* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar mi fanfic.

Aclaración importante: A partir de este capítulo y los tres que quedan antes de terminar la historia estaremos teniendo relatos cortos sin seguir un orden cronológico. Es decir, estaremos avanzando y regresando en años según la historia lo amerite. Aún así, intentaré siempre dar a conocer las edades de Kaede y Yusuke para no confundirlos.

Capítulo 15

Yusuke

— Kaede… ¿quieres conocer a tu hermano?

Fue lo primero que le dijo Hyakkimaru a su niña una vez las cosas se tranquilizaron y salió de la clínica para encontrarse con todos. La niña abrió sus bellos ojos rojizos con una enorme curiosidad reflejada en ellos. Su padre le tendió la mano y le mostró una leve pero cariñosa sonrisa en un intento por brindarle confianza.

— ¡Si! ¡Kaede quiere conocer a su hermanito!

La entusiasta niña no dudó ni un segundo en responderle, después de todo; sus padres no eran los únicos, ella también llevaba semanas esperando la llegada de su hermano menor con ansias. Tomó la cálida mano de su padre y la llevó hasta el interior de la clínica.

— Recuérdalo Kaede, no alces mucho tu voz y no corras de un lado para otro. Tu madre y hermano necesitan reposar… ¿serás una buena niña y lo harás?

— ¡Si! Kaede se portará bien, te lo prometo, papi.

— Sé que puedo contar contigo.

La niña recibió gustosa las palmaditas cariñosas que su padre le dio en la cabeza, apenas sintió su tacto levantó su vista y le mostró una radiante sonrisa, en verdad Kaede adoraba lo gentil que era su padre con ella.

Al entrar a la clínica, lo primero que vio fue a su madre recostada parcialmente en el futón con un pequeño bulto envuelto en mantas muy cerca de su pecho, ella se encontraba amamantando al recién nacido. Kaede ladeó su cabecita y observó esto un tanto intrigada, Hyakkimaru simplemente colocó su mano suavemente en el hombro de su niña y la movió unos pasos hacia atrás para cubrirla parcialmente con su cuerpo.

— Lo siento Dororo, no sabía que estabas dándole de comer—se explicó su padre con voz suave—, traje a Kaede, pero podemos esperar afuera.

— Está bien, no te preocupes—se apresuró a responderle mientras retiraba al recién nacido con cuidado y se cubría con su yukata blanca—. Debe estar ansiosa por conocer a su hermano, tráela por favor.

Kaede se colocó al lado de su mamá y observó al pequeño bebé con los ojos bien abiertos, no quería perderse ni un solo detalle de su primer encuentro. Se veía tan pequeño, frágil e indefenso ¿todos los bebés eran tan pequeñitos? ¿ella también había sido así cuando nació? Estas y muchas preguntas más pasaron por su mente, pero lo que si fue un hecho para Kaede fue que ver a ese pequeño en brazos de su madre le causó una ternura inmensa, experimentó una suave ola de calidez expandirse por su pecho y hacer que su corazón latiera apresuradamente de felicidad.

— ¿Él es mi hermano? —Preguntó quedamente.

— Así es—contestó su madre con ternura, descubriendo más al pequeño y acercándolo a ella—, él es Yusuke, tu hermano menor.

— Yusuke…

Repitió Kaede con una enorme sonrisa, a lo cual el pequeño Yusuke se revolvió un poco, movió sus labios y balbuceó con una vocecita muy baja, apenas audible.

— Hola, Yusuke…—Continuó la niña recostándose en las piernas de su madre, sin poder dejar de observar al bebé—Yo soy Kaede, te prometo que seré una buena hermana mayor.

Dororo acarició suavemente las mejillas de su hija para continuar arrullando al recién nacido. Hyakkimaru se acercó a pasos lentos para depositar un beso en la frente a los ahora tres miembros de su familia. Sus brillantes y calmados ojos caramelo eran la silenciosa muestra de que su corazón explotaba de alegría por dentro, dudaba mucho que en ese momento hubiera un hombre más feliz en la Tierra que él.


Pasaron varias semanas en las que Hyakkimaru y los demás tuvieron diversas pláticas con Dororo para levantarle el ánimo. Desde que regresaron a su hogar con el nuevo miembro de la familia, ella no dejaba de asegurar que el nacimiento prematuro de Yusuke, y la horrible experiencia del parto era su culpa.

