Capítulo 29

Las cosas continúan por ahora mientras Severus y Hermione finalmente son capaces de hablar con pleno conocimiento de lo que sienten el uno por el otro. El baile está cerniéndose en el horizonte, pero pienso que es importante establecer la profundidad de su relación antes de entonces.

Vi HBP ayer – absolutamente maravillosa, aunque podría haber pasado con más tiempo en pantalla de Snape. AR absolutamente fascinante – ¡la voz, la ropa y el cabello! (¿Desde cuándo su cabello era tan condenadamente fino? Todos esos botones… y el cuello… ¡un cuello muy sexy!) Sólo para decir - ¡que la musa está disparada!

A pesar de que no ha habido gran cantidad de acción, estoy haciendo avanzar las cosas hacia el baile… aun así, todo es importante.

. . . . . . . . .

Cuando finalmente miraron la hora vieron que eran más de las tres de la tarde. Habían pasado por alto por completo el almuerzo. Hermione sintió una punzada en el estómago y se dio la vuelta para levantar el teléfono. Pidió que les trajeran unos sándwiches a la habitación.

Después de colgar el receptor, se dejó caer sobre la cama. Él estaba mirándola fijamente.

"Lo siento. ¿Te importa que hiciera eso? Podríamos salir si quieres."

"Ah, pero eso significaría que tendrías que ponerte algo de ropa encima, y eso sería terriblemente decepcionante."

Ella volvió a reír y suspiró. "No puedo decirte lo maravilloso que es estar lejos de ese lugar. Quiero decir, me encanta, y he adorado mi tiempo allí, pero ya no puedo seguir con la farsa, y estoy harta de lecciones y deberes y estudiar y dormitorios y asistir a las comidas y el orden alfabético y los puntos de las casas y… ¡los malditos maestros!" Lo miró con fingido desafío. Él parecía ligeramente ofendido, luego se acercó de repente y le hizo cosquillas sin piedad. Ella rio tan fuerte y desesperadamente en un intento de escapar de sus dedos que se cayó de la cama y aterrizó desgarbadamente con un ruido sordo en el suelo, lo que provocó que su risa continuara sin cesar.

Él se inclinó y bajó la vista hacia ella, que seguía riendo sin remedio. Era el sonido más hermoso del mundo.

Finalmente logró detener la hilaridad, y entonces extendió una mano hacia él. "¡Bueno, no te quedes ahí tumbado mirándome boquiabierto! ¿No vas a venir a rescatarme, oh caballero de brillante armadura?"

Él alzó una cínica ceja. Más risitas. Luego, lentamente, ella sintió que el duro suelo desaparecía debajo de ella. La habitación parecía estar cayendo a su alrededor. Finalmente se dio cuenta de que él estaba levitándola sobre la cama. Su boca se abrió maravillada por un momento, pero antes de darse cuenta, volvió a descansar suavemente a su lado en la cama.

Ella hizo un puchero. "Eso no es justo. Se suponía que debías levantarme en tus brazos fuertes y viriles, y llevarme audazmente a un lugar seguro. Hiciste trampa."

Él puso los ojos en blanco. "No es agradable para algunas personas. Pensé que te gustaría."

Ella le dio un pico en los labios. "Sólo bromeaba. Me encantó. Me gusta cuando usas tus poderes con hábil pero sutilmente."

"¿Hábil pero sutilmente?"" No parecía convencido.

"Sí. Creo que eso te describe muy bien. Hábil y sutil."

Él volvió a rodar los ojos. "Imagino que tus compañeros tienen algunos otros adjetivos a su disposición cuando me describen."

Ella sonrió con pesar. "No pueden importarme menos las opiniones sobre ti de mis compañeros."

"Siguen siendo parte de tu vida."

"Sí. Y aquéllos que quiero que sigan siendo parte de mi vida te aceptarán como me aceptan a mí."

