Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 29
EPOV
Agosto
—Srta. Jones, ¿tiene las portadas que le pedí? —suspiré cuando vaciló; evidentemente la eficiencia y prontitud no eran los puntos fuertes de mi asistente—. ¿Puedo interpretar su silencio como un no?
—Lo siento, Sr. Cullen —murmuró y se paró de un salto—. Recibí unas llamadas de unos clientes y me distraje. Iré a recogerlas ahora…
—No, iré yo —le dije, meneando la cabeza.
Cerré la puerta de mi oficina y caminé hacia el elevador sintiéndome irritado. La Srta. Jones no era una empleada ejemplar, para nada, pero mi reputación de cabrón hacía que el atractivo de ser mi asistente fuera inexistente. De todas formas, no importaba, mi propia estupidez me había costado a la mejor asistente que tendría en mi vida y podía decir eso de corazón sin meter en la ecuación la relación personal que había tenido con Bella.
Habían pasado siete semanas desde que la dejé salir de mi vida y si era posible, la extrañaba más ahora de lo que la extrañé cuando se fue. El tiempo no estaba sanando nada, ni de cerca, pero no podía culpar a nadie más que a mí mismo y tenía que vivir con eso todos los días.
Había escuchado a través de charlas en la oficina y por su familia que ella se la estaba pasando de maravilla. Después de Paris había viajado a varias ciudades y pueblos de Francia antes de avanzar a través de otros países, de momento se encontraba en Italia.
Me bajé del elevador y caminé rápidamente por el pasillo hacia la oficina donde trabajaba mi equipo. Al acercarme, escuché un sonido que hizo reaccionar a cada célula de mi cuerpo. El vello de mis brazos se erizó, mi piel cosquilleó y mi corazón comenzó a acelerarse en lo que parecían ser mil latidos por minuto.
—Es increíble, Seth —la voz de Bella hizo eco a mi alrededor y cerré los ojos, intentando imaginar su rostro al hablar—. Acabamos de ver el Vaticano y me sorprendió toda la emoción que sentí, y no soy una persona religiosa. Podría quedarme aquí el resto de m vida… si hablara italiano de forma decente, claro.
Se rio y una sonrisa se formó en mi cara por voluntad propia. Las reacciones y sentimientos que ella me provocaba no habían disminuido en absoluto… eran tan intensos, si no es que más, que antes.
—¿No hay alguien que pueda enseñarte? —preguntó Seth y escuché a Emily hablar.
—Tenemos una fila de potenciales maestros lingüísticos, pero seguimos deliberando sobre a quién usar; tenemos un proceso de selección muy estricto. —Se rio y me acerqué un pequeño paso a la puerta abierta, intentando asomarme.
—Apuesto que sí —bromeó Seth—. Deshumanizando a hombres serviciales de esa forma, que desagradables.
—Perdón, tal vez deberíamos intentar tu enfoque y eructar frente a ellos —dijo Bella con sarcasmo y me reí suavemente.
Vi la laptop de Seth y capté un vistazo de Bella y Emily. La imagen estaba un poco borrosa, pero no me importaba, tan sólo verla fue suficiente para tranquilizarme un poco. También fue suficiente para duplicar el dolor que sentía al no estar con ella y recordarme lo mucho que la extrañaba.
—Es mejor que nos vayamos antes de que mi batería se acabe —dijo Emily y ambas se despidieron.
Miré tristemente cómo Seth cerraba la laptop.
—Estaba a punto de bajarle la ilustración, Sr. Cullen —dijo rápidamente, tomándome por sorpresa. Ni siquiera me había dado cuenta que él sabía que yo estaba aquí—. Es que ellas no tienen la oportunidad de hablar por Skype con regularidad. Nos gusta saber cómo están.
—Está bien, Seth —dije y asintió, un poco sorprendido—. Parece que se están divirtiendo.
—Desearía haber ido —admitió y me senté en su escritorio mientras él buscaba la ilustración que quería—. ¿Ha visto las fotos?
