Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Ya los eh respondido por PM.
Elsa.
Elsa sintió el alivio de solo ver la aspirina disolviéndose en el agua, tomó el vaso para beberse el líquido de un trago y suspiró, dejando que el fármaco hiciera efecto.
—Esa es la razón por la que te sientes así hoy— se burló Anya, dándole pequeños sorbos a su propio vaso.
—Han pasado años desde la última vez que bebí así— se quejó la blonda.
—Pues no parecía— replicó la pelirroja—. Te tomabas el bourbon como si fuera agua.
Elsa resopló, masajeándose las sienes.
—Quería estar ebria, pero en la etapa uno… quizá en la dos— aceptó con cierta vergüenza—, pero nunca fue mi intención llegar a la etapa final.
—Puedo asegurarte que te divertiste.
Elsa la miró de inmediato, abriendo los ojos con sorpresa y sonrojándose de solo pensar en lo dicho por Anya.
—¿A qué te refieres? ¿hice muchos desfiguros? —preguntó—, dímelo por favor.
—Si te refieres a que bebiste como alcohólica, te reíste, bailaste y atrajiste la atención de todos los hombres del bar─ incluidos los homos y las chicas bi─, entonces sí.
Elsa gimió, avergonzada.
—¿Nada más? —se obligó a preguntar. Anya mordisqueó su labio con duda—, no importa, solo… solo dilo.
—Si recuerdas a Vladimir ¿verdad?
—Pues claro, no estuve borracha todo el tiempo.
—Bien, él... Vladimir estaba…
—¿Él qué? —exigió, masticando sus huevos revueltos.
—Vladimir parecía muy decidido a lograr que te acostaras con él— Elsa se atragantó y Anastasia le acercó una taza con té—. Vlad y yo no somos muy cercanos, pero lo conozco lo suficiente para saber que no se quedará en paz… estoy segura que por más borracho que estuvo, no se le va a olvidar y vendrá a buscarte.
—No se me insinuó ni nada ¿cierto? porque si lo hizo ya me voy a encargar de dejarle las cosas claras.
—Despreocúpate, no hizo nada— la tranquilizó—. Hans no dejó ni que se te acercara.
"¿Hans?" frunció el ceño.
—¿Hans? —repitió en voz alta.
—Sí— asintió—, se puso firme ante Vladimir y lo obligó a retroceder.
Los ojos verdes de Anastasia se posaron sobre los cerúleos suyos, inundados de una sugerencia socarrona.
—No me mires de esa manera— atajó la albina—, intercedió solo para quedar bien con mi hermano cuando vaya de chismoso…
—No tienes que fingir conmigo— la interrumpió—, Hans me lo contó todo.
—¿T-todo?
—Todo— asintió la bermeja.
—Anya… mira, yo…
—No tienes que decir nada, tampoco debes justificarte— siguió, ignorando su tartamudeo—; soy perfectamente capaz de entenderlo, no éramos tan cercanas… quizá seguimos sin serlo tanto.
—Es que yo… no sé si… tú y Hans…
—Es mi mejor amigo, aunque sea un idiota— rodó los ojos—; pensé que ya había quedado claro que no voy a contarle lo que mis demás amigos me dicen.
—¿De verdad quieres que seamos amigas o solo te acercas a mi porque Hans…?
La colorada silbó, sorprendida y ligeramente indignada.
—Dime una cosa— se inclinó hacia ella con aire serio—, ¿Hans te hizo tanto daño para que pienses eso?
—Convenció a su primo Eugene para que lo ayudara a secuestrarme cuando la fiesta de la boda de mi hermano terminó, me llevó a la cabaña de su familia para que nos acostáramos─ y no, no te voy a negar que también le tenía ganas─ y después que eso pasara me trató como a una perdida— la mandíbula le tembló de rabia y dolor con solo recordar—. Ahora pregúntate si no tengo razones para desconfiar de ese bestia.
Anya negó con la cabeza, pero no parecía sorprendida.
—Cuando volvimos de Estados Unidos─ al término del verano─ me contó de su… aventura con una chica, pero no dijo que hablaba de ti— reveló—, nos peleamos hace poco y finalmente me dijo que siempre se trató de ti. Te veía en todos lados, como si alucinara; ahora entiendo lo cerca que estuvieron de verse antes que él te descubriera en el teatro.
La blonda guardó silencio.
—Me contó la parte donde te llevó, pero no dijo nada sobre lo demás— añadió.
—Naturalmente.
El silencio que se cernió sobre ambas era pesado y sofocante, Anastasia fue la primera en romperlo.
—Quiero que seamos amigas, Elsa; independientemente de Hans— la rubia dudó—. Prometo que seré sincera contigo y si me confías algo, no revelaré nunca nada a absolutamente nadie… ni siquiera a Dimitri.
