CAPÍTULO 11
Esa tarde, Sai llegó alrededor de las cuatro, al volante de una camioneta que había tomado prestada, con la puerta de repuesto cargada en la parte trasera. Naruto se detuvo un instante a saborear la incongruencia que suponía ver a Sai conduciendo una camioneta, y después salió a ayudarle a descargar la puerta.
-¿De quién es esta camioneta? -le preguntó.
-Del marido de Sakura.
Cada uno agarró un lado de la puerta y la sacaron de la furgoneta. No tuvieron que preguntar si se había recibido algún parte; si fuera así, los dos estarían enterados. En la casa de al lado, Chiyo salió al porche a observarles con franco y suspicaz interés. Naruto se tomó la molestia de saludarla con la mano. Ella le devolvió el saludo, pero frunciendo el ceño en gesto reprobatorio. No había duda de que lo primero que había hecho esa mañana había sido asomarse por la ventana y ver el coche de Hinata frente a la casa; indiscutiblemente, Naruto había ensuciado la inmaculada reputación de Hinata.
-¿ Una nueva amiga? -inquirió con delicadeza mientras trasladaban la puerta hasta el porche.
-Hum, no. - Sai se mostraba insólitamente reticente, y Naruto sospechó al momento.
No era que Sai fuera de esa clase de tipos que regalaban a sus compañeros de comisaría con un relato pormenorizado de una noche «caliente», pero por lo general era lo bastante comunicativo para por lo menos dar el nombre de la chica.
-Creí que la cita se había anulado.
Sai se aclaró la garganta.
-Vino de todos modos.
-¿Hay algo que yo deba saber?
-No. Puede. Pero todavía no.
Naruto no había llegado a ser tan buen detective siendo idiota. Se preguntó por qué razón Sai creía necesario proteger la identidad de una mujer, y sólo se le ocurrieron dos posibilidades.
Una: la joven estaba casada. Pero Sai no era un cazador furtivo; para él, las mujeres casadas quedaban fuera de límites.
Dos: la joven era policía. Eso tenía lógica; encajaba.
Inmediatamente empezó a repasar nombres y caras, en un intento de hacerlas coincidir con la voz que había oído la noche anterior. Entonces todo encajó en su sitio, igual que tres cerezas en una máquina tragaperras. Cabello rubio ceniza sobriamente reprimido para embutirlo en una gorra de patrullero, rostro más bien austero, ojos serenos y de color azul.
No hermosa pero sí profunda. No le gustaria ser el blanco de los estridentes cotilleos en los que se especializaban las salas de las comisarías, y no era una mujer con la que se pudiera jugar.
- Ino Yamanaka -dijo
-¡Maldita sea! - Sai dejó caer su lado de la puerta con un golpe y miró furioso a Naruto.
Naruto depositó el suyo más suavemente.
-Soy muy bueno -dijo, encogiéndose de hombros- ¿Qué puedo decir?
- Nada. Haz el favor de no decir absolutamente nada.
-No hay problema, pero te estás metiendo en profundidades conmigo Ya son dos los secretos que tengo que guardar.
-Dios Está bien, si sientes la necesidad de contar algo y no puedes aguantar la presión, diles lo de la cerveza. Eso podré soportarlo Pero deja a Ino al margen.
-Como he dicho, no hay problema. Me gusta esa mujer, es una buena policia. Yo tiraría de la manta en lo que se refiere a ti, pero a ella no la molestaría para nada. De todos modos, ojo con lo que haces, amigo Puede que te veas metido en problemas serios Tú eres de categoría superior a la de ella.
-No existe ningún problema de acoso sexual.
-Tal vez no a ti, o a ella, pero puede que las malas lenguas no lo vean así. -Aunque su preocupación era sincera, Naruto disfrutaba inmensamente. Sai le estaba mirando furioso. Resultaba agradable vengarse de él, después del modo en que se había reído en silencio del encaprichamiento suyo con Hinata-. ¿Cuánto tiempo dura esto? -Apostaría a que no mucho; lo habría notado antes.
-Un par de días -respondió Sai de mal humor.
-Vas un poco deprisa, socio.
Sai hizo ademán de ir a decir algo, pero cerró la boca y después musito:
-Yo no lo creo.
Naruto se echó a reír al oír el tono desvalido de Sai. Sabía exactamente cómo se sentía.
-Otro buen hombre que muerde el polvo.
-¡No! No va tan en serio.
-Sigue diciéndote eso a ti mismo, colega; Puede que eso evite que te entre el pánico cuando vayas de camino a la iglesia.
-Maldita sea, no es eso. Es...
-¿Sólo una aventura? -inquirió Naruto con las cejas arqueadas-. ¿Un buen rato en la cama? ¿No significa nada?
Sai parecía acosado.
