Mirror

Dumbledore/Grinderlwal


Albus notó como el objeto que más temía de su despacho le llamaba, como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, ese espejo no era el objeto más peligroso que podría tener.

Lo había comprado hacía años cuando aún era estudiante, notaba el zumbido del espejo gemelo llamándolo.

Sabía perfectamente a quién encontraría al otro lado, hacía meses que lo había silenciado para no oír su voz.

Él sabía que al final Albus cedería, porque Albus siempre cedía ante él.

Suspiró profundamente, cuando se dio cuenta que esa noche, caería.

Del otro lado del espejo, Gellert le miraba con una sonrisa en los labios.

Era esa misma de la que se había enamorado, de la sonrisa y la mirada que le hacían sentir la única persona en el mundo. La única persona en su mundo.

—Te echo de menos—le dijo Gellert, Albus esquivó su mirada, porque él también lo había hecho.

Tras la pérdida de su hermana, la que él mismo había provocado y que Gellert había querido asumir, Albus se encontraba muy perdido.

Esa tarde perdió a las tres personas que más quería, y se quedó solo.

Salvo que Gellert nunca le dejó realmente solo, ellos habían comprado esos espejos el mismo verano en que Ariana murió. Espejos gemelos que usaban por las noches cuando cada uno estaba en su propio dormitorio, a través del que confesó sus sentimientos, incapaz de hacerlo cara a cara.

Desde que Gellert huyó, siempre le contactaba por las noches, como ahora. Albus no quería saber donde estaba, había reconocido que sus ideas, aquellas a las que casi se une, eran una completa locura. Pero eso no hacía que Albus le amara menos.

—No debes hacerlo más—replicó Albus sin contestarle cuanto le echaba él de menos—. Es peligroso.

—Tú nunca me traicionarías, lo sabes.

—Crees demasiado en mi lealtad—dijo molesto Albus.

—Creo en tu amor.—Reconocía el azúcar en su voz, y como esta te engatusaba hasta hacer contigo lo que quería.

—No deberías hacerlo.

Pero Albus nunca quiso saber dónde estaba, de hacerlo, no le quedaría más remedio que delatarlo. Gellert se había convertido en un enemigo político para el mundo mágico.

—No discutamos, no te llevo días buscando para eso.

—No volveré a hacerlo, Gellert.

—Sí, volverás a hacerlo, porque sé que lo quieres igual que yo.

Albus agradecía que el espejo solo enfocara su rostro, la voz, la imagen, y la idea de Gellert siempre le hacían reaccionar igual.

—Necesito verte y oírte, por favor.

—Gellert.

—Albus.—Pero la imagen no le devolvió el tono de una persona serena, sino el sonido gimiente de alguien excitado.

En las noches en las que la señora Bagshot no le dejaba salir, o en las que su hermano volvía a casa, habían usado ese espejo para lo que le proponía ahora.

El espejo le mostró como el rubio acariciaba su miembro duro, y Albus tuvo que tapar su boca para no gemir.

—Te necesito, sabes que nunca habrá nadie más para mí, solo tú.

Esas palabras siempre iban directas a destrozar su corazón, porque era imposible que ambos volvieran a tener una relación, sus posiciones estaban separándose cada vez más, pero eso no le hacía amarle menos, no hacía que le deseara menos.

Albus cerró fuertemente los ojos, escuchando a Gellert masturbarse, pero daba igual cuanto los cerrara, él estaba detrás de sus párpados, en miles de imágenes que habían compartido.

Momentos como ese, momentos en los que de verdad pudieron estar juntos, momentos que Albus extrañaba.

—No me hagas esto—pidió por última vez, sabiendo que ya había caído.

Albus bajó sus pantalones, y se sintió morir cuando llevó sus dedos hacia atrás, al punto exacto que sabía que Gellert quería.

—¿Lo estás haciendo? ¿Lo estás tocando para mí?

Albus asintió mirándolo, su cabello rojizo normalmente domado se veía ahora tan rebelde sobre las sábanas como cuando su amante lo revolvía con los dedos.

—Enséñamelo.

Era mala idea, siempre era mala idea, pero Albus bajó el espejo dándole el placer de verle abierto de piernas con una importante erección y dos dedos dentro de él.

—Cómo me gustaría estar ahora mismo ahí.

—Nunca podrías entrar en Hogwarts—gimió Albus.

—Pero sí podría entrar en ti, ¿no quieres que lo haga? ¿Que me meta completamente dentro de ti?

—Sí—gimió Albus, porque era la verdad, lo llevaba queriendo y necesitando demasiado tiempo.

—Date la vuelta—pidió el rubio—. Apoya el espejo y muéstrame como lo haces para mí.

Albus olvidó sus restricciones, y tan solo obedeció. Se postró sobre sus manos y rodillas, mostrándole su trasero a Gellert, abriéndolo para él y metiendo sus dedos hasta gemir de placer.

Del otro lado, los ojos disparejos de su amante no dejaban de mirarle sabiendo que se masturbaba con la visión.

—Algún día tú estarás a mi lado, y haremos esto todos los días, serás mío todos los días, Albus.

Las sábanas de su cama se mancharon con esas palabras, mostrándole a Gellert como aún seguía siendo suyo.

Albus cayó sobre la cama, incapaz de mirar el reflejo en el espejo, arrepentido por haber vuelto a caer en sus redes. Con un golpe de su pie dejó caer el espejo, aún podía oírle, amortiguado por la tela.

Solo cuando dejó de oírle, solo cuando fue capaz de afrontar lo que había sucedido tomó el espejo en sus manos. Este solo le devolvía su propio reflejo, y no le gustó.

No le gustaba que aquella conexión no muriera, no le gustaba seguir perdido por alguien que solo los hundiría en un mundo horrible.

Se levantó y guardó el espejo, debería dárselo al Ministerio, que lo capturaran a través de él cuando tratara de ponerse en contacto con Albus.

Debería hacerlo, pero no era capaz, no aún, todavía no.


Otra pareja que tuve clara cuando vi el promt, no sé por qué.

Creo que Dumbledore no es un personaje que queramos mucho, pero con Jude Law es complicado no caer.

Ojito con mandar cositas íntimas, niñas, que luego no se saben donde acaban.

Hasta mañana.
Besitos
Shimi