La historia que dejamos pasar


Capítulo 28

Kotoko se reprendió por no propinarle a Irie-kun la bofetada que se merecía, así le habría mostrado de forma más efectiva su errado comportamiento.

¡Había sido un idiota al besarla! ¿Qué no era inteligente! ¡Podía haberla abrazado y alcanzar el objetivo que perseguía!

Con eso recordó por qué no le abofeteó, pues por su intención de ayudarla se redimía un poco.

¡Pero la besó como si la amara!

Durante unos instantes la hizo flotar de felicidad y gozo al transmitirle cariño, pasión, anhelo, pertenencia. Le trasladó a su mundo de ensueño donde solo existían los dos toda vez que le recordaba lo que era sentirse querida y vinculada a alguien más.

Había sentido que sus corazones conectaban.

…para bajar de su nube cuando sus anteriores palabras se colaron en su fantasía.

Él podía ser tan bueno para hacer las cosas que esa vez consiguió transmitir espejismos.

Suspiró y salió del elevador para una nueva jornada. Al menos el día anterior lo tuvo libre para poder pensar y prepararse al encuentro de Irie-kun, a quien evitó lo que restó de su trabajo el viernes. Esperaba que no hubiese captado que tenía sentimientos románticos por él, no podría soportar que le tuviera pena, o que creyera que repetiría el pasado y arruinara la civilizada relación que habían conseguido.

Por otro lado, persistía la duda del origen de esa información equivocada en la que él creía; no lo asociaba con los rumores, así que alguien de confianza debió decírselo.

—Buenos días, Kotoko —le saludó Tomoko con una sonrisa al encontrarla en el vestuario. —Hoy solo somos tú y yo.

—Buenos días. Sí, Moto-chan disfrutará su domingo.

Su amiga terminó de alistarse y partió tras contenta comunicarle la operación que tendría, que debía preparar. Kotoko, por su parte, se cambió y se fue a cumplir sus propias responsabilidades.

Irie-kun apareció en su radar cuando llevaba a cabo un chequeo. Y lo supo porque Takaishi-san se calló al verlo, una vez se abrió la cortina del frente.

—Es ese guapo doctor —susurró la anciana, olvidando el asunto de las medicinas que supuestamente no había tomado. Hasta hacía unos momentos afirmaba que no se las habían dado, contradiciendo las notas del enfermero al que relevó.

A veces el efecto "impresionemos a Irie-sensei" era de ayuda.

—¿No quiere fingir dolor de pecho para que la revise? —inquirió con diversión, apuntando los números de su presión arterial, que debían tener monitoreada.

—Aihara-san, eso es una buena idea —sentenció la mujer mayor sonriendo. —Sabe cómo atraer la atención de un hombre.

Kotoko hizo una mueca. Cuán equivocada estaba.

—Ay, pero insistirá en hacerme estudios y no quiero —refunfuñó Takaishi-san.

Tosió para no reírse.

—¿Todo bien, Kotoko?

Se puso recta al oír a Irie-kun y miró hacia la cama de frente, donde él hacia notas en la historia médica de la recién operada; esta frunció el ceño en su dirección.

Afirmó con su cabeza, regresando su mirada a su paciente.

—Sí, en definitiva, es experta en atraer la atención de un hombre. Ese parece un espécimen difícil —musitó Takaishi-san con ojos chispeantes.

Boqueó incrédula, pero rió ante la impresión acertada de la anciana sobre él. Realmente la edad dotaba de sabiduría para distinguir cosas.

Takaishi-san gesticuló para que se acercara a ella. —Y a Shiwasu-san no le agradó que se preocupara por ti —susurró.

Le encantaba que los pacientes crearan historias para entretenerse en su hospitalización. Escucharlas era muy irrisorio.

Se apartó riendo en voz baja.

—No quiero que ella sea mi enfermera, Aihara-san es muy poco profesional.

Ella se tensó y giró la cabeza hacia el origen del menosprecio, esperando que Shiwasu-san se retractara. No la había atendido antes o después de su colecistectomía para tener esa opinión.

—¿Hay algo en su labor que deba señalar, Shiwasu-san? —preguntó Irie-kun fríamente. —Es evidente que no. Aihara Kotoko-san es una enfermera bien capacitada —aseveró ante la falta de respuesta de la aludida, sonrojándola en el acto.

El corazón le dio un brinco por la defensa.