-No, es... Oh, mierda. Pero nada de campanas de boda. No quiero casarme. No tengo la menor intención de casarme.
-De acuerdo, te creo. Pero herirás mis sentimientos si no soy yo el padrino.
Sonriendo al oír el juramento de frustración de Sai, Naruto fue al interior de la casa a buscar un destornillador, y Sai siguió. Hinata estaba acurrucada en el sofá, dormida.
Naruto se detuvo un instante para mirarla y remetió el ligero cobertor alrededor de los pies.
Parecía pequeña y pálida, totalmente indefensa, mientras su mente se recobraba de aquel devastador agotamiento.
Sai observaba el rostro de Naruto, en lugar del de Hinata.
-Tú sí que estás colado, amigo -le dijo con suavidad.
-Sí -murmuró Naruto-, así es. -Tan colado que jamás iba a recuperarse.
-Creía que sólo era un caso de atracción sexual, pero es más que eso.
-¡Eso me temo !
-¿No hay campanas de boda paca ti?
-Puede. - Naruto sonrió a medias -Ella sigue sin apreciarme demasiado, de modo que tendré que trabajarme el asunto. Y además tenemos un asesino que atrapar.
Continuó hasta la cocina, donde se puso a abrir todos los cajones en busca de un destornillador. Según su experiencia, en todas las cocinas había un cajón de utensilios varios, y aquel era el lugar más probable donde encontrar un destornillador ya que no se imaginaba a Hinata teniendo una verdadera caja de herramientas Su cajón de utensilios varios, bendita fuera, estaba más ordenado que la cubertería de él, y allí estaba un juego de destornilladores, metido en su limpio estuche de plástico. Se imaginó a Hinata seleccionando detenidamente el más apropiado, usándolo, y luego volviendo a colocarlo en su sitio en el estuche con los demás, sin permitir que se salieran nunca del orden en que venían cuando los compró. Naruto sacó el estuche entero, y también el pequeño martillo que había en el cajón.
Hinata se despertó cuando él utilizó el martillo para extraer la clavija de la segunda bisagra, se sentó en el sofá y se retiró la gruesa mata de pelo de la cara. Tenía los ojos hinchados, y su expresión recordaba todavía ese aire ausente que era una mezcla de fatiga y shock. Naruto le dirigió una mirada valorativa y decidió dejarle un momento para sí misma. Ella, permaneció sentada en silencio, observando sólo con mediano interés cómo ellos retiraban la puerta destrozada y la sustituían por la nueva.
No fue hasta que terminaron cuando dijo en tono divertido,
-¿Por que me habeis cambiado la puerta?
-La otra estaba rota --explicó Naruto brevemente mientras recogía las herramientas.
-¿Rota? - Hinata frunció el entrecejo--. ¿Cómo se ha roto?
-Yo le di una patada anoche
Hinata se quedó muy quieta, reconstruyendo lentamente sus recuerdos, encajando los detalles.
-¿Después de que yo te lIamara?
-Sí.
Hubo otra pausa.
-Lo siento --dijo Hinata por fin- No fue mi intención preocuparte
«Preocupación» no era exactamente la palabra que Naruto hubiera utilizado para describirlo. Había experimentado un pánico que le retorció las entrañas.
-¿Te acuerdas de mi compañero, Sai Shimura?
-Sí. Hola, detective. Gracias por ayudar a cambiarme la puerta.
-Ha sido un placer. -La voz de Sai era más gentil de lo normal. Era obvio que Hinata aún luchaba por ordenar sus ideas.
-¿Habéis tenido ya alguna noticia? -les preguntó.
Sai y él intercambiaron una mirada rápida.
-No -dijo Naruto por fin.
Los ojos de Hinata adquirieron una expresión lejana.
-Está tendida en el suelo. Su familia no lo sabe, ni tampoco sus amigos. Siguen su vida normal, felizmente y sin saber nada, y ella está allí en el suelo, esperando a que la encuentren. ¿Por qué no va o llama alguien, sólo para confirmarlo?
Naruto se sintió incómodo, igual que Sai, que cambió de postura, nervioso. Ellos eran más objetivos en cuanto a los cadáveres, sobre todo cadáveres que ni siquiera existían.
Habían visto tantos que ya se habían endurecido, y por lo general pensaban en los cadáveres como víctimas, no como personas. La posibilidad de que existiera otra víctima de asesinato les tenía preocupados a ambos, pues implicaba que había un asesino en serie que andaba suelto por Orlando. Sin embargo, para Hinata era algo personal; ella no tenía aquel muro interior para protegerla.
-No hay nada que nosotros podamos hacer -dijo--. A menos que nos proporciones un nombre o un lugar, no tenemos nada con que seguir, ningún sitio donde mirar. Si ha ocurrido, alguien terminará encontrándola. Lo único que podemos hacer es esperar.