Anastasia le pareció tan sincera, incluso quiso ser su amiga desde antes que supiera que había tenido algo con Hans, aceptó sin cuestionar cuando le pidió que no dijera nada de su presencia en Rusia.
—No tengo muchas amigas…— dijo Elsa por fin, pero Anya se apresuró a hablar.
—Ni yo.
—Me refiero a casa, en Noruega.
—Bueno, aquí tampoco— rió la cobriza.
Elsa la miró por varios minutos más hasta que finalmente suspiró y le tendió su dedo meñique.
—El Pinky Promise es sagrado— declaró Elsa y la sonrisa de Anya se hizo más ancha.
—Dime algo que no sepa— respondió mientras enredaba su propio meñique con el suyo.
Hans.
Tal y como predijo Anya, después que lo llamara para decirle que ella y Dimitri habían llevado a Elsa al edificio donde vivía, Vladimir no tardó en comenzar a preguntar por la blonda.
Si bien todos aquellos a los que preguntó por la "chica noruega" lo desviaron hacia Ryder, quien iba y venía con la albina, este se negó a decirle nada; pero Vladimir no desistía y Hans estaba seguro que descubriría muy pronto dónde estudiaba Elsa.
Afortunadamente, su mejor aliado caminaba en su dirección.
—¡Infeliz! —vociferó Roland, dejando su pequeña maleta de viaje para apretarlo en un abrazo fraternal. Hans correspondió al abrazo con entusiasmo.
—Creo que ya te lo dije una vez y si no, te lo vuelvo a decir: la vida de casado definitivamente no te favorece— dijo el cobrizo cuando se separaron—, ¿y Gen? ¿dónde está? cuando llamaste para decir que venías pensé que ella te acompañaría.
—No, está en Londres, pasará estos días que esté aquí con su familia y después nos veremos en Oslo el día veinticuatro— explicó Roland, tomando su maleta y dirigiéndose a la salida del aeropuerto—. Gracias por venir a recogerme, por cierto.
Hans le restó importancia al asunto encogiéndose de hombros.
—Nadie sabe que estoy aquí ¿o sí? —preguntó el blondo, subiendo a la camioneta en tanto Hans guardaba la valija en el asiento trasero.
—¿Desde cuándo voy por la vida contando tus secretos?
—Qué bueno porque me muero por presenciar la cara de mi abuelo cuando me vea.
El bermejo sonrió maliciosamente al recordar que le contó sobre Alistair, ya podía verlo diciéndole un par de cosas a ese hombre y ¿por qué no? a Vladimir también, pero le diría sobre él a su debido tiempo.
"Dos pájaros de un tiro" pensó, lo mejor de todo era que no tendría que mover ni un dedo para deshacerse de ese par.
—¿Dónde quieres que te lleve? —preguntó, sentándose—, ¿vamos con mi Babushka o…?
—Vamos a la academia a recoger a Elsa primero y después iremos a ver a tu abuela— decidió y se arrebujó en su chaqueta—, carajo, sí que hace frío.
—Pero ¿qué dices? tus ancestros eran vikingos— se burló—, seguro que resistían unos ricos grados bajo cero.
Roland rodó los ojos y soltó una carcajada, antes de encender la camioneta y marcharse, el colorado aprovechó y envió un snap a Anya para que le dijera a la blonda que ella y Dimitri la llevarían a casa y así Roland pudiera sorprenderla.
Puso en marcha la camioneta y usaron el tiempo que separaba el aeropuerto de la academia para conversar de lo─ poco─ que no habían hablado.
—Este lugar es más impresionante que en las fotografías que envió Els— comentó Roland al bajar de la camioneta.
—Y todavía no ves el teatro donde se presentan— agregó el colorado, parándose a su lado—. ¿Ahora que hacemos?
Roland revisó su reloj.
—Esperarla, saldrá en menos de diez minutos— respondió—, tu novia también viene aquí, deberías saber su horario.
—No vengo nunca a recogerla— reconoció.
—¿Nunca? —Roland parpadeó, sorprendido.
—Salgo de la universidad a las 6 de la tarde y ella no es la persona más fácil del mundo, además, no todos tenemos lo que tú y Gen tienen.
Roland le apretó el hombro conciliadoramente.
—Entonces Honeymaren no es la chica ¿verdad?
Hans negó con la cabeza, con Roland era demasiado fácil abrirse, pero debía tener cuidado con lo que diría para no exponerse.
—¿Y por qué sigues con ella?
El cobrizo abrió la boca para responder, pero terminó cerrándola al no encontrar respuesta. Ni siquiera él sabía por qué seguía al lado de la castaña.
—Bueno, algún día la vas a encontrar y yo voy a ser el primero en felicitarte.
—No lo creo— masculló.
—¿Cómo dices?
