Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 15 – Los que se pelean se desean.

¡Sirius eres el mejor!

Menuda mente pensante se ha perdido Ravenclaw y el Ministerio. ¿Quién es capaz de ser un agente doble? ¿o era triple? Ya ni siquiera se acordaba. Pero no le importaba, lo que realmente le importaba era la bella dama dormida sobre su pecho. Bellatrix le había recompensado muy bien por el incidente del día anterior, esperaba que nunca se enterase de su piadosa mentira. Cerró los ojos para descansar, no tardaría mucho en amanecer y si Bellatrix le dejaba, intentaría repetir lo de la noche anterior. Pero descansar no pudo, la cara de James Potter no dejaba de aparecerse en su mente. Tonterías, sacudió la cabeza. ¿Por qué Voldemort iba a ir detrás de un recién nacido? James debía estar paranoico. Dicen que es muy común entre los padres primerizos.

Finalmente, consiguió dormirse, el calor que desprendía Bellatrix ayudó en parte. Se notaba como el frio septiembre estaba a la vuelta de la esquina. La próxima vez que abrió los ojos fue porque no sintió mas ese calor tan agradable. Bellatrix no estaba a su lado. Tocó el hueco que había dejado en la cama, ya estaba frio. Aquello le extrañó. Desde que habían comenzado esa peculiar relación, siempre era él, el primero en levantarse. Bellatrix a su lado descansaba y obviaba la hora, por lo que estuviera despierta antes que él, no era lo habitual. Se incorporó y buscó algo que ponerse, aún estaba desnudo y la chimenea no estaba encendida. Observó que Bellatrix le había dejado a lo pies de la cama un albornoz, "de Rodolphus, que asco", igualmente se lo puso.

Salió de la habitación y cerró la puerta con cuidado. No sabía porque lo hacia con esa lentitud e intentando no hacer ruido, pero el ambiente que se respiraba en la casa, le indicaba que era lo correcto. No se oía nada y todo estaba a oscuras, las cortinas estaban echadas y no permitían que la luz del alba se filtrase. Con cada paso que daba, el lugar se volvía más tétrico y desconocido, sentía que estaba en un lugar totalmente distinto y no en aquel en el que llevaba cerca de un año viviendo. Tomó la varita con fuerza, previamente la había guardado en uno de los bolsillos. Comenzó a descender las escaleras con el mismo cuidado y precaución. Algo no pintaba bien, y la angustia comenzó apoderarse de su cuerpo. Que alguien hubiese entrado en la casa y se hubiese llevado a Bellatrix fue su primer pensamiento… El segundo que tuvo, fue algo peor y no quiso perder un segundo en esa horrible imagen.

Murmullos procedentes del salón hicieron que se tensase. Conocía esa voz perfectamente, era la misma que hacia solo unas horas le había susurrado en el oído. Bellatrix estaba hablando con alguien. No entendía lo que decía y tampoco escuchaba al receptor de sus palabras. No era la primera vez que se disculpaba para mantener alguna conversación en privado, pero algo le indicaba que estaba vez era diferente. Se acercó con sigilo a la puerta, "cerrada", eso no hacia más que confirmar lo extraño de la situación. Continuaba escuchando a Bellatrix murmurar pero sin entenderla, para hacerlo, solo necesitaba lanzar un hechizo a la puerta. Alzó la varita y…

–¡Señor Black! ¿Desea que le prepare el desayuno?

El ruido que provocó el elfo se unió al grito que emitió por el susto que la pequeña criatura le produjo. Su grito hizo que la puerta se abriese de par en par.

–¡¿Qué esta pasando aquí?!

Bellatrix miraba a ambos con furia y con las manos sobre las caderas. Se sentía como un niño pequeño al que habían pillado robando caramelos de la cocina. Buscó rápidamente una excusa en su mente, pero cuando vio a sus espaldas como el fuego de la chimenea cambiaba de verde a rojo, la apartó de malas maneras y fue directo al mismo. Ni si quiera comprendía su propio comportamiento, pero… ¿Con quién estaba hablando? ¿Por qué lo hacia a sus espaldas? ¿Por qué lo hacia a esas horas? Quizás estaba demasiado cegado por lo que sentía por ella que no podía ver la realidad.

–¿Con quién hablabas? –Esta furioso. Si hablaba con algún mortifago no era bueno, si hablaba con el Voldemort era aún peor.

–No es de tu incumbencia.

El aire chulesco que desprendía aquella contestación no hizo más que aumentar su ira. A Bellatrix le gustaba marear a las personas, jugaba con la psique y su mayor arma no era la tortura con cruciatus sino la psicológica.

–Créeme. Es de mi incumbencia. –Estaba siendo irracional, pero su cabeza iba a mil por hora, y el peor escenario de todos cruzó su cabeza, y ¿si a quién estaban engañando era a él?