—¿De qué? —pregunté.
—De todo. Han ido a algunos lugares muy increíbles. —Sacó una carpeta de debajo de su laptop y me la entregó con una sonrisa tímida—. Sabía que estaba por aquí.
—Gracias —le dije y me paré—. Te avisaré al final del día si esto es lo que queremos.
—Bien, hay muchas cosas que puedo modificar si no están bien. —Regresó su atención al trabajo y al salir al pasillo me detuve. Antes de poder decir una palabra, él rodó hacia mí en su silla y me entregó un pedazo de papel con una dirección web escrita ahí—. Es el blog de Emily; ella sube todas las fotos ahí. Debería echarle un vistazo, Sr. Cullen.
Tomé el papel, asintiendo una vez.
—Gracias, Seth, creo que lo haré.
—Ella también se ve muy bien —dijo en voz baja y vi a Jake mirarlo sorprendido.
—¿Perdón? —dije y sonrió.
—Me refería a Bella, se ve muy bien, Sr. Cullen.
—Estoy seguro que sí —murmuré y caminé de regreso al elevador preguntándome si él de verdad sabía lo que sentía por ella o si sólo estaba buscando información.
En cuanto regresé a mi escritorio tecleé la dirección web y le di enter. Había cientos de posts y una sección todavía más grande de fotos. Comenzando con su vuelo de ida y su llegada a Charles De Gaulle, antes de moverse hacia Monte Carlo y luego a Alemania. Sonreí al mirar las fotos, usualmente una o las dos posaban frente a los monumentos. Luego noté una foto de Bella con el Eagles Nest; el refugio usado por Hitler estaba de fondo. Se veía perfecta y feliz… libre de preocupaciones y para nada como la chica en la que la había convertido durante esas últimas semanas antes de su partida. Guardé la foto en mi laptop y la puse como fondo de escritorio antes de mirar el resto de las imágenes y entradas en el blog de Emily.
xxx
—Lo siento, Sr. Cullen, se los enviaré de inmediato —la Srta. Jones se disculpó de nuevo y luego se fue.
Solté un suspiro largo y prolongado, me paré y me acerqué a la ventana.
—Creo que no hemos logrado tener ni un solo día sin algún tipo de desastre —le dije a Emmett, que se rio.
—Oye, ella lo está intentando —comentó.
—Intentar acabar con mi paciencia es la única cosa en la que es consistentemente buena.
—Pues sólo tú tienes la culpa por eso —me recordó y lo fulminé con la mirada—. Te dije que te recordaría que dejaste ir algo muy bueno.
—No necesito que me lo recuerdes, Em —dije y se encogió de hombros—. La vi hoy, estaba platicando con Seth.
—¿Y?
—Y nada. Escuché a hurtadillas su conversación y luego decidí que lo mejor que podía hacer era acosarla mediante el blog de Emily —dije, y rodó los ojos—. Estoy desesperado y soy patético, Emmett, pero también un cobarde y un idiota. ¿Qué más puedo hacer ahora?
—Eso lo debes descubrir tú solo, Eddie —dijo Emmett—. Nunca debió llegar hasta este punto, para empezar. No sé por qué demonios te importó lo que la gente pensara. Si me preguntas a mí, esos a los que escuchaste quejándose lo estaban haciendo por celos.
—Podemos cambiar de tema, por favor —dije y asintió—. Gracias.
—Entones, ¿septiembre 25 es el día? —preguntó y luego aplaudió.
Septiembre 25 era el día en que oficialmente asumiría las actividades diarias de Phil. Él permanecería en la mesa de directores, pero tanto él como Irina cederían la mayor parte de su trabajo. Yo me mudaría a la oficina de Phil y el reemplazo de Irina era su hija Tanya. No había sido anunciado oficialmente, pero había visto mi oferta por escrito y había estado presente cuando Phil había planeado remodelar con mi nombre allá arriba para que todos lo vieran.