La sonrisa de Hinata era amarga, no era verdaderamente una sonrisa.
-Ha ocurrido. No hay ninguna otra posibilidad.
Naruto se sentó a su lado. Sai acercó una silla
-¿Recuerdas algún detalle, algo que no me hayas contado anoche? No sobre el asesinato en sí, sino sobre el lugar. ¿Ves algo que pudiera darnos una pista? ¿Es una casa o un apartamento?
-Una casa -respondió Hinata instantáneamente.
-¿Una casa de aspecto agradable, o una chabola?
-Muy arreglada, buenos muebles. Con una de esas televisiones grandes sobre un pedestal. - Hinata frunció el ceño y se frente como si le doliera la cabeza. Naruto aguardó-. Ciprés.
-¿ Ciprés ? ¿ Hay un ciprés enfrente, un parque con cipreses, qué?
-No lo sé. En realidad yo no lo vi. Simplemente el pensó.
-Eso ayuda mucho -musitó Naruto.
-¿Y qué esperabas ? -soltó Hinata-. ¿Que él pensase: «Voy a entrar en esta casa de tal número de tal calle donde voy a violar y matar a Fulanita de Tal»? Nadie piensa de esa manera, todo es más automático y subconsciente. Y no yo soy en absoluto telepática.
-¿Entonces como captaste lo del ciprés?
-No lo sé. Ha sido sólo una impresión. Ese tipo es un emisor increíblemente intenso -dijo Hinata, en un intento de explicarse--. Es como una emisora de radio superpotente que anula todas las demás señales.
-¿Puedes captarle ahora? -intervino Sai con los ojos brillantes de interés.
-Ahora no puedo captar nada, estoy ,demasiado cansada. Y probablemente él no esté emitiendo.
-Explícate -dijo Naruto brevemente.
Hinata le miró y a continuación desvió el rostro. Naruto tenía la atención tan concentrada en ella que casi no podía soportarlo, porque su atracción era muy fuerte y tenía miedo de ceder.
-Su intensidad mental aumenta a medida que se va acercando al crimen. Probablemente no puede mantener ese nivel de rabia durante mucho tiempo; de ser así no podría hacer nada que se pareciese a la normalidad. De modo que el único momento en que su energía mental es lo bastante fuerte para que yo la perciba es justo antes y durante el acto del crimen, cuando está en su punto más alto. Poco después de eso, le pierdo; ni siquiera sé cómo abandona la escena del crimen.
-Eso explica lo de los dedos -dijo Naruto a Sai, el cual asintió a su vez.
-¿Los dedos?
-¿Le arañó la señora Yakushi en algún momento? -preguntó Naruto, haciendo caso omiso de la pregunta.
Hinata puso los ojos en blanco al tiempo que se volcaba hacia dentro de sí.
-No estoy segura. Intentó luchar y le dio manotazos. Es posible, pero no creo que él notase si lo hizo.
Hasta después, pensó Naruto. Aquélla era la razón por la que Hinata no sabía nada de los dedos de la señora Yakushi. El asesino se lo había tomado todo con mucha calma porque no se dio cuenta de los arañazos hasta que se le enfrió el ansia de matar. El hecho de que los dedos de la víctima hubieran sido cortados era uno de los detalles que no habían salido en la prensa, y él no tenía la intención de decírselo a Hinata. Ya había soportado bastante, ya tenía suficientes detalles macabros como para dar pie a cientos de pesadillas; él no iba a añadir leña al fuego.
-Has dicho que captaste una impresión de él la otra noche.
-No fue una imagen clara; en realidad no fue una imagen. Fue tan sólo una sensación de maldad, de amenaza. Probablemente el asesino estaba acechando a su víctima -dijo Hinata con voz cada vez más débil, conforme se iba dando cuenta de que aquello era exactamente lo que había hecho el asesino. Había controlado la rabia, pero el odio y el desprecio habían logrado filtrarse al exterior, y ella los había percibido.
Empezaba a sentirse de nuevo muy cansada, y los párpados se le cerraban. Deseaba acurrucarse y dormir, que Naruto la dejase en paz; quería perderse en el refugio de sus brazos; quería todo y nada, y estaba demasiado cansada para decidirse.
Pero en ese momento sintió sobre sí las manos de Naruto, fuertes y seguras, dándole la vuelta para recostarla, y notó cómo le colocaba encima otra vez la ligera manta.
-Duerme -le dijo con una voz grave e inmensamente tranquilizadora-. No voy a marcharme.
Hinata aspiró hondo una sola vez y cayó en un profundo sueño. Sai la observó con una expresión grave en su rostro moreno y delgado.
-Está desvalida -dijo--. ¿Es así todas las veces?
-Sí. Ahora ya se ha recuperado un poco. Fue mucho peor anoche, y esta mañana temprano.
