Unos instantes después, o eso le pareció a Ginny, la niña (porque aún era una niña aunque físicamente estaba desarrollándose ya, apuntando señas claras de la mujer en la que un día se convertiría) abrió de golpe los ojos al notar como si le tiraran un cubo de agua encima. Tras parpadear un poco, vio que estaba en medio del lago. Y vio algo más, vio a Harry, que la sujetaba con fuerza. ¿Significaba eso que había tenido éxito en la prueba? Eso parecía. Pero también notó algo más, vio que con su otro brazo Harry sujetaba a Gabrielle Delacour. ¿Por qué?
—¡Harry!—gritó Ginny.
—¡Ginny!—exclamó Harry, y en su rostro apareció una expresión tal de alegría que Ginny sintió una gran felicidad. —¡Estás bien!
—¡Pues claro que estoy bien!—respondió la niña, soltándose del brazo de Harry, luego, al ver la expresión de preocupación que había en el rostro de su novio, añadió: —¿Es que acaso te creíste todo lo que decía la canción?
Harry no respondió. Pero como decimos en España, "quien calla, otorga". Aquello era un sí. Y entonces se fijó en la niñita que Harry sostenía con su otro brazo, no sin dificultad.
—¿Por qué la has traído a ella?
—Porque su hermana no aparecía, no podía dejarla ahí.
Ginny movió la cabeza. Esa era la clase de estúpida acción noble que haría su novio. Aunque, qué diablos, si su novio no fuera así, no le gustaría tanto.
—Vamos hacia la orilla—Ginny giró la cabeza hacia un sitio de la orilla donde había unas gradas, y una mesa separada en la que podía distinguirse a Dumbledore, Karkaroff y Madame Maxine. Había dos personas más, una mujer, y un señor pelirrojo al que no podía distinguirse desde allí pero que por su porte se parecía a Percy.
Conque Harry, Ginny y Gabrielle Delacour (esta última con mucha ayuda de Harry, pues estaba claro que no nadaba muy bien) se dirigieron a la orilla. Pronto, Ginny pudo distinguir a Ron, que estaba pálido de preocupación. El señor pelirrojo que estaba en la mesa se acercó a Ron, y sí, era Percy. También parecía muy inquieto. Ginny también pudo distinguir a Hermione, que estaba envuelta en enormes cantidades de mantas y toallas y a quien atendía la señora Pomfrey. Cuando estuvieron cerca de la orilla, Percy se tiró al agua y quiso ayudarla, pero Ginny le rechazó, podía apañárselas muy bien. Quien no se las estaba apañando muy bien era Harry, que claramente estaba agotado y a duras penas podía moverse y al mismo tiempo tirar de Gabrielle Delacour.
—¡Eh, tú, ayuda a Harry!, ¿vale?—le gritó a Ron.
Ron hizo lo que Ginny le decía: saltó al agua vestido como estaba y como tenía unas piernas y brazos muy largos nadaba muy rápidamente y no tardó en estar al lado de Harry. Ginny vio con el rabillo del ojo como su hermano cogía a Fleur Delacour y se ponía a nadar hacia la orilla. Todo iba bien. Rechazando una vez más la ayuda de Percy, Ginny tocó tierra finalmente. Percy intentó "ayudarla" a salir, pero ella se negó. Apenas hubo tocado tierra, la señora Pomfrey le echó encima como una tonelada de mantas y toallas, y le hizo beber una poción que parecía fuego líquido. La reconoció: era la Poción Pimentónica. Harry, Ron y Gabrielle Delacour llegaron pocos instantes después, y Ginny se les acercó mientras Pomfrey les sometía al mismo tratamiento que a ella. Fleur Delacour, histérica, se acercó corriendo a su hermanita y empezó a hablar con ella en francés. Naturalmente, Ginny no entendió nada, pero sí se dio cuenta de que la "zorrita gabacha" estaba realmente muy preocupada por su hermana, su expresión era igualita a la de Percy. "Quizá no es tan mala, después de todo". Miró a Hermione, que estaba hablando con Viktor Krum, el cual en ese momento le quitaba un curioso escarabajo azul del pelo.
—¿Nos cuentas qué ha pasado?—le preguntó a Harry.
Harry, entonces, le contó cómo había ingerido las Branquialgas y el efecto que producían, cómo gracias a ella había buceado sin ninguna dificultad hacia el sitio donde estaban los cuatro rehenes, cómo poco después que él habían llegado Krum (transformado en tiburón pero de modo incompleto) y Cedric Diggory (que había usado un Encantamiento Casco Burbuja) pero no Fleur ("la frenaron los Grindylows", explicó Ron) cómo las sirenas y tritones habían querido impedirle que rescatara a Gabrielle Delacour, y cómo él los había ahuyentado.