Estaba convencida que todo se debía a su testarudez y la insistencia del viaje, incluso confesó a Hyakkimaru como le ocultó los dolores en su vientre durante el festival. Ella inocentemente creyó que debido a que estaba en el octavo mes eso era algo normal, pero no podía dejar de recriminarse por no poner más atención, por no haber cedido y hacerles caso a sus advertencias.

Su esposo trató de animarla al explicarle que muchos factores pudieron influir para que Yusuke naciera antes de tiempo, que nada aseguraba que el viajar a caballo tuviera algo que ver. Finalmente, gracias al apoyo de sus familiares y amigos consiguieron que dejara el tortuoso sentimiento de culpa atrás. No fue nada sencillo, pero por fortuna lo lograron.

Lo cierto fue que Hyakkimaru como médico que era sabía que un bebé de ocho meses de nacido tendría que tener muchos cuidados especiales, las primeras semanas eran decisivas para el desarrollo de los bebés prematuros. Dororo no se atrevía a dormir ni separarse de Yusuke debido a su condición, y aunque a Hyakkimaru le dolía verla tan cansada y hacía lo imposible por ayudarla, sabía que su pequeña se sentiría mejor consigo misma si la dejaba cargar con toda la responsabilidad.

Además de todo, con ya tres bocas que alimentar, él no podía darse el lujo de descuidar la clínica ni la aldea. Siendo Dororo la que se encargaba enteramente del cuidado de Yusuke, él debía suplir a su esposa con sus responsabilidades. No le gustaba no poder apoyar a Dororo con el cuidado de Yusuke, pero ya que eran un matrimonio, ambos sabían que tenían que repartirse las labores de su vida cotidiana y hogar.

Hyakkimaru se encargó lo mejor posible de la clínica, la aldea y Kaede. Para su fortuna, recibieron en varias ocasiones la ayuda de sus familiares y amigos, esto sin duda aligeró la carga de obligaciones para ambos. No les cabía duda que eran en verdad dichosos de contar con tan buena familia y amigos.

Cuando Yusuke cumplió su primer mes de nacido fueron capaces de dejar poco a poco todas las preocupaciones atrás. Aun así; ninguno de los dos esperaba que el cuidar de él, a diferencia de los primeros meses de nacida de Kaede, fuera a ser tan demandante y complicado.


Yusuke y la tormenta

¿Qué tanto es capaz de llorar un bebé? Era una pregunta que Dororo y Hyakkimaru no pudieron evitar hacerse en diversas ocasiones en los primeros meses de vida de Yusuke. A diferencia de Kaede, su segundo hijo lloraba durante gran parte de la noche.

Despertaba en diversos lapsos de tiempo, ocasionando que los exhaustos padres tuvieran que tranquilizarlo más de una vez en la noche. Dororo lo lograba, sin embargo, ni bien pasaba a lo mucho una hora cuando Yusuke ya estaba llorando de nuevo.

"¿Tuvimos a un gato o a un humano?" Era una frase que Dororo solía decir a forma de broma debido a que su bebé dormía tendidamente durante todo el día, pero en la noche era casi imposible que lo hiciera. Era agotador para los padres, aun así, sabían que debían armarse de paciencia por el bien de su Yusuke.

Hubo una noche en especial que todo fueron llantos y desvelos. Se encontraban en los primeros días de verano, ellos ya sabían que la época de lluvias se acercaba. Sin duda esto era una bendición para sus campos de cosecha, pero en los primeros meses de vida de Yusuke esto más bien se convirtió en una maldición, resultó que el pequeño bebé le tenía un inmenso temor al ruido de las tormentas.

Una fuerte tormenta con furioso viento, estruendosos truenos e impresionantes relámpagos se desató durante toda la noche, ocasionando que el temeroso bebé no pudiera parar de llorar. No importaba que tanto Dororo lo intentara, no podía parar su llanto.

— Tranquilo Yusuke, todo irá bien, pequeño.

Pero era imposible, el bebé seguía llorando con desesperación, incluso su carita estaba ya enrojecida a causa del incesante llanto. Por un breve lapso se calmaba, observaba atentamente a su madre con esos ojos caramelo tan parecidos a los de su padre, pero apenas los sonidos de la tormenta regresaban, volvía a llorar.

— "Esto parece que no parará. —Pensó Dororo mientras daba un profundo suspiro en un intento por juntar paciencia—. No importa que tanto lo intente, Yusuke no deja de llorar".

Seguía buscando una manera de tranquilizar a su bebé cuando escuchó a Hyakkimaru levantarse lentamente del futón detrás de ella. Observó a su esposo por el rabillo del ojo, tragando saliva nerviosamente al darse cuenta de su mirada llena de fastidio y cansancio.