—De cualquier manera, indicaré a Shimizu-san y se hará el cambio. Los pacientes deben sentirse cómodos y confiados del personal —comunicó Kotoko con seriedad, sin olvidarse del lugar en que estaba.

La comisura de la boca de Irie-kun se elevó.

—Cuidado, Shimizu-san, te extirparon la vesícula y te sentará mal tanta bilis —manifestó Takaishi-san con mofa.

Otras ocupantes de la habitación soltaron risitas y Kotoko se sintió apenada por la mujer embelesada con Irie-kun; sabía muy bien lo que era ser objeto de burla por manifestar interés hacia él.

—Todas son compañeras de habitación, traten de llevarse bien por los días que se verán —comentó con ambos puños a la altura de la barbilla. Luego sonrió y corroboró que no dejara nada del carrito.

—Eres un ángel, Aihara-san… ahora necesito mis pastillas.

Negó con la cabeza y agitó su dedo.

—En mi registro consta que ya las tomó, Takaishi-san.

La anciana espiró y comenzó a repasar los eventos del día en voz alta, así que Kotoko le dejó sola para ir a otra habitación. Apenas había puesto pie fuera cuando escuchó su nombre en la voz de Irie-kun.

Se giró. —¿Necesitas mis servicios, Irie-sensei? —preguntó ecuánime, mirándolo a la cara.

Él esbozó una sonrisa irónica.

—De carácter personal.

—Entonces tendrás que esperar a mi tiempo libre, Naoki-san, no quiero que nada privado transcurra durante mi horario laboral. —Había practicado esa frase hasta dormirse, después de quemarse la cabeza para una réplica contundente.

Los ojos de Irie-kun brillaron con diversión y Kotoko arrugó la nariz al sentir que no la tomaba en serio.

—No estoy jugando.

Él dio un paso hacia delante, casi pegando sus cuerpos, obligándola a alzar más el rostro. —Lo sé —repuso con voz seria. —Te haré caso —agregó enigmático antes de darse la vuelta.

Parpadeó confundida y se encogió de hombros.

Al voltearse, pudo alcanzar a ver cómo la pasante Haruyama-san rehuía su mirada y se alejaba a paso rápido.

Irritada por el futuro rumor, observó sobre su hombro y le sacó la lengua a la espalda de Irie-kun.

{…}

El bostezo que trataba de reprimir ganó la batalla y Kotoko se cubrió la boca para que no la vieran, pensando lo ridículo que era sentir sueño si había tenido un día libre y dormido más horas de las normales. Esperaba que el café a beber sirviera para darle energía.

Un cuerpo haciendo colisión con su espalda casi la hizo caer al suelo.

—¡Kotoko! —exclamó Marina cerca de su oído y ella alejó la cabeza en el acto. —Ah, vale, lo siento, me emocioné un poco.

Rió avanzando con su amiga pegada a ella.

—Escuché que hay un médico con el que tienes muy buena relación, y no es Nishigaki-sensei, ¿de quién se trata? —musitó Marina, revelando la razón de su apego.

Kotoko resopló.

—Tiene que ser Irie-sensei.

—¿Ah, sí? Entonces no es nada, necesito a otra persona del grupo con pareja para que no me molesten solo a mí. Keita se abstendrá con esa paciente suya hasta que acabe la preparatoria, aunque ella perdió año y medio por su accidente y cumplirá veinte. Los separan cinco años, son mayores y se quieren, no entiendo su renuencia.

—Eh, ¿así ella no se distrae de los años de estudio que debe recuperar? —inquirió repitiendo la explicación de su amigo.

—Se preocupará más si él encuentra a otra persona mientras la espera —farfulló Marina, arguyendo un buen punto.

Su amiga se separó de ella para caminar a su lado.

—De todos modos, sabes que yo no saldría con nadie, Marina.

La aludida guardó silencio; cuando iban a llegar a la máquina de café se adelantó y paró frente a ella poniendo su palma extendida.

—¿Por qué no lo intentas? No te vas a casar con nadie, solo sales y pasas un buen rato. —Marina puso un dedo sobre su barbilla, mirando hacia arriba. Sonrió de repente. —¡Te arreglaré una cita! ¡Un gōkon!

—No, no, no. —Agitó sus manos frenética y golpeó a quien pasó a su lado. —Ah, discul… pa, Irie-sensei.

Él asintió con expresión ceñuda y se apresuró a la máquina.

