Llega el momento de la entrevista con Ceasar y Peeta está guapísimo, es algo hasta sobrenatural. Y después de lo que hemos estado compartiendo estos días, verle vestido con el traje provoca que mi estómago se contraiga. Irremediablemente, lo veo con otros ojos. Antes tener un matrimonio arreglado con él me parecía un castigo cruel y una tortura, pero ahora que le veo vestido de novio daría lo que fuera para que nos dejaran tener esa vida que nos querían obligar a tener porque no solos nos hemos convertido en amantes, sino que me he enamorado profundamente de él. Sino no me explico que ahora desee esa vida que antes despreciaba. En situaciones normales casarnos tan pronto me parecería mal, pero ahora lo haría. Voy a morir… ¿qué? ¿Dentro de un par de días? Me casaría con él, no titubearía al dar el sí quiero. Total ya planeo dar mi vida por él, literalmente.

- Katniss… –dice mirándome boque abierto. Sé que él también me quiere así que verme vestida así debe suponerle un shock tan fuerte como me ha supuesto a mí verle a él–. No… no sé qué decir… estás preciosa –se tapa la boca con la mano y veo que cierra los ojos. Eso me preocupa profundamente.

- No, no te vengas a bajo por favor, no lo soportaría… –le pido cogiéndole la otra mano.

Me encantaría besarle pero estoy tan maquillada que temo dejarlo perdido de maquillaje. Ni siquiera puedo ni abrazarle con este vestido. Lo único que puedo hacer es apretar fuertemente su mano. Ni siquiera puedo besársela porque se supone que fingimos ser pareja, todos los tributos lo piensan, pero es un secreto que lo somos de verdad… Aunque no parezca que tenga sentido, sí lo tiene, así que nos cortamos un poco delante de los otros tributos porque no quiero que nos vean débiles. Este es un secreto solo nuestro.

- Esto es demasiado cruel –no puedo evitarlo y le pongo una mano en la mejilla. Vestirnos así es un recordatorio de lo que nos están arrebatando.

- Estaremos juntos hasta el final –él asiente y sé que está tratando de mantener las lágrimas. Me empiezan a escocer los ojos a mí y no, no podemos llorar ahora.

- Hasta el final –repite. Este es nuestro nuevo lema. Mínimo uno de los dos va a morir y planeo que ese alguien sea yo. Cuando muera Peeta estará conmigo, pero no lo pienso hacer hasta que los juegos estén muy avanzados porque no me iré tranquila si no sé que lo dejo a él como vencedor.

- Bonito vestido –se mofa Johanna Mason. Hago el corazón fuerte y trato definitivamente de no llorar–. Qué pena la boda, con la bonita pareja que hacéis –no estoy de ánimo para burlas, sobre todo teniendo en cuenta lo importante que es esto para nosotros–. Házselo pagar.

Eso me ha sorprendido, ¿me ha medio animado a rebelarme? Lo haría, de hecho ahora mismo montaría un buen pollo de no ser que tengo que asegurarle patrocinadores a Peeta. Cinna se acerca a nosotros y no puedo evitar recordar el buen trabajo que ha hecho con el maquillaje borrando los rastros de pasión de mi piel. Él es el único aparte de nosotros que conoce nuestro secreto. Bueno, mi equipo de preparación también lo ha visto pero ellos creen que es de algo que pasó durante el Entrenamiento (cuando lo comentaron Cinna y yo nos miramos apenas siendo capaces de mantener a raya la risa). Son tan inocentes… pero claro, Cinna no es tonto. No me juzgó y solo aplicó más maquillaje de lo normal. Me pregunto si Portia también ha sabido sumar dos y dos al ver a Peeta.

- No levantes los brazos por encima de la cabeza hasta que gires al final, ¿vale? –me aconseja Cinna.

- ¿Más vueltas? –pregunta Peeta que se ha recuperado, vuelve a tener una expresión neutral y serena.

- Eso parece, espero no caerme. Este vestido pesa un montón…

- Pronto te tocará –me pone prisa Cinna–. Ponte en tu sitio.

