Una vez que se pierden ciertos prejuicios es difícil volver a tenerlos. La alianza con la Port Mafia y las intermitentes treguas que vinieron después relajaron sus alarmas que antes saltaban con tan sólo ver a a una persona con traje negro. Sus juicios se relajaron demasiado quizá cuando incluso Rampo encontró una especie de amistad con un exmiembro de Guild y qué decir de él mismo y la amistad que también había formado con Lucy. Sin la etiqueta de sus asociaciones podía descubrir a las personas que las habitaban. Era extraño, un poco siniestro si lo reflexionaba demasiado pero alguna vez llegó a tener el sentimiento que por ejemplo o al menos, Chuuya no era una mala persona. Podía ser imponente, irascible y muchas otras cosas que demandaba que fuera al ser uno de los líderes, pero en la intimidad de su hogar, en la vulnerabilidad de su rutina, Atsushi encontró que en realidad era una persona bastante agradable. Se preocupaba por detalles tan amables como preparar su comida de la manera en que le gustaba cuando iba a visitarlos, lo encontraba sonrojándose cuando Akutagawa acusaba actos de bondad y altruismo como si fueran algo vergonzoso. Le enternecía demasiado verlo obligar a su pareja a beber sus medicinas ( de una enfermedad que pocos conocían) y bañarse con agua caliente antes de irse a dormir. Chuuya era una persona dulce y confiable cuando le quitaba los velos del delito. Disfrutaba realmente visitarlos y era une pensamiento que le sorprendió las primeras veces que se descubrió escabulléndose del deber con una excusa cualquiera para colarse en su departamento. Le sorprendió encontrar en su celular mensajes de Chuuya para desearle buenos días, para preguntarle si quisiera pasar la tarde con ellos. Si fuera un poco más perspicaz hubiera notado que esa actitud era venida de una culpa muy oscura, pero Atsuhsi era débil a la bondad ajena. Había limado asperezas con Chuuya, había aceptado su derrota incluso con alivio porque no era ninguna vergüenza haber perdido ante él. Con Akutagawa las cosas poco a poco dejaron de ser incómodas y su trato primero acartonado y poco sincero pasó a uno mucho más relajado, hasta podía decirse amistoso. Los tres bromeaban con el pasado enamoramiento de ambos, dejándolo en el pasado junto a toda esa serie de lastres que no se pueden seguir cargando si se desea seguir adelante.
Por eso no comprendía por qué de pronto se había puesto tan nervioso cuando en medio del desayuno de ese sábado Chuuya se excusó con ambos ante un llamado del Jefe, saliendo sin que ni siquiera Akutagawa se ofreciera a acompañarlo. No atinaba a dejar su plato a la mitad y despedirse, porque tampoco quería que pareciera como si su único motivo para ir allí era Chuuya, Akutagawa y él también se habían vuelto amigos.
¿Cierto?
Los ojos grises del hombre se quedaron pegados a la puerta unos segundos como un perro que espera ver volver a su dueño, pero recuperó rápidamente la compostura, hundiendo su cuchara en la avena caliente y Atsushi sonrió, tomando un bocado de aquél revoltijo que había hecho en su plato donde antes habían estado unos primorosos huevos con forma de tigre.
— Tienen una agenda muy demandante.
— La paga lo vale— ambos se rieron y Atushi notó que él era el único que parecía incómodo—. Tú también has estado bastante ocupado, estuviste posponiendo esta visita toda la semana pasada.
— Hemos tenido casos muy aburridos, ya sabes, animales perdidos y cosas de ese estilo. Lo más espectacular que ocurrió esta semana fue que Dazai intentó sepultarse en...Bueno, en realidad no quieres saberlo.
— Pensé que Dazai detendría sus manías suicidas cuando se enamorara, no sé.
— Puede ser que realmente no esté enamorado, entonces— Atsushi intentó reírse, tan sólo dejando salir un jadeo cansado—. En realidad cada cierto tiempo me propone que nos matemos juntos, al parecer esa es su manera de decir te amo o eso es lo que quiero creer.
Akutagawa lo miró con una ceja levantada como si no comprendiera absolutamente nada y en realidad no lo culpaba. Él tampoco estaba muy seguro de que aquello tuviera algún sentido.
— ¿Te quedarás después del desayuno? No tienes por qué poner esa cara, sé que te llevas mejor con Chuuya que conmigo.
— No quiero ser descortés pero todavía es un poco raro estar a solas contigo.
— ¿Piensas que todavía quiero asesinarte? Lamento bajarte de tu nube pero ya perdiste cualquier valor para nosotros.
Atsushi sonrió hacia su plato, revolviendo la cara sonriente que Chuuya había hecho con la salsa de tomate, pensando que muchas veces lo trataba como a un crío y aunque no le molestaba realmente, no le gustaba ser tan subestimado. Podía ser que estar tan cerca de Dazai lo hubiera vuelto un poco malicioso. Negó con la cabeza queriendo dispersar sus inquietudes, en cambio sólo logró concentrar su atención en la manera en que Akutagawa revisaba su celular distraídamente, la cuchara de avena olvidada en el aire y su mano, su risa franca como si él no estuviera allí.
Nunca iban a estar realmente solos porque ese anillo de oro blanco siempre estaba entre ellos aunque Chuuya estuviera fuera. Podía ser que se estuviera volviendo malicioso o que siempre lo hubiera sido un poco, pero sus sentidos se adormecieron ante el reflejo de esos ojos grises como polvo de luna en la cerámica de la mesa, ignorándolo. Subestimándolo. Atsushi hizo a un lado el plato, con cuidado, tomando la mano de Akutagawa tan sorpresivamente que incluso dio un respingo pero sin alarma, más bien divertido.
— No creo que prefieras la avena sobre el delicioso desayuno que mi marido te preparó pero adelante.
Atushi no se rió y aquello hizo que las delgadas cejas de Akutagawa se juntaran con desconfianza, sabiendo que estaba probablemente vulnerable porque no llevaba encima nada más que el pijama de satín azul. Pero igual estaban en su departamento, rodeados por gente de la Port Mafia y aunque Atsushi no era la persona más inteligente sobre la tierra tampoco era tan imbécil como para ponerse a sí mismo en un predicamento con una sola salida. La mano de Atsushi se cerró en su muñeca pero no dolía ni lo estaba acariciando, sólo sosteniendo mientras sus labios besaban sus dedos, uno a uno, haciéndolo sonrojarse por lo extraño. Pero su lengua pronto se enredó en ellos, los ojos violeta fijos en los suyos y el corazón dejó de latirle. Su boca envolvía sus dedos, su lengua y lo sintió tan hñumedo y caliente que un gemido se le escapó sin notar que le había quitado el anillo hasta que lo vio entre sus dientes, volviendo a su lugar, quitando la joya de su boca y dejándola en la mesa.
No quería pensar, no quería renunciar a ese estallido de ¿iba a llamar valentía a su descaro? Podía ponerle el nombre que fuera más tarde, justo ahora la sangre sólo latía en deseo, en necesidad mientras se deslizaba bajo la mesa, sus rodillas chocando contra la fina madera del piso, se lamió los labios para humedecerlos con los ojos bien fijos en la manera en que Akutagawa sin mediar palabra, sin ningún amago de oponerse abrió las piernas bajándose él mismo el pantalón del pijama, dejando que Atsushi se acercara.
