Capítulo 15.- Supersonic rainboom
«Calculate your future, computerize your past
Instant replay if it's gone too fast
Take away my freedom, take away my home
I'm only human but it might no show
I'm not made of stone
I'm a freedom fighter I got something to say
I'm a freedom fighter get out of my way
(...)
You can't take my freedom you know it is my right
If you try and stop me I'm gonna fight
With all of my might
I'm a freedom fighter and I'm taking command
I'm a freedom fighter and I'm making a stand
Fighting for breath as the world gathers speed
Time's running out for the things that I need»
Freedom Fighter (1981)
Del álbum: Difficult to cure
Rainbow
– ¿Azul? ¿De veras? Ese es también muy bonito –asintió Flutteshy. Trató de encontrar las palabras adecuadas para definir lo que eran los ponies, sin poder apartar la vista de los hipnóticos tentáculos que flotaban a su alrededor. ¡Daban mucho miedo!–. Los ponies somos seres inteligentes; somos cuadrúpedos y herbívoros. Nos solemos dividir en tres razas: ponies de tierra, unicornios (tienen un cuerno en la frente) y pegasos (esos son alados y pueden volar). Yo soy una pegaso –añadió extendiendo sus alas–, como puedes ver.
– CABALLITOS MONOS (*1)–oyó en su cabeza.
Fluttershy tuvo que aceptar que era un principio de acercamiento; al menos podía comunicar ideas.
– Bueno... Gracias... Aunque... Estoy segura de que no puedes hablar mucho con un caballo, ¿verdad? –razonó–. Aunque entiendo que veas el parecido... Dime... ¿Qué eres tú?
Los tentáculos serpentearon frente a ella amenazadoramente.
– ¿TENTÁCULOS MONOS? ¿GUSTAN PONY?
Fluttershy parpadeó, un poco confusa.
– Sí, son muy monos... Pero me gustan sólo... Como... Amigos –se apresuró a aclarar cuando vio que uno se acercaba demasiado–. Yo me llamo Fluttershy. ¿Cómo te llamas tú?
Un chirrido inconexo y cacofónico se materializó en su mente y Fluttershy se arrepintió de haber preguntado porque ni siquiera pudo retener las últimas sílabas. El alien sin duda usaba algún tipo de comunicación telepática, pero aunque le oía con claridad, parecía que no era capaz de expresar pensamientos complejos. Probablemente podría en aquel chirriante idioma pero... ¿Cómo poder entenderle?
– Lo siento. No podré repetir tu nombre –musitó sin encontrar alternativas–. Pero no importa por ahora. Ya que nos hemos presentado, ¿puedes liberarme por favor? Estoy en una postura muy incómoda y... Entre nosotros... Tener las patas traseras tan separadas es un poco embarazoso.
Los tentáculos ondularon en algo que a Fluttershy le pareció alarma. Una enorme cabeza de escarabajo surgió entonces de la oscuridad, y aunque seguía sin poder identificar dónde estaban los ojos, pudo distinguir cómo se movía de un lado a otro, como observándola.
– ¿FLUTTERSHY HUIR?
– Bueno, quizás lo haga –tuvo que admitir–. Antes de que me secuestraras, tenía pensado escapar de este lugar.
– LUGAR PELIGROSO. IMPOSIBLE ESCAPAR. YO PROTEJO. YO PROTEJO ANIMALES.
Fluttershy sintió como un calorcito en el pecho y asintió esperanzada.
– ¡Las jaulas vacías en los laboratorios! –exclamó–. ¡Fuiste tú! ¡Tú los liberaste! ¿Dónde están los animales? ¿Están bien?
– SÍ. YO ENSEÑO –contestó el alien.
Y con unas horribles fauces que dejaron a Fluttershy durante unos momentos con unas horribles ganas de ir al aseo, empezó a mordisquear la pegajosa sustancia que le aprisionaba los cascos.
(*1) NdA: Cuando imaginé la frase en mi cabeza pensé "CUTE LITTLE HORSES". Lo «mono» es la traducción castellana que doy a «cute», no el primate.
Rainbow Dash dio dos vueltas de reconocimiento al túnel, despacio y memorizando volúmenes y tamaños. El recorrido le pareció amplio: podía extender las alas sin problemas, pero para pasar por el estrechamiento donde tenía que concentrar la onda de choque, tendría que cerrarlas... Como temía, los giros iban a resultar muy cerrados. Poder hacer allí dentro un sonic rainboom iba a ser muy complicado... Además, hasta aquel momento sólo los había logrado en descenso, no en un vuelo horizontal...
– Un vuelo alucinante –se burló la anfitriona–. ¿Por qué no me das mi Núcleo y acabamos de una vez?
– Estás de broma si piensas que después de intentar asfixiarme voy a darte lo que quieres.
Y de un par de aleteos, comenzó a acelerar.
– ¿Qué se supone que estás intentando? –masculló la anfitriona.
Pero Rainbow no la escuchaba. Comenzó a dar vueltas dentro del túnel cada vez más y más deprisa, más deprisa, más deprisa, un aleteo más, un esfuerzo más, más, más, más y cuando notó que la sangre se le iba al lado exterior del giro, comenzó con los toneles cerrados para repartirla.
