chicos siendo solo un par de niños pequeños –Awww, eran muy adorables- señalé las mejillas rosadas de ambos.
-El pobre Hipo era muy tranquilo, mientras yo solo lo arrastraba en problemas- comentó con aire de arrepentimiento.
-En el fondo, estoy segura que él está agradecido por eso- recordé nuestra conversación de hace rato en la cual Hipo expresaba todo el cariño que le tenía a su amigo -¿"Viajar por el mundo con Hipo"?- leí el título.
-Me tomaré un año sabático, Elsa- nos miramos a los ojos con seriedad –Hemos estado ahorrando desde hace años- se abrazó a si mismo haciendo el recuento de todo lo que habían trabajado para obtener ese dinero.
-Entonces cuando la escuela termine... ¿se irán?- estaba casi en shock al darme cuenta de esto.
-Ese es el plan, también vendrá Astrid- confesó.
Estaba sorprendida de no saber nada de esto de mis mejores amigos –Wow... eso es algo grande-
-Lo sé- respondió cabizbajo –Pero Hipo y yo realmente necesitamos esto, él se siente igual que yo, tampoco sabe con exactitud que quiere para su futuro, a excepción de una sola cosa...-
-Astrid- inferí.
Él asintió –Por eso vendrá ella, será una buena experiencia para ellos como pareja y yo supongo que seré la tercera rueda u algo así...- soltó una pequeña risa.
Hubo un silencio entre nosotros.
-O al menos eso era antes de...- levantó su mirada hacia la mía.
-¿E-estás hablando en serio?- esto era algo aún más increíble de escuchar-
-Elsa...- tomó mi mano –Cuando te conocí sabía que había algo en ti y me tomó un poco comprenderlo ya que no tengo el trasfondo de tu historia, pero algo me dice que eres igual que nosotros-
No dije nada, lo dejé continuar.
-Todos nosotros somos muy diferentes, pero aun así somos amigos y la razón por la que eso es posible es porque todos tenemos en común algo- explicó –Todos nosotros queremos ir más allá-
Asentí levemente.
-Siempre estamos buscando algo, Elsa- percibí la emoción en su voz –No sabemos muy bien lo que es, pero tenemos la urgencia de encontrarlo... La razón por la que tu encajas tan bien con nosotros es porque eres igual- se acercó a mi peinando un mechón de cabello tras mi oreja.
-¿Verdad que sí?- susurró, su mano delicadamente guio mi mirada hacia la luna –Hay una voz que te llama, ¿no es así?, siempre está diciéndote lo mismo... ¿Por qué no la escuchas?-
Inconscientemente sonreí imaginándome todo lo que de verdad quería hacer. Jack tenía la razón, yo no quería dirigir una empresa, no era para mí. Mi verdadero yo era alguien que quería ir a lo desconocido, la única razón por la que seguía negándolo era porque desde que nací mi futuro había sido decidido y todo lo que soy en la actualidad era algo que me habían impuesto.
-¿Por qué no vienes con nosotros?- dejé escapar un suspiro al escuchar esas palabras.
Alguien me estaba ofreciendo la libertad que tanto necesitaba.
-Yo...- sus ojos se clavaron en los míos, me miraban llenos de anhelo.
Una vez que probara esa libertad, no habría vuelta atrás, siempre querría más.
-No puedo hacerle eso a Anna- mi corazón se partió al ver la decepción en sus ojos –Si yo decidiera escapar, toda la responsabilidad recaería sobre ella, nunca haría algo que pudiera poner en riesgo sus propios sueños-
Él finalmente me sonrió asintiendo –Lo comprendo, yo haría lo mismo por Emma- me abrazó.
-Creo que deberíamos de entrar- Le sugerí acobardándome de mi previa decisión, todavía no estaba lista para ese paso.
Él hizo un sonido de afirmación y ambos nos refugiamos de nuevo en el calor de su habitación –No puedo creer que ya es tan tarde- dijo él viendo el reloj de su teléfono celular.
-No es tan tarde- fallé al intentar contener un bostezo.
-Copo de Nieve, ¿Por qué no duermes en mi cama?, yo puedo ir a la habitación de Emma o de mi madre.
Asentí –Solo me gustaría estar un rato más despierta, quisiera hacer mi tarea-
-Déjame ayudarte- me invitó a sentarme a su lado en la cama.
-Muy bien, pero primero debes tomar tu medicina de nuevo- tomé el frasco de capsulas y lo agité.
Él suspiró –No hay manera de librarme de esto, ¿verdad?- se acercó para tomar el objeto de mi mano.
-No, Jackson- sonreí victoriosa.