— Quien diría que Yusuke fuera a ser tan llorón ¿verdad?

Le dijo Dororo entre risas nerviosas. No hubo respuesta, el joven de ojos caramelo continuó observándolos sin cambiar su semblante. Percatándose de esto, se animó a hablar de nuevo aun con tono animado:

— Al parecer Yusuke les tiene miedo a las tormentas… Ya que parece que esto seguirá toda la noche, creo que lo mejor será que vayas a dormir a otra habitación para que logres descansar.

Hyakkimaru se levantó y avanzó unos pasos, la hermosa mujer abrió los ojos sorprendida cuando este se colocó a su lado y cubrió a ambos protectoramente con sus brazos.

— Jamás me atrevería a irme y dejar a Dororo sola con toda la responsabilidad de cuidar a nuestro hijo. —Le explicó su esposo con esa voz grave y calmada que adoraba—. Me quedaré contigo y con Yusuke.

— Hyakkimaru…—El rostro de Dororo se suavizó al tiempo que su corazón se estremeció conmovido—No es necesario que lo hagas, en serio. Tú debes descansar pues tienes mucho trabajo en la clínica mañana.

— Me quedaré con Dororo y Yusuke. —Insistió el antiguo ronin al tiempo que acariciaba los cabellos alborotados de su bebé—. Mamá y papá están contigo, nunca te dejaremos solo, así que deja de temer, Yusuke.

El bebé fue bajando la intensidad de su llanto hasta que este se convirtió en leves hipidos. Sus humedecidos ojos caramelo se movían de un lado a otro observando lleno de atención a sus padres, ellos se esforzaron en mostrarle sonrisas calmadas y amorosas para tranquilizarlo.

Creían que por fin dejaría de llorar cuando un potente relámpago que iluminó toda la habitación cayó de pronto, esto hizo que Yusuke volviera a llorar. Dororo le dirigió una mirada apesumbrada a su esposo, gesto al que este correspondió depositándole un beso en su mejilla para darle a entender que dejara de preocuparse por él, que lo más importante era estar con su hijo.

— Mami, papi… ¿qué pasa? ¿Por qué Yusuke no deja de llorar?

Se escuchó de pronto, segundos después Kaede entró en la habitación somnolienta y rascando sus ojitos con una mano.

— No te preocupes Kaede-chan, tu hermanito está bien. —Le explicó Dororo observándola compasivamente—. Es solo que no le gustan las tormentas, tal parece que le dan mucho miedo.

— Las "tomentas" son feas. —Dijo la niña haciendo una mueca de desagrado mientras llegaba junto a ellos—. Kaede te cuidará, por eso no debes tener miedo, hermanito.

La niña se acostó en el futón al lado de ellos sin dejar de observar a Yusuke con atención. Los padres se dirigieron una rápida y dulce mirada entre ellos, sintiéndose agradecidos de la hermosa familia que habían formado. Sorpresivamente, Yusuke se fue calmando poco a poco tras verse rodeado por ellos.

Si bien siguió llorando en ciertos intervalos de tiempo, lo hacía con menos intensidad. Esa noche durmieron los cuatro juntos en la habitación, fue la única manera en que lograron que el pequeño Yusuke se calmara completamente y lograra conciliar el sueño. El amor de su familia logró que el bebé superara su miedo a las tormentas.


Yusuke tiene cómplices

— No…

— Yu-chan, no te comportes de esa forma.

— No lo haré…

— ¡Yusuke, obedece a tu madre!

— No quiero…

El niño le dio la espalda sentándose en el suelo, acto seguido la ignoró por completo dedicándose solo a jugar con sus juguetes de madera. Dororo entornó los ojos y apretó la mandíbula, juntó toda la paciencia que le era posible para no comenzar a gritarle a su hijo.

— Si Yu-chan no quiere bañarse, entonces yo tampoco.

Kaede se unió a los caprichos de su hermano. Dororo abrió su boca con sorpresa mientras su hija se cruzaba de brazos y ladeaba su cabeza haciendo un puchero.

— No tú también, Kaede-chan.

Se quejó la madre con fastidio llevándose una mano a la frente, en verdad estaba haciendo un esfuerzo sobre humano por no explotar de enojo. Dio algunas inhalaciones profundas para tranquilizarse y les volvió a hablar a sus hijos tratando de sonar amable:

— Kaede-chan, Yu-chan, ya les di varias oportunidades para que accedan a bañarse por voluntad propia, a menos de que quieran que me enfade, más vale que vengan conmigo ahora mismo.