—Que ya la veo, a Elsa— se apresuró a distraerlo. Ambos miraron a la blonda salir del edificio tomada del brazo con Anastasia, Hans se preguntó desde cuándo eran así de cercanas.
La albina estaba tan sumida en su plática con Anastasia que al principio no notó la presencia de los dos muchachos, entonces Roland tomó su teléfono y la llamó.
Vio a la blonda sonreír al ver el nombre de su hermano en la pantalla de su teléfono, esa expresión mutó a una desconcertada al comenzar a oscilar la mirada por todo el lugar y finalmente la sorpresa y la felicidad inundaron sus pupilas cerúleas al verlo; bajó corriendo los escalones que le faltaban y se lanzó a los brazos de Roland. Roland rio con cariño al estrecharla y la levantó ligeramente del suelo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Elsa después de soltarlo—, ¿cuándo llegaste? ¡dímelo!
—Acabo de llegar, mi avión aterrizó como hace media— respondió, besándola en la sien rubia—. Hans me trajo.
—¿Por qué no dijiste que vendrías? —le reclamó la blonda, ignorando al bermejo.
—Discúlpame por tratar de darte una sorpresa— Roy rodó los ojos—, eso me saco por volar hasta aquí para verte después de casi seis meses.
Elsa negó con la cabeza antes de volver a abrazarlo, sus orbes color zafiro se desviaron hacia él por varios segundos y solo los apartó cuando Anastasia carraspeó.
—¿No nos vas a presentar, Alexandr? —preguntó la bermeja.
—Ya te dije que no me llames así— replicó el colorado.
Roland dejó salir una carcajada y, después de soltar a Elsa, se dirigió hacia Anya.
—Roland Solberg, Roy— se presentó, estrechándole la mano a la pelirroja.
—Anastasia Romanova, Anya— dijo, correspondiendo al saludo—, y este de aquí es Dimitri, mi novio.
Roy repitió la misma acción con el bermejo más joven.
—Es un gusto conocer a la mejor amiga de mi mejor amigo, y a su novio.
—Dimitri es un buen amigo— dijo Hans y el aludido le dio un pequeño golpe en el hombro.
—Por fin pude conocerte, es bueno ponerle una cara al nombre— comentó la colorada—. Vanya habla de ti todo el tiempo.
—Y Nikoláyevna es una celosa empedernida— agregó Hans, mofándose.
—Bueno, pues ya que eh conocido a tu mejor amigo varón; quiero que conozcas a mi mejor amiga— Anya enredó su brazo con el de Elsa.
Hans no pudo ocultar su sorpresa, osciló la mirada entre ambas chicas y Roland se carcajeó con fuerza.
—Ahora sí estás perdido— se burló Dimitri.
—Esta es una traición y fuerte, Anya— Hans frunció el ceño.
—¿A ti qué más te da? —contradijo la blonda, mirándolo con hastío—, no es como que tengas que hablar de ella conmigo; porque ten por seguro que vas a ser el último tema de conversación que tengamos Anya y yo.
—Mira mocosa, a mí no me hables de esa manera…
—Cierto, se me olvida que eres tan corto de mente que los enunciados largos son difíciles de entender para ti— se cubrió la boca, fingiendo arrepentimiento—; perdona, acabo de decir una oración larga y muy rápida.
Dimitri estalló en risotadas a las que Anya y Roland no tardaron en unirse, Hans rechinó los dientes y se acercó peligrosamente a la muchacha rubia.
—No sé con qué cara te atreves a hablarme así cuando es gracias a mi país que estás descubriendo el significado de la vida digna.
Los otros tres pararon de reír.
—¿Rusia me está enseñando qué es la vida digna? por favor, si ahora que vivo en este glaciar puedo darme cuenta de por qué te fuiste a Noruega— lo golpeó repetidamente en el pecho con su dedo índice—. Tu deberías respetarme a mí, acuérdate que fue mi hermano el que te enseñó a comer tres veces al día.
El colorado le dio un empujón con la fuerza necesaria para que la blonda se tambaleara, pero la muchacha, haciendo gala de sus habilidades con el equilibrio, recuperó la compostura rápidamente y se abalanzó sobre él, siendo retenida por Roland.
—No vayan a empezar con sus numeritos, estamos en la vía pública por favor— el rubio soltó a Elsa, pero la retuvo disimuladamente al rodearle los hombros con un brazo—. Estás por cumplir dieciocho años, Elsa, y tú— miró hacia el bermejo—; eres dos años mayor, compórtense.
—Pides imposibles— bufó Anya—, entonces, dejando a un lado los numeritos de estos dos— continuó— ¿harán algo o…?
—Roy quiere ir a ver a mi babushka— informó Hans, caminando de vuelta a la camioneta—, ¿nos acompañan?
—Quisiéramos, pero ya quedamos con mi padre— anunció Dimitri.
—Es cierto— secundó Anya—, como Hans no nos dijo que vendrías, no pudimos posponer algunos planes.