-En ese caso, espero que el asesino no se entere nunca de que existe; es completamente vulnerable a él. Si su energía mental es tan fuerte que puede bloquear la de ella incluso de lejos, imagínate lo que podría hacerle si ella fuera su pretendida víctima. Le caería encima y ella no podría defenderse de ninguna forma.
-No tendrá oportunidad de llegar a ella -dijo Naruto, y en el tono severo de su voz había una promesa. Fuera como fuera, él mantendría a Hinata a salvo-. ¿Has hablado con Jiraiya?
-No le ha hecho mucha gracia la posibilidad de que se trate de un asesino en serie, así que ha dicho que seamos discretos y no se lo mencionemos a nadie más hasta que, si es el caso, descubramos que realmente ha tenido lugar otro asesinato. Pero también se ha mostrado encantado como un chiquillo con la idea de trabajar con Hinata, porque después de todo la idea fue suya. Te lo juro, hay veces que me pregunto si no habrá algo extraño en el agua de California.
-No te rías -aconsejó Naruto-. En este momento nosotros mismos estamos metidos en esto hasta el cuello.
-Ya, pero no damos saltos de alegría.
- Jiraiya es un buen tipo; un poco raro, pero legal. Los he visto peores.
-Y que lo digas.
Naruto paseó la mirada por el rostro dormido de Hinata, y sus cejas se juntaron en un frunce.
-Ciprés -dijo.
Sai supo enseguida lo que estaba pensando.
-Se te ha ocurrido algo.
-Tal vez. Eso es lo único que ha dicho. Ciprés. No ha dicho que se trate de un ciprés concreto; eso es sólo la asociación que he hecho yo.
-Ciprés ciprés - murmuró Sai. Se miraron el uno al otro, dos mentes trabajando a toda velocidad por el mismo camino--. Puede que sea la..
-La dirección -terminó Naruto, que ya se había puesto en pie- Voy por el mapa. -Al igual que todos los policías, llevaba un mapa en el coche.
Un minuto después ambos estaban inclinados sobre el mapa abierto encima de la mesa de la cocina. Naruto recorrió con el dedo la lista alfabética de calles.
-¡Mierda! ¿Es que a los urbanistas no se les ocurre otra palabra que usar? Avenida del Ciprés, calle del Ciprés, travesía del Ciprés…
-Es peor aún --dijo Sai mientras examinaba las otras listas-. Fíjate en esto Bulevar del Viejo Ciprés, Avenida del Ciprés Retorcido. ¿Y no te aparece ahí un edificio de pisos denominado Colina del Ciprés?
Naruto plegó el mapa con disgusto.
-No hay forma de saber cuántas calles llevan ese nombre. Esto es un callejón sin salida. No podemos ir llamando a todas las puertas de cada calle, buscando cadáveres. ¿Qué haríamos si ninguna respondiera al timbre? ¿Entrar por la fuerza?
Sai se encogió de hombros.
-Tú lo has hecho dos veces en menos de veinticuatro horas.
-Sí, bueno, había circunstancias atenuantes.
-Pero tienes razón. Estamos atascados. Puede que estemos bastante seguros de que Hinata no miente, pero Jiraiya no autorizaría una búsqueda así. La gente se pondría a llamar a casa del alcalde, gritando que Orlando no es un estado policial y que no tenemos derecho a entrar de esa forma en sus hogares. y tendrían razón. No podemos hacer tal cosa.
-Así que otra vez a esperar.
-Eso parece.
No merecía la pena preocuparse de algo que ellos no podían cambiar. Naruto se permitió tener un momento de frustración y acto seguido cambió de tema.
-¿Te importaría ir a mi casa y traerme algo de ropa? y también las cosas de afeitarme. Esta mañana tuve que utilizar la cuchilla de Hinata.
-Ya me he dado cuenta -dijo Sai, observando el corte que lucía Naruto en la mejilla-. Claro, no hay problema. -Consultó su reloj-. Tengo tiempo. Esta noche tengo una cita, pero estaré cerca de un teléfono.
-¿Es Ino? -preguntó Naruto, socarrón.
Sai frunció el ceño.
-Sí, voy a ver a Ino. ¿Qué pasa?
-Nada, sólo preguntaba.
-Entonces deja de sonreír igual que un idiota.
Se marchó, y en menos de una hora regresó con la ropa y los utensilios de afeitar de Naruto.
-Tu ropero es muy limitado -se quejó, al tiempo que dejaba la ropa sobre una silla. Echó una mirada a Hinata, que seguía durmiendo--. A lo mejor ella puede hacer algo al respecto.
-A lo mejor -repuso Naruto-. ¿Qué tiene de malo mi ropa? -preguntó inocentemente. Si había algo que con toda seguridad podía hacer que Sai le echara una bronca, era aquella pregunta.