Kaede dirigió su vista a Yusuke. Después de escuchar a su madre, el niño simplemente volteó la cabeza por unos segundos para después hacer un bajo bufido a modo de berrinche, encogerse de hombros y volver a darle la espalda. Viendo esto, su hermana mayor tampoco cedió, se sentó a su lado dándole la espalda a su madre también.

Ante su desobediencia, Dororo estaba a punto de comenzar a regañarlos cuando se escuchó la puerta principal abrirse. Segundos después, Hyakkimaru entró a la sala principal donde se encontraban todos.

— Dororo, Kaede, Yusuke, he vuelto. —Los saludó el padre de familia dejando con cuidado su equipo para hacer prótesis en el suelo.

— ¡Papi! ¡Papi volvió!

— ¡Papi! ¡Papi!

Los niños corrieron a su lado y se abrazaron a sus piernas con alegría, Hyakkimaru bajó la vista y acarició dulcemente sus cabezas.

— Así que corren a esconderse detrás de su padre ¿verdad?

Habló Dororo con severidad acercándose a ellos. Los niños miraron a su madre con cierto nerviosismo por unos segundos para después fingir una sonrisa inocente ante su padre. El hombre de cabello azabache simplemente parpadeó confundido sin entender la situación.

— Bienvenido de vuelta, Hyakkimaru. —Le dijo Dororo parándose a unos pasos frente a ellos—. Ya que volviste, tal vez tú puedas hacer entrar a tus pequeños hijos apestosos en razón.

— ¿Qué ocurre? —Preguntó el mencionado ladeando su cabeza con confusión.

— Tengo ya tres días intentando que Kaede y Yusuke se dignen a darse un baño sin éxito.

— Kaede tiene cinco años y Yusuke tres… ¿qué acaso este no es un comportamiento normal en los niños? —Reflexionó Hyakkimaru volviendo a mirar a sus hijos los cuales seguían fingiendo inocencia.

— ¡Esa no es justificación para que sean unos niños sucios! —Desaprobó Dororo comenzando a enojarse, colocando sus manos en sus caderas.

— ¡Papi, no nos obligues a bañarnos!

— ¡Por favor papi, no lo hagas!

Los niños comenzaron a suplicarle haciéndoles pucheros. Hyakkimaru los observó con calma, sus hijos sabían que era muy fácil poner a su padre de su lado. Este les respondió aun con serenidad mientras volvía a acariciar sus cabezas:

— Está bien, no deben bañarse si no quieren.

— ¡Hyakkimaru, no puedes ponerte de su lado siempre! ¡Lo que están haciendo no está bien! —Gritó Dororo con voz potente, cerrando sus manos en puños y lanzándole una mirada amenazadora.

— Es normal que los niños no quieran bañarse —Repitió el esposo sin dejarse intimidar—¿Ya no lo recuerdas, Dororo? Cuando eras niña, a veces tú tampoco querías bañarte.

Sus hijos voltearon a ver a su madre con interés ante esas inesperadas palabras. La avergonzada mujer abrió sus ojos tan grandes como platos y todo su rostro se sonrojó. Se apresuró a responder entre balbuceos nerviosos para intentar justificarse:

— E-en ese entonces todo era diferente. Estábamos de viaje y a veces ni siquiera había un estanque o río cercano donde pudiera bañarme. A-además, a veces no lo hacía porque me daba vergüenza bañarme enfrente de…

No fue capaz de terminar la frase ante las ingenuas miradas de sus hijos, la imprudencia de su idiota esposo casi le ocasionó decir algo inapropiado enfrente de ellos. Hablando del idiota, este ladeó su cabeza con un semblante inocente y confundido. Dororo chasqueó la lengua y volvió a hablar tratando de hacer la vergüenza a un lado:

— Olviden lo que dije. Este no es un tema apropiado para hablarlo ahora, es solo que su padre a veces es muy imprudente.

— Entonces si su madre no se bañaba de niña, ustedes tampoco deben hacerlo.

— ¡Si! ¡Gracias papi!

— ¡Papi es el mejor!