Lo había hecho, había conseguido una de las cosas que siempre había esperado hacer y debería sentirme eufórico, orgulloso y satisfecho, pero el arrepentimiento y la sensación de vacío eclipsaban todo lo demás. La realidad era muy diferente y había comprendido que el éxito y los logros valían muy, muy poco cuando no tenías gente en tu vida con quien compartirlos.
Se podría decir lo mismo sobre la casa, la compra se había completado poco después de que Bella se fuera y todavía no había pasado más de unas cuantas horas ahí. Era un doloroso recuerdo de lo que pude haber tenido. La casa era totalmente Bella, la veía en cada habitación y estar ahí sin ella hacía que toda la propiedad pareciera desolada y sombría, así que seguía en el Fairmont. Había considerado venderla, pero no podía lidiar con la finalidad de eso. Una parte de mí seguía con la esperanza de que no hubiéramos terminado para siempre, de que cuando ella regresara pudiera tener otra oportunidad de arreglar las cosas con ella. Una parte de mí todavía tenía esa esperanza todos los días y mientras tuviera esperanza, no vendería la casa.
—Linda foto —musitó Emmett y me giré para ver que miraba la cara de Bella en mi laptop—. Estás muy jodido, ¿lo sabías?
—Lo sé —acepté—. Y sé que depende de mí el poder arreglarlo, pero no sé cómo.
—Dile...
—¿Que la amo? —terminé por él—. Lo intenté, ¿recuerdas? No fue suficiente.
—Haz que sea suficiente —dijo bruscamente—. Haz el ridículo, ve tras ella y camina desnudo por todo Italia gritando su nombre. Tienes que demostrarle que no te importa lo que la gente piense, que ella es lo más importante para ti.
—Decirle a todo el mundo que la amo, es lo que ella dijo —le dije—. Es lo que ella quiere.
—Entonces hazlo, Edward. Ahora está en tus manos.
—El ascenso…
—Esas son mierdas. —Meneó la cabeza—. Eres miserable sin ella, admíteselo a alguien más aparte de ti, Edward. ¿Qué sentido tiene tener una casa linda, un gran carro y el trabajo de toda una vida si estás sentado solo en tu hotel sin ella para compartirlo? Ármate de valor, actúa como hombre y haz lo que tengas que hacer para hacerla comprender que ella es suficiente.
Me quedé sentado en mi oficina durante horas pensando en lo que él había dicho. ¿Y si lo hacía, y si me exponía y era demasiado tarde? Me arriesgaba a perder todo por la posibilidad más pequeña de poder recuperarla. ¿Era una apuesta que estaba dispuesto a hacer?
Seguía mirando la foto de Bella en mi pantalla cuando la Srta. Jones entró a mi oficina.
—¿Le traigo un café antes de irme, señor? ¿Tal vez de canela?
Alcé la vista y le sonreí. Eso fue todo lo que necesité; una palabra sencilla e inofensiva que me hizo recordar tanto sobre lo que no estaba preparado para perder.
—Uno de canela suena muy bien, gracias.
—¿En serio?
—En serio —me reí de su expresión de asombro—. Y si pudiera agendar una reunión con Phil e Irina, tengo un asunto urgente del que necesito hablar con ellos. Pídales que sea lo más pronto posible, por favor.
—Claro, haré las llamadas en este momento.
—Gracias —dije, pero ya había salido de la oficina.
Mientras ella preparaba mi café y organizaba la reunión, comencé a planear cómo haría esto. Iba a ser la cosa más difícil que haría en mi vida, me expondría al rechazo y a más dolor del que había sentido, pero ¿y si no lo intentaba? ¿De verdad podría pasar los siguientes cuarenta o cincuenta años preguntándome que habría sucedido si me arriesgaba?
—Ambos pueden reunirse a las ocho y media mañana, Sr. Cullen —dijo la Srta. Jones al traerme el café de canela—. ¿Hay algo que necesite que prepare antes de la reunión?
—Nada, gracias. —Sonreí e inhalé profundamente por la nariz, saboreando el aroma del café—. Buenas noches.