Que Bellatrix se comenzase a reír como una histérica no hizo más que afianzar esa sensación de que le estaba mintiendo.

–Pensaba que ya habías superado tu estupidez de adolescente, pero veo que ha ido a peor. –Aún reía. –Además, te lo vuelvo a repetir. No es de tu incumbencia. Estoy en mi casa y hablo con quien quiera y a la hora que quiera. –Se dispuso a irse.

–No es tu casa. –Antes de que salieran las palabras por su boca ya sabía que se había equivocado. –Rodolphus te podría echar en cualquier momento.

–Rodolphus te matará en cuanto se entere de todo. –Chirriaba los dientes.

Ahora, el momento para reírse, era el suyo.

–Nos matará a los dos cariño.

Dejándola con la ultima palabra en la boca salió del salón. Mientras subía las escaleras de vuelta al dormitorio, escuchó un grito estridente acompañado de una maldición imperdonable.

Se habían quedado sin el elfo que les preparaba el desayuno.


Bellatrix no volvió a la habitación, la escuchó caminar por el pasillo pero no entró. Lo prefería, no era el mejor momento para que hablasen. Aquellos pensamientos continuaban rondándole; ¿y si el engañado era él? Se mordió el labio con furia. ¡Había matado! ¡Había matado por ella! Era el peor pecado que podía cometer. Su futuro a partir de ese momento era incierto, no podía irse de allí, no quería. Su plan continuaba en marcha y Sirius Black siempre lograba todo lo que se proponía, pero que Bellatrix le ocultase cosas era algo que ponía en duda todo lo vivido. Necesitaba respuestas, algo que explicase lo que había pasado. Una vez más calmado, recapacito, quizás él tampoco había actuado de las mejores formas.

Se vistió de forma correcta y bajo al piso inferior intentando buscarla, no le costo mucho hacerlo. Estaba sentada en el comedor revolviendo de forma hipnótica el contenido de una taza de té. Ella había hecho lo propio y estaba completamente vestida como la dama de clase alta que era. Se sentó en el lado opuesto, era lo mejor, había la suficiente distancia para que no pudiera lanzarla la taza a la cabeza. El silencio pronto invadió el lugar. Bellatrix ni si quiera le miraba, ella no era así. Ella gritaba y te decía todo sin cortarse un pelo. La culpa comenzó a crecer en su interior, quizás había visto cosas donde no las había.

–Disculpa por el comportamiento de esta mañana.

Bellatrix no hizo nada, continuó revolviendo el contenido de la taza sin mirarle. Lo único que se percató es de que apretó con fuerza los labios. Que no le dijera nada era peor que si le lanzase un cruciatus.

–Me puse celoso. –Continuó. –Nunca te levantas antes que yo y me pareció muy sospechoso.

La mujer no cambió ni un ápice la expresión de su cara y le ignoró. Sirius desconocía como tratar con una Bellatrix tranquila, ellos eran pura dinamita y solo se entendían a través de gritos. Aquello le indicaba que quizás una relación con ella no fuera lo más adecuada, eran demasiado parecidos para que funcionaran juntos como pareja.

Azotó la servilleta en la mesa, se levantó y se dirigió a la puerta.

–Era Narcisa.

La voz de Bellatrix le detuvo. Cuando se giró hacia ella la encontró mirándole fijamente.

–Gracias a tus consejos me van a desheredar. Al menos no me han quemado del tapiz, aunque como ya no llevo el apellido Black, es como si lo hubieran hecho.

Abrió los ojos de par en par, no entendía lo que había ocurrido ni mucho menos que tenía que ver él en eso.

–Le plante cara tal como me dijiste, y¿qué es lo que recibo? Una desheredación y tu desprecio.

Cómo un autómata se acercó a ella impresionado y se sentó a su lado. Bellatrix aún le miraba de forma penetrante.

–Pero ¿qué le dijiste? –Se aventuró a preguntar una vez que consiguió reaccionar. Intentó ocultar una sonrisa, ya que eso era exactamente lo que estaba buscando.

–Y... ¿Por qué debería de explicarte a ti nada? –Parecía más furiosa por lo que había ocurrido entre ellos esa mañana que por haber sido desheredada.

–Porque te amo. –Nunca antes había respondido a una pregunta con tanta sinceridad.

Bellatrix se aguantó la risa, lo pudo notar en como sus mejillas se sonrosaban.

–Tienes una forma de amar muy peculiar.

–Lo siento. Soy nefasto en el amor. –Aquella conversación se estaba tornando demasiado profunda. –Tienes toda la razón en estar enfadada conmigo. Me cruciare a mismo si eso te hace sentir mejor. –Bromeó, aunque si eso suponía volver a estar bien con ella lo haría.

–No hace falta. No quiero que me quites el placer de hacerlo yo misma después que te cuenta lo que paso en la reunión. –Sonrió.