—No hay problema— les aseguró el blondo—, estaré aquí hasta que tengamos que volar a Noruega para las fiestas.
—Entonces nos veremos por ahí— Dimitri estrechó la mano de Roland, despidiéndose, y caminó hacia su propio coche.
—Tal vez puedan venir con nosotros— dijo Elsa, para sorpresa de Roland y Hans—, mi cumpleaños es el veinticinco y mi madre hará una cena en casa, Roy y yo nos iremos el veinticuatro. Podemos costear dos boletos más.
—Te olvidas de Hans…
—Él ya se irá con su hermano y su novia— masculló Elsa, fríamente, sin mirarlo.
—¿Llevarás a tu novia otra vez? —Roland se giró hacia Hans.
—¿Invitaste a Ryder? —preguntó Anya—, ¿qué hay de los shows?
—Aún no, iba a invitarlo esta noche cuando lo llame— Hans bufó por lo bajo, sabía que estaba diciendo aquello para provocarlo—, además los shows comienzan el día treinta y terminan el ocho de enero; solo estaremos en Oslo cinco días.
Anya no se lo pensó mucho.
—Dimitri y yo tendríamos que estar locos para rechazar un viaje todo pagado a Noruega, ya quiero ver los fiordos— apretó a Elsa en un abrazo, después le pellizcó la mejilla a Roland y finalmente se acercó a él—. Honeymaren no estuvo aquí hoy.
—¿No?
—Nope.
Hans se encogió de hombros con desinterés, Anya lo miró con molestia y después de despedirse de los hermanos Solberg, finalmente se marchó con Dimitri en el coche del pelirrojo.
—Quisiera llegar hoy a la casa de mi abuela—dijo el bermejo, subiendo a la camioneta.
Roland lo siguió con una sonrisa en el rostro y Elsa le mostró el dedo medio cuando la miró por el espejo retrovisor.
La muchacha se mantuvo callada durante todo el camino hasta la casa de su abuela, ni siquiera dejó que su expresión cambiara cuando llegaron a la despampanante residencia donde creció; a pesar de conversar con Roland, no dejó de prestarle atención.
Su abuela besó a ambos blondos en la mejilla en tanto su abuelo apretó las manos de ambos a modo de saludo, y los invitaron a pasar a calentarse a la sala de estar junto a la chimenea mientras el té era servido.
—Imagino que en Noruega también hace mucho frío— comentó Irina—, tomando de su taza de porcelana.
—No tanto como aquí, pero sí— contestó Roland, comiendo una galleta.
—Imagino que Elsa y les habrá comentado que será la protagonista del baile estelar de esta temporada— continuó su abuela. Roland miró a la blonda de inmediato y Hans resopló con diversión.
—¿Es cierto, Els?
—Ay no, que pena— una expresión culposa surcó el rostro pálido de Irina, se volvió hacia Elsa—, lo siento mucho, querida.
Elsa negó con la cabeza, restándole importancia.
—No se preocupe— la tranquilizó y se dirigió a Roy—, pensaba decírselos a todos cuando estuviéramos en casa.
—Ya.
—Hans nos dijo que te casaste— comentó Ivan, sentado junto al colorado—, Irina y yo nos quedamos esperando la invitación.
Las mejillas pálidas de Roland adquirieron un fuerte color sonrosado.
—Nosotros no somos tan descarados para ir a una fiesta sin ser requeridos— secundó su abuela, mirando a Hans—, a diferencia de esa niña, Honeymaren, y su hermano.
—El nieto de Yelena es un buen muchacho— defendió Ivan—, me temo que no puedo decir lo mismo de la novia de Hans.
Elsa lo miró y arqueó una ceja socarronamente, Hans tensó la mandíbula, pero le sostuvo la mirada.
—Permítanme disculparme con ustedes— dijo Roy, llamando la atención de los dos mayores—, quería venir a conocerlos antes y simplemente no tuve oportunidad. Tengan la seguridad que serán los primeros en recibir invitación en los siguientes eventos de los que sea anfitrión.
—Descuida, cariño— Irina sonrió, divertida—; Ivan solo te molestaba, pero asistiremos con gusto.
Hans se mantuvo callado durante toda la visita, participando en la conversación cuando era estrictamente necesario, sin apartar sus orbes esmeraldas de la blonda, con la que chocó miradas en más de una ocasión, incluso atrapó a su abuela mirándolos con una expresión que conocía muy bien.
Para cuando decidieron que era hora de irse, Hans estaba seguro que sus abuelos amaban a su mejor amigo y sí, también a la blonda. Irina e Ivan los acompañaron hasta la camioneta, Roland y Elsa se despidieron de ellos y se alejaron para resguardarse del frío dentro del vehículo.
Estaba por unirse a ellos cuando su abuela lo detuvo para besarlo una vez más en mejilla.