Esperé hasta que se fue, luego empecé a prepararlo todo. Tardé menos de una hora en tener todo listo, dejándome sólo una cosa pendiente para esta noche. Con una profunda respiración, me posicioné frente a la laptop y comencé a decir lo que debí haber dicho hace mucho tiempo.
xxx
—Siéntate, Edward —me dijo Phil—. ¿Está todo bien?
—Siendo completamente honesto contigo, Phil, nada ha estado para nada bien desde hace mucho tiempo, pero creo que ya sé cómo empezar a arreglar las cosas. —Dejé el sobre blanco en su escritorio y se lo empujé—. Desearía poder decirte que fue difícil tomar esta decisión, pero la verdad no lo fue y es por eso que sé que esto es lo correcto.
—No lo entiendo, Edward —dijo Irina y se inclinó junto a Phil para comenzar a leer la carta—. ¿Qué es esto, Edward?
—Mi renuncia —dije, mirando que ella intercambiaba una mirada de confusión con Phil—. Me gustaría hacerla efectiva inmediatamente.
—¿Tu renuncia? ¿Por qué? —preguntó Phil—. Quiero decir… estás a punto de empezar… ¿no es esto lo que querías cuando llegaste aquí?
—Absolutamente —acepté—, pero me he dado cuenta que hay algo… o debería decir alguien a quien quiero más.
—¿Esto es por una mujer? —preguntó incrédulo, pero Irina se veía un poco menos confundida—. No entiendo lo que está pasando, pero de verdad creo que necesitas llevarte esta carta y tomarte un tiempo para pensar en lo que estás haciendo. Podemos mover la reunión para mañana temprano.
—No estaré aquí mañana —le dije—. Tengo un vuelo que tomar a las cuatro y media de esta tarde.
—¿Un vuelo? —sonaba exasperado y su frente comenzaba a perlarse con sudor—. ¿Puedo preguntar a dónde volarás?
—¿Europa? —dijo Irina y asentí una vez.
—Italia —les dije.
—¿Italia? ¿Por qué necesitarías volar a… Bella? —me miró, luego a Irina, y después otra vez a mí—. ¿Esto es por Bella? ¿Ustedes estaban… involucrados?
—Sí. —Asentí—. La conocí antes de que ella empezara a trabajar aquí y no tenía idea de quién era hasta que entró en esa oficina. Intenté mantener las cosas meramente profesionales, Phil, pero ella me consumía. No pude mantenerme apartado de ella y estuvimos involucrados en secreto durante unas semanas.
—¿Y qué? ¿Las cosas se amargaron así que le diste esa mala evaluación? ¿O ella esperaba una buena evaluación porque estaban saliendo? —preguntó Phil y negué con la cabeza.
—Las cosas iban bien hasta que las jodí. Escuché a dos personas de mi departamento hablar sobre su sospecha de que estábamos juntos. Al parecer, asumían que nuestra relación era la razón por la que había conseguido este empleo en primer lugar y el porqué Bella era considerada para la posición en el equipo de edición. —Bajé la vista a la mesa, contárselo a alguien más sacaba a la luz la forma tan vergonzosa en que había actuado—. Fui un cobarde y en lugar de ser sincero contigo y el resto de la compañía, elegí salvarme a mí mismo. Le di esa mala evaluación con la esperanza de que las personas pensaran que los rumores no tenían fundamentos y aceptaran que mi posición dentro de la compañía me la había ganado, no había sido un regalo.
—¿Le hiciste eso? —preguntó Irina—. Ahora entiendo por qué estaba destrozada… Edward… no sé qué decir.
—¿Qué debió haber dicho tu evaluación? —preguntó Phil tranquilamente, pero su mandíbula estaba tensa y podía notar que estaba enojado.