– ¡QUÉ SE SUPONE QUE ESTÁS INTENTANDO, PONY! –rugió la anfitriona.
Cadance contempló cómo el Air Force One despegaba con Celestia dentro rumbo Oeste, al tiempo que echaba mucho de menos, no supo bien por qué, volver a ser Princesa en Equestria. No podía negar que el corto periodo en el que había sido la soberana del Imperio de Cristal había tenido sus altibajos, siendo uno muy destacable el del día de su boda; no obstante, si había algo de lo que estaba segura era que en Equestria cualquier problema hubiera tenido solución, ya fuera con la ayuda de Twilight, de Shining o de la propia tía Celestia.
En aquel salvaje y extraño mundo no estaba tan segura.
Y toda aquella extraña situación con Twilight, la preocupación de Celestía sin ir más lejos, parecía darle la razón. Todos sus miedos, de repente, comenzaban a convertirse en una realidad.
– Es terrible lástima –sentenció Luna a pie de pista, mientras la Phillyarmónica y los demás ponies de Dulles volvían a sus tareas–, que Nuestra hermana Celestia marchado se haya. Ya no podrá ordenaros, queridos ponies, que hagáis lo que mejor os parezca.
Cadance tardó unos instantes en comprender.
– Ella ha ordenado que permanezcamos aquí –apuntó Shining.
Pobre Shining. Tenía que enseñarle algún día a leer entre líneas.
– Y hemos permanecido –señaló Cadance–... Pero no especificó por cuánto.
Shining puso el hocico en forma de «O», al tiempo que Luna tomaba con su magia a Flurry Heart y la colocaba delicadamente en su lomo.
– Nos no recordamos la última vez que nos dedicamos a foal-sitting (*2), pero estamos convencidas de que Flurry será bien atendida –luego volvió su mirada a Shining–. También entendemos muy bien lo que es tener que confiar en que una hermana vuelva segura. Creed cuando os digo que si los ponies no me necesitaran, marcharía yo ponisonalmente (*3). Cuantos más vayan a ayudar a Twilight Sparkle, más posibilidades habrá de que todos vuelvan sanos y salvos. Todos.
Cadance asintió.
– Le toca biberón en dos horas –informó dando a Luna la bolsa de viaje de Flurry.
– El biberón será... Proporcionado –afirmó Luna como despedida.
Y Shining quedó a su lado a pie de pista mientras Luna volvía a la Casa Blanca en el descapotable con Flurry, en su continuo papel de agente del servicio secreto vigilando cada pulgada de horizonte.
Shining quedó a su lado pensativo y en silencio; sobraban intentos vanos de convencer al otro para que permaneciera allí. Luna tenía razón: cuantos más fueran, más posibilidades tendrían.
– ¿Qué tienes en mente? –preguntó al fin.
– Llegar a esa base y con ayuda –suspiró Cadance–. Necesitaremos a Master Gunsmith. Y un transporte capaz de llevar carga. Que sea rápido.
Shining asintió con firmeza. En momentos como aquel recordaba por qué se había casado con aquel unicornio cabeza hueca.
– Conozco un pegaso que puede ayudarnos –sonrió.
(*2).- NdA: Foal-sitting en castellano peninsular es «hacer de canguro» y en castellano latino, creo que lo tradujeron por «ser niñera». Me decido por usar la expresión en inglés.
(*3).- NdA: He copiado descaradamente el término de las historias de FHix.
Más, más deprisa.
Las paredes metálicas y perfectas del túnel se sucedían en una espiral en la que suelo y techo se confundían en una amalgama de brillo. Rainbow Dash aceleró otra vez, un poco más, sólo un poco más, y notó cómo el aire en sus cascos delanteros comenzaba a calentarse. ¡Eso es! ¡Eso es!, pensó. Ya quedaba menos, ya quedaba menos... A cada nuevo paso por el estrechamiento plegaba las alas y sentía cómo la apertura la frenaba... Aún no había alcanzado regimen: cuando lo alcanzara, todo sería al contrario: el paso la aceleraría y debería frenarse.
Un poco más...
Un poco más...
Desde luego no sabía si aquello lograría liberarla, pero sería absoluta, completa y alucinantemente épico. Controló el mareo lo suficiente como para ver iniciar formándose, en sus cascos, el cono arcoiris.
– ¡QUÉ TE PROPONES PONY CHIFLADA! –bramó la anfitriona como a mil millas de distancia de allí.
– ¡Es aquí! –trotó Twilight.
«Aquí» resultó ser una estructura tubular que desde fuera a Applejack le pareció, a falta de términos más apropiados, una tubería señoritinga de ciudad, plateada como una vajilla recién traída de la tienda, y que se cerraba sobre sí misma por algún buen motivo que sin duda no era llevar agua de un lado para otro. Resultaba rematadamente grande y prueba de ello era que se perdía a lo lejos en una especie de cámara subterránea enorme a la que Twilight las había guiado siguiendo sus mapas de papel. Los perros armados de plástico y metal habían quedado inutilizados varios niveles atrás. Applejack se había llevado lo que había creído eran sus baterías, por si las moscas.
