Nota: Lamento la tardanza extrema a la que os he sometido. No quiero ni saber cuántos meses han pasado, me avergüenza mucho tener que contarlos (por lo menos deben haber sido dos años). Sin embargo, aquí estoy una vez más para que veáis que no abandono este barco y que voy a continuar con el que será el último capítulo de esta historia. Habrá un epílogo, y espero poder subirlo pronto, pero no quiero prometeros nada.
Me encantaría saber vuestros comentarios sobre este final, tanto si os decepciona como si no. Quizá much s ya os habréis desenganchado de esta historia y lo entiendo porque la tardanza hace mucho para que eso ocurra, pero a las que seguís aquí, espero que lo disfrutéis. Y sin más, aquí lo tenéis…
En el capítulo anterior…
Después de que Hina, Neji y Kiba pasen una idílica semana en la mansión Hyuuga, Kakashi y una aún no recuperada Hikari hacen su aparición, al igual que la policía, ante la que Hinata, Kiba y Neji deciden contar la verdad, pero éste último, al descubrir que Madara sigue vivo, decide tomar el mal camino… Ante el secuestro de Hinata y el asesinato de Madara (supuestamente a manos de Neji) la policía se desplega para encontrarlos. Ahora que la pareja está en las garras de Sasuke y se encuentra entre la espada y la pared, Hinata se ve obligada a mentir para tratar de salvar sus vidas...
ADVERTENCIAS: Tortura, violencia y sangre.
Capítulo 29. Libertad III
—Mientes.
Una gota de sudor frío se deslizó por la espalda de Hinata. Claro que mentía, aunque bueno… no del todo, pues hacía unas semanas que el tema de la falta del período la preocupaba, pero no era algo a lo que estuviera muy atenta, porque curiosamente estaba pasando por mucho estrés y eso podía retrasarlo. Sin embargo, aquel tema, tapado por otros más graves, ya empezaba a querer salir a la luz. Y decir en alto sus sospechas era lo único que se le había ocurrido para salvar su propia vida, y conseguir un poco de tiempo para su primo y ella.
—No… no te miento –su voz temblaba—. A—ayer me hice una prueba.
Aquello último era una mentira como una catedral. Si ni siquiera había salido de la mansión para hacer la compra. Sasuke sonrió; parecía a punto de carcajearse.
—¿Crees que soy tonto para creerme eso? –dijo muy cerca de su oído y la apegó más a su cuerpo—: Te podría matar, preñada o no.
La chica se estremeció y sólo entonces notó la mirada desencajada de Neji. Sintió aún más ganas de llorar, a pesar de sentirse vacía de lágrimas.
—¿Estás…? –empezó, y Hinata bajó la mirada, sin saber muy bien qué decir.
—Fui muy descuidada estas semanas –empezó, dudosa—. Ni siquiera tomé las pastillas.
—¿Y de quién es, entonces? –preguntó Sasuke, ladino—. ¿Mío?
—Eso no es lo que importa ahora mismo… —susurró, mientras las lágrimas bajaban por su rostro.
Hinata fijo su vista en el frente, con ojos llenos de dolor y guardó silencio; éste reinó por todo el lugar durante lo que pareció una eternidad. No quería ni pensar en esas posibilidades. Lo único que quería ahora era evitar la imagen de Neji en el suelo envuelto en sangre. Podría enloquecer al presenciar un hecho así. Puede que fuese exagerado o dramático pero era su manera de vivirlo. O puede que se estuviese preocupando en vano porque la muerta sería ella; bueno, a eso apuntaban los hechos, a que ella estaría pronto con el cuello rajado.
Neji y ella se miraron a los ojos, quizá con la misma idea en la cabeza: ¿y si los dos terminaban muertos? De todas maneras, ¿cuánto tardaría la policía en encontrar el escondite del Uchiha antes de que ella acabase con el cuello abierto y Neji llevado a algún otro lugar horrible?