- Katniss –me detiene Peeta en el último momento. Hay algo que quiere decirme, se le ve preocupado y nervioso–. Buena suerte –sea lo que fuera lo que me quería decir, estoy segura de que no era eso.

- Gracias –su expresión me indica que algo va mal. Espero a que me diga algo más pero no lo hace. Se termina el tiempo y tengo que salir en escena–. Nos vemos en breve –le digo para animarlo y me giro hacia el escenario con preocupación. ¿A qué le estará dando vueltas Peeta? Intento no pensar en ello mientras subo las escaleras, ya que tengo que poner todos mis sentidos en no caerme y en dar una buena entrevista.

Cuando me convierto en un Sinsajo me invade la emoción pero a la vez también un miedo aterrador cuando las cámaras enfocan a Cinna. Él me ha convertido en un Sinsajo, el símbolo que los rebeldes están utilizando para movilizarse. "No, Cinna, ¿qué has hecho?" y ocupo mi sitio temblando. No podría soportar que algo malo le pasara a Cinna, pero Snow no pasará esto por alto…

Cuando sale Peeta olvido momentáneamente mi traje que sigue echando humo para centrarme en él y en su entrevista. Antes estaba muy preocupado por algo así que trato de averiguar qué es mientras habla con Ceasar.

- La boda… es una pena… –dice Ceasar– ¿qué opinas?

- Oh, no. La verdad es que ya estamos casados –se me encienden todas las alarmas. ¿Casados? ¿Qué va a contar? Luna de miel sí hemos tenido pero dudo que quiera contar eso, ¿no?– nos casamos en secreto, queríamos que nuestro amor fuera eterno –eso arranca una fuerte exclamación por parte del público que hace que a mí me empiecen a sudar las manos.

- Pues me alegro por vosotros, os merecéis lo mejor –dice Ceasar con lo que parece ser una sonrisa sincera. Sé que lo hace para contentar al público pero no puedo evitar pensar que quizás en el fondo sí se alegra por nosotros y esa boda falsa.

- Pues yo no me alegro –dice indignado. Espera ¿qué? Trato de averiguar su estrategia pero no puedo, hasta ahora creía que quería conmover a los espectadores pero diciendo esto me desmonta mi teoría, ¿qué pretende conseguir con esto?– Ojalá nos hubiéramos esperado.

La verdad, no tengo ni la más remota idea de qué habla y eso me escama porque debe de tratarse de algo gordo ya que no me ha contado su estrategia deliberadamente, ha tenido tiempo de sobra para hablarlo conmigo pero ha decidido guardárselo para él, lo que me indica que se avecina lo peor.

- ¿Por qué? Así habéis pasado más tiempo juntos –dice Ceasar para animarlo pero entonces Peeta vuelve a negar con la cabeza. Sé que es muy buen actor pero el dolor que ahora mismo está reflejando me parece real. "¿Qué te pasa Peeta?".

- No me arrepentiría de nada si no fuera… si no fuera… –tiene al público dominado, a mí incluida, todos deseamos oír lo que dice. Inspira profundamente antes de soltar la bomba–. Si no fuera por el bebé.

Me quedo muerta en ese mismo momento. La gente empieza a gritar pero yo no consigo conectar con la realidad. Ceasar está pidiendo a la gente que se calme pero nadie le hace caso. Peeta está llorando.

Mi gran temor, Peeta ha sacado a relucir el gran temor de todos los padres de Panem, el de tener un hijo y que éste pueda ser llevado a los Juegos, sentenciándolo a muerte. Yo no quería tener hijos por este mismo motivo y aquí estoy, congelada, mientras me sacan en primer plano y se supone que un bebé se está gestando en mi vientre.

Peeta no tiene forma de saber si yo estoy embarazada o no, pero la cosa es… que podría ser. De repente me imagino embarazada y yendo a los juegos. La sola imagen me aturde de forma escandalosa. Es una aberración, es demasiado cruel hasta para el Capitolio. Y lo peor de todo es que existe la posibilidad de que lo esté y eso es algo que no puedo procesar. Estoy conmocionada, casi que esto me aterra más que ir a los Juegos mismos. La gente sigue gritando y Peeta viene hacia mí y me abraza.