Él apartó la mirada. "Tienes una fe tremenda en tus amigos."

"Los elijo cuidadosamente. Todos hemos pasado por ello, ya sabes. Comprenden mucho más de lo que les das crédito."

"Quizá."

Yacieron quietos por un momento, ella acariciaba su rostro, pensando en su declaración de antes. Él pareció darse cuenta de lo que pasaba por su mente cuando su rostro se suavizó en una sonrisa más profunda de lo que ella nunca antes había visto. Un momento de completo entendimiento pasó entre ellos. Luego, de repente, ella sonrió maliciosamente y declaró, "Ahora esto no servirá en absoluto. Ha pasado al menos media hora sin que nos enganchemos en ninguna actividad sexual. Olvidaremos cómo hacerlo. ¡Vamos!"

Con eso, se pusieron a remediar la situación.

A las ocho lograron ducharse y bajar al restaurante del hotel para cenar.

Después tomaron una copa en el bar. Había algunas otras parejas allí, todos íntimamente absortos el uno en el otro. Hermione y Severus no eran diferentes. Era muy liberador para ellos ser capaces de besarse y tocarse y reír juntos en público sin temor a recriminaciones. Fueron más exhibicionistas de lo que jamás soñarían serlo normalmente, simplemente porque podían serlo. En un momento dado, ella sintió su mano buscar arriba del vestido que se había puesto para la noche, y estuvo segura de que la gente se daría cuenta. No le importó y puso su propia mano sobre la de él, presionándola con fuerza contra sí. Él besaba su cuello, mordisqueando y chupando la carne sensible que encontró allí.

"¿De verdad no te importó lo que te hice el viernes por la noche?"

"En ese momento, casi nada, y no en retrospectiva, ciertamente no. De hecho…" Él se acercó a su oído y susurró sensualmente, "¿Quizá podrías volver a hacerlo alguna vez?"

Ella rio un poco y se movió para mirarlo a los ojos. "¿Eso te gustaría?"

"Creo que, de hecho, me gustaría mucho." La besó profundamente; ella gimió de forma audible. El barman los miró con una ligera desaprobación, especialmente cuando notó dónde tenía la mano el hombre de largo cabello negro.

Los llamó con un autoritario acento de Glasgow. "Discúlpeme, señor. El hotel ofrece habitaciones para ese tipo de actividad."

Snape se volvió para fulminarlo con la mirada. Un súbito escalofrío recorrió al barman, que parecía nervioso hasta el punto del miedo. Hermione simplemente rio y se puso en pie enseguida, llevando a Severus con ella. "Vamos, tú."

Entraron en el ascensor. Severus todavía parecía disgustado. "No estoy acostumbrado a que me regañen," siseó.

Hermione no podía dejar de reír. "¡Dios, si las miradas mataran! Los actos de indecencia pública no están permitidos, ya sabes. El pobre hombre sólo estaba haciendo su trabajo. Parecía bastante preocupado cuando te giraste hacia él. Tienes la capacidad de reducir incluso al escocés más endurecido a una ruina babeante con una sola mirada. ¡Me encanta!"

Él la miró con agudeza, pero una sonrisa tiró de las comisuras de sus labios. "Puede que haya sido algo más que una mirada."

Ella lo miró. "Ten cuidado. Sabes tan bien como cualquiera lo que sucedería si empleas magia con un muggle."

"Simplemente se escapó. No te preocupes, no podría haber sido detectada ni identificada."

Una vez dentro de la habitación les llevó menos de un minuto quitarse la ropa y unir sus cuerpos una vez más.

Mientras yacían jadeando después, el cansancio finalmente apoderándose de ambos, Hermione se dio cuenta con una sensación de desesperación de que tenían que regresar a Hogwarts al día siguiente.

"¿A qué hora tenemos que estar de vuelta mañana?"