—Pues por culpa de eso has quedado el último—le riñó Ron.
—Sí...menuda estupidez hice, debí haber dejado en el fondo a los otros tres rehenes, yo llegué antes que nadie—dijo Harry con la cara muy larga.
—¡No digas eso!—replicó secamente Ginny. —Harry...que sepas que estoy muy orgullosa de ti por lo que hiciste, no me importa que hayas llegado el último.
—¿En serio?—preguntó Harry.
—Sí—asintió Ginny.
Fleur, entonces, se les acercó. Con voz atropellada, le dio las gracias a Ron por haber ayudado a Gabrielle, y acto seguido le dio un beso en la mejilla. Ginny se tapó la boca para no reírse al ver la cara que puso Ron. Aunque la cara que había puesto Hermione también era para enmarcarla, pensó. Merecía la pena haber pasado por todo eso sólo para disfrutar de la sabelotodo Hermione lanzándole miradas celosas a una chica que acababa de besar a Ron, aunque fuera en la mejilla. Pero en ese momento la "zorrita gabacha" se acercó a Harry.
"Como se te ocurra besarle, te lanzo el maleficio de los mocomurciélagos", se dijo Ginny, que se palpó la túnica y notó su varita.
—Ayudaste a mi hermanita, aunque no fuera tu rehén—dijo Fleur con voz atropellada.
—Sí—replicó Harry.
—Gracias—replicó Fleur, que hizo ademán de inclinarse hacia Harry para darle un beso.
Ginny le lanzó una mirada furiosa y acercó la mano a su varita.
Fleur, entonces, miró a Ginny, se enderezó otra vez, y de improviso, se agachó y le susurró al oído a Ginny:
—Si necesitas algún consejo sobre hombres, búscame. Soy un cuarto de Veela y algo sé de eso—miró a Harry.
—Graci...eeeh...merci—respondió Ginny.
—¡Atención!—la voz de Dumbledore atronó de repente, mágicamente amplificada. —Señoras y señores, hemos tomado una decisión. El caudillo de las sirenas y tritones, Murcus, ha estado hablando conmigo—miró hacia la orilla y Ginny pudo ver varias cabezas desaparecer bajo la superficie, seguramente habitantes de las profundidades1y nos ha contado qué ha pasado exactamente en el fondo del lago, y por lo tanto los jueces —miró hacia Percy, Karkaroff, Maxime y una mujer a la que Ginny no había visto nunca—hemos decidido evaluar a los campeones como sigue, sobre cincuenta puntos. La señorita Fleur Delacour, aunque mostró una gran habilidad en el Encantamiento Casco Burbuja, fue atacada por los Grindylows cuando se acercaba al objetivo, y no consiguió recobrar a su rehén. Le damos 25 puntos.
La gente de las gradas aplaudió, aunque sin mucho entusiasmo. Fleur, por su parte, sacudió la cabeza y murmuró que se merecía un cero. Ginny sintió pena por ella. Mientras, Dumbledore prosiguió:
—El señor Cedric Diggory —Cedric alzó el brazo y muchos aplaudieron, sobre todo Hufflepuffs—que también usó el Encantamiento Casco Burbuja fue el primero en volver con su rehén, aunque se pasó un minuto del límite de una hora. Por lo tanto, le damos 47 puntos.
Harry puso una cara muy larga. Ginny anotó mentalmente que si le daban cero puntos, ella haría cualquier cosa que le pidiese para consolarle. Dumbledore, por su parte, siguió hablando.
—El señor Viktor Krum usó una transfiguración incompleta pero muy efectiva y fue el segundo en volver con su rehén. Le damos cuarenta puntos.
En las gradas, salvo el pequeño grupo de Durmstrang, nadie aplaudió. Pero Karkaroff aplaudió frenéticamente. Mientras, Dumbledore proseguía.
—El señor Harry Potter usó las Branquialgas de modo excelente. Regresó el último y habiendo sobrepasado ampliamente el límite de una hora. Sin embargo, el Caudillo me informó de que el señor Potter fue el primero en llegar a los rehenes, y que su retraso estuvo motivado por su decisión de poner a salvo a todos los rehenes, no sólo al suyo.
Ron y Hermione, que se había acercado, miraron a Harry con cierta exasperación mezclada con lástima. Ginny se acercó a Harry y les miró en tono desafiante. Quizá sería con ellos con los que estrenara el Maleficio de los Mocomurciélagls.