Los niños comenzaron a reír y dar saltitos de alegría alrededor de su padre, este los observó en silencio con cariño. Así fue hasta que se escuchó una baja y extraña risa proveniente de Dororo. Los tres observaron confundidos como la mujer se había cruzado de brazos y una sonrisa perversa se formó en sus labios. Cuando terminó de reír les volvió a hablar con una falsa voz triste y melancólica:

— Kaede-chan, Yu-chan, está bien, acepto mi derrota. Si su padre dice que no deben bañarse, entonces no tienen por qué hacerlo. Sin embargo, esto en verdad es una desgracia para su padre… Tal parece ser que esta noche él tendrá que dormir solo en su clínica, su madre cree que como es tan blando con ustedes él no merece dormir esta noche con ella. Y yo hasta había comprado una nueva, hermosa y muy corta yukata para la ocasión, es una lástima…

Dororo fingió un suspiro de derrota, les dio la espalda y comenzó a alejarse con paso lento. Ninguno de los dos niños pudo comprender en absoluto las palabras de su madre ¿qué tenía de terrible que no durmiera junto a él? ¿y qué había de especial con que una yukata fuera corta o larga?

No entendieron nada, pero estas palabras habían tenido un enorme impacto en su padre. Él había palidecido, tenía la boca levemente abierta y no podía dejar de observar a su madre con ojos de cachorro regañado.

Cuando menos lo esperaron, Hyakkimaru los tomó hábilmente del cuello de sus kimonos a cada uno y los levantó del suelo con una facilidad impresionante. Los hermanos solo pudieron tensar sus cuerpos y voltearse a verlo con intriga, este había recobrado su semblante indiferente de siempre, pero lograron distinguir que sus ojos brillaban con determinación.

— Ya es suficiente de berrinches y caprichos… Kaede, Yusuke, los llevaré a bañarse.

— ¡No! ¡Papi no es justo!

— ¡Papi es malo! ¡Nos engañó!

Dororo sonrió triunfalmente y los siguió en silencio para ayudar a Hyakkimaru a bañarlos. No importaba que tanto lo intentaran, en cuanto a tácticas de engaño y salirse con la suya, nunca nadie sería capaz de ganarle a esa astuta mujer.


A quien Yusuke más admira

— Es suficiente, no puedo más con esto.

Kaede se volvió a ver a su hermano menor, este se encontraba examinando minuciosamente sus manos, las cuales estaban cubiertas de ampollas.

— Mis manos están heridas, y todo mi cuerpo también. —Continuó el menor entrecerrando los ojos con cansancio—. Renuncio, le diré a padre que no quiero más clases de katana.

Yusuke esperó en silencio la opinión de su hermana mayor, esta se limitó a rodar los ojos y negar lentamente con la cabeza, acciones que lo hicieron enfadar.

— No estás de acuerdo con mi decisión ¿verdad, aneue? —Preguntó el menor frunciendo sus cejas.

— Por supuesto que no. —Contestó Kaede con la vista fija al frente, y un tono tan indiferente que solo ocasionó aumentar la molestia en su hermano.

— ¡Tengo tan solo diez años! Soy tan solo un niño… ¿por qué no puedo ser como los otros niños de la aldea que solo se dedican a jugar y divertirse?

— Porque eres el hijo de los líderes de la aldea. Tenemos la obligación de continuar con su legado.

— Aneue, en tu caso es igual. —Añadió Yusuke tras dar un bajo gruñido de descontento—. También continuas con la práctica de katana pero tienes doce años, a tu edad ya deberías estar buscando marido.

— ¿De dónde sacas esa idea tan ridícula? —Exclamó la mayor con una enorme incredulidad.

— Mi amigo Kenta dice que cuando las niñas sangran ya son mujeres, y están más que aptas para casarse. El otro día te escuché hablando de eso con mamá. Así que apúrate y consíguete un buen hombre.

Apenas terminó de hablar, Yusuke se llevó un buen coscorrón en la cabeza a causa de su imprudencia. Se sobó la cabeza mirando a su hermana con semblante herido, Kaede por su parte tenía sus labios fruncidos y su puño aun levantado cerrado en un fuerte puño.

— Eres un estúpido hermano menor entrometido, esas son cosas de mujeres y no debes hablar de eso—se explicó Kaede entre avergonzada y molesta—, si me caso o no ya es cosa mía. Ahora solo me importa ayudar a nuestros padres…

«Yu-chan, la edad no tiene nada que ver con las obligaciones. Mamá misma nos lo dijo, papá y tío Tahomaru iniciaron con su práctica de katanas cuando eran apenas unos niños de seis y siete años… Tu comenzaste apenas hace unos meses ¿y ya te estás quejando? Lo que pasa es que eres perezoso y un cobarde».

— ¡N-no es eso! No me gusta la violencia y no quiero continuar con esto. —Trató de justificarse el niño bajando los ojos y sonrojándose—. Y tú mejor que nadie sabe lo duras que son las practicas. Papá es más paciente, pero mamá es muy severa y atemorizante, apenas la exasperamos nos golpea con la katana de madera en la cabeza. A-además, no me quedaré sin hacer nada. Ya decidí que quiero ser un gran médico como papá, le diré que me enseñe a hacer prótesis.