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Mis ojos se abrieron lentamente, me tomó varios segundos darme cuenta de que no estaba en mi cama, ni mucho menos en mi habitación.
Fue solo hasta que me despabilé de mi sueño profundo que pude recordar todo lo que había sucedido desde la mañana.
-¿Jack?- lo observé dormir plácidamente a mi lado, mientras abrazaba mi cintura.
Verlo dormir tan de cerca era aún más increíble, a pesar de que no podía apreciar todos los detalles debido a la oscuridad, sus facciones eran iluminadas por la luz de la luna que entraba desde el exterior. Esa escena era demasiado bella como para perturbarla; con mucho cuidado aparté su mano de mí y me puse de pie, estaba dispuesta a averiguar que era aquel ruido que había arruinado mi dulce sueño.
-¿Hola?- llamé a lo que fuera que estuviera provocando aquellos ruidos -¿Señora Overland?, ¿entrenador Norte?- mi pulso cardiaco comenzó a acelerarse debido a que estaba empezando a ser presa del miedo.
¿Esta era la casa de Jack?, se veía completamente diferente; el dulce aroma a galletas recién horneadas había sido sustituido por el olor a humedad, los brillantes pisos ahora rechinaban con cada paso que daba, los pasillos iluminados repentinamente se volvieron angostos y oscuros, el viento se colaba por las aberturas sonando como un terrible lamento. No había manera de que esta fuera la misma casa, era imposible.
-¿Quién está ahí?- bajé por las escaleras con cuidado de no tropezar.
-Tu- mi grito se vio ahogado por una mano en mi boca.
Intenté zafarme del fuerte agarre de esta misteriosa persona.
-¿Quién eres y que haces en esta casa?- me liberó
-Soy Elsa, amiga de Jack- gemí asustada –Estaba cuidándolo porque está enfermo-
-¿Enfermo?- cuestionó con desconfianza -¿Y dónde está Abadejo?-
-El vino un rato, pero tuvo que irse- expliqué –No quería dejarlo solo, lo siento- me disculpé sin siquiera saber con quién estaba hablando.
-¿Elsa, cariño?- la luz de la sala se encendió ahuyentando de inmediato toda la oscuridad -¿Qué haces aquí?- Era la madre de Jack.
Al verla no pude evitar correr a su lado en busca de consuelo –Jack tiene gripe, solo intentaba ayudarlo, lo juro- finalmente pude verle el rostro al hombre de traje negro, piel pálida y cabello oscuro como la noche.
-Está bien, linda, muchas gracias por eso- me sonrió para tranquilizarme -¿Cómo esta él?- preguntó.
-Mejor- respondí –Se encuentra durmiendo ahora-
-Ese muchacho no entiende, nos vamos unos días e invita a una chica a quedarse en la noche...- el hombre se frotó la sien con fastidio –Iré a hablar con él-
-Está enfermo, Pitch- Elenoy lo detuvo –Mañana hablaras con él, déjalo descansar por ahora... por favor- ambas personalidades se veían a los ojos.
-Bien- respondió con frialdad –Lleva a la señorita a su casa, seguramente su familia ha de estar preocupada por ella-
-Sí, es lo mejor- me miró –ve por tus cosas, Elsa, te llevaré a casa-
No pude hacer nada más que estar de acuerdo y subir a buscar mis cosas.
-Vendré a visitarte mañana- le dije a Jack en voz baja dándole un pequeño beso en los labios –Por favor, toma tus medicinas- le recordé antes de irme.
Nota del autor: Gracias por leer.
: Muchas gracias por tu comentario, espero leerte en este capitulo tambien aunque ahora mismo tuve problemas para subir esto, espero pueda llegarles a ustedes. Tienes la absoluta razon, Jack debió de haber portado el vestido con orgullo, es uno de esos chicos cuya masculinidad no es fragil, eso es seguro, ademas, tiene piernas aptas para que un vestido se le vea bien.
Nikolai: Muchas gracias, espero leerte pronto! Si veremos a los chicos siendo subastados aunque no estoy muy segura de como desarrollare el capitulo... pero sera algo divertido, espero.
Cristina: te mando un fuerte abrazo y espero te encuentres en un buen estado de animo y de salud, procura alimentarte bien! (te lo menciono porque hace poco tuve graves problemas de salud por no comer bien). Eret es un personaje secundario de Como entrenar a tu dragon, es guapo, tal vez lo shippearia con Merida... pero no me termina de convencer. Me alegro mucho que te haya gustado el capitulo y espero que este tambien te guste, es decir, no es muy gracioso, es algo mas reflexivo, pero disfruté mucho escribiendolo. Aunque te prometo que el episodio de los chicos siendo subastados estara inspirado en tu idea. Has visto Chicas pesadas?