- Lo siento –me susurra.

Eso era lo que no quería contarme, su gran bombazo, su plan para tratar de sacarme de los Juegos. Ahora lo veo claro, no es tanto que él crea que lo esté, como el hecho de que los otros lo crean. Peeta ha vuelto a hacer historia, ha conseguido que por primera vez en 75 años los del Capitolio pidan detener los Juegos. Estoy orgullosa de él, por eso es él quien tiene que sobrevivir y no yo. Los tributos nos unimos de las manos a modo de protesta y todo se vuelve oscuro. La gente chilla y huye despavorida, a nosotros nos empujan y yo no me suelto de la mano de Peeta. Por nada del mundo voy a soltarme, nadie hará que me separe de él.

Entramos al ascensor a oscuras junto con otros tributos. Todo el mundo está conmocionado. Cuando llegamos a nuestro piso Peeta y yo salimos. No nos hemos dicho nada aún pero no soy capaz de hablar. No puedo ahora mismo. Suelto su mano y me siento en el sofá tratando de procesar todo lo que ha pasado. Peeta está de pie, con el ceño fruncido y mirando por la ventana.

- No detendrán los juegos –susurro. Ahora mismo es como si lo viera todo desde fuera, es como si nada de eso no me estuviera pasando a mí.

- Quizás no, pero puede que te saquen a ti –dice él nervioso. Tiene esperanza y me duele que la tenga porque Snow quiere matarme, ha montado todo esto del Vasallaje solo para matarme a mí, de modo que es inútil que tenga esperanza porque Snow no va a celebrar los Juegos sin estar yo dentro.

Nos quedamos en silencio hasta que llegan Haymitch y Effie en el ascensor.

- Menudo bombazo, eso ha sido buenísimo –dice Haymitch.

- ¿Ha funcionado? –pregunta Peeta con nerviosismo.

- No, ya sabes que Snow nunca lo permitiría.

Peeta da una patada contra la mesa y el jarrón que había encima se cae y se rompe. Al parecer no podemos pasar por una entrevista sin romper un jarrón. Da un par de sonoras patadas más contra los muebles antes de tirarse en el sillón individual que hay en un extremo.

- Pero has conseguido que los del Capitolio se rebelasen, nadie nunca ha conseguido eso –dice Haymitch felicitándolo pero Peeta no le escucha, en su lugar se tapa la cara con las manos y apoya los codos en su regazo–. Oh, vamos, ha sido muy inteligente y te felicito por ello, nos has dejado a todos con la boca abierta pero sabías que no funcionaría, no te pongas así… –dice Haymitch que no entiende la reacción de Peeta.

- Sí, no he visto nunca a la gente tan enfadada –interviene Effie, pero Peeta sigue sin levantar la cara, sigue escondiendo su rostro detrás de sus manos. Haymitch me mira a mí, esperando que le diga qué es lo que pasa.

- Podría ser verdad –digo sin emoción en la voz. Peeta empieza a temblar.

- ¿El qué? –pregunta Haymitch que me mira a mí y a Peeta de forma intermitente. Peeta ahora se aprieta la cabeza– ¿El qué podría ser verdad? ¿Qué está pasando?

- Lo que ha dicho Peeta –digo enfrontando a Haymitch y sosteniéndole la mirada– podría ser verdad –Haymitch frunce el ceño, no está entendiendo nada.

- ¿El qué? –vuelve a preguntar nervioso. En ningún momento había considerado la posibilidad de que Peeta y yo tuviéramos una relación de verdad. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza tal idea. Cuando entiende lo que le digo la boca adquiere forma de "o"–. ¿Me tomas el pelo? –Peeta ha levantado la cabeza y tiene el rostro lleno de lágrimas y los ojos rojos, con eso Haymitch recibe la confirmación– Es una broma, una jodida broma de mal gusto ¿verdad? –me mira y espera que se lo desmienta, pero no lo hago– ¡Pero cómo se os ocurre!¡Parece mentira que no sepáis que estáis en el punto de mira de Snow! Llevamos meses entrenando para el Vasallaje, ¡joder! ¿Sois idiotas o qué os pasa? –Haymitch está furioso y no deja de gritarnos. Son pocas las veces que lo he visto enfadarse de esta manera. Sin embargo entiendo su reacción, porque en el fondo él también tiene miedo y sufre por nosotros y saber esto no le facilita su tarea de mentor. Effie se ha tapado la boca con las manos– ¿En qué cojones pensabais? –me dice con los ojos inyectados en sangre.