Hinata se habría atrevido a alcanzarle una mano, lo deseaba con todas sus ganas, pero ambos tenían las manos atadas, así que le miró de nuevo, con una pequeña sonrisa rota en los labios y él le devolvió una de las suyas, torcida. El villano soltó un bufido exasperado:
—En fin, creo que ya va siendo hora de terminar la función.
Repentinamente, tras la puerta se oyó un gran estruendo y gritos de "¡policía!" se escucharon. Sasuke miró con nerviosismo hacia la puerta y no dudó más.
—Dile adiós a tu primita y a lo que sea que lleve dentro, Hyuuga.
Y aunque Neji quiso gritar e impedir que lo hiciera, Sasuke deslizó la hoja hacia el vientre de la chica y hundió todo el filo del arma en aquella zona, intentando hacer el mayor daño posible. Hinata sintió una ola de dolor atroz recorrerle el cuerpo desde ese lugar y él la dejó caer con violencia, dándose por satisfecho.
—¡¿Qué has hecho, desgraciado?! –bramó Neji.
Hikari sintió una puntada entre las costillas y por reflejo dejó caer el marco de fotos que sujetaba entre sus manos, haciendo que el cristal de éste se rompiera en mil pedazos.
—Vaya… –susurró, lamentando el marco roto.
Más allá de eso, se fijó en la foto antigua: era Hinata con tres años, muy tímida, escondiéndose tras ella. Recordó como a su hija le había dado vergüenza estar frente al fotógrafo. De repente, un mareo le hizo rodar la cabeza y sintió frío por todo su cuerpo. Tenía un mal presentimiento.
Sólo quince minutos después, el teléfono empezaría a sonar con insistencia.
Los cuerpos de la policía llegaron a la fábrica poco después de partir de la mansión, tumbando la puerta a la fuerza bruta, con una radial. Los hombres de Sasuke que estaban dentro no ofrecieron gran resistencia, viéndose abordados por sorpresa por hombres entrenados y armados hasta los dientes.
Kakashi, nervioso, contaba los segundos —que pasaban demasiado lentos— para entrar y encontrar a Hinata sana y salva. Cuando al fin la policía consiguió penetrar en la estancia en la que la tenían, todo se sucedió entre gran estruendo, entre gritos y órdenes, y el peor escenario de todos era el que se estaba desarrollando en la estancia.
—Se morirá desangrada antes de llegar al hospital –dijo, sonriendo demencialmente mientras lo derribaban y le retorcían la muñeca para quitarle la navaja.
Para entonces, Neji ya tenía heridas en las muñecas de tanto tratar de liberarse. No se fijó en quién le cortaba las ataduras, solo supo que su cuerpo se acercó solo al de Hinata, arrodillándose junto a su maltrecho cuerpo. Un policía hacía presión en la herida que acababan de infligirle. Podría haber ido a estrangular o a darle una paliza al hijodeputa de Sasuke, pero su cuerpo lo llevo directamente a la chica. Miró la navaja y el suelo, llenos de sangre, y sintió su cuerpo helarse.
—Neji… —Hinata estaba hecha un ovillo en el suelo y su voz era débil—. Siento todo esto…
—No tienes nada que sentir –dijo, intentando contenerse—. No te disculpes más.
—Al menos tú estás bien… —sonrió a duras penas.
—Y tú también lo estarás, ya lo verás.
—Tengo mucho frío…
Él le frotó la espalda, como intentando darle el calor que no tenía, pero poco más podía hacer, pues sus manos estaban temblorosas y un sudor frío corría por su espalda. Además, era como si una mano le estuviese removiendo el corazón, estirajándoselo, haciéndole daño.
—Neji… te quiero —un par de lágrimas más se escurrieron por sus ojos.
—No digas esas cosas, parecen del guion de una película mala —susurró.
—Me da igual –contestó.
—Eres una niñata tonta... —quiso gritarle, comenzaba a sentirse furioso.