"Tenemos que salir de aquí a mediodía, pero no hay prisa inmediata por regresar al castillo. Temprano por la tarde, supongo. Tengo obligaciones por la noche."

"Falta menos de un mes para los exámenes. Hay algunos otros haciéndolos conmigo. La gente que hace recuperaciones del verano. Supongo que debería concentrarme en ellos adecuadamente en algún momento."

"Estás más que preparada, incluso sin el trabajo extra estoy seguro de que los sacarás. Los encontrarás muy sencillos. Aparte, son completamente innecesarios. Ya tienes ofertas de trabajo, que te recuerdo, debes aceptar el lunes. Pero piensa en realidad que el Ministerio, o cualquier otro empleador para el caso, no se preocupará tanto si tienes tus EXTASIS o no a estas alturas. ¡Eres Hermione Granger, por el amor de Merlín!"

Ella se sorprendió por la fuerza de sus cumplidos, tan inusual era oirlo alabar a alguien. Aun así, se sintió obligada a explicarle sus acciones.

"No estoy haciendo estos exámenes por nadie más que por mí misma. La excelencia académica ha sido, o más bien había sido, la característica definitoria de mi vida desde que tengo memoria. Sé que las delicias de ello han empalidecido recientemente, pero aun así, no me lo perdonaría si no consiguiera mis EXTASIS. No quiero que mis nietos me pregunten en el futuro, '¿Qué EXTASIS conseguiste, abuela?' y tener que responder, 'Bueno, en realidad, me escapé y no obtuve ninguno.'"

"Podrías responder, 'Bueno, en realidad, en el momento de los exámenes estaba resolviendo el más profundo y oscuro de los misterios que amenazaba nuestra existencia en este planeta, y significa más en sí mismo que un millón de patéticas pequeñas notas de exámenes que no valen lo que el papel donde están impresas."

Ella abrió la boca para fingir estar indignada, pero sólo pudo volver a cerrarla y sonreírle, besándolo suavemente en el pecho. "Creo que ambos hemos tenido suficiente de la vida académica, ¿no?"

Él le devolvió la sonrisa. "Sí."

"Trabajaré duro durante unas semanas y luego eso es todo… hecho."

"Hecho."

Él se inclinó para besarla.

"Y, por supuesto, están las delicias del baile en dos semanas."

Ella lo golpeó ligeramente en el torso. "¡Deja de hablar del maldito baile! Nunca se sabe, incluso podría ser capaz de apañármelas para bailar de algún modo contigo. Hay algunas danzas formales de grupo. Los maestros también bailan. ¡Quizá seamos capaces de entablar algún contacto físico permitido a la vista de todos!"

"Yo no bailo."

Ella le sonrió burlonamente. "Ya lo veremos."

Él repitió firmemente. "Yo no bailo," estaba bajando por su cuerpo hasta que su boca estuvo descansando justo sobre su clítoris, "pero puedo hacer esto." Su lengua descendió y se arremolinó. Ella gimió sonoramente y se entregó a él.

Después de al menos dos orgasmos más cada uno, finalmente cayeron en un sueño profundo. Hermione no fue asaltada por más sueños, y se despertó sintiéndose notablemente descansada al día siguiente.

Bajaron para tomar un desayuno completo. Era extraño ser capaces de comer junto al otro. Hermione pensó en todas las comidas que había pasado incapaz de concentrarse en su alimento porque sus ojos estaban permanentemente fijos en la mesa alta donde él se sentaba imperiosamente, ignorando tanto a los estudiantes como a sus compañeros del profesorado.

Regresaron a su habitación. Hermione cruzó hacia la ventana y miró afuera. Había una ligera neblina flotando sobre los jardines y la bandera estaba colgando floja de las murallas del castillo. Edimburgo estaba despertándose lentamente a un perezoso domingo. Él vino y se paró detrás de ella, pasando las manos alrededor de su cintura para atraerla hacia sí. Ella se apoyó contra su hombro.