- ¡En que estaremos muertos antes de que termine la semana! ¡En eso pensábamos! –digo levantándome. Haymitch sigue rabioso y me sostiene la mirada, pero es incapaz de decirme nada. No tiene la suficiente fuerza de voluntad como para reprocharnos esto.

- Tenemos que sacarla –suplica Peeta–, por favor Haymitch, haz lo que sea –no, no, no, mierda. No debe convencer a Haymitch.

- ¡No! Se lo ha inventado, ¡ni siquiera sabemos si es verdad! –intervengo.

- Pero podría serlo, ¿no? –me pregunta Haymitch muy serio. Recuerdo las últimas noches con él y todo el día de hoy. Si esto fuera la urna en el que se ponen los nombres para los Juegos, digamos que habría unas cuantas papeletas con la palabra "embarazo".

- Podría serlo –le confirmo a media voz. Haymitch vuelve a pasarse las manos por la cara y Effie suelta un grito, histérica.

- Podemos comprobarlo, te haremos la prueba y pediremos que te saquen de los Juegos. ¡Me amotinaré delante de la mismísima mansión si hace falta! –dice Effie que quiere impedir por todos los medios que me vaya. También es la primera vez que la veo tan indignada, furiosa y resolutiva.

- ¡No! ¡Ni se te ocurra! No quiero saberlo –digo seria. Me aferraré a la idea de que esto no es cierto–. Además esto no cambia nada –digo mirándolos a todos, incluido a Peeta– iremos a los Juegos como ya sabíamos que pasaría. Como mucho hemos conseguido más patrocinadores pero ya está, no hace falta darle más importancia.

- ¡Pero la tiene! –insiste Effie.

- ¡No estoy embarazada y punto! –digo enfadada. No lo estoy, no puedo estarlo o sino significaría que ya he fallado a esta criatura inocente incluso antes de nacer– No lo estoy –digo mirando a Haymitch–, no lo estoy –digo esta vez mirando a Peeta–, no lo estoy –digo para mí–. Y este año el Distrito 12 volverá a tener vencedor. Fin, aquí termina esta estúpida discusión –sentencio y empiezo a andar para salir del comedor.

- Katniss –susurra Haymitch cuando le paso por el lado. Me giro inmediatamente hacia él.

- ¿Qué? –pregunto de malhumor.

- No te vayas sin despedirte de nosotros –eso hace que se me caiga el alma a los pies. Esta va a ser la última vez que los vea. Abrazo a Haymitch sin dudarlo.

- No quería gritarte –le digo preocupada.

- Ni yo a ti.

- No te odio.

- Lo sé.

- Recuerda lo que me prometiste –le susurro–. No permitas que esto te haga cambiar de opinión.

- Santo cielo, ¡qué desgracia! –va diciendo Effie, que se mueve de un lado a otro.

- Katniss…

- No-estoy-embarazada –le remarco.

- De acuerdo, te creo –se separa de mí y me da unos golpecitos en la mejilla.

Entonces mira a Peeta. Él se acerca y también abraza a Haymitch.

- Somos un equipo –dice Effie y me aprieta contra estos dos, haciendo que forme parte de un abrazo grupal. "Un equipo… apenas somos capaces de estar juntos sin pelearnos". Pero aquí, estando los cuatro abrazados, siento que formo parte de algo más grande incluso que un equipo… de una familia.

Esta noche no me atrevo a hablar, estoy tan asustada que no puedo hacer nada más que no sea temblar. Aunque fuera verdad, que no lo es, el niño tendría el tamaño de… ¿una lenteja? No, eso aún sería demasiado grande. Sería microscópico. Maldita sea como mucho lo hemos podido engendrar hace dos días, ni siquiera existe como tal. Moriremos juntos antes de que ni siquiera se forme… Pero no, ni eso, no existe tal cosa, "no-estoy-embarazada" me recalco.