Suspiró tranquilo, aquella era la forma de la bruja de decirle que le perdonaba. A su manera, pero que le perdonaba.

–Entonces, ¿qué ocurrió? –Tomó su mano para reconfortarla.

Bellatrix se aclaró la garganta y comenzó a contarle lo atardecido el día anterior.

–Como era de esperar. –Comenzó. –La reunión era una de esas aburridas. Donde toda esa panda de viejas y aburridas se dedican lamerse el culo y criticar a las que no acudieron. Las estaba obviando cuando Narcisa intentó que interviniera y diera mi opinión sobre que color sería el ideal para la vajilla que sería utilizada en navidad. –Puso un gesto de asco. –Le dije que no estaba al tanto de cual era color perfecto. Como puedes ver, no dije nada fuera de contexto. –Sirius la escuchaba atentamente y estaba de acuerdo. Hasta ahí, todo parecía correcto. –Pero esa contestación a mi madre no le gustó, y como es habitual en ella, comenzó a soltar varios improperios. Estoy acostumbraba a ellos, pero esta vez, tal como me dijiste no me mantuve callada. Por lo que con toda mi elegancia nata le dije todo lo que pensaba de ella. –Se detuvo porque se le escapó una carcajada. –Que era una amargada y una falsa. Que hacia creer a todos algo que no era, y que ni si quiera era una Black verdadera.

Sirius comenzó a reírse, le tendrá que decir a Bellatrix que por favor le regalase ese recuerdo.

–Pero la cosa no se quedó ahí, porque le salió una aliada muy peculiar. Tu madre.

–¿Mi madre? ¡Pero si se odian!

–Se odian, pero solo Walburga puede humillar a Druella. Por lo que como te puedes esperar, tu madre empezó a insultarme, te voy ahorrar escuchar todo lo que salió de su boca, pero créeme, nada agradable.

–Pero no me parece suficientemente grave como para desheredarte. –Incluso a él le dieron más oportunidades.

Bellatrix se aguantó la risa y volvió a fijar su vista en el contenido de la taza.

–Es que le dije que… Para falsa ya estaba ella, que escondía sus inseguridades con amenazas e insultos, y que era mas mal educada que una sangre sucia.

Las carcajadas de Sirius resonaron en toda la casa y a estas se unieron las de Bellatrix.

–¡La has llamado sangre sucia! –Decia entre risas. –No, ha sido mucho peor. La has dejado por debajo de una sangre sucia. Es como si la hubieses equiparado a un muggle.

–Sí, y por ello me han desheredado. –Dijo resignada.

Sirius negó, seguro que había sido fruto de la ira. Era cierto que aquello le servia a mucho para él, había sembrado la duda en la familia y eso era lo que pretendía.

–Eres su favorita. Seguro que la próxima vez que te vea será como si no hubiera pasado nada.

Ahora la que negaba era ella.

–Es no es cierto. Tu eres su favorito. Con tu vuelta, me has robado mi posición.

Regalaría a cualquier su posición.

–Pronto morirá. –No tenia ningún cariño por la mujer que le dio la vida. –Y ¿sabes? Yo seré el que mande. Te daré el lugar que te corresponde. –Había tenido la mano de Bellatrix entre las suyas durante toda la conversación, la alzó contra su boca y depositó un beso.

–Igual tu futura esposa se pone celosa si le muestras tanto cariño a tu prima. –Pretendió bromear, pero le resultó imposible no esconder un deje de celos.

–Quizás mi futura esposa no se ponga celosa, si mi futura esposa eres tu… –No era una indirecta, era totalmente una declaración de intenciones. Puede que no supiera como iba a ser su vida después de aquella misión, pero lo que tenía muy claro es que seria junto a esa mujer.

Bellatrix abrió la boca para decir algo, pero rápidamente la volvió cerrarla y le sonrió.

Sirius interpretó aquel silencio como una afirmación. Se casaría con ella, no importaba quien se oponiese. Una vez que cogiera los mandos de la familia Black tenía el poder de deshacer los compromisos y matrimonios realizados en el pasado, era una ley sagrada entre los sangre limpias.

Había sido un tonto por pensar que su futura esposa estaba actuando de forma extraña. Bellatrix jamás le mentiría.


A/N: ¡Hola! Espero que os haya gustado este capítulo. He tardado en publicarlo, pero estaba atascada con un parte que quería unir al canon. Finalmente, deseche la idea y creo que ha quedado mucho mejor que en el borrador.

Quiero aclarar que, como la historia esta siendo contada desde la perspectiva de Sirius, hay muchas cosas de las que no somos conscientes, y que Bellatrix se guarda muchos secretos que enmascara muy bien. Por lo que hay muchas cosas que no son lo que parecen.

¡Nos leemos!