"¿Qué hora es?"

"Acaban de dar las nueve," arrastró él en medio de besos en su cuello.

"Tres horas más de cielo."

"Hmm."

"¿Severus?"

"¿Sí?"

"Gracias."

"¿Por qué?"

"Por esto. Ha sido alucinante en sí mismo, pero también me ha mostrado mucho, claramente."

Él guardó silencio por un tiempo antes de responder, "Lo sé."

"No puedo describir la sensación de poder estar contigo cuando quiera, como quiera, y sin preocuparme por quién esté viéndonos."

"Lo mismo digo."

Ella pensó por un rato. "Aun así, hemos tenido algunos momentos en el castillo, ¿no?"

"Esa es una forma de decirlo," arrastró él, continuando con sus atenciones a su cuello.

Su mente reprodujo sus momentos más intensos juntos. "Dios, aquella vez después de verte con McGonagall – lo recuerdas – que entramos en aquel corredor, contra el muro. Pusiste la mano sobre mi boca – tan bueno, tan bueno…"

Él le dio la vuelta, y su mano se levantó de nuevo, imitando sus acciones de entonces. Le abrió la boca con los dedos y ella los chupó con fuerza.

"¿Te gusta eso?"

"Uh huh," ella sólo pudo gemir.

La otra mano de él estaba en su cinturón y botones, desabrochándole los vaqueros y dejándolos resbalar por sus piernas. Luego sus dedos se deslizaron rápidamente entre sus piernas. Él siseó con revelación. "Siempre tan mojada para mí…" gimió, "siempre tan mojada para mí."

Otro gemido de acuerdo por parte de ella.

Él frunció el ceño en concentración mientras dos dedos se metían profundamente en su interior, extrayendo la confirmación de su efecto sobre ella. Los sacó y se los llevó al rostro, mirando sus dedos húmedos con curiosidad, antes de meterlos en su propia boca y lamer su esencia. Ella cerró los ojos encantada.

Las manos de él se habían movido ahora a su camisa, y estaban desabrochando los botones de manera concertada pero lánguida, estudiando la carne revelada debajo como por primera vez.

"¿Qué hay de ti?" logró exhalar ella en interrogación.

"¿Qué hay de mí, qué?" Él seguía estudiando su sedosa carne pálida como si fuera un objeto de extrema fascinación.

"¿Cuál recuerdas más de nuestros más… peligrosos… encuentros?"

Él no habló durante un rato, deslizando la camisa de sus hombros y metiendo la mano en su sostén para sacar un pecho sobre la copa, empujándolo hacia un montículo de blanca belleza lechosa. Sonrió un poco para sí mismo antes de bajar la boca al pezón.

Entre succiones arrastró contra su carne suave. "La vez que te corriste tan hermosamente para mí mientras el resto de esa clase de imbéciles continuaba destrozando sus pociones por incompetencia e ignorancia, completamente inconscientes de lo que estaba sucediendo justo detrás de ellos." Ella rio con deleite del recuerdo. "Y la vez que estabas frente a mí, tocándote, llevándote al placer… tan complaciente, tan confiada… tan exquisita, mi amor, mi corazón…"

Su propio corazón saltó ante sus palabras, y acarició su cabeza. Una mano había regresado a sus pliegues empapados, una estaba en su otro pecho, ahora asentado sobre su sostén como su gemelo. Ocasionalmente retiraba la cabeza para mirarlos con silenciosa apreciación antes de volver a bajarla para chupar suavemente los pezones.

"Tuvimos algunos… momentos… interesantes al principio," reflexionó ella cuando su mente le permitió concentrarse en el pensamiento. Se preguntó cómo reaccionaría a lo que dijo a continuación. "Parecía haber un cierto problema de control."

Él alzó una ceja, su voz tomando un borde cínico, "¿Un problema de control?"