Neji giró la cara, sintiendo la molestia en el pecho, como aquella vez con Kiba pero esto se sentía mil veces peor. Era como si le intentasen arrancar un pedazo de él mismo, y odiaba admitir algo como eso. Notó una mano de ella intentar tocar la suya, y él se negó a cogerla, se negó a admitir que esa era su manera de despedirse.
La mano perdió la tensión y cayó al vacío, y él sintió todo congelarse. Él mismo estaba congelado, sin poder hacer nada. La vida de repente dejaba de tener todo su sentido mientras todo sucedía a su alrededor.
Todo lo que pudo hacer fue mirar a su alrededor y su mirada desorientada se fijó en el rostro de Sasuke, deformado por una mueca sarcástica. El responsable de aquello. Quien se la había arrebatado. La imagen de la mano de su prima cayendo a un suelo lleno de sangre y podredumbre, repitiéndose una y otra vez, le hizo perder la poca cordura que le quedaba. Entonces, todo se volvió rojo.
Kakashi se apoyó en uno de los muros exteriores de la fábrica y respiró con dificultad. Se miró las manos, manchadas con la sangre de Hinata. Pegó un puñetazo a la pared, escupiendo un sollozo con rabia. Se la habían llevado en la ambulancia tan rápido como habían podido, pero, ¿y si no sobrevivía? Porque sería un milagro que lo hiciera, dada la cantidad de sangre que había en el suelo, en sus manos, en su ropa... Ahora mismo le daba igual lo que le había sucedido a ese malnacido entre las manos de Neji Hyuuga…
Neji se había levantado del lado de Hinata mientras él aún hacía presión en la herida. No supo en qué momento sucedió, pues su sentido del tiempo había volado. Un bramido inmenso, como el de un animal herido, le hizo levantar la cabeza del cuerpo de Hinata y entonces fue testigo de cómo Neji se abalanzaba contra Uchiha, y ni quiénes lo custodiaban fueron capaces de pararle mientras le reventaba la cara a puñetazos. Incluso cuando se quedó inconsciente –al tercer golpe— el chico seguía, uno tras otro.
Antes de que pudieran pararle pinchándole un sedante, la cabeza del Uchiha había quedado hundida en el suelo, tenía bastantes dientes menos y al levantarles a ambos, un pequeño charco de sangre quedó en el suelo. Nadie lo habría reconocido después de tal paliza.
El hombre se rascó la cabeza. Esperaba que a Neji no le añadieran cargos por ese hecho, porque el chico ya estaba muy jodido…
Sus muñecas estaban sujetas por esposas y un policía lo estaba custodiando. Todavía se sentía confuso por lo que fuera que le hubiesen pinchado en la fábrica, pero a pesar de eso, todavía tenía vívido el doloroso recuerdo de la mano de Hinata cayendo… de verdad sentía ganas de tocarla, cualquier parte de ella. Jamás se había molestado en tener algún gesto con ella —ni siquiera lo había intentado—, pero cómo se volvían las cosas ante la posibilidad de perderla... Cuando había sido consciente, el estúpido refrán "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes" se había colado en su mente a modo de puñetazo. A él solo le habían importado sus padres, puede que Kiba y después, ella, pero no había notado hasta ahora su valía.
¿Cómo se volvía saber que lo que más importaba ahora era ella, y que habría dado su vida (que no valía nada) por la de ella en cualquier momento? Sentir algo tan puro era extraño, nuevo y dolía en forma de pinchazos intensos. Apoyó sus codos en sus piernas, recostado su frente en sus manos y cerrando los ojos. Quería verla otra vez, sentirla otra vez, como tantas noches.
Poco le importaba ahora el malnacido de Sasuke; ojalá estuviese muerto después de tantos golpes, pero eso ni siquiera se acercaba a lo que él había hecho sufrir a Hinata. Ni una décima parte. Había perdido el control, y no se arrepentía de haberle reventado la cara. Lo habría hecho una y otra vez; qué más daba que le metieran más años entre rejas de los que ya lo harían.