-Querrás decir qué tiene de bueno -resopló Sai-. Tienes básicamente vaqueros, y muy viejos. Tienes un solo traje, y parece que lo hubieras comprado en la tienda de las monjitas de la caridad. Un surtido de pantalones y prendas de sport, que no hacen juego en ningún caso, y la colección de corbatas más horrible que he visto en mi vida. ¿De verdad te has comprado todo eso? ¿Pagaste dinero por ello?
-Pues sí. Nadie regala ropa, sabes.
-¡Deberían haberte pagado para que los libraras de ella!
Naruto ocultó su sonrisa mientras recogía la ropa y la llevaba al dormitorio de Hinata, donde la colgó en el armario, el pulcro y ordenado armario. Su ropa colgada de cualquier modo parecía estar fuera de lugar allí, pero dio un paso atrás y admiró su obra por espacio de unos segundos. Le gustó la idea de ver su ropa en el armario de Hinata, o la ropa de ella en el suyo. Meditó sobre esa posibilidad durante unos instantes. Tendría que despejar su armario para que Hinata pudiera o quisiera meter algo suyo en él.
Sai se fue, y Naruto estuvo un rato viendo la televisión. No consiguió encontrar un partido de béisbol, así que se conformó con unas finales de baloncesto. Mantuvo el volumen bajo, y Hinata durmió sin perturbaciones.
Había hecho montones de vigilancias, había pasado mucho tiempo esperando. Durante las vigilancias, el aburrimiento y la necesidad de orinar eran los dos problemas más importantes.
Esto le recordaba una vigilancia, porque la espera parecía interminable, pero era algo diferente. No estaban aguardando para cazar a un delincuente ni para impedir un crimen; el crimen ya había sido cometido, sólo que no sabían dónde ni contra quién. Estaban esperando que apareciera una víctima, esperando que la sospecha y la preocupación hicieran que alguien acudiera a una tranquila casa situada en alguna parte de la ciudad a ver qué le pasaba a su amiga, vecina o pariente. Entonces terminaría la espera.
-Estás pensando en ello, ¿verdad?
La voz de Hinata le sobresaltó. Naruto giró rápidamente la cabeza para mirarla, y vio que había vuelto a sentarse y le miraba con ojos sombríos. Se dio cuenta de que llevaba un rato viendo la televisión con mirada vacía, porque eran casi las ocho.
-No es algo que uno pueda quitarse de la cabeza -dijo.
-En efecto, no lo es. -Para ella menos que para nadie.
Naruto se levantó y apagó la televisión.
-¿Qué tal si pedimos una pizza? ¿Tienes hambre?
Hinata reflexionó un momento.
-Un poco.
-Bien, porque yo estoy que me muero. ¿Cómo te gusta? ¿Con todo?
-Sí. - Hinata bostezó-. Llama, yo voy a darme una ducha mientras esperamos. A lo mejor eso me despeja.
-Esta vez desnúdate antes -aconsejó Naruto, y ella sonrió a medias.
-Lo haré.
El agua le sentó bien, se llevó todas las telarañas mentales y la sensación de haber estado sucia, manchada de algún modo por la maldad que había presenciado. Se sintió tentada de quedarse un rato bajo el chorro de agua fresca, pero pensó en la pizza y se obligó a sí misma a enjabonarse deprisa el cuerpo y la cabeza. Después de secarse el pelo con el secador para que tuviera un mínimo orden, pensó en qué ponerse, pero se conformó con la ligera bata que le había escogido Naruto.
Salió del cuarto de baño y se detuvo de pronto contemplando fijamente la cama deshecha.
Si hubiera estado más despierta, lo habría notado antes. El hecho de que su cama estuviera deshecha era bastante insólito, pero lo que la dejó paralizada fue el ver los dos huecos gemelos en las almohadas, que indicaban que allí habían dormido dos personas. Entonces comprendió de pronto, como en una llamarada. Naruto había dormido con ella, en su cama.
Había aceptado dócilmente su presencia durante todo el día, sabiendo que había hablado con él la noche anterior, pero no se había preguntado por su paradero durante las horas que había estado en blanco. Ahora lo supo; Naruto había estado allí, en la cama con ella.
La invadió una oleada de calor sensual y cerró los ojos, estremecida por la deliciosa sensación. El corazón le latió con fuerza, los pechos se le pusieron tensos, y experimentó una sensación de flojera en las ingles que hizo que se le doblaran las rodillas. Deseo. Quedó atónita al sentir su presencia, su fuerza. En vez de escandalizarse por el hecho de que Naruto se hubiera aprovechado de la situación, se sentía excitada ante la idea de que él hubiera dormido a su lado.