"Sabes a qué me refiero. La negación del contacto visual, la insistencia en el protocolo alumna-maestro, quitarme puntos de casa, mandarme ensayos…"

Él no respondió.

"¿Eso te ponía?" se atrevió ella a preguntar.

Esperó una respuesta. Por fin consiguió una.

"Sí."

Su respuesta tranquila y franca la enojó momentáneamente, pero su sinceridad confirmó por completo sus propios sentimientos acerca de su trato desde el principio. ¿Por qué negarlo?

"También a mí."

"Lo sé."

Él no le había quitado el sostén, y le estaba quitando los vaqueros por completo de sus piernas. Ella continuó con sus preguntas. "¿Te gusta tener el control?"

"Sabes que sí."

"¿No el viernes por la noche?"

"Claramente no."

"¿Qué fue diferente entonces?"

"Estaba completamente seguro de mis sentimientos por ti… y de los tuyos por mí. Ya no necesitaba reafirmarme a través de ningún ejercicio de poder. Fue completamente liberador."

Estaba arrodillado ante ella, ayudándola a quitarse el resto de la ropa, hasta que estuvo completamente desnuda ante él. Lentamente volvió a ponerse en pie. Sus ojos se habían derramado sobre su cuerpo exactamente de la misma manera durante toda su conversación, como si estuviera intentando recordar cada detalle de ella. Su expresión había sido completamente pasiva, pero con un ardor de intensa concentración en los ojos. Hizo que Hermione se sintiera como el único otro ser humano en el mundo. De repente un pensamiento se apoderó de ella, lo que inexplicablemente agarró su estómago y lo retorció. Preguntó con urgencia.

"¿Me prometes que no siempre me cederás el control?"

Él por fin la miró a los ojos, sus rasgos impenetrables, un recordatorio del antiguo, frío rostro que había conocido durante tanto tiempo. Dadas las circunstancias, simplemente alimentó su lujuria aún más. Dejó escapar un leve gemido de anhelo. Él levantó la mano a su barbilla y le inclinó la cabeza ligeramente, evaluando su rostro y ojos por último en su examen de su cuerpo.

"Oh… creo que puedo prometer eso con bastante facilidad." Sus ojos se movieron hacia su boca, que instintivamente cayó abierta. Él habló con frialdad. "Arrodíllate en la cama."

Ella obedeció de inmediato.

Moviéndose detrás de ella, examinó la visión de su trasero maduro balanceándose ante él. Ella no se atrevió a mirar, pero oyó la hebilla de su cinturón siendo desabrochada. Otro gemido de expectación. Hermione lo oyó acercarse a ella, y con una brusquedad que incluso la conmocionó, la aferró por las caderas y embistió completamente, golpeando su cérvix de inmediato. Él gimió profundamente cuando se sintió incrustado en sus profundidades. La fuerza la había empujado hacia arriba en la cama, pero se ajustó de inmediato y retrocedió para mantenerlo lo más profundo que podía en su interior.

Él se detuvo y ella disfrutó la sensación de su enormidad dentro de sí. A pesar de la excitación, su repentino empalamiento en él la había cogido por sorpresa y disfrutó el tiempo para adaptarse a la sensación de él.

"Eres la perfección absoluta," dijo él con llana sinceridad. "Viviré por ti, contigo, dentro de ti… no hay otra manera."

Sus palabras la conmovieron tan profundamente que encontró lágrimas llenando sus ojos una vez más, y se sintió aliviada de que él estuviera detrás de ella y no pudiera ver. Él comenzó a moverse de nuevo, cada vez que embestía, su nombre caía de sus labios.

"Hermione… Hermione… Hermione…"

Esta vez ella no tenía palabras. Se quedó arrodillada ante él, encerrándolo en su interior. Pensó que su alma estallaría y, de nuevo, estuvo agradecida por la distracción del placer que sus golpes estaban provocándole. Empujaba perfectamente a lo largo de su punto g una y otra vez. A pesar de la intensa repetición de sus movimientos, no parecía tener prisa por finalizar su placer, y ella sintió el éxtasis acumulándose deliciosa e inexorablemente en su interior.