—Harían una linda pareja— comentó con disimulo en tanto le acariciaba ahí donde lo había besado.
—Pero ya pasará, tarde o temprano— terminó Ivan, de la misma manera.
Hans estuvo tentado a decirles que, de suceder, sería más tarde que temprano.
Elsa.
Bajó de la camioneta tan pronto como esta se detuvo frente a su edificio.
—¿No vas a decir gracias? —preguntó Hans, irónico. Elsa azotó la puerta como única respuesta.
Cruzó la calle corriendo y entró al edificio, el calor de este la golpeó con fuerza, haciéndola sentir incomoda bajo su abrigada chaqueta. Roland llegó a su lado cuando las puertas del elevador se abrieron.
—¿Sabes? no te mataría tratar de ser amable con él de vez en cuando— comentó, entrando al ascensor.
—Seré todo lo amable que quieras cuando él lo sea primero.
Roy sonrió y le rodeó los hombros.
—No sé por qué, pero estoy seguro que algún día se van a llevar bien.
Elsa pensó en una respuesta ingeniosa, pero se olvidó de ella tan pronto las puertas del ascensor se abrieron, dejándolos en el último piso.
—Este lugar es más frívolo que nada— comentó Roland.
—Te dije que era muy Runeard— masculló Elsa en respuesta, metió la llave en la cerradura y la puerta cedió.
Nanny apareció tan pronto los escuchó.
—Qué bueno que llegaste, tu abuelo dijo que…— calló al ver al rubio—. ¿Por qué no me dijiste que tu hermano nos visitaba? —le sonrió a Roland—; bienvenido, soy Nanny, ayudo a que este lugar no caiga en desgracia.
—Perdone, ¿cómo es que me conoce?
—El señor Runeard tiene fotografías de sus nietos por toda la casa— informó la rubicunda mujer, quitándole de las manos la pequeña maleta—. Tendré lista una habitación pronto, pónganse cómodos.
Nanny desapareció por las escaleras sin decir otra palabra. Roland arqueó una ceja en su dirección.
—Solo las tiene para dar el aire del hombre de familia que nunca fue— respondió a una pregunta no formulada. Roland la siguió hasta su habitación.
—¿Te trata bien? —preguntó, tirándose en la cama.
—¿Nanny? Sí, es muy linda— sonrió.
—Me refiero a Runeard.
Elsa suspiró.
—Sí, hace que estudie y trabaje como alguna vez lo hizo papá y ahora lo haces tú, pero no me quejo.
—Ajá, pero ¿no te ha chantajeado para que hagas nada?
Elsa frunció el ceño, a menos que Nanny hubiera hecho una llamada hipotética a su hermano sobre la pelea que tuvo con Runeard alguna vez, Roland no tenía manera de saber nada.
—Por Dios, el abuelo puede ser un hijo de perra; pero no es un pervertido.
—Hablo de que si no ha insinuado que te relaciones con nadie para obtener ventaja en los negocios… ¡no me mires así! son cosas que pasan.
—Bueno, pues no; además— añadió, recostándose junto a él—, soy perfectamente capaz de defenderme.
—No lo dudo.
Nanny no tardó en informarles que la habitación de Roland estaba lista, el muchacho la dejó para ir a asearse y descansar un poco, Elsa aprovechó el tiempo para terminar algunos deberes, adelantar el trabajo y tomar una ducha. El reloj de su teléfono marcó la media noche cuando escuchó la puerta de la entrada abrirse.
Se enfundó en su bata de seda y corrió a la habitación de su hermano, pero lo encontró profundamente dormido.
Nanny tampoco acudió a atender la llegada de Runeard así que Elsa optó por volver a su habitación y dormir.
Cuando despertó temprano por la mañana para ir a la escuela, sonrió al recordar que su hermano estaba ahí. Se preparó rápidamente y bajó al comedor para desayunar. Roland ya estaba sentado, aun en pijamas, desayunando tostadas.
—Buenos días— saludó mientras se sentaba junto a Roy—, ¿y Runeard?
—Debe seguir en su habitación— respondió Nanny, poniendo un plato frente a ella.
Tan pronto terminó de hablar, unos pasos bajando las escaleras se hicieron oír.
—Elsa— la llamó desde otra habitación—, debes pensar que soy muy tonto, pero créeme que me di cuenta que había un chico durmiendo a un lado de tu habitación; tal vez tu padre dejaba que durmieran muchachos contigo, pero yo no, así que espero que ya se haya ido o…— el hombre se calló de inmediato—. ¿Roland? ¿qué haces aquí?
—Qué cálido recibimiento— ironizó Roland—, siempre haciéndome sentir tu amor incondicional de abuelo.
—Lo lamento, fue la impresión— hizo que se levantara para poder abrazarlo—, me da gusto verte ¿dónde está tu esposa?, quiero saludar a mi tercera nieta.