Había sido tan delicado al cuidarla, aquella fuerza de hierro y aquella fiereza habían estado tan controladas que Hinata sólo sintió la protección que él le ofrecía Le peinó el pelo, le dio de comer la abrazó mientras lloraba, y sobre todo, le había dado el consuelo de su presencia.
Esta vez no había estado sola, aunque de un modo u otro siempre lo había estado antes, incluso cuando estaba en el instituto con el doctor Hiruzen. El médico y los demas siempre le habían mantenido a distancia; la intimidad mental le resultaba tan difícil de tener que ellos se habían salido de su norma habitual para dejar que se recuperase a su modo, a su propio ritmo.
Hasta ahora no se había dado cuenta de lo sola y atemorizada que había estado.
Naruto llamó suavemente a la puerta y la abrió sin esperar respuesta.
-Ya ha llegado la pizza.
Como siempre, el impacto de su presencia fue como un puñetazo Era tan grande y tosco, exudaba una vitalidad tan masculina que la hacía temblar. Por primera vez empezó a pensar que tal vez fuera posible que el legado de terror de Momoshiki Otsutsuki podía estar perdiendo su poder sobre ella, Otsutsuki era un hijo de puta enfermo y sádico; Naruto, era un puro macho, nítido, demasiado intenso y serio para la vida que le rodeaba como para poder resultar cómodo del todo, pero una mujer siempre se sentiría segura con él, dentro y fuera de la cama.
Naruto entrecerró los ojos
-¿Te encuentras bien? -Llegó hasta ella en dos largas zancadas le deslizó un brazo alrededor de la cintura y la atrajo hacia sí para que se apoyara.
-Sí -contestó Hinata, sin pensar en ello, y alzó una mano hasta la nuca de él.
Naruto, no dudó, no le dio tiempo de pensar. Hinata no estaba segura de que le estuviese invitando, pero él aceptó antes de que ella pudiera decidirlo Esa vez no hubo nada de cuidadosa contención; Naruto puso su boca sobre la de ella con hambre, una hambre tan intensa y voraz que la dejó estupefacta Le tomó la barbilla con la mano libre y la sujetó, y después introdujo la lengua mas profundamente en su boca, hasta tocar la lengua de ella con descarada exigencia.
Hinata se dejó caer hacia él, asustada y tentada a la vez, y Naruto la estrechó contra su duro cuerpo. Su erección le presionó ligeramente el vientre. Nunca había sido deseada de aquella forma, tan rápidamente, con tanta violencia. No tenía experiencia en hombres como Naruto Uzumaki ni en las sensaciones que éste podía provocarle. Pero, de pronto, el contacto con aquel potente cuerpo era lo único que deseaba. Le rodeó el cuello con ambos brazos y se movió contra él, en un intento de acercarse más. Naruto la abrasaba con la fuerza de sus besos, y deseó más. Sentía una dolorosa tensión en la parte baja del cuerpo, cada vez más húmeda y anhelante.
Naruto le apoyó una mano en el pecho, y a Hinata se le bloqueó la respiración en la garganta.
El dedo pulgar de Naruto empezó a girar en torno a su pezón; al principio fue una sensación curiosa, como un leve hormigueo provocado por un sinfín de agujas, pero de repente se intensificó y se convirtió en algo muy intenso que saltó del pezón a la ingle. Gimió en voz alta, asustada por el modo en que su cuerpo había perdido tan fácilmente el control.
Naruto alzó la cabeza. Su rostro mostraba una expresión dura, depredadora, la leve crueldad de la excitación, y sus labios estaban húmedos debido a los besos. No apartó la mano del pecho de Hinata, sólo separada por la ligerísima tela de algodón. Tenía la respiración agitada, y Hinata notó el fuerte latido de su corazón contra sí.
-¿Pizza o cama? -preguntó Naruto. Su tono fue tan gutural que Hinata apenas pudo oírlo-. Si prefieres pizza, más vale que lo digas en este preciso momento.
Hinata quería decir «cama», lo deseaba mucho. Nunca había sentido el deseo, y la atracción que le provocaba era casi irresistible. Quería olvidar la razón por la que Naruto estaba allí, los asesinatos que había visto, y simplemente entregarse a lo físico. Nunca había podido hacerlo, y quizá no pudiera ahora, pero por primera vez parecía posible.
-P-pizza -articuló, y cerró los ojos mientras luchaba por recobrar el control. Luego sintió que la invadía la consternación por su propia cobardía.
Notó que él se contenía y que aspiraba profundamente.
-Pizza, entonces.
La soltó lentamente y dio un paso atrás. Una enorme protuberancia en sus pantalones indicaba cuán difícil le había resultado parar. La mayoría de los hombres ni siquiera le habrían dado a escoger.
Esbozó una sonrisa irónica y torcida que iluminó sus toscas facciones.