Marina soltó una carcajada. —¡Es una idea perfecta!

Kotoko la sujetó de una manga y se acercó a su oído. —No iré… Eh, eh. —Su cerebro se iluminó. —Le diré a Funatsu-sensei que quieres participar en un gōkon, no se detendrá a escuchar que solo lo planearás —amenazó, utilizando la misma técnica que cuando requirió tutoría de Irie-kun.

Su amiga gruñó. —Oh, él no me dejará en paz y no podré planear nada. Funatsu es…

—¿Sí, Marina mía?

Ambas saltaron a la aparición del novio de su amiga, que sonreía bobalicón.

—Ey, no puedes decirme así con público —reprendió Marina ceñuda.

El médico de lentes se rascó la cabeza. Sonrojado, desvió la vista, momento en que su expresión cambió por una petulante.

—Eh, Irie, no te había visto. —Él la hizo a un lado bruscamente y puso un brazo sobre los hombros de Marina.

Kotoko abrió la boca de la impresión. Sus amigas le habían platicado de la rivalidad que el galeno sentía por Irie-kun, aunque nunca la vio en persona. Y era sorprendente cómo lo cambiaba su ambición por ser el número uno; el joven educado, generalmente amable con ella, la había apartado sin tacto.

—Funatsu —saludó parco Irie-kun, tras observarla unos instantes.

—¿Te das cuenta que yo sí soy mejor que tú? Soy bueno en mi carrera y en el amor —fanfarroneó el de lentes.

Debió imaginarse el destello acerado en los ojos violáceos de Irie-kun. —Ah, felicidades —manifestó con un deje de indiferencia antes de beber de su café.

—No finjas, sé que tienes envidia. He llegado más alto que tú en la vida.

Marina quitó el brazo de Funatsu de sus hombros.

—¿Así que solo te interesa eso? —cuestionó con ironía. A continuación, se giró y caminó para retirarse de la escena.

La cara engreída del médico cayó y se fue detrás de su novia.

—No, Marina mí… Marina, tú me importas más —proclamó Funatsu mientras la perseguía.

Kotoko arrugó la boca, esperando que eso terminara bien. Negando con la cabeza, se recordó que esos estaban muy enamorados y no hacía falta que se preocupara; él la convencería para que no estuviera celosa de Irie-kun.

El mencionado se movió cuando ella quiso servirse café en uno de los vasitos de papel protegidos por la taza reutilizable.

—Las citas grupales no siempre terminan bien.

Le asombró que él se entrometiera en una vida ajena y hablara de un tema banal, pero sintió curiosidad por su punto de vista.

—¿Por qué lo dices?

—En la actualidad, hay más probabilidades de que asistan por moda y para experimentar, que por un interés real en formar una pareja.

—Oh. —Eso coincidía con las palabras de Marina de "pasar un buen rato", lo que era malo para quienes iban con intensiones serias.

—En vez de…

La llegada de una persona interrumpió a Irie-kun, haciéndolo suspirar. A ella le siguió el regreso de Marina y Funatsu, sonrientes, por lo que nunca terminó de escuchar lo que él pretendía decir.

(Y más tarde lo olvidó.)

{…}

Al cerrar la puerta de su casillero, Kotoko estuvo por atrapar su dedo y jadeó por la buena suerte, la cual no tenía la mayor parte del tiempo. Nunca se había lastimado así, pero para ser la primera vez que surgía la oportunidad, era extraordinario que no ocurriera lo peor.

—¿Pasó algo, Kotoko? —preguntó Tomoko apartando la vista de su móvil.

—Solo evité un accidente —respondió con una risita. —Estoy bien.

—¿Ya has revisado el grupo? Moto-chan nos invita a su apartamento, Marina y Keita ya están ahí, quieren pedir pizza.

—Suena bien, hoy no tengo ningún plan en casa.

—Les confirmaré que vamos las dos, ¿qué tal si compramos helado?

—Sí, también pregúntales si necesitan algo de la tienda de conveniencia. —Tomoko asintió y escribió en el teléfono. Kotoko no buscó el suyo, pues hacía unos momentos lo descubrió sin batería; no debió conectarlo bien y en la mañana no verificó el porcentaje.

—Listo, ¿preparada para irte?

Asintió.