Elsa rodó los ojos.
—Londres, ya la verás para el cumpleaños de Elsa— contestó, volviendo a sentarse—, porque sí vas a ir con nosotros a Oslo ¿verdad?
La blonda lo pateó bajo la mesa, claro que no quería a su abuelo rondando, suficiente tenía con vivir con él.
—Me temo que no podrá ser— respondió antes de beber café—, le daré su regalo a Elsa una vez vuelvan, este año soy el anfitrión de la fiesta anual de navidad y tengo que quedarme para organizar todo. Es la primera vez que daré la fiesta tengo que lucirme.
—Bueno, dieciocho años no se cumplen dos veces— siguió el rubio—; aunque también podrías tirar la casa por la ventana con el regalo, así como lo hiciste conmigo.
Elsa recordó el generoso barco que su abuelo le regaló a Roland cuando este cumplió la mayoría de edad.
—No olvides el apartamento en el que vives, su regalo por faltar a tu boda.
—La ostentosidad es lo de menos— Runeard terminó su café y se puso de pie—. Date prisa, Elsa, te llevaré a la escuela; Roland puede ir con el chofer a recogerte ¿no es así, Roy?
—Seguro, ahora, con su permiso, volveré a la cama— besó a Elsa en la frente y se marchó a su habitación.
Elsa terminó su desayuno y se cepilló los dientes para finalmente marcharse, su abuelo no dijo nada durante el camino a la escuela, pero no la dejó bajar tan fácilmente cuando llegaron.
—¿Qué hace Roland aquí? —preguntó Runeard—, pensé que estábamos bien; trabajas lo que quieres y no me metes en problemas con tus berrinches.
—Dijo que vino a verme— masculló—, y puedes estar tranquilo, no le eh dicho nada, ni a él ni papá.
—Yo estoy muy tranquilo, ya sabes lo que dicen: el que nada debe, nada teme.
—Pues me temo que tú debes, y mucho— replicó Elsa y bajó del auto rápidamente.
Runeard podía decir lo que quisiera, pero estaba segura de haber visto miedo en sus ojos cuando se topó con Roland.
Ryder.
Revisó una vez más la dirección en su teléfono y después de calarse su ushanka*, finalmente bajó de su camioneta y entró al edificio, el guardia llamó al apartamento que le indicó y lo dejó pasar una vez confirmó que su presencia era requerida.
El ascensor lo dejó en la quinta planta, encontró el número del apartamento y tocó el timbre, escuchó unos pasos acercarse y finalmente abrieron la puerta; una mujer ojiazul de cabello rubio tirando al pelirrojo, ataviada con ropa cómoda y una gran sonrisa en el rostro.
—Tú debes ser Ryder, entra— tiró de él con fuerza y cerró la puerta a sus espaldas—; Judy dijo que vendrías.
Ryder asintió, esperando que ella dijer algo más.
—Ay, pero que grosera— le quitó el abrigo y lo metió en una puerta que debía ser el closet donde guardaban los abrigos—. Soy Giselle*, la novia de Judy.
La sonrisa se le congeló en la cara, si bien consideró que podía toparse a la pareja de su amada, jamás pensó que sería esa noche.
—Encantado— alcanzó a contestar.
—Pasa, pasa, Judith ya viene— lo empujó suavemente hasta la cocina e hizo que se sentara en la barra—. ¿Puedo ofrecerte algo de beber? —preguntó, amablemente—, ¿té, café o vodka quizá?
—Un poco de vodka está bien…
—¡Me lo imaginé! Eres idéntico a Judy, ni con este frio deja de beber.
La pelirroja se ausentó un poco para servirle la bebida y volvió dentro de poco.
—No eres de por aquí ¿cierto? —preguntó el castaño, tratando de hacer tiempo hasta que Judy apareciera y también para recabar información.
—Soy de Nueva York, pero el trabajo me hizo venir hasta aquí.
Giselle charló con él durante el tiempo que Judy tardó en aparecer, durante la plática Ryder pudo notar que la pelirroja era buena persona; casi se sintió mal por estar enamorado de la misma mujer que ella.
—Lamento haber tardado— dijo la pelinegra, entrando a la cocina y sentándose a su lado—, pero finalmente estoy libre.
—Gracias por atenderme en tus horas libres— agradeció el castaño—, trabajar con Krei no debe ser fácil y aun así accediste a recibirme.
—Ella ama ayudar a la gente, pero lo esconde tras su porte de fría chica rusa— se metió Giselle.
—¿Puedes dejarnos un momento? —pidió la pelinegra, ligeramente sonrojada.
—Claro, cariño— Giselle la besó en la mejilla y se marchó dando saltitos.
—Diseñadoras— bufó Judy—, no saben qué es el trabajo pesado.