-Supongo que estaba yendo demasiado rápido para ti. Lo siento. Es que tengo un disparador muy sensible en lo que a ti concierne, y no me estoy refiriendo a armas de fuego.
Hinata le miró fijamente, con un nudo en la garganta y otro enorme en el pecho. Se sentía mareada por la impresión.
Oh, Dios.
Se había sentido atraída hacia él desde el principio, había reconocido ese hecho y había luchado contra él, pero con aquella sonrisa se precipitó impotente por el precipicio. Había amado, pero nunca se había enamorado, y la fuerza de aquel sentimiento estuvo a punto de hacer verdaderamente que se desmayara. Insegura, extendió una mano en busca de apoyo, y allí estaba él, sólido y vital, y tan caliente que casi se derritió. La rodeaba con su brazo, y ella apoyó la cabeza en su pecho.
-Shhh, tranquila -la arrulló él-. No era mi intención asustarte. Lo siento.
-No -consiguió articular Hinata, alarmada por el hecho de que él pensara que le había recordado a Otsutsuki. No había sido así; lo esperaba, pero simplemente no sucedió. Siempre había supuesto que el miedo al sexo sería una constante en su vida, y ahora que no se había materializado, se sentía extrañamente a la deriva y falta de equilibrio-. No eres tú, por un instante me he sentido mareada. -De algún modo consiguió esbozar una sonrisa, y fue una de verdad a pesar de resultar temblorosa-. A lo mejor es que tus besos son más potentes de lo que pensabas.
-¿Tú crees? -Su voz le tronó en el oído-. Tendremos que experimentar, ¿no? Después de la pizza.
La acompañó hasta la sala de estar y la guió hacia el sofá.
-Tú siéntate, yo me encargo de las bebidas. ¿Quieres un plato?
-Bueno... sí. Claro.
Naruto rió.
-Debe de ser típico de mujeres.
-Y además una servilleta -dijo Hinata, educada-. Para no tener que chuparme los dedos.
Él le hizo un guiño.
-Estaré encantado de chuparte los dedos.
Hinata respondió con un escalofrío y se sentó, aturdida y obediente, mientras él trasteaba en la cocina. Parecía manejarse muy bien por la casa. ¿Cómo había ocurrido aquello? Estaba maravillada por la velocidad y el ímpetu con que había sucedido todo. En menos de veinticuatro horas él se había adueñado de la situación; había pasado la noche con ella, al parecer se había mudado a vivir allí, y con una sonrisa la había hecho enamorarse de él.
Aquello era un equipo de operaciones especiales de un solo hombre, que lograba vencer las defensas de ella sin ningún esfuerzo.
Naruto regresó en pocos minutos con los refrescos fríos, un plato y un tenedor para ella y un par de servilletas. Tomó asiento a su lado en el sofá, encendió la televisión, buscó un canal de deportes y emitió un gruñido de satisfacción cuando la pantalla se llenó con un partido de béisbol. Le sirvió a Hinata un trozo de pizza, se puso uno para él y se recostó con obvio deleite.
Hinata le miró asombrada.
¿Aquello era en lo que se había metido? No sabía si reír o llorar. Por fin se limitó a concentrarse en la pizza, sentada encogida junto a Naruto en el sofá, divertida por el hecho de verse tan contenta sólo con estar cerca de él y observar su cara mientras veía el partido.
A veces su tamaño la abrumaba y otras veces se sentía reconfortada por él, pero aquélla era la primera vez que había tenido la oportunidad de simplemente sentarse a estudiarle.
Decididamente, era un hombre grande, incluso más grande de lo que ella había creído, por lo menos mediría uno ochenta y cinco y pesaría más de noventa kilos. Los pies que estaban instalados en su mesa de centro tenían que ser de la talla cuarenta y tres o más. Tenía unos hombros tan anchos que ocupaba casi la mitad del sofá; los brazos eran gruesos y duros, modelados por varias capas de pétreos músculos. Su pecho, lo sabía, .era duro como una roca, igual que su abdomen. Sus largas piernas, estiradas frente a sí, parecían troncos de árbol.
Su cabello era más claro que el de ella, rubio. Se fijó en la aleta de la nariz y en el brutal perfilado de los pómulos, y se preguntó si tendría algún indio americano en su ascendencia familiar. Tenía una barba cerrada; evidentemente, se había afeitado esa mañana, pues mostraba un corte que parecía reciente, pero ya se le notaba de nuevo el pelo incipiente que le oscurecía la mandíbula.
Naruto se inclinó hacia delante para coger otro trozo de pizza, y Hinata concentró la mirada en sus manos. Como todo lo demás en él, eran muy grandes, fácilmente el doble de grandes que las suyas. Pero no eran dos jamones; aunque poderosas, eran esbeltas y bien formadas, con uñas cortas y limpias. Se sentía a salvo con aquellas manos sobre ella; no a salvo de él, sino de todo lo demás.