Las dos cogieron sus bolsos y salieron del vestuario, mientras Tomoko le platicaba de su operación temprano, a la que le había faltado más sangre, en opinión de la castaña. Su amiga debía ser paramédica o trabajar en urgencias, donde algunos escenarios podían ponerse brutales —no negaba que en cirugías los hubiera, más bien en los otros el ambiente era menos "controlado".

—Aihara-san.

Su amiga y ella se detuvieron. Kotoko frunció el ceño y buscó la fuente de la voz, vagamente familiar. A su derecha descubrió a la mujer operada de la vesícula, cuyo nombre no recordaba en ese momento. Iba en una silla de ruedas empujada por su compañero Shibata.

—Le pido perdón por lo que dije de usted esta mañana —expuso la paciente sin ninguna emoción, mirándola de reojo. —Eso era todo, ya puede irse. También nosotros, Shibata-san.

Hasta el siempre prudente enfermero abrió la boca por la brusquedad de la disculpa, pero Kotoko no contestó, creyendo más prudente mantenerse en silencio.

En el ascensor, tanto ella como Tomoko rieron en voz baja, porque Shibata se mostrase anonadado.

—¿Qué comentó sobre ti? —Quiso saber su amiga.

—Umm, criticó mi desempeño y pidió por otro enfermero, según parece, porque tenía celos de Irie-sensei y de mí; él se dirigió a mí por mi nombre.

—Ah. —Tomoko juntó las cejas. —¿Y no es raro que te llame así todavía?

—Yo le digo Naoki-san. —Se encogió de hombros. —Nuestros padres son mejores amigos, y supongo que somos más que conocidos.

—Bueno, mi amigo de la infancia y yo hacemos lo mismo.

El aire cálido de junio las recibió al salir del edificio, anunciando el pronto cambio de estación.

—Kotoko.

Otra vez se vio incitada a detenerse, aunque sí reconoció al que emitía su nombre. Tomoko la imitó, con sus ojos brillando de curiosidad.

Se dio media vuelta. Irie-kun avanzaba hacia ella con las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Estaba aguardando por ti, esperaba que pudiéramos hablar —manifestó él impertérrito.

Debía ser por el asunto del viernes, mas no le apetecía charlar del beso ahora.

—Tomoko y yo vamos a hacer algo juntas, esperan por nosotras para cenar. —La verdad le sirvió como excusa perfecta.

Irie-kun asintió tras unos segundos en suspenso. —Pásenla bien —deseó con una pizca de irritación.

Ambas se miraron subrepticiamente, sorprendidas de sus palabras de ánimo. De reojo, ella también se percató que él arrugaba su nariz un poco.

—Gracias —dijeron ellas en unísono y giraron apresuradas para ir a la tienda de conveniencia. Trabajaban al día siguiente, así que no podían tardar muchas horas en el apartamento de Moto-chan y Keita.

Afortunadamente no encontraron más contratiempos y en media hora estuvieron donde las esperaban.

Su amiga debió estarse guardando la pregunta por buen rato, porque al término de una charla sin sentido, sacó a colación el abordaje de Irie-kun.

—Me intriga, ¿a ti no, Kotoko? —Moto-chan se frotó el mentón.

—Sí es extraño, ¿de qué quería hablar al salir del trabajo?

—¿Tal vez algo del día del padre? —sugirió, toda vez que recordaba no haber comprado los obsequios para el suyo y Shigeki-san.

Las tres chicas bajaron los hombros, desanimadas por una solución aburrida. Keita rió entre dientes.

No les hablaría del beso, deseaba borrar de su mente un momento que para él no significaba lo mismo que a ella y que era mejor callar para no hacer daño a su corazón.

(Rogaba porque nada hiciera que el incidente se mencionase.)

{…}

Como supuso que Irie-kun la buscaría si quería hablar, Kotoko no hizo amago de comentarle al respecto el día siguiente, aunque lo vio varias veces en el transcurso de su jornada. Ella no era la interesada, si bien sentía algo de curiosidad por lo que le hiciera esperarla.

En el almuerzo, sus amigas le preguntaron si ya le había hablado, y, al obtener una respuesta negativa, concluyeron con ella que no era importante.

Cuando sus labores terminaron, ya estaba convencida que carecía de relevancia; hasta se dijo que era algo del domingo. ¿Qué cosa? No lo iba a saber nunca.

Para el martes por la tarde decidió dejar el tema de lado y desestimó cuestionarle al respecto a la salida del trabajo, de manera que agitó su cabeza al verlo de lejos sin su bata, listo para irse, como ella. En su lugar, entró al ascensor y se puso sus auriculares para escuchar y responder una serie de audios con Jinko y Satomi.