Ryder le sonrió y procedió a sacar los documentos del portafolio donde los traía, a pesar de haberlos repasado con su propio aboga y haber entendido a la perfección el procedimiento, fingió tener dudas e inclinarse más cerca de Judy al momento de preguntar. La pelinegra no se dio por enterada, pero sí lo hizo no dijo nada al respecto.
—Creo que debería pagarte los honorarios— comentó Ryder de forma relajada para que Judy entendiera que era una broma.
—Deberías despedir a tus abogados y contratarme a mí— replicó ella de la misma manera.
Lo acompañó hasta la salida y sujetó su portafolio para que pudiera ponerse el abrigo y el gorro.
—Tengo que venir más seguido— comentó Ryder, Judy arqueó una ceja y se apresuró a añadir—, Giselle es muy divertida.
—Cuando no está molesta— Judy le devolvió el portafolio.
—En serio, muchas gracias— se inclinó más de lo debido, fingiendo que trataba de susurrar—, avísame cuando tu novia esté feliz para así poder visitarte.
Judy se limitó a mirarlo, tratando de descifrar lo que trató de decirle, finalmente fue la voz de Giselle de fondo la que los obligó a separarse.
—Buenas noches— dijo la pelinegra y cerró la puerta.
Ryder no estaba seguro de cómo, pero terminaría logrando que ella lo amara, lo sentía por Giselle, pero estaba destinado a ser.
Elsa.
Guardó sus zapatillas de ballet en el bolso que usaba para transportar sus cosas y la cerró, lista para marcharse. Las practicas eran cada vez más duras, pero las ameritaban los bailes que efectuaría un par de noches antes del año nuevo y pasada la navidad.
Faltaban un par de días como mucho para que volviera a Noruega para celebrar su cumpleaños número dieciocho con su familia y amigos más cercanos; que su hermano llegara de repente había sido una sorpresa grata.
Tenía tiempo que no lo veía y su presencia era satisfactoria, mantenía a su abuelo a raya y ella podía hacer lo que quisiera con mucha más libertada sin que nadie dijera nada. Se dijo que debía darse prisa, Roland había ido a recogerla a la academia como todos los días desde que llegó.
—Me da gusto verte tan… radiante— la voz de Honeymaren interrumpió sus divagaciones, deteniéndola al ponerse frente a ella.
—Tengo prisa— Elsa quiso rodearla, pero la castaña no se lo permitió.
—Claro, mueres por llevarte a tu hermano de aquí ¿no? —se burló—. Te asusta de lo que pueda enterarse.
—Mira, Honeymaren, me tienes harta; piérdete— espetó.
—Qué petulante, ojalá mantengas esta misma actitud ahora que vaya donde Roland y le cuente lo que pasó entre tú y Hans— Elsa sintió a cada musculo de su cuerpo tensarse.
—No sé de qué hablas— contradijo. Honeymaren ensanchó su mueca burlona.
—Tú y Hans de verdad piensan que soy estúpida ¿no? — bufó con diversión—, pues no. Sé perfectamente de la aventura que tuviste con mi novio.
—Entre tu novio y yo no hay nada, entiende que todo está en tú cabecita enferma, y aunque fuera cierto, no te debo ninguna explicación.
La expresión de la castaña se endureció.
—Entonces todo lo que esa chica asiática le gritó a Hans en ese aparcamiento en Noruega ¿fue mentira?
—¿Qué chica?
—Llevaba el cabello corto con mechones purpura— describió—, es su ex novia por lo que sé.
—¿Estás diciéndome que creíste en la palabra de una chica despechada? —se burló la blonda—, seguro que dijo la verdad.
—Para llevar años separada de Hans, estoy segura que el despecho debió haber terminado ya.
—No lo estés tanto— replicó Elsa, perdiendo la paciencia—, porque si tú─ que aun sigues con Hans─ no puedes con el despecho de saber que alguna vez fue infiel, imagínala a ella que fue a la que le vieron la cara de idiota…
Honeymaren la tomó del brazo bruscamente, enterrándole las uñas en la piel suave.
—¡Deja de tratar de engañarme! —siseó, cabreada.
Elsa gruñó por lo bajo, deseaba darle un buen empujón para que la soltara y después virarle la cara de un bofetón y así le quedara claro que no toleraría que volviera a tocarla de nuevo, pero se contuvo al vislumbrar por el rabillo del ojo a su hermano entrando por la puerta de los vestuarios junto a Hans y supo que tenía una oportunidad de quitarse ese miedo a que Roland pudiera sospechar alguna vez de lo sucedido entre ambos.
Se limitó a mirarla con rabia, aguardando paciente a que Roland estuviera los suficientemente cerca, y una vez fue así, llevó a cabo su plan.