—Que ella era organizada y eficiente, encantadora y generosa, trabajadora y dedicada. Debí asegurarme de que consiguiera la posición a la que yo le sugerí que aplicara porque habría sido muy buena en ello. Debí decirte que ella localizó manuscritos que mi propio equipo pasó por alto y que hacía todo lo posible, incluso se metía en problemas, para intentar ayudar a sus compañeros. Debí decir que era un valioso miembro de mi equipo y que la tenía en mi más alta estima.
—Pero no lo hiciste. —Phil me miró.
—No lo hice y es por eso que tengo que rechazar tu oferta, Phil. —Me pasé una mano por el cabello—. Lo que le hice a Bella tanto profesional como personalmente me asquea, y la perdí por eso. No puedo quedarme aquí y fingir que todo está bien, porque no es así. Justo ahora lo más importante para mí es arreglar las cosas con Bella. La amo, y no quiero quedarme aquí sentado y dejarla ir.
—Estoy pensando esto meramente como tu jefe y no como el padrastro de la chica que fue la parte inocente en todo este asunto, y no puedo negar que estoy decepcionado, Edward. Tenía grandes esperanzas en ti y lo que has hecho lanza una gran sombra sobre todo lo demás que has conseguido. —Juntó las manos sobre el escritorio y asintió—. Habiendo dicho eso, aprecio tu honestidad. Irina, ¿qué opinas?
—Se necesitará mucho tiempo para recuperarnos de esto y creo que tomarte un tiempo lejos de la compañía sería algo bueno. —Miró la carta y añadió—: Hoy es tres de agosto, tienes más de un mes antes de que debas comenzar en tu nueva posición. Guardaré esta carta de renuncia hasta el 21 de septiembre y si para entonces estás de regreso en esta sala de juntas, la desecharemos y discutiremos si es que regresas a tu antigua posición o si seguimos con nuestro plan original. Si no estás de regreso, asumiremos que no quieres volver y tu carta de renuncia será aceptada con validez inmediata.
—En otras palabras, te estamos diciendo que te tomes un tiempo personal y decidas lo que quieres. —Phil se inclinó hacia enfrente y añadió—: En lo personal, no me gusta la idea de trabajar junto a alguien tan dispuesto a sacrificar a una empleada valiosa para salvarse a sí mismo. Especialmente no me gusta la idea de que esa persona vaya tras mi hijastra para intentar recuperarla, pero respeto que esa es decisión de Bella y de nadie más.
Asentí y miré a Irina.
—Estoy de acuerdo con Phil —dijo tranquilamente—. Personalmente hablando, no es de mi incumbencia, pero vi a esa chica cuando salió de la evaluación y estaba destrozada, Edward. No la culparía si nunca más quiere volver a verte.
—Lo sé y no tengo derecho a esperar su perdón, sólo necesito intentarlo. —Me paré—. Gracias por escucharme, y una vez más sólo puedo disculparme por mi comportamiento. Estoy haciendo lo que puedo para arreglarlo y espero que con el tiempo pueda conseguirlo.
Caminé hacia la puerta y luego me detuve.
—Hay una cosa más que necesitaba pedirles.
—Adelante.
—Una noche antes de irse, Bella me dijo lo que quería y estoy intentando hacer eso. Necesito enviarles algo… todo lo que les pido es que lo vean y al final, si pueden, hagan lo que les pido. No es nada grande, no les llevará mucho tiempo ni nada así, pero es la única forma que se me ocurre para hacerla ver que haré lo que tenga que hacer para poder recuperarla. —Los vi fruncir el ceño y sonreí—. Quedará más claro si lo ven, lo prometo.
Bella…
Tal vez, sólo tal vez, pueda olvidarlo. Ya voy a mitad del camino en tan sólo unos pocos meses… supongo que tenía razón. Un océano y miles de millas podrían ser suficientes… Dios, espero que sea suficiente.
Parece que al fin Edward está listo para poner un granito de su parte, fue honesto y enfrentó a Phil, un poco demasiado tarde, pero al menos le dio la cara. Esperemos que Bella no lo haya olvidado ya.
Mil gracias por sus comentarios, recuerden que esta historia ya está a punto de terminar ;)