– ¿Oyes eso? –preguntó Twilight, acercándose a la tubería.
Latía, notó Applejack. Aquella condenada tubería latía. Pum. Pum. Pum. Una vez cada dos segundos y se aceleraba. Llevó el casco al metal y lo apartó al notarlo ardiendo.
– Creo que esto no es seguro –murmuró. No le gustaba que el ritmo de aquella cosa se acelerara. Y el calor... No era buena señal... Vibraba...–... Tenemos que alejarnos, Twi.
– ¿Qué? ¡No! –protestó Twilight–. ¡Creo que Rainbow Dash está ahí dentro! ¡Sólo tengo que teleportarme dentro y...!
El latido se aceleró y aceleró y Applejack no esperó más; se echó a Twilight al lomo y galopó hasta la siguiente esquina en los túneles, esperando lo peor.
Rainbow Dash sintió la onda de choque envolviéndola, atravesándola, sacudiendo cada hueso, músculo y pluma de su cuerpo; gritó, pero no se oyó, porque ni siquiera prestó atención a lo que gritaba, a lo que oía y casi ni a lo que veía. La espiral del túnel se hizo más y más veloz y la locura en la que se había convertido todo alrededor se volvió líquida como metal caliente recorriéndole el pelaje; entonces, y sólo entonces, la onda de choque se estabilizó en la garganta, provocando que tuviera que frenar al pasarla para estabilizarla ahí y volviendo todo en un torbellino de arcoiris y purpurina.
Tras cinco vueltas más y al ver la espesa amalgama arcoiris en cada nuevo paso del estrechamiento, comprendió que lo había logrado: había estabilizado el sonic rainboom en la garganta y sólo era cuestión de tiempo que la estructura del túnel fallara... Bueno, eso si la mini-Twilight con bigote había tenido razón. Aunque quizás, se sinceró consigo misma, a lo mejor no había sido buena idea hacerle caso a una visión aparecida en sueños y debida, con bastante probabilidad, a la privación de oxígeno.
En ese momento una fuerza le vino desde los cuartos traseros y desequilibró su vuelo lo suficiente para hacer que chocara de lado contra el techo (¿o era el suelo?) del túnel aerodinámico, volviéndolo todo patas arriba.
Ah, y la explosión.
Eso fue lo que la dejó sin sentido.
Spitfire, al tiempo que escupía el palo de regaliz desde el techo del Humvee, levantó la pata formando una «L» y vehículos y ponies tras ella quedaron a la espera. Casi habían llegado al perímetro de la base, en un horizonte soleado, polvoriento, reseco, lleno de lomas y de tiesos matojos que lejos de poder masticarse le recordaban más a tablones con pinchos que a un almuerzo apetecible.
El motivo de la parada no era que hubiesen llegado.
Era lo que se veía en el horizonte.
– ¡Por todos los dragones! ¿Eso es...? ¿Un arcoiris? –oyó a Cloud Chaser exclamar por el walkie.
Lo era y no lo era. Spitfire contempló por sus prismáticos cómo en la lejanía una onda de choque semi-esférica se proyectaba rabiosamente y en todas direcciones a una velocidad de vértigo. No era la primera vez que veía los efectos de una explosión en el mundo de los humanos, pero desde luego sí la primera que veía una con los colores del arcoiris en perfecta armonía en espiral y sin disminuir su brillo con la distancia. Había algo antinatural en aquello.
Algo antinatural, equivocado, peligroso y...
Tenía que aceptar que también francamente alucinante.
– ¡Rainbow Dash! –comprendió Spitfire–. ¡Qué diantres...! ¡A cubierto! ¡Al suelo, al suelo todos!
La onda arcoiris barrió el polvo del desierto en un vendaval incontrolado que lanzó varios cientos de metros a los pegasos que no habían podido alcanzar el suelo. Los todoterrenos y los ponies de tierra se sacudieron envueltos por la súbita tormenta de aire multicolor, para a los pocos segundos volver el cielo azul en una niebla parda y opaca. Tras unos instantes de caos y pánico, Spitfire sacó su cabeza de la arena y logró desenterrar el resto de su cuerpo. Toses, ponies desorientados... Al menos parecía que todos seguían de una pieza.
– ¡No sabía que Rainbow Dash podía hacer sonic rainbooms en este mundo! –dijo algún pony por el walkie. Spitfire supuso por el tono de voz que sería Comet Tail. No estaba segura.
Decidida, agarró el comunicador.
– Bueno, yo tampoco lo sabía –gruñó–. Pero al menos ahora sabemos que puede y que esa pegaso descerebrada sigue allí. Agarraos las crines, ponies: nos metemos en el fregao.
NdA: Vaya semana. Y la pasada ni os cuento. Y la que viene. Siento no haber entregado capítulo. La cita de inicio es de una canción de un grupo que no conocía, pero tiene un par de canciones curiosas. A ver cómo sigue esto, que aún no tengo claro cómo encajar algunas piezas...