Sintió la mano de Kiba en su hombro, como dándole ánimos, aunque eso era lo que menos necesitaba, y si no hubiera estado custodiado, se habría largado de esa sala de espera de hospital, porque esa mano sólo le recordaba lo que ya había perdido. Porque él ya no veía esperanza. No quería hablar, y ahora ni siquiera le quedaban fuerzas para vivir.
Yuuhi Kurenai miró a Neji de reojo: estaba sentado en una de las sillas de la sala de espera, con la cabeza agachada y los hombros caídos. Suspiró con profundidad: había querido hablar con él, pero ni una palabra había salido de sus labios desde que habían llegado al centro sanitario. Quizás lo que necesitaba era tiempo, así que no había insistido más. Kakashi le había explicado que había tenido que suplicarle a Ko que primero dejara ir a Neji al hospital hasta tener noticias y poder ver a Hinata; y en cuanto a ella, ya llevaban unas horas operándola, y todos los presentes –Hikari, Kakashi, Kiba, Neji y ella misma—tenían una gran incertidumbre de si se salvaría o no. La espera, que resultaba un verdadero suplicio, con seguridad resultaría más larga.
Hinata permanecía en una camilla, con una bata de hospital puesta; una vía agujereaba su muñeca y a su lado colgaba una botella de suero. Estaba inconsciente, ya que el efecto de la anestesia aún duraba. Después de entrar la madre, le había tocado a él pasar a verla, ya que al box sólo dejaban pasar a una persona.
La miró, y recordó haber visto así a su padre, en una camilla de hospital muriéndose. Recordaba su fragilidad, y el hecho de no poder volver a verle en activo nunca más. Después pasó con su madre, pero a ella la encontró muerta, y jamás podría olvidar el frío al tocarla; un frío que calaba hasta los huesos y que recordaba hasta estos días como si acabara de suceder.
Acercó la mano hasta su frente y sin darse cuenta, suspiró con calma al percibir un ínfimo calor. No olvidaba que ella estaba viva y que su vida no corría peligro. Aun así, había cosas irrecuperables que lamentar…
Cuando informaron de su situación ante los únicos familiares directos de la chica (Neji y Hikari), las noticias fueron agridulces. Ella estaba bien, que era lo importante, pero había algo más…
—Su situación era grave, pero hemos conseguido estabilizarla. Le hemos hecho una transfusión sanguínea, ya que había perdido mucha. Desgraciadamente, a pesar de esto, el embrión no se ha salvado.
—¿Cómo embrión? –preguntó Hikari—. ¿Un… bebé?
—Sí, su hija estaba embarazada de unas seis semanas –sentenció—. Pero había tantos golpes en su cuerpo, que el embrión resultó dañado. Lo ha perdido.
Después de comentar los procedimientos realizados y los demás daños en el cuerpo de la chica, el médico marchó y, Neji, esposado y custodiado, se dio la vuelta.
—Espero que ese hijodeputa arda en el infierno —fueron las únicas palabras del chico.
Su tía abrió mucho los ojos, horrorizada, mientras él disponía la cara de odio que guardaba para Uchiha Sasuke.
—¿Por qué tenía que dejarla sola? —se lamentó la mujer. Empezó a derramar lágrimas de angustia. Neji sintió como la rabia le hervía por las venas.
—Es tarde, ¿no crees? —comentó él, resentido, y se marchó de nuevo a la sala de espera, acompañado por el policía que le custodiaba.
En ese momento había estado furioso, y el hecho de que ya no le guardaba gran aprecio a su tía había ayudado a reclamarle de aquella manera, pero tenía que reconocer que la culpa le reconcomía por dentro de forma voraz por la actual situación de su prima.
Cuando salieron del hospital, él no se despidió de nadie. Sentía pinchazos que parecía que le llegaban al cerebro y estaba de muy mal humor, molesto consigo mismo. Desde la ventana del coche de policía, observó el día desvanecerse desde el color ámbar del atardecer al morado del anochecer y las primeras estrellas asomaron refulgentes, como si él las quisiera allí o algo por el estilo; más bien hubiera deseado nubes negras de tormenta, rayos y truenos.