Él continuó cantando su nombre, apenas audible, pero religiosamente detrás de ella. Ella apenas lo oía ahora, tan concentrada estaba en su cuerpo preparándose para derretirse a su alrededor.

Su respiración se volvió irregular y sus músculos se tensaron. El cambio en su cuerpo le indicó a él la inminencia de su clímax y provocó una oleada hacia el suyo propio. Embistió cada vez más duro y profundo, si eso era posible, y aferró sus caderas con fuerza. Ella gimió, bajo y suave para empezar, luego aumentando en intensidad, hasta que al fin sólo pudo sollozar con asombro mientras el éxtasis la atravesaba, extendiéndose por sus miembros. Sus entrañas latieron incansablemente alrededor de él y cuando él lo sintió estalló en ella, su propio placer tan intenso como el de ella, estallando fuera de él y haciendo que su cabeza girara tanto que pensó que podría desmayarse. En ese momento cayó en completo silencio.

Mientras yacían en la cama después, la realidad de su cercana partida comenzó a presionar en sus conciencias. Esa sensación de hundimiento que solía tener en la escuela comenzó a agarrar a Hermione y se acurrucó contra él para intentar mantenerla a raya. Él pareció sentir su inquietud y la abrazó.

Continuaron acostados en la cama hasta el último momento posible, sus cuerpos casi nunca se separaron. Hermione nunca se había dado cuenta que tal conexión con otro ser humano fuera posible. Se preguntó si podría resistir sin que él estuviera dentro o al menos cerca de ella constantemente cuando regresaran. Sabía que lo haría, pero en ese momento no era posible imaginarlo. Poco sabía, pero Severus estaba pensando exactamente lo mismo.

Cuando inevitablemente llegó el momento de abandonar la habitación, recogieron sus cosas en silencio, y cuando abrieron la puerta, ambos se giraron y dieron al escenario de su más intensa felicidad y placer una última mirada de anhelo. Luego, con una última sonrisa al otro, cerraron la puerta tras ellos.

Se quedaron en Edimburgo todo el tiempo que se atrevieron, disfrutando de un almuerzo cerca del castillo. Era un día frío y Hermione se acurrucó cerca de él mientras paseaban por la ciudad. Él estaba completamente relajado, caminando notablemente despacio para él, y ella se percató de que incluso tenía las manos en los bolsillos en algunos momentos. Le sonrió, y cuando él bajó la vista hacia ella con curiosidad, ella simplemente ensanchó su sonrisa y se alzó para un beso.

Mientras estaban caminando por los jardines, las campanas de la ciudad comenzaron a tocar a su alrededor. Hermione contó tres campanadas sonando desde varios campanarios. Las escuchó sólo como un tañido fúnebre, convocándola de regreso al opresivo institucionalismo del castillo. Él se detuvo y bajó la mirada hacia ella, con una expresión igualmente sombría en el rostro.

"No tienes que decirlo," se lamentó ella. "Yo también tengo cosas que hacer. Es mejor que nos marchemos."

Caminaron lo más despacio que pudieron de regreso al lugar de transporte en el callejón desierto. Hermione estaba sintiéndose extrañamente distante y ni siquiera lo miró cuando él sacó su varita para llevarlos lejos de su pequeña burbuja de felicidad. Entonces, con una repentina fuerza sintió que la atraía. Él le dio la vuelta y le levantó la cabeza para que lo mirara. Sus labios se estrellaron contra los de ella con una intensidad que cogió incluso a Hermione por sorpresa.

Cuando finalmente él se separó, buscó sus ojos una vez más. "Gracias. Gracias por los dos días más felices de mi vida."