- ¿Te arrepientes ahora de haber estado conmigo? –esa pregunta me hiela sangre. Hago que me mire.

- Peeta no estoy embarazada –digo cansada de tener que repetirlo.

- Pero ¿y si fuera cierto? Se me ha ocurrido esta tarde mientras dormías –me mira con miedo–. ¿Y si te he destrozado la vida? –dice con verdadero pánico.

- Ya nos han destrozado la vida, vamos a los Juegos, ¿recuerdas?

- No, me refiero a cuando salgas y seas vencedora, te he condenado –dice asustado.

- Maldita sea –me siento e impido que siga hablando–. No me hiciste caso el día de la Cosecha pero te lo suplico, por todo lo que hemos compartido, no te sacrifiques por mí –veo que va a hablar pero le corto– No, yo no quiero ser madre, yo no quiero niños. Ya he criado a mi hermana y a los hermanos de Gale, he tenido suficiente, pero tú… tú eres quién se merece ser padre –le digo con una sonrisa–. Eres cariñoso y bueno, no imagino a nadie mejor. Por eso mismo tienes que luchar para ser el vencedor y lograr construir una familia así algún día –se hace el silencio y creo que lo ha entendido hasta que habla.

- Te prometo que si lo hubiera pensado antes me hubiera alejado de ti –con eso me demuestra que no me ha escuchado en absoluto.

- Por suerte no lo hiciste.

- Lo siento tantísimo.

- ¡Basta, ya no lo soporto! –me levanto enfadada hacia la puerta.

- ¡No! ¡No podrás volver a entrar! –tengo la mano en el pomo pero no abro la puerta. Por más enfadada que esté no quiero pasar esta noche sola. En su lugar doy una patada a la puerta y me encierro en el baño. Es lo máximo que puedo alejarme de él.

Después de una hora en la que me dedico a dar patadas y a llorar, vuelvo a la cama porque mañana tenemos que madrugar y debería estar descansando. Peeta me espera despierto.

- Como vuelvas a hablar duermes en la bañera –le amenazo. Él no me responde dándome su conformidad. Entonces me tumbo y él rápidamente me abraza.

Intento dormir, de verdad que sí, y creo que lo consigo en pequeños lapsos de tiempo. Lo sé porque ha habido momentos en que he visto que mi tripa estaba hinchada como una pelota. Pero ahora enserio; no puedo estar embarazada. En el caso hipotético de que se esté gestando, el bebé tarda varios días a asentarse, cualquier cosa podría hacer que lo perdiera y estoy más que segura que en el hipotético caso de que yo sobreviviera (que no será el caso porque lo voy a evitar) el bebé no lo haría. La deshidratación, la desnutrición, una herida infectada… cualquier cosa, incluso algo tan simple como un empujón podría hacer que lo perdiera (si existiera) y mañana me voy a los Juegos del Hambre, y lo que sea que planean hacerme mis compañeros tributos no va a ser un simple empujón. Este supuesto niño tiene aún menos posibilidades de sobrevivir de las que yo tengo.

.

.

.

.

.

.

***Nota autora: ¡Hola! Pronto habrá cambio de formato ya que en el próximo capítulo empieza el Vasallaje (pero no os preocupéis, la idea no es describir exactamente lo que pasa en los libros sino escribir cosas nuevas dentro del universo creado por Suzanne Collins, así que os prometo que no se hará pesado ya que leeréis cosas nuevas).

Hoy quiero agradecer especialmente a Motdream por haberse leído mis fanfics y seguir apoyándome en este: ¡muchísimas gracias! También quiero agradecerle a BlackRose03, Luciaartworld y Mayte que sigan esta historia (me encanta leer vuestros comentarios, ¡los aprecio mucho!).

Finalmente espero que os haya gustado este capítulo y gracias de nuevo por seguir leyendo. Nos vemos pronto, ¡besos y cuidaos!