—La mayoría de los jueces—Karkaroff negó con la cabeza—pensamos que esto muestra una gran altura moral y merece la puntuación máxima. No obstante, la puntuación de Harry Potter es de 45 puntos.
Un gran aplauso estalló. Ron y Hermione miraron a Harry, atónitos, y luego aplaudieron alegremente.
—¿Y ahora qué, listillos?—replicó Ginny, contentísima. —Ya lo ves, Harry no ha hecho el tonto, estaba mostrando altura moral.
—Sí, sí. Harry, hasta cuando te equivocas te salen las cosas bien—replicó Ron, sonriente.
Fleur —otro punto a su favor, pensó Ginny— también aplaudía. Krum no parecía muy feliz y hasta intentó ponerse a conversar con Hermione, pero ella no escuchaba, estaba demasiado ocupada felicitando a Harry. Dumbledore, mientras, informaba sobre la tercera tarea, que sería al atardecer del 24 de junio. Ginny se sentía tan feliz que habría podido echar a volar sin escoba. Sobre todo, se sentía feliz de ver a Harry feliz.
—Voy a escribir a mamá para que le teja un jersey Weasley a Neville, sin él no lo habrías conseguido—dijo Ginny, acordándose de Neville al reconocerle entre las gradas.
—Buena idea—asintió Harry. —Y yo, por mi parte, le voy a comprar a Dobby un cargamento completo de pares de calcetines cuando vayamos a Hogsmeade, fue él quien me consiguió las Branquialgas.
Se dispusieron a irse, cuando de pronto Percy se les acercó corriendo.
—¡Hola, chicos!
Todos le saludaron.
—¿Que haces aquí?—preguntó Ron.
—Sustituyo como juez del torneo al señor Crouch, me ha dado poder para ello—respondió Percy, dándose importancia.
—Enhorabuena—respondió Ginny. —¿Y quién es esa otra mujer, que ahora mismo está hablando con Dumbledore y McGonagall?
—Es la señorita Amelia Bones, la directora de Seguridad Mágica.
—Entonces es la jefa de papá, ¿no?
—Así es.
—¿De qué están hablando?—preguntó Hermione. —A juzgar por sus caras, no parece que sea algo del agrado de Dumbledore y McGonagall.
Ciertamente, Dumbledore y McGonagall no parecían estar muy contentos, advirtió Ginny. No obstante, decidió esperar a ver qué respondía su hermano.
—De eso quería hablar con vosotros. Veréis...Bagman ha sido apartado como juez del Torneo y suspendido de empleo y sueldo, por eso ha venido en su lugar la señorita Bones. Y también ha venido por otra razón.
—¿Cuál es?—preguntó Harry.
Percy miró de reojo a Amelia Bones, respiró profundamente, y prosiguió:
—Veréis...Según la información de que disponemos, es muy probable que Bagman fuera quien puso el nombre de Harry en el Cáliz de Fuego.
—Yo no me lo creo—respondió secamente Harry.
—En circunstancias normales, nosotros tampoco. Pero lo que hemos ido descubriendo sobre él ha cambiado mucho las cosas. Hemos descubierto que está muy endeudado a causa del juego, y que les ha pedido prestado a los goblins de Gringotts mucho dinero que luego no les ha devuelto. Excuso decir que los goblins no están nada satisfechos, y no paran de acosar a los de la oficina de relaciones con los goblins para que hagan algo al respecto. Fudge está muy preocupado por la posibilidad de que los goblins tomen represalias, quizá cortando el acceso de los magos a Gringotts, y está decidido a resolver esto sea como sea.
"Entregándoles la cabeza de Ludo Bagman en una bandeja", pensó Ginny. "Es la clase de estupidez que Fudge haría, buscar chivos expiatorios para resolver problemas que no sabe cómo manejar".
—También hemos sabido que Bagman ha apostado mucho dinero a que Harry ganará el torneo. O al menos eso nos contado él. Pero Fudge tiene otra teoría.
—¿Y cuál es?—preguntó Harry.
—Que Sirius Black, que dispone de una considerable fortuna, está rabioso por no haber podido matar a Harry el año pasado, y quiere probar suerte otra vez. No obstante, no quiere correr riesgos y desea hacerle desaparecer de un modo más sutil. Según Fudge, Black ha prometido a Bagman pagarle todas sus deudas a cambio de que meta el nombre de Harry en el Cáliz de Fuego. La idea, claro, no es que Harry gane el torneo sino que pierda la vida. Según Fudge, lo de la apuesta no es más que una tapadera.