Ella sostuvo su mirada mientras imágenes de su pasado inundaban de repente su cabeza. ¿Podía darle la respuesta que sentía que merecía en ese momento? Hizo una pausa, pensando, y luego respondió con total sinceridad, "Y de la mía."

Ella nunca había visto una mirada tan tierna, feliz, en su rostro. Con un último beso, él agarró su varita, la aferró por la cintura y murmuró unas palabras. Los edificios de granito se alejaron de ellos y en cuestión de pocos segundos, Hermione se encontró de nuevo en el aula de Pociones, todavía aferrándose a la cintura de su maestro.

El contraste con sus alrededores anteriores del hotel no podría haber sido más marcado. Las vistas, sonidos y olores a su alrededor eran implacablemente familiares, y no hablaban sino de él. De hecho, esta sala había visto el comienzo de todo, de gran placer y felicidad en las últimas semanas, pero en ese momento, parada allí junto a los escritorios ordenados y las botellas y libros alineados en los estantes, todo lo que Hermione Granger quería hacer era llorar.

Snape se quedó incómodo por un momento, y una repentina sensación de inquietud se apoderó de Hermione. Todo lo que había pasado entre ellos, todas sus palabras y declaraciones, ¿se borrarían debido a su regreso a este lugar? ¿Le despojaría de su resolución? Lo miró con temor.

Pero entonces él se acercó a ella, y su rostro se rompió en una sonrisa notablemente tranquilizadora. Sus manos se levantaron y abarcaron su rostro, inclinándolo para mirarla a los ojos. "Ahora, por mucho que me duela que esto termine, debemos recordarnos que en pocas semanas podemos pasar el resto de nuestras vidas juntos de manera libre y fácil. Me temo que debo pasar el resto de este delicioso día preparándome para la próxima semana. Algunos de esos intolerables estudiantes van a hacer sus EXTASIS en unas semanas, y supongo que será mejor que haga lo que pueda para garantizar que reciban resultados relativamente decentes." Le sonrió burlonamente. "Hay una en particular… que me molesta continuamente, tratando de impresionar, de conocimiento razonable, lo reconozco, pero… una insufrible sabelotodo, no obstante." Su sonrisa se ensanchó. Ella lo golpeó juguetonamente en el pecho y él dejó escapar un falso gemido de dolor. Pero su buen humor y enfoque sensato de sus tareas la habían tranquilizado y le devolvió la sonrisa.

"Te veré en la cena," continuó él.

"¿De vuelta a las miradas de anhelo a través del comedor?"

"Por ahora. Me gustan mucho las miradas de anhelo a través del comedor."

Ella sonrió. "A mí también."

Con un último beso que la hizo desvanecerse por su intensidad, se apartaron el uno del otro, lo último en separarse fueron las yemas de sus dedos, la carne tocándose y extendiendo las manos hacia el otro hasta el último momento.

Y luego ella se giró y comenzó a salir de la sala. Había llegado a la puerta cuando él la llamó con urgencia, "¡Hermione!"

Ella se dio la vuelta, sorprendida por su insistencia. Estaba mirándola fijamente, pero sus palabras atravesaron la habitación sin esfuerzo. "Te amo."

Su rostro estalló en la más cálida sonrisa. "Yo también te amo."

Quería correr hacia él de nuevo. Él pareció sentirlo, porque habló enseguida para evitarlo, "Márchate ahora, cariño. Puedes volver aquí esta noche. Estaré esperando."

Ella se giró y se marchó antes de que fuera cada vez más imposible hacerlo.

Hermione fue directamente a la biblioteca y descubrió que podía concentrarse en su trabajo sin esfuerzo. Sólo vio a sus amigos en la cena y Ginny levantó la mirada con alivio cuando se sentó junto a ella.

"¿Dónde demonios has estado? Sé que dejaste una nota diciéndome que no me preocupara, pero aun así – habría estado bien saber a dónde te habías ido por si acaso."