De momento visitaría los calabozos, quizá después lo trasladarían a la prisión estatal. De eso había sido informado. Y en realidad no le importaba; de hecho, no sentía nada en absoluto. Solo, sin rumbo y sin un destino claro.
Un mes después…
La ventana daba su vista a una ciudad atestada, en un día en que el cielo permanecía casi blanco, atestado de nubes, donde probablemente se escondía agua. Según el noticiario en la televisión, la mañana se había levantado fría y era probable que las temperaturas bajaran a cero grados.
Hinata suspiró con los ojos entrecerrados: había flores sobre la mesita y unos cuantos apuntes de clase, cortesía de su amiga Tenten, que pensaba que volvería a clase. Lamentablemente, como le había explicado la policía, eso no sucedería nunca. También su maleta se encontraba en la cama, a medio llenar… La tristeza la inundaba cuando pensaba en tener que alejarse de su madre y… de Neji, a quien no había visto desde hacía un mes.
Según le contaron, él había salido en libertad bajo fianza hacía más de tres semanas, pero no había querido volver a vivir en la mansión ni pasarse por el hospital para preguntarle cómo estaba. Sólo eso habría bastado para la chica, que no entendía qué ocurría ni el porqué de su silencio. Y además de todo eso, tendría que abandonar a su familia y todo a lo que recién se había acostumbrado, a pesar de las cosas malas que le habían ocurrido…
El chico daba forma a los mechones irregulares, dejándolos igualados con unas simples tijeras escolares, y no lo hacía tan mal, ya que el cabello no le estaba quedando mal del todo, según su reflejo en un pequeño espejo de mano.
—Ya está, perfecta.
Su otrora larguísimo cabello había quedado tan corto que apenas se reconocía; estaba por debajo de sus hombros. Se lo acarició, echando de menos los largos mechones que antes le llegaban al trasero.
—Supongo que no se podía hacer ya gran cosa por él.
Hinata sintió venir el flash de cuando el Sasuke Uchiha se lo había cortado, y se estremeció.
—Sí, es una pena.
Mientras Kiba recogía los largos mechones que habían quedado tirados por el suelo, alguien llamado a la puerta y de repente Ko apareció tras esta con su mismo semblante serio.
—Buenas tardes, Hyuuga—san, Inuzuka—san...
—Buenas tardes, Ko—san.
—¿Cómo te encuentras?
—Los puntos tiran un poco, pero parece que la herida ya está sanando. Gracias por su preocupación.
—Me alegra oír eso. Supongo que Kiba te habrá informado de la decisión que hemos tomado en cuanto a vosotros dos.
—A—Algo me ha dicho —dijo ella en un susurro.
—En cuanto estés recuperada, pasaréis a formar parte de un programa de protección de testigos. Tendréis la misma identidad pero estaréis bajo protección hasta que se cierre el caso. Pueden pasar unos cuantos años hasta que eso suceda.
Kiba miraba todo como sin ganas mientras ella ojeaba tristemente el suelo.
—Pero vamos a estar separados.
—Es lo malo, pero es por vuestra seguridad.
Hinata asintió, pero no le quedaba más remedio que hacerlo. Si iban a estar protegidos, ella aceptaba sin reservas. La chica se estremeció.
—En cuanto a Neji... a pesar de que está libertad bajo fianza, aún tendremos que esperar la sentencia del juez
Y en cuatro días, el día habría llegado: el día en el que sabrían qué sería de Neji, si iría a la cárcel o no. Hinata terminó de cerrar la maleta del hospital, tomó el papel de alta médica de encima de la cama y salió en completo silencio. Tendría que soportar el conocer una sentencia que quizá condenaría a su primo a prisión durante un tiempo que desconocían.