Yusuke se esforzó en sonreírle a su hermana, pero solo logró hacer una mueca extraña y nerviosa. Kaede le sostuvo la mirada por varios segundos para después resoplar con frustración y responderle lo más calmadamente que pudo:

— En verdad no comprendes que todo esto es por tu bien. En fin, haz lo que quieras…


— Dejar la práctica de katanas y solo hacer prótesis…

— ¡Si!

Yusuke le sostuvo una mirada nerviosa a su padre quien justamente se encontraba trabajando en una prótesis de pierna derecha. Levantó sus inexpresivos ojos caramelo para obsérvalo atentamente por unos segundos y después bajarlos para continuar con su labor.

El niño esperó nerviosamente su respuesta con el pulso acelerado. Su padre era una persona generalmente muy calmada, pero realmente aterrador cuando se enfadaba.

Eran pocas las veces que Yusuke recibía los regaños de su parte, en su mayoría la que se encargaba de eso era su impaciente madre, sin embargo, cuando este lo regañaba en verdad no era agradable. Su rostro siempre serio e indiferente no ayudaba en nada, muchas veces era complicado saber lo que pensaba en realidad.

Finalmente, tras unos segundos que le parecieron eternos, Hyakkimaru le respondió con voz plana sin dejar de trabajar el pedazo de madera en sus manos:

— Yusuke… ¿ya estás completamente seguro de esta decisión?

— Si, lo estoy, chichiue. —El niño le hizo una profunda reverencia en señal de respeto—. Por favor, enséñame medicina y hacer prótesis.

Mantuvo la vista baja pues se sentía incapaz de mirarlo a los ojos, por esta razón solo escuchó como su padre soltaba un leve suspiro para después responderle quedamente:

— Está bien. Si eso es lo que deseas, respeto tu decisión, hijo… Comenzaremos la siguiente semana y a partir de entonces también me acompañarás en mis viajes como mi aprendiz ¿alguna objeción?

— ¡Ninguna! Te prometo que me esforzaré mucho.

Yusuke salió de la clínica con el corazón aun latiéndole rápidamente a causa de los nervios. A pesar de la respuesta de su padre, le pareció escuchar que su voz había sonado irregularmente baja, y hasta algo decepcionada… ¿había decepcionado a su amado padre?

Tampoco podía dejar de pensar en las palabras de su malhumorada hermana mayor: "Tenemos la obligación de continuar con el legado de nuestros padres" "En verdad no comprendes que esto es por tu bien". No importaba que tanto reflexionara sobre eso, no lograba entender el verdadero significado de esas palabras y la extraña reacción de su padre.


— Dame la infusión de sauce, tomillo y salvia.

— Si, chichiue.

Hyakkimaru recibió con cuidado la pequeña vasija de cerámica con la infusión medicinal que le tendió su hijo, acto seguido tomó con cuidado a su pequeño paciente de cinco años y le hizo beber el tónico lentamente, la angustiada madre los observaba con tristeza.

— Con esta infusión la fiebre de su hijo debe bajar. —Le habló Hyakkimaru a la mujer mientras dejaba recostado al pequeño en el futón—. Prepararé más de esta infusión para que le dé dosis en la mañana y en la noche. Estoy seguro que en tres días más su hijo ya debería estar bien.

— Muchas gracias, en verdad se lo agradezco mucho, Hyakkimaru sensei. —Dijo la mujer con ojos humedecidos, haciéndole una profunda reverencia—. Usted solo vino a nuestra humilde aldea para entregar unas prótesis y yo le quito el tiempo con la fiebre de mi hijo. Es solo que el médico más cercano se encuentra a un viaje de un día entero a pie, y para entonces probablemente mi hijo ya…

Fue incapaz de completar la frase, la mujer se cubrió el rostro con sus manos y sollozó en voz baja. Hyakkimaru le respondió con calma mientras sacaba las hierbas de la canasta de paja que Yusuke traía colgada en sus hombros:

— No tiene nada que agradecer, fue una fortuna estar aquí cuando usted más necesitaba de un médico. Si me disculpa, prepararé la infusión ahora.

— Si, pero…—La mujer dudó un momento, continuó hablando con voz temblorosa—Ahora mismo no tengo dinero, pero puedo darle algunas verduras que conseguí para la cena de esta noche.