"¿Por si acaso qué?"

"Bueno, ya sabes…"

Hermione parecía claramente despistada. "¿Qué el lobo malo y grande me atrapara?"

Ginny puso los ojos en blanco. "Sólo estaba un poco preocupada, eso es todo. De todos modos - ¿cómo fue tu… sucio fin de semana?"

Hermione sonrió. "Maravilloso, completa y absolutamente delicioso y… muy sucio."

Ginny sólo pudo devolverle la amplia sonrisa. "Ojalá pudiera decir lo mismo. Yo lo pasé viendo Quidditch bajo la lluvia y estudiando los orígenes de la aparición."

"¿Llovió el sábado? Estuve dentro todo el día – no me enteré."

"Cállate, Granger," murmuró su amiga. "Tu delicioso Maestro de Pociones también parece muy feliz. Nunca lo he visto tan relajado. Se ve diferente – no para mal, en realidad, incluso yo lo admitiré."

Hermione levantó la mirada hacia la mesa alta. Snape había llegado y se sentaba junto a McGonagall como de costumbre. Por una vez, estaba manteniendo con ella una discusión animada. En un momento dado, ella hizo un comentario y él se echó a reír tan audiblemente que las primeras filas de alumnos levantaron la vista hacia él sorprendidos. McGonagall tenía la misma expresión de desconcierto en su rostro.

Hermione sonrió para sí misma y lo miró hasta que él se encontró con sus ojos. Los de él estaban danzando como ella nunca había visto antes. Casi era una persona diferente. Él le sonrió y ella bajó la cabeza, regresando a su comida, aunque después de su almuerzo, apenas tenía ganas de comer algo.

Después de la cena pasó un rato poniéndose al día con Ginny. No le contó todo lo que había pasado entre Severus y ella, pero sí lo suficiente como para reafirmarle a su amiga su felicidad.

"¿Alguna noticia por aquí?" preguntó finalmente.

"En realidad no," suspiró Ginny. "Harry envió una lechuza. Preguntaba cómo estabas. Lawrence estuvo preguntando por ti."

"Oh."

"No deja de hablar del baile. Creo que piensa que ésa es su oportunidad. Va a mantener las cosas hasta entonces, pero espera una ofensiva de encanto en ese momento."

Hermione gimió y apoyó la cabeza en las manos. Se levantó. "Te veré mañana, Gin. Cuídate."

"¿No podéis soportar estar separados ni siquiera por una noche?"

Ella miró a su amiga. "No. No podemos."

Ginny le sonrió, resignada, "Ve entonces. Te veo mañana."

Hermione se dirigió a las mazmorras lo más discretamente posible. Cuando entró en su salón de clases no había señal de él. Llamó suavemente pero no obtuvo respuesta. Caminando hacia sus habitaciones en la parte de atrás, la puerta de repente se cerró tras ella y se dio la vuelta para encontrarlo en pie, alto y vital detrás de ella.

"¡Dios!" exclamó, con la mano en el corazón. "¡Me hiciste saltar! No pensé que estuvieras aquí."

"¿Por qué no? Te dije que estaría esperándote." Ya estaba quitándole la ropa. Ella levantó las manos a su camisa para hacer lo mismo.

"Lo sé. Es sólo que normalmente esperas en el aula. Siento haber tardado tanto. Estaba charlando con Ginny. Está bien volver a verla. No le conté mucho sobre nuestro viaje pero estuvo bien poder asegurarle que todo va bien. Dios, parecías tan feliz en la cena. McGonagall parecía conmocionada. No creo que supiera lo que te había pasado. Apuesto a que todos…"

"¿Señorita Granger?" dijo él, quitándole el sostén y dejándolo caer al suelo.

"¿Sí?" ella miró hacia abajo cuando su cabeza descendió a su pecho.

"Cállese."

. . . . . . . . .

Lo que usted diga, Profesor…