—Esa teoría no se sostiene—respondió Hermione. —Si así fuera, Bagman no habría querido darle pistas a Harry.
—Bueno, obviamente Bagman no conoce de las verdaderas intenciones de Black. O quizá sí y sólo está fingiendo, igual que hace años fingió que no sabía que le estaba pasando información a los mortífagos. Crouch me lo contó todo en una de sus cartas, que hizo procesar a Bagman acusándole de ser espía de Quien ya sabéis pero que Bagman se fue de rositas.
—Ya veo—replicó Ron en un tono extrañamente frío. —Bien, Percy, ¿por qué no vas al grano y nos dices qué quieres exactamenteE?
—¡Ah, sí, ah, sí! Veréis...—Percy miró de reojo a Amelia Bones, y Ginny pudo ver que Dumbledore y McGonagall negaban frenéticamente con sus cabezas—...De momento sólo es una teoría, necesitamos pruebas sólidas que la respalden, y para eso necesitamos interrogar a Harry. Pero tenemos un pequeño problema.
—¿Que es?—Ron se cruzó de brazos y miró severamente a Percy.
—Que Harry es menor de edad, y sin la presencia de un adulto que vele por sus derechos, no podemos interrogarle.
—¡Bueno, pues buscad un adulto que haga eso, no sé para qué nos quieres!—respondió secamente Ron.
"Algo raro pasa aquí, no es normal que Ron nos hable en ese tono", pensó Ginny.
—Veréis...—Percy alzó la mirada hacia el cielo—...es que no vale cualquiera. En Hogwarts, en ausencia de padres o tutores, los representantes legales de los alumnos son su correspondiente jefe o jefa de Casa, y el director. Y resulta que tanto el profesor Dumbledore como la profesora McGonagall se niegan en redondo a permitirnos... a permitir al Ministerio que interrogue a Harry.
—Y por eso ha venido en persona la jefa de Seguridad Mágica, para intentar convencerles, ¿no?—preguntó Hermione.
—Así es, pero no parece que esté teniendo mucho éxito—Percy miró otra vez a Amelia Bones. —Ahora bien, he pensado que si le explicaba a Harry lo que ocurría y si además estabais presentes vosotros, que sois las personas que más le importan a Harry, quizá sería posible convencer a Harry de que...
—¡NO!—replicó Ron, interrumpiendo a Percy.
—¡Ron!—objetó Hermione. —¿No debería ser Harry quien...?
—Por una vez, haz el favor de cerrar la puta boca, Hermione—respondió Ron, y ahora no había duda, había usado un tono de cólera que dejó sorprendidísima a Ginny y aún más a Hermione. —¿Nos tomas por idiotas, Percy? Tú lo que quieres es hacer méritos, quieres ponerte la medalla de que conseguiste que Harry aceptara que le interrogaran y que también conseguiste que convenciera a Dumbledore y McGonagall de que lo permitieran. Pues no. No vamos a consentir que utilices a Harry como un taburete para ascender. Te tenemos calado.
—Pero...
—Pero nada. Si Dumbledore y McGonagall no quieren que interroguéis a Harry, yo me fío de su criterio. ¿Vosotros no?—Ron se volvió hacia Ginny y Hermione en tono desafiante.
—Sí—respondió Ginny. No estaba segura de lo que estaba ocurriendo realmente, pero no quería para nada que el Ministerio empezara a hacerle preguntas a Harry sobre Sirius Black, y ciertamente si McGonagall y Dumbledore no querían permitir ese interrogatorio sus razones tendrían.
—Esto...sí—asintió tímidamente Hermione.
—Mis tutores legales son mis tíos Vernon y Petunia—dijo Harry. —Si el Ministerio quiere interrogarme, que les pida permiso a ellos, a ver qué les contestan. ¿Venís, chicos?—miró a Ginny, Hermione y Ron, que asintieron. —Lo suponía. Vámonos, que tenemos una victoria que celebrar.
Y sin molestarse en despedirse de Percy, Harry echó a andar, seguido de cerca por Ginny, Ron y Hermione.
¡Hola! Este capítulo me ha resultado un poco complicado de escribir porque no tenía muy claro cómo proseguir la trama de Bagman. Creo que el modo en que lo he hecho es coherente con las personalidades de Percy (que es ambicioso) y de Ron (que siempre está dispuesto a salir a defender a Harry, y más después de haber metido la pata como lo hizo a principios de curso). ¡Un saludo, pottermaníacos!
