Había sólo tres opciones posibles ya que era mayor de edad: Esperar los tres años para borrar su récord criminal, hacerlo ir a prisión por todos los delitos esperando a un juez clemente que considerara que el chiquillo fue coaccionado o esperar a que las riñas internas de la Mafia la terminaran colapsando. Todas significaban tiempo y dolor para los tres y era algo con lo cual Oda no podía lidiar como hubiera deseado. Kouyou y Chuuya habían mantenido una sangre envidiablemente fría mientras el muchacho hablaba de su situación pero Oda se quebró. Fue inocente al pensar que Chuuya podría evitar cualquier daño estando en una organización criminal, inocente al pensar que podría evitar involucrarse demasiado. Era un tema que nunca se hablaba pero debió suponer que si había llegado a ser parte de la Trinidad de la Port Mafia no fue sin causar daño. Kouyou tenía otra visión del mundo, uno donde las dos únicas opciones siempre son o morir o matar y aunque no lo podía decir abiertamente algo en ella sentía orgullo porque su hijo hubiera llegado tan lejos y si lo analizaba desde una perspectiva más neutra, podía pensar que en realidad Kouyou no se inmutaba porque su hijo fuera un criminal, pero decidió hacer algo cuando se convirtió en víctima. Oda escuchaba cada palabra de los labios de Chuuya y no podía creer que fuera el mismo niño que se colgaba de su pierna para escalar hasta su regazo cuando ni siquiera alcanzaba el escritorio, sonriendo tan dulcemente que Oda pensaba que el mundo era un buen sitio. Había mentido al decir que Chuuya había desaparecido, sin conmoverse ni siquiera porque Yosano debió tomarse un par de días porque no dejaba de llorar. Se mantuvo firme para poder apoyar a Kouyou quien sinceramente parecía haber perdido la razón, martirizándose por haberle fallado a su hijo. Muchas veces debió sujetarla con fuerza para que no saliera a buscarlo a la sede, jurando que no importaba si moría, no podía dejar que su hijo cayera en una vida tan oscura. Pero Kouyou debía permanecer oculta porque seguía siendo una criminal y sin la protección de la Port Mafia ya habían fijado un precio por su cabeza. Le tomó un año completo recuperar apenas la capacidad de comer por sí misma, habiendo caído en una especie de catatonia. Cuando se reencontró con Chuuya sus ojos volvieron a brillar y fue la primera vez en todo ese año que la vio sonreír. Sabía que las cosas habían cambiado pero entre sus brazos Chuuya siempre sería simplemente Chuuya y era todo lo que ambos necesitaban. Oda no pudo ser imparcial, por mucho que debió hacerlo en ese momento. Si hubiera llamado a alguien de la Agencia Chuuya hubiera cumplido una sentencia menor y le hubieran podido ofrecer protección, todavía lo hubiera podido adoptar legalmente usando como una carta a su favor el ser su tutor legal para negociar un arresto domiciliario. Pero lo dejó marcharse una y otra vez, hasta que finalmente ya no hubo punto de retorno.

Chuuya ya era uno de los criminales más buscados ante la ley y entre las asociaciones porque era el consorte de Dazai. Antes de matar al jefe lo matarían a él, así se rigen en el mundo nocturno.

Nunca había sentido tanta desesperación por no poder cambiar sus decisiones, casi como si alguien más las hubiera escrito sin que él pudiera borrarlas, tan sólo acatarlas.

Había pasado una semana desde el festejo y había estado lo suficiente ocupado con la presentación del libro y su propio empleo en la Agencia, además de guiar a Akutagawa como para permitirse decaer. Esa noche sin embargo la tuvo desocupada y aunque sabía que Kouyou podía necesitar de él decidió tomarse un respiro. No era alguien muy adepto a la bebida aunque nunca se negaba si Chuuya le servía una copa de vino en esas madrugadas donde ambos se quedaban bebiendo en silencio, viendo el cielo hasta que uno de los dos se dormía. Pero necesitaba un momento a solas y el silencio de ese bar le pareció adecuado para reflexionar sobre sus opciones y qué haría.

