TODO VA DE CULO

Al día siguiente y después de haber dormido y convivido con Helena, Viktor se dirige a ver a Kenji Hamada.

Una vez que llega al lugar se percata de que su compañero, Runeard, ya había llegado. Estando ahí, ambos entran a ver al asiático.

Runeard Arendelle y Viktor Westergaard rodean a Kenji Hamada, el cual está todavía atado a una silla y con una bolsa en la cabeza. Runeard al observarlo con detenimiento, se acerca y trata de sacarle información a cambio de su libertad – Sé que hay un cargamento de los gordos. He estado en tu piso y he leído tus informes... –.

Ante la noticia, Kenji asienta y se alza en hombros, intenta expresarles – Sí, sí, sí. Se los iba a decir ahora... – agrega mientras suelta un suspiro de pereza – El contacto está en uno de los hoteles del pueblo–.

Al saber a que se refiere, Vik y Runeard se miran mutuamente y escuchan atentos, lo que le faltaba por decir al asiático – Obtendrán ahí exactamente lo que necesitan–.

No creyéndole, Runeard se enoja y toma de forma brusca a Kenji mientras le reitera – Será mejor que no nos las estés jugando– algo asustado y sin poder defenderse y moverse, carraspea con temor, Kenji – ¿Yo? Dame un respiro... Soy su mejor colega–.

Runeard percatándose de la poca seriedad en el asiático, lo suelta y procede a dirigirse afuera del lugar, Viktor lo sigue.

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A las afueras del lugar, ambos hombres proceden a montar a su corcel y proceden a dirigirse a uno de los hoteles del pueblo, el cual es un lugar que maneja negocios ilegales, como la prostitución.

Una vez que llegan y entran a lo más recóndito del lugar, descubren que es posible que se trate de otra trampa.

Los hermanos de armas en sus corceles van a la parte trasera del hotel, el cual está rodeado de bandidos.

Al ver que estos no están armados, entran al lugar, una vez adentro se dan cuenta de que el lugar no era lo que aparentaba ser, ya que el lugar se trataba de un burdel clandestino y homosexual.

Tan enojados, se dan cuenta de que se trataba de otra trampa de Hamada.

Mientras miran a los piratas y bandidos del lugar, Viktor comenta en voz baja muy extrañado – Algo no anda bien...– en eso, Runeard le responde con el mismo tono – Sí. No sabía que a los piratas les fuera este tipo de rollo...–.

Al percatarse de que actúan con comportamientos afeminados, Vik comenta lo que intuye – Creo que Hamada nos la ha vuelto a meter–.

En ese momento, varios hombres fortachones y enormes, se les empiezan a acercar a ambos.

Los individuos al estar cerca los empiezan a intimidar, inclusive uno de los miembros piratas rodea a Vik y a Runeard, mientras les advierte – La gente como ustedes no es bienvenida aquí…– ante lo dicho, se preparan para los puñetazos.

Al rodearlos, uno de los sujetos señala a Viktor y les avisa a sus compañeros – Yo quiero montarme al pequeñín–.

Runeard viéndose acorralado, intenta escapar – Ay, mierda... Hoy dan dos por uno en el burdel de los chicos–.

Al intentar escapar, es detenido por Viktor quien comienza a darles de puñetazos a los malvados sujetos.

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Una vez que se libran de los piratas y bandidos, y logrando salir sanos y salvos, deciden emprender el regreso para volver a ver a Kenji Hamada y confrontarlo.

En el camino, Runeard le informa al trigueño – Amigo, Hamada nos ha vuelto a joder. Volvamos para metérsela doblada...– ante lo dicho, Vik lo mira con confusión y le pide que le esclarezca lo dicho, mientras se alza levemente en brazos; Runeard le agrega aclarándole – Metafóricamente hablando–

Al llegar al lugar donde tienen atado a Kenji se encuentran con la sorpresa de que esté último está intentando escapar a pie.

– ¿Qué mierda? ¡Si es Hamada!– exclama alarmado Runeard al verlo al asiático, escapando.

En eso Viktor le responde mientras se baja de su caballo – ¡Vamos por él!–.

Viktor y Runeard comienzan a perseguir a Hamada a pie, el cual ahora tiene como objetivo acusar a ambos nobles con la guardia real.

Sabiendo sus intenciones; incluso como si le hubieran leído la mente, Vik y Runeard logran darle caza a Kenji Hamada, usando una ballesta, la cual lo termina matando al instante.

Al morir logran evitar que cumpla con sus objetivos.

Luego de matarlo, Runeard se acerca al cadáver torturado del asiático y se termina quejando – Ay, amigo. No pretendía que lo matáramos– Vik le coloca una mano en su hombro al pelirrojo, en eso, le responde – Ya es un poco tarde, Runny–.

Ambos se dan la vuelta y proceden a dirigirse hacia sus caballos.

El largo camino a casa los espera.

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Después de un largo camino a casa, Runeard lleva a Viktor hasta su residencia, ahí le dice el pelirrojo antes de irse – Sé que es verdad lo de ese gran cargamento del que nos hablaba Kenji– agrega mientras Viktor lo mira fijamente – Y voy a averiguarlo–.

Runeard ante eso último, se da la vuelta y procede a montar a su caballo para posteriormente retirarse del lugar.

Viktor suspira al verlo lejos y en eso entra a su residencia para descansar.

Terminando así este capítulo.

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