Hikari esperaba a su hija dentro de un coche de policía de incógnito. Había empezado a caer aguanieve apenas hacía unos minutos y ella, ya recuperada de su pierna, había entrado con rapidez para evitar helarse de frío. El sonido de la ventanilla al ser golpeada le bastó para levantar la cabeza y salir momentáneamente de sus pensamientos.
—Hola, mamá –su hija la saludo con una sonrisa desganada mientras abría la puerta y se acomodaba junto a ella en el asiento de atrás.
No le quiso preguntar cómo estaba, porque se veía a la legua, por su expresión, que ella le contestaría que bien, pero en el interior no lo estaría.
—Señorita Hyuuga –empezó el conductor mientras ponía el coche en marcha—. Vamos a ir hasta la mansión, dejaremos a su madre allí y nos marcharemos a un piso franco hasta el día del juicio.
A Hinata pareció revolvérsele algo en el interior, porque puso una expresión compungida; su madre le sonrió un poco para tranquilizarla.
—Siento decirlo, cariño pero quizá deberíamos despedirnos; el camino a la mansión es corto.
—Mamá… –Hinata tragó saliva, llorosa.
—Hay muchas cosas que debería decirte, pero la primera es una disculpa…
—De verdad no hay nada de qué disculparse.
—Déjame hacerlo, por favor… —la más joven asintió, desviando la mirada.
Hikari suspiró.
—Lo primero es que no debería haberte herido por mis malditos celos.
—Mamá... No te hostigues por eso.
—Fui una egoísta, Hinata, sólo pensaba en mí. Y me duele pensar que ya ni siquiera voy a poder tener tu compañía de vez en cuando, que no vas a estar con todo lo que te necesité en el pasado —parecía estarse reteniendo.
Ya no quería pelear ni recordar que habían estado enfadadas la una con la otra alguna vez. Sus ojos brillaban presos de las lágrimas al saber que tardarían mucho en volver a hablar como madre e hija.
—Si yo te hubiese protegido, jamás te habría pasado nada... –su madre estaba al borde las lágrimas—. ¡No tuve corazón de ofrecerte mi apoyo mientras te veía sufrir! Es algo que nunca me perdonaré.
No le importaba la presencia de una tercera persona en el vehículo. Quería expresar sus sentimientos y que ella sintiera lo mucho que la quería y que la echaría en falta.
—¡No quiero recordarlo! –Hinata levantó la voz, mientras se estrujaba las manos y miraba a su madre a los ojos. Después de un momento, miró hacia abajo y dijo:—No quiero que recordemos esas cosas… son el pasado, por favor.
Permanecieron calladas el resto del viaje y al llegar a la mansión, aún dentro del coche, su madre le dio un abrazo que ella a duras penas respondió.
—Nos veremos en el juicio, hija, cuídate mucho.
Unos días después…
—Este juzgado decreta prisión preventiva para Neji Hyuuga hasta que se resuelva el caso del homicidio de Madara Uchiha. El sospechoso no podrá salir bajo fianza por el riesgo de fuga existente —la voz del juez se elevó con fuerza, llegando a toda la sala.
Se oyeron protestas de una voz conocida al fondo de la sala (Kiba) pero enseguida callaron ante una ligera amenaza de multa. Éste estaba sentado junto a Hinata en las sillas reservadas a los testigos. El acusado estaba sentado delante de la sala, frente al juez
Hinata tragó saliva al saber que le iban a encarcelar, a pesar de que fuese de forma preventiva, y es que Neji, durante el rato que había estado declarando, ni siquiera había buscado defenderse demasiado…
—Señor –había empezado, muy tranquilo—, reconozco que pretendía matar a Madara Uchiha por razones que no pienso decir, que incluso le apunté con la pistola, pero cuando iba a disparar, me di cuenta que no tenía sentido disparar a una persona en coma… y en cuanto a Sasuke Uchiha, si el mundo fuese justo, habría muerto hace unos días en mis manos. No tengo nada más que añadir.
Cualquiera se habría llevado las manos a la cabeza en una situación así, pero ella sabía que Neji era demasiado sincero para callarse algo que había sentido tan profundamente y durante tantos años.