—Ya basta, Honeymaren, de verdad ya para— jadeó, fingiendo que le dolía de más el agarre que ejercía sobre su brazo. Honeymaren arqueó una ceja—; no sé qué es lo que te eh hecho para que me trates tan mal— continuó—, así que te pido que me lo digas y veré que puedo hacer para compensarte…
—¿Compensarme? ¿quieres compensarme? ¡márchate de aquí!
—Así que es eso ¿no? ¿por el Bolshoi? —Elsa chasqueó la lengua con una decepción que no sentía—, no pedí que me escogieran, yo estaba feliz porque iría a Cambridge y no a esta maldita nevera, no puedes culparme por eso.
Ni siquiera trató de comprobar si su hermano y Hans escuchaban, estaba segura que sí.
—Es la primera y la última vez que te lo voy a decir— comenzó la blonda, silbando exageradamente de dolor—, hasta el momento eh tolerado tus groserías, eh soportado que hables pestes mías y de mi familia, que inventes y divulgues basura— siguió—; pero ya no más, detente o si no…
—¿Si no qué, perra nórdica? —retó Honeymaren, clavándole las uñas con más fuerza.
—O si no voy a decirle a mi padre, a mi abuelo y a mi hermano lo que dices sobre nosotros.
—Ya me gustaría ver que te crean cuando yo…
—Claro, como no bailarás esta temporada, quieres vengarte de mí porque yo sí lo haré— resopló con pesadez—. Lo peor de todo es que quieres hacerme daño al lastimar a mi hermano.
Honeymaren entrecerró los ojos, pero a Elsa le quedaba claro que la muy tonta todavía no notaba la presencia de los muchachos.
—¿Ves hasta donde has llegado?
La castaña no contestó.
—Déjame decírtelo, ya me amenazaste con ir a inventarle a mi hermano que Hans y yo nos hemos enredado cuando sabemos que no es verdad. Y no te lo voy a permitir.
Que Honeymaren adoptara una postura tensa la favoreció.
—Si de verdad quisieras a Hans no tratarías de ir tras Roy para molestarme— siguió—, ¿no te das cuenta? si te atreves a intentar engañar a mi hermano no solo me perjudicarías a mí.
—Yo creo que sí, no trates de convencerme. Vamos a ver que dice de esto…
—¿Ya pensaste en lo que le haría Roland a Hans si te cree? Puede que se enoje conmigo y no me hable jamás, pero iría tras Westergaard y lo destrozaría—una ola de auténtica preocupación la inundó de repente, sintiéndose miserable porque, en efecto, eso pasaría—. Hans puede ser muchas cosas, pero hasta yo acepto que siente un verdadero cariño fraternal por mi hermano… y eso se terminaría por tu culpa.
—No sé cómo lo haces, pero casi logras conmoverme— se mofó—, ¿de verdad crees que me interesa lo que pase entre esos dos? estaría matando dos pájaros de un tiro, perderías el cariño de tu hermano y Hans me pagaría todas las que me ha hecho…
—Y dices quererlo— se fingió sorprendida—, yo solo te digo que desistas y dejes a Roy en paz, metete conmigo todo lo que quieras, pero que sepas que no quiero que tener que abrir la boca y que tus chismes lleguen a oídos de tu abuela…
—Ella ya lo sabe.
La sorpresa que sintió fue realmente genuina.
—Pues que mal que no haga nada para detenerte ¿verdad? —comentó con desilusión—, bueno, entérate que mi familia no opinará lo mismo y no quiero tener que decirles nada…
—Me da igual.
—Pero a mí no— se pronunció Roland, Elsa se vanaglorió interiormente al escuchar la ira fría en el tono de su hermano y al ver el miedo en los ojos marrones de Honeymaren.
ACLARACIONES:
Giselle: Encantada.
Ushanka: el típico gorro ruso.
Pues nada, que nos cae Roland de sorpresa y viene al 100 para tirar putazo a Krei si es que anda tras los huesitos de su hermana, en el próximo capitulo verán una charla entre estos dos con Elsie por un lado.
Tenía que poner tarde o temprano una parte donde Ryder vaya comenzando a hacer su trabajito con Judy, al mal paso darle prisa.
Y Hans, como siempre, sin decir lo que siente, pero ya no coman ansias, falta muy poco para que se acabe su relación con la loca… digo, con Honeymaren.
Les comparto que estoy muy contenta por el triunfo de Biden y Kamala Harris, voy a dejar mi letrerito afuera de mi casa un poco más hahahha, espero con ansias poder ver todo lo que hará por el país. Gracias a AFF por sus sinceras felicitaciones.
Sé que mis disculpas ya no les sirven, parezco hombre haciendo promesas que no voy a cumplir (its a joke), pero aun así quiero ofrecérselas. Actualizo esta porque es la que más les interesa hahahha, ya mañana le toca a las demás. Ya ni les pido el review ¿verdad? ¿sí? ah bueno. Cualquier error lo arreglo después.
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