No quería estar a salvo de él.
Había perdido el corazón unos quince minutos antes, y todavía no se había recuperado de la impresión.
Era un policía, un hombre que se ganaba la vida con la violencia. No cometía él esa violencia, por regla general, pero tenía que limpiar después de haberse cometido, estaba constantemente rodeado por ella. Junto a la mano derecha llevaba una gran pistola automática.
En algún momento a lo largo del día se había dado cuenta de la existencia del arma, y ahora comprendió que Naruto nunca la tenía muy lejos de su costado. Sobre el respaldo del sofá descansaba una sobaquera, al lado de Naruto.
En el dorso de la mano derecha vio una cicatriz. Alcanzó a vislumbrarla cuando él se inclinó para coger una tercera porción de pizza, y se quedó petrificada al comprender.
-Esa cicatriz que tienes en la mano -le dijo--. ¿Cómo te le has hecho? Parece una herida de cuchillo.
Naruto dio vuelta a la mano para mirársela, luego se encogió de hombros y volvió a fijar la atención en el televisor.
-Y lo es. Un encuentro cercano en una situación difícil, cuando todavía trabajaba patrullando.
-Tiene mal aspecto.
-No fue nada divertido, pero tampoco resultó grave. Fue un corte superficial, no alcanzó ningún tendón. Unos cuantos puntos y la mano me quedó como nueva.
- Otsutsuki me hirió a mí -dijo Hinata. No supo por qué lo dijo; no tenía intención de hacerlo.
Naruto volvió la cabeza de pronto, toda afabilidad esfumada como si nunca hubiera existido, y con una expresión en sus ojos cielo que daba miedo
-¿Qué? -preguntó con suavidad, al tiempo que dejaba la pizza. Accionó el control remoto y la pantalla de la televisión quedó vacía-. El profesor no me dijo nada de eso.
Hinata dejó el plato a un lado y se acercó más las rodillas al pecho.
-No fueron cortes graves, sólo ligeros rasguños Estaba jugando conmigo, intentando que me derrumbara a causa del dolor y del miedo. Y lo consiguió; era lo que necesitaba. No intentaba matarme, por lo menos no en aquel momento. Quería mantenerme viva para poder jugar conmigo. Por supuesto, me habría matado más tarde si no hubiera llegado el sheriff.
-Déjame verlo.
Aquellas palabras sonaron como un suave gruñido, Naruto ya estaba extendiendo las manos hacia ella, obligándola a salir de su postura encogida, abriendo la bata Hinata luchó un instante por conservar el control de la bata, pero él ya la había abierto y estaba mirando su cuerpo, desnudo excepto por unas minúsculas braguitas.
Las cicatrices de seis años, no la desfiguraban. Probablemente, si se les daba tiempo, acabarían por desaparecer definitivamente. Hinata nunca se había preocupado de ellas porque eran muy poco importantes en comparación con todo lo demás y de cualquier modo nunca había sido vanidosa. Eran simplements unas rayas finas de color claro, en número de cinco, una en la curva interior del pecho derecho y el resto en el abdomen Habrían sido más, pero Otsutsuki había perdido rápidamente el control al ver que aquella táctica no funcionaba, y degeneró en la fuerza bruta de sus puños para provocar la reacción que buscaba.
Hinata se estremeció y un intenso rubor tiñó sus mejillas mientras Naruto la examinaba lentamente. Se daba perfecta cuenta de su desnudez, de un modo que no había experimentado nunca. Naruto tenía la boca cerrada en una expresión grave mientras recorría la cicatriz de su pecho con la punta del dedo, en un contacto ligero como un suspiro. El pezón se le puso tenso, aunque él ni siquiera lo había tocado. Oyó su propia respiración áspera a medida que Naruto iba tocando cada una de las cicatrices. Él también temblaba, y de pronto Hinata se dio cuenta de que era de pura rabia, rabia contra un hombre que para siempre estaría ya fuera de su alcance.
Le puso una mano sobre la cabeza y le pasó los dedos por el pelo, cálido y tupido.
-No tienen importancia -dijo, olvidando su vergüenza- De todo lo que hizo Otsutsuki, estos pequeños cortes no fueron nada.
-No son los cortes -La voz de Naruto estaba enronquecida por la rabia Atrajo a Hinata a sus brazos y le acunó la cabeza contra el hombro- Es el hecho de saber lo que tuviste que pasar, lo aterrorizada que estabas. No sabías que él no iba a matarte..
-No, esperaba morir. En cierto modo, eso habría sido más fácil.
Continuará...
Lo siento, tengo unos cuantos problemas con el celular y me cuesta mucho editar los capítulos. Espero que mañana pueda editar más, pero por lo menos les traigo éste.
Buen Finde!!!