Cuando vio a Neji salir esposado junto a la policía, salió corriendo tras los agentes sin pensárselo dos veces, con su bolsa de mano casi volando tras ella, sin pensar en nada más que en seguir a Neji, en despedirse de él. Llevaba unas cinco semanas sin verle y no sabía cuánto tiempo tardaría en salir de prisión; ni siquiera sabía cuánto tardaría ella en salir de protección de testigos. Cuando paró de correr, le faltaba el aire y la herida de la cirugía le dolía a rabiar. A duras penas, se acercó al coche de policía que le escoltaría a prisión, cuando Neji aún no había entrado.
—¿Me dejarán despedirme? –preguntó a los dos custodios.
Los policías se miraron entre sí.
—Cinco minutos.
Hinata no perdió el tiempo: tomó las dos manos de Neji; no le importaba que él no le hubiese hablado en todo ese tiempo, al menos quería despedirse.
—No puedo creer nada, hay tantas cosas que decir… —dijo Hinata en voz baja. Quería llorar, pero no se lo permitió. No en ese momento.
—A veces es imposible creer nada de lo que pasa —dijo Neji, con un rostro inamovible—. Que yo vaya a la cárcel, que fuésemos a tener un…
La palabra no llegó a salir de sus labios. Hinata le besó antes de que el dijera nada más. Con ese beso, compartieron algo más que sus labios: compartieron el alma, tantas cosas sin decir y que tardarían tanto en decirse…
—No lo digas –dijo ella, negando con la cabeza mientras lágrimas traicioneras resbalaban por sus mejillas—. Te quiero...
—Me tengo que ir, Hinata –bajó la cabeza, evitando su mirada.
Neji hizo amago de subir al coche, pero ella lo abrazó por la cintura, evitándolo.
—No quiero que te vayas…–sollozó, dejando salir su amargura en forma de tristes jadeos—. ¿Por qué tienen que encerrarte? Tú no has hecho nada…
Él le correspondió, apretándola contra sí, hundiendo la nariz en su cabello.
El sol que precede al anochecer lo teñía todo de un tono entre salmón y violeta, dando un aspecto casi mágico al simple parking atestado de coches. No importaban las miradas extrañas de la gente alrededor; solo importaban ellos dos. Aunque ella hubiese estado gritando unos segundos antes, ahora no se atrevía a decir nada por temor a romper el instante que quizá, fuese el último que iban a vivir ambos en años.
—Lo siento –el chico de cabello largo fue quien rompió el silencio—. Odio que estés sufriendo por mí.
—Quiero volverte a ver… –fueron las temblorosas sílabas que salieron de su boca.
Cuando Hinata levantó la vista, una sincera e inusual sonrisa pintaba el rostro del chico. Embelesada, Hinata sintió su corazón latir con fuerza y se quedó sin palabras. Nunca le había visto sonreír así, había algo distinto y puro en su faz.
—Algún día –volvió a sonreír de medio lado, como siempre, y le tocó la cabeza, despeinándola—. No llores, tonta.
Con ojos tristes, Hinata le miró mientras trataba de conservar su recuerdo en la memoria. Más rápido de lo quiso, él entró en el coche y partió, dejándola allí, con una promesa silenciosa de reencontrarse.
—Es un hasta luego, Neji...
Muchísimas gracias a todas las que dejasteis review alguna vez, a quienes pusieron esta historia en favoritos o alertas y también a quienes leeis sin comentar nada (porque quién sabe, quizá algún día lo haréis).
Agradecimientos especiales a NejiHinaLovers, Darlina140, Uchiha-Mei-chan, TephG31, Guest, Mapau20, Dolly Hina, nejihina, Nejiiii, Kristalza, Gizet y Viapass 3.
Doy muchísimas gracias a quienes me habéis acompañado durante todos estos años en la escritura de esta historia. Hemos crecido juntos/as estos 11 años.
¡Un abrazo gigante para vosotros/as!