El que Chuuya hubiera desaparecido fue lo que le dio la oportunidad de terminar su novela porque el Presidente le dio un permiso especial, sabiendo lo cercano que era al niño, y el que Kouyou renunciara a la Port Mafia y se fuera a vivir con él significó contar con un incremento en su economía que probablemente de otra manera no hubiera logrado, por lo cual pudo ayudar a más huérfanos. Chuuya intercambiaba información con él de la Mafia, lo cual también le ayudó dentro de la Agencia. Todas las situaciones vistas por él parecían benéficas y aquello lo anegaba en culpa. Con gusto intercambiaría todo lo que tenía, su propia vida con tal de volver a ver a su pequeña ovejita sonreír sin esa amargura.

Suspiró, dejando su vaso de vuelta en la barra, chocando distraídamente su codo con una figura a su lado.

— Lo siento ¿Está ocupado este asiento?

Oda negó distraídamente sin siquiera girarse, pidiendo un nuevo trago.

— Disculpe ¿Qué está bebiendo? Normalmente no bebo más que cerveza y no tengo mucho conocimiento.

— Aquí también venden cerveza.

— Oh,lo supongo, pero me gustaría intentar algo nuevo.

— Jefe ¿Le puede dar un menú?

— No hace falta, sírvame lo mismo que a él, por favor.

Oda revolvía el hielo en su vaso, el mentón en su mano, suspirando de tanto en tanto. Sin notar la mirada taimada del bartender ante la manera en que Dazai se mordía los labios conteniendo una emoción tan sincera que incluso sus mejillas parecían tomar algo de color, un brillo en el café de su mirada ¿Debería advertirle a ese hombre que estaba al lado del Jefe de la Port Mafia? Lo habían entrenado para no meterse en asuntos ajenos.

— Está haciendo una noche muy agradable ¿No cree? Es un poco triste estar bebiendo solo en un bar cuando allá afuera hay tan buen tiempo.

— Supongo.

— Lo siento, parece que no tiene muchas ganas de hablar y en realidad odiaría incordiarlo, pero usted me recuerda mucho al escritor de la mejor novela que he leído. Se publicó hace apenas unos días pero en verdad creo que cada persona en el planeta debería leerlo. Tiene una visión tan pura de la vida, es conmovedor. Me encantaría poder decirle lo mucho que significa para mí lo que él ha escrito. Comparto con él la creencia que a veces la única manera de poder hacer feliz a quien se ama es mediante el sacrificio. He pensado que si la realidad se encuentra contenida en un libro me encantaría que esa persona la escribiera. También me gustaría saber qué clase de mujer merece una dedicatoria tan hermosa— los dedos de Dazai temblaron mientras sacaba un libro de su gabardina, abriéndolo y acariciando las letras " Para mi ovejita, hasta la última gota de mi sangre es tuya" — ¿Lo ha leído?

El hombre apenas le dio un vistazo, sin siquiera inmutarse al reconocer su propio libro. En otro momento probablemente se hubiera sonrojado, hubiera agradecido las palabras del desconocido o mínimo le hubiera ofrecido una especie de entrevista al verlo tan interesado. Pero el libro había sido escrito en otro tiempo, con otro corazón menos roto.

— Si quería que le diera un autógrafo pudo decirlo sin rodeos, no quiero ser grosero pero como ya lo dijo, no tengo ganas de hablar— apuró el trago, extendiendo un billete sobre la barra, levantándose y acomodándose el abrigo—. Disfrute su bebida.

— ¿Puedes quedarte un poco más conmigo, Odasaku? ¿Por favor?

— Ese es un nombre que sólo mis amigos pueden darme.

Dazai apretó su vaso, sintiendo todo el frío de la calle entrar directamente a sus huesos cuando el hombre abrió la puerta de aquél bar.

Había sacrificado tanto y no había conseguido hacerlo feliz.