— No es necesario. —Aseguró el médico con rectitud—. Jamás podría aprovecharme de ustedes de esa manera, no aceptaré pago. Esta infusión, así como mis servicios no tienen costo.

— Muchas gracias, en verdad esta pobre viuda y su hijo se lo agradecerán eternamente.

Continuó la mujer entre lágrimas sin poder dejar de hacer profundas reverencias. Yusuke observó atentamente a su padre preparar el medicamento cuando escuchó a la mujer hablarle:

— En verdad tu padre es una bendición del cielo, pequeño.

— ¡Si, mi padre es el mejor! —Respondió el niño con una inmensa sonrisa—¡Algún día seré un gran médico como él!

— Seguro lo serás, sí que eres un niño muy animoso.

Opinó la mujer entre dulces risas, observando conmovida como Hyakkimaru le dirigía una rápida pero cariñosa mirada a su hijo.


— Chichiue… ¿puedo preguntarte algo?

Se animó a preguntarle el niño a su padre cuando habían terminado de atender a todos los pacientes y partieron de regreso a su hogar.

— Claro.

— ¿Por qué a algunos pacientes si les cobras y a otros no?

— No está bien aprovecharse de las personas que no tienen los medios suficientes para pagar los servicios de un médico. Nosotros los médicos tenemos la posibilidad de salvar la vida de las personas, pero en ningún momento debemos dejar que la ambición de nuestras habilidades nos ciegue. Nunca lo olvides, Yusuke.

— ¡Si! Lo tendré siempre muy presente, pero… ¿por qué a veces mamá les cobra cantidades exorbitantes a los terratenientes o señores feudales que llegan a ir a la aldea por medicamentos?

— Eso es porque tu astuta madre sabe muy bien de quien debe aprovecharse y de quien no.

— Mamá es aterradora.

— Si, a veces lo es.

Yusuke comenzó a reír mientras que Hyakkimaru esbozó una pequeña sonrisa. Caminaron conversando amenamente por algunos minutos más cuando el antiguo ronin se paró de pronto, Yusuke lo imitó y lo observó con atención:

— ¿Qué pasa, chichiue?

— Yusuke… Guarda silencio, da la vuelta y escóndete detrás de esos arbustos.

— Pero… ¿por qué?

— No preguntes y obedece a tu padre… ¡hazlo rápido!

El cuerpo del pequeño se estremeció al escuchar ese potente grito. Tratando de ignorar el temor lo obedeció. Observó detrás de los arbustos como Hyakkimaru se deshacía de su equipo médico y desenfundaba la katana rapidamente.

Un atemorizante gruñido y el sonido de aleteos se escuchó de pronto, minutos después Yusuke observó en el piso una enorme e irregular sombra. Cuando alzó la vista se cubrió la boca para reprimir un grito de terror ante lo que vio: un enorme murciélago de ojos rojos y tan oscuro como la noche volaba por encima de ellos.

Yusuke sabía de la existencia de monstruos y demonios, sin embargo, a pesar de sus diez años de edad era la primera vez que veía a uno tan de cerca. El gigantesco murciélago monstro que era unas siete veces más grande que uno normal continúo volando por encima de ellos, su padre lo observaba atentamente pareciendo prevenir sus movimientos.

Un escalofrío recorrió su espalda cuando se percató de la feroz y sanguinaria mirada que había aparecido en el siempre sereno rostro de su padre. El potente chillido del murciélago lo regresó a la realidad y abrió sus ojos desmesuradamente cuando vio que la asquerosa criatura se estaba lanzando en picada para atacarlo.

— ¡Papi!

Cerró los ojos, no pudo evitar gritar con pavor y temblar de pies a cabeza. Los segundos pasaron y el ataque del monstruo nunca llegó. Sin poder parar de temblar, Yusuke abrió sus ojos lentamente y quedó mudo ante lo que presenció. Frente a él, su padre había detenido el ataque de la criatura clavándole la katana en una de sus alas justo a tiempo.

Ante la atónita mirada del niño su padre comenzó a tener una feroz batalla con ese gigantesco monstruo. Solo fue cuestión de minutos para que entre agiles saltos y movimientos su padre desmembrara el cuerpo de la infame criatura dejando pedazos del cuerpo muerto esparcidos alrededor.

— Nunca dejaré que nadie lastime a mi familia.

Dijo Hyakkimaru con una voz cargada de odio, posteriormente agitó su katana para limpiar la sangre del desagradable murciélago y enfundarla de nuevo. Dejando escapar un bajo suspiro, el hombre de cabello azabache se volvió y miró a su hijo con atención:

— Yusuke ¿estás bien?