Sabiendo que habría menos oportunidad para hablar en el metro, prefirió irse en pie a su casa. Satomi se había encontrado a una ex compañera de la preparatoria y les había contado todos los detalles de su plática, al descubrir que era dueña de una mediana empresa que estaba teniendo éxito; estudió con ellas en primer año, pero en los siguientes dos terminó en el E y no consiguió ingresar a la universidad. Dicho tema derivó a las otras personas que estuvieron en su clase y lo que sabían de ellas en la actualidad.

—Si hacemos un reencuentro, puedo asegurarles que coincidiremos con esos prepotentes del A. No tenemos de qué avergonzarnos, mas estoy segura que los oiré presumir de lo problemático que fue ajustar sus agendas porque viajan mucho al extranjero o tienen tales puestos altos e importantes que los mantienen ocupados.

Rió por las palabras de Jinko.

—Sería divertida una reu… ¡ah! —Hizo malabares con su teléfono para que no cayera al suelo, aunque fue el cable de sus audífonos el que le ayudó a no tirarlo y poder cogerlo.

Su corazón retumbó en su pecho y se quitó los pequeños auriculares de los oídos con energía, volteándose y desprendiéndose de la mano en su hombro.

—¡No me asustes así! —reprendió a Irie-kun, agitando los audífonos en el aire.

—Lo lamento, te llamé —contestó él circunspecto.

—Ah, disculpa, estaba concentrada en un audio. —Pensándolo bien, era inseguro andar en así en la calle, pese a que nunca le había pasado nada en las veces que lo hizo. —Y, eh… ¿qué ocurre?

Él sonrió de lado.

—Como te dije anteayer, esperaba que pudiéramos hablar. Te he tomado la palabra de dejar asuntos personales fuera de tu horario laboral.

Frunció el ceño y luego recordó a lo que se refería.

¿En qué momento comenzó a hacerle caso?

—Sin embargo, debe ser en un sitio privado y con tiempo suficiente. ¿Tienes libre la noche del viernes de la próxima semana?

—Eh, sí.

—Entonces será esa noche. El restaurante del Hotel Royal necesita al menos diez días de anticipación en la reserva.

—¿Cómo?

Muchos latidos retumbaron en sus oídos. ¿Un sitio elegante? ¿Para qué? ¿Qué tenía de especial lo que quería que hablaran?

Él negó como asombrado.

—¿Cenarías conmigo el próximo viernes? —Por primera vez en su vida, creyó oír un deje de incertidumbre en Irie-kun, que le robó el aliento durante unos segundos.

—Naoki-san, podemos ir a cualquier parte, si no hoy, otra noche, no es…

—Sí lo veo necesario —interrumpió él y suspiró desviando la vista un momento. —¿Te molesta ese restaurante?

—No, eh, no es que lo conozca, pero…

—¿Y cenar conmigo?

Se mordió el labio, dubitativa.

—Es que no entiendo por qué lo haces sonar indispensable —explicó bajando los hombros.

—Lo harás entonces. —Eso pareció darle confianza, le gritó su intuición.

Sabiendo de antemano que podía cometer un grave error, replicó: —De acuerdo.

Irie-kun asintió. —Te diré la hora cuando la confirme.

—Sí. Nos vemos.

No aguardó un instante más y se dio la vuelta para ir a casa, sin procesar lo que acababa de ocurrir.


*En Japón, el día del padre es el tercer domingo de junio.


NA: Alguien quiere evitar un gokon que no va a ocurrir ja,ja.

En este Irie fue rechazado varias veces, solo la última le salió. Como pueden sospechar, al hablarle de los inconvenientes de una cita grupal, iba a invitarla a cenar, pero alguien llegó a interrumpir. Lástima para él.

Besos, Karo.


raz: XD tarde o temprano tenía que haber un beso, aunque no fue de la manera en que le habría gustado a alguno de los dos. Irie metió la pata muy feo, ya sabes que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Qué bien que sufrió. / Oye, lamento de tu celular, espero que se pueda solucionar tu situación y ya no tengas que estar en la caridad. / Sí, el punto de vista de Naoki sigue, porque sirve para aclarar muchas cosas, pues Kotoko está en las nubes la mayor parte del tiempo. Y, sobre todo, ayuda para sus celos. Cuídate.