¡Pésimo servicio!


*Au moderno

Abrió sus ojos, topándose con el techo blanco y paredes azul celeste, las mismas que hace semanas la acompañaban en su lenta recuperación.

Unos pasos lejanos y algunos murmullos eran los sonidos que se colaban desde la puerta, a la chica no le gustaba prender la tele muy temprano en la mañana, por eso prefirió perderse en sus pensamientos sobre qué podía hacer para cambiar su aburrida rutina.

No supo cuanto tiempo pasó, solo que la enfermera que le había traído su desayuno había desaparecido al cerrar la puerta con cautela, enseguida, procedió a comer para abastecer su cuerpo de energía.

—¿Ya está despierta?

¡Al fin!

La chica rápidamente dejó las sobras de su comida a un lado al reconocer la voz masculina, contando impaciente los pasos que se dirigían a su habitación y el toque en la puerta que solo ese amable médico tenía el detalle de hacer.

Acomodó algunos rebeldes mechones de su cabello y cubrió todo su cuerpo con sus sábanas antes de dar su consentimiento, mostrando a un hombre joven con un desordenado cabello dorado con mechas rojas.

Pero no solo era eso, la alegría que lo rodeaba había capturado la atención de su tierna paciente desde el primer día, Mitsuri tenía sentimientos encontrados, sin saber si ordenarle a su cuerpo que se recuperara o por el contrario, que permaneciera así para ver esos hermosos ojos que le demostraban genuina atención por el resto de sus días.

Luego de unas preguntas rutinarias y comentarios cortos, el médico dio media vuelta en señal de retirada, anotando unas últimas cosas para dejar la habitación hasta el día siguiente.

Solo que esta vez, la paciente había decidido pasar a la acción.

—D-disculpe…

—¿Qué pasa? —respondió éste, dándose vuelta con rapidez —,¿Te duele algo? ¿Te sientes mal?

—Doctor, hay algo que me gustaría decirle...

—¿A mi? Pero si aquí el que debe dar diagnósticos soy yo —expresó, señalándose con su bolígrafo, pero eso solo divirtió a la chica, se había enamorado de un bobo con bata blanca.

—Usted me gusta.

—Oh...lo siento, pero estoy casado.

—¡¿Qué!? ¡Esto es denigrante! —replicó con enojo, quitándose sus sábanas y arrastrando el borde del vestido de novia que había comprado por internet.

¡Qué pésimo servicio!