— ¡Papi! ¡Me dio mucho miedo!

No le importó quedar como un cobarde frente a él e incluso hablarle con esa falta de respeto, Yusuke se dirigió a él y lo abrazó fuertemente, comenzó a llorar a causa del susto que acababa de pasar.

Este acto tomó al padre en completo por sorpresa, aun así, le regresó el abrazo y dejó que su hijo continuara llorando para que liberara todo el temor que ese mal momento le había hecho pasar.

Una hora después, los dos ya habían hecho una fogata para pasar la noche a la intemperie, decidieron retomar el camino a casa temprano en la mañana. Yusuke tenía ya un buen rato sin hablar, observaba atentamente el arma de su padre hasta que finalmente le dijo con un tono bajo y tímido:

— Chichiue… Lo que hiciste fue asombroso, eras tan veloz como un rayo, apuesto a que no hay espadachín en todo el territorio que te iguale.

Hyakkimaru le mostró una pequeña sonrisa, acarició suavemente su cabeza y le respondió:

— Tu padre no es tan asombroso cómo crees.

— ¡Eso no es cierto! ¡Eres el mejor médico, esposo, padre y espadachín del mundo! ¡No hay ninguna duda de eso!

El hombre río casi imperceptiblemente ante el tono alto y entusiasmado de su hijo. Revolvió sus cabellos para responderle mientras levantaba la vista hacia las estrellas.

— Hubo una época en la que yo cometía demasiados errores, y estoy seguro que, de no conocer a tu bondadosa y valiente madre hubiera tomado el camino incorrecto, no sé qué sería de mí en estos momentos. Aprendí a manejar la espada porque no tuve otra opción, era la única forma de sobrevivir en ese entonces…

«Tu madre y yo pasamos por momentos muy difíciles cuando nos conocimos, y es por eso que yo solo quiero lo mejor para ti y para Kaede. Quiero que ustedes tengan la infancia y juventud que por desgracia nosotros no tuvimos, y por supuesto deseo que ustedes tengan las opciones que nosotros no tuvimos. Quiero que ustedes si tengan la posibilidad de elegir, Yusuke…»

— La posibilidad de elegir…—Repitió el niño sin dejar de mirar a su padre con una inmensa atención.

— Hoy viste lo peligroso que es el mundo aquí afuera, y también lo apreciaste con esa viuda y su hijo enfermo. La vida puede durar solo un instante. Yo estaré aquí siempre para ayudarlos y protegerlos, pero… nosotros no seremos eternos, Yusuke. Quiero que tú y tu hermana, tengan los medios suficientes para ser capaces de continuar con sus vidas de la mejor manera posible. Hoy viste lo importante que es saber defenderte, aun así, si tú no quieres…

— ¡Lo haré! —Lo interrumpió su hijo con una voz segura y valiente—¡Continuaré con mi práctica de katana! También quiero continuar con mi aprendizaje de médico. Y entonces algún día… algún día seré una persona extraordinaria como tú, seré yo quien los defienda y proteja a ustedes y toda la aldea… ¡Te lo prometo, chichihue!

— Yusuke…

Hyakkimaru observó lleno de orgullo a su hijo, el cual ahora le mostraba un semblante serio y comprometido. Se puso de rodillas para quedar a su altura y lo tomó suavemente de los hombros.

— ¿Ya estás completamente seguro?

— ¡Si! ¡Me esforzaré para algún día ser un hombre tan admirable como lo eres tú!

Tras mostrarle una enorme y sincera sonrisa, Yusuke se lanzó una vez más a los brazos de su padre y lo abrazó con fuerza. Hyakkimaru correspondió a esa muestra de cariño de inmediato, dejando incluso apoyada su barbilla en la nuca de su hijo.

— Chichihue, te prometo que haré que te sientas orgulloso de mí.

— Yo ya estoy orgulloso de ti, mi pequeño guerrero.

El corazón de Yusuke experimentó una agradable calidez al escuchar ese cariñoso apodo con el que su padre a veces lo llamaba. Se aferró más al abrazo agradeciendo el tener un padre tan maravilloso como él, sin duda era la persona a quien más admiraba en el mundo.

Yusuke lograría cumplir su promesa. Con los años se convertiría en un respetable médico y espadachín, continuaría con el legado de sus padres aceptando el liderazgo de la aldea.

Continuará

Tal vez muchos ya lo sepan, pero en caso de que no: Chichiue y aneue son formas muy respetuosas de decir papá y hermana mayor. En la actualidad ya no se utilizan.